<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rss version="2.0" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"><channel><title><![CDATA[Escrito te lo dejo]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/julius-marx/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[Disquisiciones variopintas sobre<br> la personalidad múltiple de un haragán]]></description><language><![CDATA[ES]]></language><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><item><title><![CDATA[Gracias, y hasta luego]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/julius-marx/c_50.htm]]></link><description><![CDATA[Gracias por haberme leído y aguantado.<br/>Gracias por el ánimo y el apoyo durante el puto ingreso de mi madre. Ya está en casita, contenta por ser libre y ansiosa de volver a la normalidad.<br/>Gracias por visitarme sin conocerme y sin pedir nada a cambio.<br/>Gracias por obligarme a escribir, aunque fuese tan poquito.<br/><br/>Y hasta luego, porque aquí cierro esté rincón. <br/>Sin motivo, o con todos, no quiero escribir más sobre mí.<br/>Tal vez vuelva con otro nombre y otra dirección, o tal vez no y sólo escriba ficción.<br/><br/>Mil gracias, Patio, Maktub, Canalla, Memphis, Lolita, pvg, brujita,... y todos los que me dejo.<br/><br/>No busquéis motivos, no los hay. Y si los hay, no quiero encontrarlos.<br/><br/>Mil besos, y hasta pronto, qué cojones.<br/><br/>Julio]]></description><author><![CDATA[Julius_Marx]]></author></item><item><title><![CDATA[Sangre, tubos, morfina y Navidad]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/julius-marx/c_49.htm]]></link><description><![CDATA[Dicen que Madrid ha estado estos días <b>vistiendo sombreros de luces</b>. Capotes alargados y poco rimbombantes en la Castellana. Bombines ostentosos en Alcalá. Gorras horteras en otras calles. <b>Bombillas navideñas</b>.<p>Y yo no las he visto. <b>Yo he ido mirando al suelo</b>.<p>Dicen que en diferentes plazas y glorietas de Madrid se han instalado unos árboles cónicos de luces y plástico, muy altos y visibles. Unos parece que son bonitos. Otros son más feos. Y otros, horribles. Pero todos son muy altos y visibles. <b>Y yo tampoco me he fijado</b>. Yo... no he levantado la vista hasta la copa de esos árboles.<p>Al principio <b>sólo</b> era porque estaba gris y gris era lo que me rodeaba. Al principio la melancolía la causaba yo sin ayuda externa. Al principio... <b>El día de Reyes mi madre ingresó en el hospital</b>. En su cabecita hay <b>una vena traidora</b>, de pared débil cuando debía ser gruesa. Una de esas malformaciones que tienes porque sí, sin motivo aparente. Hace ya muchos años, la vena infame de morfología incorrecta se rompió.Y la sangre encharcó el cerebro, irritando las meninges y haciendo que toda la familia al completo nos cagáramos en todo. <b>Hemorragia cerebral</b>, se llama eso. Brutal nombre.<p>Si la cosa no se complica, la ingresan, la sedan y la sangre se va reabsorbiendo. Cuando termina el goteo, para casa. Una semana, diez días.<p><b>Siempre y cuando no se complique la cosa.</b><p><img src="http://blogs.ya.com/julius-marx/files/12723.jpg" alt="" border="0" width="400" height="320" align="right"/>Si se complica, supone que... anatomía cerebral, clase 1: entre el cerebro y el craneo está el líquido cefaloraquideo. Esa viscosidad se genera en el propio cerebro, en los ventrículos laterales, y, formando un circuito, recorre diversas partes de nuestro coco y sale por el acueducto de Silvio, para perderse por la médula hacia la inmensidad de nuestro cuerpo. Si la sangre se mezcla con el líquido cefaloraquideo, puede coagularse en el acueducto de Silvio, obstaculizando el circuito. Los ventrículos siguen generando el liquido, pero éste no tiene por donde salir. Se hinchan los ventrículos. Presión en el cerebro. Y el paciente, mi madre, empieza a decir las mayores incoherencias posibles. Las