Ominami: "La izquierda debe hablar fuerte y claro en el gobierno de Bachelet"
El senador PS postula que el programa económico de Michelle Bachelet aún no está definido y que la abanderada tendrá desafíos mucho mayores a los que tuvo el Presidente Lagos, a quien recomienda no repostularse el 2009. También cree que la denominación de Alejandro Navarro como candidato a senador por la VIII Región aportará una dosis de "rebeldía" a su colectividad.
Carlos Ominami partió a primera hora del jueves a San Felipe. El senador socialista inició ese día una gira de 48 horas junto a la abanderada Michelle Bachelet por toda la Quinta Región, donde Ricardo Lagos perdió contra Joaquín Lavín en las elecciones de 1999. Ambos visitaron municipios, hicieron recorridos en terreno, enfrentaron protestas de deudores habitacionales y hasta cenaron en el tradicional Hotel O´Higgins, en Viña del Mar.
Ominami y Bachelet pudieron hablar a solas. Nadie sabe el contenido exacto de la conversación. Lo que sí está claro es que el "japonés", como le denominan sus amigos, ha lanzado una nueva ofensiva para robustecer a la izquierda socialista y arrebatar cuotas de poder al selecto grupo de personeros del centro de estudios Expansiva, que buscan dejar atrás las tesis más estatistas en lo económico.
-Michelle Bachelet dio a conocer esta semana las bases de su programa económico, que, entre otras cosas, contempla mantener la regla del superávit estructural del 1%. ¿Se están imponiendo las tesis liberales en su programa?
Al planteamiento que hizo Bachelet hay que hacerle varios alcances. Por lo pronto, no está cuadrado financieramente, ese ejercicio aún resta por determinar. Eso hay que hacerlo rápido, saber con precisión cuál va a ser el costo de los compromisos que se están contrayendo y cómo se van a financiar. Mientras no lo definamos vamos a tener una discusión general, abierta, y desde ese punto de vista hay que esperar el costo final del programa para calificarlo de liberal o no liberal.
-¿Le ha planteado el tema a la candidata?
He conversado con ella y estamos de acuerdo en no caer en la trampa de centrar la discusión en las formas de financiamiento.
-Usted apoyó la opción senatorial de Alejandro Navarro, que adscribe a posturas más de izquierda que José Antonio Viera-Gallo. ¿Cree que Bachelet necesita una fuerza de izquierda que actúe como un contrapeso a las posturas liberales?
Sí. Ella es la candidata de una coalición y las coaliciones tienen que gobernar tomando en consideración los puntos de vista de todos los sectores. Ella va a hacer necesariamente una síntesis y para que esa síntesis sea más progresista es muy importante que la izquierda hable fuerte y claro y tengamos una correlación de fuerzas parlamentarias que acompañen adecuadamente esas posturas. Por lo demás, las ideas liberales son muy minoritarias, no sólo en el PS sino, también en la Concertación.
-¿No cree que su tesis puede dañar a Bachelet, cuya fortaleza es precisamente su transversalidad?
Ese argumento no tiene fundamento. Nadie en la política puede correr "ñato" o pedir que los jugadores jueguen para atrás. En ese sentido me he opuesto drásticamente a la idea de que la mejor contribución que puede hacer el PS es quedarse callado. Lo que viene es un gobierno que nace con muchas expectativas, quizás más que los anteriores.
-¿Más que las que traía el de Ricardo Lagos?
Michelle va a tener la tarea más difícil. Todo lo que tenía que ver con las representaciones más simbólicas ya se hicieron. Tenemos ley de divorcio, ley de filiación, el término de la censura cinematográfica previa. Todas aquellas cuestiones que no significan enfrentarse a ningún interés económico importante. Todas esas cosas que no costaban plata, para decirlo vulgarmente, se hicieron. Creo que el gran eje de este nuevo gobierno van a ser las transformaciones económicas y sociales.
