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Khayman en la Ciudad
Comentarios sobre la vida
Acerca de
Se trata de una columna en la que me gusta publicar mis impresiones acerca de la vida, el sexo, en fin, muchas cosas, ..."Disfrutenla"
Sindicación
 
La Estandarización
El fin de semana pasado unos amigos de Barcelona me pidieron que les llevara a los locales de moda de la ciudad, y de paso a los más cutres. Lo cierto es que me dijeron que había poca diferencia tanto en el local como en la gente. Según me comentaron, el problema de las ciudades pequeñas es que no hay variedad, que todo el mundo está recortado del mismo patrón.
Si consideramos que la mayoría de ciudades españolas tienen la misma población que ésta, ¿podemos considerar que la media española sigue los mismo gustos que Alicante? ¿Dónde se ha quedado la originalidad de la gente? ¿Está todo el mundo estandarizado?
Es curioso que siempre tenga que venir alguien de fuera para hacernos ver lo que tenemos delante de las narices. Y la petición de mis amigos me sirvió un poco para eso, porque realmente no sabia adonde llevarles, por lo tanto tuve que ver la oferta de locales de la ciudad para poder hacer una elección, luego según mis propias referencias y comentarios recogidos de la gente pude hacer un itinerario de adonde ir.
Lo divertido del asunto es que hay ciertos sitios donde va la gente que se considera a la moda, y otros que son más para gente que le importa menos su vestimenta, y otros en los que la decoración es dantesca perdida, pero sin embargo la mayoría de la gente iba igual. O al menos eso es lo que le parece a los que vienen de ciudades grandes donde la oferta está mucho más diversificada que aquí. Está claro que en un sitio donde hay locales para gentes marginales, o bien para grupos sociales diferenciados como los heavys, los góticos o los osos, una ciudad como esta no ofrece mayor resistencia que ir a un sitio donde esta todo el mundo mezclado.
Pero lo curioso del asunto es que no es así. Es cierto que hay algunas personas que van vestidas de cuero, o que llevan correas y cadenas de perro, pero esos son una minoría casi inexistente frente a los que abunda, que son los prototipos de maniquíes de Zara. Y lo divertido del asunto es que según su propia opinión son gente que va muy bien arreglada y a la moda. Pero para personas que vienen de donde realmente la gente va bien vestida y a la última, ellos solo son una imitación barata como los relojes de marcas blancas que venden en el mercadillo o la ropa interior de algodón con dibujos de Disney. Piensan que son lo más en la onda, pero resulta que su onda está algo pasada ya.
Sin embargo siguen empeñados en que son lo mejor, y que todos aquellos que no se compren la ropa en Inditex, se hagan crestas en el pelo, y lleven los cinturones de colores son gentuza que merece ser castigada por su falta de cohesión social. Yo he ido a un instituto en el que nos obligaban a llevar uniforme, pero lo cierto es que había más variedad de estilos a pesar de ello que lo que veo cuando salgo de marcha. Incluso a veces me pasa que como son todos iguales, llevan la misma ropa el mismo corte de pelo, los confundo y termino llamándoles por otro nombre. Hace falta haber vivido la opresión del guardarropa para poder apreciar lo que esta sociedad de diversidad textil nos ofrece, y poder disfrutarla.
Lo malo del asunto es que no solo nos estandarizan en la forma de vestir gracias a la publicidad y luego a la ley de la calle, sino que además la gente empieza a pensar toda al unísono, y las voces disidentes suelen ser acalladas gracias a la expulsión del grupo. Un ejemplo de eso es lo que siempre comento acerca del sexo. Han pasado muchos siglos para que volviésemos a la libertad sexual como la que tenían en la antigüedad, y sin embargo sigue habiendo un velo de pecado que planea sobre todo lo relativo al físico, y no me refiero a la apariencia, sino al placer físico. Por lo visto a pesar de que todo el mundo está de acuerdo en que es algo bueno y que todos queremos hacer, es impresionante ver como la gente lo rechaza públicamente para luego por detrás ir en su búsqueda.
Solo basta con meterse en un Chat de encuentros, de romance o de amistad para darse cuenta de que todo el mundo está en búsqueda permanente de pegar el polvo sin compromiso, y realmente no buscan nada más allá porque para esas personas es vergonzoso demostrar que tienen pulsiones. Es como hacerlo con una venda en los ojos, no sabes con quien, pero lo has hecho, y luego no puedes arrepentirte, porque si no has visto al pecador, el pecado no existe.
Yo he podido comprobar que la mayoría de la gente que ves en las discotecas, que alardean de ser puros y castos, luego son los peores, porque en el fondo son los que más barbaridades hacen cuando ya no soportan la presión. Aguantan todo lo que pueden su fachada de virginal pureza hasta que la olla ya no aguanta más y explotan, entonces es cuando les ves recurriendo a los estratagemas más barriobajeros para poder tener un orgasmo, del que, por cierto, luego se arrepentirán, y el que negaran siempre en rotundo.
Otro problema que conlleva lo de no tener sus propias ideas sino las que comparten de la masa social, es que no saben lo que buscan. La mayoría dice, por ejemplo, que busca pareja, cuando ni siquiera saben lo que eso significa, ni lo que contrae como responsabilidades, y al final terminan dejando a las personas como quien se deshace de un perro en una gasolinera. Cosa que por cierto está muy mal. Porque claro, cuando no sabes lo que significa eso de tener novio o novia, en cuanto las responsabilidades agobian lo más fácil es tirarle por la borda, además de paso ha cumplido con eso de tener sexo en pareja (que suelen durar unas 2 semanas) y puede probar con otra persona sin que el peso de la moral puritana le caiga encima con todas sus fuerzas.
Al final el problema de la estandarización es que nos obliga a hacer cosas y a ser personas que no podemos porque no es lo que realmente anhelamos. Sigo pensando que lo importante es ser consecuente con nuestros ideales personales, y a partir de ahí podremos realmente realizarnos como personas, y los demás deberían aceptarnos por ser fieles alo que somos y no a la marca a la que quieren que pertenezcamos.
 
La Soltería. Parte 3: Desventajas
Obviamente esta es la parte que más me gusta, porque es la más evidente, al menos para mí. Como ya se sabe, soy de las personas para las cuales estar soltero es más un castigo que un regalo, sin embargo intento siempre encontrarle lo positivo a todo, aunque a veces no sea lo obvio. Sin embargo creo que incluso para los que son felices estando solos, que los hay, y son muchos, hay cosas que no son iguales si tienes a alguien a tu lado.
En un mundo en el que la sinceridad está cada día más ausente, ¿podemos reconocer realmente cuales son nuestros puntos débiles? ¿Por qué no admitimos que ser soltero sólo está hecho para algunas personas? Pero lo más importante es ¿Por qué esas personas no nos dejan mantener nuestras convicciones?
