Los poemas de El código da Vinci
Acabo de leer una entrevista a Umberto Eco. En su mayor parte no era más que publicidad de la nueva novela de este autor, y, francamente, no me han dado muchas ganas de leerla. Las novedades editoriales, en lo que a narrativa se refiere, suelen dividirse en:
a) Novela de género, sin mayores pretensiones: de detectives, novela rosa, gran parte de la “novela histórica”, etc.
b) Mujer cerca de los cuarenta o cincuenta que se da cuenta de que pesa quince quilos más que hace veinte y que no ha encontrado al príncipe azul en el “saborío” de su marido;
c) persona de cuarenta años o más que se pone a contarnos su vida, como si nos interesara en algo;
d) la guerra civil y el franquismo.
Del cuento no hablo porque en España no existe.
La novela de Umberto Eco se incluye en b.
En las últimas líneas de la entrevista, sin embargo, el periodista pregunta por otra obra, El Péndulo de Foucault, lejano antecedente de El Código Da Vinci. El escritor italiano se distancia, afirmando que Dan Brown no se toma en serio su propia obra, pero ha sido lo bastante hábil al conseguir que sus lectores sí lo hagan.
¿Qué lectores se lo han tomado en serio? El Vaticano y cuatro más.
Yo no. Como Borges, siempre he sido un lector hedonista, y quizá por eso no pude con El Péndulo de Foucault, novela que, según el propio Eco, fue escrita como la sátira de los que escriben y leen obras del tipo de El Código Da Vinci. Una especie de parodia del género paranormal, con la misma intención que Cervantes escribió el Quijote. Lo cual demuestra que ni Cervantes ni Eco sabían lo que se hacían.
Cervantes comenzó su obra, sí, como una parodia de los libros de caballerías. A medida que iba escribiendo, quiso incluir todos los géneros de moda de la época: la jugada le salió redonda, y el Quijote se convirtió en un best-seller. Diez años más tarde, con la segunda parte, se sintió más libre y más genial, y logró crear la novela moderna. Sin embargo, Cervantes jamás lo supo. Si no, ¿a qué vino escribir el Persiles, una vuelta atrás a los tópicos de la bizantina? Y, sobre todo, ¿a qué vino decir que el Persiles sería la mejor o la peor de todas las novelas jamás escritas?
Algo parecido le ocurrió a Umberto Eco. Tras El Nombre de la Rosa, el pobre hombre se despistó un poquito, no supo estar a la altura de sí mismo.
Pero yo lo que quería de verdad es contar que me he leído hace tres días el Código Da Vinci.
No me había reído tanto con una novela desde Sin Noticias de Gurb. Mira que es difícil el humor en literatura; pues Dan Brown es un maestro. Suscribo totalmente las palabras de Umberto: Dan Brown no se toma en serio nada de lo que dice y además lo demuestra. Todo es una broma, nada más.
No sé cuál es la burrada que se lleva la palma. Ya hay muchas webs en internet que se dedican a explicar los errores del Código Da Vinci. Y, como este es el Diario de un Poeta, me referiré a los “poemas” del Código. Que, como poemas, tienen una calidad equiparable a la de los pareados del Conde Lucanor. Tanto es así, que cuando leí “el poema”, no supe de qué hablaban los personajes.
Me llama mucho la atención que, según Langdom, el endecasílabo tenga “propiedades místicas” (¿?), que lo utilicen los antiguos griegos (cuya métrica se basaba en el pie, y no en la sílaba), que sus raíces se hundan en el “mundo pagano” y que un historiador (Teabing) exclame: “¡es un endecasílabo!” cuando cualquiera que sepa contar se dará cuenta de que son cuatro. Claro, que ni Langdom ni Teabing aciertan poco antes que el texto está escrito como en un espejo.
(Robert Langdom recuerda la primera vez que vio un manuscrito en una exposición sobre Da Vinci: no entendió nada hasta que alguien le dio un espejo. En Madrid, hace poco, mi mujer y yo acudimos a una exposición parecida; a ninguno de los dos nos costó darnos cuenta, en cuanto vimos los textos, de cómo escribía Leonardo...)
