Si a ella le regalasen capítulos que luego tuviera que vomitar como yo vomito aquí, y yo me enterara, se me ocurre que el suelo se abriría a mis pies. Pero no. Cada cosa en su lugar, en su justa medida, o eso pretendo, o eso pretendemos, que medir los momentos de tu vida sólo lo puedes hacer una vez vividos, ni antes ni durante, porque a tanta previsión no llegamos.
El otro día estuve contigo, después de pongámosle un mes sin ver tu cara en vivo. Compartimos horas, y nos reímos y nos llamamos como nos llamábamos y comimos y andamos y hablamos y… y como siempre, eres tú. Y quiero seguir viéndote. Y sigo pensando lo maravilloso que sería que todo cambiase y así poder estar juntos otra vez. Tú me dices lo mismo. Y seguimos diciéndonos muy edulcorados que sólo nos vemos teniendo hijos el uno con el otro. Y todo eso no quita para que alguien aparezca y pueda ser algo más que un polvo.
Te sigo queriendo igual. Sigo tocando el futuro igual, contigo, claro, siempre. Pero hay por ahí una mente que me atrae. Que se dilata en este blog como no lo había hecho ninguna desde que la tuya no vive con la mía. Y aunque esa otra mente se abra camino en mi cerebro, sigue siendo ridículo pensar que puede llegar a rozar el Imperio que tú allí tienes construido, en mis sienes. Nunca se sabe, puede pasar de todo mientras hacemos que las cosas cambien para vivir nuestro futuro, pero es mejor que pueda pasar de todo a que no pase nada, como cuando así pintaban las cosas hace no tanto, y el mundo quedaba en gris.
El capítulo tres queda vivido, escrito en mi cabeza, y tal vez lo vomite algún día. La urgencia de mi egoísmo pedía explicar estas estupideces.
Luego me cuentas.
KissX
tu nueva lectora casi me roba mi otro nombre... no sé si decirte que me resulta emocionante, morboso, excitante, o un enredo de programa de por la tarde de tele5.
Probablemente yo también lo haría, hasta con lupa te leería para adivinarte.
No nos vuelvas a privar de tu genialidad... please.