estupideces más soberanas. Eso se llama hidrocefalia. En estos casos, hay que hacer que el circuito continúe. Así que <b>le abren la puta cabeza</b> por el lóbulo frontal (el que rige la personalidad, los movimientos precisos,..., en fin, lo menos vital de todo lo que rige nuestro cerebro, lo más factible de ser dañado sin que pase gran cosa... siendo el cerebro). Le meten <b>un tubo directo al ventrículo</b>. Y sustituyen el tramo del circuito que se ha quedado inútil. Y así, con un tubito saliendo de en medio del pelo, sucio ya, claro, le alivian la presión craneal. En unos días le quitan el aparataje. En unos días, el coágulo debería haber desaparecido. Reposo y a casita. Si no ha desaparecido, si se ha encostrado y se queda perenne, tienen que operarle y ponerle el mismo aparataje, pero interno. Ingeniería médica.<p><b>Y esta vez, viva el 2008</b>, se ha complicado, como la anterior, que fue hace ya cuatro años, hace ya tanto que casi se nos había olvidado. En aquella ocasión, como secuela de tocar el lóbulo frontal, le quedó un tembleque en la mano izquierda, como si tuviera parkinson. Que eso sea todo lo que le deje ahora.<p>Hay varias maneras de intervenir la malformación de mi madre. Embolizar, radiocirugía,...pero por lo visto, en su caso, <b>malditas sean las estadísticas benevolentes que te hacen ser excepción</b>, la única opción viable es demasiado agresiva como para que mis padres, médicos ambos, accedan. Así pues, a esperar que no le vuelva a pasar. Mejor eso que quedarse muda, dice mi tía. Yo ya no sé que es peor o mejor. Yo ya no sé qué cojones es esta mierda de la Navidad.<p>Son las 10 de la mañana de un 7 de enero festivo porque el día de Reyes cayó en Domingo y yo estoy escribiendo antes de volverme al hospital. A la UVI. A ver a mi madre con los ojos cerrados y con un tubo emergiendo de entre el pelo y terminando en una bolsa de plástico. Y mi madre se ha portado bien este año. Malditos seáis, Melchor, Gaspar y Baltasar.<p>Éstas eran mis vacaciones.<p>Y yo que creí que los años pares eran mejores. Y yo que creí que mi tristeza estaba excusada. Menudo gilipollas.]]></description><author><![CDATA[Julius_Marx]]></author></item><item><title><![CDATA[Free Time]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/julius-marx/c_48.htm]]></link><description><![CDATA[En el pleno éxtasis alcohólico que se antoja imprescindible en una buena Nochevieja veinteañera, <a target="_blank" href="http://lachisteradememphis.blogspot.com/">Memphis</a> me recomendó que siguiera escribiendo aquí, pero que variara el tema. Tengo que variar mi vida, le respondí yo, balbuceando aún más que él y derramando parte de mi ron-limón sobre el suelo ya pringoso de aquel tugurio.<br/>Estoy de vacaciones y no estoy haciendo nada en absoluto. Entre mi penuria económica, mi apatía congénita y la falta de socios de asueto, no se me presenta ninguna opción interesante para aprovechar este tiempo que se dilata, este tiempo que supuestamente me he ganado con el sudor de mi frente. Dos años sin vacaciones, y ahora que las tengo no sé qué hacer con ellas. Estamos apañados, que diría mi madre, sonriendo condescendiente y rebosante de ternura.<br/>El día ocho vuelvo al tajo. El fin de semana que se avecina me iré al pueblo a pasar Reyes con mis primos. Pues ya ves tú qué planazo. Me lo pasaré bien, está claro, pero no es lo que yo querría hacer con mis diez días de descanso laboral.<br/>No estoy haciendo nada, y es que no me apetece hacer nada.<br/>Estoy sumido en una espiral de desidia que hace que los días no se diferencien entre sí.<br/>Y soy plenamente consciente de ello.<br/>Y no hago nada por despojarme de esta pesada armadura que impide mis movimientos.<br/>Cuando el tiempo me falta, me escudo en ello para justificar mi haraganería.<br/>Cuando el tiempo me sobra... me ahogo.<br/>Me voy a apuntar a clases de natación.