Guapa, bueno, pero unos ojos bonitos y cansados y unos zapatos de tacón imposible frenaron en seco mi devaneo de lunes tarde y lo dejaron clavado en su hueco en el metro. Esa iba a ser la diosa de mi vagón hasta que se bajara o yo lo hiciera antes. Lo hizo ella, y no me di cuenta cuando.
Terminó de captar mi atención cuando sacó de su inevitable cartera negra un libro de texto. De chino. La ejecutiva cansada, maquillada, teñida, que llegará a casa con dolor de pies y se me antoja (ole mis cojones) que saludando a nadie o a sus padres, resulta que está aprendiendo chino. Pienso que es por motivo laboral. Serias aspiraciones las suyas si es así. Pienso que es por mero afán. Mira la tiburón, no para un segundo, y cuando llegue a casa, directa al gimnasio.
Sabrá chino.
Será atractiva.
Tendrá una gran proyección laboral.
Es segura sobre unos zapatos horteras y embellecida con un traje de lo más gris.
Triunfará aplastando cráneos y levantando líneas en gráficos económicos.
Y sigue teniendo la mirada cansada, y sigo sin saber dónde se bajó, y ahora escribo sobre una cara que no recuerdo, unos zapatos que taladran mi gusto y un libro de texto de chino.
Bueno pesado ahí te dejo mi blog aunque lo hago muy tímidamente... me da un poco de vergüen!!!
Un besazooo
Por cierto sabes que te odio verdad? jajajaja
Yo, querido julius, cuando entro el metro, solo veo aprendices de geishas. Por eso no bajo mucho, para no torturarme.
Por cierto, te he hecho caso y he vuelto por mis fueros en la red...
Un abrazo.
¿Qué pensaría esta gente si alguna vez leyera lo que escribimos sobre ellos? ¿Qué sentirián al saber que aunque sea por unos minutos han sido el centro de nuestra atención, los protagonistas de nuestras fantasías? ¿Habrán fantaseado otros extraños con nosotros...? Quién sabe? Apuesto a que si.
Besazo!