Porque lo que si que es cierto es que digamos lo que digamos, siempre tratan de hacernos pensar lo que ellos quieren y no lo que nosotros sentimos o sabemos. Y se empeñan en convencernos de que por que ellos están mejor solos que con alguien es lo que debe ser, pero hay gente que no pensamos así.
Para mi lo peor de estar soltero es cuando tienes que quedar con gente con pareja. Es como tener hambre e ir a pasear por una zona de restauración, o bien que estés a dieta y tus amigos te lleven a comer al Häagen Dazs. Tienes que ver lo bien que se lo pasan y sin embargo no poder catarlo. Pero claro, eso no es culpa de tus amigos, ellos tienen derecho a desfrutar, tú eres el que debe resignarse y al menos alegrarte por ellos. Aunque también hay parejas que son muy comprensivas y se limitan un poco cuando están con gente soltera, no se dan el lote, ni sienten la necesidad de expresar su amor en público y para todo el mundo. Digamos que por respeto son un poco más modositos, y eso se agradece. Porque no olvidemos que si algunos estamos solteros no es porque queramos ni por nuestra culpa sino por causas externas.
Otra de las pruebas de fuego, en las que solemos terminar con quemaduras de primer grado donde más duelen., es cuando quedas con tu ex para que te hable o te presente a su nueva pareja. Eso es un acto de puro suicidio emocional, porque por mucho que te alegres de que haya conseguido a alguien que le quiera y le trate bien y todo eso, tu sigues estando más solo que el hambre. No tienes el respaldo de decir que te alegras porque tú también eres feliz, sino que tienes que tragarte todo lo que sientas y poner buena cara aunque en el fondo pienses que tu te lo mereces más que la otra persona, que después de todo el que quería algo estable eras tú. Lo cierto es que es muy difícil ser realmente honesto con esa persona, por mucho que la hayas querido y que quieras ser amigo suyo, no sueles alegrarte del todo de que te este presentando a quien te ha reemplazado. Y más cuando tú aun no le has reemplazado en tu corazón.
Otra de las cosas chungas de estar soltero es cuando sales de marcha, y sobretodo si tus amigos están con pareja, entonces ya es la guinda. Suelen dejarte solo en mitad de la pista de baile mientras se van a por una copa juntos, o al aseo o adonde sea, porque siempre lo hacen todo juntos y tú te quedas ahí tirado. Pero es que incluso cuando están solteros, suele pasar que terminan ligándose a alguien y acabas solo otra vez. Porque por alguna razón siempre serás tú quien se quede solo o sola. Y claro salir de marcha solo cuando no estaba previsto es bastante desagradable.
Los amigos siempre suelen entrar en juego cuando uno del grupo se queda soltero, y sobretodo si están los demás emparejados, intentaran buscarte a alguien para que no te quedes en solitario. Entonces es cuando meten la pata porque intentan hacer de Celestina, pero en plan cutre, y terminan organizando citas a ciegas con gente que creen que te conviene o con la que te llevaras a la perfección, pero que en el fondo están en la misma situación que tú y no saben como deshacerse de ellos. Recurrir a los amigos para encontrar a una nueva pareja es lo más común, pero no suele salir bien y al final terminas pasándolo un poco mal, por el bochorno de tener que quedar con tantas personas que no te gustan. Y al final terminas siendo ese amigo raro que no congenia con ninguna de las amistades que te han presentado.
Y otra cosa en la que estar soltero es terrible, y de la que ya he hablado, es el mito sexual que tienen las parejas de que somos quienes más relaciones sexuales tenemos. Eso es del todo falso. Tengo amigos que llevan más de 3 meses sin probar cacho porque están solteros y no conciben eso de acostarse con alguien solo por sexo, sino que lo hacen con gente que les gusta y atrae. Realmente esto demuestra que no se tiene más sexo de soltero que de pareja, aunque muchos me dirán que esos son unos ejemplos, que ellos son recatados y que tener sexo es fácil. Pues tampoco es cierto, a no ser que no tengas ningún tipo de filtro y te acuestes con cualquiera que te pase por delante, entonces sí. Pero de todos modos no es lo mismo, obviamente cuando lo haces con alguien por el que sientes algo, es una experiencia totalmente diferente a cuando es sexo por sexo, cosas que casi no se podrían comparar, de ahí que los solteros estemos mas reacios a eso de hacerlo con cualquiera. Además cuando tienes pareja una de las obligaciones que tenéis es la de acostaros cuando a uno de los dos le apetezca y la otra persona no esté indispuesta, es un deber que algunos no quieren admitir, de ahí que ellos lo hagan más. O al menos que tengan la posibilidad de hacerlo más, aparte de que al conocerse mejor, las relaciones sexuales serán mucho mejores porque se tiene experiencia.
A fin de cuentas, esto de estar sin pareja, no es del todo bonito, como lo pintan aquellos que la tienen. Pero como suele pasar, deseamos siempre lo que no tenemos, aunque en el fondo no nos aporte nada bueno. Las personas con pareja desean la libertad de los solteros, y estos últimos desean la complicidad que tienen las parejas.
Quisiera agradecer a Rolsdchild por su ayuda, sin ti no habría podido escribir todo esto ;)
 
Frases de Mentira
A pesar de que soy la primera persona que dice que hay que ser honestos con los demás y siempre decir la verdad, lo cierto es que hay veces que la verdad no sirve más que para quedar como un grosero y por lo tanto toca recurrir a frases eufemísticas, que todo el mundo conoce y utiliza, cuyo significado es conocido de todos a pesar de que quieran decir otra cosa.
En una sociedad en la que la gente se guía por primeras impresiones, por modas y por lo que este bien visto, hay veces en las que recurrimos a la mentira para salvar la cara ¿acaso no son las mentiras piadosas una buena alternativa? ¿Por qué decir la verdad a veces nos trae más complicaciones que una trola?
Lo cierto es que siempre habría que decir la verdad, pero en ciertas ocasiones es lo menos indicado. Sobretodo cuando estas en una primera cita, que es cuando todo lo que digas o hagas cuenta, y es muy difícil establecer un vinculo de confianza lo bastante sólido con la otra persona para poder ser del todo sincero con ella. De ahí que recurramos a esas frasecitas cuyo sentido literal no tiene nada que ver con el que se lee entre líneas. Por ejemplo, cuando la cita ha ido más o menos bien, pero no queremos prolongarla más de lo debido porque sabemos que no va a traernos nada bueno, en lugar de decirle a la persona que nos queremos ir a casa o que nos aburre, lo mejor es decirle “es tarde y mañana tengo que madrugar”. Así quedas bien, parece que eres una persona seria y responsable y encima no has herido los sentimientos de nadie. Esa frase te permite cortar por lo sano, en el momento que decidas, ya que tú eres quién se tiene que levantar pronto a la mañana siguiente, y la otra persona no sabe a qué hora puede ser eso.
