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DESDE LA LIBERTAD
CUENTOS, RELATOS, EXPERIENCIAS, TROZOS DE MI REALIDAD
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CUENTOS, HISTORIAS, RELATOS, EXPERIENCIAS, RETAZOS DE REALIDAD... Cuando alguien quiere algo con todo su corazón, el universo entero conspira para que lo logre. -Paulo Coelho- "El Alquimista"
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LA ROSA Y LA PIEDRA








Siberius estaba muy cansado pero se mantenía rígido encima de su caballo negro al mando de las tropas que regresaban a la perfumada Cartago. Intentaba no pensar, no recordar la amarga derrota, el vergonzoso pacto a que habían llegado sus dirigentes con los odiados romanos. El final de las guerras, si, pero también el fin de su imperio, el abandono de toda su flota de guerra, sus posesiones fuera de Africa, el poder de Cartago en suma, que quedaba relegado a Africa.

El sabor a hiel subía desde lo mas hondo del orgulloso guerrero que en el fondo hubiera preferido seguir a su admirado Aníbal a su duro exilio. Tan solo las órdenes de su padre le habían contenido y obligado a regresar a su hogar. Porque no se engañaba, Roma no se detendría ahi, estaba completamente seguro de ello, dijeran lo que dijeran las voces insensatas de los pacifistas, los oradores, los cobardes, a su alrededor.

La multitud llenaba las calles, contentos por el fin de las guerras púnicas. En su inocencia creian que era un día de alegría. Siberius paseó su mirada distraidamente por las caras de la gente y de pronto quedó atrapado por un par de ojos negros. La dueña de esos ojos era una mujer joven, embozada en un manto negro con capuch de la que se escapaban unos suaves rizos color ébano. Su rostro -lo que se podía ver de él- era de una palidez irreal, de una blancura de marmol, lo que hacía destacar de un modo fantasmagórico el fulgor de sus negros ojos, y la mancha de color de sus labios, suaves como una rosa oscura.

Intrigado detuvo su caballo a fin de abordarla, pero un mercader cargado de cestas se cruzó en su camino y cuando logró apartarlo la misteriosa desconocida había desaparecido como por arte de magia.

Siberius dejó escapar una exclamación de disgusto y se dirigió al palacio de su padre. Al llegar, los criados se apresuraron a coger las bridas de su montura y a darle la bienvenida. Se reunió con su padre en sus aposentos privados. Este era un hombre frio y distante, orgulloso, como todos en su familia ,y no le demostró el menor calor. Tampoco lo esperaba. Después de las formalidades se retiró a sus habitaciones, tomó un largo baño relajante, atendido por los sirvientes. Una vez vestido con ropas limpias y saciada su sed y hambre, tendido en el divan de terciopelo no podía dejar de pensar en la joven que había entrevisto en la multitud.

El tenía experiencia con todo tipo de mujeres, había conocido a demasiadas, nobles, plebeyas, sirvientas, esclavas.... no se hacía ilusiones respecto al eterno femenino, en realidad era un cínico y tres años de guerras no le habían vuelto mas idealista en ese sentido. Recordaba a las mujeres extranjeras con placer, sus habilidades sexuales, incluso a veces evocaba episodios de violencia, de asedio a un poblacion. Había un placer oscuro, maligno, en el hecho de sofaldar a la fuerza a una mujer temblorosa. En los hombres de su familia, anidaba una venal cruel, para que negarlo.

Ante este último pensamiento en su rostro de facciones duras, como talladas en piedra a pesar de su juventud, aleteó una sonrisa cínica.

El rostro blanco enmarcado en negros cabellos y la mirada brillante de la mujer entre la multitud, flotó por unos instantes ante su memoria, como si estuviera impreso en fuego en su mente.¿Un sortilegio penso?,¿Se trataba tal vez de una bruja que le había hechizado?. Era un hombre de acción y fuera como fuera no quedaria inactivo. Iba a buscarla.

Volvió a las caballerizas, hizo ensillar de nuevo a su caballo y embozado en una capa se lanzó a la noche aterciopelada.

A llegar a los jardines que limitaban la finca de su padre con la ciudad tuvo un sobresalto porque allí, apartada de la luz que proyectaba un pequeño farolillo, pero claramente distinguible a pesar de las sombras de la noche, estaba ella, la mujer que le estaba obsesionando. Le miraba directamente a los ojos, sin el menor temor, apoyada en el muro semicubierto por las enrededaras, bajo la sombra de un inmenso abedul. Su capa se había entreabierto y mostraba una silueta francamente turbadora, los cabellos sueltos como una masa de rizos oscuros. Su mirada retadora encendió su sangre y él fue hacia ella.

Cuando se apoderó de su cuerpo en un brusco abrazo y los brazos de mármol de ella se colgaron de su cuello, buscó su boca, hambriento, con un deseo dificil de saciar. La noche estaba de repente muy silenciosa. Ni el menor susurro de las aves nocturnas. El viento repentinamente en calma. Los labios de ella estaban fríos como el hielo, pero el hielo también puede quemar y así se sentía Siberius bajo aquella caricia, como ante un fuego helado que le estaba consumiendo.

Una languidez totalmente extraña a su caracter de depredador se estaba adueñando de su ser al contacto de los labios de la desconocida. Ella continuó las caricias hacia el cuello del guerrero y allí besó, lamió y mordió con suavidad su dura piel, haciendo vibrar cada nervio, cada milimetro de su sensibilidad. A pesar del intensísimo placer sensual, un temor instintivo se vertió en su sangre.

Notaba con increible fuerza el latido de su pulso en las venas. Un sonido que iba creciendo como un cántico, como una tormenta, fuera de todo control.

Su instinto de supervivencia, altamente desarrollado, le gritaba que estaba en grave peligro pero ya era .demasiado tarde porque los afilados colmillos de la mujer estaban ya perforando su piel y llegando a su yugular. Ahora bebía de él, con avidez, como de una fuente de la vida. Succionaba el torrente cálido de su sangre, arrebatándole su esencia, con el placer infinito de un monstruo.

Siberius estaba totalmente paralizado e indefenso en manos de aquella mujer como lo estaría un niño en poder de una fiera. Sentia un placer inmenso y una cercanía brutal, un contacto muy intimo con aquel ser que le arrebataba la sangre, aunque notaba que la vida le abandonaba a cada sorbo.

En su último pensamiento cuerdo fue consciente de que se estaba muriendo.....

CONTINUARA


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Comentario:
Yo pa mí....que no se muere....pero ya veremos.....voy a atacar la continuación.

Que te quiero mi niña, muasssssss
 
Comentario:
espectacular tu escribes muy pero muy bien esta es tremenda de historia, sigue asi mujer me a gustado mucho.
No
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