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El rincon del filologo a tiempo completo
Opiniones y textos literarios
Acerca de
Me llamo José Manuel Peque, tengo 24 años, soy castaño con los ojos verdes, me gusta la lectura, el deporte y el mundo del motor. Estudio Filologia hispánica en la Complutense.
Sindicación
 
Después de...
Ahora que extraoficialmente ya soy un licenciado más, y que a partir de Septiembre tendré que buscarme el arroz como todo hijo de vecino, y dejar la vida muelle que he llevado hasta ahora quisiera hacer un pequeño recuerdo de todo aquello que he visto y he oído durante todo este tiempo. Lo primero de todo, lo lógico y lo natural, como sin duda entendereís aquellos que me habeís leído al llegar hasta aqui, es acordarme de mi padre, que allí donde esté estará tan feliz como yo, después de mi familia: madre, hermanos, abuela, tios primos, etc...

Después a mis entrañables amigos, a mis ya inseparables compañeros de viaje, aquellos por los que doy todo asi como ellos lo han hecho por mi, ¿No es verdad, Raúl, Nacho, Alberto, Marías, y un largo etcetera que creo que se identificará en este post, y cuando me vean me dirán: "Anda José, mira que eres tonto, ¿para que tienes que agradecer nada?"?. Pero sí, creo que debo hacerlo, y de hecho lo hago.

También quisiera acordarme, puestos a contarlo todo, de aquello que ha sido una constante en este viaje.... la búsqueda del amor, aquello que aún no he encontrado, pero que he aprendido a buscar y a esperar de manera digna a que llegue, tranquilo, sin aspavientos.


También quisiera dar la bienvenida a la paz interior que se ha hecho dueña de mí: al sentimiento que me impide arrepentirme de nada, y que me hace pensar que, si pudiera vivir todo de nuevo, lo único que cambiaría son matices, algunas interpretaciones de cosas, pero desde luego que estoy contento con lo demás.

Yo creo que soy una persona humilde, y que me dejo llevar por las emociones y los impulsos. También soy egocentrico, nadie es perfecto, que se le va a hacer, procuro no hacer daño, pero sé que en ocasiones lo he hecho, y he buscado culpables cuando sólo estaba en mí el solucionar algo o prolongar el error.

Quiero ser justo, muchas veces lo consigo, y otras me quedo a medio camino entre la cretinidad y la ignorancia. Queda mucho que aprender.

Podría culpar de ello a mi carácter, a mis contradicciones o a mi horóscopo (Soy un Sagitario gustoso de meterse en berenjenales ajenos, de opinar donde nadie me llama y al seguir el ritmo que mi corazón me dicta) pero sí hay algo que me caracteriza, por encima de todo, es la intención de ayudar, de estar ahí, de hacer lo posible por acompañar al que sufre, por dar calor al que pasa frío, porque yo lo he pasado, y muchas veces no tuve una tríste manta con que arroparme.

Soy un Quijote de medio pelo, sí, pero no voy a dejar de serlo.
 
Mil motivos.... Capitulo 2
El autobús esquivaba como podía el sublime atasco que colapsaba aquella maldita carretera, casi desde su pueblo hasta Madrid. Iván comentaba con su hermano los "prodigios suicidas" que hacian algunos conductores para esquivar el atasco, y se echaban las manos a la cara cuando veían próximo un accidente.

El hermano de Iván era algo mayor, pese a que ellos no se veían ningún parecido fisico, ni, mucho menos, interior, su familia y conocidos reincidian en opinar lo contrario. Años después, dos de los mejores amigos de Iván le dirian, a propósito del tema: "Es como tú, pero en seguro".

Su hermano estaba a punto de terminar Ingenieria técnica, carrera que le había costado coger el ritmo, pese a su impoluto expediente anterior, debido a una serie de problemas psicologicos y personales, sobre todo de confianza en algunas cosas, que habian emborronado un poco, por lo demás, brillante modo de hacer las cosas y entender la vida. Iván le admiraba, quizás porque sus padres siempre le habían puesto como modelo, pero también por como era como persona.

Al llegar a Madrid, Iván empezó a sentir nervios, y aquella noche casi no pudo dormír. Despertaba prácticamente a cada hora, y miraba el despertador, ansioso de que llegara la hora de levantarse, preparar la carpeta y marcharse a la facultad. Esperaba ver todo un mundo nuevo, algo que le arropara con calor y que le gustase. Sobretodo quería conseguirlo rápido y sin grandes problemas, porque tener preocupaciones le tiraría para atrás, y además pensaba que a los demás siempre les llegaba rápido y fácil, y a él también le tenía que pasar. Salir de su pueblo era como salir de una cárcel donde hubíera vivido casí veínte años, y ahora le tocaba empezar a vivir.
 
