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Coolhunter: El cazador de tendencias
Fuente: La Vanguardia

Me ha sorprendido un artículo de este diario en que se expone un perfil profesional que me ha llamado enormemente la atención. Se trata de los coolhunters o cazadores de tendencias, algo sobre lo que me gustaria saber más. He aqui un resumen:

Un loco moderno diseña unas camisetas y las vende en un mercadillo de Londres. Diesel las descubre, las vuelca en su colección y antes de año y medio se ponen de moda en los círculos más modernos. A partir de ese momento, en un mes Zara las masifica, y en otro poco tiempo más, H&M o Bershka las desgastan. Este ejemplo sitúa el lugar de trabajo de una profesión reciente y en plena explosión: la de cazador de tendencias. El coolhunter sabe detectar lo más nuevo y venderlo como futuro, pero necesita alguien que se lo crea y lo plasme. La caza de tendencias es investigación de mercado. Los principales clientes son las empresas de moda, pero hay de todos los sectores.

El sector está de moda, pero no es nuevo. La francesa Nelly Rodi da nombre a una agencia creada hace veinte años, que se dedica a "imaginar los productos y las marcas del mañana". Se nutre de expertos en marketing, estilistas, diseñadores, sociólogos y antropólogos, y de sus encuentros surgen los informes de predicciones de estilo de vida, de moda y belleza, y transversales (temas de inspiración, colores, materiales, estampados).

Synovate, presente en 46 países, se dedica a "saber lo que a la gente le gusta y por qué le gusta". Los observadores de Synovate salen a la calle con cámara y libreta en mano, dispuestos a observar. El trabajo de campo es el más habitual de los coolhunters: nos imaginamos a alguien que viaja por las ciudades más punteras del mundo, lee las publicaciones vanguardistas, y elabora ficheros sobre decenas de categorías que después procesa como previsiones de futuro. Pero el trendhunter sabe que cada sector tiene sus propias fuentes, y hay que mirar también en el cine o la televisión.

Como profesión, ésta es una categoría muy nueva. La mayoría de coolhunters son freelance: "Si estás bien colocado y haces informes buenos y completos, se pueden ganar más de 3.000 euros mensuales, o 600 euros la hora". Pero para mucha gente tampoco es una manera de ganarse la vida.
 
Y... ¿Porqué estudiar Antropologia? ¿De qué va eso?
Esa es una pregunta con la que me enfrento en multitud de ocasiones, ya sea en el ámbito laboral, del ocio o simplemente cuando conoces a alguien y le explicas a qué te dedicas. Normalmente suelo decir:
- "Bueno, queria estudiar una segunda carrera, así que cogí la guia de carreras de la universidad, y empezando por orden alfabético, en la letra "A" me encontré con Antropología, y luego ya no seguí buscando..."
Si hubiera empezado por atrás, como hace mucha gente con los periodicos, quizás ahora estaria implicado en el mundo de la Veterinaria. Pero como se trata de conocer un poco de que va eso de la Antropologia (que ni yo sabia cuando empecé), hay que decir que:

1) La antropología proporciona un saber específico sobre la realidad social, con un marco teórico y una metodología que le son propios. Aborda el análisis de los fenómenos socioculturales en sus contextos particulares desde una perspectiva global, holística, que atiende a todos los elementos relevantes implicados en su definición, al tiempo que los conecta con la dimensión universal humana presente en todas las culturas.

2) A lo largo de su trayectoria histórica, la antropología como ciencia ha desarrollado un marco teórico específico (principios, paradigmas, sistemas conceptuales, hipótesis, etc.) que, junto con una metodología propia (análisis cualitativo, trabajo de campo, observación participante) han ido conformando su cuerpo doctrinal. Además, al enfocar los problemas de nuestras sociedades desde nuevas categorías y perspectivas, la antropología plantea nuevas preguntas sobre los mismos.

3) La antropología ofrece una comprensión profunda y rigurosa de los fenómenos culturales, contribuyendo a aumentar el acervo social de conocimiento que, además de su indudable valor intrínseco, posee un enorme potencial de aplicación práctica, tanto desde la propia antropología (antropología aplicada) como desde otras ciencias.

