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DESDE LA LIBERTAD
CUENTOS, RELATOS, EXPERIENCIAS, TROZOS DE MI REALIDAD
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CUENTOS, HISTORIAS, RELATOS, EXPERIENCIAS, RETAZOS DE REALIDAD... Cuando alguien quiere algo con todo su corazón, el universo entero conspira para que lo logre. -Paulo Coelho- "El Alquimista"
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JARDIN
Mis recuerdos del jardín son casi siempre del verano, la primavera y el otoño y es lógico porque durante el invierno no me dejaban salir apenas. Las puertas se mantenían herméticamente cerradas y solo podía echar una nostálgica ojeada por los cristales empañados.

Viviamos en pleno Ensanche, una de las grandes vías cuadriculadas, ribeteadas de grandes plátanos de serena belleza, cuyas hojas en otoño cubrian como un manto las amplias aceras. Un mar de hojas, hojas que al caer tenían todos los colores desde el verde, aun fresco, aun vivo, ribeteado apenas de dorado, hasta el marrón oscuro, seco, quebradizo

Me gustaba caminar entre las hojas, arrastrándolas con mis pies de niña, como si yo fuera el viento, jugando a volar impulsada por él. Los mayores se quejaban de las hojas acumuladas, hojas que barrían casi a diario unos tipos armados de escobas hechas de ramas secas, yo no podía comprender que no les gustaban. Pero yo vivía en otro mundo, o mejor dicho vivía en dos mundos, saltando a la comba de uno a otro agilmente, sin darme cuenta.


Teníamos un bar, mi familia tenía un bar restaurante pequeñito, modesto,. Ese tipo de sitios donde con un pincel se escribia el menu a diario en los espejos. Un menú económico para el bolsillo de los trabajadores, de los oficinistas, de las peluqueras. Se entraba por una puerta cristalera donde mi padre había dibujado cosas: un bocadillo de jamón, una jarra de cerveza con patas y ojos, derramando espuma blanca, un gatito blanco y negro saboreando una tapa de calamares. Ese gatito existía, se llamaba Gitano y era mi gato, lo rescaté de una cloaca, un día de lluvia y mi padre le inmortalizó allí.

Nada mas entrar, veias una barra larguisima, imitando la madera, flanqueada por , taburetes altos de skay rojo, de esos que giraban y giraban. Yo solía girar locamente en ellos hasta que un adulto me quitaba enfadado. Y en esa gran estancia, habían mesas y sillas de formica color madera, el techo altísimo, antiguo y al final del comedor una vieja escalera de madera quellevaba a un altillo que subía y subia. Allí había un comedor supletorio, para mi muchisimo mas interesante que el de abajo, menos concurrido. Allí las mesas eran de marmol, cuadradas y grandes, y otras mas pequenitas y redondas, con pies metálicos labrados. Me gustaban esas mesas que estaban siempre tan frescas, me gustaba el tacto del marmol y sus dibujos. Una vez vi allí a una pareja, en una verbena de San Juan, haciendo el amor. La escena me quedó grabada.

En el altillo soliamos comer y cenar nosotros, los niños. Nuestros padres nos enviaban alli porque ellos tenían trabajo y no podían comer con nosotros y porque en el altillo había menos clientes y no dabamos tanto la lata. Desde alli se podía ver la televisión, que estaba colocada en lo alto y si la mirabas desde el comedor de abajo te torcías el cuello irremediablemente. Por la noche, en ese altillo no había nadie apenas, solo algun cliente despistado, y yo -televidente adicta- solía apoyarme en la balaustrada de madera, con la silla haciendo equilibrios desafiando la ley de la gravedad. La mayoría de veces, las luces están apagadas, para ahorrar. Me gustaba esa penumbra cálida, cómplice. Me sentía segura. A veces se olvidaban de que estaba allí y yo rezaba para que siguieran olvidándome. De ese modo pude ver muchas películas y series que no hubiera visto.

Después del comedor había un corredor, un retrete y un lavabo para los clientes, los motores de los aparatos de refrigeración, una vieja carbonera sin carbon y una ducha extraña, primitiva. A continuación estaba la cocina, amplia, antigua, acogedora, con su inmensa nevera de madera, con sus cestas para el pan, con las mesitas auxiliares, con la cocina económica antigua, de hierro, inmensa, donde mi madre y mi abuela, cocinaban todo el rato, a un ritmo acelerado. Allí mismo habia dos habitaciones mas, que servían de almacén y luego un largo pasillo tenebroso que conducía a una habitación de plancha y a una puerta cristalera y detrás, oh detrás! detrás estaba la luz. Detrás estaba mi jardín.

Abrías las puertas de cristal y entrabas en otro mundo, en medio de la gran ciudad, un remanso de paz y calma un jardín que mi padre había creado en el abandonado sitio que había sido antes de llegar nosotros. El espacio era grande, no se exactamente cuanto, pero había un pequeño espacio emporlanado y luego un espacio de tierra de unos 100 metros mas o menos, flanqueado por jardineras donde se habían plantado rosales, azucenas, violetas, jazmines, dalias, hortensias. Habia una estructura de hierro que encuadraba ese jardín interior y mi padre había tenido la feliz idea de hacer que las rosas se encaramaran por los palos que sujetaban el techo. Luego plantó enredaderas que formaron un techo verde y quitó el techo de cañas original. La luz tamizada era verde y las rosas flanqueaban los cuatro costados de ese verdor, dándonos intimidad y creando una atmósfera de sueño, de jardín perdido.

Había un arco de madera al final, en el sentido opuesto a la puerta de cristal por donde se tenía acceso. Ese arco lo pintamos de verde oscuro, brillante, y justo a su lado habia un pequeño muro escalado, a cada lado,

Nunca lo vi como un muro sino como una escalera y desde muy pequeña me escondía ahí arriba, subía las "escaleras" y me sentaba al final cuando terminaba en repisa. Por encima de mi jardin, por encima del techo verde coronado de rosas, con los pies colgando en el vacío, con la mirada perdida en el muro de atrás que delimitaba nuestra casa con el jardin vecino, el jardin de las monjas . Oculta.

Los arboles majestuosos y antiguos proyectaban su sombra sobre mi, alguna rama casi me acariciaba, y yo veía el cesped, los bancos, las flores, el espacio, al otro lado el azul del cielo y los balcones de las casas vecinas, los patios y jardincitos colindantes. Ninguno tan grande, ninguno tan sereno, como el mio.

De niña, siempre buscaba la soledad, esa soledad casi imposible de conseguir, que a mi me parecía un lujo. En una familia de tres hermanos, padre, madre, tio, abuela y tia abuela, era practicamente imposible lograr un rato de soledad, y yo la necesitaba. Quería poder estar sola con mis pensamientos, necesitaba libertad para mis ensoñaciones, para mis fantasías, no parecía que eso les pasara a mis hermanos y solían pegarse a mi como una lapa, por esa razón yo tenía escondites, lugares a donde me iba y donde me buscaban inutilmente. El último escalón del muro del jardín era mi escondite favorito. Solía coger un libro y perderme allí arriba, con esa ingenuidad que solo tienen los niños, yo creía ser invisible, aunque si alguien miraba con atención se veían mis piernas colgando en el vacío. Se que mi padre sabía que estaba ahi, pero el no importaba porque me respetaba, porque me comprendía.

Las rosas eran rosas de te, de ese color entre amarillo y anaranjado, rosado, de una belleza delicada, poco corriente. Yo las miraba y las olía y el viento me hablaba, me susurraba a través de las hojas en movimiento, de las ramas que se acercaban a mi desde el jardin del as monjas. Allí descubrí que el viento podía hablar, que los árboles susurraban cosas, que hay canciones que no suenan en ninguna parte y un mundo por descubrir.

