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Diario de un naufrago
Acerca de
josé infante, malagueño 58 años, periodista, he publicado una veintena de libros en su mayoría de poemas. Siempre he sido un disidente.
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¿Por quién doblan las campanas?
Es un título de Henmiway y una película que a los españoles no se nos permitió ver durante mucho tiempo porque trataba de la guerra civil y entonces sólo había una versión oficial de aquel disparate que derramó tanta sangre hermana y tanta sangre generosa de los que vinieron de otros lugares a defender los últimos ideales de la civlización; algunos bienintencionados y otros perversos.

Pero cuándo amanecía este día 11 de marzo de 2005 y las campanas de toda la Comunidad de Madrid comenzaron a doblar a muerto y recordé el 11 de marzo del año anterior cuandos todos nos despertamos sobresaltados por el más brutal mazazo que ha sufrido la sociedad española en su historia, me pregunté por qué tocaban a muertos todas esas lenguas de metal. ¿Era verdaderamente por esos cientonoventa y dos inocentes que vieron sus vidas rotas, sus ilusiones, sus proyectos, sus familias destrozadas entre los hierros retorcidos de unos trenes que circulaban camino de la muerte sin saberlo? ¿O acaso era por loq eu seguimos aquí discutiendo quiénes fueron los culpables políticos, quieres no previeron que el terrorismo acechaba a la puerta de nuestras casas de nuetros trabajaoas de nuestras vidas?

¿Por quién doblan tantas campanas por ellos o por nosotros que nos hemos sabido en un año crear un camino común de entendimiento y de concordia? ¿Por un país que sólo piensa en desunirse, sin la menro tolerancia, sin la menor solidaridad de unas comunidades con otras, que todavía no entiende el aire fresco que llega de la inmigración y el sostén futuro de nuestras pensiones? ¿Por quién doblan las campanas y para quienes está dedicado a ese bosque de los ausentes, para los muertos de ayer o para loq quedan por llegar en esta carrera absurda en el desproposito, en el egoismo y en la maldad?

Si pudiera yo me perderíapara siempre en ese bosque de los ausentes para no tener que presenciar ni un día más tan triste y desalentasdor espectáculo.
 
La vanidad de la ceniza
Es el título del libro que nos deja, como testamento, ese gran poeta popular y hondamente andaluz que ha sido y será siempre Rafael Montesinos, "la vanidad de la ceniza". Pronto podremos leerlo y conocer esos versos póstumos que el poeta sevillano nos deja como el mejor legado de toda una vida dedicada a la poesía.

El destino ha hecho coincidir la muerte de Rafael Montesinos con el Premio Andalucía de la Crítica en la modalidad de poesía a mi libro "La casa vacía", cuya primicia dí el pasado día 8 de febrero en la Tertulia que Rafael presidía desde hacía más de cincuenta años. Siempre lo había hecho con cada uno de mis nuevos libros, incluso antes de aquel Adonais de 1971 "Elegía y No", que me lanzó a empujones al mundo de la literarura y cuya primera lectura fue en la Tertulia Hispanoamericana, con la imponente presencia de un silencioso Don Gerardo Diego, estatua ya de si mismo y de su generación tan venerada por la mía.

Ahora me dicen que fue la última tertulia, la del 8 de febrero, que presidió Rafael. Después llegó despacio la muerte, esa a la que él le pedía "Le tengo dicho a la Muerte/ que se me acerque despacio,/ que no me diga a qué viene."... No sé si en esta ocasión (había habido otras) la Muerte le dijo a Rafael que venía para llevárselo definitivamente a Sevilla. Porque "nadie se muere la víspera", sabia máxima que un día oí por televisión y que debe ser de esos compendios de sabiduría popular de nuestra tierra andaluza, cincelada a fuerza de muchas culturas y muchas civilizaciones pasando por la misma tierra y dejando su pozo de saber y de estar que muchos no entienden, pero que los andaluces llevamos en la sangre como un ADN intransferible que no tiene nada que ver con el RH, del que otros presumen.

Cuando te dan un premio es fácil que te ataque la vanidad. Afortunadamente a mí no me ha ocurrido nunca. He visto siempre la ceniza antes que el fuego. Será porque mi vida ha sido difícil o porque no he sido fácil al halago y todavía me pongo rojo cuando se habla de mí en mi presencia, sobre todo si es en términos elogiosos. No diré que soy humilde. Y tampoco poseo la virtud de la modestia. Simplemente es sentido comím y esa manera también tan andaluza de tener la certeza de que las cosas (incluso la gloria, todo tipo de gloria ) son más perecederas que nosotros mismos, que ya nacemos con la fecha de caducidad metida en nuestros genes.

Eso no quiere decir que uno no tenga su autoestima y cuando te la pisotean y te maltratan en el trabajo al que has dedicado muchos años de tu vida, aflore lo que mi psiquiatra (tan bajo he caído en el abismo de la depresión que he necesitado ayuda de un psiquiatra) dice que es rencor y que yo creo que es defensa de la dignidad profesional, amor al trabajo que has hecho con las mejores armas que tenías y de la mejor manera posible, sin escatimar horas, ni tiempo, ni dedicación. Y eso si que no tiene que ver con la ceniza de la vanidad ni con la vanidad que engendra toda obra humana cuando pasan los años y se pierde en el olvido.
 
RAFAEL MONTESINOS SE HA MARCHADO DEFINITIVAMENTE A SEVILLA
Dicen los teletipos que te has muerto. Por una insuficiencia renal. Qué cosa tan prosaica. Yo mismo he visto lo que decían que era tu cadaver, con tu cara de niño sonrosada y tu barba que nunca envejecía, con un sudario blanco cubriéndote el cuperpo breve y la tristeza honda de la melancolía, rodeado de coronas de flores de políticos, poetas, amigos...

Pero yo no creo en esa muerte tuya, que es mentira. Yo creo que es un truco del sevillano que siempre quiso volver a su tiera para que ahora te lleven a ella para siempre. Más aún para que, al fin, lberado del cuerpo, puedas confundirte con ella. Ser uno con ella. Como siempre lo fuiste, aunque un día afirmaras que "he vivido cuatro días/ tres de ellos no fueron sevillanos./ Llevadme a la tierra mía".

Ya lo has conseguido, aunque para ello ya no veamos más tu figura menuda y distinguida, con la sonrisa irónica y la pipa apagada en la mano presidiendo la Tertulia Hispanoamericana, tan tuya, que debería desde ahora llamarse con tu nombre Tertulia Hispanoamericana Rafael Montesinos. Supongo que a tí no te gustaría, tan humilde siempre y tan modesto, hasta en la exageración de haber dejado tu obra tan dispersa, tan inalcanzable que los jóvenes apenas pueden tener acceso a ella. Eso lo tendrán ahora que remediar las Instituciones culturales, que para eso están para luchar contra el olvido y reivindicar la obra de nuestros mejores.

Y yú, Rafael,él último gran Rafael de nuestra literatura (ya se fueron Alberti, Pérez Estrada, Soto Vergés...) eras de los mejores, aunque no le dieras importancia a tus versos y siempre fueras con esa aire de primerizo, que espera que los demás aprueben sus versos, cuando el maestro eras tú y los demás unos torpes alumnos. Tan poca importancia le dabas que tu libro, ya desgraciadamente póstumo, se llama "La vanidad de la ceniza". ¡ Qué hermoso título para decirsnos lo poco que valen las glorias de este mundo¡ ¡Y qu hermosa manera de despedirse con una lección de humildad¡ "Palabra de amor/ que canto/ lo que me pasa".