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DESDE LA LIBERTAD
CUENTOS, RELATOS, EXPERIENCIAS, TROZOS DE MI REALIDAD
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CUENTOS, HISTORIAS, RELATOS, EXPERIENCIAS, RETAZOS DE REALIDAD... Cuando alguien quiere algo con todo su corazón, el universo entero conspira para que lo logre. -Paulo Coelho- "El Alquimista"
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EL WOJI



Hubo un tiempo en el que los bosques cubrían el mundo de parte a parte. La poca gente que había no consideraba que la tierra les perteneciera sino que ella era su Madre, su sustento, y que debían estarle agradecidos y respetarla. No viviamos aun en la civilización de las termitas. Los hombres vivían en pequeños grupos nómadas, dispersos entre si. La mayoría del territorio era virgen, libre, y en el habitaban también otras criaturas.

Por ejemplo el woji.....

Este pequeño espiritu travieso amaba los bosques antiguos y su refugio eran las copas de los árboles dónde solia hacer su nido. El problema era que cuando llegaba el invierno el frio, la nieve y el viento se aliaban para despojar los árboles de los bosques de sus hojas. El woji se encontraba entonces tiritando de frio sin poder guarecerse. No le gustaba la gente, era un espiritu solitario -aunque travieso- y amaba la soledad, la serena calma de sus bosques.

Estuvo pensando qué podía hacer hasta que se le ocurrió una idea y ni corto ni perezoso pasó a proponerle su plan, por riguroso turno, a todas las especies de árboles que había por alli. Uno a uno fueron riéndose de él y descartando su proposición hasta que al final -ya casi convencido de que no tenía solución- encontró cierta cooperación en los pinos abetos. Fue a hablar primero con un majestuoso abeto de mas de 200 años, se encaramó a sus ramas y le susurró lo que se le había ocurrido:

- Si me dejas que trence tus hojas, una a una. Ni el viento, ni la nieve, ni la lluvia podran arrojarlas al suelo. Déjame que lo pruebe, te lo suplico!

Y utilizó al decirlo su voz mas persuasiva.

El abeto le respondió algo incrédulo:

- Pero infeliz... tu sabes lo que vas a tardar en hacer eso?, y por otra parte quien te asegura que de ese modo seré inmune a la fuerza desencadenada de los elementos?

El woji dijo:

- Nadie.... pero qué pierdes por probar?

El majestuoso abeto emitió algo parecido a un gruñido aprobatorio y nuestro woji se dispuso a empezar su labor.

Estabamos a principios del verano y había mucha tarea. Fue saltando de rama en rama y trenzando las hojitas de los abetos, una a una. De abeto en abeto fue recorriendo la inmensa foresta.

Cuando el tiempo dió muestras de empezar a cambiar y el otoño ya se olía en el aire, el woji había terminado su trabajo. Corrió entonces hasta el Escondite del Señor de los Vientos y de la Nieve y le desafió. Le dijo que no tenía ya el menor poder sobre él y que hiciera lo que hiciera no le despojaría de su refugio.

El Señor de los Vientos, en un principio, se lo tomó a risa y pensó condescendiente:

- Ya te atraparé infeliz.....

Llegó el otoño y el woji se encaramó en su casa-árbol, en el corazón del bosque, en lo mas alto de un enorme abeto. Y esperó pacientemente.

El viento empezó a soplar poco a poco en torno a él, ascendiendo su candencia gradualmente. El aire se volvia cada vez un poco más gélido. Pronto el suelo del bosque quedó tapizado con una alfombra multicolor, formada por hojas de arces, de encinas, de hayas, de viejos robles. Sin embargo los abetos mantenían valientemente sus hojas trenzadas por el woji en su lugar.





Enfurecido, el Señor de los Vientos y las Nieves -que era muy orgulloso y jamás había sufrido una derrota- fue en busca de sus aliados naturales y volvió con la Tormenta de nieve, la Ventisca y el Granizo. Descargaron toda su furia y la fuerza helada de los elementos sobre el bosque, concentrándose especialmente en el refugio del pequeño woji. No obstante cuando por fin llegaron los primeros timidos rayos de sol de la primavera, las hojas de los abetos seguían en su sitio. Y el pequeño woji caliente y seguro en el interior del mas majestuoso de todos ellos.

El Señor de los Vientos y las Nieves se retiró encolerizado, descargando las postreras ráfagas de nieve, pero nada mas podía hacer.

Fue entonces cuando en el bosque surgió un sonido nuevo, cristalino, mágico. Como gotas de lluvia repiqueteando sobre cristal. Algo que jamás se había oido por aquellos parajes. Era la risa cantarina del woji que se extendía y propagaba con el viento de árbol en árbol y se perdía en la lejanía.....

Quizá si alguna vez os perdeis en un bosque como el que describo oireis esa risa..... y la reconocereis porque estalla en el viento, burbujea entre los saltos de agua, rebota en las cascadas y acaricia los helechos con mano invisible.

Sabreis quién es, porque no existe un sonido mas bello. Natural e infantilmente bello. La risa de un niño travieso.
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