Hasta Que La Muerte Nos Separe
Esta es una frase que todos conocemos, aunque algunos no sean muy partidarios de oírla en su vida, mientras que otras personas se mueren porque alguien les “adjudique” esa tarea. Y más sabiendo que hoy en día nada dura hasta que la muerte nos separe. Ni siquiera la sagrada institución del matrimonio.
En un mundo en el que los valores eternos se están perdiendo, ¿Qué vigencia tiene un contrato de por vida? Con lo de los matrimonios homosexuales ¿llega una nueva bocanada de esperanza para esta institución?
La verdad es que de pequeños a todos nos comen la cabeza con eso de que los seres humanos debemos arrejuntarnos en parejas y casarnos, como si fuéramos los pasajeros del arca de Noe. Independientemente de nuestra orientación sexual, muchos creemos en el amor, y que una manera de demostrarlo es casándose con alguien, aunque todos sepamos que no se demuestra el amor de esa forma.
Sin embargo en las bodas en las que he estado no se trata más que de una forma de aprovecharse de los demás. Por ejemplo, muchas parejas deciden casarse a pesar de que ya llevan años juntos y de que forman un conjunto ya reconocido por los amigos. Son aquellas personas que nunca pensamos que se vayan a separar y que sin embargo deciden dar el gran paso. No por formalizar nada, ni por las cuestiones de derechos, sino simplemente porque necesitan amoblar su nueva casa. Ya sabemos que las listas de boda sirven para eso.
Pero el que pone la ley pone la trampa, y al final los listos siempre compramos los regalos más baratos, en representación a lo que se refiere esa unión. Es decir un mero intento de aprovecharse de los amigos para llenar el hogar de trastos a veces inútiles, o de lujos que de otra manera no se podrían permitir. Y claro, como a veces no se los compramos, la moda hoy en día ya no es pedir regalos materiales, sino dinero.
Gracias a ese cruel estratagema, los novios pueden pagarse parte de la hipoteca del piso, o simplemente irse de vacaciones a Bali o al Caribe, todos los gastos pagados por los amigos. Y digo que es una manera malvada de ponernos contra la pared, porque cuando se hacen obsequios en dinero la gente es más criticona. Tú puedes comprarles un regalo por 50 euros, que viene a ser lo que necesitan, o algo que realmente les guste. Pero claro si tienes que regalar dinero entonces tienes que invertir más. De ahí que sean unos cabrones a la hora de pedir regalos en metálico.
Luego la ceremonia suele ser un evento que por lo menos resulta curioso de ver. A pesar de que la gran mayoría de novios no sea religioso, siempre se hacen bodas por la iglesia, más que nada porque esa institución pone menos problemas que las legales, tiene el mismo valor, y las listas de espera no son tan grandes, ya que iglesias hay muchas más que juzgados. Así que por una parte la elección del lugar se hace más por comodidad que por lo que realmente significa. Otro convencionalismo que se usa mucho es el traje de la novia. Siempre es ella la importante. El novio no, ese va vestido como la mayoría de los invitados, porque para él no es el día más importante de su vida. Para ella si, pero para él es lo más normal. Siempre siguen esa óptica machista. Es la novia la que tiene que deslumbrar, pero él no. Y por supuesto se viste de blanco, aunque todos sepamos que lo de que el blanco representa la pureza en su caso no se puede aplicar. Ya me gustaría ver una boda en la que los novios sean sinceros y vaya ella con un traje rojo, que también los hacen muy bonitos.
Luego están los invitados. Una norma general suele ser que ninguna mujer ha de llevar un traje que ensombrezca al de la novia. Pero nadie lo respeta. De hecho más que una boda eso parece un desfile de modelos, a ver cual ha conseguido el mejor peinado y el mejor traje. O cual lleva al chico florero más guapo, etc. Total, la pasarela ya está puesta, y aunque muchas quieran que las lleven al altar, lo cierto es que es más por el trayecto y por el protagonismo que por lo que eso representa.
Otra curiosidad es que siempre hay un bar cerca de la iglesia, y la mayoría de los invitados que no son importantes, y con eso me refiero a que no son ni testigos ni de los que tienen que sentarse en las primeras filas de la iglesia, se la pasan ahí. En una ocasión recuerdo que yo fui invitado a una boda, y estuvimos comiendo panchitos en el bar de al lado de la iglesia, cuando sonaron las campanas salimos a tirarles arroz y ya está. Porque lo cierto es que la mayoría de los invitados ya ni se acuerdan de lo que es una misa, y van por puro compromiso a hacer que se saben cuando tienen que hablar y todo eso. Pero en el fondo lo cierto es que estarían mejor en casa viendo el fútbol que viendo una ceremonia que ya no tiene sentido alguno.
A pesar de que considero que la palabra matrimonio, para referirse a la unión de parejas del mismo sexo no sea correcta, si que creo que ya era hora de que todos los ciudadanos tuviésemos los mismos derechos. Dicen que estas nuevas bodas van a relanzar el mercado del sector, porque la verdad es que hoy en día, todos se cansa, pero ninguno dura lo que debería, y los divorcios están a la hora del día. Así que abarcando un sector más amplio de la sociedad, las instituciones se aseguran que haya más gente que se case y menos que se divorcie. Pero esto está lejos de poder ser factible.
Con la de problemas que tiene la gente para relacionarse con los demás, para formar pareja estable con otro ser, para respetarse y para vencer los obstáculos, creo que es cada día más difícil encontrar a alguien dispuesto a compartir su vida contigo. Es más fácil huir del problema que afrontarlo, es más fácil cambiar de pareja cada vez que la carretera se pone en mal estado que intentar arreglarlo. Le das una patada a una piedra y tienes todos los amantes que quieras, pero encontrar a alguien que te llene ya no es que sea complicado, sino que si lo encuentras es más que probable que ya no tenga la ilusión de estar con nadie, que esté tan quemado/a que ya no se pueda sacar nada bueno de su persona, o que hayas llegado demasiado tarde. A fin de cuentas, es posible que los valores que nos han inculcado de pequeños estén en vía de extinción, por no decir desaparecidos por completo en ciertas personas.
En un mundo en el que los valores eternos se están perdiendo, ¿Qué vigencia tiene un contrato de por vida? Con lo de los matrimonios homosexuales ¿llega una nueva bocanada de esperanza para esta institución?
La verdad es que de pequeños a todos nos comen la cabeza con eso de que los seres humanos debemos arrejuntarnos en parejas y casarnos, como si fuéramos los pasajeros del arca de Noe. Independientemente de nuestra orientación sexual, muchos creemos en el amor, y que una manera de demostrarlo es casándose con alguien, aunque todos sepamos que no se demuestra el amor de esa forma.
Sin embargo en las bodas en las que he estado no se trata más que de una forma de aprovecharse de los demás. Por ejemplo, muchas parejas deciden casarse a pesar de que ya llevan años juntos y de que forman un conjunto ya reconocido por los amigos. Son aquellas personas que nunca pensamos que se vayan a separar y que sin embargo deciden dar el gran paso. No por formalizar nada, ni por las cuestiones de derechos, sino simplemente porque necesitan amoblar su nueva casa. Ya sabemos que las listas de boda sirven para eso.
Pero el que pone la ley pone la trampa, y al final los listos siempre compramos los regalos más baratos, en representación a lo que se refiere esa unión. Es decir un mero intento de aprovecharse de los amigos para llenar el hogar de trastos a veces inútiles, o de lujos que de otra manera no se podrían permitir. Y claro, como a veces no se los compramos, la moda hoy en día ya no es pedir regalos materiales, sino dinero.
Gracias a ese cruel estratagema, los novios pueden pagarse parte de la hipoteca del piso, o simplemente irse de vacaciones a Bali o al Caribe, todos los gastos pagados por los amigos. Y digo que es una manera malvada de ponernos contra la pared, porque cuando se hacen obsequios en dinero la gente es más criticona. Tú puedes comprarles un regalo por 50 euros, que viene a ser lo que necesitan, o algo que realmente les guste. Pero claro si tienes que regalar dinero entonces tienes que invertir más. De ahí que sean unos cabrones a la hora de pedir regalos en metálico.
Luego la ceremonia suele ser un evento que por lo menos resulta curioso de ver. A pesar de que la gran mayoría de novios no sea religioso, siempre se hacen bodas por la iglesia, más que nada porque esa institución pone menos problemas que las legales, tiene el mismo valor, y las listas de espera no son tan grandes, ya que iglesias hay muchas más que juzgados. Así que por una parte la elección del lugar se hace más por comodidad que por lo que realmente significa. Otro convencionalismo que se usa mucho es el traje de la novia. Siempre es ella la importante. El novio no, ese va vestido como la mayoría de los invitados, porque para él no es el día más importante de su vida. Para ella si, pero para él es lo más normal. Siempre siguen esa óptica machista. Es la novia la que tiene que deslumbrar, pero él no. Y por supuesto se viste de blanco, aunque todos sepamos que lo de que el blanco representa la pureza en su caso no se puede aplicar. Ya me gustaría ver una boda en la que los novios sean sinceros y vaya ella con un traje rojo, que también los hacen muy bonitos.
Luego están los invitados. Una norma general suele ser que ninguna mujer ha de llevar un traje que ensombrezca al de la novia. Pero nadie lo respeta. De hecho más que una boda eso parece un desfile de modelos, a ver cual ha conseguido el mejor peinado y el mejor traje. O cual lleva al chico florero más guapo, etc. Total, la pasarela ya está puesta, y aunque muchas quieran que las lleven al altar, lo cierto es que es más por el trayecto y por el protagonismo que por lo que eso representa.
Otra curiosidad es que siempre hay un bar cerca de la iglesia, y la mayoría de los invitados que no son importantes, y con eso me refiero a que no son ni testigos ni de los que tienen que sentarse en las primeras filas de la iglesia, se la pasan ahí. En una ocasión recuerdo que yo fui invitado a una boda, y estuvimos comiendo panchitos en el bar de al lado de la iglesia, cuando sonaron las campanas salimos a tirarles arroz y ya está. Porque lo cierto es que la mayoría de los invitados ya ni se acuerdan de lo que es una misa, y van por puro compromiso a hacer que se saben cuando tienen que hablar y todo eso. Pero en el fondo lo cierto es que estarían mejor en casa viendo el fútbol que viendo una ceremonia que ya no tiene sentido alguno.
A pesar de que considero que la palabra matrimonio, para referirse a la unión de parejas del mismo sexo no sea correcta, si que creo que ya era hora de que todos los ciudadanos tuviésemos los mismos derechos. Dicen que estas nuevas bodas van a relanzar el mercado del sector, porque la verdad es que hoy en día, todos se cansa, pero ninguno dura lo que debería, y los divorcios están a la hora del día. Así que abarcando un sector más amplio de la sociedad, las instituciones se aseguran que haya más gente que se case y menos que se divorcie. Pero esto está lejos de poder ser factible.
Con la de problemas que tiene la gente para relacionarse con los demás, para formar pareja estable con otro ser, para respetarse y para vencer los obstáculos, creo que es cada día más difícil encontrar a alguien dispuesto a compartir su vida contigo. Es más fácil huir del problema que afrontarlo, es más fácil cambiar de pareja cada vez que la carretera se pone en mal estado que intentar arreglarlo. Le das una patada a una piedra y tienes todos los amantes que quieras, pero encontrar a alguien que te llene ya no es que sea complicado, sino que si lo encuentras es más que probable que ya no tenga la ilusión de estar con nadie, que esté tan quemado/a que ya no se pueda sacar nada bueno de su persona, o que hayas llegado demasiado tarde. A fin de cuentas, es posible que los valores que nos han inculcado de pequeños estén en vía de extinción, por no decir desaparecidos por completo en ciertas personas.
Cuando La Edad Importa
Dicen que el amor es ciego, o nos deja así, y que la edad no debe importar. Sin embargo según he podido constatar, una cosa es lo que dicen por ahí, y otra es la realidad. Y la verdad es que no es tan bonita como la pintan.
En una sociedad en la que es cada día más difícil encontrar gente dispuesta a compartir su vida contigo, ¿debemos escuchar lo que digan los demás? ¿Podemos seguir creyendo que el amor no tiene edad? Y más importante ¿es el amor capaz de superarlo todo?
Tengo un amigo que siempre me dice que cuando sales con alguien, estás con la persona no con el DNI, por lo que la edad no debería importar. Pero todos sabemos que la sociedad es un poco cabrona con ese tema. Y al final termina metiéndose entre las dos personas.
Pero eso no deja de ser curioso porque algunas relaciones con mucha diferencia de edad sí que están bien vistas por la gente. La primera que se me ocurre es la relación entre Anakin y Padmé. Ella es unos 6 años mayor que él y sin embargo a nadie pareció importarle, incluso la actriz decía al respecto que por una vez la corruptora de menores era ella en una película y no al revés. Si seguimos en el mundo ficticio de la televisión, en la última telenovela que vi, es más de lo mismo. La protagonista estaba liada con un hombre que tenía la edad de ser su padre, más que nada porque luego se pelean y el hijo de él va tras de ella, y son de la misma edad. Y sin embargo eso a nadie le molesta.
En la vida real hay un montón de relaciones parecidas a las que vemos en la ficción. Desde Sara Montiel con sus ligues de verano de 20 años, hasta la propia Madonna. En este último caso, su marido tiene 10 años menos que ella, y sin embargo nadie dice nada. Demi Moore, de unos 40 y tantos años, está casada, creo, con un actor que es más de 10 años menor que ella, y la sociedad eso lo ve bien.
Cuando la relación es al revés, es decir que el mayor es el hombre, entonces es cuando se desatan las furias de la sociedad. Que si es un viejo verde, un sátiro, o cosas peores. Todos sabemos que está muy mal visto que las chicas jóvenes se líen o salgan con hombres mayores que ellas. Entonces ellos son unos corruptores de menores, y ellas unos putones.
Sin embargo en relaciones del mismo sexo, a pesar de que la cosa siga siendo un poco mal vista, digamos que las cosas importan menos. Porque claro, si son dos hombres juntos, ¿quién es el corruptor?
Yo siempre he tenido un problema con ese tema. Porque lo ideal sería salir con alguien de mi misma edad. Sin embargo no encuentro nadie que merezca la pena. Pero mayor o menor que yo sí. Entonces es cuando se presenta el problema. Porque si la persona es demasiado joven, como ya me ha pasado, entonces es cuando empiezan a reírse de ti. Incluso en una ocasión, en la que el chico conoció a mi madre, ella me pregunto cuando él se fue, si era mayor de edad. Y entonces antes de poder contestar me suelta el rollo ese de que los menores pueden denunciarme y todo eso. Lo cual es normal, las madres deben preocuparse, pero bueno, uno ya es mayorcito como para saber eso. Ese ha sido el único caso en el que intenté estar con alguien menor que yo, y en vista de los comentarios de la gente, de mis amigos y de mi familia, y sobretodo porque la cosa no funcionó por otros motivos, lo dejamos estar. Y desde entonces tengo un poco de reparo en buscarme gente menor que yo.
El caso contrario es casi peor. Siempre he pensado que si tuviese que presentarle a mis padres a alguien que tuviese más cosas en común de las que hablar con ellos que conmigo, eso no sería buena señal. Sin embargo siempre he tenido parejas mayores que yo, aunque a muchas no me dio tiempo a presentarlas en sociedad. Pero por lo general, cuando lo hago la reacción siempre es la misma: “pues no parece tan mayor”, como excusa a lo que realmente están pensando. Y claro, aunque a mi lo que los demás piensen no me afecta, a ellos sí. Y a veces tanta presión termina por romper la relación. Se rajan y con eso de que son mayores y tienen la vida muy liada, terminan por querer cortar.
Personalmente siempre he pensado que mi chico ideal debería ser mayor que yo, pero más bien por razones prácticas. Porque la gente menor que yo no suele vivir sola, ni tener coche ni independencia económica. Entonces cuando sales con alguien y quieres estar con esa persona y compartir su intimidad, el no tener donde hacerlo es un problema. Sin embargo hay un sector de gente que si que tiene todo eso, además de que ofrecen mayor estabilidad y con eso de que son mayores, ya tienen la cabeza amoblada y las cosas claras.
Pero ¡cuidado! Porque eso no llega a ser siempre cierto. Mi experiencia me ha demostrado que la mayoría de gente que supera los 35 años es más insegura y tiene más pájaros en la cabeza que los de 20 años. Según me han contado es porque ellos no llevan “fuera del armario” desde los comienzos como nosotros, entonces son más problemáticos. Mi opinión es que la mayoría esta tan quemada que ya no creen en el amor. Y lo peor de todo es que empiezo a entenderles.
Por eso creo que si es cierto que la edad no importa en el amor, lo mismo que el amor no tiene edad. Deberíamos sentir más y pensar menos, y seguro que el mundo sería mejor. Pero olvidarnos de los reveses que nos da la vida en el ámbito sentimental es más difícil de lo que parece. Pero como dice la canción: “otro amor vendrá”.

En una sociedad en la que es cada día más difícil encontrar gente dispuesta a compartir su vida contigo, ¿debemos escuchar lo que digan los demás? ¿Podemos seguir creyendo que el amor no tiene edad? Y más importante ¿es el amor capaz de superarlo todo?
Tengo un amigo que siempre me dice que cuando sales con alguien, estás con la persona no con el DNI, por lo que la edad no debería importar. Pero todos sabemos que la sociedad es un poco cabrona con ese tema. Y al final termina metiéndose entre las dos personas.
Pero eso no deja de ser curioso porque algunas relaciones con mucha diferencia de edad sí que están bien vistas por la gente. La primera que se me ocurre es la relación entre Anakin y Padmé. Ella es unos 6 años mayor que él y sin embargo a nadie pareció importarle, incluso la actriz decía al respecto que por una vez la corruptora de menores era ella en una película y no al revés. Si seguimos en el mundo ficticio de la televisión, en la última telenovela que vi, es más de lo mismo. La protagonista estaba liada con un hombre que tenía la edad de ser su padre, más que nada porque luego se pelean y el hijo de él va tras de ella, y son de la misma edad. Y sin embargo eso a nadie le molesta.
En la vida real hay un montón de relaciones parecidas a las que vemos en la ficción. Desde Sara Montiel con sus ligues de verano de 20 años, hasta la propia Madonna. En este último caso, su marido tiene 10 años menos que ella, y sin embargo nadie dice nada. Demi Moore, de unos 40 y tantos años, está casada, creo, con un actor que es más de 10 años menor que ella, y la sociedad eso lo ve bien.
Cuando la relación es al revés, es decir que el mayor es el hombre, entonces es cuando se desatan las furias de la sociedad. Que si es un viejo verde, un sátiro, o cosas peores. Todos sabemos que está muy mal visto que las chicas jóvenes se líen o salgan con hombres mayores que ellas. Entonces ellos son unos corruptores de menores, y ellas unos putones.
Sin embargo en relaciones del mismo sexo, a pesar de que la cosa siga siendo un poco mal vista, digamos que las cosas importan menos. Porque claro, si son dos hombres juntos, ¿quién es el corruptor?
Yo siempre he tenido un problema con ese tema. Porque lo ideal sería salir con alguien de mi misma edad. Sin embargo no encuentro nadie que merezca la pena. Pero mayor o menor que yo sí. Entonces es cuando se presenta el problema. Porque si la persona es demasiado joven, como ya me ha pasado, entonces es cuando empiezan a reírse de ti. Incluso en una ocasión, en la que el chico conoció a mi madre, ella me pregunto cuando él se fue, si era mayor de edad. Y entonces antes de poder contestar me suelta el rollo ese de que los menores pueden denunciarme y todo eso. Lo cual es normal, las madres deben preocuparse, pero bueno, uno ya es mayorcito como para saber eso. Ese ha sido el único caso en el que intenté estar con alguien menor que yo, y en vista de los comentarios de la gente, de mis amigos y de mi familia, y sobretodo porque la cosa no funcionó por otros motivos, lo dejamos estar. Y desde entonces tengo un poco de reparo en buscarme gente menor que yo.
El caso contrario es casi peor. Siempre he pensado que si tuviese que presentarle a mis padres a alguien que tuviese más cosas en común de las que hablar con ellos que conmigo, eso no sería buena señal. Sin embargo siempre he tenido parejas mayores que yo, aunque a muchas no me dio tiempo a presentarlas en sociedad. Pero por lo general, cuando lo hago la reacción siempre es la misma: “pues no parece tan mayor”, como excusa a lo que realmente están pensando. Y claro, aunque a mi lo que los demás piensen no me afecta, a ellos sí. Y a veces tanta presión termina por romper la relación. Se rajan y con eso de que son mayores y tienen la vida muy liada, terminan por querer cortar.
Personalmente siempre he pensado que mi chico ideal debería ser mayor que yo, pero más bien por razones prácticas. Porque la gente menor que yo no suele vivir sola, ni tener coche ni independencia económica. Entonces cuando sales con alguien y quieres estar con esa persona y compartir su intimidad, el no tener donde hacerlo es un problema. Sin embargo hay un sector de gente que si que tiene todo eso, además de que ofrecen mayor estabilidad y con eso de que son mayores, ya tienen la cabeza amoblada y las cosas claras.
Pero ¡cuidado! Porque eso no llega a ser siempre cierto. Mi experiencia me ha demostrado que la mayoría de gente que supera los 35 años es más insegura y tiene más pájaros en la cabeza que los de 20 años. Según me han contado es porque ellos no llevan “fuera del armario” desde los comienzos como nosotros, entonces son más problemáticos. Mi opinión es que la mayoría esta tan quemada que ya no creen en el amor. Y lo peor de todo es que empiezo a entenderles.
Por eso creo que si es cierto que la edad no importa en el amor, lo mismo que el amor no tiene edad. Deberíamos sentir más y pensar menos, y seguro que el mundo sería mejor. Pero olvidarnos de los reveses que nos da la vida en el ámbito sentimental es más difícil de lo que parece. Pero como dice la canción: “otro amor vendrá”.

El Antimorbo
Cuando estamos hablando de gustos en lo que se refiere a la seducción y el sexo las posibilidades son infinitas. Sin embargo hay una serie de actuaciones, poses o elementos que, creo yo, nos echan a todos para atrás. Son los llamados antimorbo o antilujuria. Y todos tenemos un repertorio amplio de las cosas que nos suelen dejar por los suelos.
En un mundo donde la variedad está a la orden del día y donde ya nada es como era antes, ¿Cómo podemos saber si somos persona non grata para alguien? ¿Cuándo lo exótico se convierte en asqueroso? ¿Nos debe importar lo que piensan los demás?
Lo primero que uno debe de pensar es en ser uno mismo y lo demás viene después, pero claro hay casos en los que ser uno mismo es como ser una versión mala de mister Bean, y aunque pueda llegar a tener éxito, tampoco hay que jugar con la suerte.
Creo que el primer antimorbo que se nos ha ocurrido a todos es aquel tío que va a la playa con calzado fino y con calcetines negros hasta media pantorrilla y en pantalón corto. Todos los hemos visto por la playa en estas fechas. Y la verdad es que a uno se le quitan las ganas de conocer a alguien que tienen tan poca noción de la estética. Pero hay un caso que ya es de hospital, y es el que lleva sandalias con calcetines, ya sena del color que sean.
Y es que en la playa es cuando más horrores se pueden ver, algunos ya rozan no solo el ridículo sino lo cómico. Una de las mayores desgracias para un hombre es perder el pelo, lo cual no termino de entender ya que la mayoría lo lleva corto, pero el caso es que se ve que cuando ya saben que nunca podrán llevarlo como Lorenzo Lamas en Renegado, entonces es cuando lo echan de menos. Y no admiten que van a quedarse como una bombilla, por lo que muchos recurren al artificio de dejárselo más largo y peinárselo hacia delante o de lado, para que cubra los caros. Hasta aquí no hay problema, pero recordad, si vais a la playa y os metéis al mar mejor rapaos. Sino os pasará como a uno que vimos un día mi madrina y yo. Estábamos acostados en la arena haciendo comentario sobre los transeúntes, cuando de repente, sale un hombre de mediana edad del mar con un mecho de pelo por un lado de la cabeza que le llegaba a los hombros, y por el otro la calva brillante. Os imaginareis el ataque de risa que nos dio.
No me he olvidado de las mujeres. Incluso ellas a veces se olvidan que pueden llegar a entrar en los antimorbo. Un ejemplo muy común son aquellas que hacen top less en la playa y les llegan a la rodilla. Y ya no os digo cuando las tienen peludas. Pero bueno eso son cosas de la naturaleza…sin embargo otra cosa es ser un poco perezosa en lo que a depilaciones se refiere. Yo tenia un profesora de inglés que era rubia, y como hacia calor en esa época solía llevar camisetas de manga corta o de tirantes. Pues cada vez que levantaba los brazos para escribir en la pizarra o para lo que fuera, la clase entera se quedaba traumatizada…
Así que, como si no bastase con el pelo en los sobacos, algunas tienen la manía de llevar bikini sin haberse hecho la cera o lo que quieran antes, por lo que en lo que es la parte inferior del bañador se les sale todo por los lados. Y es peor aun si encima es color amarillo, porque ya no deja nada a la imaginación malsana. Yo sé que depilarse duele, pero es que una cosa es no querer sufrir y otra cosa es ir provocando desprendimientos de retina por la playa. Igual es que cobran comisión por ello.
Lo de la depilación también alcanza a ciertos sectores masculinos. Si bien hay gente a la que estar con un hombre que parece un Wookee no les gusta, he de admitir que si el wookee se pasa la moto por todo el cuerpo la cosa ya no es tan terrible. Personalmente no soporto los hombres con pelo en la espalda. Para mi eso es el antimorbo. Pero yo que pensaba que no habría cosa peor, y la hay. Y de nuevo lo vi en la playa. Había un tío paseándose como su madre lo trajo al mundo, pero a no ser que su madre fuese una gorila no me lo explico. El caso es que ese hombre debió de ser un oso en otra vida, pero se había depilado, a medias. Es decir que de cintura para arriba no tenía pelo o una cosa recortada, pero de cintura para abajo era un felpudo. Ese ya no era un wookee, era un sátiro. Porque sus cuartos inferiores eran propios de los de ese ser mitológico debido a la abundancia de pelo que tenía. Si lo de la depilación está bien, pero al menos hacerlo como es, no a medias.
Mi prima me contaba que para ella un antimorbo es aquel tío guaperas que llega a la agencia y que todo el mundo se queda mirándole de lo perfecto que es, y cuando abre la boca resulta que tiene halitosis. Yo diría que si no es eso, luego cuando abre la boca tiene voz desagradable, o bien sus dientes son como los de un cocodrilo, (no precisamente afilados sino como si le hubiese explotado una granada en la boca). Otro de sus antihéroes eróticos es el típico señor que tiene más años que Yoda, con el callado, y que entra a la agencia a echarle piropos. Bueno, creo que eso nos asustaría a todos y a todas…
Lo curioso del asunto es que siempre hay un hueco para un descosido, es decir que inclusive esas personas que nosotros no concebimos como físicamente atractivas, tienen su propio club de fans, por lo que aun nos queda esperanza a los que somos del montón.

