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Relatos absurdos
Obras maestras de la literatura relatil absurda
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José Carlos Martínez Galán
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Paco, Jedi
Obra maestra de la literatura contemporánea:


—¡Utiliza la fuerza, Paco! —Le gritó su mujer desde el tendido—.
Francisco Escaigüolquer, descendiente de una famosa familia de maestros en el uso de La Fuerza, estaba demasiado asustado para responder.
Miró al toro.
La bestia devolvió la mirada, desafiante.
Paco extendió el turbocapote y lo agitó en el aire.
El animal arrancó hacia él con ojos de asesino y cuernos en posición de combate.
El torero-jedi, nacido en Puerto Lumbreras, La Tierra, se concentró en La Fuerza y trató de prever los movimientos del enemigo. Le vio acercarse a cámara lenta con su ojo interior, dirigir el pitón hacia su muslo izquierdo y descargar toda su ira. La Fuerza le indicó el lugar exacto y él reaccionó moviéndose ligeramente hacia su derecha al tiempo que pulsaba el interruptor de su sable láser.
La verde hoja siseó al desplegarse y un zumbido llenó el aire a su alrededor.
El animal se acercaba.
Paco había visto el punto de ruptura del toro. Había leído esa expresión en las memorias de Mace Windu, y estaba seguro de que eso que él veía, era un punto de ruptura.
Elevó la mano derecha blandiendo el sable.
Entró a matar.
El toro atacó.
El pitón derecho desgarró levemente el pantalón del jedi, sin llegar a causar herida.
Paco apuntó al punto de ruptura del toro; clavó su sable en el ojo del animal, que reaccionó inesperadamente girando la cabeza en dirección al torero, quien tuvo que usar todo su poder para dar un salto con La Fuerza y caer al otro lado del bicho.
Había perdido el sable. El interruptor estaba oxidado y se quedó pulsado, así que la hoja de luz no se encogió. El toro corría alrededor de la plaza con el sable láser clavado en el ojo, mientras emitía infernales sonidos de sufrimiento. Paco corría delante de él.
—¡Socorro! —gritó—. ¡Este toro está poseído por el Reverso Tenebroso!
Se generó un murmullo entre el público. Los toros Sith estaban prohibidos desde hacía siglos estándar. Esto sería un gran escándalo.
El toro habló por telepatía al jedi, no con palabras, sino con sentimientos desdibujados. El animal le transmitió: siento tu miedo y tu ira... estás cayendo en el Lado Oscuro...
Paco se concentró en su sable, se detuvo, se giró hacia el toro que venía y atrajo el sable láser hacia su mano mediante La Fuerza. Cuando el toro llegó a él, esgrimió varios mandobles y cercenó los cuernos de la bestia. El toro retrocedió y lo miró, bizco.
Un espectador comía morcillas con cuchillo y tenedor. El toro, poderoso lord Sith, atrajo el cuchillo con La Fuerza y lo colocó en su boca. Era de plastiacero reforzado de las minas de Tatooine, que no se funde con el láser.
Cruzaron varios golpes. El toro estaba ganando terreno.
—¡Utiliza la fuerza, Paco! —Volvió a gritar su mujer—.
—Qué tía pesada —dijo para sí él—, ¿sabrá ésta lo que es La Fuerza?
Los golpes y contragolpes se sucedían con endiablada velocidad. Paco se volvió sin dejar de luchar.
—Por cierto —gritó—, La Fuerza se dice con mayúsculas.
—¿Por qué? —quiso saber su mujer—.
El toro lo tenía acorralado. Paco sentía un vínculo en La Fuerza que le arrastraba hacia el toro más y más. Era el poder del mal; el poder del Reverso Tenebroso.
No puedes vencer —transmitió la bestia—. Si no me matas, te mataré yo a ti. Si lo haces, caerás presa de tu ira y te condenarás al Lado Oscuro.
—Porque sí —dijo a su mujer, consciente de no poder elaborar mejor su respuesta y defenderse del toro a la vez—.
El plastiacero y el láser seguían colisionando, lanzando destellos multicolores a las abarrotadas gradas de la plaza mayor de Geonosis. Miles de espectadores de muy diversas razas gritaban y rugían animando a uno y soliviantando al otro. Humanos, geonosianos (una especie de abejorros gigantes y erguidos), mosquitos parlantes, conejos babosos... todos tenían su preferido.
El cuchillo alcanzó la carne y una mancha negra y grotesca apareció en el vientre del jedi.
Lo apretó con La Fuerza, deteniendo temporalmente la hemorragia.
El sable cortaba el aire formando infinitas figuras verdes y luminosas.
El ataque del toro era cada vez más intenso.
—¡Paco! ¡La Fuerza!
—¡Que te calles!
Todo parecía pedido.
Probó un último truco. Movió la mano derecha con parsimonia y le dijo con voz paternal:
—Tú no quieres matarme.
El animal respondió pinchándole la mano con el cuchillo.
Paco sostenía el sable en la izquierda. Aunque de lados La Fuerza no entiende, con la izquierda peor se lucha había dicho el maestro Yoda muchos milenios estándar atrás. Comprobó que era verdad.
El toro atacaba con saña y Paco retrocedía cada vez más.
Su espalda encontró una valla publicitaria y apoyó su cansado cuerpo.
El cuchillo se movía demasiado rápido. Era el fin.
Lanzó un desesperado contraataque que le permitió ganar un par de metros, y comenzó a girar hacia su derecha, trazando círculos alrededor del animal, colocándose siempre fuera del alcance de su ojo sano.
El toro sufrió un ligero desconcierto. No veía al jedi pero lo sentía en La Fuerza.
Paco vio el turbocapote que yacía olvidado sobre la arena.
Usó La Fuerza para atraerlo, pero este descuido le costó otro montón de sangre en su herida abierta en el vientre.
Volvió a apretarla.
El toro hizo volar el cuchillo hacia la cara del jedi.
Paco lo vio un instante antes de que ocurriera, y echó la cabeza atrás, dejando pasar el proyectil a pocos milímetros.
Ahora el toro estaba en desventaja.
Trató de atraer el cuchillo hacia sí, pero Paco creaba un campo de energía entre ambos que impedía la telequinesia.
El toro amagó correr hacia la derecha, dio un brusco giro de cintura y corrió hacia la izquierda.
Paco intentaba asir el sable y el turbocapote con la misma mano, pero una de las dos cosas se le caía. Cuando la recogía con La Fuerza, se dejaba la herida abierta, y sangraba de nuevo.
El toro pasó a su lado como un rayo y alcanzó el cuchillo de plastiacero.
El jedi dejó el sable en el suelo, cogió el turbocapte, se lo echó al hombro y recogió el sable.
Mientras, el toro ya estaba a su lado atacando con el cuchillo.
De nuevo ambas armas crepitaron al encontrarse.
La muchedumbre seguía gritando entusiasmada.
Paco se tapó la herida del vientre con la mano derecha para poder usar La Fuerza con el turbocapote.
La sangre brotó a través del agujero de la mano.
El torero estaba exhausto.
Lanzó el turbocapote con La Fuerza sobre la cabeza del toro, que quedó momentáneamente cegado e inerme.
El animal se sacudía aturdido.
Paco avanzó hacia él. Alzó el sable. Las trompetas sonaron. La gente pedía las dos orejas.
Se dejó caer con el sable en alto.
El toro levantó instintivamente la ciega cabeza y el metal detuvo al láser con un chirrido ensordecedor.
Paco quedó atónito.
El animal saltó, dio una voltereta en el aire e hizo volar el turbocapote. Cayó con las cuatro patas como un gato, y embistió de nuevo.
—¡Socorro! —gritó el jedi con las pocas fuerzas que le quedaban—. ¡Esto es trampa, es un toro-Sith!
Una voz sonó por megafonía:
—Se comunica al reclamante que su protesta será atendida diligentemente por el comité de sabios al finalizar la corrida.
Una embestida feroz le hizo perder el equilibrio.
La gente lanzaba crisantemos con alegría sobre la arena, mientras reían y animaban.
Cayó al suelo y el animal atacó desde mil ángulos.
Vio el cuchillo traspasar sus defensas y lo sintió taladrar su ojo izquierdo.
Ahora ya estamos iguales, pensó incoherente antes de morir.