¿Qué tiene de especial el endecasílabo? Nada. Absolutamente nada. Desde el Renacimiento ha sido el metro más usado por todo tipo de poetas, europeos y americanos, de Quevedo a Neruda, de Garcilaso a Borges, de Petrarca a Andrés Trapiello... ¿O qué se cree Dan Brown, que es patrimonio de franceses e ingleses?
¿Y qué tiene de especial que Newton escribiera en latín? Como todo el mundo, en su época. ¿Y todo ese rollo para deducir que “Sofía” es “sabiduría”? ¿Y las disertaciones sobre la divina proporción, y sobre Walt Disney, etc., etc.?
Y hay más tonterías, estas ya a nivel argumental (el que no se haya leído la novela, que no siga leyendo porque lo destripo todo). ¿Por qué Teabing no sigue fingiendo hasta el final, en lugar de desvelar su identidad antes de acabar la investigación, si no es capaz de completarla por sí mismo? ¿Por qué Rémy considera un honor conocer la identidad del Maestro, si no lo aguanta? ¿Cómo puede basarse toda la novela en que el Papa Juan Pablo II es “muy liberal” y quiere desembarazarse del Opus, cuando apoya a esta organización y otras como los kikos, etc.? ¿Cómo es posible que el mandamás del Priorato de Sión sea un descendiente de Jesús? Porque si los miembros del priorato han de defender a esos descendientes con su vida, ¿no se da una pequeña paradoja? Y si Jesús no es Dios, ¿a qué viene esa equiparación entre María Magdalena, Isis y La Diosa, al punto que Langdom se pone a adorarla así, a bote pronto?
No cabe otra explicación: lo hace adrede, como indicando que todo es un juego y que no le tomemos en serio.
Y al final no he hablado de los poemas. Bueno, en realidad no merece la pena.
Sólo digo que os leáis el libro. Os reiréis un rato.
a) Novela de género, sin mayores pretensiones: de detectives, novela rosa, gran parte de la “novela histórica”, etc.
b) Mujer cerca de los cuarenta o cincuenta que se da cuenta de que pesa quince quilos más que hace veinte y que no ha encontrado al príncipe azul en el “saborío” de su marido;
c) persona de cuarenta años o más que se pone a contarnos su vida, como si nos interesara en algo;
d) la guerra civil y el franquismo.
Del cuento no hablo porque en España no existe.
La novela de Umberto Eco se incluye en b.
En las últimas líneas de la entrevista, sin embargo, el periodista pregunta por otra obra, El Péndulo de Foucault, lejano antecedente de El Código Da Vinci. El escritor italiano se distancia, afirmando que Dan Brown no se toma en serio su propia obra, pero ha sido lo bastante hábil al conseguir que sus lectores sí lo hagan.
¿Qué lectores se lo han tomado en serio? El Vaticano y cuatro más.
Yo no. Como Borges, siempre he sido un lector hedonista, y quizá por eso no pude con El Péndulo de Foucault, novela que, según el propio Eco, fue escrita como la sátira de los que escriben y leen obras del tipo de El Código Da Vinci. Una especie de parodia del género paranormal, con la misma intención que Cervantes escribió el Quijote. Lo cual demuestra que ni Cervantes ni Eco sabían lo que se hacían.
Cervantes comenzó su obra, sí, como una parodia de los libros de caballerías. A medida que iba escribiendo, quiso incluir todos los géneros de moda de la época: la jugada le salió redonda, y el Quijote se convirtió en un best-seller. Diez años más tarde, con la segunda parte, se sintió más libre y más genial, y logró crear la novela moderna. Sin embargo, Cervantes jamás lo supo. Si no, ¿a qué vino escribir el Persiles, una vuelta atrás a los tópicos de la bizantina? Y, sobre todo, ¿a qué vino decir que el Persiles sería la mejor o la peor de todas las novelas jamás escritas?
Algo parecido le ocurrió a Umberto Eco. Tras El Nombre de la Rosa, el pobre hombre se despistó un poquito, no supo estar a la altura de sí mismo.
Pero yo lo que quería de verdad es contar que me he leído hace tres días el Código Da Vinci.
No me había reído tanto con una novela desde Sin Noticias de Gurb. Mira que es difícil el humor en literatura; pues Dan Brown es un maestro. Suscribo totalmente las palabras de Umberto: Dan Brown no se toma en serio nada de lo que dice y además lo demuestra. Todo es una broma, nada más.