En un mundo donde la variedad está a la orden del día y donde ya nada es como era antes, ¿Cómo podemos saber si somos persona non grata para alguien? ¿Cuándo lo exótico se convierte en asqueroso? ¿Nos debe importar lo que piensan los demás?
Lo primero que uno debe de pensar es en ser uno mismo y lo demás viene después, pero claro hay casos en los que ser uno mismo es como ser una versión mala de mister Bean, y aunque pueda llegar a tener éxito, tampoco hay que jugar con la suerte.
Creo que el primer antimorbo que se nos ha ocurrido a todos es aquel tío que va a la playa con calzado fino y con calcetines negros hasta media pantorrilla y en pantalón corto. Todos los hemos visto por la playa en estas fechas. Y la verdad es que a uno se le quitan las ganas de conocer a alguien que tienen tan poca noción de la estética. Pero hay un caso que ya es de hospital, y es el que lleva sandalias con calcetines, ya sena del color que sean.
Y es que en la playa es cuando más horrores se pueden ver, algunos ya rozan no solo el ridículo sino lo cómico. Una de las mayores desgracias para un hombre es perder el pelo, lo cual no termino de entender ya que la mayoría lo lleva corto, pero el caso es que se ve que cuando ya saben que nunca podrán llevarlo como Lorenzo Lamas en Renegado, entonces es cuando lo echan de menos. Y no admiten que van a quedarse como una bombilla, por lo que muchos recurren al artificio de dejárselo más largo y peinárselo hacia delante o de lado, para que cubra los caros. Hasta aquí no hay problema, pero recordad, si vais a la playa y os metéis al mar mejor rapaos. Sino os pasará como a uno que vimos un día mi madrina y yo. Estábamos acostados en la arena haciendo comentario sobre los transeúntes, cuando de repente, sale un hombre de mediana edad del mar con un mecho de pelo por un lado de la cabeza que le llegaba a los hombros, y por el otro la calva brillante. Os imaginareis el ataque de risa que nos dio.
No me he olvidado de las mujeres. Incluso ellas a veces se olvidan que pueden llegar a entrar en los antimorbo. Un ejemplo muy común son aquellas que hacen top less en la playa y les llegan a la rodilla. Y ya no os digo cuando las tienen peludas. Pero bueno eso son cosas de la naturaleza…sin embargo otra cosa es ser un poco perezosa en lo que a depilaciones se refiere. Yo tenia un profesora de inglés que era rubia, y como hacia calor en esa época solía llevar camisetas de manga corta o de tirantes. Pues cada vez que levantaba los brazos para escribir en la pizarra o para lo que fuera, la clase entera se quedaba traumatizada…
Así que, como si no bastase con el pelo en los sobacos, algunas tienen la manía de llevar bikini sin haberse hecho la cera o lo que quieran antes, por lo que en lo que es la parte inferior del bañador se les sale todo por los lados. Y es peor aun si encima es color amarillo, porque ya no deja nada a la imaginación malsana. Yo sé que depilarse duele, pero es que una cosa es no querer sufrir y otra cosa es ir provocando desprendimientos de retina por la playa. Igual es que cobran comisión por ello.
Lo de la depilación también alcanza a ciertos sectores masculinos. Si bien hay gente a la que estar con un hombre que parece un Wookee no les gusta, he de admitir que si el wookee se pasa la moto por todo el cuerpo la cosa ya no es tan terrible. Personalmente no soporto los hombres con pelo en la espalda. Para mi eso es el antimorbo. Pero yo que pensaba que no habría cosa peor, y la hay. Y de nuevo lo vi en la playa. Había un tío paseándose como su madre lo trajo al mundo, pero a no ser que su madre fuese una gorila no me lo explico. El caso es que ese hombre debió de ser un oso en otra vida, pero se había depilado, a medias. Es decir que de cintura para arriba no tenía pelo o una cosa recortada, pero de cintura para abajo era un felpudo. Ese ya no era un wookee, era un sátiro. Porque sus cuartos inferiores eran propios de los de ese ser mitológico debido a la abundancia de pelo que tenía. Si lo de la depilación está bien, pero al menos hacerlo como es, no a medias.
Mi prima me contaba que para ella un antimorbo es aquel tío guaperas que llega a la agencia y que todo el mundo se queda mirándole de lo perfecto que es, y cuando abre la boca resulta que tiene halitosis. Yo diría que si no es eso, luego cuando abre la boca tiene voz desagradable, o bien sus dientes son como los de un cocodrilo, (no precisamente afilados sino como si le hubiese explotado una granada en la boca). Otro de sus antihéroes eróticos es el típico señor que tiene más años que Yoda, con el callado, y que entra a la agencia a echarle piropos. Bueno, creo que eso nos asustaría a todos y a todas…
Lo curioso del asunto es que siempre hay un hueco para un descosido, es decir que inclusive esas personas que nosotros no concebimos como físicamente atractivas, tienen su propio club de fans, por lo que aun nos queda esperanza a los que somos del montón.

Los Celos
William Shakespeare supo plasmar hasta que punto una relación perfecta puede deteriorarse hasta llegar a extremos fatales, con la simple intervención de una tercera persona, tanto de forma voluntaria como no. Dicen que cuando alguien te quiere realmente es normal que sienta celos, ¿pero cuando sabemos que ya no es sano lo que siente? ¿Existe el amor sin el miedo a perderlo? ¿Podemos superar una relación infestada por la desconfianza?
En mi caso, debo agradecer el no haber tenido casi ninguna relación en la que el gusanillo de los celos estuviese presente, sin embargo como a toda regla siempre hay una excepción. Recuerdo que hace muchos años, cuando yo aún era nuevo en esto de las relaciones de pareja, vino a visitarme una de mis mejores amigas desde el extranjero, y claro para 4 días que iba a estar no iba a desatenderla, además de que teníamos que ponernos al día de lo que nos había sucedido ese tiempo sin vernos. El caso es que mi pareja en esa época no entendió esa simple cuestión de hospitalidad y me estuvo reprochando no prestarle la atención debida por estar siempre con ella. Lo cual era lo lógico teniendo en cuenta las circunstancias. Lo bueno del asunto es que todo quedo en una pequeña bronca y un rebote por mi parte por comportarse como un imbécil.
Pero hay casos aún peores en los que la otra persona llega a ponerse realmente violenta. Tengo un amigo que, según creo, acaba de dar por terminada una relación con un chico con el que estuvo saliendo ya un par de años, porque al final el acoso era tal, que ya no soportaba estar en su presencia. Esta persona había creado su vida alrededor de mi amigo, y sólo quería vivir con él, las 24 horas del día. Pero claro, por mucho amor que uno sienta hacia una persona así, al final acabas agobiándote. Y es lo que le pasó a mi amigo. Entonces fue cuando entré yo en esa historia.
Empezamos a quedar más a menudo, más que nada porque yo le servia como vía de escape a éste chico, lo llevaba a pasear, hablábamos y podía contarme todo lo que a su novio no podía contarle porque se subiría por las paredes. Claro, ese chico no es tonto, y al ver que había parcelas de la vida de su pareja que no podía compartir con él y que otros podíamos disfrutar empezó a enloquecer. Hasta el punto de llegar a manifestar un odio hacia mí por querer “robarle a su pareja”. Obviamente, eso es mentira, ya que yo a los amigos los respeto, y no me gusta meterme entre dos parejas. Incluso pensé en dejar de ver a mi amigo para no crearle más problemas. Sin embargo, él seguía queriendo quedar conmigo, porque era su única puerta al exterior de una relación en la que le estaban ahogando los celos de su novio para el que yo era una mala influencia que debía de ser destruida. Por suerte, las cosas siempre se caen por su propio peso, y al final han terminado peleándose y dejando la relación.
El acoso que sufre una persona por parte de una pareja celosa puede incluso llegar a situaciones cómicas vistas desde una óptica externa. En una ocasión mi amigo me contó que su novio en un ataque de celos le cogió el móvil e intentó copiarle todos los números de teléfono que tenia de sus amigos. Lo que pasa es que en el proceso debió de cometer algún error de manipulación porque acabó con la memoria de su móvil vacía. Con lo cual la jugada le salió mal.
Otro amigo tiene un problema de incomprensión con su pareja. Porque si algo tenía la relación de mi otro amigo, es que su novio quería un trato igual al que él le daba por parte de su novio (es decir vivir las 24 horas del día juntos). Pero en este caso es más bien lo contrario. Uno tiene la posibilidad de ver a sus amigos, de salir de marcha y de irse de viaje, pero si el otro lo hace es que hay gato encerrado. Según me ha contado, si tiene la desgracia de saludar a alguien por la cale que su pareja no conozca, ya tiene bronca en casa nada más llegar. Pero lo contrario no es posible. Y ya si decide irse de vacaciones a casa de alguien que su pareja no conozca y que no considere fuera de peligro, la cosa se sale de madre. Mi amigo es profesor, por lo que tiene contacto permanente con alumnos y compañeros de trabajo que andan fluctuando, y si tiene la desgracia de hacer algún comentario sobre alguien que él no conozca, entonces ya tienen mal rollo servido.
En este caso la relación se plaga de celos por una dinámica de desequilibrio. Es decir que no es por miedo a perder a la otra persona como le pasaba a mi otro amigo, sino porque la pareja tiene miedo a que el universo le devuelva lo que ha hecho. Hay muchos casos de personas que sienten celos porque tienen miedo de que les hagan lo que ellos hacen, han hecho o serían capaces de hacer. Es lo que la frase de “el ladrón cree que todos son de su condición” viene a explicarnos. Si ellos son capaces de poner los cuernos, se creen que la otra persona también va a hacerlo, o al menos a intentarlo, y de esa manera vengarse de los malos tragos que le está haciendo pasar.
El otro caso es simplemente una falta de seguridad. El celoso no confía en sí mismo, y por lo tanto proyecta esa inseguridad hacia su pareja pensando que en cualquier momento le va a dejar. Entonces una vez que ha entrado en la espiral de las desconfianza ya no consigue salir, y termina creándose una imagen del mundo que lo rodea que no es más que una alteración de la realidad, y que no existe.
Cuando tenemos una pareja celosa, si realmente queremos que la relación funcione, debemos aceptar ese defecto e intentar ayudarle a combatirlo, por lo que la comunicación y la comprensión lo son todo. Sin embargo si el caso es desesperado, no merece la pena vivir con la amenaza de que cualquier día esa persona nos vaya a hacer daño por no soportar la idea de perdernos. Si por el contrario somos nosotros los celosos, lo mejor que podemos hacer es intentar encontrar la solución con la ayuda de nuestra pareja, porque para eso está, y recordar que a veces las cosas no son lo que parecen, por muy tópico que suene eso.
En mi caso, debo agradecer el no haber tenido casi ninguna relación en la que el gusanillo de los celos estuviese presente, sin embargo como a toda regla siempre hay una excepción. Recuerdo que hace muchos años, cuando yo aún era nuevo en esto de las relaciones de pareja, vino a visitarme una de mis mejores amigas desde el extranjero, y claro para 4 días que iba a estar no iba a desatenderla, además de que teníamos que ponernos al día de lo que nos había sucedido ese tiempo sin vernos. El caso es que mi pareja en esa época no entendió esa simple cuestión de hospitalidad y me estuvo reprochando no prestarle la atención debida por estar siempre con ella. Lo cual era lo lógico teniendo en cuenta las circunstancias. Lo bueno del asunto es que todo quedo en una pequeña bronca y un rebote por mi parte por comportarse como un imbécil.
Pero hay casos aún peores en los que la otra persona llega a ponerse realmente violenta. Tengo un amigo que, según creo, acaba de dar por terminada una relación con un chico con el que estuvo saliendo ya un par de años, porque al final el acoso era tal, que ya no soportaba estar en su presencia. Esta persona había creado su vida alrededor de mi amigo, y sólo quería vivir con él, las 24 horas del día. Pero claro, por mucho amor que uno sienta hacia una persona así, al final acabas agobiándote. Y es lo que le pasó a mi amigo. Entonces fue cuando entré yo en esa historia.
Empezamos a quedar más a menudo, más que nada porque yo le servia como vía de escape a éste chico, lo llevaba a pasear, hablábamos y podía contarme todo lo que a su novio no podía contarle porque se subiría por las paredes. Claro, ese chico no es tonto, y al ver que había parcelas de la vida de su pareja que no podía compartir con él y que otros podíamos disfrutar empezó a enloquecer. Hasta el punto de llegar a manifestar un odio hacia mí por querer “robarle a su pareja”. Obviamente, eso es mentira, ya que yo a los amigos los respeto, y no me gusta meterme entre dos parejas. Incluso pensé en dejar de ver a mi amigo para no crearle más problemas. Sin embargo, él seguía queriendo quedar conmigo, porque era su única puerta al exterior de una relación en la que le estaban ahogando los celos de su novio para el que yo era una mala influencia que debía de ser destruida. Por suerte, las cosas siempre se caen por su propio peso, y al final han terminado peleándose y dejando la relación.
El acoso que sufre una persona por parte de una pareja celosa puede incluso llegar a situaciones cómicas vistas desde una óptica externa. En una ocasión mi amigo me contó que su novio en un ataque de celos le cogió el móvil e intentó copiarle todos los números de teléfono que tenia de sus amigos. Lo que pasa es que en el proceso debió de cometer algún error de manipulación porque acabó con la memoria de su móvil vacía. Con lo cual la jugada le salió mal.
Otro amigo tiene un problema de incomprensión con su pareja. Porque si algo tenía la relación de mi otro amigo, es que su novio quería un trato igual al que él le daba por parte de su novio (es decir vivir las 24 horas del día juntos). Pero en este caso es más bien lo contrario. Uno tiene la posibilidad de ver a sus amigos, de salir de marcha y de irse de viaje, pero si el otro lo hace es que hay gato encerrado. Según me ha contado, si tiene la desgracia de saludar a alguien por la cale que su pareja no conozca, ya tiene bronca en casa nada más llegar. Pero lo contrario no es posible. Y ya si decide irse de vacaciones a casa de alguien que su pareja no conozca y que no considere fuera de peligro, la cosa se sale de madre. Mi amigo es profesor, por lo que tiene contacto permanente con alumnos y compañeros de trabajo que andan fluctuando, y si tiene la desgracia de hacer algún comentario sobre alguien que él no conozca, entonces ya tienen mal rollo servido.
En este caso la relación se plaga de celos por una dinámica de desequilibrio. Es decir que no es por miedo a perder a la otra persona como le pasaba a mi otro amigo, sino porque la pareja tiene miedo a que el universo le devuelva lo que ha hecho. Hay muchos casos de personas que sienten celos porque tienen miedo de que les hagan lo que ellos hacen, han hecho o serían capaces de hacer. Es lo que la frase de “el ladrón cree que todos son de su condición” viene a explicarnos. Si ellos son capaces de poner los cuernos, se creen que la otra persona también va a hacerlo, o al menos a intentarlo, y de esa manera vengarse de los malos tragos que le está haciendo pasar.
El otro caso es simplemente una falta de seguridad. El celoso no confía en sí mismo, y por lo tanto proyecta esa inseguridad hacia su pareja pensando que en cualquier momento le va a dejar. Entonces una vez que ha entrado en la espiral de las desconfianza ya no consigue salir, y termina creándose una imagen del mundo que lo rodea que no es más que una alteración de la realidad, y que no existe.
Cuando tenemos una pareja celosa, si realmente queremos que la relación funcione, debemos aceptar ese defecto e intentar ayudarle a combatirlo, por lo que la comunicación y la comprensión lo son todo. Sin embargo si el caso es desesperado, no merece la pena vivir con la amenaza de que cualquier día esa persona nos vaya a hacer daño por no soportar la idea de perdernos. Si por el contrario somos nosotros los celosos, lo mejor que podemos hacer es intentar encontrar la solución con la ayuda de nuestra pareja, porque para eso está, y recordar que a veces las cosas no son lo que parecen, por muy tópico que suene eso.
¡Que Llega El Verano!
Estos últimos días con las temperaturas en alza, nuestros hogares son un centro de actividad conocida como “sacar la ropa de verano y guardar la de invierno”. A pesar de que aun no hemos llegado a la estación propiamente dicha, ya en muchos litorales españoles las playas empiezan a abarrotarse de gente los fines de semana. Y claro, surge el conocido problema de los trajes de baño. Porque claro, las navidades aun nos pesan.
Cuando llega la hora de lucir tipazo en las playas y las piscinas, ¿Por qué nos importa tanto lo que piensen los demás? ¿Es realmente el físico tan importante? ¿Por qué en verano nos volvemos tan superficiales?
Yo siempre me fijo en como se comporta la gente en el gimnasio porque es una especie de mini.- sociedad probeta. Por ejemplo, cuando han pasado las vacaciones de Semana Santa, que por cierto, este año han sido más pronto, la gente se da cuenta de que los bañadores del año anterior no le van y se vuelven paranoicos. Entonces es cuando se apuntan a centros de adelgazamiento, gimnasios y otros. De paso es el periodo del año que podemos reconocer fácilmente al poner la televisión, todo son anuncios de productos para perder peso y no ganarlo, para no aumentar de peso, para cuidarse, etc.
En el mes de abril y mayo, de repente, empezó a llegar una cantidad enorme de gente a mi gimnasio, personas que no conocía y que realmente necesitaban ponerse en forma. De repente la sala de máquinas estaba llena de gente. Tuve que cambiarme de horario, porque a la hora punta era imposible hacer nada, las maquinas de cardio, es decir las de correr y las bicicletas, estaban siempre todas ocupadas por gente obsesionada por perder lo antes posible los kilos que han acumulado desde el año pasado.
Lo mismo sucede con las clases colectivas explosivas, como las llamo yo, es decir todas aquellas en las que se queman muchas calorías, como pueden ser todos los ejercicios aeróbicos, de saltar o de dar botes, e incluso los de bicicleta estática. En las horas punta hay que pedir número para poder entrar, o reservase uno un tiempo antes de que empiece. Incluso algunas veces han tenido que aumentar el número de clases que ofrecen.
Sin embargo lo divertido es que a las clases “espirituales” solo van los asiduos. Es el caso de las clases de yoga, de estiramientos y de Tai Chi. Solo gente que realmente se preocupa por su estado interior, o que quieren ir a la moda de lo oriental, acuden a esas clases. Lo bueno de esas clases es que siempre hay sitio, nunca hay que pedir número y al ser en grupos reducidos el profesor o la profesora pueden estar más atentos a que los ejercicios se hagan correctamente.
Mi experiencia en estas clases ha sido positiva. De hecho salgo con más agujetas que cuando he ido a las de “pérdida rápida de peso”. Y no es porque necesite perder peso, sino porque siempre me ha gustado hacer deporte, y sentirme bien con mi cuerpo. Pero se me había olvidado cuidar también de mi mente, y para eso están esas clases. En las que se trabaja tanto cuerpo como mente. Y puede que no salga hecho un mastodonte como de la sala de pesas. Pero al menos podré lucir algo más que cuerpo en la playa.
Eso si lo que uno quiere es salir a la playa a lucirse. Porque mucha gente solo lo ve como una pasarela. Ya no se trata de pasar unas vacaciones lejos de los problemas, ni de relajarse, sino de ir a ligar. A mostrarse, a desfilar y a juzgar y ser juzgado. Como un trozo de carne en el mercado.
Lo curioso del asunto es que esta pasarela también se traslada a la calle y al resto de la ciudad. Porque es cuando empezamos a usar ropa con cada vez menos tela, y si eres una mujer con que te tape lo imprescindible es suficiente. Los chicos a veces casi lo tenemos más fácil porque solo con llevar un pantalón corto o muy corto basta. Pero el caso es que la urbe se convierte en unos camerinos de la sala de desfile en la que se convierte la playa y su paseo.
Yo puedo entender que aquellas personas que se han dejado un dineral en el cirujano, en los centros de adelgazamiento o en el gimnasio, y que hayan sabido darles buen uso, quieran mostrar en qué han invertido, porque es lo suyo. Yo no me compro un coche caro para dejarlo guardado en el garaje. Lo mismo supongo que una mujer no se compra un par de tetas para llevarlas escondidas en una camiseta ancha.
Lo triste del asunto es cuando aparte de ese montón de silicona, la persona no tiene nada más que ofrecer. Porque uno puede gastarse el dineral que quiera en quitarse arrugas, ponerse cosas, cambiarlas de sitio subirlas o bajarlas, o por quedar relleno como un pavo, pero lo que tenemos dentro no se puede operar ni transformar de esa manera. Y al final esas personas pueden convertirse en una fachada muy atractiva, pero con nada que valga la pena detrás. La imagen puede ser muy bonita, pero si en el interior no hay nada, sólo sirve como florero. Y los floreros al final terminan enterrados en el fondo de un armario comiendo polvo.
El culto al cuerpo es algo que desde un punto de vista estético es positivo, desde la óptica de la salud, viene bien cuidarse porque solo tenemos un cuerpo para toda la vida y debemos atenderle bien. Pero no por ello debemos olvidarnos que lo que importa también está en nuestro interior y que ante todo somos personas con un alma, y que esa alma también necesita que la alimentemos, necesita hacer deporte y a veces incluso que nos acordemos de que esta ahí.

