Siento no haber dado señales de vida, no haber pulsado teclas para construir esas historias que sólo cuando las veo rematadas con un punto y final alcanzo a comprender. He estado ocupado, cierto, pero nunca tanto como para no forzarme un poco a sentar mi culo frente al ordenador. Soy vago y estoy disperso, así son las cosas, así os las cuento yo.
De repente, tengo un trabajo cómodo pero de responsabilidad, de esos que sin que te des cuenta empieza a monopolizar algunas de tus conversaciones. Nunca hablaba de mi trabajo, pero ahora lo encuentro recurrente por interesante y divertido. Y eso me produce sentimientos contradictorios. Por una parte, me da rabia pensar que me ocupa tanto tiempo que me cuesta arrinconarlo en mi cabeza una vez concluida la jornada laboral. Como un cachorro con el que juegas un rato, que luego no quiere dejarte tranquilo. Pero como no muerde… Y por otra parte, pues qué coño, creo que es difícil encontrar un curro que no te haga odiar al tipo que inventó el sonido del despertador. Así que, ahí estoy, inmerso en esa paradoja. Siempre encontré patéticos a los que no consiguen desconectar después del trabajo, y ahora me veo enchufado y no a disgusto por ello. Qué cosas…
Y como ahora tengo un trabajo que me da dinerito, pues me he ido de casa ya por fin. Una habitación libre por un año en la casa donde viven mis amigos de siempre. Y allá, aquí, que me fui, que me vine. Escribo ahora en un ordenador que no es el mío porque ya se sabe, las mudanzas en realidad no terminan nunca.
En un principio no las tenía todas conmigo, que la convivencia es dura y puede pudrir las mejores relaciones, pero me vine, confiando, niño, en la amistad, y también sabiendo que en un año me tocará buscar casa, por primera vez en mi vida, que hasta ahora las casas se me han ofrecido como palacios a los príncipes. Porque tengo una flor en el culo que no riego pero que se empeña en mantenerse fresca. Un trabajo y una casa que aparecen cuando tenía que empezar a buscar un trabajo y una casa. El tema es que me causa un cierto desasosiego el hecho de que el azar me regale oportunidades que no tengo yo tan claro que me merezca. En fin, eso es otra historia, que será contada, claro, pero no sabemos cuando.
Y entre unas cosas y otras, pues me creo más saturado de lo que en realidad estoy.
Podría escribir mucho, sobre el trabajo y sobre vivir aquí, en esta calle antigua del centro castizo, yo que vivía en calles anchas en el centro empresarial. Podría también intentar reconstruir mis constantes monólogos internos, que versan mucho sobre mis ansias sexuales que luego resulta que no son tantas como yo me esfuerzo por creer. Cuando consigo tenerlo a huevo con alguna, pues me deja de apetecer. Es curioso. No me conozco, o sí, la verdad, que tampoco es algo tan nuevo. Follar por follar, pues resulta que como que no. Pero yo me ofusco y digo no, no, no, quiero follar más y más. En fin, esquizofrenia, tratar de imponerme un carácter que no parece el mío.
Así que nada, ya os iré contando, espero que de una manera más periódica, aunque no prometo nada. Mi mundo debería de estabilizarse en breve, así que tendré menos excusas.
Esta noche quedaré con los novios que ya no lo son porque son marido y mujer, que volvieron de un lugar llamado Islandia y aún no he visto, ni a ellos ni a Islandia, claro, y no les he dicho que qué gran boda la suya. La volveremos a liar recordando y bebiendo y fumando y riendo y vacilando y quien sabe si esnifando, es probable, y entonces tendré que volver a quedar con ellos dentro de un par de semanas, que al final será un mes, para decirles que qué gran noche aquella. Y así una y otra vez, y cada vez más divertido.
Muchos besos, fieles lectoras. Me quito el sombrero que nunca llevo como muestra de agradecimiento por vuestra atención, cuando yo os cuido poco porque soy egoísta y no hay más que hablar. El egoísmo. Otro tema que hace que me hierva la cabeza de repente, intuyendo el jugo que le podría sacar si encontrara la historia correcta. Y luego no me pongo a buscarla, y espero que, como el trabajo y la casa, me llueva del cielo. A tanto no llega mi flor en el culo, parece.
Tú mismo.
Y es verdad, siempre lo pienso, y siempre hacierto. Cuando pierdo el tren en el metro, me da rabia, pero siempre me digo:- Seguro que el próximo es nuevo y hay menos gente apiñada... Y Zas!!Exacto!!
Gracias por dedicar parte de tu tiempo y letras a esas lectoras... :)
Disfruta de la vida...
Lo bueno se hace esperar siempre...
No te preocupes por tardar en escribir. Los que te seguimos te leeremos siempre, porque simplemente es un placer.
KissxxX
Un abrazo.
Por cierto, esa flor en el culo que la verdad es que me intriga, ¿será como tener estrella?
Aprovecha...
Me alegro que la vida te sonría.
Un abrazo.





