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la letra e
blog personal de Joaquín Blanes
Acerca de
La letra e intenta renovarse.
Sindicación
 
Me temo
Giovanni Papini, grandísimo escritor sicótico, sólo temía una cosa: a sí mismo. Siento la misma desazón común que Papini, aunque en mi caso ni soy grandísimo, ni sicótico y como escritor me faltan tablas. Témome que me temo. Temo mi inconsistencia como persona, la debilidad que me abruma y me vence a cada instante. Si me hago una firme promesa, de las que uno firma frente a un espejo, la cumplo bien durante una o dos semanas, con suerte tres, pero a la cuarta hay como un receso, una pequeña dejadez acostumbrada,. Pongamos que me hago la promesa de ir a nadar cada mañana (obligación que la espalda me reclama), pronto surge un gran inconveniente, sea una mala noche sean las sábanas de raso que acarician y atrapan la flojera más deleznable de mí. Pienso en Papini y me digo: "Cuánta razón llevaba ese loco. Mejor no molestarme en ganar una batalla cuando la guerra está perdida. Me quedo en la cama, mañana ya veremos".

Honestamente admiro a los prolíficos, a ese Jorge Bucay a ese Paulo Coelho (Coelho ahí, que no escape - éste es de mi sobrino-). Admiro a ese César Vidal a ese José Antonio Marina, esos hombres célebres que escriben con una tenacidad altamente agresiva para los cómodos como yo que aplazo publicar porque sufro de una autocrítica feroz, porque mido cada palabra y busco escapar de los lugares comunes, de las frases hechas. Imposible escapar, está todo escrito. Por eso callo, silencio, porque me levanto un día y veo que César Vidal o Jorge Bucay o Paulo Coelho han vuelto a hacer de las suyas, así que dejo estar esa historia intrincada que me disponía a escribir y pienso que mejor que todo eso sería hacer una de Templarios en Lepe, rumanos y marroquíes masones que conspiran en los invernaderos. Senegaleses y mauritanos de una secta profana y prohibida que busca acabar con el sistema de bienestar, peligrosísimos todos ellos, sin duda.

Como está todo escrito y están esos días, a veces semanas, en los que considero que no tengo nada más que decir o diría memeces, mejor me otorgo el beneficio de la duda y me callo un buen rato, por no incordiar, no crean.

En esos días de silencio y reflexión, me gusta visitar la biblioteca cerrada de Tomares con la ilusión de que, por fin, esté abierta, después que la cerraran un 12 de abril de 2006. Esos libros que no puedo sacar o consultar me hacen recordar lo que decía Steinbeck, no el futbolista (si lo hubiera), sino el novelista:

"Por el grosor del polvo en los libros de una biblioteca pública puede medirse la cultura de un pueblo."

Nada más.
No