De todos esos oradores supuestamente expertos en una o varias materias, sólo uno se merece el calificativo de “mi mejor profesor”. Sólo uno se ha ganado un puesto privilegiado en mi memoria. Sólo uno, creo, ha contribuido en algo a ser quien soy, lo cual tampoco sé si es algo meritorio, pues no estoy seguro de si tal y como soy estoy totalmente aprovechado. Pero, de nuevo, qué más da, el resultado importa poco. Lo que debe prevalecer es que alguien ajeno a mi familia o a mi entorno social elegido ha sido fundamental en mi formación como individuo.
De nombre Gerardo Sanz, y su materia, Sociales. Fue mi profe en el King’s College, un centro bilingüe ubicado en Tres Cantos, Madrid, que había conseguido establecerse como una burbuja en medio de la más común realidad hispana. Yo estuve buceando en esa burbuja de paredes rugosas desde 4º hasta 8º de EGB. Uniforme, normas inglesas, camisa por dentro y buenos modales, respeto (¿miedo infantil?) total al profesorado… la imagen por encima de todo, qué más da la calidad de la enseñanza. El inglés que sé se lo debo al King´s, pero nada más. Mi formación allí sólo se la debo a mis amigos y al profe de sociales. El profe de sociales, nunca le llame así. Era en cuarto cuando empezábamos a dar Sociales, y de ahí para adelante unos cuantos años. Era profe nuevo para todos los de la clase, no sólo para mí, recién llegado. El primer día nos dejo claro que él era Gerry, no Mister Sanz, que era como habría que llamarle en el King´s. Estaba Mister Howards, Mister Anderson, Miss Kearns, Miss Hitchock,… pero él no quería ser Señor Sanz. Nosotros le reímos la gracia, hoy entiendo que era de todo menos gracia.
Era cojo, motivo fácil de mofa para mocosos. Su pierna izquierda terminaba en un zapato con plataforma, no así el derecho. La enfermedad o malformación esa tiene un nombre, pero me da igual, me dio igual. A los dos días ya no nos reíamos de su cojera. Buscábamos de qué reirnos sin llegar a encontrar ningún motivo de burla en aquel profesor que nos trataba de tú a tú y que cuando enseñaba algo relacionado con Reino Unido nos hablaba de “nuestros primos los ingleses”. Se apoyaba en un bastón, siempre el mismo, de madera oscura y barnizada, desgastada en la agarradera, sin pomo y con una calza de goma en la punta. Tenía la cabeza en forma de bombilla, otro motivo de chiste, estrecha la barbilla y ancha la sien. Gafas grandes, de montura de plástico transparente, poco pelo y cortito, y barba cana de tres días, entonces creí que de guarro, hoy entiendo que era una rebelión contra la imagen. Como lo era el hecho de que él también fuera a clase con el mismo uniforme que los alumnos. Jersey fino azul oscuro con cuello en punta, corbata y pantalones de mismo color, camisa blanca, y zapatos oscuros, pero no marrones. Este tío está loco, reíamos, inocentes. Era la austeridad personificada
Él me enseñó a tomar apuntes, a saber estudiar de un libro. Él me explicó que escribiendo se estudia mejor que sólo leyendo, y a base de subrayar y marcar y señalar en el libro de texto me quedé con cómo sacar ideas importantes y de ellas tirar del hilo para que el resto llegue laxo y ordenado. Pero también me mostró que la confianza es un regalo que si lo pierdes la jodes, aunque no irremediablemente. Me hizo valorar a mis iguales, sin permitir nunca una burla a un compañero, y me incitó a ver más allá de las primeras impresiones, haciéndome comprender siempre sus decisiones. No dudé nunca de su justicia, aún siendo yo el juzgado, y eso que cuando eres niño sólo puedes concebir que lo que ocurre es un atropello, que tú eres bueno por naturaleza y que son ellos, que te tienen una incomprensible e infundada manía. Nos hizo trabajar y estudiar duro, pero no descuido nunca con quien estaba tratando. No nos trataba como a niños de 11 años, sino como a adultos de los que se debía esperar actos adultos. Me descubrió la nemotecnia y me hizo preguntarme cosas. No sé porqué no me olvido de un día, sería cuando la guerra de Kuwait, que nos dijo que “no hay que preguntarse porqué se hacen la guerra unos contra otros, hay que preguntarse quién les da las armas”. No sé porqué, no se me olvidará nunca. Como tampoco se me olvidará la expedición de Cortés a México, narrada por él, dejando a un lado el libro de Santillana. Pequeños recuerdos que no forman a una persona, pero sí forman a Gerry, el único maestro que he tenido de entre toda una retahíla de profesores. ¿Qué hacía en un colegio como aquel? Era una isla, un tipo que prefería educar y hacer crecer a niños bien predestinados a la superficialidad.
Se murió el viernes. La última vez que le vi fue en una cena que organizaron mis compañeros, tres años después de que yo me hubiera ido.