Rebeldía y platos repetidos
-Usted ha tenido una historia de desavenencias con Viera- Gallo que, en parte, estuvo marcada por el caso Pinochet. ¿Saldó viejas cuentas con él al no apoyarlo para ser reelegido?
Esa es una interpretación intrigante. He tenido discrepancias con Viera-Gallo, pero también hemos librado muchas batallas en conjunto. Yo no actué sobre la base de cuentas del pasado. Le avisé a José Antonio mi postura con algunos días de anticipación y, a mi juicio, sería muy negativo reabrir esa discusión. Creo en la renovación de elencos y no le tengo miedo a un Senado con (Guido) Girardi y con Navarro. Su rebeldía le va a hacer bien al PS. Me gustaría que en mi circunscripción surgiera un Navarro y si así ocurriera voy a ser el primero en hacerme a un lado.
-¿Qué le parece la frase de Bachelet de que los ministros no se "repetirán el plato" en su gobierno?
Creo que es una declaración de intenciones. Siempre es bueno expresar una voluntad de renovación, pero de repente hay que tener cuidado, porque las mejores combinaciones siempre son de innovación con experiencia.
-¿No cree que el modelo que aplicó Rodríguez Zapatero en España sea reproducible en un gobierno de Bachelet?
En Chile tenemos un problema que no tienen en España: hay un cierto eslabón perdido generacional. Entonces, los recambios más drásticos de decir 'mire, aquí nadie se repite el plato' es más difícil de poner en práctica. Hay una experiencia que se hizo en Chile que fue la de los intendentes jóvenes y no tuvo un buen final.
-Hablando de repetirse el plato, ¿está de acuerdo con que Lagos se repostule el 2009?
Es bien prematuro, pero creo que la doctrina de no repetirse el plato puede ser buena en este caso. Lagos va a salir con un gobierno particularmente bien evaluado, con una vara alta y el riesgo de una repetición mediocre es muy alto.
El rol de la DC
-Usted habla de robustecer a la izquierda en el gobierno de Bachelet. ¿Sigue creyendo en la posibilidad de fusionar en un solo partido al bloque PS-PPD-PRSD?
Creo que la responsabilidad de nuestro sector es converger, no podemos mantener más a la izquierda y al progresismo divididos y atomizados. Por eso no me gusta la competencia entre Aníbal Pérez y Juan Pablo Letelier. Es incoherente con ese propósito y puede afectar seriamente el diseño estratégico del próximo período. Sin individualizar, me doy cuenta que aquí hay un tema de equilibrios y siento que los partidos tienen que poner una cuota de sacrificio para resolver este caso.
-Frente a un bloque de izquierda unido, ¿cree que Bachelet debe dar un trato especial a la DC en su gobierno?
Tiene que recibir el trato que corresponde, no puede ser maltratada ni recibir un trato artificial. En el mundo de la política lo que prima es la soberanía popular y las relaciones de fuerzas deben ser respetadas. Creo que la DC tiene que hacer un esfuerzo por definir con claridad su rol en la política nacional, porque no es un misterio que el gran Partido Demócrata Cristiano tuvo que ver con un mundo bipolar, en donde ellos representaban una tercera vía que era muy atractiva. Ese mundo ya no existe. En Chile su gran referente era el PDC italiano, que ya dejó de existir.
-La DC no tiene candidato presidencial y su adhesión ha caído en los últimos 15 años. ¿Es un buen negocio para la DC seguir en la Concertación?
Tiendo a pensar que la alianza de centroizquierda sigue siendo atractiva. Quienes sostienen lo contrario se equivocan profundamente. Porque algunos dicen 'claro, nosotros partimos siendo un partido por sobre el 30% y hoy de repente bajamos del 20%'. El punto es saber si esto ha sido o no a pesar de la Concertación. Creo que si no fuera por la Concertación, quizás la situación de la DC podría ser mucho más compleja.
-En otro ámbito, ¿cree que la Concertación debe hacer un acuerdo electoral con el pacto Juntos Podemos?
