... Nos cambiaron por pistolas (2)
Durante mucho tiempo anduve vagando por aquella sierra inhumana buscando a mi padre, pero no lo encontré, y poco a poco me fui enterando de lo que había sido de mis hermanos en boca de los habitentes de los pueblos cercanos a la hacienda.
Mi hermana vivía custodiada por dos viejas vestidas de negro, caras de hiena y sonrisa desdentada. Tenía 15 años cuando la sangre la hizo mujer con dulzura. El Gordo había decidido hacerla mujer y madre al mismo día.
Quiso el Gordo que toda la Hacienda se vistiera de fiesta para tan señalada fecha: decenas de sirvientes trabajaron sin descanso, poniendo farolillos,banderas y cadenas de flores hechas a mano, construyendo largas mesas para el banquete donde habría comida para un par de años y bebida suficiente para emborrachar a un ejército.
El Gordo estaba descosido dando órdenes, esperando el momento con impaciencia, cuando le avisaron que dentro, todo estaba preparado. Habían llevado las sirvientas a mi hermana a una habitación donde había una cama, hermana gemela del patíbulo.
La ataron brazos y piernas con cuerdas y extendieron una alfombra roja desde los pies de la cama a la puerta... Y entró el Gordo... Sudoroso, maloliente...
Con los ojos desorbitados, pisando fuerte con botas llenas de barro. Desenfundando su puñal y mojándolo en veneno de hijos se tumbó sobre mi hermana mordiéndola. Mi hermana lloraba y gritaba.
El Gordo jadeaba. Las viejas se besaban con sus lenguas excitando aún más al Gordo, que cada vez que alzaba su cabeza veía sus cuerpos arrugados chupándose. Mi hermana gemía y gritaba... y el Gordo le clavó su puñal, le clavó se puñal, le clavó su puñal...

Mi hermana vivía custodiada por dos viejas vestidas de negro, caras de hiena y sonrisa desdentada. Tenía 15 años cuando la sangre la hizo mujer con dulzura. El Gordo había decidido hacerla mujer y madre al mismo día.
Quiso el Gordo que toda la Hacienda se vistiera de fiesta para tan señalada fecha: decenas de sirvientes trabajaron sin descanso, poniendo farolillos,banderas y cadenas de flores hechas a mano, construyendo largas mesas para el banquete donde habría comida para un par de años y bebida suficiente para emborrachar a un ejército.
El Gordo estaba descosido dando órdenes, esperando el momento con impaciencia, cuando le avisaron que dentro, todo estaba preparado. Habían llevado las sirvientas a mi hermana a una habitación donde había una cama, hermana gemela del patíbulo.
La ataron brazos y piernas con cuerdas y extendieron una alfombra roja desde los pies de la cama a la puerta... Y entró el Gordo... Sudoroso, maloliente...
Con los ojos desorbitados, pisando fuerte con botas llenas de barro. Desenfundando su puñal y mojándolo en veneno de hijos se tumbó sobre mi hermana mordiéndola. Mi hermana lloraba y gritaba.
El Gordo jadeaba. Las viejas se besaban con sus lenguas excitando aún más al Gordo, que cada vez que alzaba su cabeza veía sus cuerpos arrugados chupándose. Mi hermana gemía y gritaba... y el Gordo le clavó su puñal, le clavó se puñal, le clavó su puñal...

Comentario:
Excelente, definitivamente mejor dedicate a la escritura porque para la música...bueno jajaja saludos y sigo leyendo.





