logotipo

img_google
Escrito te lo dejo
Disquisiciones variopintas sobre
la personalidad múltiple de un haragán
Acerca de
Soy yonki de la escritura y no entiendo nada. Y ya no quiero entenderlo. Vivo a gusto en la absoluta incomprensión. Escribo sobre ella, para pasar el mono y para entender menos.
Sindicación
 
Solo
En tu ausencia, terminé exámenes y lo celebré varias veces. Tampoco es que me haya matado a estudiar, pero no me hacen falta muchas excusas para celebrar nada. La ley del mínimo esfuerzo correspondida con una fiesta incombustible, inmerecida pero también necesaria.
En tu ausencia he salido con compañeros de clase, con mis amigos de siempre y con colegas reencontrados. En tu ausencia he follado con una colombiana; he visto de gratis conciertos por los que la gente pagaba; me he puesto de un perico exquisito pero demasiado caro; he bebido ron del bueno y del malo, cerveza caliente y sin espuma en un césped, al sol y rodeado de chicas con poca ropa y tíos con rastas y tatuajes en el pecho, y también he catado tercios de Heineken en una terraza del centro de Madrid, con jóvenes bohemios y puretas exprimidoras de domingos; y he pensado en ella, en la que fue la chica de mi vida hasta hace poco, hasta que decidí y luego explicité que aquella no era la vida que yo quería.
Han sido cuatro días en los que sólo descansé uno; he estado obcecado en recuperar la vida social robada por los exámenes, que me han hundido en una eterna reflexión cuando lo que mi cabeza requería era hiperactividad para no pensar y pensar y pensar.

El martes firmé mi último examen, volví a beber calimocho como cuando tenía 16 años y a las 15:30, mientras la gente comía en mangas de camisa, a mí me dejaron en Alcorcón a ver si encontraba un lugar en el que pillar porros para fumarme los conocimientos adquiridos durante mi vago estudio. Suelo terminar bien esas aventuras fumetas. Me acogió el primer árabe al que pregunté, guiado yo como siempre por esa flor que tengo tatuada en el culo. Me engañó el tipo diciéndome que sólo me iba a guiar a un sitio que conocía, que él también fumaba y que la cosa estaba muy mal. Solidaridad fumeta. Por el camino hablamos de mi carrera y de su estancia en la cárcel. Me sonreía con sus dientes grandes y amarillos, y sus ojos apagados no se resignaban a seguir mirando, hundidos en su cara morena y chupada. Al final fue él mismo el que se rebuscó en los calzoncillos y me dio 20 euros largos y ricos. Me dijo que de primeras no me había dicho nada porque bien podría ser yo un espía. Las gafas de sol, le dije yo riendo, y me las quité, y el moro comprobó como mi mirada curiosa pero todavía soñadora como la de un niño nunca podría ser la de un espía.
El miércoles una amiga cumplía años y había conciertos gratis en la Complutense. Fui con otra amiga y la cumpleañera se vino también acompañada, por otra fémina, nacida en Bogotá. No vimos los conciertos, pero los oímos entre trago y trago de ron, hasta que nos fuimos a la caza de bares abiertos. Un miércoles. Un miércoles que no terminó hasta las 11 de la mañana del jueves, cuando me despedí de la colombiana, después de haber compartido un largo amanecer bajo unas sábanas que no nos pertenecían.
Ese jueves, claro, sólo pude descansar, desoyendo planes cerveceros y tertulias estivales, molidas las piernas y un poco el hígado.
El viernes, en tu ausencia, cenita con los de clase para celebrar el fin de exámenes. El que es mi mano derecha en la facultad y yo pillamos farlopa. Gran noche la de aquel día, en la que empezamos comiendo cosas indescifrables en un chino, bebimos en la calle unas botellas que le compramos ilegal y económicamente al mismo chino, cerramos La Ofrenda en Malasaña y terminamos la droga en un portal cualquiera. Una compañera de clase decidió unilateralmente que aquella era la noche perfecta para tirarme los trastos, y, armada de paciencia y esperanza, no cejo en su empeño hasta que el alcohol terminó por dominar sus sienes. Cierto es que yo puede que la hubiese dado pie días atrás, porque a todos nos gusta sentir como crece nuestro ego cuando vemos que hay alguien que nos mira con ojos que quieren y nos habla con boca que desea. Es rastrero, es ser un calienta pollas, algo que yo siempre denigro. Hacerla creer, sin querer, que su interés por mí no caerá en saco roto, pero sólo porque me halaga. Lo hice mal y ella no supo parar de intentarlo. Mi pedo se fue al garete y yo me fui a casa, recriminándome mi actuación y sintiendo lástima por la muerte de un pedo divertido y por la desilusión de mi compañera.
El sábado vi música en directo, oí a La Excepción rimando y vacilando, bailé electrizado cada acorde de la guitarra de Muchachito y mis piernas me siguieron doliendo hasta el domingo por la mañana, tanto por los esfuerzos que hice el miércoles entre los brazos de una colombiana como por los botes que di el sábado entre ritmos de bombo.
Ayer, domingo, todavía en tu ausencia, decidí terminar la semana fuera de casa. En las Comendadoras, ante un par de Heinekens frías, me enteré de que los que no fueron conmigo a bailar rumba salieron a dejarse atrapar por el techno en algún garito de Madrid. Me enteré, el domingo, con el cuerpo en horas bajas y la cabeza con andamios, que esos amigos se encontraron con esa chica con la que viví hasta hace muy poco. Me enteré, el domingo, mientras vaciaba un par de botellas verdes y rememoraba las mejores jugadas de los últimos días, que mis amigos habían estado toda la noche y parte de la mañana con ella, bailando con ella, hablando con ella, drogándose con ella, riendo con ella. La vida sigue, y de qué manera.
En tu ausencia, en una terraza cara de la que al final nos fuimos sin pagar, me trastorné escuchando el devenir de la noche, imaginando los pensamientos de la chica a la que mejor conozco cuando se encontró con mis amigos y cuando decidieron unir fuerzas y borracheras y hacer la noche todos juntos.
En un momento en el que imperan las dudas en mi cabeza, cosa normal, digo yo, éstas se potencian cuando pienso que me hubiera gustado verla por un agujerito, comprobando como es capaz de pasárselo bien y seguir siendo reina de la noche aun estando acompañada por mi recuerdo en forma de personas casualmente encontradas.
No existen las casualidades, sino las causalidades, me dijo el viernes noche, entre tiro y tiro, mi compañero de penurias en la uni, sorprendido de que yo no conociera esa frase.
En tu ausencia me han pasado todas estas cosas. He reído, he bebido, he follado, he pensado, he esnifado, he besado, he llorado, he hablado, he discutido, he tropezado, he bailado, he recordado, he fumado, he añorado, he creído, he confiado, he dormido, he trasnochado, he dudado y me he convencido.
En tu ausencia.

Joder, ¿dónde coño estabas?

Etiquetas:     
 
Comentario:
Se me olvidó firmar.

XDDDDD
 
Comentario:
Cuánta vida va, cuánta vida viene..., eso canta Pastora en mis cascos, eso pienso yo al leer tu post.

Estás viviendo, viviendo mucho, bien, mal a ratos, pero sobre todo viviendo. Considerate afortunado. A pesar de las ausencias y todo lo demás. Todo es vida.

Kissxxx
No