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HOLA
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ASCENSORES
Hay gente a mi alrededor, el rellano es ancho y hay varios ascensores. Siguiendo mi instinto busco uno desocupado y la puerta se cierra con un zumbido mecánico detras de mi.

Dejo volar mi mente pero algo va mal, me parece que el ascensor tarda muchisimo. El viaje se hace eterno, empiezo a preocuparme.
Pienso en pulsar el botón de alarma y justo cuando voy a hacerlo el ascensor se detiene

Se abren las puertas y estoy en la planta de un edificio que me resulta familiar. Amplios ventanales por los que entra la luz, aquí y allá el toque del verde de las plantas estrategicamente colocadas como decoración, muebles de diseño, mesas, gente trabajando, bullicio.

Yo conozco este lugar, he estado antes aquí, pero de eso hace mucho tiempo. No entiendo como, pero ese ascensor me ha trasladado a mi pasado, al momento en que voy a realizar la entrevista final, después de una serie de pruebas eliminatorias, para conseguir mi puesto de trabajo en ese Banco, allá por mi ya lejana adolescencia.

Sin embargo yo no he cambiado, sigo siendo la persona que soy ahora. No he realizado al mismo tiempo ese viaje a la inversa hacia la muchacha que fui. Mi cuerpo, mi cara, mi mente, mis ropas, mi esencia, son las de mi yo de ahora.

Entro en el elegante y frio despacho y allí está él ,detrás de la enorme mesa, de espaldas a la luz que entra a chorros por la ventana. Tiene un gran sobre de papel manila marrón en las manos y con un gesto cortés, me invita a tomar asiento. Saca del sobre mi curriculum vitae y una foto cuadrada, grande ( no de tipo carnet, como las que suelo poner habitualmente en mi curriculum). En la foto se ve a la chica que fui, aunque no recuerdo que nunca me hicieran una fotografía como aquella. Es como si alguien me hubiera hecho una foto al azar, en cualquier momento de ese periodo de mi vida y la hubiera pegado ahi.

Miro la foto y me veo a mi misma, tal como fui, una chica jovencita, enfundada en vaqueros blancos y con una camiseta de tirantes color verde claro. El pelo suave cayendo sobre mis ojos, escondiéndome un poco tras una sonrisa timida.

Se que ahora soy otra (ni mejor ni peor, otra). Por supuesto alguien mucho mayor. Pienso si eso me va a perjudicar o va a cambiar el curso de lo que sucedió (o de lo que está sucediendo). Mas bien es como la seguridad de que si, efectivamente, las va a cambiar. Yo se que conseguí el trabajo (o que lo conseguiré) pero la mujer de ahora ya no es esa chica fresca, diferente, de manitas cuadradas de uñas mordidas, que le cayó en gracia a ese señor (señor?) .

Yo ya no soy ella.

El mira la foto y me mira a mi, pero no dice nada. Me da el empleo y las instrucciones y las copias de los contratos y yo no me atrevo a preguntar, pero intuyo que no será el mismo trabajo, que no me contrata para lo mismo. El caso es que agarro el sobre que me ofrece y salgo del despacho.

Al salir encuentro a una compañera, que está exactamente igual a como estaba (y ttengo tiempo de pensar que es lógico si es que he viajado en el tiempo) Ella me mira, me sonrie y me habla y aparentemente no ve la incongruencia, no ve que no concuerdo con su tiempo.

El sueño consciente termina aquí.

Pero otras veces he viajado en ascensores peculiares que no viajan de arriba abajo o de abajo arriba si no en forma horizontal, expandiéndose en la ciudad en forma circular. Rompiendo mis esquemas. Llevándome tan lejos que nunca se dónde puedo aterrizar al abrir la puerta metálica....

Estoy abierta a todo tipo de interpretaciones amigos :))

Un cariñoso saludo


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SIN TITULO (no se me ocurre)

A veces siento un dolor indefinido por las cosas que nunca fueron. Sabes que pudieron ocurrir (si ese dia hubieras ido a ese lugar en vez de a ese otro, si hubieras cruzado la calle en vez de haberte quedado parada en el momento en que el semáforo estaba a punto de cambiar, si hubieras hecho caso a la sugerencia de tu amiga y en vez de ir a una determinada discoteca hubieras entrado en otra).

No se si el destino está o no está marcado, pero se que cuando empiezas una andadura el camino es solo uno y luego se bifurca en otros muchos y que cada decisión que tomas cierra un camino y abre otros.

Y luego quizá los caminos se crucen de nuevo y allí, en el camino que hace tanto tiempo dejaste, encuentras a una persona que quizá hubieras podido encontrar en un principio, que deberías haber encontrado, si hubieras escogido el camino oportuno. Y eso te duele y no solo por ti.

Opciones. Elecciones. Decisiones. ¿Por qué aceptar una debe implicar dejar de lado muchas otras?. Deberíamos tener la capacidad de rebobinar, de poder probar antes de decidir si tomamos una decisión o no , si emprendemos un camino o nos sentamos a la sombra de un árbol, si nos tumbamos en la hierba viendo las nubes pasar.

Me dan pena las cosas que no nos atrevemos a hacer. Ese miedo a afrontar una decisión, a romper con algo que ha perdido su esencia original, que ya no nos motiva pero que sigue ahi, por pura inercia. Miedo a vivir. Tenemos un miedo atroz a equivocarnos, a perder lo que tenemos o a cambiarlo por algo que no sabemos si será mejor a la larga.

Siendo como soy, a veces me dejo llevar y me tiro sin red. Está en mis genes. Y cierto es que a veces he llorado amargamente, pero aún así no me arrepiento, porque son mas las ocasiones en que lo que he vivido ha compensado con creces mi, llamemósle "valentía", aunque prefiero la palabra atrevimiento.

Hay personas que nunca hacen eso, que nunca se atreven, aunque querrían. Y yo siento pena y un dolor de localización indefinida, por todas esas cosas no vividas, que están ahi, flotando en el aire de las posibilidades y me gritan desde su no existencia.

Por todos los paseos al atardecer, por las caricias lentas y la pasión salvaje. Por el reflejo de las llamas sobre nuestros cuerpos. Por el fuego de la chimenea que sigue aún al otro lado del espejo de mi realidad. . Por las conversaciones y los debates que ponen en marcha mil resortes y despiertan nuestros sueños, nuestras ganas de vivir. Por las películas que nunca compartimos, respirando el mismo aire, nueces y palomitas en un bol.

Por todo esa increible belleza, intensidad, magia, calidez, compenetración.

Por esos sentimientos encarcelados, prisioneros que quizá nunca vean la luz.

O quizá si, porque nunca se sabe y el futuro no está escrito.

Y el león del Mago de Oz adquirió al final un corazón valiente.


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MAR

AYER
- Tienes que mantener los pies muy juntos y las rodillas flexionadas, mantén el cuerpo un poco hacia delante y las manos unidas y hacia abajo -mi padre me mira con la luz del día reflejada en sus ojos, dándome las últimas instrucciones, y me pregunta: - Estás lista?

- Lista -digo yo, alegremente- ocultando mi preocupación por esas sombras azuladas que se mueven bajo el agua y yo se que son rocas sumergidas. Me pongo en posición y concentro toda mi atención en el agua teñida de oro, lisa como una gema.

Noto la presencia de mi padre detrás de mi. Y no quiero fallarle. Daré ese salto.

- Ya!!! Salta!!! - grita-

Y al escuchar su señal mi cuerpo toma impulso, mis pies se elevan al unísono del suelo y mis brazos -la cabeza baja entre ellos- se tienden hacia el azul que se extiende a mis pies. En el último momento vacilo un poco, el miedo desvía ligeramente mi salto, solo lo justo para frenar levemente mi impulso inicial y eso hace que caiga demasiado cerca.

