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Las manos de Kalayaan
...de lo hecho y lo deshecho...
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Kalayaan
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Mi nombre es Asalah. Tengo 17 años. Desde hace siete días no salgo de mi casa. Mis hermanos pequeños se han escondido en el agujero que cavó mi padre para refugiarlos de los soldados. Mi madre llora sin parar, papá no ha vuelto desde esta mañana. Llevamos tres días aguantando la poca comida que teníamos reservada, pero somos ocho en casa. Hoy ha tenido que salir a comprar. No sé con qué. No sé qué más puede vender.
Desde la llegada de esos soldados la gente tiene más miedo. El pueblo está más irritado y agresivo. Muchos sacan sus armas y se ponen a disparar a diestro y siniestro. Pero de los blancos pocos mueren. Morimos nosotros, los “cerdos”, los “asesinos”, “los locos”, “pollas negras”, “terroristas”. Así nos llaman, y con esos nombres morimos.
Hace cuatro o cinco días me asomaba a la ventana, tanques, soldados, armas, cuerpos…, y dejé de mirar. Las hemos tapado para que mis hermanos no asomen sus cabecitas. A ver si vamos a tener una desgracia.

Ya es por la noche y no puedo dormir. Están gritando demasiado fuerte en la casa de al lado. Siento que me arden las mejillas, me abrasan sus lágrimas. Ta-ta-ta-ta-ta-ta, silencio. Ya no sufrirán más, su cuerpo ya se ha ido. Yo me quedo con su fuerza.

Papá no ha regresado aún. Mamá tiene los ojos morados e hinchados, está en la misma posición que la dejé anoche. Ha cambiado de pañuelo. Son las 4: 40 AM. Le está esperando.
Aparto la alfombra que cubre el agujero. Destapo el tablón de madera. Mis hermanos me miran. También esperan a papá. “Tengo hambre…”
No digo nada y cierro la tapa, cubro de nuevo con la alfombra y me voy hacia la ventana. Rompo el cartón que me impide ver el exterior. Entra algo de luz, poca, aun no ha amanecido, la calle está tranquila.
La puerta de la familia Bennasar, los vecinos de al lado, está abierta y con signos de violencia. No quiero ver lo que veo, el pequeño Abdul yace en el suelo. Sin ropas. Sin moverse. Alá le guarde.
Yo a diferencia de mi madre, soy bastante racional. Sé que papá no va a volver. No debió salir en estos días tan revueltos, parece como si hubiera más soldados por aquí. O quizá siempre fue así pero ahora nos ha tocado a nosotros.

Por fín he salido a la calle y hace sol. Los militares se fueron no muy lejos, pero nos han dejado tranquilos por el momento. Mamá y yo hemos salido a las tiendas. Con esto tendremos para unos cuantos días y reservar si hace falta.
Mamá aún sigue esperando a papá. Yo sólo espero que todo esto se acabe pronto.

Los soldados vuelven, ellos y mucho más. Hace tiempo que dejaron de jugar con las pistolas. Ahora llueve muerte desde arriba.
Estoy corriendo con todas mis fuerzas. Han dado el toque y yo aun sigo fuera de la casa. Tuve que llevar unas mantas a casa de mi tía. Si se mueve una mosca, disparan. Intento casi ni respirar. Ayúdame Alá, ayúdame.
Me han visto. Tres soldados. Sé están riendo y vienen hacia mi, He dejado de correr pero ando rápido. Me vienen siguiendo. Dejo de andar y ya están aquí. Me dicen cosas que no entiendo y me empujan. Ese pañuelo es de mi madre, lo tiran y hacen sus necesidades sobre él.
Me llaman mierda y puta, eso ya lo he aprendido. No me puedo mover y me hacen daño. Sólo gritan y se ríen.
Ahora se quitan los cinturones, me meten en la parte de atrás de la furgoneta y se desnudan por completo. Mientras me pegan con el cinturón en la espalada el otro me introduce su asqueroso miembro en el ano. Dios, ¡qué dolor! No puedo gritar más. ¡Que me maten!, ¡Que me maten, por favor!

Despierto, no se donde estoy. Quizá esta sea mi muerte. Tengo dolor, no puedo estar muerta. ¿Qué me ha pasado?
Ahora recuerdo. Ahora recuerdo a esos hijos de puta. Y no me han matado.

Hoy es el gran día.
Cuando me desperté aquella mañana marché a mi casa. Mi madre estaba sentada en su silla, cubierta de sangre, con los ojos cerrados. Abrí el cobertizo de mis hermanos y allí estaban, uno sobre otro, muertos a tiros.
Mi padre me dijo un día que Alá nos reservaba una vida mejor después de ésta. Que allí todo el mundo tiene lo que siempre quiso tener en esta vida y no pudo y que nadie es malo.
Yo no sé si será verdad, yo no creo en nada ya. Alá quiso que toda mi familia se fuera y me abandonara. Así que Alá se ha portado mal conmigo. Quiero venganza. No merezco estar sola. No soporto el dolor.
Me abrocho el cinturón. Pesa. Jamás me creí capaz de esto. Me pongo las ropas encima. Me cubro con el pañuelo. Fuera están los soldados, hablando, andando…Salgo de mi casa y miro al cielo. Me miran… Me apuntan.
Rezo…Lloro…

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