Mujeres indispensables (I)
Esta misma tarde, haciendo el bobo, como de costumbre, encontré una reseña interesante sobre Hipatia de Alejandría en un blog conocido (mercadillo de pensamientos). Honestamente diré que no había escuchado nueces de esta señora tan atrevida para el siglo IV y V.
Reseña interesante, mucho más detallada que en la Wikipedia y que me indujo a pensar, siempre alegremente, sin meterme en honduras donde no hago pie, sobre el papel de algunas mujeres decididas que quisieron ser algo más de lo que la sociedad les permitía ser. Pensaba, como no, en mi idolatrada Sor Juana Inés de la Cruz. Mexicana sublime que decidió meterse a monja para poder seguir cultivando su atroz bibliofilia. Aquella sociedad tan moderna sólo le permitía dos opciones: o casarse o ser monja. Optó por lo segundo como modo de encontrar una libertad parcial.
Hay muchas otras, deberíamos dedicarle un tiempo de reflexión a esas hazañas, mujeres verdaderamente emprendedoras, dispuestas a pagar cualquier precio, antes que doblegarse. ¿Cuándo aprenderemos los varoncitos?
Dejo caer una redondilla de Sor Juana, poema que siempre me pareció ejemplar.
Reseña interesante, mucho más detallada que en la Wikipedia y que me indujo a pensar, siempre alegremente, sin meterme en honduras donde no hago pie, sobre el papel de algunas mujeres decididas que quisieron ser algo más de lo que la sociedad les permitía ser. Pensaba, como no, en mi idolatrada Sor Juana Inés de la Cruz. Mexicana sublime que decidió meterse a monja para poder seguir cultivando su atroz bibliofilia. Aquella sociedad tan moderna sólo le permitía dos opciones: o casarse o ser monja. Optó por lo segundo como modo de encontrar una libertad parcial.
Hay muchas otras, deberíamos dedicarle un tiempo de reflexión a esas hazañas, mujeres verdaderamente emprendedoras, dispuestas a pagar cualquier precio, antes que doblegarse. ¿Cuándo aprenderemos los varoncitos?
Dejo caer una redondilla de Sor Juana, poema que siempre me pareció ejemplar.
- III -
Arguye de inconsecuencia el gusto y la censura de los hombres, que en las mujeres acusan lo que acusan
Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.
Si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
Combatís su resistencia
y luego con gravedad
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.
Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Tais,
y en la posesión, Lucrecia.
¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?
Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.
Siempre tan necios andáis
que con desigual nivel
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.
¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada?
Mas entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y queja enhorabuena.
Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada
o el que ruega de caído?
¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?
¿Pues para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
Dejad de solicitar
y después con más razón
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.
Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.
Arguye de inconsecuencia el gusto y la censura de los hombres, que en las mujeres acusan lo que acusan
Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.
Si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
Combatís su resistencia
y luego con gravedad
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.
Queréis con presunción necia
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Tais,
y en la posesión, Lucrecia.
¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?
Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.
Siempre tan necios andáis
que con desigual nivel
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.
¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada?
Mas entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y queja enhorabuena.
Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada
o el que ruega de caído?
¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?
¿Pues para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
Dejad de solicitar
y después con más razón
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.
Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.
Comentario:
Para añadir a tu lista de féminas memorables, ahí te mando un enlace a la biografía de Ada Lovelace, la primera programadora de la historia:
http://es.wikipedia.org/wiki/Ada_Lovelace
http://es.wikipedia.org/wiki/Ada_Lovelace
Comentario:
Precisamente uno de los libros, desgraciadamente entre otro muchos, que tengo pendiente de leer es el de Octavio Paz titulado "Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe".
Si lo has leído, ¿me lo recomiendas?. Hay tanto que leer que una opinión fundada es de agradecer para evitar sorpresas.
Un abrazo.
Si lo has leído, ¿me lo recomiendas?. Hay tanto que leer que una opinión fundada es de agradecer para evitar sorpresas.
Un abrazo.