Todo ocurre muy deprisa, tanto que casi no tengo tiempo de tener miedo, de ser consciente de cada paso (sólo mucho después, sólo luego en la soledad de mi cuarto). El aire silbando, mi cuerpo cayendo. Mi desesperado intento de esquivar la roca que se acerca y el choque de mi pierna con una de sus afiladas esquinas.El dolor, el dolor,,,

Luego el choque contra el agua y la frialdad que me envuelve (mis manos aun en posición, mis pies pataleando disciplinados huyendo de las rocas, de los monstruos agazapados bajo ellas).

Y la sangre tiñe el agua, como flores rojas. El agua explota a mi lado y mi padre me abraza, me rescata del hielo azul, me mira a los ojos y yo me agarro a su mirada. Estoy temblando y no me atrevo a mirar mas allá de sus ojos.

Su voz calmada me dice -tranquila, no pasa nada, no vas a llorar, verdad?

Salgo del agua entre sus brazos, como una muñeca rota y percibo las miradas de la gente, pero yo solo se que no voy a llorar.

Cuando llegamos a la Casa de Socorro, me atrevo a echar una ojeada a mi pierna. Veo la esquirla de roca incrustada en mi carne, un poco mas abajo de la rodilla, hacia la derecha. Está allí enganchada, en mi piel y la sangre no para de manar.

Es grande -grita mi parte racional- mas grande que una chapa de cocacola. Mi padre me deposita en una silla y corre hacia dentro, mientras yo espero.

No siento pánico porque me he ido a mi jardin secreto, estoy en mi torre y alli nada puede dañarme.

El médico que me atiende habla con mi padre en voz baja, no quieren que yo escuche lo que dicen, sin embargo les oigo. Siempre me sorprende que la gente mayor piense que los niños somos tontos, sordos o ciegos.

Parece enfadado, pero cuando se acerca a mi su voz es suave y sus ojos tiernos. Con una delicadeza increible me habla y me dice que tiene que sacarme el trozo de roca incrustada. Me pregunta si le entiendo. Yo solo tengo cinco años pero claro que le entiendo, quiere decir que me dolerá y que no puede evitarme ese dolor. Le digo que si

Mi padre se acerca y coje mi mano. Intercepto una mirada furiosa del médico hacia él. Yo miro a mi padre. El médico tira de la roca con suavidad y firmeza y el dolor me taladra de arriba abajo como un puñal. Pero no grito ni lloro porque estoy en mi mundo secreto.

Ahora las manos hábiles del médico taponan la sangre que sale a borbotones, desinfectan, observan, vendan. Bajo la vista y veo un agujero enorme de contornos ovalados, donde no hay carne. Pienso que tal vez quedará siempre asi. Me pregunto si la carne "crece".

No lloro y eso sorprende a todo el mundo. Me dicen que soy muy valiente (soy muy valiente?, no lo se...el llorar atenuaría mi dolor?) .

Salimos al cabo de mucho rato, mi pierna envuelta en vendajes. El médico dice que debo curarme la herida cada día en un hospital.

Mi padre está orgulloso de mi comportamiento y me sonrie. Vamos a casa.

En casa cuando las sombras invaden mi cuarto revivo como a cámara lenta mi salto. Se que un día volveré a saltar desde alli.




HOY
Esa cicatriz nunca desapareció, pero mi carne creció, si. Ahora es una mancha de carne un poco mas pálida, de superficie lisa, muy fina.

Estremece un poco pensar su tamaño en una pierna de cinco años.

Las cicatrices del alma son asi?
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LLUVIA
La lluvia cae dulcemente sobre mi ciudad borrando sus limites. En mi horizonte han desaparecido las murallas verde azuladas que aprisionan habitualmente el circulo de tejados, de antenas, de gruas gigantes, que abarca mi visión

Cielo y tierra se confunden en un gris infinito, nubes envueltas en bruma descargan gotas invisibles. Mirando por mi ventana soy consciente de que llueve por la humedad reluciente que está en todas partes.

Canturreo en mi interior:

<b>
"Dios de la lluvia apiadate, de las bestias y de mi. Vino tu llanto a redimir un mundo polvoriento y gris, hecho a medida del triste de ti.
... dejé a mi niña, dulce abril, entre aire de fresas y carmín, se desdibuja en mi memoria, la umbría vereda que tantas veces recorri
......
Rie mi niña! flotando en el suelo!. Dios de la lluvia, devuelveme al ayer
....
Entre los campos verdes de abril, lejos del mundo, muy cerca de ti. Dios de la lluvia abrazame y bajo tus nubes volveré a considerar, las múltiples formas de besar, el aire bañado en tu perfume singular..."

...

Y me dejo envolver en esta dulce melancolía y pienso si la tristeza es consustancial al ser humano.

No lo se, pero a veces siento un dolor que no se expresar con palabras y me alegra que el cielo llore cuando estoy asi.

Podríamos disfrutar del calor del sol si no estuviéramos a veces "envueltos en brumas"?

Mi esencia camina esta tarde como un fantasma plateado, entre helechos y agua de lluvia.


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CENICIENTA FINAL


El otoño era una llama de oro en el Reino de Shanador mientras se acercaba inexorablemente el dia de la fiesta que el Rey daba en honor de su único hijo, el Principe Christian. Yo estaba absolutamente resignada a no asistir al baile, dado que mis innumerables obligaciones en casa de mi madrastra, la Viuda Chancellot, mi Ama Oscura, no me habían dejado tiempo para terminar mi vestido de gala.
Aunque asumía esto como un hecho irrefutable y mi naturaleza sumisa me ayudaba en ello, un conato de rebelión me hacía esperar sin esperanza lo imposible. Un milagro que cambiara la situación y me dejara asistir por una noche a una festividad propia de mi edad y de la condición social en la que había nacido.

Una tarde ventosa me escabullí al bosque cercano para soñar a la luz de la enorme luna que nacía. Yo tengo una naturaleza soñadora. Me senté bajo el viejo roble que conocía mis secretos de infancia y el cansancio hizo que quedara adormilada. De pronto me despertó la luz. La luz dorada de la luna, que parecía haber crecido en intensidad y me acariciaba como un beso. Apoyada en el tronco del roble (Ygdrassil así lo llamaba yo en mis ensoñaciones) una mujer me miraba. Tenía un aspecto extravagante, para empezar vestía como un muchacho, pantalones de montar, botas altas hasta los muslos, las cuales ceñían como un guante sus finas piernas, una camisa con muchos volantes. Se envolvía en una capa de muchos colores, irisada. Sus cabellos color violeta la envolvían hasta las rodillas y parecían flotar en rizos suaves, que se mecían a un viento invisible. Toda ella rebosaba fuerza y poder, pero no era esto lo mas notable si no un cierto aire burlón, como de estar de vuelta de todo. Estaba impreso en la media sonrisa de sus labios jugosos, en el brillo travieso de sus ojos negros, en el gesto indolente con el que mordisqueaba una ramita de abedul.

La extraña me llamó por mi nombre, cenicienta (porque este era mi nombre ahora y yo lo sentía como tal) y me dijo que era mi Carta Mágica del Destino y que ella era el instrumento para que yo alcanzara mi Plenitud. Al decir estas enigmáticas palabras empezó a dar vueltas a la ramita de abedul y al hacerlo cortaba el aire y parecía abrir agujeros en la noche, como si disolviera la realidad de mi bosque, haciéndome pensar que estaba viviendo un sueño, tan vívido que me parecía real. Sin darme tiempo a pensar, en uno de esos trazos cortando el aire hizo surgir (no tengo otro modo de describirlo) un hermosísimo traje de la nada y lo puso en mis brazos. Era de un color indefinido que podía ser tomado por blanco y que sin embargo contenía todos los colores, cambiante bajo la luz de la luna, formado por pequeños arcoiris irisados. Era de una sencillez absoluta, de líneas tan puras que estuve segura que mi cuerpo joven destacaría dentro de él como un faro. La Dama, a la que no tengo otro nombre que poner que la Carta del Destino seguía con sus piruetas y a cada una yo recibía un regalo: unos zapatos de tafilete plateado, un collar de amatistas, unos pendientes a juego…

Cuando hubo terminado me dijo: y ahora pequeña vuelve a tu casa que yo me encargo de hacerte llegar todo esto por mi servicio particular de mensajeria –al decir esto último sonreía burlona. Y antes de que pudiera agradecerle nada, se esfumó en la noche, dejándome con la miel en los labios.