Diez años sin ver su bastón, sus gafas, sin oír su ironía y sus consejos y lecciones, y aquí estoy llorando como un imbécil. Me llamó Nacho, mi inseparable Nacho en aquel cole, el sábado para decírmelo, y yo le pedí que se enterará de donde era el entierro. Había sido esa mañana.
Gerry se ha muerto sin que yo le explicitase que ahora sigue siendo isla, ya no en el King´s, pero en mis recuerdos. Seguro que él sabía que nuestros años de alumnos con él de profesor quedarían forjados en nuestros cerebros. Lo sabía seguro, no por vanidad, sino por conciencia de lo que era. Un cojo feo y con aspecto sucio, con pinta de solitario, y con una increíble capacidad para hacer pensar al prójimo. Me he enterado con los años que sus veranos los dedicaba a ir a Sudamérica a dar clase. Toda la vida dando clase. Joder. Él no daba clase, el hacía personas, y lo hacía en un colegio pijo de Madrid o en un arrabal peruano.
Algún amigo lo vio alguna vez en una piscina cubierta del Barrio del Pilar, con su pierna pocha desnuda y a la vista de algún alumno inesperado, haciendo largos y largos sin parar.
Un cáncer se terminó de comer el resto de su cuerpo. Yo ahora lloro, deseando que no muriera solo, que no pasara sus últimos días en la mísera soledad, porque no habría nada más injusto y yo me sentiría culpable, inútilmente culpable. Con lo mucho que le debe mucha gente, consciente (la mayoría) o inconscientemente (los que iban de malos y eran sólo tontos), ese hombre tendría que haberse muerto con unos cuantos cientos de lágrimas cayendo con él. Otro héroe silencioso.
De todos modos, culpable ya me siento, porque, es obvio, no le dije nunca “Gerry, eres el mejor profesor que he tenido nunca, de largo”.
El primer día de clase nos dijo: “Ya veréis como llegará un día en el que no me veréis como a un profesor, sino como a un amigo”, y nosotros nos reímos y comentamos lo absurdo de la afirmación Y, ya ves, es el primer amigo que se me muere.
Un abrazo
Elena
Es emocionante. Es sorprendente. Es halagador. Es... la leche. Aunque sé que no es por el texto, sino por el que lo motivó.
Y lo de la hija de la gran puta (no tiene otro nombre) esa que le acusó de semejante estupidez... qué asco. Jamás me lo creería de un tipo como Gerry.
Y por si podéis ir: me llamó el Señor Lage para comentarme que el día 29 de abril a las 18 horas habrá un homenaje a Gerry en el colegio. Yo iré, y probablemente me toque leer el post.
Quien me lo iba a decir a mí, que sólo escribí porque nunca pude decirle todo eso a la cara.
Gracias a todos!
Julio Teruel.
Yo sí mantuve contacto con él después de salir del colegio. De hecho, el dia de su muerte fue una agonía..no podía parar de llorar porque no estaba en Madrid y no pude ir ni al entierro ni al funeral. Un mes antes de su muerte estuve con él...parecía muy interesado en mi vida, en mis planes de futuro....más que de costumbre. Luego me enteré por el Sr Lage que para entonces él ya sabía el tiempo que le quedaba de vida. Por lo visto se había dedicado a quedar con todo el que había podido (imagino que para despedirse a su manera). Pero...qué injusto!! Yo quería haber sabido todo, y haberle acompañado en esos momentos...haber aprovechado más de él, haber conocido más de su pasado...Qué lección de fortaleza y humildad...
Para los que no lo sepais, su último año en el colegio fue muy malo. Me lo contó él en persona. Debido a una injusticia de la vida y a esas chorradas que ocurren ahora en los colegios, parece ser que una niña (estúpida...perdón, no puedo evitar el comentario) le acusó de haber querido abusar de ella. Incluso gran parte del colegio se puso en su contra y quisieron "prejubilarle"...Yo guardo muy buenos recuerdos del colegio, pero cuando me acuerdo de todo esto que me contó Jerry, de lo mal que lo pasó, de la humillación que fue para él pasar por ese trago...no puedo evitar sentir repugnancia ante tal agresión a una persona que lo había dado todo por este centro y sobre todo por sus alumnos.
Un tío con 5 carreras (si no recuerdo mal), que podría haber llegado a donde él hubiera querido a nivel profesional, y ahí estaba, formando personitas.
Ahora me quedo con todo eso que comentais vosotros, con cómo nos enseñó a estudiar, con cómo nos trataba, con sus expresiones que recordaré toda la vida.
Un abrazo
Zeltia (promocion del 97)
Que sepas acabo de enviarselo al Lage para el evento que se celebrará en el Kings el 29 de abril de 2008 a las 18 horas
¿Podemos saber por lo menos de que promoción eres?
Saludos
L
creo que todos los que le conocimos nos acordaremos de él el resto de nuestras vidas.
"mi libertad son mis conocimientos"
Un saludo.
Siempre admiro a los maestros que viven para dar clase, a los que le gusta enseñar y saben ver en ti lo que serás en un futuro. La pena es que no haya más como ellos y, por eso, se queden en una "isla", sin saber muy bien si son comprendidos o no.
Un abrazo.





