Las intrigas palaciegas
Estos días he estado leyendo "Vida", de Benvenuto Cellini (Florencia, 1500-1571). Se trata de un libro jugosísimo, donde su autor va contando sus aventuras, que son muchas, al hilo de su familia (que quería que se dedicara a la música), de su verdadero trabajo, el de la orfebrería; y también junto a los Papas (el Papa Clemente VII, que lo quiso mucho y lo trató bien; y luego Pablo III, que lo metió en la cárcel por nada, y lo sacó dando una orden borracho gracias al duque de Ferrara). Es una vida completa, donde los hombres otorgan a su palabra más valor que a su vida. Donde los salteadores de camino eran más peligrosos que la Peste. Donde las guerras eran recibidas con el candor de la heroicidad.
También aparecen nombres importantes, como el propio Miguel Ángel, o Rafael de Urbino, porque Benvenuto Cellini se codeó con todos ellos y en el relato de su vida lo cuenta todo por igual (aquella cena en casa de Miguel Ángel, a la que él acudió con un amigo disfrazado de mujer; o un viaje exquisito por Venecia).
En aquel tiempo pasado no todo fue mejor ni peor: había cosas buenas, pero también las había malas; pues a Benvenuto lo indultaron tras matar a un hombre, y luego lo metieron en la cárcel por no hacer un trabajo de orfebrería a tiempo. Esas cosas hoy no pasan, pues a los albañiles que no acaban las casas a tiempo no los metemos en la cárcel y a los asesinos no los dejamos libres, bailando... ¿verdad?
Se trata de una obra totalmente recomendable. Ahora me voy a poner con el "Libro de las maravillas" de Marco Polo.
También aparecen nombres importantes, como el propio Miguel Ángel, o Rafael de Urbino, porque Benvenuto Cellini se codeó con todos ellos y en el relato de su vida lo cuenta todo por igual (aquella cena en casa de Miguel Ángel, a la que él acudió con un amigo disfrazado de mujer; o un viaje exquisito por Venecia).
En aquel tiempo pasado no todo fue mejor ni peor: había cosas buenas, pero también las había malas; pues a Benvenuto lo indultaron tras matar a un hombre, y luego lo metieron en la cárcel por no hacer un trabajo de orfebrería a tiempo. Esas cosas hoy no pasan, pues a los albañiles que no acaban las casas a tiempo no los metemos en la cárcel y a los asesinos no los dejamos libres, bailando... ¿verdad?
Se trata de una obra totalmente recomendable. Ahora me voy a poner con el "Libro de las maravillas" de Marco Polo.
Había una araña
Esta madrugada, hacia las dos, oímos unas voces horribles en el intercomunicador. Era nuestro hijo mayor, que cumple tres años el día 21 de este mes (día de la poesía y de entrada de la primavera).
—¡Paaaapaaaaaaáááá! ¡Aaaaayyyyyy! ¡Paaaapaaaaaaáááá!
La noche colgaba lenta de las estrellas, tras las lluvias de estos últimos días, pero ese grito lo navajó todo:
—¡Paaaapaaaaaaáááá! ¡Aaaaayyyyyy! ¡Paaaapaaaaaaáááá!
Apresurado, porque tardaba un poco en encontrar los zapatos, llegué a su cama y le rocé las mejillas preguntándole:
—¿Qué pasa, Néstor, cariño?
—¡Paaaapaaaaaaáááá! ¡Aaaaayyyyyy! ¡Paaaapaaaaaaáááá! —gritaba, ahora ya algo más calmado.
Ya estaba seguro de que estaba teniendo una pesadilla, o que volvía de ella, que es quizá más doloroso y crudo. Lo arrullé con la manta y con el peluche y le dije que no pasaba nada, que todo había sido una pesadilla. Y él, adentrándose otra vez en el sueño (si es que había llegado a salir), murmuraba:
—Había una araña...
Pobre, pensé para mí, no hay ninguna araña...
—No te preocupes, mi vida, mañana te demostraré que no hay nada que temer.
Pero no me oyó, me parece, porque yo ya entraba en mi cama y me dejaba abrazar la espalda por la madre de mi hijo, mi mujer, a quien le confesé:
—Había una araña...
—¡Paaaapaaaaaaáááá! ¡Aaaaayyyyyy! ¡Paaaapaaaaaaáááá!
La noche colgaba lenta de las estrellas, tras las lluvias de estos últimos días, pero ese grito lo navajó todo:
—¡Paaaapaaaaaaáááá! ¡Aaaaayyyyyy! ¡Paaaapaaaaaaáááá!
Apresurado, porque tardaba un poco en encontrar los zapatos, llegué a su cama y le rocé las mejillas preguntándole:
—¿Qué pasa, Néstor, cariño?
—¡Paaaapaaaaaaáááá! ¡Aaaaayyyyyy! ¡Paaaapaaaaaaáááá! —gritaba, ahora ya algo más calmado.
Ya estaba seguro de que estaba teniendo una pesadilla, o que volvía de ella, que es quizá más doloroso y crudo. Lo arrullé con la manta y con el peluche y le dije que no pasaba nada, que todo había sido una pesadilla. Y él, adentrándose otra vez en el sueño (si es que había llegado a salir), murmuraba:
—Había una araña...
Pobre, pensé para mí, no hay ninguna araña...
—No te preocupes, mi vida, mañana te demostraré que no hay nada que temer.
Pero no me oyó, me parece, porque yo ya entraba en mi cama y me dejaba abrazar la espalda por la madre de mi hijo, mi mujer, a quien le confesé:
—Había una araña...
Vuelta al vinilo
Ahora que tan de moda está la guerra de la piratería con los cd's y los dvd's, se me ocurre que nada de esto hubiera ocurrido si no hubieran inventado el cd. Antes, en la música, con el vinilo, la gente, lo más que hacía era copiárselo en cinta de casette, pero no era tan bueno el sonido. Ahora, como cualquiera puede grabar un cd, la calidad es la misma. E igual ocurre con las películas, con el vhs y el dvd: para grabarse una película había que tener dos vídeos, o grabarla desde la tele, y no era lo mismo. Ahora con la grabadora de dvd pues igual.
En fin, que sería mejor volver al vinilo. Pero ya ni eso, porque ya hay quien pasa los vinilos a cd. Lo mejor habría sido no inventar el cd directamente.
En fin, que sería mejor volver al vinilo. Pero ya ni eso, porque ya hay quien pasa los vinilos a cd. Lo mejor habría sido no inventar el cd directamente.