Volví corriendo a casa, esperando que mi falta no hubiera sido descubierta, pero al entrar por la puerta de la cocina encontré allí al Sr. Arrogante que me miraba severo. Di un respingo y sentí que mi corazón se aceleraba. Me postré a sus pies, con los brazos extendidos y la cabeza muy cerca de sus piernas. Como una caricia, sentí su mano en mi nuca rubia. Me dijo: dónde estabas, cenicienta?, acaso no sabes que debes pedirme permiso para ausentarte?. Levanté la cabeza y le miré con lágrimas en los ojos, poniendo el corazón en ellos, ese hombre me podía, me abrumaba su presencia, me controlaba. El me conminó a continuar con la cabeza baja en el suelo, en mi posición humillada, sumisa. Mis cabellos se derramaban por el suelo y me impedian ver nada, pero sentí que se movía a mi alrededor, y noté como me sofaldaba y pasaba su mano fría por mis nalgas desnudas –yo tenía prohibido llevar ropa interior-. Noté el aire silbar antes de sentir el azote de la pala de amasar el pan, me mordí los labios para no gritar, y los azotes cayeron mientras el Sr. Arrogante me conminaba a decir dónde había ido y qué había hecho. Entre sollozos se lo conté todo. Cuando hube terminado, siguió azotándome y luego, en esa misma posición, me usó para su placer (aunque debo confesar que mi perversión hizo que también fuera el mio). No hizo comentario alguno sobre la fiesta, ni sobre mi intención de asistir a ella. Tampoco me lo prohibió, ni me ordenó entregarle el vestido (que yo suponía, aunque no lo sabía a ciencia cierta, que estaba en mi habitación del desván, si mi Carta del Destino era una mujer de palabra).

Así pues yo continué con mi plan.

Y llegó el dia de la fiesta. Mis hermanastras y mi Ama Oscura me tuvieron muy ocupada ayudándolas a embellecerse, peinarse, vestirse, acicalarse –aunque realmente poco se podía hacer en ese sentido-. Se fueron en el carruaje, bastante pronto, porque querían llegar y asegurarse un buen sitio, antes de que el Palacio Real estuviera desbordado de gente.

Yo corrí a mi habitación en cuanto salieron por la ancha avenida. Al llegar a mi desván me encontré allí sentada a la Dama del Destino. Estaba en mi ventana, sentada en el alfeizar y parecía tan tranquila como si no estuviera colgando de un cuarto piso, con las piernas en el vacío. Me dijo: cenicienta, se me olvidó decirte una cosilla, todas tus galas se desvaneceran como humo a las 12 en punto. Así que espabila y haz lo que tengas que hacer antes de esa hora, en la que todo lo que lleves encima desaparecerá como la ilusión que es. A mi eso me pareció una mala pasada, pero al menos me daba un margen para gozar de la fiesta, y estaba dispuesta a no perdermela por nada del mundo. Pero había un tema que me preocupaba y era el de mi transporte. Sin embargo mi Dama parecía tenerlo todo controlado porque me dijo que eso no debía preocuparme.
Con una sonrisita y su eterna ramita de abedul en las manos no paraba de mirarme y me estaba poniendo nerviosa. Como era tarde empecé a desnudarme para vestirme con mi precioso traje nuevo. Ella no se iba, ni desaparecía ni nada y seguía alli, con esa sonrisita en los labios. De pronto dijo: creo que aun tenemos un poco de tiempo para jugar. Y entrando en la habitación cogió mis manos y las sujetó con una tira de mis viejas enaguas, me hizo apoyar sobre el alfeizar de la ventana , y separó mis piernas deleitándose con la visión de mi cuerpo desnudo, de mi sexo ofrecido, adornado con ese suave vello color oro viejo. Recorrió mi coño con la ramita de abedul, abriéndolo, rozando los labios y obligándolos a separarse. Sus caricias toscas me estaban excitando y ella sabía como combinar la rudeza con la suavidad y conseguir el efecto que queria. Siguió con los azotes de la ramita y yo me unía a su ritmo in crescendo, hasta que al final era mi cuerpo el que buscaba el contacto, la caricia, el azote. La miré mientras sentía que el climax estaba a punto de atravesarme, le pedí permiso inconscientemente y ella sonrió de nuevo y dijo : Si.

Mi Dama me ayudó a ponerme el vestido mientras yo temblaba aun. Recogí mis cabellos en lo alto y opté por ponerme solamente el collar de amatistas, ceñido a mi cuello, dejando libre el esplendor de mi escote y los pliegues suaves de mi vestido de arcoiris satinado. Con un toque de su ramita mágica volamos con el viento y él me transportó hasta la entrada del Palacio Real. Allí mi Señora Misteriosa se esfumó de nuevo en la noche.

Jamás había visto un lugar tan bello y lujoso como el Palacio del Rey, sin embargo en cierto modo parecía hecho para mi, mi alma lo reconocía. Adoraba la belleza de sus suelos de mármol, la serena dignidad de sus columnas, la visión del lago desde las ventanas, los jardines en penumbra. Todo ello me hablaba directamente a mi, parecía susurrar mi nombre: cenicienta, cenicienta, bienvenida a casa…..

Procuré mantenerme en un lugar discreto, lejos de las miradas de la viuda Chancellot y de sus hijas. Me apoyé en la baranda del segundo piso y desde allí observaba a la gente que bailaba. El principe Christian estaba al lado de su padre, el Rey, pero parecía aburrirse mucho. Era un buen mozo, joven, rubio, con buena planta y sus ojos azules, aun a esa distancia a la que yo estaba, tenían un aire dulce. En ese momento nuestras miradas se cruzaron, azul contra azul, porque él había levantado la vista hasta donde estaba yo medio escondida. Una chispa de interés despertó y a grandes zancadas se dirigió hacia mi.

A partir de ese momento no me dejó ni un instante, parecía fascinado por mi. Me dijo que era la muchacha mas bella del baile, pero que no era solamente mi innegable belleza lo que me hacía tan especial, sino que yo era distinta. Que el sentía que eramos cómplices, que habia un nexo de unión entre nosotros. Bailamos al ritmo suave de la música, envueltos en el olor a fresa de los mejores sueños, Miré al fondo de los ojos de mi principe y de pronto lo supe, lo comprendí todo y sonreí. El me miraba con la misma comprensión en la mirada.

Y de pronto sonó la primera campanada y yo fui terriblemente consciente de que estaba en el filo de la medianoche. Así que corrí como si llevara alas en mis zapatos, corrí con el viento, con mi sangre joven latiendo descontrolada mientras volaba escaleras abajo y al hacerlo sentía como Christian me seguía, pero sin poder atraparme. En mi carrera perdí uno de mis preciosos zapatos pero en esa tesitura me daba igual, seguí corriendo como un espiritu libre hasta alcanzar el amparo de las sombras del bosque y la niebla que se formó como por arte de magia fue mi aliada. Completamente desnuda, esfumadas mis lindas ropas, desnuda como una buena sumisa, volví al refugio de la mansión que un día fue de mi padre.

A la mañana siguiente no se hablaba de otra cosa en el Reino que de la misteriosa desconocida que había encandilado al esquivo Principe Christian. Y de la decisión de este de hacer probar el zapato que la muchacha del baile perdió al huir de Palacio, a todas las muchachas casaderas del Reino, hasta encontrar a su dueña. Yo sonreía interiormente.

