Hoy toca: Libélulas

Estaba quieto, pálido, estaba tan callado.
La habitación era muy pequeña, y él tan grande, y tan quieto.
Su piel era blanca, más blanca y fría que nunca.
Solo recuerdo que cerré la puerta y me quedé sola con él. Le toqué la mano y estaba helada, un frío subió por mi brazo y se alojó para siempre en mi pecho.
En ese momento me vino a la memoria el verano que pasé en Valencia, cuando iba a la piscina y pasaba horas sacando libélulas del agua y cuando las movía se reanimaban y echaban a volar.
En esos momentos me sentía feliz, era como un milagro para una niña como yo.
Le cogí del hombro y empecé a zarandearlo, esperaba con todo mi corazón que fuese como las libélulas y echase a volar.
Fue entonces cuando me di cuenta de que alguien golpeaba la puerta, querían entrar, pero yo la sujetaba con un pie, no quería salir de aquella habitación sin verlo sonreír.
No recuerdo nada más, solo días de llanto, todos dándome el consuelo que no pedía, esperando ver unas lágrimas que no salían.
Todo era como una pesadilla sin fin.
Él estaba muerto, realmente mi padre estaba muerto. Era aquel cuerpo sin vida, en aquella pequeña habitación.
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Estos días estoy disfrutando de unas pequeñas "vacaciones". Lo de las comillas es porque en realidad estoy haciendo bricolaje. Por fin me decidí a poner todo lo que dejé por hacer en la mudanza. Pero pronto podré disfrutar de un viajecito con las amigas.
Todo este rollo lo cuento para poder justificar mi falta de tiempo y la razón por la que pondré algo que escribí hace muchos años.
Buenas vacaciones.