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Diario de un naufrago
Acerca de
josé infante, malagueño 58 años, periodista, he publicado una veintena de libros en su mayoría de poemas. Siempre he sido un disidente.
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AMOR-FICCIÓN



Para los hindúes Maya es la ilusión. Y cuentan que un día le preguntaron a uno de los últimos grandes sabios de la India, Ramana Maharshi qué cosa era la ilusión, qué era maya. El sabio respondió: “Maya es mirar al hielo sin pensar que es agua”. Para quien está bajo los efectos de esa ilusión el hielo es sólo hielo y cuando al fin se da cuenta, porque la ilusión desaparece, que es agua helada, se encuentra exacta y literalmente desamparado, abandonado, solo. Porque ha perdido la ilusión, que era lo único que tenía.
Igual le ocurre al amante que cae en las redes del amor-ficción. Cuando se habla de los diversos modos del amor, de las distintas formas en que puede experimentarse ese sentimiento indefinible por el que un ser humano se altera de tal modo que sólo es feliz ante la presencia del ser amado y decide anteponer la felicidad de la persona amada a la suya propia, se habla del amor loco, del amor conyugal, del amor no correspondido, del amor-amistad, del amor-pasión... No he oído nunca hablar del amor-ficción. Ese amor que sólo experimenta uno de los amantes y que no puede confundirse con el amor no correspondido.
No puede ni debe confundirse con el amor no correspondido porque los diferencia un hecho esencial, mientras en el amor no correspondido el amante sabe que su amor no es sentido por el otro, por el objeto amoroso, en el amor- ficción si hay una ilusión de correspondencia. Ha habido un momento, al menos un solo instante, en que el amante ha creído, o al menos ha tenido esa ilusión, que podría ser correspondido, y que por una fatalidad o algún terrible obstáculo esto no es posible. El amante vive- y puede vivirla largo años-, una ilusión de amor. Cree que el ser amado en el fondo de su corazón le corresponde, aunque por alguna fatal circunstancia no pueda corresponderle. Y entonces espera.
Está expresado este tipo de amor perfectamente en una película que todos conocemos porque es uno de los grandes filmes, por muchas razones, de la historia del cine y ha admirado a generaciones y generaciones de espectadores, enamorados o no. Me refiero a “Lo que el viento se llevó” y quizá a esa ilusión del amor es a lo que la autora de la obra Margareth Mitchell se quiso referir al titularla de esa manera. Casi al final de la larguísima película, la protagonista, Escalarta O’hara cuando ve que su momento ha llegado porque la pobre Melita va a morir y piensa que el caballeroso y pasmado Ashley, a quien ha amado toda la vida, a quien ha esperado toda la vida, es ya libre de corresponder a este amor, al escuchar que este con desesperación confiesa que se queda solo pues muere lo único que ha querido en su vida, comprende al fin que aquel amor imposible que ella creyó que este sentía por ella, no ha sido más que una ilusión creada en su mente. Es cuando la inolvidable Vivien Leitg levanta su mirada más enloquecida, hermosa y extraviada que nunca, deja de llorar y con un gesto de terrible desamparo, pero también de infinita liberación exclama: ( y es una de las frases más afortunadas del filme y posiblemente de la historia del melodrama) “¡ Y pensar que he amado algo que ni siquiera existe!”

 
Comentario:
Me alegra leerte en estos más amorosos, dramáticos que no trágicos. Muchos Besos Pepe.
No