Anémona y Críspula andaban muy preocupadas con eso, como si hubiera la menor posibilidad de que pudieran encajarse uno de mis zapatos.

Al llegar el Emisario Real, por supuesto lo intentaron, pero sus toscos pies no encajaban en mi zapatito de cristal. Cuando estaba a punto de marchar el Emisario, el Sr. Arrogante le detuvo y dijo ante el asombro de la Viuda y sus hijas: Un momento, Señor, existe otra muchacha casadera en esta casa y me miró a mi perentoriamente, conminándome a obedecerle como había hecho siempre. Arropada por la fuerza de su mirada, vencí mi timidez y avancé hacia el Emisario del Principe y sentándome en el escabel tendí mi pie al paje.

El zapato encajó a la perfección y un destello de luz azulada pareció cubrirme.

De todo esto hace más de un año. Ahora soy la esposa del Principe Christian, la Primera dama del Reino, la Princesa cenicienta y como todo todos los honores son pocos para mi. Vivo en el Palacio Real, que parece que me esperaba como a su elegida. Tengo criados y la gente me respeta y envidian mi suerte. El Rey está contento porque su hijo tendrá un heredero, ya que estoy embarazada y pronto daré a luz. Todo el mundo es feliz en el Reino (excepto quizá la Viuda Chancellot y Anémona y Críspula).

Sin embargo las cosas no han cambiado tanto en el fondo. El Sr. Arrogante vino conmigo a Palacio cuando me casé con el Principe Christian, en condición de mi hombre de confianza, mi escudero, mi mayordomo especial. En la intimidad él manda, por supuesto. Como siempre. Soy suya. Le pertenezco. Es mi Señor, Me azota cuando le place o cuando cree que mi comportamiento no es el adecuado, o simplemente porque lo desea en ese momento. Me usa a su antojo y nada tengo yo que decir a ello. Me humilla y le obedezco en todo y para todo, porque su placer es lo importante y complacerle el mio.

Bueno, en realidad, hay una novedad y es que ahora somos dos para complacerle y servirle. Dos a los que puede usar a su antojo y que son absolutamente suyos. Yo y mi esposo, el Principe Christian.

Que, por supuesto, es también sumiso.




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NACIONES, PUEBLOS, POLITICA, RELIGION Y OTRAS HISTORIAS
Me he contenido mucho y mucho antes de escribir este artículo pero ya no puedo mas y tampoco veo la necesidad. Estoy en mi propio espacio. Si molesto a algunas personas no será porque desee hacerlo. Simplemente quiero decir lo que pienso.

Vivo en un pequeño país que forma parte de otro país mas grande, aunque no siempre ha formado parte de él. Tenemos muchas cosas en común, sí, y un pasado y presente entrelazado, pero también muchas cosas que nos diferencian. Tenemos una lengua propia, que amamos y que hemos utilizado siempre. Tenemos costumbres, canciones, tradiciones, poesía, literatura propias. Y lo mas importante: la conciencia de ser una nación. Nación es solo una palabra y no veo el menor problema en que haya varias "naciones" que formen parte de un todo. Lo importante es la comprensión y el respeto mutuo. En Irlanda por ejemplo el sentimiento de nación se estructuró a partir de la religión, más que por la persistencia de la lengua, ya que el gaélico casi ha dejado de ser el idioma nacional, excepto en su parte cultural. Nosotros nos hemos vertebrado a partir de la lengua. Diferentes modos de subsistencia. Todos ellos válidos porque lo que importa es eso: el sentimiento.

Yo formo parte de las innumerables personas que en mi pequeño pais no tenemos problema alguno por estar dentro de ese otro pais mas grande. Que amamos a ese pais y su cultura, sus tradiciones, su lengua, sus gentes y las sentimos también como propias, en otro grado, de otra forma que a nuestra propia tierra, pero siendo también parte de nuestro bagaje, de nuestro mundo.

Ni yo, ni muchas otras de las gentes de mi pais, tenemos ese sentimiento de "patria" que al parecer deberia uniformarnos a todos y convertirnos en parte indisoluble del otro pais mas grande. Pero eso no quiere decir que queramos poner fronteras, muros, aduanas, fosos y perros policia por todo el perímetro de nuestras fronteras. No nos sentimos superiores, mejores, ni nada de eso, pero reaccionamos ante los insultos o la incomprensión, lógicamente.

Simplemente queremos ser nosotros mismos. Un arce rojizo, dentro de un bosque primigenio, lleno de diferentes árboles. Robles gallegos. Acacias vascas. Alamos castellanos. Olivos andaluces, si, pero aceptados como somos, con nuestras diferencias, con nuestras peculiaridades. Todos distintos. La diferencia es riqueza. Suma.

Pero todo eso lo pensamos la gente como yo, que es la inmensa mayoria de la gente de mi pequeño país.

En el gran país, que es nuestro vecino mas cercano, existe la raza de las gaviotas, una raza política que esta empeñada en sembrar de nuevo viejos odios, en avivar las brasas de las rencillas y en azuzar a hermanos contra hermanos, hasta que todo el bosque se divida en dos bloques irreconciliables, siguiendo un viejo esquema: manipulación al precio que sea.

Como estoy harta de callar y de escuchar las voces airadas de los que mienten ahi va mi pequeña aportacion.

Y me niego a escuchar la COPE, opongo a ella el vacio de mis oidos sordos.
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INTOLERANCIA
Reben

Reben miraba el fuego y la figura de Jules que se recortaba contra el fondo de las llamas. El siempre la hacía sentir incómoda. No podia dejar de ser consciente de que estaba con un ser de otro mundo, totalmente distinto a su especie. Un ser que no era como su gente, que sólo era una parte y uno un todo. Una mitad.

Intentaba razonar y decirse que sólo eran prejuicios, que ese ser era tan humano como ella y que debía liberar su mente y tratar de ver sólo lo que les unía y no las diferencias. Por otro lado, ella era una persona que se jactaba de su mente abierta, comprensiva, no en vano era profesora de Antropologia en una prestigiosa universidad. Sabía perfectamente que ser distinto no era malo y que la uniformidad no era condicion sine qua non para ser aceptado.

Aún asi miraba a Jules con desconfianza y recelo y le odiaba por ser distinto, por hacer que ella se sintiera siempre de ese modo por hacer que permaneciera siempre en uno de sus lados cuando ella era un todo.

Por obligarla por su propia naturaleza tullida, con su modo de ser extraño y alienígena, a permanecer siempre bajo esa forma.

No era natural........nadie podría convencerla nunca de que era una opción tan válida, tan buena como la de su propia especie.



Jules

Jules se mantenia apartado del campamento porque allí estaba Reben. Se negaba incluso a mirarle detenidamente (y también se negaba mentalmente a pensar en eso como "ella"). Sabía que por el bien de la Convención Galáctica y como enviado de su mundo debía colaborar con Reben -al igual que Reben debía colaborar con Jules para bien de su mundo y de su especie-, y su caracter disciplinado por años de permanencia en el Ejército le ayudaban a ello, pero no podía evitarlo.

Sentía una adversión totalmente natural ante la naturaleza extraña, alienígena de Reben. Era algo instintivo. No podía encajarle de ningún modo y no sabía muy bien como tratarle.

Sus superiores le habían explicado las cosas y él procuraba entenderlas pero era algo tan insólito que le superaba.

Intentaba pensar en Reben como en "ella ", ya que sus manifestaciones físicas al encontrarse con él, en su única compañía durante el tiempo que durara ese maldito experimento aprobado por la Convención, eran las de una hembra. Pero era incapaz de negar su conocimiento, de ahogar lo que sabía y nunca podría verle como a una mujer y en consecuencia tratarle como a tal.



