Todo esto viene, claro, a que el otro día fuí al dentista. Tiempo hacía, mucho, demasiado, sí, soy lo peor, que de dientes sólo tenemos un juego, porque el resto es de pega (los de leche también son de pega, aunque vengan de serie), pero bueno, qué le vamos a hacer, soy un inconsciente que no cuida su aseo dental. En la consulta, regentada por una familiar con la que no sé que lazo me une pero que es familiar, por lo que hay preferencia, espero hojeando el Diez Minutos, viendo a David y Victoria en L.A., leyendo como Elsa hace de guía para Adrien, curioseando en la última fiesta de Paris y metiéndome en la casa de Isabel, hasta que la asistenta, enfermera, o cómo se llamen, me hace entrar. Como me han colado en la lista de espera, mi tía decimotercera está liada con la boca de algún otro desgraciado, por lo que es la asistenta (dejémoslo así, yo qué sé) la que empieza con mis fauces.
Pelo rubio platino, labios carnosos rosa clarito, tez blanca y porosa, ojos grandes, oscuros y penetrantes, estatura media, peso medio, manos estilizadas, un par de anillos (¿alianza? me quedo con la duda), dientes perfectos, claro, nariz pequeña y rechoncha, cara redonda, e instrumental de verdugo molar en sus dedos. No es espectacular, pero… vaya, me pone.
Será la bata, será el punto de psicópata que encuentro inherente a cualquier profesional de la dentadura ajena, o será que la postura de yo tumbado y ella sentada inclinada sobre mi boca me pone cachondo al ver los ojos enormes tan cerca de los míos, tan cerca como cuando voy a besar, tan cerca como cuando susurro, tan cerca como cuando follo.
Pero, joder, estoy en el dentista y esta perra está torturando a mis 32 colegas dentales. Se me ocurren cosas que decirle, pero entiendo que, con el aspirababas sujetando mi labio inferior y el minitaladro en algún punto indeterminado en mi boca, si intentase hablar, parecería una cría de orangután pidiendo comida. No pretendo ligármela, qué chulo soy, pero el flirteo siempre es divertido, así que me ofusco por no poder siquiera decir “qué calor hace”.
Cuando termina mi tía con el infeliz de la sala vecina, que sale por el pasillo gimoteando (no, qué va, pero me hubiera gustado), sustituye a la asistenta, a los ojos en los que me he perdido, intentando olvidar el dolor, que hace que la anestesia parezca CocaCola. Mi motivo de inspiración sale de la consulta y mi tía toma las riendas del asunto. Esto sí que es dolor. La rubia me hacia cosquillas.
Terminada la operación, sintiendo la boca como si fuera Bubba, el colega de Forrest Gump, babeando sin ser consciente, escupiendo en la pila y luego combatiendo contra un hilo de baba que sólo se rompe a manotazos, salgo de la sala. En recepción, la rubia me tiene que dar cita para otra sesión de tortura bucal. Le digo que me haga las cuentas de lo que debe mi madre (todo queda en familia), y ella se lía con la calculadora, reiniciando la suma un par de veces. Lucho ferozmente por no pensar en aquello de “las rubias no somos tontas”, y justo ella dice “pues estoy yo buena hoy”. Y claro, yo ya no me puedo aguantar, me lo ha puesto a huevo, que se dice. Me sujeto la mandíbula, que como no la noto pues no sé en qué situación la tengo, me centro en sus ojos que luchan con la calculadora, y apunto “tú siempre estás buena, mujer”. Ella ríe quedo y hace amago de levantar la mirada, pero se contiene y se queda mirando la pantallita de la calculadora, con cara de no saber si le tenía que dar al más o pulsar otra cantidad a sumar. “Era demasiado fácil”, suavizo, y me voy con las cuentas en orden, con una sonrisa y un hasta luego que espero quedasen flotando un ratito en la recepción para que la rubia simplemente pensara “qué tío”, aunque fuera con aire tierno, en plan “lo que hay que ver”.
P.D.: seguro que lo que se quedo flotando fue mi cara de imbécil con la boca en coma y alguna babilla recorriendo silenciosa el mentón. Seguro… ¿y qué?
A ver si un día quedamos y nos vemos, he leido los post atrasados, y veo que todo va viento en popa. :D
Un Besazo enorme y cuidate...
Vivir es aprender...
Mola. Porque imagino cada gesto de tu cara y postura según estoy leyendo el post y en fin, me rio yo sola, jejeje.
KissxxX.
Y por cierto, esa rubia "asistenta" es la higienista dental, para que ya no se te olvide.
Un abrazo y gracias por este rato.





