Había una araña
Esta madrugada, hacia las dos, oímos unas voces horribles en el intercomunicador. Era nuestro hijo mayor, que cumple tres años el día 21 de este mes (día de la poesía y de entrada de la primavera).
—¡Paaaapaaaaaaáááá! ¡Aaaaayyyyyy! ¡Paaaapaaaaaaáááá!
La noche colgaba lenta de las estrellas, tras las lluvias de estos últimos días, pero ese grito lo navajó todo:
—¡Paaaapaaaaaaáááá! ¡Aaaaayyyyyy! ¡Paaaapaaaaaaáááá!
Apresurado, porque tardaba un poco en encontrar los zapatos, llegué a su cama y le rocé las mejillas preguntándole:
—¿Qué pasa, Néstor, cariño?
—¡Paaaapaaaaaaáááá! ¡Aaaaayyyyyy! ¡Paaaapaaaaaaáááá! —gritaba, ahora ya algo más calmado.
Ya estaba seguro de que estaba teniendo una pesadilla, o que volvía de ella, que es quizá más doloroso y crudo. Lo arrullé con la manta y con el peluche y le dije que no pasaba nada, que todo había sido una pesadilla. Y él, adentrándose otra vez en el sueño (si es que había llegado a salir), murmuraba:
—Había una araña...
Pobre, pensé para mí, no hay ninguna araña...
—No te preocupes, mi vida, mañana te demostraré que no hay nada que temer.
Pero no me oyó, me parece, porque yo ya entraba en mi cama y me dejaba abrazar la espalda por la madre de mi hijo, mi mujer, a quien le confesé:
—Había una araña...
—¡Paaaapaaaaaaáááá! ¡Aaaaayyyyyy! ¡Paaaapaaaaaaáááá!
La noche colgaba lenta de las estrellas, tras las lluvias de estos últimos días, pero ese grito lo navajó todo:
—¡Paaaapaaaaaaáááá! ¡Aaaaayyyyyy! ¡Paaaapaaaaaaáááá!
Apresurado, porque tardaba un poco en encontrar los zapatos, llegué a su cama y le rocé las mejillas preguntándole:
—¿Qué pasa, Néstor, cariño?
—¡Paaaapaaaaaaáááá! ¡Aaaaayyyyyy! ¡Paaaapaaaaaaáááá! —gritaba, ahora ya algo más calmado.
Ya estaba seguro de que estaba teniendo una pesadilla, o que volvía de ella, que es quizá más doloroso y crudo. Lo arrullé con la manta y con el peluche y le dije que no pasaba nada, que todo había sido una pesadilla. Y él, adentrándose otra vez en el sueño (si es que había llegado a salir), murmuraba:
—Había una araña...
Pobre, pensé para mí, no hay ninguna araña...
—No te preocupes, mi vida, mañana te demostraré que no hay nada que temer.
Pero no me oyó, me parece, porque yo ya entraba en mi cama y me dejaba abrazar la espalda por la madre de mi hijo, mi mujer, a quien le confesé:
—Había una araña...
Comentario:
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que bonito ! , el tener un padre que se levante por las noches a un grito del hijo. y que bonita la confesion a merche!
a mí tambien me dan miedo las arañas , desde hace 15 años es mi marido el que me arruya cuando tengo miedo.
saludos y besitos a los nenes
a mí tambien me dan miedo las arañas , desde hace 15 años es mi marido el que me arruya cuando tengo miedo.
saludos y besitos a los nenes
Comentario:
Qué dulce cuando duerme...





