En el vagón de cola... Las historias se sueñan mejor II
París es la única ciudad del mundo donde morirse de hambre todavia es considerado un arte.
Isaac Monfort
Se lo llevó una embolia la noche de Todos los Santos, con un Cohíba en la boca y una niña de veinticinco años en las rodillas.
Isaac Monfort
[hablando de Bea Aguilar]lo fácil que era perderle la antipatia a quien se tiene por enemigo cuando deja de comportarse como tal.
Daniel Sempere
Desde luego, es que hay gente en el mundo que está para que haya de todo.
Aurora
[...] porque la poesia miente, aunque en bonito.
Fermín Romero de Torres
Este mundo no se morirá de una bomba atómica, como dicen los diarios, se morirá de risa, de banalidad, haciendo un chiste de todo y además un chiste malo.
Fermín Romero de Torres
El modo más eficaz de hacer inofensivos a los pobres es enseñarles a imitar a los ricos.
Fermín Romero de Torres
Para cuando la razón entiende lo sucedido, las heridas en el corazón ya son demasiado profundas
Isaac Monfort
Se lo llevó una embolia la noche de Todos los Santos, con un Cohíba en la boca y una niña de veinticinco años en las rodillas.Isaac Monfort
[hablando de Bea Aguilar]lo fácil que era perderle la antipatia a quien se tiene por enemigo cuando deja de comportarse como tal.
Daniel Sempere
Desde luego, es que hay gente en el mundo que está para que haya de todo.
Aurora
[...] porque la poesia miente, aunque en bonito.
Fermín Romero de Torres
Este mundo no se morirá de una bomba atómica, como dicen los diarios, se morirá de risa, de banalidad, haciendo un chiste de todo y además un chiste malo.
Fermín Romero de Torres
El modo más eficaz de hacer inofensivos a los pobres es enseñarles a imitar a los ricos.
Fermín Romero de Torres
Para cuando la razón entiende lo sucedido, las heridas en el corazón ya son demasiado profundas
En el vagón de cola... las historias se sueñan mejor
Me venía de gusto un café. Desde la parte alta de la Rambla encaré la calle Santa Ana hasta Portal de l´Angel. Las casas estaban hechas a base de piedras de cantera innoble pero de dignidad mayestática. Bajé hasta el carrer Montsió y entré en Els Quatre Gats.
Desde Soldados de Salamina no me dejaba embaucar por libros sobre los cuales nadie osa hacer ni un solo amago de mala crítica, “Salamina, uff! buenísimo, tienes que leerlo”. Lo leí. Un fiasco.
L´Ombra del vent era otro de estos libros. Resistí lo que se tenía que resistir. Pero al final lo leí y me atrapó.
Fermín Romero de Torres. Usurpador de apellidos, republicano fiero y filósofo callejero:
... De mujeres, y de otros menesteres mundanos, bastante más que usted. Como nos enseñara Freud, la mujer desea lo contrario de lo que piensa o declara, lo cual, bien mirado no es tan terrible porque el hombre, como nos enseña Perogrullo, obedece por contra al dictado de su aparato genital o digestivo
(...) Lo que ocurre es que el hombre, volviendo a Freud y valga la metáfora, se calienta como una bombilla : al rojo en un tris, y frío otra vez en un soplo. La hembra sin embargo, y esto es ciencia pura, se calienta como una plancha, ¿Entiende usted?. Poco a poco, a fuego lento, como la buena escudella. Pero eso sí, cuando ha cogido calor, aquello no hay quien lo pare. Como los altos hornos de Vizcaya. Teoría termodinámica.
(...) El hombre más sabio que jamás conocí, Fermín Romero de Torres, me había explicado en una ocasión que no existía en la vida experiencia comparable a la de la primera vez en que uno desnuda a una mujer. Sabio como era, no me había mentido, pero tampoco me había contado toda la verdad. Nada me había dicho de aquel extraño tembleque de manos que convertía cada botón, cada cremallera, en tarea de titanes. Nada me había dicho de aquel embrujo de piel pálida y temblorosa , de aquel primer roce de labios ni de aquel espejismo que parecía arder en cada poro de la piel. Nada me contó de todo aquello porque sabía que el milagro sólo sucedía una vez y que, al hacerlo, hablaba un lenguaje de secretos que, apenas se desvelaban, huían para siempre. Mil veces he querido regresar y perderme en un recuerdo del que apenas puedo rescatar una imagen robada al calor de las llamas. Bea, desnuda y reluciente de lluvia, tendida junto al fuego, abierta en una mirada que me ha perseguido desde entonces. Me incliné sobre ella y recorrí la piel de su vientre con la yema de los dedos. Bea dejó caer los párpados, los ojos y me sonrió, segura y fuerte.
-Hazme lo que quieras -susurró.
Tenía diecisiete años y la vida en los labios
No será ésta la última vez que me meta por las calles y frases de la Sombra del viento.
