ASCENSORES
Hay gente a mi alrededor, el rellano es ancho y hay varios ascensores. Siguiendo mi instinto busco uno desocupado y la puerta se cierra con un zumbido mecánico detras de mi.Dejo volar mi mente pero algo va mal, me parece que el ascensor tarda muchisimo. El viaje se hace eterno, empiezo a preocuparme.
Pienso en pulsar el botón de alarma y justo cuando voy a hacerlo el ascensor se detiene
Se abren las puertas y estoy en la planta de un edificio que me resulta familiar. Amplios ventanales por los que entra la luz, aquí y allá el toque del verde de las plantas estrategicamente colocadas como decoración, muebles de diseño, mesas, gente trabajando, bullicio.
Yo conozco este lugar, he estado antes aquí, pero de eso hace mucho tiempo. No entiendo como, pero ese ascensor me ha trasladado a mi pasado, al momento en que voy a realizar la entrevista final, después de una serie de pruebas eliminatorias, para conseguir mi puesto de trabajo en ese Banco, allá por mi ya lejana adolescencia.
Sin embargo yo no he cambiado, sigo siendo la persona que soy ahora. No he realizado al mismo tiempo ese viaje a la inversa hacia la muchacha que fui. Mi cuerpo, mi cara, mi mente, mis ropas, mi esencia, son las de mi yo de ahora.
Entro en el elegante y frio despacho y allí está él ,detrás de la enorme mesa, de espaldas a la luz que entra a chorros por la ventana. Tiene un gran sobre de papel manila marrón en las manos y con un gesto cortés, me invita a tomar asiento. Saca del sobre mi curriculum vitae y una foto cuadrada, grande ( no de tipo carnet, como las que suelo poner habitualmente en mi curriculum). En la foto se ve a la chica que fui, aunque no recuerdo que nunca me hicieran una fotografía como aquella. Es como si alguien me hubiera hecho una foto al azar, en cualquier momento de ese periodo de mi vida y la hubiera pegado ahi.
Miro la foto y me veo a mi misma, tal como fui, una chica jovencita, enfundada en vaqueros blancos y con una camiseta de tirantes color verde claro. El pelo suave cayendo sobre mis ojos, escondiéndome un poco tras una sonrisa timida.
Se que ahora soy otra (ni mejor ni peor, otra). Por supuesto alguien mucho mayor. Pienso si eso me va a perjudicar o va a cambiar el curso de lo que sucedió (o de lo que está sucediendo). Mas bien es como la seguridad de que si, efectivamente, las va a cambiar. Yo se que conseguí el trabajo (o que lo conseguiré) pero la mujer de ahora ya no es esa chica fresca, diferente, de manitas cuadradas de uñas mordidas, que le cayó en gracia a ese señor (señor?) .
Yo ya no soy ella.
El mira la foto y me mira a mi, pero no dice nada. Me da el empleo y las instrucciones y las copias de los contratos y yo no me atrevo a preguntar, pero intuyo que no será el mismo trabajo, que no me contrata para lo mismo. El caso es que agarro el sobre que me ofrece y salgo del despacho.
Al salir encuentro a una compañera, que está exactamente igual a como estaba (y ttengo tiempo de pensar que es lógico si es que he viajado en el tiempo) Ella me mira, me sonrie y me habla y aparentemente no ve la incongruencia, no ve que no concuerdo con su tiempo.
El sueño consciente termina aquí.
Pero otras veces he viajado en ascensores peculiares que no viajan de arriba abajo o de abajo arriba si no en forma horizontal, expandiéndose en la ciudad en forma circular. Rompiendo mis esquemas. Llevándome tan lejos que nunca se dónde puedo aterrizar al abrir la puerta metálica....
Estoy abierta a todo tipo de interpretaciones amigos :))
Un cariñoso saludo
SIN TITULO (no se me ocurre)

A veces siento un dolor indefinido por las cosas que nunca fueron. Sabes que pudieron ocurrir (si ese dia hubieras ido a ese lugar en vez de a ese otro, si hubieras cruzado la calle en vez de haberte quedado parada en el momento en que el semáforo estaba a punto de cambiar, si hubieras hecho caso a la sugerencia de tu amiga y en vez de ir a una determinada discoteca hubieras entrado en otra).
No se si el destino está o no está marcado, pero se que cuando empiezas una andadura el camino es solo uno y luego se bifurca en otros muchos y que cada decisión que tomas cierra un camino y abre otros.
Y luego quizá los caminos se crucen de nuevo y allí, en el camino que hace tanto tiempo dejaste, encuentras a una persona que quizá hubieras podido encontrar en un principio, que deberías haber encontrado, si hubieras escogido el camino oportuno. Y eso te duele y no solo por ti.
Opciones. Elecciones. Decisiones. ¿Por qué aceptar una debe implicar dejar de lado muchas otras?. Deberíamos tener la capacidad de rebobinar, de poder probar antes de decidir si tomamos una decisión o no , si emprendemos un camino o nos sentamos a la sombra de un árbol, si nos tumbamos en la hierba viendo las nubes pasar.
Me dan pena las cosas que no nos atrevemos a hacer. Ese miedo a afrontar una decisión, a romper con algo que ha perdido su esencia original, que ya no nos motiva pero que sigue ahi, por pura inercia. Miedo a vivir. Tenemos un miedo atroz a equivocarnos, a perder lo que tenemos o a cambiarlo por algo que no sabemos si será mejor a la larga.
Siendo como soy, a veces me dejo llevar y me tiro sin red. Está en mis genes. Y cierto es que a veces he llorado amargamente, pero aún así no me arrepiento, porque son mas las ocasiones en que lo que he vivido ha compensado con creces mi, llamemósle "valentía", aunque prefiero la palabra atrevimiento.
Hay personas que nunca hacen eso, que nunca se atreven, aunque querrían. Y yo siento pena y un dolor de localización indefinida, por todas esas cosas no vividas, que están ahi, flotando en el aire de las posibilidades y me gritan desde su no existencia.
Por todos los paseos al atardecer, por las caricias lentas y la pasión salvaje. Por el reflejo de las llamas sobre nuestros cuerpos. Por el fuego de la chimenea que sigue aún al otro lado del espejo de mi realidad. . Por las conversaciones y los debates que ponen en marcha mil resortes y despiertan nuestros sueños, nuestras ganas de vivir. Por las películas que nunca compartimos, respirando el mismo aire, nueces y palomitas en un bol.
Por todo esa increible belleza, intensidad, magia, calidez, compenetración.
Por esos sentimientos encarcelados, prisioneros que quizá nunca vean la luz.
O quizá si, porque nunca se sabe y el futuro no está escrito.
Y el león del Mago de Oz adquirió al final un corazón valiente.