Debiéramos hacer hasta el último día el esfuerzo de una propuesta al Juntos Podemos que permita defender y ampliar el número y los doblajes de la Concertación y que ellos puedan tener representación en el Parlamento.
Carlos Ominami partió a primera hora del jueves a San Felipe. El senador socialista inició ese día una gira de 48 horas junto a la abanderada Michelle Bachelet por toda la Quinta Región, donde Ricardo Lagos perdió contra Joaquín Lavín en las elecciones de 1999. Ambos visitaron municipios, hicieron recorridos en terreno, enfrentaron protestas de deudores habitacionales y hasta cenaron en el tradicional Hotel O´Higgins, en Viña del Mar.
Ominami y Bachelet pudieron hablar a solas. Nadie sabe el contenido exacto de la conversación. Lo que sí está claro es que el "japonés", como le denominan sus amigos, ha lanzado una nueva ofensiva para robustecer a la izquierda socialista y arrebatar cuotas de poder al selecto grupo de personeros del centro de estudios Expansiva, que buscan dejar atrás las tesis más estatistas en lo económico.
-Michelle Bachelet dio a conocer esta semana las bases de su programa económico, que, entre otras cosas, contempla mantener la regla del superávit estructural del 1%. ¿Se están imponiendo las tesis liberales en su programa?
Al planteamiento que hizo Bachelet hay que hacerle varios alcances. Por lo pronto, no está cuadrado financieramente, ese ejercicio aún resta por determinar. Eso hay que hacerlo rápido, saber con precisión cuál va a ser el costo de los compromisos que se están contrayendo y cómo se van a financiar. Mientras no lo definamos vamos a tener una discusión general, abierta, y desde ese punto de vista hay que esperar el costo final del programa para calificarlo de liberal o no liberal.
-¿Le ha planteado el tema a la candidata?
He conversado con ella y estamos de acuerdo en no caer en la trampa de centrar la discusión en las formas de financiamiento.
-Usted apoyó la opción senatorial de Alejandro Navarro, que adscribe a posturas más de izquierda que José Antonio Viera-Gallo. ¿Cree que Bachelet necesita una fuerza de izquierda que actúe como un contrapeso a las posturas liberales?
Sí. Ella es la candidata de una coalición y las coaliciones tienen que gobernar tomando en consideración los puntos de vista de todos los sectores. Ella va a hacer necesariamente una síntesis y para que esa síntesis sea más progresista es muy importante que la izquierda hable fuerte y claro y tengamos una correlación de fuerzas parlamentarias que acompañen adecuadamente esas posturas. Por lo demás, las ideas liberales son muy minoritarias, no sólo en el PS sino, también en la Concertación.
-¿No cree que su tesis puede dañar a Bachelet, cuya fortaleza es precisamente su transversalidad?
Ese argumento no tiene fundamento. Nadie en la política puede correr "ñato" o pedir que los jugadores jueguen para atrás. En ese sentido me he opuesto drásticamente a la idea de que la mejor contribución que puede hacer el PS es quedarse callado. Lo que viene es un gobierno que nace con muchas expectativas, quizás más que los anteriores.
-¿Más que las que traía el de Ricardo Lagos?
Michelle va a tener la tarea más difícil. Todo lo que tenía que ver con las representaciones más simbólicas ya se hicieron. Tenemos ley de divorcio, ley de filiación, el término de la censura cinematográfica previa. Todas aquellas cuestiones que no significan enfrentarse a ningún interés económico importante. Todas esas cosas que no costaban plata, para decirlo vulgarmente, se hicieron. Creo que el gran eje de este nuevo gobierno van a ser las transformaciones económicas y sociales.
Rebeldía y platos repetidos
-Usted ha tenido una historia de desavenencias con Viera- Gallo que, en parte, estuvo marcada por el caso Pinochet. ¿Saldó viejas cuentas con él al no apoyarlo para ser reelegido?