Cuando llega la hora de lucir tipazo en las playas y las piscinas, ¿Por qué nos importa tanto lo que piensen los demás? ¿Es realmente el físico tan importante? ¿Por qué en verano nos volvemos tan superficiales?
Yo siempre me fijo en como se comporta la gente en el gimnasio porque es una especie de mini.- sociedad probeta. Por ejemplo, cuando han pasado las vacaciones de Semana Santa, que por cierto, este año han sido más pronto, la gente se da cuenta de que los bañadores del año anterior no le van y se vuelven paranoicos. Entonces es cuando se apuntan a centros de adelgazamiento, gimnasios y otros. De paso es el periodo del año que podemos reconocer fácilmente al poner la televisión, todo son anuncios de productos para perder peso y no ganarlo, para no aumentar de peso, para cuidarse, etc.
En el mes de abril y mayo, de repente, empezó a llegar una cantidad enorme de gente a mi gimnasio, personas que no conocía y que realmente necesitaban ponerse en forma. De repente la sala de máquinas estaba llena de gente. Tuve que cambiarme de horario, porque a la hora punta era imposible hacer nada, las maquinas de cardio, es decir las de correr y las bicicletas, estaban siempre todas ocupadas por gente obsesionada por perder lo antes posible los kilos que han acumulado desde el año pasado.
Lo mismo sucede con las clases colectivas explosivas, como las llamo yo, es decir todas aquellas en las que se queman muchas calorías, como pueden ser todos los ejercicios aeróbicos, de saltar o de dar botes, e incluso los de bicicleta estática. En las horas punta hay que pedir número para poder entrar, o reservase uno un tiempo antes de que empiece. Incluso algunas veces han tenido que aumentar el número de clases que ofrecen.
Sin embargo lo divertido es que a las clases “espirituales” solo van los asiduos. Es el caso de las clases de yoga, de estiramientos y de Tai Chi. Solo gente que realmente se preocupa por su estado interior, o que quieren ir a la moda de lo oriental, acuden a esas clases. Lo bueno de esas clases es que siempre hay sitio, nunca hay que pedir número y al ser en grupos reducidos el profesor o la profesora pueden estar más atentos a que los ejercicios se hagan correctamente.
Mi experiencia en estas clases ha sido positiva. De hecho salgo con más agujetas que cuando he ido a las de “pérdida rápida de peso”. Y no es porque necesite perder peso, sino porque siempre me ha gustado hacer deporte, y sentirme bien con mi cuerpo. Pero se me había olvidado cuidar también de mi mente, y para eso están esas clases. En las que se trabaja tanto cuerpo como mente. Y puede que no salga hecho un mastodonte como de la sala de pesas. Pero al menos podré lucir algo más que cuerpo en la playa.
Eso si lo que uno quiere es salir a la playa a lucirse. Porque mucha gente solo lo ve como una pasarela. Ya no se trata de pasar unas vacaciones lejos de los problemas, ni de relajarse, sino de ir a ligar. A mostrarse, a desfilar y a juzgar y ser juzgado. Como un trozo de carne en el mercado.
Lo curioso del asunto es que esta pasarela también se traslada a la calle y al resto de la ciudad. Porque es cuando empezamos a usar ropa con cada vez menos tela, y si eres una mujer con que te tape lo imprescindible es suficiente. Los chicos a veces casi lo tenemos más fácil porque solo con llevar un pantalón corto o muy corto basta. Pero el caso es que la urbe se convierte en unos camerinos de la sala de desfile en la que se convierte la playa y su paseo.
Yo puedo entender que aquellas personas que se han dejado un dineral en el cirujano, en los centros de adelgazamiento o en el gimnasio, y que hayan sabido darles buen uso, quieran mostrar en qué han invertido, porque es lo suyo. Yo no me compro un coche caro para dejarlo guardado en el garaje. Lo mismo supongo que una mujer no se compra un par de tetas para llevarlas escondidas en una camiseta ancha.
Lo triste del asunto es cuando aparte de ese montón de silicona, la persona no tiene nada más que ofrecer. Porque uno puede gastarse el dineral que quiera en quitarse arrugas, ponerse cosas, cambiarlas de sitio subirlas o bajarlas, o por quedar relleno como un pavo, pero lo que tenemos dentro no se puede operar ni transformar de esa manera. Y al final esas personas pueden convertirse en una fachada muy atractiva, pero con nada que valga la pena detrás. La imagen puede ser muy bonita, pero si en el interior no hay nada, sólo sirve como florero. Y los floreros al final terminan enterrados en el fondo de un armario comiendo polvo.
El culto al cuerpo es algo que desde un punto de vista estético es positivo, desde la óptica de la salud, viene bien cuidarse porque solo tenemos un cuerpo para toda la vida y debemos atenderle bien. Pero no por ello debemos olvidarnos que lo que importa también está en nuestro interior y que ante todo somos personas con un alma, y que esa alma también necesita que la alimentemos, necesita hacer deporte y a veces incluso que nos acordemos de que esta ahí.

Radio Patio
La creencia popular dice que las mujeres son más cotillas que los hombres. Pero basta con echarle un vistazo a las revistas para ellos, o bien darse un paseo por los vestuarios masculinos (aquellos que puedan) para darse cuenta de que no es así. Si consideramos el término popular marujeo, nos deja entender que es un deporte exclusivo para las mujeres, pero ahora sabemos que no es así.
En un mundo en el que cada vez somos más parecidos a los vecinos y donde sin embargo no sabemos ni quien vive al lado o encima de nuestro apartamento, ¿Por qué no aficionamos tanto al radio patio? Hay un dicho popular que dice que la curiosidad mató al gato. Pero ¿el gato no tiene 7 vidas? Entonces, ¿acaso es tan poderosa la curiosidad que consiguió matarle tantas veces?
Bueno yo creo que sí, porque la verdad es que el cotilleo es algo que nos puede.
En mi grupito de la universidad, me acuerdo que nuestro pasatiempo favorito cuando no íbamos a clase, cuando faltaba un profesor o cuando nos quedábamos a hacer algún trabajo por las tardes, era lo que Carmen y yo llamábamos la peletería. Como decía ella tan bien, nos sentábamos a hacer abrigos de piel de los demás compañeros, tanto de los que nos caían mal (de los cuales no dejábamos ni uno intacto) como de los que nos caían bien (entonces solo era intercambio de información sin malicia). Lo divertido del asunto era ver el acceso a la cantidad de información que teníamos. Siempre estábamos al corriente del último ligue de tal profesor, o de qué alumna se había acostado con quién, qué había pasado con el desaparecido suspenso de alguien y cosas por el estilo. Pero dejando esas frivolidades aparte lo mejor era ver como influía la moda a ciertos grupos de alumnos. Ahí era donde más nos cebábamos, ya que en el fondo la vida sentimental y sexual de los demás no nos importaba tanto como las críticas de moda.
Lo cierto es que teníamos una compañera que siempre nos sorprendía por su manera muy personal de mezclar estilos, de tal manera que siempre iba horrorosa. Y lo cierto es que gracias a ella pasábamos unos buenos ratos comentando su falta de gusto. Porque, seamos sinceros, éramos muy malos y nos gustaba despellejar a los demás. Pero tenemos la certeza de que, así como nosotros contribuíamos a dispersar rumores sobre los demás, otros ya se encargaban de ponernos en nuestro sitio.
Porque si algo tiene el sistema del radio patio es que nadie esta a salvo de la polemiza y del escándalo. Y el día que menos te lo esperas eres tú la portada del informativo local universitario o de la empresa donde trabajas. Porque incluso los altos cargos son vulnerables y dados al cotilleo. Alguna vez hemos podido comprobarlo con profesores, que aprovechan las horas de tutorías para ponerse al día de lo último que sucede entre los alumnos o para lanzar rumores jugosos sobre sus compañeros de trabajo.
A los que no vayáis con la música a todo volumen por el gimnasio os aconsejo escuchar un poco lo que cuentan los hombres en los vestuarios. No tiene desperdicio. Recuerdo que en una ocasión no sólo comentaban sobre las series del momento, sino incluso sobre las telenovelas que daban en la primera cadena de televisión. No dejó de sorprenderme que dos tiarrones de estos que quitan el hipo tuvieran comentarios tan mundanos como que si Betty la Fea no debía haber vuelto con Armando. Aunque no siempre hablan de la televisión. En realidad radio patio también podría llamarse radio vestuario, porque es donde se ponen al tanto de todo lo que pasa en su lugar de trabajo, y puesto que desnudos todos somos iguales y no hay clasificación alguna, los jefes se mezclan con los empleados para comentar los últimos ligues de la secretaria cañón de la 5ª planta, o bien algún restaurante donde llevar a la novia e incluso de cual de los amigos tiene a la tía más buena. Incluso los hay que se plantean intercambiárselas mientras que están en las duchas…
Lo que uno puede llegar a oír en ciertos lugares no tiene desperdicio. Pero tampoco hace falta meterse en un gimnasio para formar parte del sistema informativo mundial. Simplemente basta con darse un paseo por los grandes almacenes, las tiendas de ropa o las cafeterías. Porque algo bueno que tiene la sociedad española es que todo lo vive abiertamente. Si tú te sientas en una cafetería o en un banco del parque estás seguro de poder oír la conversación íntima y personal que tienen los dos de al lado. Y al final acabas enterándote de los cotilleos del bloque de vecinos de la calle tal. Porque la gente lo comenta todo, y si eres una persona curiosa, tienes material para rato.
Ahora que se acerca el verano, y que en algunos lugares ya podemos decir que estamos realmente en verano, un buen sitio para cotillear es en la playa. Para empezar se puede hacer de forma personal, es decir comentar para uno mismo lo que llevan los demás, donde se sientan, qué hacen, como lo hacen, cuanto tiempo están tomando el sol y cuanto intentando ligarse al de al lado o a la tía de la toalla de enfrente. Lo divertido es cuando pillas conversaciones de toallas colindantes o de transeúntes a los que les gusta pasear por la orilla del mar tanto para lucir palmito como para regalarse la vista. Ahí es cuando te enteras de las conversaciones más jugosas.
Y si no quieres salir de tu casa lo más fácil es poner la televisión, y la pongas a la hora que sea siempre encontraras algún programa dedicado a eso. Porque si algo tiene la programación televisiva hoy en día es la redundancia de oferta en lo referente a los sucesos. Ya no hace falta salir a la calle a marujear, sino que dentro de nada podrás ver a tus vecinos en algún late show de por la noche sacándose mutuamente los trapos sucios.
En realidad la ciudad y sus alrededores están plagados de terrenos donde la información tiene libre curso, donde fluyen los comentarios a diestro y siniestro como lo hacen las olas sobre la arena. Pero no debemos olvidarnos de una cosa muy importante: así como nos gusta cotillear sobre otros, otros lo harán sobre nosotros. ¡Estad alerta!

En un mundo en el que cada vez somos más parecidos a los vecinos y donde sin embargo no sabemos ni quien vive al lado o encima de nuestro apartamento, ¿Por qué no aficionamos tanto al radio patio? Hay un dicho popular que dice que la curiosidad mató al gato. Pero ¿el gato no tiene 7 vidas? Entonces, ¿acaso es tan poderosa la curiosidad que consiguió matarle tantas veces?
Bueno yo creo que sí, porque la verdad es que el cotilleo es algo que nos puede.
En mi grupito de la universidad, me acuerdo que nuestro pasatiempo favorito cuando no íbamos a clase, cuando faltaba un profesor o cuando nos quedábamos a hacer algún trabajo por las tardes, era lo que Carmen y yo llamábamos la peletería. Como decía ella tan bien, nos sentábamos a hacer abrigos de piel de los demás compañeros, tanto de los que nos caían mal (de los cuales no dejábamos ni uno intacto) como de los que nos caían bien (entonces solo era intercambio de información sin malicia). Lo divertido del asunto era ver el acceso a la cantidad de información que teníamos. Siempre estábamos al corriente del último ligue de tal profesor, o de qué alumna se había acostado con quién, qué había pasado con el desaparecido suspenso de alguien y cosas por el estilo. Pero dejando esas frivolidades aparte lo mejor era ver como influía la moda a ciertos grupos de alumnos. Ahí era donde más nos cebábamos, ya que en el fondo la vida sentimental y sexual de los demás no nos importaba tanto como las críticas de moda.
Lo cierto es que teníamos una compañera que siempre nos sorprendía por su manera muy personal de mezclar estilos, de tal manera que siempre iba horrorosa. Y lo cierto es que gracias a ella pasábamos unos buenos ratos comentando su falta de gusto. Porque, seamos sinceros, éramos muy malos y nos gustaba despellejar a los demás. Pero tenemos la certeza de que, así como nosotros contribuíamos a dispersar rumores sobre los demás, otros ya se encargaban de ponernos en nuestro sitio.
Porque si algo tiene el sistema del radio patio es que nadie esta a salvo de la polemiza y del escándalo. Y el día que menos te lo esperas eres tú la portada del informativo local universitario o de la empresa donde trabajas. Porque incluso los altos cargos son vulnerables y dados al cotilleo. Alguna vez hemos podido comprobarlo con profesores, que aprovechan las horas de tutorías para ponerse al día de lo último que sucede entre los alumnos o para lanzar rumores jugosos sobre sus compañeros de trabajo.
A los que no vayáis con la música a todo volumen por el gimnasio os aconsejo escuchar un poco lo que cuentan los hombres en los vestuarios. No tiene desperdicio. Recuerdo que en una ocasión no sólo comentaban sobre las series del momento, sino incluso sobre las telenovelas que daban en la primera cadena de televisión. No dejó de sorprenderme que dos tiarrones de estos que quitan el hipo tuvieran comentarios tan mundanos como que si Betty la Fea no debía haber vuelto con Armando. Aunque no siempre hablan de la televisión. En realidad radio patio también podría llamarse radio vestuario, porque es donde se ponen al tanto de todo lo que pasa en su lugar de trabajo, y puesto que desnudos todos somos iguales y no hay clasificación alguna, los jefes se mezclan con los empleados para comentar los últimos ligues de la secretaria cañón de la 5ª planta, o bien algún restaurante donde llevar a la novia e incluso de cual de los amigos tiene a la tía más buena. Incluso los hay que se plantean intercambiárselas mientras que están en las duchas…
Lo que uno puede llegar a oír en ciertos lugares no tiene desperdicio. Pero tampoco hace falta meterse en un gimnasio para formar parte del sistema informativo mundial. Simplemente basta con darse un paseo por los grandes almacenes, las tiendas de ropa o las cafeterías. Porque algo bueno que tiene la sociedad española es que todo lo vive abiertamente. Si tú te sientas en una cafetería o en un banco del parque estás seguro de poder oír la conversación íntima y personal que tienen los dos de al lado. Y al final acabas enterándote de los cotilleos del bloque de vecinos de la calle tal. Porque la gente lo comenta todo, y si eres una persona curiosa, tienes material para rato.
Ahora que se acerca el verano, y que en algunos lugares ya podemos decir que estamos realmente en verano, un buen sitio para cotillear es en la playa. Para empezar se puede hacer de forma personal, es decir comentar para uno mismo lo que llevan los demás, donde se sientan, qué hacen, como lo hacen, cuanto tiempo están tomando el sol y cuanto intentando ligarse al de al lado o a la tía de la toalla de enfrente. Lo divertido es cuando pillas conversaciones de toallas colindantes o de transeúntes a los que les gusta pasear por la orilla del mar tanto para lucir palmito como para regalarse la vista. Ahí es cuando te enteras de las conversaciones más jugosas.
Y si no quieres salir de tu casa lo más fácil es poner la televisión, y la pongas a la hora que sea siempre encontraras algún programa dedicado a eso. Porque si algo tiene la programación televisiva hoy en día es la redundancia de oferta en lo referente a los sucesos. Ya no hace falta salir a la calle a marujear, sino que dentro de nada podrás ver a tus vecinos en algún late show de por la noche sacándose mutuamente los trapos sucios.
En realidad la ciudad y sus alrededores están plagados de terrenos donde la información tiene libre curso, donde fluyen los comentarios a diestro y siniestro como lo hacen las olas sobre la arena. Pero no debemos olvidarnos de una cosa muy importante: así como nos gusta cotillear sobre otros, otros lo harán sobre nosotros. ¡Estad alerta!

La Huida
Dicen que los problemas se deben afrontar, que huir de ellos es contraproducente, sin embargo en la historia de la humanidad el escapar de ellos se ha convertido en una tradición de algunas civilizaciones. ¿Por que nos cuesta tanto afrontar los retos? Cuando poner distancia entre el problema y nosotros se convierte en una necesidad, ¿cuándo sabemos que estamos preparados para la realidad? ¿Cuánto hay que huir para poder ver las cosas con perspectiva?
Si hacemos una retrospectiva en la historia del hombre sobre la tierra, (porque fuera de ella aun no se sabe nada), nos daremos cuenta de que en todas las épocas el éxodo y la huida han sido comúnmente utilizados para “resolver” los problemas que nos asediaban.
El primer ejemplo que se me ocurre es la huida de Egipto de Moisés y sus seguidores, también conocido como el Éxodo. Después de haber sido torturados y esclavizados por los faraones, como no daban la talla para luchar, a pesar de que Dios estaba con ellos, tuvieron que huir, porque el Faraón no los quiso liberar aún habiendo sufrido todas las plagas que le fueron enviadas. Así pues, como no tuvo éxito en la ofensiva, Moisés tuvo que coger a su pueblo y escapar mar a través para luego terminar vagando por el desierto durante 40 años. No se hasta que punto fue una huida provechosa.
Otro caso que nos relata la Biblia ya tiene que ver directamente con la Sagrada Familia. Cuando Herodes supo del nacimiento del Rey de reyes lo único que se ocurrió fue mandar asesinar a todos los niños nacidos alrededor de esa fecha. Considerando que los gobernadores y reyes de la época debían de ser hombres muy sabios, uno se pregunta realmente en esa época en qué consistía esa sabiduría, porque mandar matar a un montón de niños por miedo a un “golpe de estado” es algo exagerado. Pues bien, la Sagrada Familia al enterarse de lo que se preparaba por parte del “sabio” no tuvo más remedio que huir a Egipto. Justo lo contrario que sus antepasados. Si una familia que esta formada por el hijo de Dios y sus padres tiene que salir por piernas, ¿por qué los humanos comunes sin poderes no podemos hacerlo?
Si nos acercamos más a la actualidad, aunque no mucho, nos daremos cuenta de que en la gran mayoría de batallas que nos han diezmado, hay una dinámica de vaivén que se repite. Huir y atacar es algo recurrente. De hecho muchos altos mandos han basado su estrategia en un escape inteligente para poder luchar de contraataque. A veces engañar al enemigo haciéndole creer que somos débiles y que no podemos con él es una forma de ganarse su confianza para luego rematarle con más fuerza. De ahí que huir de un problema no sea siempre una mala idea.
Sabemos que aquello que nos acosa y nos atormenta no es algo pasajero, porque si fuese el caso simplemente habría que dejar que las cosas volviesen a su cauce por sí solas. Cuando las complicaciones de nuestra vida no se las lleva el viento la única solución que tenemos para deshacernos de ellas es luchar contra ellas. Pero no siempre es adecuado hacerlo en caliente.
Huir hoy para luchar mañana puede ser una buena máxima en este caso. Si sabemos que los problemas no se van a resolver por sí solos, podríamos pensar que lo mejor es tomarse el tiempo para pensar en su solución de forma pausada y tranquila, y a esto mucha gente lo considera huir de ellos.
Hay veces que debemos afrontar una enfermedad, una ruptura o la pérdida de un ser querido y realmente no es el momento en el que nuestras fuerzas se encuentran en su mejor punto. Aun así deberíamos, según ciertas personas, meternos de lleno en el problema afrontarlo y sobrevivir tanto a la lucha como a la pérdida. Personalmente no creo que sea la solución. Cada uno sabemos cuando podemos pelear y cuando debemos recuperarnos para hacerlo otro día.
Si tenemos en cuenta que huir de un problema es una forma de asegurarse que cuando volvamos éste seguirá donde lo dejamos, podemos pensar que esta forma conservarlo para después es una estrategia de lucha avanzada e inteligente. A veces necesitamos utilizar el pensamiento lateral para poder resolverlo, porque de forma convencional no lo vamos a conseguir, y para eso es necesario tomar cierta distancia y ver las cosas en perspectiva. Esa separación entre la persona y lo que la atormenta puede ser tanto física (es decir irse lejos de todo lo que se lo recuerde) como psíquica. De tal forma que las cosas desde otro punto de vista siempre se ven diferente. Y si no lo creéis así, ¿Por qué para nuestros amigos nuestros problemas siempre parecen fáciles de resolver? Pues es muy fácil. Por desde su óptica lo ven de forma diferente, o incluso le ven la solución.
Si el fin justifica los medios, en lo que a soluciones se refiere, no debería importarnos la forma de abordar las cosas sino cómo conseguimos darles salida. A veces darse un respiro es beneficioso para nuestra mente ya que nos permite oxigenarnos, descansar, desconectar y por lo tanto volver a abordar el problema con más energía. Y de esa manera nos resultara más fácil tratarlo y encontrarle la solución, o incluso a veces nos daremos cuenta de que lo que creíamos que nos estaba atormentando en realidad no lo hacía. Las cosas suelen ser siempre más simples de lo que pensamos, pero nos gusta complicarlas de sobremanera, de ahí que sea recomendable tomar una distancia para darnos cuenta de ello ;).

Si hacemos una retrospectiva en la historia del hombre sobre la tierra, (porque fuera de ella aun no se sabe nada), nos daremos cuenta de que en todas las épocas el éxodo y la huida han sido comúnmente utilizados para “resolver” los problemas que nos asediaban.
El primer ejemplo que se me ocurre es la huida de Egipto de Moisés y sus seguidores, también conocido como el Éxodo. Después de haber sido torturados y esclavizados por los faraones, como no daban la talla para luchar, a pesar de que Dios estaba con ellos, tuvieron que huir, porque el Faraón no los quiso liberar aún habiendo sufrido todas las plagas que le fueron enviadas. Así pues, como no tuvo éxito en la ofensiva, Moisés tuvo que coger a su pueblo y escapar mar a través para luego terminar vagando por el desierto durante 40 años. No se hasta que punto fue una huida provechosa.
Otro caso que nos relata la Biblia ya tiene que ver directamente con la Sagrada Familia. Cuando Herodes supo del nacimiento del Rey de reyes lo único que se ocurrió fue mandar asesinar a todos los niños nacidos alrededor de esa fecha. Considerando que los gobernadores y reyes de la época debían de ser hombres muy sabios, uno se pregunta realmente en esa época en qué consistía esa sabiduría, porque mandar matar a un montón de niños por miedo a un “golpe de estado” es algo exagerado. Pues bien, la Sagrada Familia al enterarse de lo que se preparaba por parte del “sabio” no tuvo más remedio que huir a Egipto. Justo lo contrario que sus antepasados. Si una familia que esta formada por el hijo de Dios y sus padres tiene que salir por piernas, ¿por qué los humanos comunes sin poderes no podemos hacerlo?
Si nos acercamos más a la actualidad, aunque no mucho, nos daremos cuenta de que en la gran mayoría de batallas que nos han diezmado, hay una dinámica de vaivén que se repite. Huir y atacar es algo recurrente. De hecho muchos altos mandos han basado su estrategia en un escape inteligente para poder luchar de contraataque. A veces engañar al enemigo haciéndole creer que somos débiles y que no podemos con él es una forma de ganarse su confianza para luego rematarle con más fuerza. De ahí que huir de un problema no sea siempre una mala idea.
Sabemos que aquello que nos acosa y nos atormenta no es algo pasajero, porque si fuese el caso simplemente habría que dejar que las cosas volviesen a su cauce por sí solas. Cuando las complicaciones de nuestra vida no se las lleva el viento la única solución que tenemos para deshacernos de ellas es luchar contra ellas. Pero no siempre es adecuado hacerlo en caliente.
Huir hoy para luchar mañana puede ser una buena máxima en este caso. Si sabemos que los problemas no se van a resolver por sí solos, podríamos pensar que lo mejor es tomarse el tiempo para pensar en su solución de forma pausada y tranquila, y a esto mucha gente lo considera huir de ellos.
Hay veces que debemos afrontar una enfermedad, una ruptura o la pérdida de un ser querido y realmente no es el momento en el que nuestras fuerzas se encuentran en su mejor punto. Aun así deberíamos, según ciertas personas, meternos de lleno en el problema afrontarlo y sobrevivir tanto a la lucha como a la pérdida. Personalmente no creo que sea la solución. Cada uno sabemos cuando podemos pelear y cuando debemos recuperarnos para hacerlo otro día.
Si tenemos en cuenta que huir de un problema es una forma de asegurarse que cuando volvamos éste seguirá donde lo dejamos, podemos pensar que esta forma conservarlo para después es una estrategia de lucha avanzada e inteligente. A veces necesitamos utilizar el pensamiento lateral para poder resolverlo, porque de forma convencional no lo vamos a conseguir, y para eso es necesario tomar cierta distancia y ver las cosas en perspectiva. Esa separación entre la persona y lo que la atormenta puede ser tanto física (es decir irse lejos de todo lo que se lo recuerde) como psíquica. De tal forma que las cosas desde otro punto de vista siempre se ven diferente. Y si no lo creéis así, ¿Por qué para nuestros amigos nuestros problemas siempre parecen fáciles de resolver? Pues es muy fácil. Por desde su óptica lo ven de forma diferente, o incluso le ven la solución.
Si el fin justifica los medios, en lo que a soluciones se refiere, no debería importarnos la forma de abordar las cosas sino cómo conseguimos darles salida. A veces darse un respiro es beneficioso para nuestra mente ya que nos permite oxigenarnos, descansar, desconectar y por lo tanto volver a abordar el problema con más energía. Y de esa manera nos resultara más fácil tratarlo y encontrarle la solución, o incluso a veces nos daremos cuenta de que lo que creíamos que nos estaba atormentando en realidad no lo hacía. Las cosas suelen ser siempre más simples de lo que pensamos, pero nos gusta complicarlas de sobremanera, de ahí que sea recomendable tomar una distancia para darnos cuenta de ello ;).