<br/>Mira, ya escribí sobre otra cosa, ni sobre ella ni sobre lo gris que es el mundo. Sólo sobre lo gris que soy, que estoy.]]></description><author><![CDATA[Julius_Marx]]></author></item><item><title><![CDATA[Gris oscuro]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/julius-marx/c_47.htm]]></link><description><![CDATA[Yo estaba trabajando, <b>como un día más</b>. Afuera, <b>gris</b> arriba, <b>gris</b> abajo y <b>gris</b> a los lados. No me gusta ese lugar. Un parque empresarial que de parque no tiene nada y de empresarial le sobra por los cuatro costados. En fin, por ahí no va la cosa.<p>De <b>ella</b> no sé nada desde ese último encuentro fugaz. De las chicas que me alegran a base de <b>pimienta</b> la vida, cada vez sé más. Pero por aquí tampoco va la cosa.<p>En el curro, ya digo, todo igual, es decir, sorprendentemente bien, pero avinagrándose la cosa con esto del traslado. Nos ha comprado <b>una empresa más gorda</b> y ahora ella nos amamanta en aquél lugar, tan <b>gris</b> y tan <b>cuadrado</b>. Pero es que tampoco es por ahí por donde quiero ir.<p><b>O eso creía yo</b>.<p>Hasta que todo se me vino encima de repente.<br/>Sin motivo, o tal vez con todos.<br/>Y lo que era un día <b>cualquiera</b>, se convirtió en el día más triste. Y la rabia por no saber porqué me consumía de súbito.<p>Luego comprendí.<p><b>Joder</b>, me siento tremendamente solo, y <b>no tenía ni puta idea</b>.<p>Nunca estoy solo, pero eso no tiene nada que ver.<p><b>Mierda</b>. Y yo que pensaba que estaba en un momento estupendo.<p>Nadie te engaña mejor que tú mismo. Me cago en todo me cago.<p>Lloré en la almohada y he despertado <b>encarando</b> mi descubrimiento. Me siento solo, y no pasa nada. <b>Sólo yo</b> soy mi dueño y ya me haré saltar como antes.<p> Hoy ha sido un día mejor, pero <b>ha llovido eternamente</b>.<p><b> Poco a poco…</b> voy aceptando, y el proceso duele como una fractura abierta de tibia y peroné. Por ejemplo.]]></description><author><![CDATA[Julius_Marx]]></author></item><item><title><![CDATA[Perfectos desconocidos]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/julius-marx/c_46.htm]]></link><description><![CDATA[<b>Ayer volvimos a vernos</b>, después de tanto tiempo, de un par de tiranteces telefónicas.<br>Ayer, en una fiesta de amigos que tenemos, teníamos, tuvimos en común.<br>Tú, con tu grupo. Yo, con el mío. Perfectos desconocidos que se saludan al llegar y que sólo vuelven a hablar al despedirse.<p>Te había llamado por la tarde para saber si ibas a ir.<br><b>Estabas enfadada, no sé porqué</b>, no me lo quisiste decir, <b>tan poco pinto ya en tu vida</b>. Me hablabas con monosílabos y borde.<br>No tengo porqué aguantar eso. Colgamos secos con un "nos vemos luego". Sí, nos vimos. Y eso fue todo.<br>Compartimos salón durante tres horas y <b>sólo nos cruzamos la mirada</b>.<br>Te estás dejando el pelo largo. Yo me lo he cortado hace poco.<p>Qué mierda. Desde que lo dejamos, desde que dejamos de vivir juntos, desde que dejamos de ser pareja para ser uno y una, hemos pasado por diferentes etapas. Semanas sin saber nada el uno del otro; semanas en las que nos veíamos un par de veces; semanas en las que nos reíamos y semanas en las que no queríamos ni vernos.<br>La última etapa iba muy bien. Quedábamos y reíamos y fumábamos y comíamos y no nos liábamos. Algo <b>sano</b>.<p>Hasta que un error mío provocó uno tuyo mucho mayor. No supe mentirte cuando me dijiste de quedar un día. Yo ya tenía planes y tú quisiste saber con quien cuando estaba claro. Decidiste entonces que no querías saber nada de mí durante un tiempo porque <b>enterarte de que me follaba a otras tías te había sentado peor de lo que imaginabas</b>. Tú te follas a otros tíos, lo intuyo, lo sé porque sé como eres. Y no puedo permitirme que me moleste. Lo acepto. C´est la vie. <b>Aquí cada uno hace lo que le nace</b>. Y a ti te nació no querer saber nada de mí. Y me sentó como sólo puede sentarme algo así: como una patada en los cojones. Una semana. Dos. Y te llamé. Y no respondías. Y no devolvías la llamada. Y cuando volvimos a hablar te dije que me había parecido demencial tu postura. Y me reconociste tu error. Y yo te dije que te tocaba enmendarlo, <b>si te compensaba</b>. Y me dijiste que sí.