Otro clásico de las citas es cuando al final de la cita le dices que ya le llamarás. Obviamente eso es mentira, pero claro, si le dices la verdad, que no quiere volverle a ver, que lo has pasado fatal, que sólo era un polvo y que no quieres repetir nunca más, entonces es cuando, a pesar de ser sincero, quedas como el malo de la película. Entonces cuentas con que ese “ya te llamaré” diga todo eso por ti, cuando en realidad lo primero que harás será borrar su número de teléfono. Eso cuando lo tienes, porque muchas veces a la otra persona se le olvida que en realidad no lo habías anotado y que lo más probable es que ya de partida no fuera a cuajar el asunto. Otras personas tienen dos números de teléfono distintos, uno para las personas serias y otro para los contactos esporádicos, que si no quieres volver a ver es mas fácil ignorarlos que si les das el número personal que usas.
Si lo pensamos detenidamente, nos daremos cuenta de que el campo de las citas está minado de frases con dobles sentidos perversos como las que ya hemos citado. Es curioso pensar que si quieres tener algo con alguien, lo más probable es que empieces mintiéndole, o al menos no diciendo la verdad, porque siempre duele. Otra que suele ser mentira casi siempre es la de “me ha gustado mucho / me lo he pasado genial, ya repetiremos”, por lo visto el uso del “ya” es casi sinónimo de trola. Eso es que realmente no piensa volver a verte pero no quiere dejarte con mal sabor de boca. No quiere decir que ha sido una mierda y por lo tanto hacerte sentir mal. Nunca más volverá a tener tiempo de quedar, por muy bien que haya dicho que lo haya pasado. Pero bueno, es una forma de corte menos dolorosa que si dijese lo que piensa realmente, y de paso no queda como un cabrón o una arpía.
Sin embargo, no todas las frases que podríamos apuntar en nuestra lápida, de ahí que se les llame lapidarias, pero también porque te caen encima como una losa, no todas ellas son del ámbito de las relaciones. La mayoría son convencionalismos para quedar bien de cara a la galería. A más famosa de todas ellas, es la que contesta a una pregunta muy simple, y es decir siempre “bien” cuando te pregunten cómo estás. Ya puedes estar fatal, súper jodido, o muriéndote, que no le importa a nadie, sólo tienes que contestar lo que esperan oír, porque si no lo haces de todos modos no te iban a escuchar, y si no haced la prueba, cuando os lo pregunten contestad cualquier cosa y veréis que la gente no se lo espera, porque en el fondo, esa pregunta es otra frase lapidaria. En realidad ni les importa como estáis.
Donde más se utilizan son en situaciones en las que decir lo que pensáis es realmente una grosería. Por ejemplo, cuando los amigos vuelven de las vacaciones y os muestran todas las fotos que han tomado, lo lógico sería decir que no te interesan, pero por el contrario vas a decirles que son chulísimas, que son fenomenales y que qué bonito todo. Aquí la formulación no importa tanto como el énfasis que hagas a lo que no te gusta. Se trata de decir lo contrario de lo que piensas, si te aburres, dices que te has divertido mucho, si te parecen abominables, dices que son interesantísimas. Es una forma de expresar lo opuesto de lo que realmente sientes, de esa manera a la otra persona no le afecta en absoluto lo que sientes, y no se crea mal rollo.
Hablar del tiempo es otra manera de construir frases de esas, estas hablando con alguien, pero en realidad no te interesa en absoluto su conversación. Esa persona lo entenderá igual que tú, pero no le afectará tanto porque en ningún momento has sido grosero, ni le has quitado el derecho a hablar contigo, simplemente estáis en un terreno en el que el tema de la discusión es totalmente aburrido e insulso para ambas partes. Es una forma correcta de no decir nada sin que parezca que no se dice nada.
A fin de cuentas se trata de salvar la cara para luchar otro día, y muchas veces la gente tiene estos convencionalismos tan asumidos, que en el fondo no pueden vivir sin ellos, y prefieres utilizarlos antes que decir la verdad incluso cuando se la pides a la cara. Porque lo cierto es que la verdad duele y todo lo que duele está mal. Pero bueno, no debemos olvidar que el engaño es a largo plazo más doloroso que una pinchada verídica.
 
Hogueras 2005
Cada ciudad y cada pueblo tienen sus fiestas locales que le hacen interesante de visitar en esa época del año. En Alicante por ejemplo, tenemos las hogueras estos días, luego vienen los fuegos artificiales. Pero el caso es que aquí son fiestas casi tradicionales.
En un mundo donde las antiguas tradiciones quedan cada día más obsoletas, ¿podemos hablar de versiones modernas de las antiguas? ¿Estamos realmente ante la creación de nuevas costumbres festeras?
Bueno lo cierto es que cuando vas a ver como se comporta la gente en estas fiestas se puede notar como cierto fervor religioso en ellos. Algunos incluso lloran y todo durante las “mascletás” del medio día. Y bueno, la verdad es que yo también lloraría, pero del dolor, aunque no sea el caso de estas personas. Los que no se emocionan tanto, son sin embargo muy serios respecto a ese tema. Por ejemplo, no se pierden ninguna de aquellas demostraciones en pólvora de ruido y escándalo, las comentan con casi fanatismo, y por supuesto, no permiten ningún tipo de crítica a esas ceremonias bajo pena de marginarnos por ignorantes e insulsos.
Pero no todo es fanatismo pseudo religioso. La mayoría de la fiesta es salir de marcha hasta el día siguiente, beber como un pez y despertarse con resaca al sonido de las tracas. Porque como suele pasar en las fiestas locales de cualquier ciudad o pueblo, cuando estamos de festividades, nadie tiene derecho a salirse de la norma, y si no ya se encargan los de las barracas de ello. Aquellas personas que tengan la desgracia de vivir cerca del centro y que no quieran salir de marcha, no tienen más remedio, porque la música de la cale no les iba dejar dormir hasta bien entrada la madrugada. Los petardos que tiran los niños durante toda la noche, tampoco ayudan a conciliar el sueño. Y cuando eso acaba entonces toca el turno de los borrachos que se pasean por las calles desafinando como si estuvieran en un casting de Operación Triunfo. Así que al final, si no puedes con tu enemigo (o bien irte de la ciudad o tomar pastillas para dormir) lo mejor que puedes hacer es unirte a él.
Total, que aquellas personas que han conseguido vacaciones, vivir lejos, o que en su trabajo les permitan llegar resacosos y sin dormir (abstenerse aquellos que sean conductores de maquinaria pesada y otros empleos de riesgo), pueden sobrevivir a esas fiestas.
Entonces llega el tema del botellón. Porque claro, en las fiestas populares y locales sí que está permitido el beber y beber en la calle, sin problemas con la autoridad. Y a pesar de que cada años después de las resacas fogueriles hagamos todos la promesa de que no volveremos a abusar del vodka, lo cierto es que es casi imposible evitarlo. Al final siempre hay algún listillo que propone comprar una cuantas botellas e ir al parque de siempre con las masas bebedoras a pasar un rato divertido, y claro todos terminamos cayendo en la tentación, y a veces al día siguiente ni nos acordamos de lo que hemos hecho. Pero claro, las fiestas locales no lo son si no has pillado una buena borrachera alguno de esos días. Porque esa es otra de las tradiciones que conllevan las festividades. Hay que emborracharse al menos una vez durante ellas, si no lo haces no lo has vivido realmente, aunque luego no te acuerdes de lo que hiciste ese día, pero bueno, para eso están las fotos de tus amigos en las que sales haciendo el payaso para variar.
