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Escrito te lo dejo
Disquisiciones variopintas sobre
la personalidad múltiple de un haragán
Acerca de
Soy yonki de la escritura y no entiendo nada. Y ya no quiero entenderlo. Vivo a gusto en la absoluta incomprensión. Escribo sobre ella, para pasar el mono y para entender menos.
Sindicación
 
Gracias, y hasta luego
Gracias por haberme leído y aguantado.
Gracias por el ánimo y el apoyo durante el puto ingreso de mi madre. Ya está en casita, contenta por ser libre y ansiosa de volver a la normalidad.
Gracias por visitarme sin conocerme y sin pedir nada a cambio.
Gracias por obligarme a escribir, aunque fuese tan poquito.

Y hasta luego, porque aquí cierro esté rincón.
Sin motivo, o con todos, no quiero escribir más sobre mí.
Tal vez vuelva con otro nombre y otra dirección, o tal vez no y sólo escriba ficción.

Mil gracias, Patio, Maktub, Canalla, Memphis, Lolita, pvg, brujita,... y todos los que me dejo.

No busquéis motivos, no los hay. Y si los hay, no quiero encontrarlos.

Mil besos, y hasta pronto, qué cojones.

Julio
 
Sangre, tubos, morfina y Navidad
Dicen que Madrid ha estado estos días vistiendo sombreros de luces. Capotes alargados y poco rimbombantes en la Castellana. Bombines ostentosos en Alcalá. Gorras horteras en otras calles. Bombillas navideñas.

Y yo no las he visto. Yo he ido mirando al suelo.

Dicen que en diferentes plazas y glorietas de Madrid se han instalado unos árboles cónicos de luces y plástico, muy altos y visibles. Unos parece que son bonitos. Otros son más feos. Y otros, horribles. Pero todos son muy altos y visibles. Y yo tampoco me he fijado. Yo... no he levantado la vista hasta la copa de esos árboles.

Al principio sólo era porque estaba gris y gris era lo que me rodeaba. Al principio la melancolía la causaba yo sin ayuda externa. Al principio... El día de Reyes mi madre ingresó en el hospital. En su cabecita hay una vena traidora, de pared débil cuando debía ser gruesa. Una de esas malformaciones que tienes porque sí, sin motivo aparente. Hace ya muchos años, la vena infame de morfología incorrecta se rompió.Y la sangre encharcó el cerebro, irritando las meninges y haciendo que toda la familia al completo nos cagáramos en todo. Hemorragia cerebral, se llama eso. Brutal nombre.

Si la cosa no se complica, la ingresan, la sedan y la sangre se va reabsorbiendo. Cuando termina el goteo, para casa. Una semana, diez días.

Siempre y cuando no se complique la cosa.

Si se complica, supone que... anatomía cerebral, clase 1: entre el cerebro y el craneo está el líquido cefaloraquideo. Esa viscosidad se genera en el propio cerebro, en los ventrículos laterales, y, formando un circuito, recorre diversas partes de nuestro coco y sale por el acueducto de Silvio, para perderse por la médula hacia la inmensidad de nuestro cuerpo. Si la sangre se mezcla con el líquido cefaloraquideo, puede coagularse en el acueducto de Silvio, obstaculizando el circuito. Los ventrículos siguen generando el liquido, pero éste no tiene por donde salir. Se hinchan los ventrículos. Presión en el cerebro. Y el paciente, mi madre, empieza a decir las mayores incoherencias posibles. Las estupideces más soberanas. Eso se llama hidrocefalia. En estos casos, hay que hacer que el circuito continúe. Así que le abren la puta cabeza por el lóbulo frontal (el que rige la personalidad, los movimientos precisos,..., en fin, lo menos vital de todo lo que rige nuestro cerebro, lo más factible de ser dañado sin que pase gran cosa... siendo el cerebro). Le meten un tubo directo al ventrículo. Y sustituyen el tramo del circuito que se ha quedado inútil. Y así, con un tubito saliendo de en medio del pelo, sucio ya, claro, le alivian la presión craneal. En unos días le quitan el aparataje. En unos días, el coágulo debería haber desaparecido. Reposo y a casita. Si no ha desaparecido, si se ha encostrado y se queda perenne, tienen que operarle y ponerle el mismo aparataje, pero interno. Ingeniería médica.

Y esta vez, viva el 2008, se ha complicado, como la anterior, que fue hace ya cuatro años, hace ya tanto que casi se nos había olvidado. En aquella ocasión, como secuela de tocar el lóbulo frontal, le quedó un tembleque en la mano izquierda, como si tuviera parkinson. Que eso sea todo lo que le deje ahora.

Hay varias maneras de intervenir la malformación de mi madre. Embolizar, radiocirugía,...pero por lo visto, en su caso, malditas sean las estadísticas benevolentes que te hacen ser excepción, la única opción viable es demasiado agresiva como para que mis padres, médicos ambos, accedan. Así pues, a esperar que no le vuelva a pasar. Mejor eso que quedarse muda, dice mi tía. Yo ya no sé que es peor o mejor. Yo ya no sé qué cojones es esta mierda de la Navidad.

Son las 10 de la mañana de un 7 de enero festivo porque el día de Reyes cayó en Domingo y yo estoy escribiendo antes de volverme al hospital. A la UVI. A ver a mi madre con los ojos cerrados y con un tubo emergiendo de entre el pelo y terminando en una bolsa de plástico. Y mi madre se ha portado bien este año. Malditos seáis, Melchor, Gaspar y Baltasar.

Éstas eran mis vacaciones.

Y yo que creí que los años pares eran mejores. Y yo que creí que mi tristeza estaba excusada. Menudo gilipollas.

 
Free Time
En el pleno éxtasis alcohólico que se antoja imprescindible en una buena Nochevieja veinteañera, Memphis me recomendó que siguiera escribiendo aquí, pero que variara el tema. Tengo que variar mi vida, le respondí yo, balbuceando aún más que él y derramando parte de mi ron-limón sobre el suelo ya pringoso de aquel tugurio.
Estoy de vacaciones y no estoy haciendo nada en absoluto. Entre mi penuria económica, mi apatía congénita y la falta de socios de asueto, no se me presenta ninguna opción interesante para aprovechar este tiempo que se dilata, este tiempo que supuestamente me he ganado con el sudor de mi frente. Dos años sin vacaciones, y ahora que las tengo no sé qué hacer con ellas. Estamos apañados, que diría mi madre, sonriendo condescendiente y rebosante de ternura.
El día ocho vuelvo al tajo. El fin de semana que se avecina me iré al pueblo a pasar Reyes con mis primos. Pues ya ves tú qué planazo. Me lo pasaré bien, está claro, pero no es lo que yo querría hacer con mis diez días de descanso laboral.
No estoy haciendo nada, y es que no me apetece hacer nada.
Estoy sumido en una espiral de desidia que hace que los días no se diferencien entre sí.
Y soy plenamente consciente de ello.
Y no hago nada por despojarme de esta pesada armadura que impide mis movimientos.
Cuando el tiempo me falta, me escudo en ello para justificar mi haraganería.
Cuando el tiempo me sobra... me ahogo.
Me voy a apuntar a clases de natación.
Mira, ya escribí sobre otra cosa, ni sobre ella ni sobre lo gris que es el mundo. Sólo sobre lo gris que soy, que estoy.
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