Honduras: una semilla que germina
El pueblo hondureño defiende en las calles de Tegucigalpa, San Pedro Sula y otras ciudades su esperanza a un futuro con dignidad y equidadJuan Diego Nusa Peñalver
Las combativas manifestaciones del pueblo hondureño estos días en reclamo de que sea restituido en el cargo su Presidente constitucional José Manuel Zelaya, demuestran al mundo que la semilla del cambio que recorre Nuestra América dificilmente podrá ser destruida por algún golpe militar.
Ya la Venezuela de abril de 2002 lo demostró cuando un pueblo decidido y enardecido llevó al Presidente bolivariano Hugo Chávez Frías de vuelta al Palacio de Miraflores, y los golpistas encabezados por Pedro (El Breve) Carmona, dirigente empresarial, tuvo que poner pie en polvorosa, so pena de enfrentar el juicio popular por su entreguismo sin limites al imperialismo norteamericano.
Para los analistas, no ha pasado por alto la similitud del conato fascista contra Chávez y la asonada militar contra Zelaya.
Según la investigadora venezolano estadounidense Eva Golinger, es el mismo guión: un Presidente secuestrado a punta de armas de fuego, unos medios de comunicación que manipulan los sucesos y luego un empresario que se autonombra “Presidente” en una ceremonia aplaudida por la llamada “sociedad civil”.
Las fuerzas conservadoras -léase estamento militar formado en la academia de West Point, la burguesía local y el clero católico- no le perdonan a MEL (como llaman popularmente al mandatario hondureño) que haya incorporado a Honduras en la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), darle voz a los pobres, y manifestar públicamente su amistad con La Habana, Caracas, Managua o La Paz, entre otros asuntos.
Hoy Venezuela, junto a Cuba, Bolivia, Nicaragua, Dominica, Antigua y Barbuda, San Vicente y las Granadinas, Ecuador y Honduras forman el núcleo de la nueva América que resurge en el ALBA, que extiende sus objetivos hacia más justicia social, mayor acceso a educación y salud gratuitas, seguridad alimentaria y energética para todos.
En las calles de Tegucigalpa, en un casi referéndum al mandato de Zelaya, los hondureños defienden también la pertenencia de su país a ese nuevo modelo de integración regional, la continuidad de la Operación Milagro de rehabilitación oftalmológica, los planes de Petrocaribe, el programa de alfabetización y otros tantos que ayuden a trasformar al segundo país más pobre del Hemisferio.
Esos son los grandes problemas que en su Proclama de este sábado, horas antes de regresar, mencionó Zelaya como los retos llamados a solucionar por esa revolución ciudadana del siglo XXI para mitigar la desigualdad en esa nación de algo más de siete millones de habitantes, de ellos el 59.2 por ciento por debajo de la línea de pobreza y otro 36.2 por ciento en indigencia, de acuerdo con fuentes del Banco Mundial.
Por otro lado, las multitudinarias protestas en Tegucigalpa, San Pedro Sula y otras urbes en la Patria de Morazán evidencian un sorprendente nivel de conciencia política y cívica de los hondureños, quienes se resisten a que su esperanza sea secuestrada por militares golpistas que hoy se han prestado y están en complicidad con esa élite oligarca voraz, que “exprime y asfixia” a todo un pueblo, como lo subrayó Zelaya.
A pesar de los peligros de guerra civil, de la brutal represión del gobierno de facto de Roberto Micheletti (ya se contabilizan dos muertos, de acuerdo con fuentes periodísticas) y centenares de desaparecidos, heridos y detenidos, la nación hondureña no se amilana ni amedrenta, y al frente marcha su Presidente constitucional, demostrando gran valor personal.
En el plano internacional, ha sido contundente el rechazo de la comunidad internacional, presidida por las Naciones Unidas al golpe de Estado militar, el repudio universal al gobierno de facto de Micheletti, cuya farisaica actuación recuerda a Pedro, El Breve.
Sobresale por el otro lado la inoperatividad de la Organización de Estados Americanos (OEA) para impedir la ruptura del orden constitucional en América Latina y el Caribe, cuando el país afectado no es un estrecho aliado de Estados Unidos, a pesar del discurso “light” del Presidente Barack Obama y de su secretaria de Estado Hillary Clinton, pues Zelaya no es uno de sus disciplinados pupilos.
Esta dramática crisis política repone una vez más la urgencia de crear una genuina Organización de Estados de América Latina y el Caribe, como propuso Cuba en Costa de Suípe, Brasil, sin nefastas presencias extrarregionales, y con mecanismos capaces de impedir y derrotar efectivamente cualquier atentado contra nuestros pueblos.
Este zarpazo contra la democracia hondureña no pasará, pues, como expresó el propio Zelaya, parafraseando al extinto ex Presidente Salvador Allende, mucho más temprano que tarde, de nuevo, abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.
Como dijo Allende, los golpistas tienen la fuerza, “podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen... ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.