Recuerdo (A José Peque, que nos dejó un dia de Marzo, sin despedirse)
Ahora que no estás busco los pasos que has dejado en mi memoria, y en mis sueños te mantengo vivo, como si hubiera algo que aún nos permite comunicarnos, y quieras decirme algo desde el otro lado, (si es que existe).

Te hubiera prestado mi corazón para que latiera para los dos, te hubiera dado mi alma para que siguieras conmigo, pero te fuíste, conmigo en la distancia, sin decir nada.

Y la gente decia que asi lo queria Dios, que no vieras lo que más querias ver, y oir, y sentir....

Así son las cosas, voy dando tumbos entre lo que pude haberte dicho y hecho, y la última de nuestras conversaciones.

Recuerdo también que, de niño y aún mucho después, me incitastes a entrar en el mundo de las letras, con aquellos discos de Serrat y Paco Ibañez cantando a Machado, Hernández, Gongora, Albertí, Goytisolo...

Ahora vienen a mi también las palabras de Manrique: "Nuestras vidas son los rios, que van a dar en la mar, que es el morir", pero mientras algo pueda haber en mí, de corazón y conciencia, no habrás muerto, te lo prometo.

Porque te debo muchas cosas, y creo que nunca escribiré lo suficiente, para expresar lo que te echo de menos, lo que te quiero, y lo que pienso en ti. No es suficiente el llanto que acabaría con la sequia que viene, según todos los indicios, para calmar mi dolor, y todas las palabras del mundo que expresan dolor son uficientes para explicar lo que siente un hijo ante la perdida de su padre.
 
Mil motivos... Capitulo uno
No era una mañana normal la de aquel día de Septiembre en un pueblo de Ávila. No lo era, al menos para Iván, ya que era aquel en el que empezaria su carrera universitaria, y todo en los días anteriores había ocurrido tan rapido que apenas si le habia dado tiempo a asimilarlo todo y a despedirse de sus escasos amigos y de todo aquello que había vivido hasta entonces.

Hacer balance era algo que solia hacer, y las conclusiones a las que llegaba eran negativas: Pocos amigos, una infancia infeliz, varias situaciones amargas , un periodo estéril en el amor, sobre todo en su etapa adolescente... Definitivamente era un alma cargada de complejos, y sólo las expectativas de verse en un ambiente diferente le daba alguna esperanza de que aquello pudiera cambiar.

Ese resentimiento y amargor se reflejaba en la mirada de sus pequeños y entristecidos ojos claros, en su modo de cuidarse, el principio de abandono al que se dejaba caer, y sus dificultades para encajar situaciones de la vida a las que nadie hubiese dado mayor importancia si no hubiera tenido que afrontar durante mucho tiempo una eterna lucha por encontrarse, mantenerse y ser aceptado. Cualquier cosa le afectaba, y esa era su mayor cruz.

La otra: no saber disfrutar de los pequeños buenos momentos, se sentía tan frustrado que ni siquiera le sacaba partido a los pequeños momentos de tranquilidad que le pudieran permitir echar raices afectivas firmes. La tristeza le habia hecho impulsivo, pero una impulsividad deseperada del "todo o nada" que enardecía a sus acompañantes y le hacian rehuir de él en diversas situaciones.

Pero no todo era negativo, él era de esas personas que precisamente por no querer hacer daño procuraba ayudar al que veía necesitado, a escucar y dar apoyo, a procurar no ser un estorbo e intentar ser feliz. Nunca se había rendido, ante nada ni ante nadie, y esa presunta fuerza fomaba gran parte de su valor.

Sus padres, su familia, su tío, todos en ese momento estaban orgullosos de él, de que hubiera llegado a la universidad, y de que hubiese alcanzado una meta de la que casi todos sus compañeros de colegio, y chicos de su pueblo se habían visto privados, por unas razones o por otras. Pero eso no le hacía sentirse superior, ni tampoco quería serlo.simplemente pensaba en la nueva vida que le esperaba, y, a sus padres y familia, les prometia "No os defraudaré" y les daba las gracias por todo lo que por él habian hecho.
 
De examenes
En plena lucha por el fin de la carrera, de un lado: servidor, con veinticuatro años, sesenta y cuatro kilos de peso y unas ganas de acabar que no son normales, del otro lado: Gramática española dos, con un quintal de peso (viendo lo que pesan los manuales que he tenido que resumir, no exagero, más bien al contrario), y dos siglos de reflexiones trascendentales sobre la función semántica y pragmática de nuestra lengua, ¿quién ganará? Se admiten apuestas.