Desde Soldados de Salamina no me dejaba embaucar por libros sobre los cuales nadie osa hacer ni un solo amago de mala crítica, “Salamina, uff! buenísimo, tienes que leerlo”. Lo leí. Un fiasco.
L´Ombra del vent era otro de estos libros. Resistí lo que se tenía que resistir. Pero al final lo leí y me atrapó.
Fermín Romero de Torres. Usurpador de apellidos, republicano fiero y filósofo callejero:
... De mujeres, y de otros menesteres mundanos, bastante más que usted. Como nos enseñara Freud, la mujer desea lo contrario de lo que piensa o declara, lo cual, bien mirado no es tan terrible porque el hombre, como nos enseña Perogrullo, obedece por contra al dictado de su aparato genital o digestivo
(...) Lo que ocurre es que el hombre, volviendo a Freud y valga la metáfora, se calienta como una bombilla : al rojo en un tris, y frío otra vez en un soplo. La hembra sin embargo, y esto es ciencia pura, se calienta como una plancha, ¿Entiende usted?. Poco a poco, a fuego lento, como la buena escudella. Pero eso sí, cuando ha cogido calor, aquello no hay quien lo pare. Como los altos hornos de Vizcaya. Teoría termodinámica.
(...) El hombre más sabio que jamás conocí, Fermín Romero de Torres, me había explicado en una ocasión que no existía en la vida experiencia comparable a la de la primera vez en que uno desnuda a una mujer. Sabio como era, no me había mentido, pero tampoco me había contado toda la verdad. Nada me había dicho de aquel extraño tembleque de manos que convertía cada botón, cada cremallera, en tarea de titanes. Nada me había dicho de aquel embrujo de piel pálida y temblorosa , de aquel primer roce de labios ni de aquel espejismo que parecía arder en cada poro de la piel. Nada me contó de todo aquello porque sabía que el milagro sólo sucedía una vez y que, al hacerlo, hablaba un lenguaje de secretos que, apenas se desvelaban, huían para siempre. Mil veces he querido regresar y perderme en un recuerdo del que apenas puedo rescatar una imagen robada al calor de las llamas. Bea, desnuda y reluciente de lluvia, tendida junto al fuego, abierta en una mirada que me ha perseguido desde entonces. Me incliné sobre ella y recorrí la piel de su vientre con la yema de los dedos. Bea dejó caer los párpados, los ojos y me sonrió, segura y fuerte.
-Hazme lo que quieras -susurró.
Tenía diecisiete años y la vida en los labios
No será ésta la última vez que me meta por las calles y frases de la Sombra del viento.
Episodios de cine
"A veces pienso de verdad que el tipo aún cree que una erección es para mear por encima de una pared alta".
Ewan McGregor en Trainspotting
"Cuando la fortuna te sonríe al llevar a cabo algo tan violento y feo como la venganza, es una prueba irrefutable no sólo de que Dios existe, sino de que estás cumpliendo su voluntad".
Uma Thurman en Kill bill I
"El sexo sin amor es una experiencia vacía, pero de todas las experiencias vacías es la más gratificante que conozco."
Woody Allen en La última noche de Boris Grushenko
"Salvar la vida de una persona es como enamorarse, yo hace mucho tiempo que no salvo a nadie".
Nicolas Cage en Al límite
Ewan McGregor en Trainspotting
"Cuando la fortuna te sonríe al llevar a cabo algo tan violento y feo como la venganza, es una prueba irrefutable no sólo de que Dios existe, sino de que estás cumpliendo su voluntad".
Uma Thurman en Kill bill I
"El sexo sin amor es una experiencia vacía, pero de todas las experiencias vacías es la más gratificante que conozco."
Woody Allen en La última noche de Boris Grushenko
"Salvar la vida de una persona es como enamorarse, yo hace mucho tiempo que no salvo a nadie".
Nicolas Cage en Al límite
En el vagón de cola... todo suena mejor
Un poco más al Norte, y cuando llegue, todavía un poco más. Tan sólo quiero encontrar caballos negros y cerezos. El Norte siempre me ha gustado. Tierras donde la humedad transforma en verde toda la tierra que toca. Tierras donde el mar cumple con el requisito de ser tosco y rudo. Tierras donde la música se toca a cielo descubierto y es acompasada con jarras de cebada malteada y whisky del valle de Speyside.Siempre me ha atraído el mito del cantautor urbano. Su guitarra, acordes sucios, una historia que contar, papel y lápiz y un café cargado de madrugadas sin dormir, no sin soñar.
Escuché a Kt Tunstall hace un tiempo. Tocaba sola, sólo apoyada por una pedalera con la que grababa acompañamientos en vivo, creándose la apariencia que había más personas tocando con ella.
Morena, traviesa y una bonita voz. Sangre oriental para un corazón escocés. “Quizás por ella deje de ser un pirata”, pensé.





