“Nunca preguntes lo que no quieras saber”
Hace unos meses, aprendí una de las lecciones más importantes, una de esas cosas que no te enseñan nunca en la escuela, pero que deberían enseñarte.
Un día volviendo de la calle, coincidí en el ascensor (como tantas otras veces) con una viejecita encantadora que vive con su marido, (desde hace unos años minusválido) debajo de mi piso, siempre la había juzgado como una mujer poco habladora, pero amable y cordial, siempre creí que era feliz dentro de las circunstancias.
Así que ese día, por hacer algo, después de agotar lo de: que buen día hace... , como al ascensor le dio por pararse en cada planta y tardó más de lo habitual, cometí la imprudencia de preguntarle con toda la inocencia del mundo: ¿que tal todo?
A lo que la mujer hasta ese momento sonriente espetó: Hombre, amargada, ¿cómo voy a estar? Con mi marido que es una carga, yo no tengo vida, mi vida es una mierda.
Cuando llegamos a su piso, me dijo adiós educadamente con su sonrisa de toda la vida, mientras yo, perpleja, todavía seguía con la boca abierta.
Ese día aprendí esa gran lección: Nunca preguntes lo que no quieras saber, porque siempre al preguntar te arriesgas a que la respuesta no sea de tu agrado.
Y he de decir que esa mujer, me enseñó algo que con el tiempo me ha salvado de muchas situaciones.
Es como el hombre que después del polvo le pregunta a su novia, ¿qué tal? Y ella en un arranque de sinceridad no habitual, le responde: ha sido un desastre.
O, esa pregunta embarazosa de un lío temporal que de repente en un arrebato se declara en la cama después de... y te pregunta: ¿me quieres? Y tu piensas: ups...
Esa amiga preguntándote si su nuevo vestido le queda bien..., ese compañero pidiéndote si crees que su idea para una campaña vale la pena (pero que no esperaría nunca oír un no)... Etc. es aplicable hasta la saciedad.
Así que, antes de hacer ciertas preguntas sería mejor asegurar-se que la respuesta es la esperada, no vaya a ser que nos llevemos una sorpresa y no sea demasiado agradable... como me pasó a mi.
Un día volviendo de la calle, coincidí en el ascensor (como tantas otras veces) con una viejecita encantadora que vive con su marido, (desde hace unos años minusválido) debajo de mi piso, siempre la había juzgado como una mujer poco habladora, pero amable y cordial, siempre creí que era feliz dentro de las circunstancias.
Así que ese día, por hacer algo, después de agotar lo de: que buen día hace... , como al ascensor le dio por pararse en cada planta y tardó más de lo habitual, cometí la imprudencia de preguntarle con toda la inocencia del mundo: ¿que tal todo?
A lo que la mujer hasta ese momento sonriente espetó: Hombre, amargada, ¿cómo voy a estar? Con mi marido que es una carga, yo no tengo vida, mi vida es una mierda.
Cuando llegamos a su piso, me dijo adiós educadamente con su sonrisa de toda la vida, mientras yo, perpleja, todavía seguía con la boca abierta.
Ese día aprendí esa gran lección: Nunca preguntes lo que no quieras saber, porque siempre al preguntar te arriesgas a que la respuesta no sea de tu agrado.
Y he de decir que esa mujer, me enseñó algo que con el tiempo me ha salvado de muchas situaciones.
Es como el hombre que después del polvo le pregunta a su novia, ¿qué tal? Y ella en un arranque de sinceridad no habitual, le responde: ha sido un desastre.
O, esa pregunta embarazosa de un lío temporal que de repente en un arrebato se declara en la cama después de... y te pregunta: ¿me quieres? Y tu piensas: ups...
Esa amiga preguntándote si su nuevo vestido le queda bien..., ese compañero pidiéndote si crees que su idea para una campaña vale la pena (pero que no esperaría nunca oír un no)... Etc. es aplicable hasta la saciedad.
Así que, antes de hacer ciertas preguntas sería mejor asegurar-se que la respuesta es la esperada, no vaya a ser que nos llevemos una sorpresa y no sea demasiado agradable... como me pasó a mi.
Comentario:
ja ja k bueno, solo le faltó poner un potecito con : se aceptan contribuciones.
Comentario:
A mí me pasó algo paecido con la kioskera:
"qué tal?"
"Pues mal, poruqe mi hijo tiene depresión y el psiquiátra es carísimo y además está en lista de espera para que le trasplanten el riñón.También sufre ansiedad"
Que mal!!
Un muxu
"qué tal?"
"Pues mal, poruqe mi hijo tiene depresión y el psiquiátra es carísimo y además está en lista de espera para que le trasplanten el riñón.También sufre ansiedad"
Que mal!!
Un muxu
Comentario:
Su claro, la sinceridada hay que utilizarla cuando toca, pero, muchas veces cuando "toca" la gente realmente no esta dispuesta o preparada para escuchar la verdad.
Comentario:
upssssssssssss suele suceder.. es casi como cuando te responden: la respuesta es obvia, me va mal... o bueno, yo suelo ser diplomática la mayoria de las veces aunque he de decir que poco me fijo en algunas cosas que para mi no tienen importancia.. pero si me preguntan, por supuesto que respondo..
besitos guapa.
besitos guapa.
Comentario:
Kali, yo tengo un dicho: la sinceridad es un arma de doble filo que hay que saber utilizar. Con esto quiero decir que esa señora hizo mal en hablar tan claro y directo. Pero también quiero decir que si a una amiga de confianza le queda mal un vestido o tu novio no ha estado bien, creo que, con tacto, debemos decírselo.
Un besito
Un besito





