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DESDE LA LIBERTAD
CUENTOS, RELATOS, EXPERIENCIAS, TROZOS DE MI REALIDAD
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CUENTOS, HISTORIAS, RELATOS, EXPERIENCIAS, RETAZOS DE REALIDAD... Cuando alguien quiere algo con todo su corazón, el universo entero conspira para que lo logre. -Paulo Coelho- "El Alquimista"
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LA CONTADORA DE CUENTOS
Yo tenía una abuelita contadora de cuentos. Era en realidad mi bisabuela, la madre de mi abuelo al que no conocí. Mi abuelo el que murió en la guerra.

Era una mujer alta y fuerte, chapada a la antigua, que vestía de negro con unas faldas muy largas. Llevaba el pelo sin teñir, cosa que hoy en día es algo totalmente inusual. No se lo cortó, siguiendo la moda, sino que lo recogía en un moño bajo, en la nuca. Su pelo no tenía ese blanco radiante de nieve sino un blanco que amarilleaba un poco. LLevaba gafas de concha. Lo primero que hacía cuando llegaba a visitarnos era darnos una bolsita de caramelos (jamás se olvidaba de eso) y se ponía un delantal (normalmente también negro, aunque algunas veces le había visto alguno gris o violeta).

Yo la quería mucho. Era una mujer que se hacía querer. Casi nunca te reñía por nada, siempre te obsequiaba con caramelos o dulces. Parecía ser capaz de recordar lo que gustaba a los niños y comprenderlos. Conocía nuestros gustos, los de cada uno de sus bisnietos (y mira que eramos muchos!) nos veía de forma individual, no solo como niños, así en grupo. Y aunque a mis ojos de niña ella me pareciera intemporal, como si siempre hubiera tenido mucha mucha mucha edad tenía algo que hacía que una se sintiera muy a gusto. A salvo. Protegida. Era ese tipo de abuelita que tu veías capaz de enfrentarse al lobo, al hombre del saco, al Ogro, al zombie, a quien fuera, sólo armada con su bastón con puño de plata, si estaba en peligro uno de sus niños.

Todo se reduce a una cosa muy simple: nos quería

No sólo por obligación, ni por convención. Nos quería.

Pero al margen de todo esto, para mi ella era especial porque tenía un don. Un don maravilloso, algo que yo no había visto en nadie mas. Ella sabía contar cuentos. Nos reunía a todos los niños, a todos sus bisnietos, allá dónde estuvieramos, sentados nosotros en círculo a su alrededor en el suelo. Ella sentada en su silla de madera. A veces a medio contar ella una historia descubriamos que había mas niños de la cuenta, que se habían reunido,como por casualidad, otros críos a escucharla, atraidos por la magia de sus palabras. Atrapados por su elocuencia.

Y es que ella nos hacía vivir sus historias. Tengo el recuerdo tan vívido que es como si estuviera ocurriendo ahora. Yo, sentada con las piernas cruzadas bajo mi cuerpo, en tensión, concentrada con mis cinco sentidos en el cuento que se desarrollaba ante mi como una película. Recuerdo las imagenes visuales que invocaba y recuerdo las emociones que despertaba. Me hacía estremecer, mientras contaba como el esqueleto del fantasma caía en la chimenea, ante los ojos atrevidos de Juan Sin Miedo. Podía sentir el viento del bosque acariciarme mientras corría con Caperucita, y mi caperuza roja volaba detrás de mi. Sentía el poder amenazante de los árboles y algo oscuro acechando en la sombra. Mi corazón se desbocaba cuando describia como Piel de Asno se escondía de su padre enamorado en la posada y mi almita de mujer se hechizaba con la belleza mágica de esos vestidos imposibles hechos de luz de luna y de brillo de estrellas. Los cuentos de ella siempre acababan como tenían que acabar, nunca hacía concesiones a la ñoñeria. El lobo se comía a Caperucita -aunque in extremis los cazadores lograran rescatarla de las tripas del lobo-. Había magia porque era todo tremendo. Bello y terrible. Mágico y miserable. Ahí en ese tiempo nació mi pasión porque me contaran historias, fuera del modo que fuera. Leyéndolas en los libros, viéndolas en cine, escuchándolas de viva voz...(aunque pienso que esto quizá siempre estuvo alli, latente en mi, ya que no recuerdo un tiempo en que no leyera, o en que no escuchara con avidez).

Tanto mi abuela Paquita, su nuera, como mi madre estaban celosas de ella. Pero no había motivo. Yo adoraba a mi abuela Paquita, ella era para mi la mejor de las abuelas, y también sabía contar cosas. Pero ella no contaba cuentos, aunque alguna vez los leía para nosotros, pero no tenía esa magia. Ella solía contarme cosas de su juventud y al hacerlo recreaba para mi un tiempo perdido. Eso me gustaba. Así pude hacer algo que me parecía imposible: imaginarme a mi abuela Paquita como una joven. Cuando me hablaba yo hacía la traslación mental y la veía, literalmente la veía, tal como había sido. O como yo me imaginaba que había sido. Una muchacha esbelta, rubita, de ojos azul oscuro y carita redonda. Con una melenita a lo paje tipo años veinte y una sonrisa traviesa. Una chica que sabía reir y que contagiaba esa alegría a los demás. Los bailes de barrio. Los pretendientes -una palabra que me hacía sonreir-. La guerra. Los conflictos políticos. La figura del abuelo que nunca conocí. Me gustaba escucharla. Especialmente me gustaba cuando me describía a mi abuelo y como se conocieron. Un muchacho moreno y arrogante, con ojos verdes. Un chico obstinado que no aceptaba un no :).

Pero mi abuela Pepa sabía conectar con mi imaginación y darle alas. Ella abría una puerta y lo que había en su interior era inmenso. No solo un mundo real que fue, sino muchos mundos, posibles e imposibles. Mundos mágicos. Mundos lejanos.

Algo que te hace abrir las alas sobre cosas que nunca tendrás pero que en cierto modo si tienes.

No creeis que es el mejor de los regalos?
::..:: Pasad y poneos cómodos. Aportad vuestros comentarios e ideas. Dejadme la dirección de vuestros blogs y os hare una visita::..::
 
Comentario:
- El cuento que siempre cuento - :)

LA TRISTEZA Y LA FURIA

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta...
En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas.
Había una vez... un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.
Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.
La furia, apurada (como siempre esta la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua...
Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró...
Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza...
Y así vestida de tristeza, la furia se fue.
Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.
En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.
Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad... está escondida la tristeza
 
Comentario:
- El cuento que siempre cuento - :)

LA TRISTEZA Y LA FURIA

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta...
En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas.
Había una vez... un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.
Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.
La furia, apurada (como siempre esta la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua...
Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró...
Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza...
Y así vestida de tristeza, la furia se fue.
Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.
En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.
Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad... está escondida la tristeza
 
Comentario:
Que bello recordar a los abuelos no es normal que pase ya que cuando faltan suele olvidarse uno de ellos y solo de vez en cuando, cuando se miran fotos de familia uno los recuerda.
 
Comentario:
no es opara es para
 
Comentario:
nada como una historia bien contada, opara eso es para lo que estudio, para contar historias. De pequeño conoci alguien en mi barrio que contaba historias tambien, le deciamos tio pedro y siempre tenia algo nuevo. Generalmente tenia algo de miedo y nos daba golpes en la cabeza, y aunque ya he olvidado algunas de sus historias el es toda una leyend de mi infancia.
No
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