Cuando El Sexo Es Un Problema
Madonna dijo que “el sexo solo es sucio cuando no se lava”. Bueno esto puede parecer muy chocante, sobretodo para las mentalidades puritanas, pero la cuestión es que es cierto, en parte. Porque al final, como todo en esta vida, puede llegar a perjudicarnos. Si tan bueno puede llegar a ser el sexo ¿Cómo sabemos cuando nos estamos pasando? ¿Hay alguna serie de señales que nos puedan indicar que nos hemos vuelto unos adictos?
Para empezar hay que desdemonizar el sexo porque la sociedad lleva décadas intentando hacernos creer que es algo malo, cochino y que al final nos deja ciegos. Pues no, en realidad los beneficios de llevar una vida sexual activa están más que demostrados así que no voy a hablar de eso, y sino leed esas cadenas de e-mails que os envían y que relatan las ventajas del sexo.
Tener pareja para poder mantener relaciones sexuales es lo ideal, aunque a veces la cosa no vaya bien. Y si no se la tiene tampoco debería estar al visto eso del polvo sin compromiso en la medida en la que ambas personas estén de acuerdo en que solo es sexo y no amor ni nada más. Yo siempre lo digo y nunca me cansaré de ello: hay que ser siempre sinceros con la otra persona, aunque al final podamos hacerle daño, pero es un daño que a largo plazo viene mejor que un montón de mentiras.
Así que bueno, tenemos dos vertientes, el sexo con amor y con su pareja, y el sexo fuera de ella, cuando estamos solteros.
Si tienes pareja uno de los signos de que se está acabando la pasión es cuando en la cama hay monotonía. Por lo general es algo que siempre sucede y contra lo que no podemos luchar. Pero yo sigo confiando en que dos personas que se quieren tienen que saber emplear la creatividad en la cama como en cualquier otro lugar de la casa. Pero ahí van las claves. La primera es la más obvia. Cuando las relaciones físicas son programables, es decir que sabes a que hora tocan, donde, de que manera, cuanto duran y como acaban, y eso no cambia en un par de semanas, entonces es que la cosa ya no va bien. La rutina es la enemiga del buen sexo. Si por el contrario el problema no se haya ahí sino en otros lugares, la cosa es diferente.
Se me ocurre como ejemplo cuando por conseguir satisfacer a tu pareja eres capaz de dejar de lado todos tus ideales personales. Entonces entramos en el sector de la negación de la personalidad por otra persona. Mi madre siempre me ha dicho que en una relación de pareja el secreto es saber sacrificarse y llegar a una serie de acuerdos. Eso es cierto, pero eso no implica que nos dejemos tomar el pelo y que se crean que somos tontos o tontas. Si tu pareja te pide que hagas algo que en situaciones normal no podrías concebir hacer, ¡alerta! La cosa no va bien. Si te pide hacer tríos, cuando es algo que no soportas, o mantener sexo por Internet con extraños, ya sea a través del teléfono o por la webcam, olvídate, la cosa esta muy muy mal. Obviamente hay que llegar a un acuerdo, porque sino está claro que el sexo está minando vuestra relación, y llega el día que estas haciendo cosas de las que no te creías capaz y que le reprochas a tus amigos que se dejan hacer.
El sexo tiene ese componente maligno, que a veces consigue que hagamos cosas que sabemos que no debemos hacer y que no queremos, pero que al final consentimos tanto a nosotros mismos como a nuestra pareja. Porque si el amor es dar sin querer recibir nada a cambio, tampoco es convertirse en la Hermana Teresa de Calcuta. Cuando a través del sexo o mediante él tu pareja está consiguiendo que seas un ente sin personalidad, puedes considerar que ya te estás pasando y que es hora de decir que no. Hay que saber donde están tus propias fronteras y solo cruzarlas cuando sabes que te van a aportar algo bueno, y la desintegración de tus valores propios no suele aportarlo nunca. Si tu pareja te quiere ha de hacerlo como eres sin querer cambiarte. Y menos utilizando el sexo como arma. Porque al final salís perdiendo los dos.
Cuando estas soltero o soltera, la cosa viene por la misma línea. Consiste en no hacer nada de lo que uno pueda arrepentirse después. Mucha gente se deja llevar por la pasión del momento y luego cuando se acaba ese frenesí se están comiendo la cabeza porque desearían no haberlo hecho. Esta vez no esta la excusa de que se hace por amor o por alguien, son simplemente que uno se ha dejado llevar y no suele gustar cuando tus instintos básicos toman las riendas de tu vida.
Cuando dejas de dormir, o de comer por mantener relaciones sexuales con desconocidos, o simplemente por estar buscándolas, tanto por Internet como por las zonas de ligoteo que conozcas o a las que acudas, no es buena señal. Si pasas de tu trabajo o de tu familia o tus obligaciones de estudiante por estar en busca del placer físico, la cosa se te está saliendo de las manos. Si no mantienes relaciones y te sientes irascible o de mal humor de forma que no se corresponde con tu personalidad, es una señal de alarma, no dicen que cuando una persona está amargada es porque no ha follado, pues cuando está muy acostumbrada a eso y le falta también es cierto. Digamos que cuando el sexo se convierte en un sustituto del amor, de tu vida y de tu personalidad ya estas para que te metan en un manicomio. Si lo primero que haces por la mañana al levantarte es pensar en con quien vas a hacerlo o donde, ya puedes empezar a preocuparte.
Porque el problema es muy simple, y se ha demostrado científicamente. Al igual que la mayoría de drogas (incluyendo el chocolate) durante el acto sexual nuestro cuerpo libera unas endorfinas que tienen el mismo efecto que los estupefacientes, con el consecuente efecto de mono y de enganche.
El sexo es algo positivo en nuestra vida, con lo que lo podemos pasar muy bien, pero nunca debería ser un problema en nuestras relaciones interpersonales. Por eso es importante estar siempre en contacto con lo que realmente somos a través de personas que nos puedan ayudar a ver la realidad desde fuera de nosotros mismos. En general los amigos son los que tienen esa responsabilidad. Pero no cualquiera, sino los que son de verdad y en los que podemos confiar. Y si no los tenemos siempre esta bien plantearse ir a sesiones periódicas con el psicólogo. Lo cual no nos viene del todo mal porque siempre necesitamos ayuda profesional, aunque no estemos locos. Se trata de un simple chequeo medico de nuestro estado de salud mental, como aquellos análisis que nos hacemos cada x tiempo para saber si no estamos enfermos de nada grave.
No olvidemos que si el sexo es una parte importante de nuestra vida y de la relación que tenemos con la persona a la que queremos, no es lo fundamental, hay otras cosas que también nos aportan gran cantidad de emociones y que no debemos dejar de lado.
Para empezar hay que desdemonizar el sexo porque la sociedad lleva décadas intentando hacernos creer que es algo malo, cochino y que al final nos deja ciegos. Pues no, en realidad los beneficios de llevar una vida sexual activa están más que demostrados así que no voy a hablar de eso, y sino leed esas cadenas de e-mails que os envían y que relatan las ventajas del sexo.
Tener pareja para poder mantener relaciones sexuales es lo ideal, aunque a veces la cosa no vaya bien. Y si no se la tiene tampoco debería estar al visto eso del polvo sin compromiso en la medida en la que ambas personas estén de acuerdo en que solo es sexo y no amor ni nada más. Yo siempre lo digo y nunca me cansaré de ello: hay que ser siempre sinceros con la otra persona, aunque al final podamos hacerle daño, pero es un daño que a largo plazo viene mejor que un montón de mentiras.
Así que bueno, tenemos dos vertientes, el sexo con amor y con su pareja, y el sexo fuera de ella, cuando estamos solteros.
Si tienes pareja uno de los signos de que se está acabando la pasión es cuando en la cama hay monotonía. Por lo general es algo que siempre sucede y contra lo que no podemos luchar. Pero yo sigo confiando en que dos personas que se quieren tienen que saber emplear la creatividad en la cama como en cualquier otro lugar de la casa. Pero ahí van las claves. La primera es la más obvia. Cuando las relaciones físicas son programables, es decir que sabes a que hora tocan, donde, de que manera, cuanto duran y como acaban, y eso no cambia en un par de semanas, entonces es que la cosa ya no va bien. La rutina es la enemiga del buen sexo. Si por el contrario el problema no se haya ahí sino en otros lugares, la cosa es diferente.
Se me ocurre como ejemplo cuando por conseguir satisfacer a tu pareja eres capaz de dejar de lado todos tus ideales personales. Entonces entramos en el sector de la negación de la personalidad por otra persona. Mi madre siempre me ha dicho que en una relación de pareja el secreto es saber sacrificarse y llegar a una serie de acuerdos. Eso es cierto, pero eso no implica que nos dejemos tomar el pelo y que se crean que somos tontos o tontas. Si tu pareja te pide que hagas algo que en situaciones normal no podrías concebir hacer, ¡alerta! La cosa no va bien. Si te pide hacer tríos, cuando es algo que no soportas, o mantener sexo por Internet con extraños, ya sea a través del teléfono o por la webcam, olvídate, la cosa esta muy muy mal. Obviamente hay que llegar a un acuerdo, porque sino está claro que el sexo está minando vuestra relación, y llega el día que estas haciendo cosas de las que no te creías capaz y que le reprochas a tus amigos que se dejan hacer.
El sexo tiene ese componente maligno, que a veces consigue que hagamos cosas que sabemos que no debemos hacer y que no queremos, pero que al final consentimos tanto a nosotros mismos como a nuestra pareja. Porque si el amor es dar sin querer recibir nada a cambio, tampoco es convertirse en la Hermana Teresa de Calcuta. Cuando a través del sexo o mediante él tu pareja está consiguiendo que seas un ente sin personalidad, puedes considerar que ya te estás pasando y que es hora de decir que no. Hay que saber donde están tus propias fronteras y solo cruzarlas cuando sabes que te van a aportar algo bueno, y la desintegración de tus valores propios no suele aportarlo nunca. Si tu pareja te quiere ha de hacerlo como eres sin querer cambiarte. Y menos utilizando el sexo como arma. Porque al final salís perdiendo los dos.
Cuando estas soltero o soltera, la cosa viene por la misma línea. Consiste en no hacer nada de lo que uno pueda arrepentirse después. Mucha gente se deja llevar por la pasión del momento y luego cuando se acaba ese frenesí se están comiendo la cabeza porque desearían no haberlo hecho. Esta vez no esta la excusa de que se hace por amor o por alguien, son simplemente que uno se ha dejado llevar y no suele gustar cuando tus instintos básicos toman las riendas de tu vida.
Cuando dejas de dormir, o de comer por mantener relaciones sexuales con desconocidos, o simplemente por estar buscándolas, tanto por Internet como por las zonas de ligoteo que conozcas o a las que acudas, no es buena señal. Si pasas de tu trabajo o de tu familia o tus obligaciones de estudiante por estar en busca del placer físico, la cosa se te está saliendo de las manos. Si no mantienes relaciones y te sientes irascible o de mal humor de forma que no se corresponde con tu personalidad, es una señal de alarma, no dicen que cuando una persona está amargada es porque no ha follado, pues cuando está muy acostumbrada a eso y le falta también es cierto. Digamos que cuando el sexo se convierte en un sustituto del amor, de tu vida y de tu personalidad ya estas para que te metan en un manicomio. Si lo primero que haces por la mañana al levantarte es pensar en con quien vas a hacerlo o donde, ya puedes empezar a preocuparte.
Porque el problema es muy simple, y se ha demostrado científicamente. Al igual que la mayoría de drogas (incluyendo el chocolate) durante el acto sexual nuestro cuerpo libera unas endorfinas que tienen el mismo efecto que los estupefacientes, con el consecuente efecto de mono y de enganche.
El sexo es algo positivo en nuestra vida, con lo que lo podemos pasar muy bien, pero nunca debería ser un problema en nuestras relaciones interpersonales. Por eso es importante estar siempre en contacto con lo que realmente somos a través de personas que nos puedan ayudar a ver la realidad desde fuera de nosotros mismos. En general los amigos son los que tienen esa responsabilidad. Pero no cualquiera, sino los que son de verdad y en los que podemos confiar. Y si no los tenemos siempre esta bien plantearse ir a sesiones periódicas con el psicólogo. Lo cual no nos viene del todo mal porque siempre necesitamos ayuda profesional, aunque no estemos locos. Se trata de un simple chequeo medico de nuestro estado de salud mental, como aquellos análisis que nos hacemos cada x tiempo para saber si no estamos enfermos de nada grave.
No olvidemos que si el sexo es una parte importante de nuestra vida y de la relación que tenemos con la persona a la que queremos, no es lo fundamental, hay otras cosas que también nos aportan gran cantidad de emociones y que no debemos dejar de lado.
En La Sala De Espera
Creo que voy a iniciar un ciclo sobre las rupturas, porque es lo que más se ve hoy en día. Las parejas cortan por razones tan insignificantes que a veces no merece la pena ni recordarlas o nombrarlas. En este caso se trata de una mutación de la clásica ruptura chunga. Cuando las dos personas deciden tomarse un tiempo de descanso para reflexionar. Siempre hay una de las dos que no sabe donde está ni que es lo que debe hacer. Si una relación es cosa de dos, ¿por qué siempre hay una persona que se queda a la deriva? Al final ¿Quién toma la decisión fatal? ¿Si la otra persona ha tomado una decisión por su cuenta debemos luchar o resignarnos?
En un mundo en el que todo funciona bajo los principios de la obsolescencia programada, ¿Quién programa la duración de nuestras relaciones?
Nuestra cabeza es un hervidero de preguntas sin respuesta que se nos van acumulando durante el periodo de descanso. Nos martillean los sesos intentando que nos volvamos locos, los que no lo estamos ya de alguna forma. Y al final la mayoría se quedan en el tintero porque nunca encontraremos la solución a lo que nos está sucediendo.
Primero que todo he de admitir que no todas las veces que se decide tomarse un respiro la cosa no se pueda arreglar después. Pero en la mayoría de los casos es una forma sencilla y menos dolorosa de cortar, porque la distancia hace que poco a poco nos vayamos olvidando de la persona, y cuando nos damos cuenta ya no la necesitamos a nuestro lado.
Generalmente siempre es cuando una de las dos personas se agobia cuando se pide un respiro. Y aunque la otra no lo quiera aceptar, no tiene más remedio que tragar y quedarse en el banquillo viendo el partido desde fuera, porque ya no tiene palabra que decir en ese juego. Entonces es cuando empieza la tortura realmente dicha.
Es como cuando estas en la sala de espera de un consultorio médico esperando que te den los resultados de unos análisis, aunque muchos lo que hacemos es estar preparándonos para oír la palabra cáncer o algo así. Siempre me han dicho que si te preparas a lo peor, luego cuando sucede lo bueno, que de todos modos aunque no lo sea lo parece en comparación con lo peor, te alivia mucho más que si te cogen por sorpresa y te sueltan la bomba encima. Al menos ya estabas en posición para que te destrocen y duele menos.
Por eso cuando estamos puestos en espera, estamos pensando en lo que podría salir mal, y de alguna forma anticipándonos a ello, porque todos sabemos que cuando una relación empieza a cojear, por lo general nunca vale la pena arreglarla. Porque hoy en día todo funciona bajo el principio de que si algo se estropea lo tiras y te lo compras nuevo. Si tu novio no termina de gustarte, o tienes algún problema con él, cortas y te vas a buscar a otro, porque siempre hay algo mejor esperando. Eso de que más vale malo conocido que bueno por conocer no se lo aplica ya ni el que se invento esa cita.
Pero cuando el electrodoméstico que han dejado en el fondo del armario esperando a que un día vuelvan a necesitar eres tú, las cosas cambian. Hay gente que se cree que somos objetos que pueden dejar a un lado un periodo de tiempo y que cuando vuelvan a querer usarnos o cuando se acuerden de que existimos. Pero el problema que tenemos son nuestros sentimientos.
Nadie se merece estar en la sala de espera sin saber cual va a ser el veredicto. De hecho creo que los que se inventaron este proceso judicial lo hicieron para poder torturar a los culpables antes de que sean reconocidos como tales. De esa forma la mayoría deberían rajarse y por la presión declararse culpables para que por fin les digan algo y se acabe la agonía.
Seamos sinceros, esto es una crónica de una muerte anunciada. La muerte de la relación que tanto apreciábamos. Y como con las enfermedades en las que nuestros seres queridos sufren horrores antes de expirar, nosotros estamos deseando que el dolor acabe pronto y que nos llegue la paz. Estamos en un momento en el que no sabemos ni qué pensar, ni qué decir, ni qué hacer. Lo único que sabemos con certeza es que estamos emocionalmente devastados, y que necesitamos que alguien nos remate y nos de la paz.
Lo difícil siempre es encontrar la forma de mantenerse ocupado mientras se espera el veredicto. Porque de otra forma nos podríamos volver locos. Algunos piensan que una forma es desquitándose y haciendo todo lo que no pueden hacer cuando están con pareja, ya que oficialmente es un tiempo en el que uno está en un estado parecido al de la soltería. Entonces salen a ligar y a acostarse con tantas personas como puedan para luego no tener que arrepentirse de haber desaprovechado oportunidades. Otros eligen poner al día sus vidas, lo cual siempre viene bien, quedar con amigos dejados de lado durante la relación, o reabrir expedientes pendientes. Y por lo general eso suele ser positivo porque nos damos cuenta de que hay vida después del amor, y que esta relación nos estaba consumiendo, o que nos habíamos convertido en algo que no somos o no queremos ser. A veces una relación es como una exposición violenta de radiación, hace que mutemos y nos transformemos en una cosa muy lejana a lo que éramos. Es el Lado Oscuro de la Fuerza del que es muy difícil volver, te vas convirtiendo poco a poco y cuando te quieres dar cuenta eres Darth Vader.
Pero donde manda el corazón no manda nadie más, y él es muy caprichoso, a pesar de que nos demos cuenta de que tal vez las cosas son mejor como están y no como iban con esa persona Es muy difícil poder decir sinceramente que nos alegramos de que la cosa vaya a salir mal y de que nos declaren culpables, de que nos condenen a no volver a amarles, ni tocarles, ni poder besarles una sola vez más.
Los momentos que nos conceden para pensar sobre nuestra relación no deben de ser un momento de tortura, sino de introspección en el que nos debemos dar cuenta de lo que realmente queremos, ya sea estar con esa persona o no, y al final con esos conocimientos, ya podremos llegar a un acuerdo o no. Ya tenemos más cartas para jugar, porque nos hemos encontrado con una parte de nosotros que la relación estaba ocultándonos. Pero no nos olvidemos que una relación entre dos personas es cosa de ambas, y las soluciones deberían buscarse entre los dos.

En un mundo en el que todo funciona bajo los principios de la obsolescencia programada, ¿Quién programa la duración de nuestras relaciones?
Nuestra cabeza es un hervidero de preguntas sin respuesta que se nos van acumulando durante el periodo de descanso. Nos martillean los sesos intentando que nos volvamos locos, los que no lo estamos ya de alguna forma. Y al final la mayoría se quedan en el tintero porque nunca encontraremos la solución a lo que nos está sucediendo.
Primero que todo he de admitir que no todas las veces que se decide tomarse un respiro la cosa no se pueda arreglar después. Pero en la mayoría de los casos es una forma sencilla y menos dolorosa de cortar, porque la distancia hace que poco a poco nos vayamos olvidando de la persona, y cuando nos damos cuenta ya no la necesitamos a nuestro lado.
Generalmente siempre es cuando una de las dos personas se agobia cuando se pide un respiro. Y aunque la otra no lo quiera aceptar, no tiene más remedio que tragar y quedarse en el banquillo viendo el partido desde fuera, porque ya no tiene palabra que decir en ese juego. Entonces es cuando empieza la tortura realmente dicha.
Es como cuando estas en la sala de espera de un consultorio médico esperando que te den los resultados de unos análisis, aunque muchos lo que hacemos es estar preparándonos para oír la palabra cáncer o algo así. Siempre me han dicho que si te preparas a lo peor, luego cuando sucede lo bueno, que de todos modos aunque no lo sea lo parece en comparación con lo peor, te alivia mucho más que si te cogen por sorpresa y te sueltan la bomba encima. Al menos ya estabas en posición para que te destrocen y duele menos.
Por eso cuando estamos puestos en espera, estamos pensando en lo que podría salir mal, y de alguna forma anticipándonos a ello, porque todos sabemos que cuando una relación empieza a cojear, por lo general nunca vale la pena arreglarla. Porque hoy en día todo funciona bajo el principio de que si algo se estropea lo tiras y te lo compras nuevo. Si tu novio no termina de gustarte, o tienes algún problema con él, cortas y te vas a buscar a otro, porque siempre hay algo mejor esperando. Eso de que más vale malo conocido que bueno por conocer no se lo aplica ya ni el que se invento esa cita.
Pero cuando el electrodoméstico que han dejado en el fondo del armario esperando a que un día vuelvan a necesitar eres tú, las cosas cambian. Hay gente que se cree que somos objetos que pueden dejar a un lado un periodo de tiempo y que cuando vuelvan a querer usarnos o cuando se acuerden de que existimos. Pero el problema que tenemos son nuestros sentimientos.
Nadie se merece estar en la sala de espera sin saber cual va a ser el veredicto. De hecho creo que los que se inventaron este proceso judicial lo hicieron para poder torturar a los culpables antes de que sean reconocidos como tales. De esa forma la mayoría deberían rajarse y por la presión declararse culpables para que por fin les digan algo y se acabe la agonía.
Seamos sinceros, esto es una crónica de una muerte anunciada. La muerte de la relación que tanto apreciábamos. Y como con las enfermedades en las que nuestros seres queridos sufren horrores antes de expirar, nosotros estamos deseando que el dolor acabe pronto y que nos llegue la paz. Estamos en un momento en el que no sabemos ni qué pensar, ni qué decir, ni qué hacer. Lo único que sabemos con certeza es que estamos emocionalmente devastados, y que necesitamos que alguien nos remate y nos de la paz.
Lo difícil siempre es encontrar la forma de mantenerse ocupado mientras se espera el veredicto. Porque de otra forma nos podríamos volver locos. Algunos piensan que una forma es desquitándose y haciendo todo lo que no pueden hacer cuando están con pareja, ya que oficialmente es un tiempo en el que uno está en un estado parecido al de la soltería. Entonces salen a ligar y a acostarse con tantas personas como puedan para luego no tener que arrepentirse de haber desaprovechado oportunidades. Otros eligen poner al día sus vidas, lo cual siempre viene bien, quedar con amigos dejados de lado durante la relación, o reabrir expedientes pendientes. Y por lo general eso suele ser positivo porque nos damos cuenta de que hay vida después del amor, y que esta relación nos estaba consumiendo, o que nos habíamos convertido en algo que no somos o no queremos ser. A veces una relación es como una exposición violenta de radiación, hace que mutemos y nos transformemos en una cosa muy lejana a lo que éramos. Es el Lado Oscuro de la Fuerza del que es muy difícil volver, te vas convirtiendo poco a poco y cuando te quieres dar cuenta eres Darth Vader.
Pero donde manda el corazón no manda nadie más, y él es muy caprichoso, a pesar de que nos demos cuenta de que tal vez las cosas son mejor como están y no como iban con esa persona Es muy difícil poder decir sinceramente que nos alegramos de que la cosa vaya a salir mal y de que nos declaren culpables, de que nos condenen a no volver a amarles, ni tocarles, ni poder besarles una sola vez más.
Los momentos que nos conceden para pensar sobre nuestra relación no deben de ser un momento de tortura, sino de introspección en el que nos debemos dar cuenta de lo que realmente queremos, ya sea estar con esa persona o no, y al final con esos conocimientos, ya podremos llegar a un acuerdo o no. Ya tenemos más cartas para jugar, porque nos hemos encontrado con una parte de nosotros que la relación estaba ocultándonos. Pero no nos olvidemos que una relación entre dos personas es cosa de ambas, y las soluciones deberían buscarse entre los dos.