Lo malo de estas cosas es como pasó este año, que de repente dos chalados se pusieron a tirar botellas de vidrio a los borrachos del otro lado de la carretera, los cuales respondieron con las mismas municiones, así que al final se organizó una mini batalla de botellas, como aquellas que se organizaban en verano, cuando teníamos 10 años, contra las urbanizaciones colindantes, pero en esos casos las municiones eran simple globos de agua, nada muy doloroso si lo pillas encima. De ahí que al final vayan a terminar prohibiendo esas orgías de alcohol, porque al final, la gente termina herida o en coma etílico.
La última celebración en este caso, es la quemada de las hogueras con la consecuente mojada de la gente por parte de los bomberos, todo un clásico. Lo cual resulta curioso, ya que en realidad la base de estas celebraciones es en realidad la de quemar todo aquello que el año anterior nos ha afectado y de tal forma que este nuevo año lo empecemos con lo nuevo y lo bueno. Pero de todo eso la gente se ha olvidado, y lo que realmente les importa es ir a que les echen agua los del cuerpo anti incendios. Pero eso sigue siendo divertido, o al menos lo es si no piensas en la millonada que se han gastado las cofradías para esas esculturas, y que al final terminan todas en cenizas, es una manera bruta de quemar el dinero. Lo peor es cuando piensas en toda la gente que se muere de hambre y vas a ver esas quemadas, al final se te terminan las ganas de celebrarlo. Porque la verdad es que pocas veces he visto un derroche de dinero semejante y que quede impune de tal manera.
Pero las fiestas son las fiestas, y si por razones de ahorro de dinero o agua se suspendiesen, mucha gente se sentiría miserable por no tener excusas para poder beber, emborracharse, hacer el chorra y volver a su casa a las 10 de la mañana sin saber ni como lo han conseguido. La gente necesita un aliciente para poder desmelenarse y eso es lo que nos ofrecen las nuevas celebraciones, los abusos en todo tipo estando permitidos, la gente aprovecha. Y al final se terminan pasando de la raya. Pero ahí es donde reside la gracia humana, en conseguir siempre empujar las fronteras de las costumbres más allá.
 
El Sexo Y La Ropa
Por mucho que digan lo contrario, los que hemos hecho o que seguimos haciendo nudismo, sabemos muy bien que un cuerpo desnudo no esconde ningún misterio, y que muchas veces el morbo lo general la ropa que lleva puesta una persona, tanto interior como la de calle. Sin embargo, a veces recurrimos a esos complementos para excitar a nuestra pareja, pero las cosas no salen tan bien como pensábamos y terminamos haciendo el ridículo o bien pasándolo mal.
Cuando de calentar al personal se trata ¿Por qué no siempre conseguimos nuestro objetivo? ¿Qué es lo que hace que la ropa interior sexy pueda ser un fracaso? ¿Por qué nos pone tanto la forma de vestir de ciertas personas?
No solo se trata de la ropa interior, porque a fin de cuentas siempre es lo último que se ve de la persona, e incluso en algunos casos ni eso, a pesar de que cada día esté más de moda dejar ver la parte de fuera del elástico, así la persona ya no tiene dudas de si se lleva tanga o calzoncillos normales.
Una de las prendas que más éxito suele tener tanto en hombre como en mujeres con las camisas con botones de clip. Debe de ser por el mito de superman, y eso de que puedes tirar de la camisa y no se le rompen los botones, pero queda abierta de par en par. Lo malo es que nunca esta el escudo del superhéroe debajo. Pero bueno a veces se compensa. No sale ningún escudo pero lo que hay debajo de la camisa vale más la pena que una fantasía de los ochenta.
Por lo general todo aquello que lleve ese tipo de botones suele ser una prenda peligrosa, ya que tienta a la gente a tirar de ella y dejarte con el pecho al aire, o las piernas cuando se trata de pantalones de chándal de clip. Lo malo en ese caso es cuando los botones llegan hasta el elástico, porque igual te dejan en ropa interior únicamente. Mi consejo es recurrir a estas prendas solo en caso de emergencia, con gente que sea responsable o bien en sitios donde no te importe quedarte con casi todo al aire, porque la tentación siempre es muy grande, y mucha gente no puede resistirse. Y esto es casi igual de válido para las chicas.
En su caso, más que en el de los chicos, las transparencias son una elección recurrente e interesante. Suele salir bien casi siempre, pero hay que tener cuidado a un par de cosillas. Una de ellas es elegir bien la ropa interior y las combinaciones de colores. Por ejemplo si es algo blanco que se transparenta un poco, como puede ser la ropa de lino o de algodón muy fino, no uséis ropa interior negra u oscura, a no ser que queráis que todo el mundo os mire por la calle. Además en los pubs ese agrega el peligro de las luces de neón violetas. Así que a menos que queráis que todo el mundo sepa lo que lleváis, no lo intentéis. Se suele pasar mucha vergüenza, sobre todo cuando la elección no es premeditada.
Y si no son transparencias, todas aquellas prendas que dejen entrever algo, ya por que sean muy cortas o que tengan escotes o aperturas enormes, son unos de los productos estrella del tema. Las minifaldas, pantalones cortos (tanto en hombre como en mujeres) y las camisas con escotes (para ambos sexos) son válidas. Sobre todo estas últimas si eres una chica con pechos exuberantes, o bien un hombre con un torso atractivo (abstenerse esos a los que les sube el pelo hasta la barbilla o que podrían llevar sujetador).
Las prendas de cuero, por alguna razón que no termino de entender, son las favoritas en lo que a morbo se refiere. Y lo bueno del asunto es que hay de todo en ese material, desde cazadoras, hasta botas, prendas íntimas (eso debe de escocer un montón), pantalones camisetas, etc. Lo malo es que es ropa de temporada, porque no me podría imaginar a nadie usándolas en pleno mes de agosto en el hemisferio norte. Con el calor que estamos pasando ahora no quiero ni pensar lo que sería si en vez de usar pantalones cortos usásemos de eso. Puede que fuese muy morboso, pero la verdad es que la incomodidad hace que casi no valga la pena.
