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El rincon del filologo a tiempo completo
Opiniones y textos literarios
Acerca de
Me llamo José Manuel Peque, tengo 24 años, soy castaño con los ojos verdes, me gusta la lectura, el deporte y el mundo del motor. Estudio Filologia hispánica en la Complutense.
Sindicación
 
Mil motivos.... capitulo 3
Después de perderse un poco por las diversas estaciones de metro, y de hacerse a la idea de que tendría que acostumbrarse a ir a clase con la barriga llena (Tenía turno de tarde, ya que al haber hecho la matricula en Septiembre, y con el curso empezado, no le quedaba otra opción), Iván entró en clase de Historia del Arte.

La impresión que tuvo al cruzar las puertas de la facultad fue de extrañeza... ¿Era aquel edificio viejo, con las paredes llenas de desconchones, y unas interminables escaleras que bajaban de manera imparable y laberíntica una facultad de la universidad Complutense?. ¿Aquellos pasillos diagonales, que llevaban a unas aulas grandes, pero con unos asientos francamente incómodos, eran dignas de llamarse aulas magnas?. Decídio otorgar el benefício de la duda, y disfrutar de aquella clase que trayaba sobre Goya, su pintor favorito.

Después vinieron otras, ya propias de su carrera, en otra facultad, que le parecio infinitamente más propia de universitarios, y allí pudo echar un vistazo a sus compañeros, las personas que debían compartir con él cinco años de vida. Mucha gente visiblemente mayor que él, poca ilusión en las miradas, mucho nerviosísmo... aquello iba hacía algún lado, pero aquel primer día Iván no podría saber hacía donde era.

un par de días después, Iván tuvo que enfrentarse a otro de sus grandes retos: pedir unos apuntes a una persona completamente desconocida para él. Con inquietd y nervíos se dirigio a ella y le dijo:

- Oye, perdona, ¿ me puedes dejar el programa de la asignatura. Es que yo he empezado ahora y no lo tengo.

El chico le contestó:

- Sí, hombre, no te preocupes, y si quieres lo que hemos dado hasta ahora, también te lo dejo.

Iván se sintío complacido por la, para él, extraña amabílidad del desconocido y dijo:

- Muchas gracías, prometo devolvertelo mañana, de verdad.

El chico parecío sorprendido por el tono como Iván había dicho estas palabras y le contesto:

- Tranquilo, tío, puedes darmelo otro día, no tiene porque ser mañana. Vamos, no te digo que te tires cuatro meses con los apuntes, pero tampoco me corre ninguna prísa.

Nuestro protagonísta quedo encantado por la actitud de aquel chico, Enrique, que así se llamaba, habia mostrado hacia él, y al volver a casa pensó que sería bueno intentar conocerle.