Morbius
y
Steven


En sus respectivos puestos de mandos, el Profesor Morbius, líder del Mundo de Darkill y el General Steven Hazel, comandante en Jefe de la Flota Estelar Terrestre observaban a sus enviados.

Morbius habló primero por el intercomunicador, su suave rostro tenia un aire triste al hablar, aunque resultaba dificil leer las emociones en su rostro de facciones cambiantes.

El Experimento era un fracaso total. y las dos especies estaban condenadas si no llegaban a aceptarse y verse como iguales.

En el Mundo de Darkill eran todos hermafroditas, el sexo no era determinante de la personalidad, ni de la valia de la persona.

El sexo era cambiante, como cambiantes eran sus rostros, moldeables. Uno/a era macho o hembra en función del sexo que decidiera adoptar la persona que tenías mas cerca en tu entorno, en función de como te hacía sentir o qué sentimientos despertaba en ti o tu en él/ella.

A veces uno/a necesitaba, tenía, mostraba una urgencia por ser suave y femenino. Mostraba esa faceta porque te sentías asi. En otras uno/a eras masculino y mostrabas tu virilidad en forma orgullosa. Tu otro yo. Dos caras de la moneda. Un todo, sí, aunque solo una parte de lo que era una persona.

Era posible que la parte femenina de los darkillianos no fuera exactamente como la de las hembras de la Tierra. Y también era probable que su parte viril no fuera exactamente igual a la de los hombres terrestres.

O eso pensaba Morbius, ellos/as eran moldeables, fluian y cambiaban y no aceptaban estereotipos sexuales.

Steven Hazel, pensaba que en la Tierra los hombres nunca eran mujeres, ni las mujeres hombres, aunque fuera en forma temporal. No existia esa posibilidad -aunque algunos hombres estaban atrapados en cuerpos de mujer y algunas mujeres en cuerpos de hombres-

Todos eran solo una de las dos partes y si había partes distintas dentro de ellos allí permanecian.

Steven Hazel pensaba todo esto y pensaba en lo curioso que era que el viera ahora esto como una "riqueza", después de años de tratar con Morbius y de empezar a comprenderle. Pero sabía que la mayoria de su gente eran como Jules Logan.

Morbius tambien sabía que su gente era mayoritariamente como Reben.

Asi que debían abandonar el proyecto de colaboración y sus beneficios y vivir sus vidas y proyectar su futuro de forma individual en la Galaxia.

Hazel pensaba que eso les llevaria con el tiempo a combatir entre ellos por la hegemonía, al menos a los hombres -que eran sin duda mucho mas agresivos que los darkillianos-

Morbius sabia que su raza debía tender un puente entre sus dos mundos o sumcumbiria, pero no podia encontrar el modo de soltar ese puente.

Quiza no fuera posible, quiza siempre se rechaza lo que es distinto....
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ESTOICISTAS VERSUS EPICUREOS

Una compañera me ha dicho hoy algo que me ha hecho sonreir: me ha comparado con los "estoicos", porque al parecer ayer hablaban de ellos en su clase de Psicología y a ella le pareció que se adaptaba a mi forma de ser. No se, yo nunca me había visto a mi como una "estoica"... personalmente creo que no hay tipos o personalidades puros sino que todos somos una mezcla. Somos de un modo u otro, no solo por nuestra herencia genética y educación sino por los acontecimientos que nos van imprimando..

Pero luego he seguido pensado y quiza sí....en algún sentido es posible que sea estoica. En el sentido de que lo quiero TODO o NADA. En el sentido de que nunca me he conformado con pequeños pactos que me asegurasen una vida "cómoda". Una vida que
me agobiaba y ya no tenía la capacidad de commoverme, de hacerme sentir viva, con una persona que había evolucionado en un sentido totalmente divergente al mío y que en muchos aspectos me había desilusionado.

Es cierto que jamás me acomodaré a las concesiones en virtud del voto útil, por ejemplo, o de la renuncia a metas que yo se que son utópicas -pero no por ello dejan de ser las metas que yo quiero o las que considero justas no?-

Es verdad que no se refrenar mi lengua ante cosas que se que no tienen solución, en aras a la diplomacia. Y muchas veces provoco un cisma en las conversaciones cuando entran en conflicto con cosas que chocan diametralmente con mis principios. Pero también es cierto que he aprendido a contenerme y que de las 10 veces que hubiera saltado antes, ahora sólo lo hago 3.

Tal vez los sueños son sólo eso: sueños, pero la vida es demasiado corta para dejar de soñar, para aceptar sucedáneos, para conformarte con una flor de papel en el ático, si existen flores de verdad en los campos.

Tampoco es cierto -en mi caso- que me plantee metas imposibles y que no haga pequeñas cosas para mejorar mi vida o para llegar a una situación deseable, aunque quizá no ideal. Soy bastante realista en ese sentido. Se lo que hay y lo que puedo conseguir, pero jamás dejaré de luchar por las cosas que me importan -utópicas o no- y si una batalla es justa para mi, pues lo es en sí y siempre asumiré mi participación en ella y sus consecuencias.. Y me da igual que me llamen idealista o soñadora.

Pero yo también pienso que el conocimiento (y en especial el conocimiento de las limitaciones propias y de la sociedad o el entorno en el que una vive) son básicas para una vida feliz (que ya no digo útil :) ). Y en contraposición también creo que es importante la búsqueda de la verdad por la verdad en sí misma.

Contradicciones?, seguro...

Nunca he creido en redes para vivir, pero sí utilizo la razón.

Prudente?, a veces, sólo a veces.....

Desde luego no soy nada estoica en el sentido de creer que hemos nacido para sufrir. Yo pienso que debemos aprovechar cada minuto de nuestra vida y llenarlo de cosas que nos hagan felices, pero no sólo a nosotros. Compartir.

Y hay una Justicia, así, en mayúscula, que deberiamos perseguir. A lo mejor resulta que soy mas bien "arturiana" (que conste que lo digo con algo de coña).

Bueno, en conclusión, pienso -como siempre- que aunque admiro profundamente a los filósofos clásicos, no se puede generalizar ni encasillar a nadie. Y que cada flor, insecto, puesta de sol, brizna de hierba, gota de agua es única e irrepetible.
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OTROS MUNDOS
Existen lugares que nadie ha visto..... oscuros unos, luminosos otros
Lugares en el corazón de nuestras ciudades.... en el fondo de nuestras mentes.

Un día cruzas la calle y te adentras en otra dimensión.

Bajo un puente de una ciudad cualquiera sobrevive una pareja de ancianos. Sus rostros curtidos por los elementos no hacen nada fácil adivinar su edad real. Por supuesto ellos estan fuera de todo lo que conocemos. Sin casa, sin techo, sin abrigos, sin nada, en realidad, malviven de la caridad ajena y verlos -noticia de 3 minutos en cualquier cadena de televisión que tenga ese margen por cubrir- sólo duele el tiempo en que las retinas acostumbradas a la violéncia tardan en olvidar.

En una calle de Madrid, un niño de 8 años, de nacionalidad sudaméricana, que dicen es jefe de una banda callejera, es invitado por la policia a desnudarse para ver si ha ocultado algún objeto robado. Vive en las calles, o mas bien sobrevive. Me pregunto como se puede ser jefe de algo a los 8 años y que caminos de la dimensión desconocida le han llevado hasta aqui.

A una princesa embarazada no paran de lloverle regalos innecesarios de todo tipo. ¿Por qué se los mandan?. La verdad es que no alcanzo a comprenderlo... pero se que esos regalos estarían mucho mejor en otras manos.