FIN
 
Comentario:
¿Entonces qué? ¿Acaba Paco, Jedi o no? ¿Va a quedar el toro sin su merecido?
 
Comentario:
Para que veas que no estas solo en la Galaxia!!.
 
Comentario:
Sin meterme en tantos recovecos como el comentario anterior, te diré que me han gustado ambos relatos, me he reido leyéndolos y he disfrutado del surrealismo que destilas. Felicidades, CM ;)

Un saludo.
 
Comentario:
Este relato, que en apariencia es una simple parodia cuyo argumento gira en torno al mestizaje entre la cultura española (que según dicen algunos no existe) y el universo de Star Wars, es en realidad una alegoría del quijotismo ibérico. Para ello el autor no sólo echa mano del universo Star Wars, sino que añade elementos del genial Douglas Adams y del no menos genial (y proyectado hacia el futuro) Matthew Stover, y comienza el relato ya en pleno nudo, sin seguir específicamente el esquema narrativo campbelliano del Viaje del Héroe, pero consiguiendo atrapar la atención del lector desde la primera palabra. La arena de Geonosis, el vaapad, el histrionismo de Adams y el contraste mitológico-festivo hacen del relato una de las obras cumbres del relato satírico costumbrista de nuestros días. El final trágico presagia una continuación en la que el toro Sith será finalmente derrotado, o quién sabe si herido de muerte y redimido pasando hacia el lado de la luz en sus últimos momentos. Es de notar que la corrida no ha terminado, ya que tienen que salir los banderilleros y el picador, así que tal desenlace podría ocurrir dentro del mismo festejo. Quedamos expectantes a la espera del desenlace.
No