Luego está el tema de la ropa interior, que viene a ser una discriminada dentro del repertorio de prendas eróticas. A veces uno ve unas prendas en las tiendas muy bonitas, muy sexys, y muy caras y realmente se pregunta si vale la pena comprarlas para que no las vea nadie, o casi nadie, y si lo hace por solo unos minutos y luego la tiren al montón de ropa. Incluso hay casos en los que el gasto de dinero es totalmente inútil. Conozco uno en el que la chica se gasto unos 200 euros en ropa interior, ya que el sujetador costaba unos 100 y la parte de abajo unos 80, para una cita con su novio. Según cuenta, a pesar de lo que había gastado, le valía la pena porque eran prendas realmente bonitas y sugerentes. Lo malo fue cuando llego su novio a su casa, cenaron, y cuando la cosa se puso caliente le quito lo que levaban encima, y le arranco literalmente el sujetador y las bragas. Obviamente semejante muestra de brutalidad hacia una lencería tan cara tuvo un efecto más bien negativo. Ya que el chico fue despedido en el momento de la casa de ella, y ella tuvo que tirar a la basura sus prendas rasgadas. El efecto buscado no fue en absoluto el obtenido como podréis imaginar. Ese es un caso de ropa interior maltratada.
Pero lo cierto es que es una gran incomprendida, porque la verdad es que nos gastamos mucho en ropa interior para que nadie lo vea, es casi mejor no usar nada morboso y caro sino la simple ropa interior del mercadillo, que además de ser de algodón es mucho más sana, pero si vamos a alguna fiesta en la que haya que quedarse sin más que ella como ropa, lo íbamos a pasar mal. Aunque no sea algo muy frecuente, la verdad.
 
La Soltería. Parte 2: Ventajas
Después del establecimiento de conceptos de la semana pasada y con 7 días de diferencia, las cosas se ven desde un punto de vista menos dramático. De ahí que a veces piense que realmente eso de estar soltero no es tan malo.
Si hacemos recuento de la gente que conocemos, ¿Cuál es la proporción de gente soltera contra la de gente en pareja? ¿Por qué no disfrutamos más de ser mayoría por una vez?
Bueno, lo de las ventajas de eso de estar soltero es algo muy relativo, porque si bien todo es más divertido estando con alguien, a veces si solo lo compartes con tus amigos es mejor. Porque a veces hay cosas que no son tan divertidas a dos como en grupo.
Por ejemplo, una de ellas es salir de marcha. Por lo general cuando sales con muchos amigos y mucha gente y no tienes que estar pendiente de tu pareja, te lo pasas mejor, más que nada porque interactúas con los demás y no te pasas la noche escondido detrás de alguna columna o en un sofá dándote el lote con él. O peor aún, si es buscándote la vida porque está hablando con unos amigos que tu no soportas, y te deja solo en la pista de baile. Con los amigos eso no pasa, porque siempre hay alguno disponible para hablar o bailar.
También está la variante de que puedes beber todo lo que quieras y más y hacer el ridículo sin que nadie se sienta avergonzado por ti. Ni que luego al día siguiente te esté echando la bronca por borracho, cosa que solo hacen los padres, los hermanos mayores y las parejas, más que nada porque si los amigos lo hacen tienen todas las de perder, porque casi siempre han bebido más que tu. Así que estas tranquilo, o mejor dicho, puedes ser tu mismo sin que nadie tenga que ir detrás de ti.
Pero claro, la mayoría dirán que ya que hablamos de abusos con esas cosas, lo mejor de estar soltero es poder acostarte con quien quieras. Bueno también es cierto, no voy a negarlo. Aunque si que es cierto que por lo general la actividad sexual disminuye cuando uno no tiene pareja, por muy paradójico que eso suene, hay personas para las que no es así, sino más bien al contrario. Se sueltan la melena, como se dice, y son irreconocibles. Sin embargo hay que recordar que todos los abusos pasan factura. Y si bien lo de salir de marcha esta bien, todos los días cansa. Y si beber es divertido de vez en cuando, hay que pensar en los problemas de hígado y de alcoholismo. Así que con el sexo pasa lo mismo.
Pero digamos que lo más importante en estos momentos de soledad, es que uno puede realmente replantearse las cosas por si mismo. Ya no tiene condicionantes externos que puedan impedir que se tomen ciertas decisiones que igual si estuviésemos con la responsabilidad de una pareja no podríamos hacerlo. Es el caso de los viajes. Muchas veces sucede que cuando sales con alguien, no puedes viajar. No suelen coincidir los periodos de vacaciones, o bien no lo hacen los salarios, ni los gustos personales. Entonces te toca sacrificar tus gustos personales por los del otro. O bien sencillamente dejas de lado a tus amigos del extranjero, por quedarte con tu pareja, porque no os podéis ir los dos, porque no tiene tiempo, dinero o bien porque no entiende el idioma, y al final pasa el tiempo y no les ves nunca. Llega un día que te das cuenta de que siempre has estado posponiendo esas visitas por no dejar tirada a la otra persona, y hoy ya puedes pensar en ir a verles, sin nadie que te lo impida.
Lo mismo sucede con las ofertas de trabajo, ya realmente poco importa que te toquen los turnos de noche, o bien que tengas que irte a trabajar muy lejos de tu casa, porque no tienes a nadie que te ate y te impida que lo hagas. No porque lo haga realmente, sino porque tú mismo eres el que prefiere no irse lejos de la persona a la que quieres. Al final tomas la decisión de poner por delante a esa persona, y seguir lo que te dice el corazón. Y a veces es un error, porque te impide evolucionar e ir a mejor. Pero claro, no puedes echarle la culpa a nadie puesto que ha sido tu propia elección. Simplemente se trata de que cuando estás soltero, ya no tienes la excusa de dejarlo todo por alguien, sino que debes empezar a pensar por ti mismo. Y ver cual es lo que mejor te viene. Es un momento en el que las decisiones son mejor tomadas, porque no hay determinantes externos que puedan hacer que seamos condicionados hacia un lado o hacia otro, somos los responsables reales de lo que hagamos, y eso es muy estimulante para la personalidad.
Y al igual que te permite ser tu mismo y ser mejor que antes, cuando vives a la sombra de alguien, estar soltero te permite conocer gente nueva que pueda aportar cosas buenas a tu vida. No me refiero a posibles futuras parejas, ni gente para sexo, me refiero a que puedes conocer gente sin que nada venga a impedir o a poner trabas a la nueva amistad. Te permite relacionarte con gente nueva que tal vez no podrías haber conocido de haber estado con alguien, sobretodo cuando eres la clase de persona que se abduce cuando está en pareja. Porque hay mucha gente que es así, que cuando tiene novio o novia desaparecen de la faz de la Tierra, y nunca más se supo de ellos. Claro que cuando cortan tienen que volver a la superficie y volver a reanudar sus relaciones con los amigos, y con otros nuevos que se han unido al carro mientras que tú estabas en otro planeta. Y bueno, ¿Quién sabe? Igual una de esas nuevas amistades se convierte en algo serio en un futuro.
 
El Pelo
Bueno, la cosa del pelo es algo muy complicado para la mujer, pero para el hombre ya ni os cuento. Y de eso uno se da cuenta yendo donde el especialista, es decir a las peluquerías. Tengo que decir que por la zona en la que vivo hay casi más que panaderías, debemos tocar a una por habitante en invierno, por lo menos.
