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Escrito te lo dejo
Disquisiciones variopintas sobre
la personalidad múltiple de un haragán
Acerca de
Soy yonki de la escritura y no entiendo nada. Y ya no quiero entenderlo. Vivo a gusto en la absoluta incomprensión. Escribo sobre ella, para pasar el mono y para entender menos.
Sindicación
 
Borracho Ulises
Y desciendo del autobús agarrándome bien a la barra. Con los pies ya sobre el asfalto, resoplo mientras me adapto a la nueva superficie y a su quietud y busco el tabaco para encontrar el paquete vacío. La boca pastosa, un mechero sin gas, un Fortuna sin fortuna y ella esperándome en un bar en el que nunca he estado en una calle que no conozco. Ella no sabe que voy. Sorpresa, sorpresa, que me quiero ganar tu cariño e ilusión una vez más. Por teléfono la he balbuceado, no por dudas, sino por el alcohol ingerido, que no iba a ir hasta allí con este pedo, que ya nos veríamos mañana. Ella, sin mostrarse resignada pero tal vez estándolo, ha dicho vale y hasta mañana y aquí estoy con Marina tomándome algo, duerme bien que mañana nos vemos. Sólo al colgar me he dado cuenta de que sí que iba a ir, cual caballero andante. A falta de rocín níveo, he cogido el autobús bermellón, pero sólo por el salto generacional, no por otra cosa, válgame Dios, que si por mí fuera elegía como transporte la más gallarda de las monturas. Madre mía, qué locuaz estoy, qué vocabulario manejo, será por el ron.
Y otra cosa más que mascullo, porque ya habré pensado en quince millones de cosas a lo largo del trayecto, y ninguna trascendente, como debe ser a estas horas. Los viajeros que me han acompañado en esta mi romántica gesta no me han dicho gran cosa, encogidos en sus asientos de plástico, mirando sin mirar por la ventana, que bien podía ser una pared. Buscando sacar historias de sus apáticas caras, sólo he encontrado pasados vacíos y presentes anodinos. Así de Gulliver me he sentido mientras surcábamos Madrid engullidos en el 120, que a su vez era engullido por el Madrid nocturno, que es sin duda el más bonito de todos los Madrid. Del centro a Hortaleza, de mi borrachera malasañera a un barrio donde espero despertar. En busca de un bar nuevo, en una calle que hasta hace media hora no existía para mí. El ron tomando posiciones en mi hígado y en mi estómago, y mi cerebro sin procesar que tal vez cuando llegue a mi destino éste ya no esté, que tú ya te hayas ido, porque no me esperas, o eso creo. Total, ella no sabe, o creo que no sabe. Pero ese pensamiento pasa fugaz, porque se me antoja demasiado entrañable mi impetuosa decisión como para que no se vea recompensada con esa cara de satisfacción que sólo yo conozco… o eso espero. Me sonrío por ese coletazo de mi monólogo interior, porque sé que soy el único que ha visto ciertas caras de ella, pero me gusta pensar que tal vez no sea así. Así estoy alerta, al quite, dispuesto a demostrar que sólo yo merezco esa cara. Eso es estar en pareja: estar atento siempre, no relajarse. Como una partida de ajedrez cuyo objetivo no es hacer caer a un rey, sino mantener al monarca blanco con vida y a la reina negra con vida para darles la vida a los dos. Menuda paja mental me acabo de marcar. Debería escribir todo esto.
Camino por calles mal iluminadas, de casas de un solo piso, paredes encaladas, verjas en las ventanas, patios con ropa tendida y sillas de plástico, enredaderas constriñendo vigas de hierro. La calle asciende y yo con ella, y estoy sin tabaco y sin mechero y con un pateo por delante, si me he orientado bien y mis cálculos no son erróneos, que con el pedo que llevo puede salir el sol y yo aún estar deambulando convencido de que sé dónde voy.
Suena música en mi cabeza.
No es en mi cabeza.
Alguien canta detrás de mí, de madrugada, en una calle perdida en un barrio alejado, con poca luz y menos vida.
Es una mujer, joven, y no sé en qué idioma está cantando, aunque bien podría ser el mío.
No me giro, no vaya a ser que deje de cantar, avergonzada por tener un imprevisto oyente en una calle que pide a gritos gritar también. En un desierto capitalino, una cantora extranjera, para un espectador borracho. Bonito cuento. Y si miro a mi espalda, como si estuviera dejando atrás Sodoma y/o Gomorra, la cosa se va a la mierda.
Canta suave, para sí misma, y yo camino, más lento, pero camino, sonrisa en la boca, los ojos más abiertos, las manos en los bolsillos, y ritmo en las caderas. Escucho el tema principal de esta mi película y me toca ser el héroe inmerso en su épica busca, pues esto no es más que otra historia de las ya diez mil veces contadas.
¿Por qué me siento inspirado en un momento así y me salen cosas como esas, que oye, no son la extrema literatura, pero tampoco están mal? ¿Pero no decía Picasso que la inspiración le pillaba trabajando? Será que estoy trabajando, que mi trabajo es ella, llegar a ella, estar con ella. Ole. Tengo que escribir todo esto para dárselo a leer, que lo que está escrito, pensado y plasmado está.
Y de repente ya no hay una canción lenta y tierna invadiendo el silencio que reina fuera de mi cabeza. Y estoy en la calle que busco, y allí un cartel anuncia mi destino. Según me acerco, otra música aparece. Más material para la banda sonora de mi trama.
Me adentro en el humo y la luz tenue, entre la gente que ahora me parece muchedumbre después del paseo con mi vocalista improvisada.
Localizada. Riéndose. Al fondo. Con una copa en la mano y Marina enfrente. No me han visto. Ahora ella se gira.
Esa es la cara.
Ulises culmina su Odisea, dejando atrás los cantos de sirena, mira tú que fácil era eso y se me ocurre ahora al final, cuando dejo de pensar en relatos que nunca escribiré para dejarme llenar por esa cara, hacia la que avanzo con el pecho inflado y el culo en movimiento y los brazos acompañando los andares de triunfador. Y tiro la flecha y dejas de coser y vámonos de aquí que el mundo nos sobra.
 
Comentario:
Gracias. Sencillamente.
 
Comentario:
No todas las batallas terminan tan bien como la tuya..., pero en este caso Ulises llegó, encontró a su particular Penélope y ..., y???? Eso me lo cuentas ahora, pienso interrogarte! XDDDDDD

No sé que pasaría pero hoy estas feliz y radiante y hasta guapo, XDDD

Por qué es tan importante el amor? Por qué se nos hace imprescindible? Es lo peor. No me gusta nada ser tan dependiente de esos estados de ánimo que tengo practicamente olvidados y que, sin embargo, tengo tantas ganas de recodar...

Curioso todo. La vida, supongo.

MIl besos caballero andante. KissxxX
No