¡Ropa Fuera!
Ahora que se acerca el verano y el calor, cada vez vemos más partes de cuerpo de la gente que nos rodean, vuelven a ponerse prendas más pequeñas, que enseñen más, y así nos damos cuenta del tipo de playas al que van. Porque las sesiones de rayos UVA aunque te permiten ponerte como un conguito en pleno mes de febrero, no se deben hacer sin bañador, por lo que no cuentan. Si os fijáis en esas cosas y no queréis ir a las playas nudistas os daréis cuenta de que cada vez más gente acude a esas zonas.
¿Estamos recuperando las enseñanzas de los años 60, en las que nos enseñaron a ver nuestro cuerpo como lo hacían los antiguos griegos y romanos?
Si bien antes solo un pequeño grupo social practicaba el nudismo activo en las playas, cada vez van más familias con sus hijos, parejas heterosexuales, he incluso personas sueltas a esos sitios. La gente ya no va por vicio a esos sitios, como se solía pensar o como dicen las mentes puritanas sino por muchas más razones.
En un foro en el que a veces escribo algo (el de The Corrs que sale en mis enlaces favoritos), han hecho dos topics sobre este tema, unos acerca del naturismo y otro sobre la desnudez. Y a pesar de que a mucha gente le sigue dando mucho corte este tema, hay cada vez más personas dispuestas a olvidarse de los tapujos y sentirse libre de usar ropa en ciertos lugares. El otro día en los informativos mostraban a chicas que estaban tomando el sol en topless en los parques de las ciudades del centro del país, las que no tienen litoral, ya que hacia un fin de semana veraniego. Ahora puedes estar paseándote por un parque y de repente dos tetas ahí, detrás de un arbusto o en pleno parque del Retiro.
La principal ventaja que le veo al nudismo, es que cuando quieres ponerte moreno, o morena sobretodo, en verano, es muy difícil obtenerlo de manera uniforme. Ya que al final puedes acabar como la espalda de mi hermana que parece un tablero de tres en raya. Porque el problema de los trajes de baño femeninos es que no todos pasan los lazos por el mismo sitio en la espalda, de tal forma que si usa el modelo A se le quedaran las marcas del sujetador en un sitio y luego si usa el de tipo B se le quedaran en otro y al final queda como si fuera una rejilla.
Parta los hombres es mucho menos problemático ya que si usas un traje de baño tipo slip puedes como mucho tener el culo blanco y el resto del cuerpo color chocolate, algo así como los actores de cine para adultos. Personalmente no me gusta mucho esa estética, pero cada cual tiene sus fantasías. El problema es cuando usas una traje de baño tipo pantalón pirata, de esos que llegan hasta la rodilla, porque ahí si que haces el ridículo en los vestuarios del gimnasio (otra zona bastante nudista por lo que he podido comprobar).
Aparte del lado estético del asunto también tenemos la cuestión práctica, o mejor dicho de gustos. La mayoría de los que hemos podido practicarlo sabemos lo placentero que puede llevar a ser nadar en el mar sin traje de baño. Incluso a veces ya de la costumbre, nos resulta incomodo llevar ropa en las piscinas o las playa de no nudistas. Otra razón también es que no se nos queda arena metida en el traje de baño que luego nos esté torturando durante todo el camino de regreso a casa. Eso si frecuentas playas de arena, si vas a las de rocas o de cantos rodados, pues ya esto no sirve, a no ser que las algas te incomoden, que también suele ocurrir.
La mayoría de gente que no esta contenta con su cuerpo suele decir que no les gusta ni verse desnudo ni ir a sitios de nudismo, porque se sienten incómodos. Aquellas personas que consideran que el cuerpo desnudo puede ser un instrumento de seducción más que una simple cuestión natural tienden también a esa vertiente, entonces los hay que están orgullosos de sus curvas y las exhiben y los que no, y las esconden incluso en su propia casa. Claro, si consideras que estar desnudo es un preámbulo al cortejo de las personas de sexo opuesto o del mismo tuyo, según tu orientación sexual, pues es lógico que intentes mostrar los mejores atributos que tengas, ya sean físicos o no, y si no los tienes los escondes. A los hombres les suele pasar que les de corte ir a esos sitios por si dejan de controlar sus impulsos sexuales al ver tanta carne al aire, y terminen teniendo una erección inapropiada. Sigue siendo por la misma consideración del desnudo como un arma erótica.
Lo mismo sucede con los partidarios del erotismo, aquellos que prefieren no enseñarlo todo sino dejar las partes más interesantes en las sombras y en la oscuridad. Pero de nuevo nos encontramos con la mentalidad puritana de que un cuerpo como nuestra madre nos trajo al mundo solo sirve para ligar o para practicar relaciones sexuales. (Porque hay gente que aun en la cama con su pareja no son capaces de estar totalmente desnudas).
Pero la palabra naturismo lo dice todo, se trata de estar en comunión con la naturaleza y muchas veces eso significa no llevar prendas de vestir. Y para mucha gente se trata de un acto de liberación, ya que al quitarse la ropa se simboliza quitarse todos los tapujos y las obligaciones puritanas que la sociedad nos obliga a tener puestas encima.
Algunos prefieren no practicar el naturismo sino el nudismo, que viene a ser estar desnudo, pero no únicamente en las playas nudistas o libres sino en su casa o en algunos lugares para ese propósito como son las duchas y los vestuarios de los clubes deportivos.
Justamente es ahí donde la gente se libera de la tensión sexual que supone estar desnudo, ya que se encuentra entre personas de su mismo sexo que no le atraen (excepto casos que ya sabemos), por lo que les permite sentirse libres para poder estar totalmente desnudos. Como yo no tengo acceso a los vestuarios femeninos, pero si a los masculinos, la información de la que dispongo me la ha facilitado mi hermana. Según ella en las duchas y las zonas donde cambiarse la ropa de los gimnasios y de la piscina municipal, las mujeres no se cortan en absoluto y se la pasan totalmente en bolas de un lado al otro. Yo puedo afirmar que con los hombres pasa lo mismo. Excepto en los casos en los que tengamos algún problema con nuestro cuerpo, no nos importa que personas del mismo sexo nos vean desnudos, ya que no crean una carga erótica para nosotros. Incluso los hay que así se sienten cómodos, porque como ya dije antes, están libres de los tapujos de la sociedad.
A fin de cuentas, el cuerpo es aquello que sabemos que siempre tendremos con nosotros, y por lo tanto deberíamos sentirnos orgullosos de él, aunque no seamos el tipo de belleza que se lleve hoy en día, os recuerdo que hace unos lustros estaba de moda la gente rellenita. Y por lo tanto no debemos avergonzarnos de lucir aquello que la genética y a veces el gimnasio nos ha dado. Porque el cuerpo desnudo como lo representaban los griegos o los romanos, es una de los mayores logros de la creación. Por lo tanto no debemos sentir vergüenza a desnudarnos, ya que no solo debería servir para seducir sino para liberarse de nuestros tapujos.

¿Estamos recuperando las enseñanzas de los años 60, en las que nos enseñaron a ver nuestro cuerpo como lo hacían los antiguos griegos y romanos?
Si bien antes solo un pequeño grupo social practicaba el nudismo activo en las playas, cada vez van más familias con sus hijos, parejas heterosexuales, he incluso personas sueltas a esos sitios. La gente ya no va por vicio a esos sitios, como se solía pensar o como dicen las mentes puritanas sino por muchas más razones.
En un foro en el que a veces escribo algo (el de The Corrs que sale en mis enlaces favoritos), han hecho dos topics sobre este tema, unos acerca del naturismo y otro sobre la desnudez. Y a pesar de que a mucha gente le sigue dando mucho corte este tema, hay cada vez más personas dispuestas a olvidarse de los tapujos y sentirse libre de usar ropa en ciertos lugares. El otro día en los informativos mostraban a chicas que estaban tomando el sol en topless en los parques de las ciudades del centro del país, las que no tienen litoral, ya que hacia un fin de semana veraniego. Ahora puedes estar paseándote por un parque y de repente dos tetas ahí, detrás de un arbusto o en pleno parque del Retiro.
La principal ventaja que le veo al nudismo, es que cuando quieres ponerte moreno, o morena sobretodo, en verano, es muy difícil obtenerlo de manera uniforme. Ya que al final puedes acabar como la espalda de mi hermana que parece un tablero de tres en raya. Porque el problema de los trajes de baño femeninos es que no todos pasan los lazos por el mismo sitio en la espalda, de tal forma que si usa el modelo A se le quedaran las marcas del sujetador en un sitio y luego si usa el de tipo B se le quedaran en otro y al final queda como si fuera una rejilla.
Parta los hombres es mucho menos problemático ya que si usas un traje de baño tipo slip puedes como mucho tener el culo blanco y el resto del cuerpo color chocolate, algo así como los actores de cine para adultos. Personalmente no me gusta mucho esa estética, pero cada cual tiene sus fantasías. El problema es cuando usas una traje de baño tipo pantalón pirata, de esos que llegan hasta la rodilla, porque ahí si que haces el ridículo en los vestuarios del gimnasio (otra zona bastante nudista por lo que he podido comprobar).
Aparte del lado estético del asunto también tenemos la cuestión práctica, o mejor dicho de gustos. La mayoría de los que hemos podido practicarlo sabemos lo placentero que puede llevar a ser nadar en el mar sin traje de baño. Incluso a veces ya de la costumbre, nos resulta incomodo llevar ropa en las piscinas o las playa de no nudistas. Otra razón también es que no se nos queda arena metida en el traje de baño que luego nos esté torturando durante todo el camino de regreso a casa. Eso si frecuentas playas de arena, si vas a las de rocas o de cantos rodados, pues ya esto no sirve, a no ser que las algas te incomoden, que también suele ocurrir.
La mayoría de gente que no esta contenta con su cuerpo suele decir que no les gusta ni verse desnudo ni ir a sitios de nudismo, porque se sienten incómodos. Aquellas personas que consideran que el cuerpo desnudo puede ser un instrumento de seducción más que una simple cuestión natural tienden también a esa vertiente, entonces los hay que están orgullosos de sus curvas y las exhiben y los que no, y las esconden incluso en su propia casa. Claro, si consideras que estar desnudo es un preámbulo al cortejo de las personas de sexo opuesto o del mismo tuyo, según tu orientación sexual, pues es lógico que intentes mostrar los mejores atributos que tengas, ya sean físicos o no, y si no los tienes los escondes. A los hombres les suele pasar que les de corte ir a esos sitios por si dejan de controlar sus impulsos sexuales al ver tanta carne al aire, y terminen teniendo una erección inapropiada. Sigue siendo por la misma consideración del desnudo como un arma erótica.
Lo mismo sucede con los partidarios del erotismo, aquellos que prefieren no enseñarlo todo sino dejar las partes más interesantes en las sombras y en la oscuridad. Pero de nuevo nos encontramos con la mentalidad puritana de que un cuerpo como nuestra madre nos trajo al mundo solo sirve para ligar o para practicar relaciones sexuales. (Porque hay gente que aun en la cama con su pareja no son capaces de estar totalmente desnudas).
Pero la palabra naturismo lo dice todo, se trata de estar en comunión con la naturaleza y muchas veces eso significa no llevar prendas de vestir. Y para mucha gente se trata de un acto de liberación, ya que al quitarse la ropa se simboliza quitarse todos los tapujos y las obligaciones puritanas que la sociedad nos obliga a tener puestas encima.
Algunos prefieren no practicar el naturismo sino el nudismo, que viene a ser estar desnudo, pero no únicamente en las playas nudistas o libres sino en su casa o en algunos lugares para ese propósito como son las duchas y los vestuarios de los clubes deportivos.
Justamente es ahí donde la gente se libera de la tensión sexual que supone estar desnudo, ya que se encuentra entre personas de su mismo sexo que no le atraen (excepto casos que ya sabemos), por lo que les permite sentirse libres para poder estar totalmente desnudos. Como yo no tengo acceso a los vestuarios femeninos, pero si a los masculinos, la información de la que dispongo me la ha facilitado mi hermana. Según ella en las duchas y las zonas donde cambiarse la ropa de los gimnasios y de la piscina municipal, las mujeres no se cortan en absoluto y se la pasan totalmente en bolas de un lado al otro. Yo puedo afirmar que con los hombres pasa lo mismo. Excepto en los casos en los que tengamos algún problema con nuestro cuerpo, no nos importa que personas del mismo sexo nos vean desnudos, ya que no crean una carga erótica para nosotros. Incluso los hay que así se sienten cómodos, porque como ya dije antes, están libres de los tapujos de la sociedad.
A fin de cuentas, el cuerpo es aquello que sabemos que siempre tendremos con nosotros, y por lo tanto deberíamos sentirnos orgullosos de él, aunque no seamos el tipo de belleza que se lleve hoy en día, os recuerdo que hace unos lustros estaba de moda la gente rellenita. Y por lo tanto no debemos avergonzarnos de lucir aquello que la genética y a veces el gimnasio nos ha dado. Porque el cuerpo desnudo como lo representaban los griegos o los romanos, es una de los mayores logros de la creación. Por lo tanto no debemos sentir vergüenza a desnudarnos, ya que no solo debería servir para seducir sino para liberarse de nuestros tapujos.

El Poder Del Adiós
Tal vez este artículo no se corresponda mucho con lo que hoy iba a decir, pero es algo que tenía ganas de contar. Porque es algo a lo que nos enfrentamos todos los días de nuestra vida. Y aunque ya haya tratado el tema de otra forma, lo quiero ver desde otra perspectiva. Es la ruptura. Pero no desde el punto de vista de las excusas sino de cómo nos quedamos y como reaccionamos.
En un mundo en el que cada día tienen menos importancia los grandes valores como el amor, ¿Cuándo sabemos que hemos perdido la fe?
Tener pareja es algo muy bonito, pero como todas las cosas en la vida, es algo que tiene su principio y su fin. Y generalmente no es un final muy agradable. A pesar de que existan casos de parejas que se separan de mutuo acuerdo, y que acaban bien, siempre hay un periodo de tiempo en el que lo único que alberga nuestro corazón es dolor y congoja. Y saber superarlo es una de nuestras grandes lecciones en la vida.
Hay muchísimas personas que no han conseguido superar sus anteriores relaciones, y siguen metidas en ellas de tal forma que siempre buscan algo en sus nuevas parejas que se lo recuerden. O simplemente han cerrado su corazón a toda esperanza de poder seguir viviendo después de ello, renunciando al amor. Esto crea un enorme grupo de gente que todos podemos recordar que cuando hemos querido entrar en sus vidas no han dado con la puerta en la cara, a pesar de que fuésemos almas gemelas, o bien la persona ideal, no han sabido aprovechar la oportunidad y nos han dejado marchar o al contrario nos han echado de sus vidas.
Cher tiene una canción muy famosa en la que el estribillo dice “¿Crees en la vida después del amor?” esta frase está muy acertada, porque para muchas personas no hay vida después del amor, ni siquiera vida sin el amor. Sin embargo aquellas de las que he hablado antes sí que sobreviven. Han conseguido reemplazar el amor en sus vidas por una multitud de cosas, por su trabajo, sus hobbies, las drogas, siempre han conseguido encontrar algo que pues sustituir el amor. Sin embargo en una versión anterior de la canción single de Madonna Drowned World/Substitute For Love, ella dice que no existe el sustituto del amor (No Substitute For Love, se llama). Cosa que ha modificado ligeramente para la versión que publicó en el álbum Ray Of Light en la que admite que ella misma se buscó un sucedáneo para el amor, pero que al final ha cambiado de parecer. Muy sabio por su parte, porque la vida sin el amor, no es vida.
Lo primero que nos sucede al perder a una persona a la que amamos, ya sea por defunción o porque nos ha dejado, es que no damos crédito de lo que nos ha sucedido. No entendemos por qué tenemos que seguir si ella. Y es el momento en el que los recuerdos empiezan a acudir a nuestra mente, sobretodo los buenos recuerdos. Mi técnica en esos momentos es ponerme canciones tristes y dejar que me invadan esos recuerdos, para poder llorar a gusto. Las lágrimas siempre desahogan mucho. Y aunque no solucionen nada, no hay que guardar ese dolor dentro de uno, porque al final acaba acumulándose y haciéndonos daño. Aunque reconozco que hay veces en las que duele tanto que el simple hecho de poner música o de oírla en la radio es insoportable.
Dicen que debemos llevar el luto por una relación muerta la mitad del tiempo que hemos estado en ella. Es decir que si has salido con alguien un año, puedes pasarte 6 meses llorando e intentando superarlo. Mi experiencia personal es que no es del todo cierto, porque a veces has querido tanto a esa persona que no puedes dejarla marchar así de fácilmente, y te pasas más que esa proporción de tiempo dolido cada vez que le ves.
Durante el periodo de dolor, nos solemos hacer muchas preguntas. Por qué nos han dejado, por qué no ha funcionado, por qué siempre acabamos en el mismo punto, por qué siempre somos nosotros los que tenemos que sufrir, etc. Y llega un momento que tantas dudas nos pueden llegar a hacer creer que la culpa es nuestra. Y lo peor es cuando hacemos una retrospectiva sobre nuestras relaciones pasadas y nos damos cuenta de que son todo fracasos. Entonces es cuando la cosa se pone realmente fea. Porque si tantas veces hemos fallado, ¿acaso no es porque la culpa es nuestra y no de los demás? Yo creo que si nos cuesta tanto conseguir que una relación funcione es por culpa de las dos personas, pero si ya llevas un buen número de intentos que terminan en aborto, algo debes de tener que no funciona bien y es hora de pensar que igual es por culpa tuya que nunca salen bien las cosas.
Si consigues superar esa fase de culpabilidad, y seguir adelante, conociendo los errores que se han cometido y sabiendo como hacer para que no se repitan, podemos decir que ya estas en la fase de la auto superación, es decir cuando estas preparado/a para entablar una nueva relación. Cuando puedes volver a abrir tu corazón sin que te duela, y cuando ya eres capaz de volver a amar.
Pero si aun no has llegado a esa fase, es un error pensar que un clavo saco otro clavo, porque si te duele el corazón no vas a poder curar ese dolor amando a otra persona, simplemente porque no está preparado para funcionar de nuevo, y al final no sólo terminas haciéndote más daño, sino que igual también se lo haces a la otra persona. Yo siempre he dicho que amar es como montar en bicicleta, siempre sabes como hacerlo, pero si te caes de la bici y te rompes una pierna, no puedes volver a montar hasta que no te hayas recuperado de la fractura. Pues en el amor es lo mismo. No creo que se pueda amar a nadie si no has superado el fracaso anterior y si no estas dispuesto a volver a intentarlo, pero sobretodo si no estas libre de todo el dolor que has padecido.
Y para poder superarlo, muchas personas intentan ocuparse la mente en otras cosas, metiéndose de lleno en el trabajo, olvidándose de su vida en él, otros se meten en las drogas, cosa que no aconsejo mucho, pero bueno, cada cual sabe cual es la fórmula para poder seguir adelante. Una amiga mía, cortaba con su novio cada vez que estaba de exámenes porque de esa manera se ponía a estudiar 24 horas al día para poder superar su dolor, y de esa manera podía sacar unas notas extraordinarias en los exámenes. Otras personas por ejemplo se ponen a comer, para intentar olvidar el dolor en la comida, porque como bien dicen, el chocolate es un buen sustitutivo del sexo y del amor. Pero la figura se resiente mucho. Comer helado es un clásico también. Por lo general todos los productos altos en calorías sirven para hacernos pasar el mal rato de forma más amena. La cuestión es intentar mantenerse ocupado para no afrontar el daño que nos hace pensar en ello. Yo como ya dije antes prefiero afrontar todo ese dolor lo antes posible, aunque admito que se pasa muy mal.
Supongo que a pesar de que muchas veces pasemos por la casilla dolor de la ruptura, debemos seguir adelante, porque por mucho que queramos que no sea así, el mundo no va a dejar de dar vueltas por nosotros. Y el suicidio no es una opción. Por mucho que duela, debemos ser valientes, porque como dice el dicho: lo que no nos mate nos hará más fuertes. Así que o morimos en el intento, o salimos hechos unos superhombres. Pero no nos olvidemos que el amor existe, porque si has estado enamorado o enamorada alguna vez, sabes que es algo muy bonito, y que el día menos pensado vuelve a golpear a nuestra puerta. Lo único que me queda por deciros es que hay que conservar la esperanza, ya que cuando Pandora abrió la caja que contenía todos los males del mundo y los dejó libres, lo único que le quedo dentro fue la esperanza. Por algo sería.

En un mundo en el que cada día tienen menos importancia los grandes valores como el amor, ¿Cuándo sabemos que hemos perdido la fe?
Tener pareja es algo muy bonito, pero como todas las cosas en la vida, es algo que tiene su principio y su fin. Y generalmente no es un final muy agradable. A pesar de que existan casos de parejas que se separan de mutuo acuerdo, y que acaban bien, siempre hay un periodo de tiempo en el que lo único que alberga nuestro corazón es dolor y congoja. Y saber superarlo es una de nuestras grandes lecciones en la vida.
Hay muchísimas personas que no han conseguido superar sus anteriores relaciones, y siguen metidas en ellas de tal forma que siempre buscan algo en sus nuevas parejas que se lo recuerden. O simplemente han cerrado su corazón a toda esperanza de poder seguir viviendo después de ello, renunciando al amor. Esto crea un enorme grupo de gente que todos podemos recordar que cuando hemos querido entrar en sus vidas no han dado con la puerta en la cara, a pesar de que fuésemos almas gemelas, o bien la persona ideal, no han sabido aprovechar la oportunidad y nos han dejado marchar o al contrario nos han echado de sus vidas.
Cher tiene una canción muy famosa en la que el estribillo dice “¿Crees en la vida después del amor?” esta frase está muy acertada, porque para muchas personas no hay vida después del amor, ni siquiera vida sin el amor. Sin embargo aquellas de las que he hablado antes sí que sobreviven. Han conseguido reemplazar el amor en sus vidas por una multitud de cosas, por su trabajo, sus hobbies, las drogas, siempre han conseguido encontrar algo que pues sustituir el amor. Sin embargo en una versión anterior de la canción single de Madonna Drowned World/Substitute For Love, ella dice que no existe el sustituto del amor (No Substitute For Love, se llama). Cosa que ha modificado ligeramente para la versión que publicó en el álbum Ray Of Light en la que admite que ella misma se buscó un sucedáneo para el amor, pero que al final ha cambiado de parecer. Muy sabio por su parte, porque la vida sin el amor, no es vida.
Lo primero que nos sucede al perder a una persona a la que amamos, ya sea por defunción o porque nos ha dejado, es que no damos crédito de lo que nos ha sucedido. No entendemos por qué tenemos que seguir si ella. Y es el momento en el que los recuerdos empiezan a acudir a nuestra mente, sobretodo los buenos recuerdos. Mi técnica en esos momentos es ponerme canciones tristes y dejar que me invadan esos recuerdos, para poder llorar a gusto. Las lágrimas siempre desahogan mucho. Y aunque no solucionen nada, no hay que guardar ese dolor dentro de uno, porque al final acaba acumulándose y haciéndonos daño. Aunque reconozco que hay veces en las que duele tanto que el simple hecho de poner música o de oírla en la radio es insoportable.
Dicen que debemos llevar el luto por una relación muerta la mitad del tiempo que hemos estado en ella. Es decir que si has salido con alguien un año, puedes pasarte 6 meses llorando e intentando superarlo. Mi experiencia personal es que no es del todo cierto, porque a veces has querido tanto a esa persona que no puedes dejarla marchar así de fácilmente, y te pasas más que esa proporción de tiempo dolido cada vez que le ves.
Durante el periodo de dolor, nos solemos hacer muchas preguntas. Por qué nos han dejado, por qué no ha funcionado, por qué siempre acabamos en el mismo punto, por qué siempre somos nosotros los que tenemos que sufrir, etc. Y llega un momento que tantas dudas nos pueden llegar a hacer creer que la culpa es nuestra. Y lo peor es cuando hacemos una retrospectiva sobre nuestras relaciones pasadas y nos damos cuenta de que son todo fracasos. Entonces es cuando la cosa se pone realmente fea. Porque si tantas veces hemos fallado, ¿acaso no es porque la culpa es nuestra y no de los demás? Yo creo que si nos cuesta tanto conseguir que una relación funcione es por culpa de las dos personas, pero si ya llevas un buen número de intentos que terminan en aborto, algo debes de tener que no funciona bien y es hora de pensar que igual es por culpa tuya que nunca salen bien las cosas.
Si consigues superar esa fase de culpabilidad, y seguir adelante, conociendo los errores que se han cometido y sabiendo como hacer para que no se repitan, podemos decir que ya estas en la fase de la auto superación, es decir cuando estas preparado/a para entablar una nueva relación. Cuando puedes volver a abrir tu corazón sin que te duela, y cuando ya eres capaz de volver a amar.
Pero si aun no has llegado a esa fase, es un error pensar que un clavo saco otro clavo, porque si te duele el corazón no vas a poder curar ese dolor amando a otra persona, simplemente porque no está preparado para funcionar de nuevo, y al final no sólo terminas haciéndote más daño, sino que igual también se lo haces a la otra persona. Yo siempre he dicho que amar es como montar en bicicleta, siempre sabes como hacerlo, pero si te caes de la bici y te rompes una pierna, no puedes volver a montar hasta que no te hayas recuperado de la fractura. Pues en el amor es lo mismo. No creo que se pueda amar a nadie si no has superado el fracaso anterior y si no estas dispuesto a volver a intentarlo, pero sobretodo si no estas libre de todo el dolor que has padecido.
Y para poder superarlo, muchas personas intentan ocuparse la mente en otras cosas, metiéndose de lleno en el trabajo, olvidándose de su vida en él, otros se meten en las drogas, cosa que no aconsejo mucho, pero bueno, cada cual sabe cual es la fórmula para poder seguir adelante. Una amiga mía, cortaba con su novio cada vez que estaba de exámenes porque de esa manera se ponía a estudiar 24 horas al día para poder superar su dolor, y de esa manera podía sacar unas notas extraordinarias en los exámenes. Otras personas por ejemplo se ponen a comer, para intentar olvidar el dolor en la comida, porque como bien dicen, el chocolate es un buen sustitutivo del sexo y del amor. Pero la figura se resiente mucho. Comer helado es un clásico también. Por lo general todos los productos altos en calorías sirven para hacernos pasar el mal rato de forma más amena. La cuestión es intentar mantenerse ocupado para no afrontar el daño que nos hace pensar en ello. Yo como ya dije antes prefiero afrontar todo ese dolor lo antes posible, aunque admito que se pasa muy mal.
Supongo que a pesar de que muchas veces pasemos por la casilla dolor de la ruptura, debemos seguir adelante, porque por mucho que queramos que no sea así, el mundo no va a dejar de dar vueltas por nosotros. Y el suicidio no es una opción. Por mucho que duela, debemos ser valientes, porque como dice el dicho: lo que no nos mate nos hará más fuertes. Así que o morimos en el intento, o salimos hechos unos superhombres. Pero no nos olvidemos que el amor existe, porque si has estado enamorado o enamorada alguna vez, sabes que es algo muy bonito, y que el día menos pensado vuelve a golpear a nuestra puerta. Lo único que me queda por deciros es que hay que conservar la esperanza, ya que cuando Pandora abrió la caja que contenía todos los males del mundo y los dejó libres, lo único que le quedo dentro fue la esperanza. Por algo sería.

