Corruptible
Fabián Bielinsky narra en la película "Nueve reinas" la historia de un tipo ladino, Marcos (Ricardo Darín), que es capaz de vender a su hermana por unos pesos.
Hay una secuencia, en el baño de un hotel, en la que Marcos le explica a Juan (Gastón Pauls), individuo timorato y pusilánime, que en este mundo no faltan chaperos, lo que faltan son ofertas. Dejaba claro que todos tenemos un precio y más aún en un mundo que se balancea al ritmo del Dow Jones, el Ibex 35 y el Nikkei japonés.
Ayer, cuando veía la noticia de la salida de prisión de Marisol Yagüe, avejentada, e Isabel García Marcos, exultante; comenzaron mis dudas sobre quién era el pelele de la operación Malaya. Algo inquietante se movió en mi interior, como en un cuento de Lovecraft, cuando la señora García Marcos declaraba que los 360.000 euros en efectivo que la señora guardaba en su casa, no sé si en una talega para el pan o en un coqueto calcetín Ruiz de la Prada, eran ahorros. Que llevaba desde los 25 años trabajando, que tenía dos másters y más cosas.
Pobre de mí, que llevo desde los 19 trabajando, que tengo sólo un máster que me costó sudarlo y que vivo de prestado en casa de mi hermana hasta que encuentre un alquiler de precio razonable; pobre de mí que nunca veré tamaña cantidad de dinero ni expuesto en un problema de aritmética, ni escrito en un cheque. ¿Dónde está la trampa? Me pregunto. ¿Por qué una sale derrotada de la cárcel y la otra sale como si viniera de un balneario? ¿Tendrán algo que ver las visitas conyugales? Como estaba recién casada...
Cuando veo estos dislates de nuestro mundo político, en seguida pienso en dos cosas:
1. En la cara abotargada de José Blanco y en su voz de ornitorrinco. Claro que después de que el Gran Wyoming lo comparara con "otra persona inteligente" como Milhouse Van Houten, ahora no puedo despegar esa similitud de mis neuronas.
2. En el magnífico cuento de Mark Twain, "El hombre que corrompió a una ciudad" y en la ironía mordaz del mejor Twain sobre la honorabilidad de nuestros incorruptibles vecinos.
Sálvese quien pueda, y quien tenga en un zulito de escayola bolsas de basura llena de billetes de 500 euros. Con este paisaje político y social, luego se quejan las encuestas de que España sea el cuarto país por la cola en el fracaso escolar (30% de nuestros alumnos que esperan, como recoge el amigo Fritanga en su blog, no tener que trabajar como sus padres de ocho a tres).
Hubo un tiempo en el que quise ser ciclista, pero entonces los ciclistas como José Luis Laguía o Álvaro Pino, tenían estudios y en el tiempo de descanso se les veía leyendo un libro. Además nadie hablaba de corticoides o dopping, esa palabra surgió cuando los intereses económicos comenzaron a ser importantes.
Hay una secuencia, en el baño de un hotel, en la que Marcos le explica a Juan (Gastón Pauls), individuo timorato y pusilánime, que en este mundo no faltan chaperos, lo que faltan son ofertas. Dejaba claro que todos tenemos un precio y más aún en un mundo que se balancea al ritmo del Dow Jones, el Ibex 35 y el Nikkei japonés.
Ayer, cuando veía la noticia de la salida de prisión de Marisol Yagüe, avejentada, e Isabel García Marcos, exultante; comenzaron mis dudas sobre quién era el pelele de la operación Malaya. Algo inquietante se movió en mi interior, como en un cuento de Lovecraft, cuando la señora García Marcos declaraba que los 360.000 euros en efectivo que la señora guardaba en su casa, no sé si en una talega para el pan o en un coqueto calcetín Ruiz de la Prada, eran ahorros. Que llevaba desde los 25 años trabajando, que tenía dos másters y más cosas.
Pobre de mí, que llevo desde los 19 trabajando, que tengo sólo un máster que me costó sudarlo y que vivo de prestado en casa de mi hermana hasta que encuentre un alquiler de precio razonable; pobre de mí que nunca veré tamaña cantidad de dinero ni expuesto en un problema de aritmética, ni escrito en un cheque. ¿Dónde está la trampa? Me pregunto. ¿Por qué una sale derrotada de la cárcel y la otra sale como si viniera de un balneario? ¿Tendrán algo que ver las visitas conyugales? Como estaba recién casada...
Cuando veo estos dislates de nuestro mundo político, en seguida pienso en dos cosas:
1. En la cara abotargada de José Blanco y en su voz de ornitorrinco. Claro que después de que el Gran Wyoming lo comparara con "otra persona inteligente" como Milhouse Van Houten, ahora no puedo despegar esa similitud de mis neuronas.


2. En el magnífico cuento de Mark Twain, "El hombre que corrompió a una ciudad" y en la ironía mordaz del mejor Twain sobre la honorabilidad de nuestros incorruptibles vecinos.
Sálvese quien pueda, y quien tenga en un zulito de escayola bolsas de basura llena de billetes de 500 euros. Con este paisaje político y social, luego se quejan las encuestas de que España sea el cuarto país por la cola en el fracaso escolar (30% de nuestros alumnos que esperan, como recoge el amigo Fritanga en su blog, no tener que trabajar como sus padres de ocho a tres).
Hubo un tiempo en el que quise ser ciclista, pero entonces los ciclistas como José Luis Laguía o Álvaro Pino, tenían estudios y en el tiempo de descanso se les veía leyendo un libro. Además nadie hablaba de corticoides o dopping, esa palabra surgió cuando los intereses económicos comenzaron a ser importantes.