En un concurso de televisión se reparte dinero a manos llenas a fin de captar el interés de la Diosa Audiencia. Televisión que, por otra parte, es cada dia mas aburrida, previsible, convencional, desvergonzada y vacía de contenido y continente. En el punto álgido de la mayoria de canales privados se vive de observar con lupa cada uno de los movimientos, por superfluos y triviales que sean, de un sin fin de personajillos mediáticos que no existen fuera de esos parámetros irreales. Se provocan situaciones. Se venden mentiras. Se fabrican "noticias". Se escarba en las vidas de las gentes que tienen un perfil público a fin de encontrar cualquier cosa que huela a escándalo.

Realmente no se quien me parece mas odioso.

Y yo, que soy principalmente una Narradora de Historias, que a veces me gustaría vivir en un bosque primigenio y escuchar una historia, sentada en circulo sobre las piedras, bajo la luz de la luna dorada. Yo quisiera escuchar dentro de este mundo el ritmo de los tambores, vivir la belleza, mientras escucho el rumor dulce de la lluvia.

Lograr un mundo mas coherente dónde las palabras: el poder para la razón o justicia para todos, puedan pronunciarse de nuevo.
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LUNA LLENA


He visto la luna desde mi balcón y era dorada. De un oro pálido, como champagne visto a contraluz.

La luna llena me altera. Siento crecer en mi de nuevo la bendita locura. Borrachera de sentimientos. La luna ( esa misma luna que ha invadido mi espacio) infiltra pequeños anillos de oro en la sustancia inflamable de mi sangre.

La mas poderosa de las drogas actua para que yo sienta cosas que apenas puedo explicar. Extiendo mis límites.

Se que en momentos asi soy capaz de todo. Se que nunca he estado mas viva.

Y voy soltando amarras que me atan a los convencionalismos.

Envuelta en la marea de mis sentimientos, levanto mis brazos para bañarme en su luz y bailo al ritmo de esa musica silenciosa, ardiendo en el fuego blanco.

Sensibilidad a flor de piel, vestida con alas de bruma. Flotando en el suelo...

Extendiéndome... extendiéndome hasta llegar a ti.

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SUEÑO
Anoche soñé que volvía a Manderley. Me detengo ante los escalones de la entrada, cubiertos de polvo y hojas muertas y contemplo la vieja casa. La luna, como un fantasma mas, ilumina la escena y suaviza los efectos del tiempo y el abandono. A pesar de ello, algunas contraventanas penden de las visagras rotas, como muelas cariadas desprendidas de una encía enferma. Las enredaderas lo invaden todo, libres al fin de las tijeras de podar, reclamando ese mundo vacío como propio. La casa esta muerta. Tan muerta como lo esta Rebecca.

Detrás de las ventanas que me miran como silenciosos ojos de zombies, se mueven las sombras. Allá aletean mis viejas mariposas negras, que acaban por encontrar el camino de salida y me rodean con su frenético aleteo... cubren mi mundo...

Me llevan volando a una playa desierta, flanqueada por acantilados rocosos. Una simple y eterna franja de arena dorada que lame la tierra vacía. Mis pies desnudos notan la dulce humedad salada y echo a andar sin rumbo. Pero yo se a dónde voy, por supuesto, así que no me sorprende demasiado descubrir la monstruosa cabeza de piedra sobresaliendo con el brazo elevado aún en un postrer grito...... libertad, libertad, libertad......en un mundo destruído por nosotros mismos.....Caigo de rodillas y grito como Charlton Heston mientras la arena me engulle como un embudo, y....

Ahora el olor a la melange llena la cueva. Pienso que si no tengo cuidado caeré en el trance presciente. El sonido del agua subterránea acaricia mis oidos con su líquida musicalidad. Tendida en el suelo de piedra, en los brazos de Paul Atreides, escucho sus palabras con mi salvaje corazón fremen temblando enamorado.. con una fuerte sensación de dejá vu, le digo: "Hablame de las aguas de tu mundo, Usul"

... y el rostro de una Reverenda Madre flota en el agua, mientras mi subconsciente dormido se sumerje en un nuevo cambio.....

Estoy tendida en una cama al lado de mi pareja. Acabo de despertar sobresaltada, aunque no se por qué. Me incorporo un poco apoyada en la almohada y escruto aprensivamente la oscuridad dónde algo acecha. Poco a poco mis ojos se adaptan a la negrura y entonces veo a los pies de mi cama una mano. Sólamente eso. Una mano de mujer que se apoya levemente allí, mientras con lentitud, con extrema y aterradora lentitud una sombra femenina asciende desde los infiernos........

Subo por las escaleras de piedra donde estan grabadas las buenas intenciones, y asciendo hacia la luz, dejando atrás el grito frenético de Gandalf (!Huid insensatos!) siguiendo las largas zancadas de Aragorn, abriendo por fin las puertas de Moria y buscando la bendita luz de la Tierra Media, en busca de un posible futuro....

Y el rostro de Phil Marlowe me sonríe mientras enciende su eterno cigarrillo apoyado en el viejo Ford y me dice que las cosas hay que verlas a la cruda luz de la verdad, aunque implique eso la muerte de un pobre anciano que no quiere saber que su yerno duerme el sueño eterno bajo esa ciénaga....

Y antes de despertar, Orwell me susurra amablemente que vivimos en 1984..... donde el único lugar donde no se nos manipula -el último reducto- es el Mundo de los Sueños.

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BELLEZA
Un diseñador de modascuyo nombre no recuerdo ahora, ha tenido una brillante idea. Ha decidido "normalizar" las pasarelas -porque la gente es plural, porque todo cabe, porque todos somos bellos- y ha incluido en su desfile a personas muy obesas, ancianos no precisamente de buen ver, enanos y enanas etc.

La idea en sí me gusta. Es decir, aclaro: soy de la opinión que nuestra sociedad vive esclava de un modelo de belleza muy estricto y que descalifica todo lo que se aparta de esas normas claramente marcadas. Yo pienso que la belleza no es una, que hay diferentes tipos de belleza o de atractivo y que lo que a una le parece bello o interesante, es posible que no le produzca esa impresión a otra persona.

Sin embargo mientras veia ese desfile pensé que no era de ese modo como tenía que hacerse. Algo allí me hizo pensar que el enfoque estaba equivocado.

Modelos anoréxicas desfilaban al lado de abuelitos calvos y pequeñitos vestidos con un mono espacial que haría las delicias de los seguidores de Star Trek. Una mujer de al menos 150 kilos, vestida de amarillo canario con plumas y abalarios, se movia al lado de un modelo Danone. Una chica tipo Barbie al lado de un enano. El resultado era algo parecido a "la galería de los monstruos". Se que el propósito seguramente era ése. Romper ,"frapar", hacer que hablasen. Se que se trata de llamar la atención y vender mas.

A pesar de todo eso, me gustaría que poco a poco se rompiera con la uniformidad perfecta de las pasaleras. Pero poco a poco, porque a nuestros ojos acostumbrados a la etérea belleza casi incorpórea de las modelos actuales casi ofende la presencia de carnes exhuberantes desbordando o cuerpos diferentes.

No se, pero ¿y si empezáramos por dejar salir a bellezas que no llegan a la estatura "standard"? o a chicas muy atractivas -o chicos- que tienen un ligero exceso de peso, pero conservan las formas? o a personas no tan jóvenes, a mayores de 45 por ejemplo?. Yo conozco chicas gorditas que son preciosas, personas de mas de 45 elegantísimas, y chicos y chicas bajitos que son encantadores. Gente de la calle, diversa, diferente, toda ella con cosas buenas sin ser parte del imperio Barbie. Bellezas morenas, sonrisas diferentes, personas de verdad, no de plastico, sensualidad si pero con algo mas. Pero todo ello, en cierto modo educando a la vista, desacostumbrando los ojos a tanta perfección insulsa, abriendo el abanico de opciones.

