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Diario de un poeta casado
Diario de un escritor casado, con 2 hijos, que vive el día con intensidad y contemplación
Acerca de
Nací en Valencia hace 30 años, pero vivo en el centrísimo de Andalucía. Soy escritor por vocación, porque vuelvo una y otra vez a beber de la cristalina fuente de la literatura. También soy padre de dos hijos, el mayor es el de la foto (que puedes guardar en tu disco duro, para ver mejor). Y escribo poemas a destiempo, y una tercera novela, y vivo lo que puedo y lo que los libros me deparan en la tarde.
Sindicación
 
Sobre el Quijote
Son las 7:16 y ya estoy sentado frente al ordenador. Mi hijo pequeño, de diez meses, dice que ya no quiere dormir más (desde las 21:30 que lo acostamos, tampoco está mal), y yo aprovecho para tomarme el primer café, mientras él juega en el parque con sus juguetes.
Estos días todo el mundo habla del Quijote, de si lo están rememorando bien con el cuarto centenario y todo eso. Yo, como es lógico, he aprovechado para releerlo. Esta vez he cogido una edición sin notas, una que regaló el ABC durante dos lunes el año pasado, en noviembre, me parece que era. Salen, en total, dos tomos de unas trescientas páginas cada uno. La letra es pequeña, ya lo sé, pero se lee muy deprisa. Yo ya voy por la página 235 del primero, y me da un poco de pena acabarlo porque estaré más solo al no poder disfrutar de elegancia poética de la prosa cervantina y, sobre todo, de lo buena gente que son todos los personajes del Quijote. Eso, sin contar, a los malandrines y a don Mameluco de Aquitania, y sin olvidar tampoco el feroz resultado que hace tomarse la poción de Fierabrás u olerle los sobacos a la señora Dulcinea del Toboso. En fin, uno no sabe porqué todavía a estas alturas de los tiempos, la mayoría de la gente piensa que el Quijote es un libro aburrido, tostón y difícil de leer. Si te pones a ello con las notas de los especialistas es posible que te aburras, porque lo que lees es otro libro. Ahora bien, si cogemos el de Martín de Riquer (que fue el que yo leí hace unos años, en la edición de bolsillo de Planeta de los años 80), se puede hacer algo. Y ahora, al releerlo, con el alma llena de otras cosas (la noche venciendo en la calle, las risas de los hijos y el amor amoroso de mi mujer), es un goce de plenitud y de euforia que no me perdería por nada del mundo y que, por supuesto, aconsejo a quien piense aún que el Quijote es un legado de otro tiempo: pocos libros hay que estén tan vivos, como decía Ramón Gaya, y que sean un portalón abierto de par en par a la vida y a la literatura, como nuestro entrañable Quijote.
No