Esa es una interpretación intrigante. He tenido discrepancias con Viera-Gallo, pero también hemos librado muchas batallas en conjunto. Yo no actué sobre la base de cuentas del pasado. Le avisé a José Antonio mi postura con algunos días de anticipación y, a mi juicio, sería muy negativo reabrir esa discusión. Creo en la renovación de elencos y no le tengo miedo a un Senado con (Guido) Girardi y con Navarro. Su rebeldía le va a hacer bien al PS. Me gustaría que en mi circunscripción surgiera un Navarro y si así ocurriera voy a ser el primero en hacerme a un lado.
-¿Qué le parece la frase de Bachelet de que los ministros no se "repetirán el plato" en su gobierno?
Creo que es una declaración de intenciones. Siempre es bueno expresar una voluntad de renovación, pero de repente hay que tener cuidado, porque las mejores combinaciones siempre son de innovación con experiencia.
-¿No cree que el modelo que aplicó Rodríguez Zapatero en España sea reproducible en un gobierno de Bachelet?
En Chile tenemos un problema que no tienen en España: hay un cierto eslabón perdido generacional. Entonces, los recambios más drásticos de decir 'mire, aquí nadie se repite el plato' es más difícil de poner en práctica. Hay una experiencia que se hizo en Chile que fue la de los intendentes jóvenes y no tuvo un buen final.
-Hablando de repetirse el plato, ¿está de acuerdo con que Lagos se repostule el 2009?
Es bien prematuro, pero creo que la doctrina de no repetirse el plato puede ser buena en este caso. Lagos va a salir con un gobierno particularmente bien evaluado, con una vara alta y el riesgo de una repetición mediocre es muy alto.
El rol de la DC
-Usted habla de robustecer a la izquierda en el gobierno de Bachelet. ¿Sigue creyendo en la posibilidad de fusionar en un solo partido al bloque PS-PPD-PRSD?
Creo que la responsabilidad de nuestro sector es converger, no podemos mantener más a la izquierda y al progresismo divididos y atomizados. Por eso no me gusta la competencia entre Aníbal Pérez y Juan Pablo Letelier. Es incoherente con ese propósito y puede afectar seriamente el diseño estratégico del próximo período. Sin individualizar, me doy cuenta que aquí hay un tema de equilibrios y siento que los partidos tienen que poner una cuota de sacrificio para resolver este caso.
-Frente a un bloque de izquierda unido, ¿cree que Bachelet debe dar un trato especial a la DC en su gobierno?
Tiene que recibir el trato que corresponde, no puede ser maltratada ni recibir un trato artificial. En el mundo de la política lo que prima es la soberanía popular y las relaciones de fuerzas deben ser respetadas. Creo que la DC tiene que hacer un esfuerzo por definir con claridad su rol en la política nacional, porque no es un misterio que el gran Partido Demócrata Cristiano tuvo que ver con un mundo bipolar, en donde ellos representaban una tercera vía que era muy atractiva. Ese mundo ya no existe. En Chile su gran referente era el PDC italiano, que ya dejó de existir.
-La DC no tiene candidato presidencial y su adhesión ha caído en los últimos 15 años. ¿Es un buen negocio para la DC seguir en la Concertación?
Tiendo a pensar que la alianza de centroizquierda sigue siendo atractiva. Quienes sostienen lo contrario se equivocan profundamente. Porque algunos dicen 'claro, nosotros partimos siendo un partido por sobre el 30% y hoy de repente bajamos del 20%'. El punto es saber si esto ha sido o no a pesar de la Concertación. Creo que si no fuera por la Concertación, quizás la situación de la DC podría ser mucho más compleja.
-En otro ámbito, ¿cree que la Concertación debe hacer un acuerdo electoral con el pacto Juntos Podemos?
Debiéramos hacer hasta el último día el esfuerzo de una propuesta al Juntos Podemos que permita defender y ampliar el número y los doblajes de la Concertación y que ellos puedan tener representación en el Parlamento.