La Tortura
Sin ánimos de querer plagiar el nuevo single de Shakira, me he quedado pensando en éste término. Pero no desde el punto de vista sádico, es decir el de hacerle daño a la gente, sino el porqué nos gusta tanto hacernos daño a nosotros mismos. La palabra masoquista significa según la RAE “afecto de masoquismo” que viene a decir como segunda definición “complacencia en el dolor propio”. Porque la primera iba sobre la gente que encuentra el placer sexual en el dolor que le inflige otra persona. Pero no es de lo que voy a tratar.
En un mundo donde cada día se hace mayor apología del culto al ego, ¿Por qué seguimos buscando a hacernos daño? ¿Podemos ser felices sin habernos hecho sufrir?
Si nos ponemos a pensar en nuestras relaciones personales, siempre terminamos por darnos cuenta que de suelen tener como denominador común el fracaso consciente. Es decir que por lo general cuando no funciona una relación es por un elemento que conocemos de antemano y que sin embargo no hemos querido evitar.
Tengo una amiga cuya afición es salir con chicos que no le convienen. Y aunque suene a tópico es un patrón de conducta suyo. En su caso busca chicos que le traigan problemas. Es su forma de rebelarse contra la autoridad paterna. Sale con tíos que sabe que no son buenos para ella para poder herir a sus padres siendo desgraciada cuando ellos terminan por hacerle daño, por “abusar” de ella, porque no es abuso si es consciente, y al final termina hecha polvo. En su caso se mezcla también con un cierto afán de protagonismo, ya que una forma de llamar la atención que ha descubierto es dando pena. De tal manera que siempre pueda ser el centro de la atención porque es la persona más desgraciada del mundo.
Un amigo mío, que curiosamente es de su mismo signo zodiacal tiene un hobby parecido. Esta saliendo con una persona que lo único que hace es fastidiarle la vida, elaborando discusiones continuas para crear un ambiente cargado y malsano en su casa. Espiándole las conversaciones telefónicas, los mensajes al móvil, decidiendo sobre las amistades que puede mantener y las que no le son convenientes, echándole en cara cada vez que puede que ha dejado a su familia para irse con él, que si le deja se quedará solo en una ciudad que no conoce. Pues bien, muchas veces le he preguntado si le gusta vivir así. Y mi amigo me contesta que no, pero que no puede hacer nada al respecto, que no tiene la fuerza suficiente para salir de ahí, y entonces es cuando empieza a contarme todas las trastadas que le hace su pareja. Porque claro, si no se las hicieran, no tendría nada que contar y no sería el protagonista.
Pero la tortura auto infligida no se limita a las relaciones de pareja, sino que también nos la buscamos por fuera o por aburrimiento. Otro amigo mío, que por suerte no ha querido leer esto, tiene la neura de que cada x tiempo se tira un par de días sin comer, simplemente porque dice que así purifica su cuerpo, y hace lo mismo con el sueño y otras funciones biológicas, es decir que dice que es bueno privarse de todo durante unos días para así luego tomarlo con más ganas. Para mí eso sigue siendo una forma de auto flagelarse.
Os aconsejo también un paseo por los parques de atracciones o los parques temáticos. Las atracciones que más éxito tienen y donde más colas hay son siempre las montañas rusas y las que más miedo dan. Por alguna razón extraña somos atraídos por ellas como la polilla hacia la llama. No nos importa tener que estar esperando en la fila durante una hora o más para que luego cuando falten 5 minutos nos pongamos histéricos y al final pasemos unos 10 segundos de mal rato. Porque además lo más curioso es que mientras más fuertes son las sensaciones que experimentemos más nos va a gustar y querremos repetir. En mi caso me subí 6 veces seguidas al Dragón Khan, cuando sufro de vértigo y lo paso fatal en el tren ese. Pero es que cuando bajas quieres volver a subirte.
Tenía un amigo en el instituto que era un fanático de los deportes en general (y supongo que seguirá siéndolo), sobretodo de levantar pesas. Con 15 años el tío estaba como un queso, pero le costaba mucho sacrificio, ya que parte de su tiempo libre lo dedicaba a eso, dejando de lado muchos amigos (yo uno de ellos), su familia y parte de sus estudios. El caso es que una de las cosas que más me decía era que le encantaba llegar a su casa por las noches después de una sesión fuerte de gimnasio, muerto de las agujetas y sin poder ni respirar, que para él eso era una sensación increíble de satisfacción personal. Por lo visto no es el único que encuentra reconfortante pagar un dineral en un gimnasio para ir a que te torturen y que al día siguiente no puedas ni parpadear porque te duelen hasta músculos que ni imaginabas que tenías. Y ahí me incluyo yo mismo.
Y lo mismo pasa con los deportes de riesgo. Cada día están más de moda, desde tirarse de un puente a hacer paracaidismo y cosas que ya ni siquiera me atrevo a nombrar. Por lo visto nuestras vidas están tan faltas de emociones fuertes que tenemos que buscar la manera de ponerlas en riesgo para sentirnos vivos.
Y cuando digo ponerlas en riesgo, no me refiero a estos deportes, porque a fin de cuentas tienen unas medidas de seguridad que se supone que nos protegen de una mala caída o de rompernos hasta el alma. Me refiero a que cada día la gente juega más a la ruleta rusa. No literalmente hablando, sino que he oído y conocido casos de gente que se arriesga a realizar prácticas sexuales peligrosas por pura diversión. He visto gente probar a follar sin condón en condiciones que a cualquier persona le darían reparo, con desconocidos de los que no saben ni el nombre y sin embargo no les importa lo que puedan llegar a pillar.
Pero no hace falta irse tan lejos para tener ejemplos de tortura. Solo basta con poner la televisión. En efecto la mayoría de los programas que nos ofrecen son una autentica basura, unos lobotomizadores. Y lo peor de todo es que todos lo sabemos, nos quejamos de que no hay nada decente en la televisión, y sin embargo la mayoría no puede pasarse sin ver lo que ha sucedido en la Casa de tu vida, en la granja o sin oír los gallos de Operación Triunfo. Luego van y dicen que ven documentales. Pero si es que les gusta ver esa basura en la televisión, lo encuentran cultural, pero lo que no saben es que lo que realmente les gusta es torturarse con esos programas, no pueden evitar verlos todos los días, porque al igual que sucede con los deportes de riesgo, que te hacen darte cuenta de que estas vivo, ellos también lo hacen al mostrarte la carencia de vida que tienes.
Muchas veces la gente dice que el que hace daño es el culpable, que es peor ser sádico que masoca, pero mi opinión es que tanta culpa o más tiene el que deja que se lo hagan. Porque ante todo somos responsables y dueños de nuestras vidas y de cuidar de ellas, y es que no tenemos más. Esta claro que hay mucha maldad ahí fuera, pero de nosotros depende el protegernos de ella en la medida en la que de nosotros dependa.

En un mundo donde cada día se hace mayor apología del culto al ego, ¿Por qué seguimos buscando a hacernos daño? ¿Podemos ser felices sin habernos hecho sufrir?
Si nos ponemos a pensar en nuestras relaciones personales, siempre terminamos por darnos cuenta que de suelen tener como denominador común el fracaso consciente. Es decir que por lo general cuando no funciona una relación es por un elemento que conocemos de antemano y que sin embargo no hemos querido evitar.
Tengo una amiga cuya afición es salir con chicos que no le convienen. Y aunque suene a tópico es un patrón de conducta suyo. En su caso busca chicos que le traigan problemas. Es su forma de rebelarse contra la autoridad paterna. Sale con tíos que sabe que no son buenos para ella para poder herir a sus padres siendo desgraciada cuando ellos terminan por hacerle daño, por “abusar” de ella, porque no es abuso si es consciente, y al final termina hecha polvo. En su caso se mezcla también con un cierto afán de protagonismo, ya que una forma de llamar la atención que ha descubierto es dando pena. De tal manera que siempre pueda ser el centro de la atención porque es la persona más desgraciada del mundo.
Un amigo mío, que curiosamente es de su mismo signo zodiacal tiene un hobby parecido. Esta saliendo con una persona que lo único que hace es fastidiarle la vida, elaborando discusiones continuas para crear un ambiente cargado y malsano en su casa. Espiándole las conversaciones telefónicas, los mensajes al móvil, decidiendo sobre las amistades que puede mantener y las que no le son convenientes, echándole en cara cada vez que puede que ha dejado a su familia para irse con él, que si le deja se quedará solo en una ciudad que no conoce. Pues bien, muchas veces le he preguntado si le gusta vivir así. Y mi amigo me contesta que no, pero que no puede hacer nada al respecto, que no tiene la fuerza suficiente para salir de ahí, y entonces es cuando empieza a contarme todas las trastadas que le hace su pareja. Porque claro, si no se las hicieran, no tendría nada que contar y no sería el protagonista.
Pero la tortura auto infligida no se limita a las relaciones de pareja, sino que también nos la buscamos por fuera o por aburrimiento. Otro amigo mío, que por suerte no ha querido leer esto, tiene la neura de que cada x tiempo se tira un par de días sin comer, simplemente porque dice que así purifica su cuerpo, y hace lo mismo con el sueño y otras funciones biológicas, es decir que dice que es bueno privarse de todo durante unos días para así luego tomarlo con más ganas. Para mí eso sigue siendo una forma de auto flagelarse.
Os aconsejo también un paseo por los parques de atracciones o los parques temáticos. Las atracciones que más éxito tienen y donde más colas hay son siempre las montañas rusas y las que más miedo dan. Por alguna razón extraña somos atraídos por ellas como la polilla hacia la llama. No nos importa tener que estar esperando en la fila durante una hora o más para que luego cuando falten 5 minutos nos pongamos histéricos y al final pasemos unos 10 segundos de mal rato. Porque además lo más curioso es que mientras más fuertes son las sensaciones que experimentemos más nos va a gustar y querremos repetir. En mi caso me subí 6 veces seguidas al Dragón Khan, cuando sufro de vértigo y lo paso fatal en el tren ese. Pero es que cuando bajas quieres volver a subirte.
Tenía un amigo en el instituto que era un fanático de los deportes en general (y supongo que seguirá siéndolo), sobretodo de levantar pesas. Con 15 años el tío estaba como un queso, pero le costaba mucho sacrificio, ya que parte de su tiempo libre lo dedicaba a eso, dejando de lado muchos amigos (yo uno de ellos), su familia y parte de sus estudios. El caso es que una de las cosas que más me decía era que le encantaba llegar a su casa por las noches después de una sesión fuerte de gimnasio, muerto de las agujetas y sin poder ni respirar, que para él eso era una sensación increíble de satisfacción personal. Por lo visto no es el único que encuentra reconfortante pagar un dineral en un gimnasio para ir a que te torturen y que al día siguiente no puedas ni parpadear porque te duelen hasta músculos que ni imaginabas que tenías. Y ahí me incluyo yo mismo.
Y lo mismo pasa con los deportes de riesgo. Cada día están más de moda, desde tirarse de un puente a hacer paracaidismo y cosas que ya ni siquiera me atrevo a nombrar. Por lo visto nuestras vidas están tan faltas de emociones fuertes que tenemos que buscar la manera de ponerlas en riesgo para sentirnos vivos.
Y cuando digo ponerlas en riesgo, no me refiero a estos deportes, porque a fin de cuentas tienen unas medidas de seguridad que se supone que nos protegen de una mala caída o de rompernos hasta el alma. Me refiero a que cada día la gente juega más a la ruleta rusa. No literalmente hablando, sino que he oído y conocido casos de gente que se arriesga a realizar prácticas sexuales peligrosas por pura diversión. He visto gente probar a follar sin condón en condiciones que a cualquier persona le darían reparo, con desconocidos de los que no saben ni el nombre y sin embargo no les importa lo que puedan llegar a pillar.
Pero no hace falta irse tan lejos para tener ejemplos de tortura. Solo basta con poner la televisión. En efecto la mayoría de los programas que nos ofrecen son una autentica basura, unos lobotomizadores. Y lo peor de todo es que todos lo sabemos, nos quejamos de que no hay nada decente en la televisión, y sin embargo la mayoría no puede pasarse sin ver lo que ha sucedido en la Casa de tu vida, en la granja o sin oír los gallos de Operación Triunfo. Luego van y dicen que ven documentales. Pero si es que les gusta ver esa basura en la televisión, lo encuentran cultural, pero lo que no saben es que lo que realmente les gusta es torturarse con esos programas, no pueden evitar verlos todos los días, porque al igual que sucede con los deportes de riesgo, que te hacen darte cuenta de que estas vivo, ellos también lo hacen al mostrarte la carencia de vida que tienes.
Muchas veces la gente dice que el que hace daño es el culpable, que es peor ser sádico que masoca, pero mi opinión es que tanta culpa o más tiene el que deja que se lo hagan. Porque ante todo somos responsables y dueños de nuestras vidas y de cuidar de ellas, y es que no tenemos más. Esta claro que hay mucha maldad ahí fuera, pero de nosotros depende el protegernos de ella en la medida en la que de nosotros dependa.

Sex And The City
No creo que la historia de la humanidad haya conocido una época donde el sexo esté tan omnipresente en la sociedad. Porque incluso en la Antigüedad no era tan fácil acceder al él, no sin el plus que nos aporta la herramienta que representa Internet. Y no sólo gracias a él sino que basta con salir a la calle para ver por todos lados estímulos que gritan sexo a diestro y siniestro.
En un mundo en el que la moral es cada día más laxa, ¿sabemos determinar cuando es demasiado?
Si nos preguntamos por qué la gente está tan salida últimamente es simplemente porque cada día, la gente lleva menos ropa y se cuida más el físico. Si eres heterosexual o lesbiana, te darás cuenta de que las chicas van cada día escondiendo menos atributos. Incluso hay gente que ha intentado prohibir el uso de los tangas y los tops en los centros docentes porque supuestamente distraían tanto a profesores como alumnos. Por no hablar de los sujetadores milagrosos o de los implantes de silicona y la cirugía estética que hacen que cualquiera con un poco de dinero pueda parecerse a la Barbie.
Y lo mismo sucede si eres homosexual o mujer, los hombres cada día se cuidan más el físico, que si van al gimnasio, que si comen sano y con la moda de los metrosexuales ya hemos perdido la cuenta de tíos que inundan las tiendas de cosmética. Luego van luciendo tipazo lascivamente por la calle, en la playa y en los vestuarios de los gimnasios la cosa se torna al exhibicionismo puro y duro. De ahí que no sea sorprendente que las personas anden con la libido alterada.
Cualquier persona creería que con los chats es más fácil ligar, y quien dice ligar dice quedar para un encuentro esporádico. Sin embargo la cosa no es tan evidente. Es muy común encontrar gente salida que abarrotas las salas de Chat por comunidades o localidades. Pero lo que es quedar efectivamente para un polvo rápido o no, es otro cantar. A la hora de establecer la cita, la gente siempre pone pegas, por muy salidos que estén, siempre encuentran una excusa para no asistir, unas veces porque es muy tarde, o muy pronto, o vives muy lejos o muy cerca, muy alto muy bajo, etc.
Porque claro, con todas las facilidades que nos ofrece Internet pensamos que vamos a encontrar el chulo ideal y sin pagar. Y si no lo hacemos siempre esta la opción del cyber o del uso de la webcam. A fin de cuentas es una solución comodín para cuando uno tiene un calentón y no apetece tener que vestirse y salir a la calle a quedar con un extraño, que por otro lado no sabemos si luego va a resultar ser el Anticristo. Y además con todas las nuevas modalidades de enfermedades de transmisión sexual, no hay nada más seguro que el sexo a través de la cam.
Incluso hay gente que tiene una lista corta de personas que están agregadas a su Messenger u otros, y con las que practican esta modalidad de sexo seguro cuando les viene en gana. Son personas con las que rara vez se establece una conversación muy profunda, pero que a la hora de montar el espectáculo son unos profesionales. Son “amigos” por interés con los que se tiene una relación muy clara y que casi nunca sabemos ni como son, ni donde trabajan, ni nada muy personal de ellos, pero con los que podemos pasarlo muy bien si tenemos un apuro.
Luego si Internet no basta o no satisface nuestras necesidades físicas gracias a todas las páginas de fotos, relatos y vídeos cortos, y si el Chat tampoco nos permite encontrar lo que buscamos, podemos recurrir a los sitios de encuentros. Estos se dividen entre los de cruising puro y duro y los locales especializados. Las primeras zonas son aquellas en las que se suele acceder en coche o bien las playas nudistas con un backstage de pinos o arbustos donde te puedes esconder. Son bastante abundantes y debido a su carácter casi secreto permiten que vayan personas que no quieren ser vistas en lugares públicos buscando tema. Suelen ser sobre todo las playas nudistas ya que con la moda del nudismo ahora todo el mundo va a “probar” allí.
Los otros sitios son los locales especializados en sexo como podrían ser los pubs y las discotecas con cuartos oscuros, las saunas, las salas de cine X y los sex shops. Estos sitios tienen el inconveniente de que directamente te señalan porque si estás ahí es porque vas a lo que vas. Entonces a las personas que les gusta la discreción les viene fatal ya que muy discretos esos sitios no son. Si no eres de ellos, pues es muy posible que ahí encentres el desahogo que buscas, en unas condiciones más o menos buenas.
Pero el problema es que a pesar de que existan todos esos sitios para sexo directo, la mayoría de la gente aun ve con mal ojo que una persona tenga necesidades fisiológicas como podría ser comer o dormir. Entonces te enfrentas a una censura social brutal si te ven por esos sitios, o si saben que acudes a lugares así. Esto tiene como consecuencia que si el sexo está mal visto, y las personas que lo practican también, se convierta en una práctica que se intenta ocultar o dificultar en ciertos casos. De ahí que a pesar de todas esas facilidades no sea tan obvio poder ligar y pegar un casquete, y al final llegamos a una paradoja, y es que el sexo esta por todos lados tentándonos, y sin embargo no podemos hacerlo por lo que la sociedad dirá de nosotros.
La solución que se está empleando es mercantilizar el sexo. Porque todo lo que se compra tiene menos mala fama que lo que es gratis. El dinero “purifica” lo que no lo es, y si no me creéis pensad en que la Iglesia empezó haciendo eso cuando pasaba la bandeja de los donativos en la misa de forma que podíamos pagar por nuestros pecados con dinero y así asegurarnos la entrada al Cielo. Así pues cada vez está más de moda la prostitución (aunque la palabra suene mal). Es más fácil comprar el sexo que buscarlo, el tiempo que pierdes buscando y quedando para que luego te den plantón o se salgan por la vía de Tarifa te lo ahorras pagándole a alguien para que te preste su cuerpo. Obtienes el beneficio de la discreción, porque ni por el lado del que paga ni por el del que cobra interesa que se sepa el intercambio que ha tenido lugar, lo cual es un contrato perfecto; y además sabes que gracias a ese contrato vas a conseguir la satisfacción que buscas, con lo cual son casi todo ventajas. Es lo que tiene aplicar el marketing a la vida cotidiana.
A fin de cuentas la moral judeocristiana ha intentado hacernos creer que el sexo es algo pernicioso y que nos enviará al infierno, pero como decían los hippies: “haz el amor y no la guerra”. Y si me diesen a elegir por qué razón debo ir al infierno, si es por pasarme el día follando o por ser tan reprimido que al final termine convirtiéndome en un psicópata y matando gente, prefiero por lo primero, que al menos uno se lo pasa bien y no le hace daño a nadie. ¿O es que no habéis oído hablar de los beneficios del sexo?

En un mundo en el que la moral es cada día más laxa, ¿sabemos determinar cuando es demasiado?
Si nos preguntamos por qué la gente está tan salida últimamente es simplemente porque cada día, la gente lleva menos ropa y se cuida más el físico. Si eres heterosexual o lesbiana, te darás cuenta de que las chicas van cada día escondiendo menos atributos. Incluso hay gente que ha intentado prohibir el uso de los tangas y los tops en los centros docentes porque supuestamente distraían tanto a profesores como alumnos. Por no hablar de los sujetadores milagrosos o de los implantes de silicona y la cirugía estética que hacen que cualquiera con un poco de dinero pueda parecerse a la Barbie.
Y lo mismo sucede si eres homosexual o mujer, los hombres cada día se cuidan más el físico, que si van al gimnasio, que si comen sano y con la moda de los metrosexuales ya hemos perdido la cuenta de tíos que inundan las tiendas de cosmética. Luego van luciendo tipazo lascivamente por la calle, en la playa y en los vestuarios de los gimnasios la cosa se torna al exhibicionismo puro y duro. De ahí que no sea sorprendente que las personas anden con la libido alterada.
Cualquier persona creería que con los chats es más fácil ligar, y quien dice ligar dice quedar para un encuentro esporádico. Sin embargo la cosa no es tan evidente. Es muy común encontrar gente salida que abarrotas las salas de Chat por comunidades o localidades. Pero lo que es quedar efectivamente para un polvo rápido o no, es otro cantar. A la hora de establecer la cita, la gente siempre pone pegas, por muy salidos que estén, siempre encuentran una excusa para no asistir, unas veces porque es muy tarde, o muy pronto, o vives muy lejos o muy cerca, muy alto muy bajo, etc.
Porque claro, con todas las facilidades que nos ofrece Internet pensamos que vamos a encontrar el chulo ideal y sin pagar. Y si no lo hacemos siempre esta la opción del cyber o del uso de la webcam. A fin de cuentas es una solución comodín para cuando uno tiene un calentón y no apetece tener que vestirse y salir a la calle a quedar con un extraño, que por otro lado no sabemos si luego va a resultar ser el Anticristo. Y además con todas las nuevas modalidades de enfermedades de transmisión sexual, no hay nada más seguro que el sexo a través de la cam.
Incluso hay gente que tiene una lista corta de personas que están agregadas a su Messenger u otros, y con las que practican esta modalidad de sexo seguro cuando les viene en gana. Son personas con las que rara vez se establece una conversación muy profunda, pero que a la hora de montar el espectáculo son unos profesionales. Son “amigos” por interés con los que se tiene una relación muy clara y que casi nunca sabemos ni como son, ni donde trabajan, ni nada muy personal de ellos, pero con los que podemos pasarlo muy bien si tenemos un apuro.
Luego si Internet no basta o no satisface nuestras necesidades físicas gracias a todas las páginas de fotos, relatos y vídeos cortos, y si el Chat tampoco nos permite encontrar lo que buscamos, podemos recurrir a los sitios de encuentros. Estos se dividen entre los de cruising puro y duro y los locales especializados. Las primeras zonas son aquellas en las que se suele acceder en coche o bien las playas nudistas con un backstage de pinos o arbustos donde te puedes esconder. Son bastante abundantes y debido a su carácter casi secreto permiten que vayan personas que no quieren ser vistas en lugares públicos buscando tema. Suelen ser sobre todo las playas nudistas ya que con la moda del nudismo ahora todo el mundo va a “probar” allí.
Los otros sitios son los locales especializados en sexo como podrían ser los pubs y las discotecas con cuartos oscuros, las saunas, las salas de cine X y los sex shops. Estos sitios tienen el inconveniente de que directamente te señalan porque si estás ahí es porque vas a lo que vas. Entonces a las personas que les gusta la discreción les viene fatal ya que muy discretos esos sitios no son. Si no eres de ellos, pues es muy posible que ahí encentres el desahogo que buscas, en unas condiciones más o menos buenas.
Pero el problema es que a pesar de que existan todos esos sitios para sexo directo, la mayoría de la gente aun ve con mal ojo que una persona tenga necesidades fisiológicas como podría ser comer o dormir. Entonces te enfrentas a una censura social brutal si te ven por esos sitios, o si saben que acudes a lugares así. Esto tiene como consecuencia que si el sexo está mal visto, y las personas que lo practican también, se convierta en una práctica que se intenta ocultar o dificultar en ciertos casos. De ahí que a pesar de todas esas facilidades no sea tan obvio poder ligar y pegar un casquete, y al final llegamos a una paradoja, y es que el sexo esta por todos lados tentándonos, y sin embargo no podemos hacerlo por lo que la sociedad dirá de nosotros.
La solución que se está empleando es mercantilizar el sexo. Porque todo lo que se compra tiene menos mala fama que lo que es gratis. El dinero “purifica” lo que no lo es, y si no me creéis pensad en que la Iglesia empezó haciendo eso cuando pasaba la bandeja de los donativos en la misa de forma que podíamos pagar por nuestros pecados con dinero y así asegurarnos la entrada al Cielo. Así pues cada vez está más de moda la prostitución (aunque la palabra suene mal). Es más fácil comprar el sexo que buscarlo, el tiempo que pierdes buscando y quedando para que luego te den plantón o se salgan por la vía de Tarifa te lo ahorras pagándole a alguien para que te preste su cuerpo. Obtienes el beneficio de la discreción, porque ni por el lado del que paga ni por el del que cobra interesa que se sepa el intercambio que ha tenido lugar, lo cual es un contrato perfecto; y además sabes que gracias a ese contrato vas a conseguir la satisfacción que buscas, con lo cual son casi todo ventajas. Es lo que tiene aplicar el marketing a la vida cotidiana.
A fin de cuentas la moral judeocristiana ha intentado hacernos creer que el sexo es algo pernicioso y que nos enviará al infierno, pero como decían los hippies: “haz el amor y no la guerra”. Y si me diesen a elegir por qué razón debo ir al infierno, si es por pasarme el día follando o por ser tan reprimido que al final termine convirtiéndome en un psicópata y matando gente, prefiero por lo primero, que al menos uno se lo pasa bien y no le hace daño a nadie. ¿O es que no habéis oído hablar de los beneficios del sexo?