<br>Y como todo propósito de enmienda, me llamaste un día.<br><b>Fin</b>.<p>Otra semana sin hablar. Te llamé cuatro veces el pasado lunes. No lo cogiste. No me devolviste la llamada. Y cuando por fin me lo volviste a coger, el miércoles creo, te dije lo que me parecía: que estabas haciendo lo que te nacía, y que lo que te nacía era pasar de mí. Totalmente lícito, totalmente lógico, <b>pero más triste imposible</b>. Y tú me dijiste que sentías haberme dado esa impresión, que no pasabas de mí, que te perdonara.<br>Yo perdono. Siempre. <p>Después de eso, volvimos a hablar.<br>Tú, seca, como ultimamente. Yo intentando ser cariñoso.<br>Y ayer, borde y enfadada por teléfono. Y cuando nos vimos, como si nada, como si fueras una tía que conozco de algo pero no sé de qué.<p>Y me fui pronto. Agotado por una resaca que me había consumido todo el día, y con la cabeza como un bombo de tanto mirarte y repasarte y darle vueltas a esta mierda de situación.<p>Me preguntaban mis amigos cómo estábamos. Y yo respondía que bien hasta hace poco, cuando la cagaste y no demostraste querer solucionarlo de verdad.<p>Y dos besos y un me voy que estoy agotado.<br>Y un pues vale.<p>Y ya está.<br>Y eso fue todo.<br><b>Dos frases después de casi dos años viviendo bajo el mismo techo.</b>.<p>Gran propósito de enmienda, sí... por los cojones.<p><b>Es el primer día que me levanto pensando mal de ti.</b><br>Y me duele en el alma.<br>Y más me dolerá cuando compruebe que no me duele.<br/>]]></description><author><![CDATA[Julius_Marx]]></author></item><item><title><![CDATA[Un cuento chino]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/julius-marx/c_45.htm]]></link><description><![CDATA[Volviendo para casa, <b>en el metro</b>, una ejecutiva de veintitantos que aparentaba treintaypocos se ha sentado frente a mi adormilado compañero y este que escribe, embutida en un abrigo crema largo, ocultando un traje oscuro a rayas con pantalón, y <b>con la mirada de lunes y la boca regalando suspiros</b>.<p>Guapa, bueno, pero unos ojos bonitos y cansados y unos zapatos de tacón imposible frenaron en seco mi devaneo de lunes tarde y lo dejaron clavado en <b>su hueco en el metro</b>. Esa iba a ser la diosa de mi vagón hasta que se bajara o yo lo hiciera antes. Lo hizo ella, <b>y no me di cuenta cuando</b>.<p>Terminó de captar mi atención cuando sacó de su inevitable cartera negra un libro de texto. <b>De chino</b>. La ejecutiva cansada, maquillada, teñida, que llegará a casa con dolor de pies y <b>se me antoja</b> (ole mis cojones) que saludando a nadie o a sus padres, resulta que está aprendiendo chino. Pienso que es por motivo laboral. Serias aspiraciones las suyas si es así. Pienso que es por mero afán. Mira la tiburón, no para un segundo, y cuando llegue a casa, <b>directa al gimnasio</b>.<p>Sabrá chino.<p>Será atractiva.<p>Tendrá una gran proyección laboral.<p>Es segura sobre unos zapatos horteras y embellecida con un traje de lo más gris.<p>Triunfará aplastando cráneos y levantando líneas en gráficos económicos.<p><b>Y sigue teniendo la mirada cansada, y sigo sin saber dónde se bajó, y ahora escribo sobre una cara que no recuerdo, unos zapatos que taladran mi gusto y un libro de texto de chino</b>.]]></description><author><![CDATA[Julius_Marx]]></author></item><item><title><![CDATA[Dos semanas después]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/julius-marx/c_44.htm]]></link><description><![CDATA[Aquí ando. En el salón de casa, un compi tirado en el sofá leyendo a mi diestra, otro compi a la sinietra, fuchicando con el portátil.