Hoy toca: Tela de araña

Escribo sobre besos en botes de cristal líquido, atrapados en labios perfectos.
Sonrisas astutas, agazapadas entre los mechones de mi pelo. Relojes que descuentan el tiempo, colgados de las paredes de mi piel.
Perfectas telas de araña, tejidas en un baile infinito, gotas de agua salada resbalan por su seda.
Flores malvas y rojas, en ramos frescos perfuman tu cuerpo. Y yo escribo y escribo todo lo que veo en ti.
Y mis dedos quieren acariciarte, y yo solo puedo darles palabras, promesas y mentiras.
Les repito tus promesas, intento creerlas, escriben y escriben.
Espero la lluvia de esta noche, gotas frías envueltas en la brisa del mar. Olas rompiendo el silencio, arena en la que hundir los pies, piedras que arrojar contra el reflejo de una luna llena. Tiempo que perder, esperando promesas.
Escriben y escriben...
Mentirosa, maldita mentirosa. Palabras, solo palabras. Nuevas, repetidas, dulzonas, amargas, vacías, solo palabras. Los besos, las sonrisas, las guardas solo para ti.
Otra noche lenta, estática, seca. Cientos de ellas, alimentadas por recuerdos descolocados, cenicientos, apagados.
El tiempo sigue corriendo, no lograras pararlo a tu favor, la parca no hace tratos, siempre gana.
Es la sombra de los que desesperan, el rencor de los olvidados, el miedo de los perdidos, el alivio de los que perdieron.
Escriben y escriben...
Sonrío...
Sueño...
No importa esperar entre palabras.
Base a pato:Encontré una de tus sonrisas, es para ti.
Hoy toca: Sombra
Te ves tan sola subiendo esa escalera. Tu sombra manchando las paredes de gris.
Cerraras la puerta a tu espalda y no volveré a entrar.
Estaré cavando con mis manos una tumba para el presente que agoniza , bajo la lluvia de estrellas que creaste a tu paso .
Qué sentido tienen mis palabras. Nunca las creíste y mueren al sentirse falsas.
Y sigo clavando las uñas en la arena, junto a la iglesia a la orilla del mar, el mismo que perfumaba la noche en que te besaba. Dentro de aquella habitación con vistas al cielo de antenas, y entre todas ellas, orgullosa, la cruz de esta iglesia. Observando nuestras impertinencias, sudando de placer, irreverentes ante su digna figura.
Qué sentido tiene volver allí, si ya no queda ni el perfume de tu piel. Buscarte en la habitación es como saltar al vacío y rezar para que me crezcan alas. ¡Una estupidez!
El portazo sonó como hoja de guillotina cortándome la respiración. Provocando un aire frío capaz de helar mis lágrimas.
Me siento culpable, culpable de ahogarte con mis besos , herirte con mis caricias, quemarte con mi deseo.
Tus caderas siguen el ritmo de tu huida, se deslizan entre la seda de tu ropa, suaves caricias con cada paso, que yo atesoro en mis ojos.
Te seguiré siempre, perro fiel.
Aunque tu odio te haga de cristal, fría y transparente.
Soy tu sombra, manchando las paredes con mi gris desesperación.