En un mundo en el que la apariencia importa tanto, ¿podemos descuidarnos la cabeza? ¿Dónde está el mito de Sansón?
La cosa es que para las personas a las que nos cuesta mucho irnos a la peluquería, es toda una odisea el decidirse y cumplir con ello. Algunas veces después de que has estado meses pensando, concienciándote y meditando sobre a donde acudir, te decides porque hoy es el día X en el que vas a acudir al especialista. Y sales a la calle a la peluquería de confianza, y resulta que ese día esta cerrada, que se han ido de vacaciones, o que hay demasiada gente. Y eso es una putada porque después de todo el trabajo mental que ha supuesto hay que dejárselo para otro día.
Porque lo queráis admitir o no, lo de ir al peluquero es un riesgo, porque hay que saber elegir. A pesar del numero de peluquerías que hay en este país, que parecen mas bien setas por lo rápido que salen nuevas. Pero entran varios factores a la hora de elegir una, lo primero es la proximidad geográfica, porque si tienes que irte al pueblo de al lado para cortarte el pelo o hacerte mechas, mejor olvídalo. Aunque a veces vale la pena. Luego esta la cuestión del precio, que aunque no debería importar, lo cierto es que algunos abusan, porque más que peluqueros parecen los estilistas de las estrellas de cine, y total para cortarte las puntas no hace falta que quedes con el que le hace el tinte a Madonna. Y claro, luego esta el pánico extremo, que es que la mayoría de los peluqueros hacen lo que les da la gana con tu pelo. Tu vas a que te corten dos dedos y de repente te dejan rapado, o bien les pides un corte moderno y original y te dejan igual que todo el mundo. Y al final resulta que hacen pruebas contigo pero sin decirlo, por lo que hay que ver que no busquen cobayas o que al menos hagan lo que uno les pide.
Lo divertido es cuando uno va a pedirles opinión, porque es cuando ellos deciden hacer lo que quieren con tu pelo, y terminas siendo un cobaya suyo, pero bueno, en tal caso eso pasa por pedir consejo. Claro que para eso están. Lo malo es cuando gente que no tiene ni idea del tema empieza a dárselas de que sabe del asunto y se ponen a decirte como peinarte, como llevar el pelo, como cortarlo o qué color te viene genial. Si no son profesionales deberían callarse, porque al final lo único que hacen es meter la pata. Porque a la gente siempre le gusta opinar e intentar dirigir a los demás a lo que ellos quieren. Eso sin tener en cuenta los gustos particulares de la persona en cuestión, que al fin y al cabo es quien tiene que llevar el pelo como ha decidido hacerlo. Después de todo si te dejas el pelo largo, vas a ser tú el que pase calor en verano, ni tus amigos ni tu familia.
Entonces estamos en el punto en el que ya tenemos un peluquero que más o menos cumple con nosotros, no nos deja mal del todo, no es caro, y no hace experimentos con nosotros. Sin embargo no todo está solucionado, porque la mayoría de las veces cuando encuentras un tío o una tía que te haga todo eso, no vas a ser la única persona que sepa reconocer un diamante en un lodazal. Y claro al poco tiempo de haber descubierto a la estrella, ya está la peluquería a rebosar de gente, y ya no puedes ir cuando habías planeado sino que casi tienes que pedir cita.
Es cuando se genera el problema del overbooking. Porque muchos son reacios a tomar cita a la gente o solo atender con reserva, entonces lo que sucede es que pierdes el tiempo yendo y viniendo del local a ver si te hacen un hueco, y al final tienes que rendirte y o bien pelearte con las marujas para ver quien es el primero en llegar. A mi me ha pasado que si el tío habría a las 5 tenía que estar desde las tres esperando para que no me tocase hora a las ocho. Eso cuando no te hacen volver al día siguiente y al día siguiente y así te tienen como una pelota de tenis durante varios días, hasta que dices que ya basta y decides probar suerte en otro lado.
Algunos sí que lo han previsto y han puesto horarios en sus agendas. Lo que pasa es que no se como no saben ser previsores, y al final siempre te hacen esperar, por mucho que hayas pedido turno a primera hora, siempre hay alguien antes que tu y que se tira más de lo debido. Pero son cosas de la vida, que siempre hay alguien antes que tu y siempre hay que esperar para todo.
Lo chungo es que después de haber superado todo eso, después de haber conseguido hora, después de haber conseguido que te hagan el corte de pelo que quieres, y después de haber evitado que te vendan mil productos o que te peinen como si fueras un modelo de Pasarela Gaudí, total, que después de todas esas pruebas sales a la calle, y tus amigos ni se enteran que has estado en la peluquería. O lo peor es cuando un día llegas rapado al cero a clase o que has quedado con ellos, y te preguntan “¿te has cortado el pelo?”, dan ganas de contestarles que se te ha caído mientras dormías. Porque para preguntas tontas, esa. A veces no se si es peor que te ignoren o que se hagan los listos. O peor es que ni te reconozcan.
 
La Película De Tu Vida
Como ya he tratado el tema de los cuentos en otro artículo hoy me quiero centrar en las películas del cine o de la televisión que nos han marcado para toda la vida. Son esas películas que o bien nos chafan de por vida o bien nos dan ilusión y esperanza.
En un mundo en el que la realidad muchas veces es demasiado dura para poder afrontarla sin recurrir a las drogas, solemos dejarnos llenar el vacío por la industria cinematográfica. Peor muy pocas películas llegan realmente a impactarnos como para que cambien nuestras vidas, ¿De qué película eres?
Pienso que hay dos tipos de géneros cinematográficos que son los que más nos influyen, porque hacen referencia a dos sentimientos que mueven nuestras vidas y sin los cuales no podríamos considerarnos humanos. Uno es el miedo (del que ya he hablado hace una semana) y otro es el amor o la esperanza de encontrarlo.
El primero es el que se refiere a todas las películas de miedo, de suspense y de catástrofes. Y aunque lo cierto es que estos últimos años este sector no está muy en racha, cuando la mayoría de nosotros éramos pequeños si que lo estaba, aunque también hay que decir que éramos más crédulos.
Una de las películas que más ha marcado a la gente de mi edad, y mayor es la del muñeco diabólico y sus compañeros. Bueno, pues es sorprendente la cantidad de gente que conozco que no soporta dormir en la misma habitación que los muñecos de cabeza de porcelana. Aunque todo sea dicho se entiende porque dan mal rollo, verles esos ojos con mirada fija y esas manos como queriendo coger el cuchillo. Pero es curioso ver que algunos de ellos no pueden conciliar el sueño si no hay una puerta de por medio (que este cerrada y cuyo pomo este lo bastante alto como para que no llegue a él) o si el muñeco en cuestión no esta encerrado bajo llave en algún arcón en otra habitación lo más lejos posible de la cama.