No sé cuál es la burrada que se lleva la palma. Ya hay muchas webs en internet que se dedican a explicar los errores del Código Da Vinci. Y, como este es el Diario de un Poeta, me referiré a los “poemas” del Código. Que, como poemas, tienen una calidad equiparable a la de los pareados del Conde Lucanor. Tanto es así, que cuando leí “el poema”, no supe de qué hablaban los personajes.
Me llama mucho la atención que, según Langdom, el endecasílabo tenga “propiedades místicas” (¿?), que lo utilicen los antiguos griegos (cuya métrica se basaba en el pie, y no en la sílaba), que sus raíces se hundan en el “mundo pagano” y que un historiador (Teabing) exclame: “¡es un endecasílabo!” cuando cualquiera que sepa contar se dará cuenta de que son cuatro. Claro, que ni Langdom ni Teabing aciertan poco antes que el texto está escrito como en un espejo.
(Robert Langdom recuerda la primera vez que vio un manuscrito en una exposición sobre Da Vinci: no entendió nada hasta que alguien le dio un espejo. En Madrid, hace poco, mi mujer y yo acudimos a una exposición parecida; a ninguno de los dos nos costó darnos cuenta, en cuanto vimos los textos, de cómo escribía Leonardo...)
¿Qué tiene de especial el endecasílabo? Nada. Absolutamente nada. Desde el Renacimiento ha sido el metro más usado por todo tipo de poetas, europeos y americanos, de Quevedo a Neruda, de Garcilaso a Borges, de Petrarca a Andrés Trapiello... ¿O qué se cree Dan Brown, que es patrimonio de franceses e ingleses?
¿Y qué tiene de especial que Newton escribiera en latín? Como todo el mundo, en su época. ¿Y todo ese rollo para deducir que “Sofía” es “sabiduría”? ¿Y las disertaciones sobre la divina proporción, y sobre Walt Disney, etc., etc.?
Y hay más tonterías, estas ya a nivel argumental (el que no se haya leído la novela, que no siga leyendo porque lo destripo todo). ¿Por qué Teabing no sigue fingiendo hasta el final, en lugar de desvelar su identidad antes de acabar la investigación, si no es capaz de completarla por sí mismo? ¿Por qué Rémy considera un honor conocer la identidad del Maestro, si no lo aguanta? ¿Cómo puede basarse toda la novela en que el Papa Juan Pablo II es “muy liberal” y quiere desembarazarse del Opus, cuando apoya a esta organización y otras como los kikos, etc.? ¿Cómo es posible que el mandamás del Priorato de Sión sea un descendiente de Jesús? Porque si los miembros del priorato han de defender a esos descendientes con su vida, ¿no se da una pequeña paradoja? Y si Jesús no es Dios, ¿a qué viene esa equiparación entre María Magdalena, Isis y La Diosa, al punto que Langdom se pone a adorarla así, a bote pronto?
No cabe otra explicación: lo hace adrede, como indicando que todo es un juego y que no le tomemos en serio.
Y al final no he hablado de los poemas. Bueno, en realidad no merece la pena.
Sólo digo que os leáis el libro. Os reiréis un rato.
Comentario:
¿Cómo puede basarse toda la novela en que el Papa Juan Pablo II es “muy liberal” y quiere desembarazarse del Opus, cuando apoya a esta organización y otras como los kikos, etc.?
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Te cuento que no es Juan Pablo II de quien se habla en el libro. Para entender que el papa es liberal y quiere deshacerse del Opus Dei, tienes que leer Angeles & Demonios que es el origen de Robert Langdon.
Entonces comprenderás que el papa del mundo de dan brown ni siquiera existe en el mundo real.
Aunque no soy fanatico de Dan brown Te recomiendo mucho A&D, porque es 100 veces mejor que Codigo Davinci.
Bye
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Te cuento que no es Juan Pablo II de quien se habla en el libro. Para entender que el papa es liberal y quiere deshacerse del Opus Dei, tienes que leer Angeles & Demonios que es el origen de Robert Langdon.
Entonces comprenderás que el papa del mundo de dan brown ni siquiera existe en el mundo real.
Aunque no soy fanatico de Dan brown Te recomiendo mucho A&D, porque es 100 veces mejor que Codigo Davinci.
Bye