Es como ese maravilloso anuncio de Dove. Ese en que se aplica la crema hidratante que anuncian sobre mujeres de todo tipo: embarazadas, jóvenes, viejas, pecosas, gorditas, mujeres con cicatrices. En todas ellas. En todas. Porque una piel sana e hidratada te hace mas bella, porque en todas partes hay belleza o atractivo, o lo que sea que haga que mires a una persona y sonrías. Nada de desfile de "monstruos".

Saquemos la belleza que llevamos dentro. Libertad, libertad....
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EL MUNDO MUNDIAL


Hoy he leído un post de un amigo. Un post que rezumaba ingenuidad y frescura. El articulista hablaba de viejas resoluciones, de buenas intenciones de las que había formado parte, a fin de cambiar un poco, en lo que estuviera en su mano, la injusticia de nuestro mundo. En concreto se hablaba de "adoptar" un indigente y tenerlo a su cargo durante un periodo largo de tiempo.

Quizá no sea solución, a la larga, pero al menos es alguien que reacciona ante cosas que claman al cielo. A mi me preocupa profundamente la cada día mas marcada indiferencia de nuestra sociedad ante los problemas sociales. No nos podemos dejar engañar ante la maraña de organismos y de departamentos dedicados al Bienestar Social. Esa tampoco es la solución. A mi me produce una reacción de rabia la indiferencia conque cualquier tema es tratado en la información diaria.

Pongo un ejemplo de actualidad rabiosa: la frontera de Melilla (España/Marruecos). Esa barrera de alambre espinoso que asaltan cada día una marea de inmigrantes, en gran parte procedentes de Algeria o de otros lugares de Africa. La otra noche hablaban de hacer una barrera fronteriza mas alta, que tuviera 6 metros en vez de los 3 de la de ahora. Los inmigrantes -con grave riesgo para su integridad
física- saltan la barrera y la saltarán igualmente si es mas alta. Asi es como lo veo yo. Ellos fabrican en las cercanías de la frontera, escondidos en la maleza, sus largas escaleras hechas de troncos y cuerdas. Fabricarán escaleras mas altas.

El espectáculo de la otra noche era dantesco, muchos quedaron atrapados ente el alambre, otros resultaron gravemente heridos. Por supuestos ha habido muertos. No se, pero creo que por aqui, con estas medidas de contención no vamos bien. Aparte de que personalmente pienso que esta ola de inmigración es imparable.

Yo vivo en un barrio de mi pequeña ciudad en el que la inmigración es masiva y, con sinceridad, veo los pros y los contras. No estoy diciendo que tengamos que hacer lo que hacen las instituciones, me parece demencial. Primero se les pone todas las barreras que ellos saben poner para que entren. Cuando entran ilegalmente y se les detecta se les envia a su pais, pero ahhhh, ellos ni siquiera vuelven a casa. Se quedan por allí en campamentos y lo vuelven a probar una y otra y otra vez, hasta que lo consiguen. Muchos mueren por el camino. Y luego, una vez aquí, se les tutela de un modo que incluso provoca reacciones adversas por parte de otras personas de aqui. No hay que darles ni mas ni menos que lo que darían a las personas sin recursos de aquí. Ahora bien, hay que poner de nuestra parte para integrarlos en nuestro mundo.

Pienso que las personas tienen que estar muy desesperadas y estar pasándolo muy muy mal para arriesgarse de ese modo. Para ponerlo en juego todo para llegar. También pienso que tienen una idea equivocada del mundo al que van y que las cosas no son como ellos esperan, al menos no del todo. Pero eso es otra cuestión.

Creo que ya que -para mi- es imparable esta ola de inmigración y las cosas iran a mas a menos que se establezcan en sus paises de origen las condiciones para que les resulte mas atractivo quedarse, las cosas deberían aceptarse y regularse y pactarse las condiciones de un modo razonable. No hay que ser muy lista -es cuestión de puras matemáticas elementales- para ver que de aqui a pocos años serán mayoría, dado el número de hijos que ellos tienen, dada la avalancha de entrada -ese río que no cesa- , dada la bajísima tasa de natalidad que nosotros tenemos (1 o dos como máximo hijos por pareja). Así que si aceptamos este hecho inevitable, en ver de luchar contra él, podríamos intentar conseguir que esas personas formaran parte de nuestro mundo, con las variantes, con parte de las cosas que forman parte de lo que son, sí, pero también aceptando nuestra cultura, nuestro bagaje, nuestra forma de vida, porque después de todo son ellos los que se han desplazado hasta aqui.

Pienso en que la gran mayoría de los inmigrantes que viven en mi ciudad son de religión islámica., y es este hecho el que en cierto modo provoca las grandes diferencias, más que el color de la piel o la diferencia en las costumbres. De acuerdo, tienen todo el derecho del mundo a su culto, y a sus creencias, a tener sus mezquitas y a comer carne de cordero sacrificado mirando a la Meca, pero no estoy dispuesta a renunciar a ninguno de los derechos adquiridos como mujer, que son herencia de una larga lucha de las que nos precedieron. Ahora esta cuestión concierne sólo a ellos y a sus familias, pero cuando la simple demografía incline la balanza hacia su lado?.

Por otra parte, yo creo que lo único justo es un reparto mucho mas equitativo de los recursos naturales. Es completamente lógico que estas personas se vean empujadas a intentar mejorar su vida y la de los suyos y que luchen por ello como sea. No creo que ninguna barrera, medida policial represiva o control sirva absolutamente para nada.

Se que un inmigrante no es un indigente, sólo que sus precarios recursos económicos los situan al llegar en una situación parecida. La mayoría consiguen un trabajo y lo conservan y al poco tiempo traen a su familia.

Por supuesto no sólo existe la inmigración subsahariana o magrebí, está la de sudamérica, está la de los paises del este. Esta ultima inmigración también presenta unos problemas específicos como son la llegada de muchachas y mujeres engañadas por las mafias, que son obligadas a prostituirse.... y también la presencia de delicuencia organizada de esos países. No cometeré el error de creer que inmigración es igual a delincuencia. Se que delincuentes existen en todos los ámbitos y nacionalidades, pero es evidente también que en España hay una mafia de los paises del este que está muy bien organizada y que se hace notar.

Y por otra parte existen los indigentes. Las personas de este país u de otros, que por una razón u otra viven al margen de nuestra sociedad, olvidados por ella.

Sobran en nuestras europeizadas ciudades. Cuando se celebra la Fiesta Mayor de Barcelona, por ejemplo, son rescatados de las calles porque "hacen feo" y deslucen los actos oficiales. Pero este aparcarlos momentáneamente dónde sea, no soluciona problema alguno. La verdad es esta: muchas personas viven en la calle, duermen bajo cartones, en los cubículos de los cajeros automáticos, en las escaleras del metro, en los bancos públicos, tumbados en la hierba en verano, y en cualquier portal o lugar mas recogido del frio en invierno. No existe un lugar para ellos en nuestra sociedad. Y sinceramente no creo que existan los albergues necesarios para cuidar de ellos. Todos estan saturados.

No soy Asistente Social , ni tengo el tipo de formación necesaria para saber qué medidas deberíamos adoptar para paliar esto y buscar auténticas soluciones, pero pienso que hay que buscar tareas que ellos quieran y puedan hacer y que les haga tener algo a lo que aferrarse. Un lugar donde vivir. Ilusionarse de nuevo. Porque a quien lo ha perdido todo ya nada le importa.

Nuestra sociedad de "tanto tienes tanto vales", nuestra sociedad de culto a la imagen, les desprecia, les ignora, les margina, pero podrían perfectamente ser útiles, al menos a sí mismos.

Algunos son victimas de enfermedades como el alcholismo.Otros victimas de la mala suerte. Personas con patologías y enfermedades mentales conviven con gente que simplemente se cansó de luchar.

No, no se la solución, pero continuo pensando que no es tema para diez o quince minutos en un telediario, cuando llegan los primeros fríos.

Quizá sería bueno volver a soñar. Pedir lo imposible

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