Un clásico en los traumas de nuestras generaciones es la saga de tiburón. El otro día comentándolo con unos amigos me di cuenta de que no soy él único al que le da un poco de yuyu meterse al mar así sin más. De hecho tenia una compañera de clase que era incapaz de meterse al mar o a las piscinas de agua salda más allá de donde le cubriese por encima del pecho. Lo curioso es que es una chica que iba todas las semanas a clases de natación y que ganaba casi todos los concursos a los que se presentaba. Pero en el mar entraba en estado de pánico. Y bueno, lo mismo me pasa a mi, que a pesar de ser buen nadador, si voy solo a la playa soy incapaz de meterme al mar, y nos os digo el calor que se pasa en verano.
Otra serie de películas que nos traumatizan de jóvenes, y no tan jóvenes, son aquellas que relatan historias de amores imposibles, como las que nos contaba la opera La Bohême. Son todas aquellas películas cuyo desenlace no es precisamente alegre, en las que la pareja acaba mal, o bien uno de los dos muere al final. Es el caso de la mayoría de películas de Meryl Streep (Los Puentes De Madison), algunas de Barbra Streisand (Tal Y Como Éramos), la reciente Moulin Rouge o la muy conocida Love Story. Nos relatan la cara amarga del amor, dándonos la esperanza de que algún día lo encontremos, pero lo crudo del asunto es que al final no podremos vivirlo como pensamos, porque en realidad las cosas suelen ser así. El amor no es un sentimiento dulce como lo pintan en los cuentos de hadas. Es más bien lo contrario. Es un sentimiento que nos llega, nos invade, nos muestra todo lo bonito que hay en la vida y se larga. Por eso esas películas nos marcan, porque nos muestran como es la realidad, y eso nos asusta tanto como aquellas de ciencia ficción sobre bichos come-hombres. Al final es traumático eso de saber que el amor puede llamar a nuestra puerta para abandonarnos cuando menos lo esperamos, pero es la verdad.
Y luego está el género que trata también del mismo sentimiento, pero más en la línea de las películas de Disney, y a la que se han aficionado actrices como Julia Roberts. Ya que esta es más ficticia, nos cuentan historias de personas que encuentran el amor en el sitio más inesperado, como podría ser en la sección de los insecticidas del Mercadona. O bien el típico de la persona de clase baja a al que todo le sale mal y de repente un día en las condiciones más inesperadas se encuentra con el amor de su vida que le saca de la miseria y con el que se casa y viven felices para siempre jamás. Nos dan la esperanza de que le día menos pensado podría sucedernos eso. Pero contrariamente a las del apartado anterior, no todo tiene que acabar en muerte. Bueno, si exceptuamos la de Demi Moore llamada Ghost, en la que el amor de los dos era tan fuerte que al final les permitía volver a ponerse en contacto para un adiós final. Lo que estas películas intentan transmitirnos es que el amor es más fuerte que todo lo que nos rodea, y si bien no suele ser cierto prácticamente nunca, lo que si que lo es, es que nos da esperanza para afrontar la cruel realidad de la vida y los momentos en los que no estamos muy allá.
De ahí que en esa sección debamos dividir entre las películas que nos dan esperanza de que por muy mal que nos trate la vida algún día nos compensará y las que por el contrario nos avisan de que cuando menos lo pensemos llegara el amor, y así como llega a bombo y platillo, nos abandonará para siempre jamás. Pero lo curioso es que la mayoría de películas que nos marcan y que lo seguirán haciendo son todas de esos dos géneros. Porque queramos o no, somos seres con unos sentimientos muy fuertes.
 
Las Evaluaciones
Por fin he terminado con los exámenes de junio, aunque claro aun queda lo peor que es la revisión de exámenes. Lo cual me ha hecho pensar en el tema de las evaluaciones. Porque si lo pensamos fríamente, la vida es un proceso continuo de evaluación. Y claro como tal, no es un sistema que nos venga al dedo, y muchas veces es bastante injusto.
En un mundo basado en el respeto de unas reglas del juego, impuestas muchas veces de forma arbitraria, ¿Quién decide cuales son las formas de evaluación correctas? ¿Podemos escapara a ellas sin morir en el intento?
Creo que muchos pensábamos que cuando acabásemos el colegio, el instituto y la selectividad las evaluaciones ya no serían tan poco adecuadas y crueles e injustas. Pero lo cierto es que no es así. Llegamos a la universidad y lo cierto es que es más de lo mismo. Desde las prácticas titánicas que nos obligan a hacer y que luego no cuentan sino un punto o dos sobre la nota final, después de todo el esfuerzo que hemos hecho, la paga es realmente poca. Lo peor es cuando se trata de una asignatura práctica casi en su total medida, y que el trabajo es un reflejo de lo que se ha aprendido en clase, y aun así hay un examen final.
Luego están los otros exámenes en los que te suelen preguntar cosas que ni siquiera habías oído, o que provienen de un ejemplo dado en clase justo el día que faltaste, o incluso de aquellas lecturas que nunca te leíste porque no eran interesantes ni relevantes del contenido del programa. Y ya para colmo están los exámenes de tipo test, que parece que sean más fáciles de aprobar pero es una falsa esperanza. Porque están hechos para confundir al alumno al proponerle varias respuestas posiblemente correctas. Ya no sólo es que sean más difíciles que los de desarrollo, que al final simplemente consisten en una forma de buscarse la vida, ya que siempre puedes ir a reclamar. En uno de estos de test es imposible, porque la respuesta correcta se supone que es única, aunque las demás también lo sea. Pero el problema de ese tipo de examen no acaba ahí. Lo peor es que la mayoría están realizados por coordinadores de centros que no conocen lo que se ha dado efectivamente en clase y por lo tanto se basan en el temario propuesto a principio de curso (que nunca se llega a hacer por completo) por lo que muchas de las preguntas son sobre cosas que ni siquiera se han visto en clase.
Pero claro, el proceso nunca acaba en el momento en el que entregas el examen, sino cuando el profesor lo corrige. Están desde los que son muy exagerados con las respuestas y quieren que les contestes textualmente lo que han dado en los apuntes, y claro, o te lo has aprendido de memoria o te han jodido. Luego los hay más laxos, que son los mejores, porque siempre puedes ir a suplicar un poco para que te suban nota. Y los peores de todos son los de la leyenda urbana del paraguas. Son esos que se dicen que tiran los exámenes al aire y los que caen de una cara aprueban, los de la otra suspenden y los que caen fuera son no presentados. Puede sonar raro, pero conozco casos en los que ha sucedido, y eso se ve en la revisión cuando gente que entra con un 2 sale con un 8 en el examen, porque el profesor se había olvidado de corregir las caras pares, por ejemplo.
Y una vez acabada la carrera crees que todo se ha terminado y que puedes tener una vida feliz son evaluaciones. Pues no. Todo lo contrario, porque en la vida laboral y personal, las evaluaciones son continuas y en modo sorpresa, esas que nos asustaban tanto de pequeños. Cuando vas a las entrevistas de trabajo, la evaluación es bastante obvia, pero cuando ya estas trabajando se hace secreta, y eso jode más porque no sabes cuando están mirándote y juzgándote, por lo que debes estar constantemente en tensión. O al menos pasar de todo.