The Power Of No.
Madonna decía en su canción The Power Of Goodbye que no “hay poder más grande que el poder del Adiós”. No estaba mal encaminada, pero hay una cosa más potente aún y es saber decir NO. El otro día estaba hablando con un amigo que me contaba que estaba siendo acosado por varios chicos a la vez que querían tema con él pero que no encontraba la manera de deshacerse de ellos. Y es cierto que resulta tarea muy difícil.
En un mundo en el que las ofertas en todos los ámbitos son tan variadas que no sabemos qué elegir, ¿por qué nos cuesta tanto decir que no?
Por un lado están aquellas personas que sí que consiguen decirlo, y que lo suelen practicar con nosotros, consiguiendo que les odiemos profundamente aunque la envidia nos corroa porque nosotros querríamos ser capaces de eso. Son todos esos que cuando les pedimos salir o quedar o cualquier otra cosa nos contestan con un contundente y aplastante “no”. Después de recibir semejante loza en la cabeza nos quedamos un poco hechos polvo, pero en el fondo les admiramos, porque la mayoría de nosotros no sabríamos mantener el tipo ante alguien que nos pida algo, que no queremos, con ojos de corderito y contestarle negativamente.
Por otro lado están todas esas personas que como nosotros no saben decir que no, y se inventan quimeras para poder escaparse de la responsabilidad. Son esos troleros y fantasmas que tanto odiamos, gente que se la pasa dando largas porque no son capaces de mirar a la muerte en el blanco de los ojos, ni de coger al toro por los cuernos. Gente que ha perdido a su abuela como unas tres veces ya, pero que sigue sin poder quedar contigo, y si no leed el artículo sobre las excusas que publiqué anteriormente.
Para no llegar a ser como esas personas que tanto despreciamos y que se pasan la vida engañando, una de las cosas que debemos aprender en esta vida es a ser firmes y poder decir que no, tal y como lo han aprendido aquellos de los que he hablando recientemente, pero tal vez de forma no tan rotunda. Mi opinión es que nos cuesta decir que no por varias razones.
Una de ellas es que por empatía con la otra persona o por propio recuerdo no queremos que se sientan como nos hemos sentido todos nosotros. No queremos que el rechazo les humille o les haga perder la fe. No nos consideramos tan fuertes como para poder plantarle cara a la gente y decir simplemente una palabra de dos letras que tanto nos cuesta. Entonces empezamos con evasivas para lentamente ir derivando hacia el segundo grupo de gente de la que ya he hablado. Porque mientras más excusas empleemos, más nos hacemos adictos a ellas, y al final todo son tramas para enfrentarnos a la verdad: que no queremos decir que no.
Pero debemos pararnos a pensar que eso de que no queramos herir los sentimientos de la gente está muy bien. Sin embargo hay que tener en cuenta cuál es el mal mayor, si es decir una verdad a tiempo, que duela un poco o mantener la esperanza viva para que duela más tarde pero intensamente. Es como cuando te depilan a la cera. Es doloroso y molesto al principio, pero a largo plazo sus resultados son los óptimos. Mientras que seguir con excusas es como depilarse las ingles con una pinza de depilar, quitando los pelillos uno por uno. Tardas mil años sufriendo y cuando acabas no sólo tienes que volver a empezar sino que has terminado tan escaldado que ya pasas de todo.
Así que lo ideal es poder decir que no en cuanto la cosa ya no nos interesa, no nos gusta o cuando queremos realmente pasar del tema. Y aún así la cosa no se soluciona tan fácilmente. Porque hay un grupito de gente que ha descubierto una máxima que les permite agotar al oponente: “el que la sigue la consigue”. Y ya puedes tú decirles que no, que ellos insisten e insisten hasta que uno de los dos se dé por vencido. Al final se convierten en una versión Light y más o menos poco peligrosa de los acosadores a famosos. Lo cual tiene la ventaja de que sabes que siempre tendrás a alguien dispuesto a estar contigo a pesar de todo lo malo.
Pero como el amor propio de cada uno nos impide rendirnos, antes que admitir una derrota nos dedicaremos a evadirla y al final volvemos a ser aquellos capullos que dan largas. Ya que lo más probable es que la otra persona siga con su acoso más tiempo del que nosotros podamos aguantar y terminamos o bien aceptándole o bien convirtiéndonos en el grupo maldito de los “mentirosos”. Claro que aquí está menos mal visto, porque ¿quién les manda ser tan pesados? Aunque eso no es un justificante. Al final terminamos tan quemados que acabamos diciendo algo así como “que no joder, que me dejes so pesado de mierda. ¡Lárgate ya de una puta vez!”
No hace falta llegar a esos extremos, porque la solución es, por un lado saber pararle los pies a la otra persona ya que cuando algo no gusta lo importante es la sinceridad, y por otra parte hay que respetar los sentimientos de los demás y no intentar forzarles a hacer algo que no quieren. Es decir, lo importante es comunicar y ser sincero, ya que si la verdad duele, también es liberadora.
Así que no sólo es difícil decir que no sino que hay que ser consecuentes ya que es una palabra que si a veces tiene efectos prolongados en el tiempo, es decir que con decirla una vez basta, no suele ser el caso y hay que repetirla unas cuantas veces más antes de legar a conseguir que sus efectos sean permanentes. Algo así como la depilaron por láser, hay que hacérsela varias veces antes de quedarnos totalmente sin pelos.

En un mundo en el que las ofertas en todos los ámbitos son tan variadas que no sabemos qué elegir, ¿por qué nos cuesta tanto decir que no?
Por un lado están aquellas personas que sí que consiguen decirlo, y que lo suelen practicar con nosotros, consiguiendo que les odiemos profundamente aunque la envidia nos corroa porque nosotros querríamos ser capaces de eso. Son todos esos que cuando les pedimos salir o quedar o cualquier otra cosa nos contestan con un contundente y aplastante “no”. Después de recibir semejante loza en la cabeza nos quedamos un poco hechos polvo, pero en el fondo les admiramos, porque la mayoría de nosotros no sabríamos mantener el tipo ante alguien que nos pida algo, que no queremos, con ojos de corderito y contestarle negativamente.
Por otro lado están todas esas personas que como nosotros no saben decir que no, y se inventan quimeras para poder escaparse de la responsabilidad. Son esos troleros y fantasmas que tanto odiamos, gente que se la pasa dando largas porque no son capaces de mirar a la muerte en el blanco de los ojos, ni de coger al toro por los cuernos. Gente que ha perdido a su abuela como unas tres veces ya, pero que sigue sin poder quedar contigo, y si no leed el artículo sobre las excusas que publiqué anteriormente.
Para no llegar a ser como esas personas que tanto despreciamos y que se pasan la vida engañando, una de las cosas que debemos aprender en esta vida es a ser firmes y poder decir que no, tal y como lo han aprendido aquellos de los que he hablando recientemente, pero tal vez de forma no tan rotunda. Mi opinión es que nos cuesta decir que no por varias razones.
Una de ellas es que por empatía con la otra persona o por propio recuerdo no queremos que se sientan como nos hemos sentido todos nosotros. No queremos que el rechazo les humille o les haga perder la fe. No nos consideramos tan fuertes como para poder plantarle cara a la gente y decir simplemente una palabra de dos letras que tanto nos cuesta. Entonces empezamos con evasivas para lentamente ir derivando hacia el segundo grupo de gente de la que ya he hablado. Porque mientras más excusas empleemos, más nos hacemos adictos a ellas, y al final todo son tramas para enfrentarnos a la verdad: que no queremos decir que no.
Pero debemos pararnos a pensar que eso de que no queramos herir los sentimientos de la gente está muy bien. Sin embargo hay que tener en cuenta cuál es el mal mayor, si es decir una verdad a tiempo, que duela un poco o mantener la esperanza viva para que duela más tarde pero intensamente. Es como cuando te depilan a la cera. Es doloroso y molesto al principio, pero a largo plazo sus resultados son los óptimos. Mientras que seguir con excusas es como depilarse las ingles con una pinza de depilar, quitando los pelillos uno por uno. Tardas mil años sufriendo y cuando acabas no sólo tienes que volver a empezar sino que has terminado tan escaldado que ya pasas de todo.
Así que lo ideal es poder decir que no en cuanto la cosa ya no nos interesa, no nos gusta o cuando queremos realmente pasar del tema. Y aún así la cosa no se soluciona tan fácilmente. Porque hay un grupito de gente que ha descubierto una máxima que les permite agotar al oponente: “el que la sigue la consigue”. Y ya puedes tú decirles que no, que ellos insisten e insisten hasta que uno de los dos se dé por vencido. Al final se convierten en una versión Light y más o menos poco peligrosa de los acosadores a famosos. Lo cual tiene la ventaja de que sabes que siempre tendrás a alguien dispuesto a estar contigo a pesar de todo lo malo.
Pero como el amor propio de cada uno nos impide rendirnos, antes que admitir una derrota nos dedicaremos a evadirla y al final volvemos a ser aquellos capullos que dan largas. Ya que lo más probable es que la otra persona siga con su acoso más tiempo del que nosotros podamos aguantar y terminamos o bien aceptándole o bien convirtiéndonos en el grupo maldito de los “mentirosos”. Claro que aquí está menos mal visto, porque ¿quién les manda ser tan pesados? Aunque eso no es un justificante. Al final terminamos tan quemados que acabamos diciendo algo así como “que no joder, que me dejes so pesado de mierda. ¡Lárgate ya de una puta vez!”
No hace falta llegar a esos extremos, porque la solución es, por un lado saber pararle los pies a la otra persona ya que cuando algo no gusta lo importante es la sinceridad, y por otra parte hay que respetar los sentimientos de los demás y no intentar forzarles a hacer algo que no quieren. Es decir, lo importante es comunicar y ser sincero, ya que si la verdad duele, también es liberadora.
Así que no sólo es difícil decir que no sino que hay que ser consecuentes ya que es una palabra que si a veces tiene efectos prolongados en el tiempo, es decir que con decirla una vez basta, no suele ser el caso y hay que repetirla unas cuantas veces más antes de legar a conseguir que sus efectos sean permanentes. Algo así como la depilaron por láser, hay que hacérsela varias veces antes de quedarnos totalmente sin pelos.

¿De Qué Marca Eres?
Mi padre tiene la idea preconcebida de que todo lo que es de marca es bueno y de calidad y por el contrario de que cualquier cosa que compres si no es de una empresa reconocida o que sale en la televisión, es una estafa y al final “lo barato te sale caro”. Pero a pesar de lo que se pueda pensar, mi padre no es el único que piensa así. ¿Tiene razón? En un mundo en el que la publicidad nos mete logotipos y marcas hasta en la sopa ¿podemos sobrevivir al margen de ellas?
Las marcas nos rodean, miremos donde miremos siempre veremos algún logotipo o algún símbolo que nos enlace con la empresa a la que hace referencia. Hay casos en los que las personas abusan de ellos apropiándose de los valores que suelen conllevar y usándolos para fines personales. Terminan por entrar en la dinámica de asimilación de la marca con la personalidad de cada uno. Al final se convierten en anuncios vivientes.
Conozco el caso de un chico, bastante inteligente por cierto, al menos en la técnica empleada, que recurría a los artificios de la maquina de coser de su madre para poder vivir en un estrato que no le correspondía. Ese chico compraba la ropa a granel en los mercadillos y demás sitios de ofertas, mientras que por otro lado descargaba los logotipos de las grandes multinacionales de la alta costura y Prêt À Porter. Luego las imprimía con la maquina de coser de su madre con un proceso que me resulta desconocido de momento, de tal forma que obtenía “prendas de marca” como podría ser una camiseta de D&G o de Benetton, sin haberse gastado más que lo que cuesta el hilo y la camiseta de algodón del todo a cien. Gracias a esa técnica traidora conseguía ser el centro de atención cuando salía de marcha y triunfar. Porque claro, los chicos al verle con ropa de marca se volvían como locos por el halo de poder que desprendía, sin saber que todo era un artificio. Teniendo en cuenta que sólo buscaba un lío de una noche, los chicos no permanecían con él el tiempo suficiente para descubrir el truco.
El vivir prisionero de las marcas es una cosa terrible porque te obliga a llevar un nivel de vida que muchas veces no puedes permitirte tanto económicamente como socialmente.
Mi hermana no puede ponerse la ropa que le gusta para ir a clase sino sólo las prendas de marca o de moda, porque de lo contrario sus amigas dejarían de hablarle y sería la chica más odiada del Liceo y por consecuente marginada. Porque todo sabéis que los chicos y chicas que van al liceo francés son personitas muy pijas y superficiales (menos algunas excepciones que solían agruparse para hacer frente al rechazo masivo por parte de los compañeros) y si no vas como ellos, no eres digno/a de su “amistad”. Si algo tienen las marcas es que al diferenciarse entre ellas nos adjudican un valor en función del prestigio que ellas conllevan. Socialmente nos pueden llegar a marginar aunque económicamente uno se las pueda permitir.
Luego esta la gente que vive por encima de sus posibilidades económicas por haberse forjado una fachada glamourosa. Son aquellas personas que vemos conduciendo coches caros como podrían ser los Mercedes o los BMW. También están los bakalas con sus anillos de oro o sus cadenas del mismo material pero cuyos eslabones son del tamaño de los que se usan para atar las bicicletas para que no se las roben. Se dan casos conocidos de todos de gente que se compra un coche caro, pero que luego no puede pagar la gasolina con la que llevarlo. O bien que viven en chabolas pero cuando pasas por la puerta en el garaje tienen un Audi TT. Se han gastado todos sus fondos para tener un coche que luzca, pero sólo eso, luego estarán durmiendo entre las chinches o dentro del coche.
Cada vez hay más gente joven que intenta llevar este estilo de vida. Ya no solo los bakalas como ya he comentado antes. Que por cierto me pregunto de dónde sacan para poder permitirse ser unas joyerías ambulantes. Porque la moda Mister T ya ha pasado. Me refiero a aquellos niños de papá que se sacan el carné de conducir y para celebrarlo su padre les regala un Porsche. Coche que luego tendrán que llevar con la L puesta a 80 por la autovía porque a más no está permitido. Pero a ellos eso no les preocupa, porque como viven del cuento, la L se la quitan y queman el asfalto. Lo malo es que luego los encontramos en una cuneta, llorando porque no saben controlar esas máquinas. Porque lo importante para ellos es pretender ser lo que no son.
Una de las putadas de las marcas es que no son tan exclusivas como pensamos y al final pagas por algo que cada vez más gente “puede” permitirse. Me refiero a chicos, y chicas, que se pasan la tarde del sábado comiéndose la cabeza para saber cómo salir esa noche, qué ropa ponerse, cómo peinarse y qué decir para ser original y diferente a los demás, para poder fingir pertenecer a la élite de la marca que llevan. Y luego, a la hora de la verdad, se encuentran con sus amigos y resulta que van todos iguales, claro, como han salido todos a los mismos sitios a comprarse la ropa (ibais juntos, ¿recuerdas?) y porque llevan todo lo que está de moda (gafas, corte de pelo, etc.), y de rebajas. Intentan sobresalir para ser diferentes a los demás yendo lo más modernos posible, pero al final resulta que todos han tenido la misma idea y se encuentran clonados.

Hay un caso en el que la marca no conlleva la calidad que se le quiere atribuir. Suele suceder con ciertas prendas de ropa. Si es cierto que unos vaqueros Levi’s suelen ser mejores y más duraderos que los del mercadillo (aunque con lo que te compras unos de marca en el mercadillo adquieres la cantidad de pantalones que te duran los primeros, al final compensas), no lo es que unos boxers CK sean mejores que los Abanderado (que también es una marca todo sea dicho, pero menos prestigiosa). Como ya he comentado en otra ocasión, lo único que tienen es que llevan la marca en el elástico, porque la calidad es pésima, y después de 2 lavados ya sirven para cubrir el agujero de la capa de ozono. Mi consejo, gastarse el dinero solo una vez y luego reciclar la goma. Así podréis seguir engañando a los demás.
En clase de marketing nos enseñaron lo que son las marcas blancas, es decir aquellas que suelen ser producidas por primeras marcas como por ejemplo Pascual, y vendidas bajo la del establecimiento que las comercializa. De esa forma resultan ser más baratas pero de la misma calidad. En este caso tenemos productos que solo se diferencian por el logotipo que llevan. Entonces ya no estamos hablando de lo que dice mi padre, porque a fin de cuentas es el mismo perro con distinto collar, lo que pasa es que no sirven para fardar, porque no puedes fardar con una crema hidratante del Mercadona, pero sí con una de L’Oreal. Son trucos que sirven para que los consumidores inteligentes puedan adquirir productos de calidad sin por ello tener que pagar la publicidad que conlleva la marca. Pero no son aptos para los fantasmas.
A fin de cuentas sí que podemos vivir al margen de las marcas, si realmente lo que buscamos es vivir rodeados de consumibles de calidad. Pero no podremos hacerlo si lo que buscamos es el aura prestigiosa que se han forjado las marcas y que nos contagian al usar lo que nos venden. Si queremos vivir en un mundo de ilusiones y basado en la utopía que nos presenta la publicidad hay que olvidarse del concepto de calidad en los términos en los que lo conocemos y pensar más en superficialidad y en ciencia ficción.
Las marcas nos rodean, miremos donde miremos siempre veremos algún logotipo o algún símbolo que nos enlace con la empresa a la que hace referencia. Hay casos en los que las personas abusan de ellos apropiándose de los valores que suelen conllevar y usándolos para fines personales. Terminan por entrar en la dinámica de asimilación de la marca con la personalidad de cada uno. Al final se convierten en anuncios vivientes.
Conozco el caso de un chico, bastante inteligente por cierto, al menos en la técnica empleada, que recurría a los artificios de la maquina de coser de su madre para poder vivir en un estrato que no le correspondía. Ese chico compraba la ropa a granel en los mercadillos y demás sitios de ofertas, mientras que por otro lado descargaba los logotipos de las grandes multinacionales de la alta costura y Prêt À Porter. Luego las imprimía con la maquina de coser de su madre con un proceso que me resulta desconocido de momento, de tal forma que obtenía “prendas de marca” como podría ser una camiseta de D&G o de Benetton, sin haberse gastado más que lo que cuesta el hilo y la camiseta de algodón del todo a cien. Gracias a esa técnica traidora conseguía ser el centro de atención cuando salía de marcha y triunfar. Porque claro, los chicos al verle con ropa de marca se volvían como locos por el halo de poder que desprendía, sin saber que todo era un artificio. Teniendo en cuenta que sólo buscaba un lío de una noche, los chicos no permanecían con él el tiempo suficiente para descubrir el truco.
El vivir prisionero de las marcas es una cosa terrible porque te obliga a llevar un nivel de vida que muchas veces no puedes permitirte tanto económicamente como socialmente.
Mi hermana no puede ponerse la ropa que le gusta para ir a clase sino sólo las prendas de marca o de moda, porque de lo contrario sus amigas dejarían de hablarle y sería la chica más odiada del Liceo y por consecuente marginada. Porque todo sabéis que los chicos y chicas que van al liceo francés son personitas muy pijas y superficiales (menos algunas excepciones que solían agruparse para hacer frente al rechazo masivo por parte de los compañeros) y si no vas como ellos, no eres digno/a de su “amistad”. Si algo tienen las marcas es que al diferenciarse entre ellas nos adjudican un valor en función del prestigio que ellas conllevan. Socialmente nos pueden llegar a marginar aunque económicamente uno se las pueda permitir.
Luego esta la gente que vive por encima de sus posibilidades económicas por haberse forjado una fachada glamourosa. Son aquellas personas que vemos conduciendo coches caros como podrían ser los Mercedes o los BMW. También están los bakalas con sus anillos de oro o sus cadenas del mismo material pero cuyos eslabones son del tamaño de los que se usan para atar las bicicletas para que no se las roben. Se dan casos conocidos de todos de gente que se compra un coche caro, pero que luego no puede pagar la gasolina con la que llevarlo. O bien que viven en chabolas pero cuando pasas por la puerta en el garaje tienen un Audi TT. Se han gastado todos sus fondos para tener un coche que luzca, pero sólo eso, luego estarán durmiendo entre las chinches o dentro del coche.
Cada vez hay más gente joven que intenta llevar este estilo de vida. Ya no solo los bakalas como ya he comentado antes. Que por cierto me pregunto de dónde sacan para poder permitirse ser unas joyerías ambulantes. Porque la moda Mister T ya ha pasado. Me refiero a aquellos niños de papá que se sacan el carné de conducir y para celebrarlo su padre les regala un Porsche. Coche que luego tendrán que llevar con la L puesta a 80 por la autovía porque a más no está permitido. Pero a ellos eso no les preocupa, porque como viven del cuento, la L se la quitan y queman el asfalto. Lo malo es que luego los encontramos en una cuneta, llorando porque no saben controlar esas máquinas. Porque lo importante para ellos es pretender ser lo que no son.
Una de las putadas de las marcas es que no son tan exclusivas como pensamos y al final pagas por algo que cada vez más gente “puede” permitirse. Me refiero a chicos, y chicas, que se pasan la tarde del sábado comiéndose la cabeza para saber cómo salir esa noche, qué ropa ponerse, cómo peinarse y qué decir para ser original y diferente a los demás, para poder fingir pertenecer a la élite de la marca que llevan. Y luego, a la hora de la verdad, se encuentran con sus amigos y resulta que van todos iguales, claro, como han salido todos a los mismos sitios a comprarse la ropa (ibais juntos, ¿recuerdas?) y porque llevan todo lo que está de moda (gafas, corte de pelo, etc.), y de rebajas. Intentan sobresalir para ser diferentes a los demás yendo lo más modernos posible, pero al final resulta que todos han tenido la misma idea y se encuentran clonados.