<br><b>Escribo porque creo que debo</b>.<br><b>No quiero escribir sobre lo que me pasa o me deja de pasar</b>.<br/>Quiero escribir por escribir. Contar lo que hago. Ahora. No ayer. Ni antesdeayer. Lo hago por ella, lo hago por mí, no lo sé. Lo hago, punto.<p>Mal día hoy en el curro. De él no escribo. Bueno, en realidad sí lo he hecho, pero lo acabo de borrar.<p>Quiero hablar de otras cosas.<br>De ti.<p><b>Que me llamaste por fin, ayer.</b><p>Dos semanas después de haberme dicho que la distancia volvía a querer ser tu amiga.<br>Dos semanas rumiando yo la posibilidad de que se fuese todo a la mierda al final.<br><b>De no volver a saber nada de ti</b>, forever and ever.<br>Pero eso es que debe ser imposible. Ya lo he dicho tantas veces...<p>Dos semanas en las que al término de la segunda mi móvil contaba por pares las llamadas que te había hecho yo desde unos días atrás, porque respeté tu decisión de mutismo hasta que no pude más.<br>Te llamé varias veces. Te mandé un mail tierno. <b>No hubo respuesta</b>.<br>Y me enfadé, tía, me enfadé, porque ya me parecía injusto el motivo de la distancia como para encima <b>comprobar que de verdad no querías saber nada de mí</b>. Porque un día me dijiste de quedar un sábado y te dije que no podía, que ya había quedado, y tú preguntaste con quién y <b>yo no supe ni pude ni quise mentir y te dije que con una colega y ya se fue todo a la mierda porque complestaste los puntos suspensivos que se desprendieron por el teléfono</b>.<p>Dos semanas después, mi móvil vibraba por tus dedos y tus repentinas ganas de volver a querer saber de mí.<br>Y yo me mostré rudo. <b>Sincero</b>. Me has hecho daño y ahora te toca a ti reparar, si quieres. Tu reconoces un error, y yo quiero que me enseñes qué quieres hacer para remediarlo, si quieres remediarlo, si te compensa.<br>La conversación fue dura, <b>pero fue</b>. Se dio. Dos semanas después.<br>Dos semanas en las que he sentido por primera vez que me estabas haciendo algo injusto, algo que <b>podía cambiar la imagen que tengo de ti</b>. Si tú eres <b>mi referente para el significado de la palabra amor</b>, que eso cambie, ¿dónde deja al amor? Eso no puede darse. Eso pensaba yo. Pero estas dos semanas me han enseñado que <b>puede existir un futuro en el que tú no estés más que en el imaginario</b>. Y ha sido como extraerme las tripas por la nariz.<br>Reconocer tan aberrante posibilidad me ha dejado un poco trastocado.<br>Pero reconocer una opción que no es ni más ni menos factible que cualquier otra supongo que <b>también me ha servido para saber cuánto quiero o no quiero ese futuro que puede diluirse en el estanque del presente</b>. <p><img src="http://blogs.ya.com/julius-marx/files/4194019_letras4.jpg" alt="" border="0" width="300" height="300" align="right"/>Así que eso os cuento.<br>Que la vida sigue y vuelve a ganar terreno la visión futura contigo, no sin ti, que es una expectativa rara, <b>demasiado rara</b>.<br>Quiero que estés en mi vida, no sé cómo, pero que estés, coño.<p>Y aquí lo dejo, justificando mi ausencia por esos quince días de autotortura mental en los que escribir era opción pero no la única ni la que quería, por una vez. Sigo hablando de lo mismo. Pero no es lo mismo lo que me pasa. No únicamente. Pero eso me lo guardo. De momento.<br><b>A ver qué hacen mis compis...</b>]]></description><author><![CDATA[Julius_Marx]]></author></item><item><title><![CDATA[La lógica de mi locura]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/julius-marx/c_43.htm]]></link><description><![CDATA[Escribo y no sé de qué, porque vivo y ya no entiendo qué.<p>Lunes. Fatídico lunes, como todos, pero no, éste es peor.<br/>En el curro me dicen que estoy de lunes. Poco animado.<br/>Yo les digo que sí.<p>Les <b>miento</b>, claro.<br/>He existido en grandes lunes.