4) El enfoque antropológico, aunque se relaciona e interactúa con otras disciplinas, ha encontrado un hábitat propio e independiente de estudio, que resulta muy eficaz a la hora de abordar fenómenos socioculturales de gran relevancia tales como: multiculturalidad, flujos migratorios e integración de minorías étnicas, nuevas formas de organización familiar, relaciones de género, cambios en el mercado laboral y transformación en el sistema de valores, que afectan a todos los ámbitos de la sociedad (formas de asentamiento, consumo, medio ambiente, sanidad, educación, política, relaciones empresariales y de mercado, etc.) y cuyo análisis se hace especialmente urgente en el contexto de secularización, globalización y cambio acelerado que caracterizan a nuestras sociedades.

5) Los licenciados en antropología disponemos de las habilidades y herramientas específicas necesarias para dar una respuesta adecuada a todas estas cuestiones, desde una perspectiva sui generis mediante perfiles profesionales como: cooperación internacional, desarrollo local, mediadores y dinamizadores culturales, intervención social, agentes de igualdad, planificación urbana, consultores turísticos, gestión del patrimonio cultural y etnográfico, promotores de salud, colaboración en medios de comunicación, asesores medioambientales, consulting empresarial, gestión y organización de recursos humano, investigación de marketing y consumo, etc. Sin olvidar el campo de la docencia dentro de los propios estudios de antropología, en el plan académico de otras disciplinas y en la enseñanza secundaria.

Bueno, como explicación no esta mal, ¿no?

 
Ser catalán hoy.
Creo que todo iria mejor si los políticos y los ciudadanos (pero... ¿es que los políticos no son ciudadanos?) hablaran el mismo idioma. Pero para comunicar, de momento, los profesionales. Uno de ellos, de los mejores, es un tal Andreu Buenafuente. Recientemente realizó una opinión, la cual comparto totalmente. Dice así:

" Yo soy catalán sí y sólo espero que las cosas vayan bien en todos los aspectos de la vida. Sólo espero (sigo haciéndolo cada día) que el ser humano o lo que queda de él, trabaje por un mundo mejor. Más justo, menos competitivo y excluyente con los que no tuvieron la suerte de nacer en un punto, llamémosle rico del planeta. Para desear lo que acabo de decir, uno puede ser catalán, gallego, croata, venezolano o de ninguna parte. Hay gente que no se siente de ninguna parte. Hoy, he empezado denominándome catalán a causa del enorme e incompresible chaparrón político que se ha desatado sobre nuestras cabezas, como si no hubiera temas importantes. Con motivo de la ya famosa propuesta del Estatut (que nadie ha leído), se ha recrudecido y hasta envenenado el eterno debate sobre nuestros DNI, los supuestos sentimientos de patriotismo y ese tipo de cosas que no nos importan a la gente de la calle. Dado que ésta es una sociedad mediática apabullante, los presuntos periodistas y sus grupos ejercen de jueces en lugar de informadores. Predisponen en lugar de servir las noticias.

Así es como se oscurece el clima y se cambian la palabra "debate", por "crisis" o "debacle nacional". La derecha se apunta al carro de la crispación y demuestra que no sabe vivir en la oposición. No tiene ideología. Sólo pretende recuperar el control del "chiringito". Y, para eso, cuanto más grande e incuestionable sea el "chiringuito" nacional pues mejor. A la derecha, le trae al fresco la modernidad y la evolución del estado. Si pudiera, ni se hablaría de éso. Como si callar, eliminara el problema. Los políticos, en general, enfocan los temas con torpeza, se les escapan de las manos y generan la inquietante sensación de que "tenemos un problema". Bueno, pues yo no tengo ni quiero tener problemas de este tipo. Yo exijo que el estado aplique todos sus mecanismos legales y reguladores para eliminar el conflicto de nuestra vida cotidiana. Somos libres. Nos gestionamos así y el miedo, el oscurantismo y los apocalípticos deberían estar prohibidos. Porque no es sano, ni moderno, ni democrático. Todos aquellos, los que sean, que aviven el fuego de la controversia, deberían verse en un espejo y contemplar sus aspectos de hechiceros de la tribu.

Si Catalunya quiere un nuevo estatuto, ¿qué vamos a hacer? Pues lo que dice la ley. Esperar a que el Parlamento español se pronuncie y considerar todas las declaraciones vertidas durante el proceso como un elemento más del juego democrático. De nada sirve juzgarlas por separado. De nada sirve ensalzar a los radicales, ni demonizar a los que discrepan, ni ridiculizar al gobierno. Bueno, sí. Sirve para cargarse al estado. Aquí, donde yo vivo, nadie quiere ofender a nadie. Nadie quiere enfrentamientos porque las heridas del pasado son demasiado dolorosas como para desear reabrirlas.
¿Unidad Nacional? Estaremos unidos si respetamos nuestras diferencias e identidades, conservadas con esfuerzo y alguna tragedia a través de los siglos. Si nos sentamos en una mesa a construir la España del siglo XXI, conseguiremos erradicar esa sensación de pantano agrietado que amenaza con llevarse por delante tantos años de poso común.

