Valjean, don´t touch my Breil
Suenan las campanas de la iglesia. El minutero apunta al cielo y la contaminación acústica golpea siete veces aquí, en la tierra. Siete golpes secos, sin melodía ni armonía. En ese momento no sabes si correr porque llegas tarde a alguna cita, o alargar el brazo con el fin de desactivar la alarma del despertador de la mesita de noche.
Hace años que el tiempo lo llevamos en forma de apéndice colgado de la muñeca. Algunos, los más progres, de la izquierda y otros, los más pijos, de la derecha. En mi caso, suelo buscar algún reloj añejo perdido por casa, le corto los tentáculos que a modo de esposas lo ciñen al cúbito y lo guardo en el bolsillo del pantalón. Quizás para no estar pendiente de él cada vez que la manga del jersey lo deja a la intemperie. Quizás sea tan solo para hacer explícita la metáfora que el tiempo pasa sin darnos cuenta.
Cada vez somos más listos. Hemos dejado atrás la época de los inventores y nos encontramos en la era de los técnicos. Básicamente son lo mismo, salvo que los primeros son conocidos por tener la capacidad de crear un ingenio y los segundos, no sólo lo crean sino que lo producen en serie, nos generan la necesidad de tenerlo y acabamos siendo siervos del artificio.
Vuelven a sonar las campanas de la iglesia. Dos cuartos. Ahora el minutero apunta al infierno y definitivamente yo llego tarde. Entro en el restaurant. Pedimos un entrante, un segundo frugal y un minuto después un buen crianza del Priorat. A mi derecha un comensal deglute con fruición compulsiva un trinxat de la Cerdanya. Estoy por decirle que jamás Occidente había dispuesto de tantos alimentos como en nuestra época, no hace falta que usted coma como si se le fuera a acabar. Me retengo porque intuyo que no es una cuestión de escasez sino más bien de estrés post-trabajo.
Ahora tenemos agendas cargadas que hipotecan nuestro futuro de acontecimientos a treinta años vista sin saber muy bien el interés que realmente nos suscitan. Tenemos alarmas, relojes de cuarzo, rutinas y vicios, cronógrafos seiko, relojes de sol factor treinta y bellas princesas que al llegar la hora susurran hirientes “ Valjean, don´t touch my Breil”.
Salgo del restaurant. No sé que hora debe de ser, pero tarde sí que parece. Miro hacia la iglesia. Las dos agujas señalan al cielo buscando culpables. Y entonces suenan campanadas a medianoche.
Hace años que el tiempo lo llevamos en forma de apéndice colgado de la muñeca. Algunos, los más progres, de la izquierda y otros, los más pijos, de la derecha. En mi caso, suelo buscar algún reloj añejo perdido por casa, le corto los tentáculos que a modo de esposas lo ciñen al cúbito y lo guardo en el bolsillo del pantalón. Quizás para no estar pendiente de él cada vez que la manga del jersey lo deja a la intemperie. Quizás sea tan solo para hacer explícita la metáfora que el tiempo pasa sin darnos cuenta.
Cada vez somos más listos. Hemos dejado atrás la época de los inventores y nos encontramos en la era de los técnicos. Básicamente son lo mismo, salvo que los primeros son conocidos por tener la capacidad de crear un ingenio y los segundos, no sólo lo crean sino que lo producen en serie, nos generan la necesidad de tenerlo y acabamos siendo siervos del artificio.
Vuelven a sonar las campanas de la iglesia. Dos cuartos. Ahora el minutero apunta al infierno y definitivamente yo llego tarde. Entro en el restaurant. Pedimos un entrante, un segundo frugal y un minuto después un buen crianza del Priorat. A mi derecha un comensal deglute con fruición compulsiva un trinxat de la Cerdanya. Estoy por decirle que jamás Occidente había dispuesto de tantos alimentos como en nuestra época, no hace falta que usted coma como si se le fuera a acabar. Me retengo porque intuyo que no es una cuestión de escasez sino más bien de estrés post-trabajo.
