Cuando no suena el despertador...
Amanecí con la garganta intoxicada, los ojos desechos, el rostro pálido, la sonrisa muerta, necesitando algo indescifrable, quito las cobijas de plomo y después de mucho tiempo me enfrento al espejo, sale una sonrisa y como en un beso me susurra: mientras haya vida siempre existe una salida...
Comentario:
El espejo, esta vez, tiene la razón. ¡Mira si lo sabré yo!
Un abrazo.
Un abrazo.