Los tiempos cambian y los pueblos que conforman el Estado español son más listos, avanzados y orgullosos. ¿Que hay de malo en eso? El orgullo sumado nos hará más fuertes. Nos plantará ante Europa como un pulpo de tentáculos rápidos y musculosos y no como un cangrejo con boina que camina hacia atrás y no ve el progresos aunque lo tenga delante de sus narices.

Soy catalán. Mis padres emigraron desde Andalucía tras una guerra fraticida. Mi jefe es italiano y vive en Madrid. Uno de mis mejores amigos es de Chamberí. Su hija nació en China. Mis parientes se reparten por Valencia, Murcia y Galícia. Mi compañera de trabajo nació en New York. Toda esa gente, ahora y aquí, pedimos políticos a la altura de las circunstancias que negocien nuestro futuro con sentido común y profesionalidad."


OLE

P.D. Buenafuente for president.

 
Reflexiones de un pseudo-poeta
Al empezar la carrera de Geografía conocí a una compañera muy especial. Tanto que, tras mandar a nuestras respectivas parejas a donde Fernando Fernán Gómez nos sugirió (si, si, allí), emprendimos una relación, bonita hasta en su final.
Hace poco, organizando los apuntes de la carrera para hacer sitio a los nuevos apuntes de la apasionante Antropología, encontré esto....

Se amaban.
se amaban al alma,
como surgidos de un sueño.

Se amaban a solas,
entre la multitud de las salas.

Se amaban al atardecer, en la facultad de medicina,
o en la soledad de una fría cocina.
Sobraban las palabras, bastaban las miradas...

Se amaban de noche, frente al mar,
o aislados del mundo dentro del coche.

Amor prohibido. Tenía que ser así,
difícil, como las cosas buenas.

Se amaban, es cierto.

Pues si no te ha gustado, imagínate lo que le pareció a su novio cuando se lo vio escrito en su carpeta...
 
Reflexiones de un ocioso.
Las tardes de espera en el dentista, además de ser largas y dolorosas, dan tiempo para pensar... y la oportunidad de escoger entre una amplia oferta editorial: Hola, Lecturas, ¡Que me dices!... y entre todas estas revistas, curiosamente, un cuadernillo llamado “Joves i participació a Catalunya”. Casualmente lo abrí por la parte “El temps dels joves”. Sorprendente...
Así te enteras de que durante el fin de semana, el 85 % se dedica a hablar con los amigos. ¿Y el resto? a) No tiene amigos. b) Sí, pero quizás no hablan mucho. El 75 % mira la TV, sin especificar que parte ve el canal satélite digital con una tarjeta pirata. Sigue en el ranking el ir a bares, con un 73 %, pero no dice en que estado salen de ellos. Me llamó mucho la atención que en posición destacada estuviera con un 36 % el “no hacer nada”, por delante de ir de marcha, hacer deporte, hacer el amor, practicar hobbies y juegos de mesa, conceptos todos ellos que se pueden llevar a cabo maliciosamente a la vez con una sola acción. Por cierto, me tranquilizó que el 32 % de los jóvenes hacen el amor durante el fin de semana (o sea, que de cada tres, uno debería caer algo, seguro). Cierra la tabla el asistir a reuniones religiosas (¿existen?) y políticas (con la mágica cifra del 0,7 %), porcentajes importantes teniendo en cuenta que la encuesta la hizo la Generalitat de Catalunya.
De todo esto podemos concluir que:
1) Vivimos inmersos en la cultura del ocio, (y no sólo durante los fines de semana).
2) Internet aun no nos ha separado de las relaciones humanas (entonces, ¿que haces leyendo esto aquí?).
3) Ya que uno de los argumentos mas utilizados reiteradamente por los jóvenes para no asociarse es la falta de tiempo, como justificante de ciertas actitudes no parece apropiado.
Con todo ello, son datos que hay que tener en cuenta en proyectos como, por ejemplo, la gestión de las a veces polémicas y discutidas zonas de ocio.