<p>Les digo que tengo sueño, cuando lo único que quiero es no dormir para <b>entenderme despierto</b>.<p>A ella la quiero, lo sé, no lo dudo, pero no es el momento. <b>Exprimimos</b> miles de momentos y no funcionó. <b>Cabalgamos</b> sobre el tiempo y no fructificó.<br/>Los dos estamos, estábamos igual. Sabíamos que no, pero que en un futuro sí, si queremos y aprendemos a ir al trote.<p>Los dos pensábamos que podíamos cambiar las cosas para que la cosa funcionase otra vez, por fin, y para siempre.<br/>Y nos pusimos a vivir el uno sin el otro, confiando en que el contacto, la confianza, la amistad, el cariño y los recuerdos sirvieran de cimientos para nuestro Empire State particular, a construir dentro de no tanto, quién sabe.<br/>En ese proceso de reencuentro podía, <b>puede</b>, pasar de todo, pero eso siempre será, <b>sería</b>, preferible a que no pasase nada.<p>Y <b>pasó de todo</b> y yo me encontré con una chica que era un polvo pero que ahora es algo más, no sé el qué, no quiero saberlo.<br/>Sólo sé que es algo más que un polvo.<p>Y ella, a la que sí quiero pero no sé querer, se enteró, porque no sé mentir, <b>a ella no</b>.<br/><b>Preguntó</b> inocente qué iba a hacer yo ese día, y yo le dije que había quedado.<br/>Preguntó con <b>quién</b>, y yo dije que con una colega.<br/>El artículo es indeterminado, pero es femenino. Del sustantivo se infiere un grado inferior a la amistad, pero se infiere.<p>Lo <b>lógico</b> y más <b>probable</b> es que lo máximo que haga con esta chica aparecida de la nada mientras yo vivía ese todo sea echar cuatro polvos, que si es algo más que uno, porqué no cuatro.<br/>Eso lo sé yo, lo sabe esta chica, y sé que la que era mi chica también lo sabe.<p><img src="http://blogs.ya.com/julius-marx/files/loco.jpg" alt="" border="0" width="305" height="377" align="right"/>Follo, acaricio y beso menos de lo que ella folla, besa o acaricia.<br/>Yo no preguntó con quien está o ha estado, pero entiendo que está o ha estado.<br/>Pero ahora puedo afirmar que enterarme de verdad me dolería, pero no me mataría.<br/>Ahora que yo también follo, beso y acaricio, sé poner cada cosa en su lugar.<br/>Ahora que yo también follo, beso y acaricio, he aprendido a relativizar el sexo, los besos y las caricias.<p>Los besos que yo doy ahora en otras bocas me han enseñado a valorar en su justa medida los besos que ella da ahora en otras bocas.<p>Aun así, ella ha decidido <b>distanciarse</b> después de saber de mis polvos que pueden ser algo más que polvo.<p><b>Siento que esto se va a la mierda</b>.<br/><br/>Y lo único que hago es escribir y pensar, pensar y escribir.<p><b>Estoy harto de pensar</b>.]]></description><author><![CDATA[Julius_Marx]]></author></item><item><title><![CDATA[El desencuentro en mi historia, otra historia de encuentro]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/julius-marx/c_42.htm]]></link><description><![CDATA[<b>El capítulo tres pasó</b>, toca escribirlo, susurrárselo a mis cinco lectoras contadas, pero no lo hago, porque <b>sé que hay una sexta</b>, masoquista comprensible, a la que le puede traspasar la yugular ver que en la nueva historia de mi nueva vida hay <b>tías que escriben capítulos, no sólo pequeños episodios</b>. Ella, P., la que dije que ya no sería nombrada aquí, encontró este mi speaker’s corner – porque lo buscó, la fama aún no me conoce – y ahora yo lo sé. Sé que me lee, <b>quiere saber</b>, verbo y acción analgésico para los que sufrimos de la enfermedad de imaginar. También sé que ella es consciente de lo que se puede encontrar. De mis polvos narrados, porque soy así de transparente, al mundo entero. Total, sólo me leéis seis…<p>Si a ella le regalasen capítulos que luego tuviera que vomitar como yo vomito aquí, y yo me enterara, <b>se me ocurre</b> que el suelo se abriría a mis pies. Pero <b>no</b>. Cada cosa en su lugar, en su justa medida, o eso pretendo, o eso pretendemos, que medir los momentos de tu vida sólo lo puedes hacer una vez vividos, ni antes ni durante, porque a <b>tanta previsión</b> no llegamos.