Ahora tenemos agendas cargadas que hipotecan nuestro futuro de acontecimientos a treinta años vista sin saber muy bien el interés que realmente nos suscitan. Tenemos alarmas, relojes de cuarzo, rutinas y vicios, cronógrafos seiko, relojes de sol factor treinta y bellas princesas que al llegar la hora susurran hirientes “ Valjean, don´t touch my Breil”.
Salgo del restaurant. No sé que hora debe de ser, pero tarde sí que parece. Miro hacia la iglesia. Las dos agujas señalan al cielo buscando culpables. Y entonces suenan campanadas a medianoche.
Comentario:
es encantador como escribes. beso.
una cosa mas, ¿porque piensas que en la cancion de intoxicados hay una parte en la letra que dice "a las 9 de la noche cenicienta" es un dilema que tengo cada ves que escucho esa cancion.
si me comentas que penasas te lo voy a agradecer
una cosa mas, ¿porque piensas que en la cancion de intoxicados hay una parte en la letra que dice "a las 9 de la noche cenicienta" es un dilema que tengo cada ves que escucho esa cancion.
si me comentas que penasas te lo voy a agradecer
Comentario:
¡Vaya! Justo cuando al salir del restaurante creí que me iba a subir al porsche de mi príncipe, va y suenan las campanas y se convierte en un seat panda (y él en rana).
Comentario:
hola, tu me cotilleas, yo te cotilleo. Te gustan "Los miserables" o es que me lo parece a mi??
Por cierto, Mon Matre..uf,estuve hace dos años y casi no me vuelvo.
Por cierto, Mon Matre..uf,estuve hace dos años y casi no me vuelvo.
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cenicienta, échale un vistazo al comentario del post "En verso, la palabra es dura"
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media noche, es mi hora.... debo irme convertirme en cenicienta.. pr una cenicienta q cada vez teme menos a sus madrastas y q cada día es más fuerte.. y es más q cada día necesita menos a un príncipe azul.. por cierto me voy madrid de viaje.. estaré desaparecida te veo a la vuelta.,.. besos y cuidate mi niño, q yo quiero besar a un "poeta". jajaj besos
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Es verdad que cada vez somos más listos, pero también más infelices. Yo a veces fantaseo con irme al campo y tener mi huertecito, y vivir lejos de las prisas, los relojes y los agobios. Pero claro, es sólo una fantasía.
Siempre me sorprende descubrir a una persona que escribe bien. Incluso los universitarios escriben de pena hoy en día. He conocido licenciados en periodismo que escribían como niños de doce años. Así que FELICIDADES.
Siempre me sorprende descubrir a una persona que escribe bien. Incluso los universitarios escriben de pena hoy en día. He conocido licenciados en periodismo que escribían como niños de doce años. Así que FELICIDADES.
Comentario:
Bien visto Amaranta, se agradece.
Namberguan, fue un arrebato. De todas maneras tenías más de 130 comentarios favorables.
Ekivova, espero poder contar contigo como socia de este Club, de momento casi privado debido a que los que somos nos contamos con los dedos de dos manos. Eso sí, tiene la ventaja que puedo responder vuestros comentarios de manera personal.
Namberguan, fue un arrebato. De todas maneras tenías más de 130 comentarios favorables.
Ekivova, espero poder contar contigo como socia de este Club, de momento casi privado debido a que los que somos nos contamos con los dedos de dos manos. Eso sí, tiene la ventaja que puedo responder vuestros comentarios de manera personal.
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Armonioso???? armonía???? Un beso.
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hale, a mi me ha gustado tu post así que no te diré insulso hasta decir basta.
besos
besos
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Mientras mas descubro a traves d mi pantalla mas me maravillo del genio humano...magnifico...me encanta tu manera d escribir!