Hay un caso en el que la marca no conlleva la calidad que se le quiere atribuir. Suele suceder con ciertas prendas de ropa. Si es cierto que unos vaqueros Levi’s suelen ser mejores y más duraderos que los del mercadillo (aunque con lo que te compras unos de marca en el mercadillo adquieres la cantidad de pantalones que te duran los primeros, al final compensas), no lo es que unos boxers CK sean mejores que los Abanderado (que también es una marca todo sea dicho, pero menos prestigiosa). Como ya he comentado en otra ocasión, lo único que tienen es que llevan la marca en el elástico, porque la calidad es pésima, y después de 2 lavados ya sirven para cubrir el agujero de la capa de ozono. Mi consejo, gastarse el dinero solo una vez y luego reciclar la goma. Así podréis seguir engañando a los demás.
En clase de marketing nos enseñaron lo que son las marcas blancas, es decir aquellas que suelen ser producidas por primeras marcas como por ejemplo Pascual, y vendidas bajo la del establecimiento que las comercializa. De esa forma resultan ser más baratas pero de la misma calidad. En este caso tenemos productos que solo se diferencian por el logotipo que llevan. Entonces ya no estamos hablando de lo que dice mi padre, porque a fin de cuentas es el mismo perro con distinto collar, lo que pasa es que no sirven para fardar, porque no puedes fardar con una crema hidratante del Mercadona, pero sí con una de L’Oreal. Son trucos que sirven para que los consumidores inteligentes puedan adquirir productos de calidad sin por ello tener que pagar la publicidad que conlleva la marca. Pero no son aptos para los fantasmas.
A fin de cuentas sí que podemos vivir al margen de las marcas, si realmente lo que buscamos es vivir rodeados de consumibles de calidad. Pero no podremos hacerlo si lo que buscamos es el aura prestigiosa que se han forjado las marcas y que nos contagian al usar lo que nos venden. Si queremos vivir en un mundo de ilusiones y basado en la utopía que nos presenta la publicidad hay que olvidarse del concepto de calidad en los términos en los que lo conocemos y pensar más en superficialidad y en ciencia ficción.
Putaditas de la Vida
Alanis Morissette escribía en su canción Ironic “Es como la lluvia el día de tu boda/ Es una partida gratis cuando ya la has pagado/ Es un buen consejo que nunca tomaste…” refiriéndose a todas esas cosas que nos suceden de forma aleatoria y que solemos atribuir a la famosa Ley de Murphy. Personalmente nunca me la he leído, pero sé que cada vez que ocurre algo fortuito que nos jode la vida se dice “es la ley de Murphy”.
En un mundo cada vez más obsesionado con la ciencia, adjudicamos leyes naturales a eventos que no lo son, e intentamos que todo tenga una explicación. Pero, ¿es eso realmente lo correcto? ¿Podemos seguir creyendo en que la vida tiene su manera curiosa de sacarnos de quicio?
Para aquellos que creemos que el Universo está en equilibrio y que todo tiene su razón de ser, estas putaditas son una forma de recordarnos que la vida hay que tomársela con sentido del humor. Pero esto no siempre es fácil.
Hay dos en particular que me dan mucho “coraje”. Uno de ellos es relativo al trabajo. Y viene a decir que “las cosas suceden cuando ya no necesitas que sucedan”. Es decir que puedes estar buscando trabajo durante meses y meses, sin que te llame nadie. O bien te llaman, haces la entrevista y nunca vuelves a saber de ellos, o te dan cita y no se presentan. Y si no como le pasó a mi primo, que el día de la entrevista le mandan un mensaje al móvil para anularla diciendo que no tenían tiempo de entrevistarle. Y claro todas esas cosas dan mucha rabia. Pero lo peor no es que no puedas desquitarte, porque claro, no vas a mandarlos a la mierda, porque si no te quedas sin trabajo. Lo peor es que cuando ya tienes trabajo, que por lo general es algo que más o menos te apaña pero no del todo, te llaman de aquel puesto que a primera vista es el mejor del mundo. Entonces te dejan jodido porque no sabes qué hacer. Por un lado tienes la posibilidad de dejar el trabajo que tanto te ha costado encontrar, e irte en plan chaquetero al nuevo, y por otro puedes mandarles a paseo, ahora sí, argumentando que “deberíais haberlo pensado antes, porque ahora ya no os necesito.”
Otro ámbito en el que esto suele suceder es en el amor. Basta con que te eches pareja para que te salgan más citas. ¿O acaso nunca os ha pasado que justo la persona que queríais que fuera detrás vuestra empieza a interesarse cuando ya no os puede tener? Porque es lo que sucede siempre. Por lo visto la peña es tan retorcida que sólo se interesa por uno cuando estamos ocupados, y entonces lo intentan, pero a saco. Y al final te pasa como en el caso anterior, que ya no sabes si mandarlo todo a la mierda e irte con aquella persona egoísta que no sabe lo que quiere, o bien mandarle a paseo por no haberse decidido antes: “has perdido tu oportunidad, ahora te jodes”.
Una putada muy frecuente es la del aparcamiento. Cuando vas al centro en tu coche e intentas dejar el coche en una zona gratis, o incluso en zona azul. Sabes que hagas lo que hagas o vayas donde vayas, siempre encontrará sitio el que estaba antes que tú, que por una casualidad de la vida, no está de paso sino que busca lo mismo que tú. Pero este caso tiene una variante perversa y es cuando encuentra sitio el que va detrás de ti. Que resulta que por una distracción momentánea no te has fijado que alguien va a salir, y cuando te das cuenta ya es demasiado tarde y te toca seguir buscando.
Bueno y para los que no conducen, no tienen coche, aparcan en los aparcamientos de pago o tienen aparcamiento fijo en el centro, hay un caso del que no podrán escapar nunca: la cola del Mercadona. Bueno aunque no tiene por que ser ahí, también puede ser en cualquier otro supermercado. El caso es que siempre la cola de la caja en la que estés será la más lenta. Y si tienes la desgracia de irte a otra, entonces la tuya de repente va más rápido. A veces se da el caso de que después de estar 3 horas esperando que te toque el turno, abren la caja de al lado, pero los que primero llegan son los que estaban detrás de ti, entonces al final vuelves a estar en el mismo sitio que antes: esperando.
Otra de las injusticias de la vida es que a ti siempre te pillan. Tu ves pasar a un tío por la autovía a 500 Km./h y no le pasa nada, pero tu si vas a 70 en un tramo de 60 estás seguro de que te van a poner una multa que se te cae el pelo, aunque seas calvo. Lo mismo que aquella persona que nunca bebe alcohol, y justo esa noche ha bebido una copa de más y ¡zas! control de alcoholemia. Pero esas cosas no sólo tienen que ver con la policía. También con los ladrones. Tú puedes cerrar tu coche con llave todos los días, pero estas seguro de que el día que se te olvide cerrarlo porque te has bajado muy deprisa a comprar condones en la farmacia, ese día vuelves y te han robado lo que llevabas dentro.
Y si no prueba con el tiempo. El día que lavas el coche, los cristales de la terraza o cuelgas la ropa afuera, ese día llueve. Los del ministerio de agricultura deberían pagarnos por que hagamos esas cosas para que llueva más. Pero hablando del tiempo los que peor lo tienen son los madrileños. Cada vez que vienen para la Semana Santa a Alicante les llueve. Deberían escoger otra fecha, porque además la cosa es muy curiosa. Hace sol y calor antes de que lleguen, y el día después de que se van, pero mientras que están aquí caen chuzos de punta. Porque en el fondo la cuestión es putearlos.
Yo siempre he pensado que el informático responsable del diseño del software de nuestro Universo tenía un sentido del humor muy particular. Y cada vez que nos pasa algo así debe de estar descojonándose de la risa. Por eso hay que saber reírse de uno mismo y de esas situaciones, porque en el fondo como dice al final en la canción “la vida tiene una manera divertida de ayudarte a salir adelante”.

En un mundo cada vez más obsesionado con la ciencia, adjudicamos leyes naturales a eventos que no lo son, e intentamos que todo tenga una explicación. Pero, ¿es eso realmente lo correcto? ¿Podemos seguir creyendo en que la vida tiene su manera curiosa de sacarnos de quicio?
Para aquellos que creemos que el Universo está en equilibrio y que todo tiene su razón de ser, estas putaditas son una forma de recordarnos que la vida hay que tomársela con sentido del humor. Pero esto no siempre es fácil.
Hay dos en particular que me dan mucho “coraje”. Uno de ellos es relativo al trabajo. Y viene a decir que “las cosas suceden cuando ya no necesitas que sucedan”. Es decir que puedes estar buscando trabajo durante meses y meses, sin que te llame nadie. O bien te llaman, haces la entrevista y nunca vuelves a saber de ellos, o te dan cita y no se presentan. Y si no como le pasó a mi primo, que el día de la entrevista le mandan un mensaje al móvil para anularla diciendo que no tenían tiempo de entrevistarle. Y claro todas esas cosas dan mucha rabia. Pero lo peor no es que no puedas desquitarte, porque claro, no vas a mandarlos a la mierda, porque si no te quedas sin trabajo. Lo peor es que cuando ya tienes trabajo, que por lo general es algo que más o menos te apaña pero no del todo, te llaman de aquel puesto que a primera vista es el mejor del mundo. Entonces te dejan jodido porque no sabes qué hacer. Por un lado tienes la posibilidad de dejar el trabajo que tanto te ha costado encontrar, e irte en plan chaquetero al nuevo, y por otro puedes mandarles a paseo, ahora sí, argumentando que “deberíais haberlo pensado antes, porque ahora ya no os necesito.”
Otro ámbito en el que esto suele suceder es en el amor. Basta con que te eches pareja para que te salgan más citas. ¿O acaso nunca os ha pasado que justo la persona que queríais que fuera detrás vuestra empieza a interesarse cuando ya no os puede tener? Porque es lo que sucede siempre. Por lo visto la peña es tan retorcida que sólo se interesa por uno cuando estamos ocupados, y entonces lo intentan, pero a saco. Y al final te pasa como en el caso anterior, que ya no sabes si mandarlo todo a la mierda e irte con aquella persona egoísta que no sabe lo que quiere, o bien mandarle a paseo por no haberse decidido antes: “has perdido tu oportunidad, ahora te jodes”.
Una putada muy frecuente es la del aparcamiento. Cuando vas al centro en tu coche e intentas dejar el coche en una zona gratis, o incluso en zona azul. Sabes que hagas lo que hagas o vayas donde vayas, siempre encontrará sitio el que estaba antes que tú, que por una casualidad de la vida, no está de paso sino que busca lo mismo que tú. Pero este caso tiene una variante perversa y es cuando encuentra sitio el que va detrás de ti. Que resulta que por una distracción momentánea no te has fijado que alguien va a salir, y cuando te das cuenta ya es demasiado tarde y te toca seguir buscando.
Bueno y para los que no conducen, no tienen coche, aparcan en los aparcamientos de pago o tienen aparcamiento fijo en el centro, hay un caso del que no podrán escapar nunca: la cola del Mercadona. Bueno aunque no tiene por que ser ahí, también puede ser en cualquier otro supermercado. El caso es que siempre la cola de la caja en la que estés será la más lenta. Y si tienes la desgracia de irte a otra, entonces la tuya de repente va más rápido. A veces se da el caso de que después de estar 3 horas esperando que te toque el turno, abren la caja de al lado, pero los que primero llegan son los que estaban detrás de ti, entonces al final vuelves a estar en el mismo sitio que antes: esperando.
Otra de las injusticias de la vida es que a ti siempre te pillan. Tu ves pasar a un tío por la autovía a 500 Km./h y no le pasa nada, pero tu si vas a 70 en un tramo de 60 estás seguro de que te van a poner una multa que se te cae el pelo, aunque seas calvo. Lo mismo que aquella persona que nunca bebe alcohol, y justo esa noche ha bebido una copa de más y ¡zas! control de alcoholemia. Pero esas cosas no sólo tienen que ver con la policía. También con los ladrones. Tú puedes cerrar tu coche con llave todos los días, pero estas seguro de que el día que se te olvide cerrarlo porque te has bajado muy deprisa a comprar condones en la farmacia, ese día vuelves y te han robado lo que llevabas dentro.
Y si no prueba con el tiempo. El día que lavas el coche, los cristales de la terraza o cuelgas la ropa afuera, ese día llueve. Los del ministerio de agricultura deberían pagarnos por que hagamos esas cosas para que llueva más. Pero hablando del tiempo los que peor lo tienen son los madrileños. Cada vez que vienen para la Semana Santa a Alicante les llueve. Deberían escoger otra fecha, porque además la cosa es muy curiosa. Hace sol y calor antes de que lleguen, y el día después de que se van, pero mientras que están aquí caen chuzos de punta. Porque en el fondo la cuestión es putearlos.
Yo siempre he pensado que el informático responsable del diseño del software de nuestro Universo tenía un sentido del humor muy particular. Y cada vez que nos pasa algo así debe de estar descojonándose de la risa. Por eso hay que saber reírse de uno mismo y de esas situaciones, porque en el fondo como dice al final en la canción “la vida tiene una manera divertida de ayudarte a salir adelante”.

Érase Un Vez...
Todos sabemos como empiezan los cuentos que nos contaban de niños. En la infancia es cuando se instauran los valores fundamentales de las personas. Nuestro entorno familiar es muy importante a la hora de forjar nuestra personalidad. Cuando somos pequeños, la familia y la gente que nos rodea se encargan de introducirnos en un mundo de fantasía que cuando llegamos a una edad razonable esas mismas personas se encargan de destruir. Y un elemento clave son los cuentos. La mayoría de ellos contados bajo forma de películas. La factoría que más daño ha hecho a los hombres y mujeres de las décadas pasadas es Disney, con sus historias de princesas, brujas malvadas y príncipes encantados.
¿Por qué nos engañan de pequeños, cuando la realidad a la que nos someten después es mucho más cruel que los cuentos de hadas? ¿Acaso intentan hacernos vivir en la fantasía de pequeños para que luego nos puedan manipular mejor? ¿Quién no ha quedado frustrado al saber que los príncipes no existen, o que la bruja malvada no siempre acaba mal?
Uno de los principales elementos que aparecen en los cuentos que nos ha transmitido esa empresa es la bruja malvada. Siempre tiene que haber un ser maligno que se encarga de torturar a los buenos y que al final acaba mal. Sino fijaos en la de la sirenita que acaba empalada por el príncipe, la de Blancanieves que si mal no recuerdo la parte un rayo, la de la Bella Durmiente, que también es asesinada por el príncipe. Que viene a ser otro elemento recurrente y que se establece como el liberador.
De ahí se crean dos conceptos básicos que moldean nuestra infancia. Uno de ellos es que si eres chico, tienes que ser un príncipe y cargarte a las brujas que torturan a las doncellas. Pero la cosa no acaba ahí, porque para poder realizar ese cometido tienes que ser un guaperas y además estar cachas para poder llevar la espada tan chula que llevan todos. Una variante del príncipe podría ser el leñador de Caperucita Roja, pero aun así nos encontramos con un espécimen de hombre fuertote (el leñador tiene hacha). Y ya hilando más fino, también esta el arma que usan. Siempre es una espada o un hacha o una lanza, es decir símbolos fálicos de grandes proporciones. Vamos que o la tienes grande, eres un chulazo y estas buenísimo, o olvídate de ser un príncipe. Bueno, la cosa, dejando de lado la parte machista, tampoco es muy humanitaria que digamos, porque no me gustaría ver un montón de chicos matando brujas a diestro y siniestro, más que nada porque la inquisición ya se ha acabado. Y la discriminación de la mujer está mal vista, sea bruja o no.
Total que ahí viene el segundo concepto que se destaca de los cuentos. Si eres chica, entonces tienes dos opciones, o te conviertes en bruja o en princesa. La elección de la bruja es la que suele ser utilizada por las mujeres progresistas, es decir el de una persona independiente, que sabe arreglárselas por sí sola, que consigue sus objetivos y que triunfa en la vida. Pero claro al final acaba mal. Porque las brujas siempre son malas, hagan lo que hagan son malvadas. Y sino fijaos en la del cuento de Hansel y Grettel. En ese cuento la mujer construye su propia casa de ensueño con sus propias manos y llega un par de críos asquerosos a comérsela, literalmente. Entonces ella se defiende y los castiga, y van ellos y la tiran al horno. O la bruja de la Bella Durmiente, que encima de que le hacen el feo en el bautizo de la princesa Aurora, luego van a por ella. Total que al final consigues todo lo que quieres en la vida y cuando menos te lo esperas llega un chulazo tremendo y te fulmina. Lo único bueno es que el físico no importa, porque así como hay brujas feas, también las hay guapas.
Si eliges ser una princesita tendrás que pasarte la vida puteada a la espera de que llegue alguien a salvarte, torturada por una bruja mala que por lo general es de tu propia familia (¡viva la familia!) y suspiras porque alguien te rescate. Vamos que te conviertes en el ama de casa sumisa que no tiene personalidad y que lo único que sabe hacer es suspirar porque otra persona le de una vida que no es capaz de conseguir por si sola. Pero que un tío machote si que le podrá dar. Eso sí, también tienes que ser una chica guapísima, porque si no te adjudican el papel de bruja sin pedir tu opinión.
Pero vamos a ver, ¿es que no hay más elecciones? Porque lo malo es que mucha gente termina creyendo en eso y al final les toca sacarse las castañas del fuego. Por un lado los príncipes que van de rescatadores caen con chicas feministas radicales que les paran los pies porque pasan de los tíos que se las dan y al final terminan traumatizados de tanto rechazo, cuando ellos solo hacen lo que han aprendido de pequeños (eso cuando son guapos y cachas). Luego las brujas hacen sus “fechorías”, es decir que hacen realmente lo que les viene en gana y nunca vendrá nadie a cargárselas (salen ganando, vamos). Y por último, las chicas que han pensado que con casarse con su “príncipe” todo se soluciona, se dan cuenta de que eso es puro cuento y que no solo nadie las ha salvado, sino que se han pasado la vida puteadas para nada. Al final a las pobres les toca buscarse la vida ellas solitas y rescatarse a si mismas.
Pero en ese caso todo acaba bien, como en los cuentos de hadas. Pero no todo es tan bonito. Uno de los valores que nos inculcan esas historias es que lo importante es lo de dentro. La Bella se enamora de la Bestia por como es en el interior. Y también están todos esos príncipes encantados, convertidos en cosas feas (sapos, trolls, jorobados, ogros, etc.) que luego con un beso de su amada se vuelven otra vez unos chulazos. La princesa Cisne deja de serlo cuando su amado la acepta a pesar de ser un poco pajarraca, a la sirenita le pasa lo mismo (en la versión de Disney, claro). Y mi preferida: Blancanieves. El príncipe la resucita de un beso. Porque él la ama profundamente a pesar de que ella sea un cadáver apestoso, y va y la besa igual.
Entonces cuando creces, si no eres un guaperas o una Top Model (o la Barbie), piensas que da lo mismo como seas, porque eres una buena persona, y a pesar de ser feo como un piojo encontrarás el amor de tu vida. Bueno. Los comentarios sobran. Es cierto que el amor es ciego, y que todos lo merecemos y probablemente lo encontremos. Pero eso de que el aspecto no importa es pura mentira, porque si no la industria publicitaria no podría ser tan poderosa como lo es. No venderían tantos productos de belleza, que si anti arrugas, que si reafirmantes, y el botox no estaría tan de moda. Los gimnasios por su parte estarían en la quiebra porque no se apuntaría nadie (a nadie le gusta la tortura física auto impuesta) y los centros de estética habrían cerrado ya.
Es decir que si tu físico no te ha permitido ser un príncipe, y la “magia” de la publicidad y los productos de belleza tampoco, no pasa nada porque el sapo asqueroso también encuentra a su princesa. Pero eso es un bulo, no que no encuentren el amor, sino que su físico no importe. Crecemos pensando que da igual como seamos por fuera, que la belleza está en el interior, pero entonces nos damos cuenta de que nos discriminan por la apariencia que tengamos, si llevamos el pelo largo, tatuajes, piercings, ropa que no es de marca, somos altos, o bajos o gordos o flacos: siempre nos juzgan por la apariencia. Y lo peor de todo es que esos valores que nos han enseñado, luego los que no lo aplican son aquellas personas responsables de hacernos ver las películas de Disney. Se nos discrimina por el aspecto, porque como dicen “la primera impresión es la que cuenta” y si con eso no has conseguido caer bien olvídate que tendrás éxito en las entrevistas de trabajo, en las demandas de préstamos, en el trato al cliente en las tiendas, etc. Al final el papel que juegues en esa película que es la vida te lo adjudican por tu apariencia.

¿Por qué nos engañan de pequeños, cuando la realidad a la que nos someten después es mucho más cruel que los cuentos de hadas? ¿Acaso intentan hacernos vivir en la fantasía de pequeños para que luego nos puedan manipular mejor? ¿Quién no ha quedado frustrado al saber que los príncipes no existen, o que la bruja malvada no siempre acaba mal?
Uno de los principales elementos que aparecen en los cuentos que nos ha transmitido esa empresa es la bruja malvada. Siempre tiene que haber un ser maligno que se encarga de torturar a los buenos y que al final acaba mal. Sino fijaos en la de la sirenita que acaba empalada por el príncipe, la de Blancanieves que si mal no recuerdo la parte un rayo, la de la Bella Durmiente, que también es asesinada por el príncipe. Que viene a ser otro elemento recurrente y que se establece como el liberador.
De ahí se crean dos conceptos básicos que moldean nuestra infancia. Uno de ellos es que si eres chico, tienes que ser un príncipe y cargarte a las brujas que torturan a las doncellas. Pero la cosa no acaba ahí, porque para poder realizar ese cometido tienes que ser un guaperas y además estar cachas para poder llevar la espada tan chula que llevan todos. Una variante del príncipe podría ser el leñador de Caperucita Roja, pero aun así nos encontramos con un espécimen de hombre fuertote (el leñador tiene hacha). Y ya hilando más fino, también esta el arma que usan. Siempre es una espada o un hacha o una lanza, es decir símbolos fálicos de grandes proporciones. Vamos que o la tienes grande, eres un chulazo y estas buenísimo, o olvídate de ser un príncipe. Bueno, la cosa, dejando de lado la parte machista, tampoco es muy humanitaria que digamos, porque no me gustaría ver un montón de chicos matando brujas a diestro y siniestro, más que nada porque la inquisición ya se ha acabado. Y la discriminación de la mujer está mal vista, sea bruja o no.
Total que ahí viene el segundo concepto que se destaca de los cuentos. Si eres chica, entonces tienes dos opciones, o te conviertes en bruja o en princesa. La elección de la bruja es la que suele ser utilizada por las mujeres progresistas, es decir el de una persona independiente, que sabe arreglárselas por sí sola, que consigue sus objetivos y que triunfa en la vida. Pero claro al final acaba mal. Porque las brujas siempre son malas, hagan lo que hagan son malvadas. Y sino fijaos en la del cuento de Hansel y Grettel. En ese cuento la mujer construye su propia casa de ensueño con sus propias manos y llega un par de críos asquerosos a comérsela, literalmente. Entonces ella se defiende y los castiga, y van ellos y la tiran al horno. O la bruja de la Bella Durmiente, que encima de que le hacen el feo en el bautizo de la princesa Aurora, luego van a por ella. Total que al final consigues todo lo que quieres en la vida y cuando menos te lo esperas llega un chulazo tremendo y te fulmina. Lo único bueno es que el físico no importa, porque así como hay brujas feas, también las hay guapas.
Si eliges ser una princesita tendrás que pasarte la vida puteada a la espera de que llegue alguien a salvarte, torturada por una bruja mala que por lo general es de tu propia familia (¡viva la familia!) y suspiras porque alguien te rescate. Vamos que te conviertes en el ama de casa sumisa que no tiene personalidad y que lo único que sabe hacer es suspirar porque otra persona le de una vida que no es capaz de conseguir por si sola. Pero que un tío machote si que le podrá dar. Eso sí, también tienes que ser una chica guapísima, porque si no te adjudican el papel de bruja sin pedir tu opinión.
Pero vamos a ver, ¿es que no hay más elecciones? Porque lo malo es que mucha gente termina creyendo en eso y al final les toca sacarse las castañas del fuego. Por un lado los príncipes que van de rescatadores caen con chicas feministas radicales que les paran los pies porque pasan de los tíos que se las dan y al final terminan traumatizados de tanto rechazo, cuando ellos solo hacen lo que han aprendido de pequeños (eso cuando son guapos y cachas). Luego las brujas hacen sus “fechorías”, es decir que hacen realmente lo que les viene en gana y nunca vendrá nadie a cargárselas (salen ganando, vamos). Y por último, las chicas que han pensado que con casarse con su “príncipe” todo se soluciona, se dan cuenta de que eso es puro cuento y que no solo nadie las ha salvado, sino que se han pasado la vida puteadas para nada. Al final a las pobres les toca buscarse la vida ellas solitas y rescatarse a si mismas.
Pero en ese caso todo acaba bien, como en los cuentos de hadas. Pero no todo es tan bonito. Uno de los valores que nos inculcan esas historias es que lo importante es lo de dentro. La Bella se enamora de la Bestia por como es en el interior. Y también están todos esos príncipes encantados, convertidos en cosas feas (sapos, trolls, jorobados, ogros, etc.) que luego con un beso de su amada se vuelven otra vez unos chulazos. La princesa Cisne deja de serlo cuando su amado la acepta a pesar de ser un poco pajarraca, a la sirenita le pasa lo mismo (en la versión de Disney, claro). Y mi preferida: Blancanieves. El príncipe la resucita de un beso. Porque él la ama profundamente a pesar de que ella sea un cadáver apestoso, y va y la besa igual.
Entonces cuando creces, si no eres un guaperas o una Top Model (o la Barbie), piensas que da lo mismo como seas, porque eres una buena persona, y a pesar de ser feo como un piojo encontrarás el amor de tu vida. Bueno. Los comentarios sobran. Es cierto que el amor es ciego, y que todos lo merecemos y probablemente lo encontremos. Pero eso de que el aspecto no importa es pura mentira, porque si no la industria publicitaria no podría ser tan poderosa como lo es. No venderían tantos productos de belleza, que si anti arrugas, que si reafirmantes, y el botox no estaría tan de moda. Los gimnasios por su parte estarían en la quiebra porque no se apuntaría nadie (a nadie le gusta la tortura física auto impuesta) y los centros de estética habrían cerrado ya.
Es decir que si tu físico no te ha permitido ser un príncipe, y la “magia” de la publicidad y los productos de belleza tampoco, no pasa nada porque el sapo asqueroso también encuentra a su princesa. Pero eso es un bulo, no que no encuentren el amor, sino que su físico no importe. Crecemos pensando que da igual como seamos por fuera, que la belleza está en el interior, pero entonces nos damos cuenta de que nos discriminan por la apariencia que tengamos, si llevamos el pelo largo, tatuajes, piercings, ropa que no es de marca, somos altos, o bajos o gordos o flacos: siempre nos juzgan por la apariencia. Y lo peor de todo es que esos valores que nos han enseñado, luego los que no lo aplican son aquellas personas responsables de hacernos ver las películas de Disney. Se nos discrimina por el aspecto, porque como dicen “la primera impresión es la que cuenta” y si con eso no has conseguido caer bien olvídate que tendrás éxito en las entrevistas de trabajo, en las demandas de préstamos, en el trato al cliente en las tiendas, etc. Al final el papel que juegues en esa película que es la vida te lo adjudican por tu apariencia.

Dónde están los artículos?
En la siguiente dirección tengo publicados los artículos anteriores a la fecha de hoy, sin embargo es posible que los pase todos a ésta. A partir del lunes estarán sincronizadas las dos.
http://spaces.msn.com/members/khayman81/
http://spaces.msn.com/members/khayman81/
Planning
Este es el planning de los comentarios que voy a publicar en este blog:
- LUNES: cultura y sociedad
- MARTES: hablaremos de las curiosidades de la vida.
- MIÉRCOLES: tratare de moda y complementos
- JUEVES: hablaremos de las relaciones
- VIERNES: para tener un buen fin de semana hablaremos de los mitos eróticos.
Los sábados y los domingos descanso, porque no me da tiempo a escribir un topic al día, por lo que tengo que repartirlos entre semana, así cada día os toca uno diferente y según el día de un tema en particular. Espero que os guste, y espero vuestros comentarios
“Disfrútenla”

- LUNES: cultura y sociedad
- MARTES: hablaremos de las curiosidades de la vida.
- MIÉRCOLES: tratare de moda y complementos
- JUEVES: hablaremos de las relaciones
- VIERNES: para tener un buen fin de semana hablaremos de los mitos eróticos.
Los sábados y los domingos descanso, porque no me da tiempo a escribir un topic al día, por lo que tengo que repartirlos entre semana, así cada día os toca uno diferente y según el día de un tema en particular. Espero que os guste, y espero vuestros comentarios
“Disfrútenla”