<p><img src="http://blogs.ya.com/julius-marx/files/cerebro.jpg" alt="" border="0" width="200" height="246" align="right"/>El otro día estuve contigo, después de pongámosle un mes sin ver tu cara en vivo. Compartimos horas, y nos reímos y <b>nos llamamos como nos llamábamos</b> y comimos y andamos y hablamos y… y como siempre, eres tú. Y quiero seguir viéndote. Y sigo pensando lo maravilloso que sería que <b>todo cambiase y así poder estar juntos otra vez</b>. Tú me dices lo mismo. Y seguimos diciéndonos muy edulcorados que sólo nos vemos teniendo hijos el uno con el otro. Y todo eso no quita para que alguien aparezca y pueda ser algo más que un polvo.<p>Te sigo queriendo igual. Sigo tocando el futuro igual, contigo, claro, siempre. Pero <b>hay por ahí una mente que me atrae</b>. Que se dilata en este blog como no lo había hecho ninguna desde que la tuya no vive con la mía. Y aunque esa otra mente se abra camino en mi cerebro, sigue siendo ridículo pensar que puede llegar a rozar el <b>Imperio</b> que tú allí tienes construido, en mis sienes. Nunca se sabe, puede pasar de todo mientras hacemos que las cosas cambien para vivir nuestro futuro, pero <b>es mejor que pueda pasar de todo a que no pase nada</b>, como cuando así pintaban las cosas hace no tanto, y el mundo quedaba en gris.<p>El capítulo tres queda vivido, escrito en mi cabeza, y <b>tal vez</b> lo vomite algún día. <b>La urgencia de mi egoísmo pedía explicar estas estupideces</b>.]]></description><author><![CDATA[Julius_Marx]]></author></item><item><title><![CDATA[Historia de un desencuentro (Capítulo Dos)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/julius-marx/c_41.htm]]></link><description><![CDATA[Vuelvo a dejar pasar algo de tiempo, un día o dos, para <b>continuar</b> con esta narración. Busco la perspectiva para no dejarme llevar por los <b>impulsos</b> que rigen mi vida. Domingo por la mañana. En cuatro horas más o menos iniciaremos el <b>Capítulo Tres</b>, así que ya toca escribir sobre el segundo, al que le pusimos el punto y final hace ahora un día y medio, con mi boca robándole besos a la tuya. Pero vayamos en orden, aunque suene más aburrido, porque el caos atrae más. <b>Y tú eres ahora parte de mi caos</b>.<p>Fui a recogerte, y llegué a tiempo, no te hice esperar. Llegué un cigarro antes que tú. Apareciste del subsuelo madrileño, con cara cansada y los ojos rojos. No habías dormido mucho, y yo tenía parte de culpa. Habías trabajado esa mañana después de haberte acostado tarde, muy tarde, pero no tanto como lo habrías hecho <b>si me hubieses dejado</b>.<p>En un principio íbamos a comer a mi casa algo preparado por estas manos que teclean pero que poco saben de materias culinarias. Mi nevera estaba en estado de sitio, y la cocina era como el paralelo 54 coreano. Así que te llevé a comer por ahí, decepcionándote un tanto, que siempre alegra que cocinen para uno, aunque sea mal. Quise llevarte a un gallego, pero no te hace gracia el arroz, especialidad de la casa, con su fundamental botella de Ribeiro. Echabas por tierra mi plan y yo me quedaba en blanco. Terminamos en un restaurante cualquiera, de los de camareros de pelo grasiento y menú de todos los días. Vamos, que te impresioné tanto como el neón a un ciego. Comida mundana en un lugar anodino. <b>Elegancia cero</b>, gracia toda. La historia de mi vida…<p>Y desde ahí, yo, claro, que siempre estoy al quite, te propuse ir a mi casa a tomar café, por ejemplo, pero el tiempo pedía no encerrarnos entre cuatro paredes, así que terminamos en el Retiro, tirados en el césped, a la vera del lago, aprovechando la última hora de sol. En la comida, en el trayecto y en el parque hablamos de trabajo, que venías de él mientras yo seguía de puente festivo. Un trabajo que te gusta pero te agota, que nos entretiene pero nos esclaviza. Comentamos la noche anterior, las seis horas que le robamos a Cronos. Y buscamos el motivo por el cual habíamos sellado con un apretón de manos la comida que acabábamos de compartir. ¿Quién la propuso? Quiero pensar que tú, pero a ti te pasa lo mismo.<p><b>Seguimos el juego</b>. Tú en tu rol de Diosa de la Ambigüedad, y yo en el mío de <b>Lacayo de Tu Mente</b>. Lancé indirectas que pillabas al vuelo y las hice directas para toparme con más preguntas y más sonrisas y más palos en la nuca. La palabra que más repetí aquella tarde fue joder, con muchas ‘o’, alargando la primera sílaba y matando la segunda, como hacías tú conmigo, vaya. <b>Te llamaste puta</b> riendo, me llamaste niño impaciente y me dejaste con la nariz oliendo tu cara pero sin que mi boca pudiese rozar la tuya, sin mostrar resistencia, sólo diciéndome que no y mirándome directo al cerebro. Jooooder, claro. Te dije que me hacías pensar, y que eso sí que te lo debías tomar como un piropo, porque eso sí que es culpa tuya, y no el tener esos ojos.<p>Tú tenías que estar en casa a una hora, pronto, cuando meriendan los adultos. Yo lo que quería era llevarte a mi casa y <b>follarte hasta reventar ese halo de mandona y hacerte sumisa por fin</b>. Y te lo dije. Y tú me decías que qué bien, sin más, pero que no. <b>Tus ojos aguijoneando mi hipotálamo</b> me decían que sí, que querías, pero me lo negabas con la palabra, jugando conmigo con maestría.<p>Andando hacia Callao, que Cenicienta se recogía, seguí bombardeando tus defensas, <b>Aníbal ad portas</b>. Hice de niño bueno, hice de chulo, hice de alumno, hice de experto follador. Hice, hice, hice… y tú siempre eras un muro de gelatina, fácil de golpear, pero con trampa a la hora de traspasarlo. Tú me decías cosas de “mira, majo, por la edad que tienes y lo golfo que eres, lo normal es que hayas follado mucho, por lo que es normal que folles bien”. Así, aleccionando. Y yo respondía lindezas del tipo “nena, <b>yo no cuento como te follo… yo te follo</b>”. Y me echaba a reír, para luego ver tu cara, donde había hecho mella mi <b>osadía</b>.<p>En el metro me agarré a la barra del techo y se me vieron los gayumbos y tú me vacilaste por encontrar a Garfield bajo mi ombligo. Y <b>me tocaste</b> la tripa desnuda con la excusa de comprobar que estoy plano (venga, coño, qué excusa más paupérrima). Tus manos estaban heladas, y mi cuerpo alcanzó los ciento cincuenta grados. <b>Hija de puta, no puedes hacerme eso</b>. Estás contra la pared, no puedes quitar la cabeza, y si lo hicieras, fíjate que cara de gilipollas iba yo a tener si me pongo a besar el mapa del Metro. Y ante eso tú decías que sí, que menuda cara de gilipollas iba yo a tener, y eras capaz de decirlo con los ojos tan cerca de los míos que en lo de <b>jugar al cíclope de Cortázar</b> éramos dominadores.<p>En la estación donde ambos cambiábamos de tren, cada uno hacia su casa, <b>mierda</b>, dejamos que se fueran unos cuantos Metros para seguir despidiéndonos, o para ultimar los flecos de la tregua, más bien. El bando atacante (yo) pedía <b>prolongar la batalla hasta sus últimas consecuencias</b>, aunque hubiese toque de queda en unos minutos. El bando defensor (tú) mostraba un dominio sin igual en el arte de <b>la diplomacia y la retórica sofista</b>. Y así se iban yendo los trenes. Hasta que decidí usar la táctica de la guerra de guerrillas, atacando puntualmente y con tal rapidez que dejaba las guardias del enemigo en estado de confusión. Y <b>probé tu boca confusa</b>, en un adelanto del asalto final, en el que tu cara quedó atrapada entre mis manos y tus ojos se cerraron para dar paso al único final que podía tener aquella batalla.<p>Y llegó otro tren y lo cogí y nos dijimos “hasta que nos veamos”. <b>Hoy. Capítulo Tres.</b>]]></description><author><![CDATA[Julius_Marx]]></author></item></channel></rss>