Si aun no se tiene el carné de conducir entonces no se ha conocido ese método de evaluación tan justo y bien hecho que es el examen teórico y el práctico. Y lo peor de todo es que los propios profesores admiten que es totalmente injusto, ya que lo que aprendes ahí no sirve después y la mayoría de la gente ni lo respeta o recuerda. El peor de todos es el práctico ya que en realidad no te enseñan a conducir, sino a aprobar el examen, y cuando tengas tu carné ya es cuando realmente aprendes a conducir, lo cual no tiene mucho sentido, pero es como lo han establecido.
Con la pareja es igual, aunque a veces los exámenes son relativamente fáciles de reconocer. La mayoría son las típicas celebraciones, que si te las olvidas estas muerto, son los cumpleaños, aniversarios y demás días especiales en los que la otra persona debe acordarse de lo afortunada que es de tenerte a su lado (y esto es recíproco). Luego están los detalles inesperados que siempre vienen bien. Lo bueno de las parejas es que el proceso de evaluación es continuo y ambos miembros califican, de tal manera que es más justo ya que el evaluador no es siempre el mismo, sino que va por turnos.
Las peores evaluaciones suelen provenir de la gente que nos rodea y que apreciamos, porque algunas veces son totalmente injustas y pueden llegar a herirnos más que si suspendemos 4 veces un examen de la universidad. Esas personas próximas, al estar siempre en contacto con nosotros, no pueden evitar el estar constantemente poniéndonos a prueba, y pocos son aquellos que son concientes de ello y no lo tienen en cuenta. Los demás solemos poner a prueba a nuestros amigos y familiares, o por lo menos llevar una lista mental de lo que hacen bien y lo que hacen mal, hacia nosotros mismos y entonces pasado un tiempo se hace el recuento y se lanza el veredicto. La recuperación no suele estar al orden del día ya que la mayoría de la gente es muy rencorosa y no perdona nunca, pero algunos se salvan de todo eso, porque no todas las ovejas han de ser negras o blancas.
Y como dijo Mulder en Expediente X, la verdad está ahí fuera, pero los que nos evalúan también así que sed precavidos y estad atentos.
 
Los Putones
Por lo visto, podemos estar en pleno siglo XXI, haber hecho progresos en todos los campos de la ciencia, e incluso tener leyes que permitan que personas del mismo sexo puedan casarse. Pero lo que sigue sin cambiar es la visión que tiene la gente del sexo. Por lo visto, la moral judeocristiana sigue siendo tan poderosa como antes en lo referente a los tabúes sexuales.
En un mundo donde se enfrentan constantemente la modernidad con el arcaísmo religioso, ¿Quién tiene la razón? ¿Somos realmente unos putones?
Me parece que la respuesta a esa pregunta es indudablemente que sí. Porque hagamos lo que hagamos, desde el día que perdemos la virginidad estamos condenados a convertirnos en cosas sexuales sin cabeza.
Una vez más queda comprobado que el dicho popular “por un perro que maté…” se hace realidad y es más veraz que todo lo que podamos imaginar. En la lucha contra la discriminación sexual, aquellos que no seamos puros y castos tenemos todas las de perder.
Hasta hace poco, pensaba que una persona normal, que haya tenido una serie de parejas estables, luego otras que no, pero con las que haya mantenido relaciones sexuales era lo más común de este mundo. Que los periodos de puritanismo en los que el sexo era sólo un medio de reproducción y no una práctica aparte habían pasado. Que todo aquello de que el cuerpo y la mente deben de estar nutridos y tratados de forma igual, y no de favorecer a la mente por encima del cuerpo, había sido admitido por todos. Pero no es así, todo aquel que haya tenido sexo sin fines procreativos, estando casado y encima con una persona del otro sexo es un putón.
Pero no somos los únicos, porque si nos ponemos a pensar, cualquier persona de más de 35 años lo es, porque para empezar habrá tenido un número considerable de parejas estables, con las que habrá practicado el sexo, luego habrá tenido sus escarceos fuera de la pareja o estando soltero, porque aquí nadie es de piedra. Por lo tanto el número de relaciones sexuales a lo largo de su vida nos llevan a pensar que realmente aquí no se salva nadie. Ya toca ir a los chavales y chavalas de menos de 18 años, aunque los pobres no tienen mucho que perder ya.
Si eres hombre, se te concede un poco más de margen, pero si eres una mujer entonces vas directa al infierno. Yo tenia una amiga, que estaba soltera, es una chica muy guapa y atractiva y por lo tanto podía tener a casi quien quisiese, y más estando soltera. La verdad es que no tardó ni un mes en ser tachada de puta. Ya no porque cobrase por los favores que daba, ni que se acostase con todo lo que pillase, sino simplemente porque no era una chica difícil y recatada. Entonces empezó a circular su fama de facilona. Y al poco tiempo ya nadie podía impedirse los cotilleos sobre ella.
Lo cierto es que alguno escarceo habrá tenido, y muchas veces serian solo encuentros fortuitos. Pero como decía un amigo nuestro, “estaba confundida y desorientada”. Porque en algo si que tenia razón. A veces es muy fácil perder el norte y considerar que el sexo es una vía de escape fácil de satisfacer. Pero más que intentar llevar a esa gente perdida a la hoguera, ¿no sería mejor enseñarles el camino correcto?
Con eso no quiero decir que el sexo sea malo y que debamos pasarnos el día metidos en casa haciendo ovillos de lana. Simplemente digo que es muy fácil juzgar a los demás y condenarlos. Es mucho más fácil que intentar ver por qué esa persona se comporta así o si realmente es algo malo lo que está haciendo.
Porque claro, las personas como mi amiga, o en general cualquiera que haya tenido más de dos relaciones sexuales sin pareja, sino sólo por diversión, tiene un veredicto automático emitido por la sociedad. Y siempre es el mismo, en cuanto a la condena es la del ostracismo obligado. En esta sociedad todo el mundo tira la piedra y esconde la mano, pero pocas veces intenta pensar en los motivos de las conductas de los demás.
Cualquiera me dirá que esto es producto de la mente religiosa y que basta con tratar con personas más abiertas, ateas o científicas. Pues me temo que no basta. Conozco personas que se consideran muy progres, que dicen que nunca juzgan y que no creen en la moral católica. Esos son los más peligrosos, porque en el fondo tienen más complejos que los creyentes recalcitrantes. Puede que de cara a la galería vayan de gente maja, pero cuando les das la espalda es cuando aprovechan para clavarte el cuchillo de sus complejos. Su puritanismo es encubierto, lo que hace que bajemos la guardia (y digo bajemos, porque todos somos unos putones para ellos), y entonces es cuando aprovechan para sacar a la luz todo lo malo que según ellos tenemos. Y que por supuesto a ellos no se les puede aplicar porque son personas impolutas e intachables de ninguna manera. Por supuesto, todos sabemos que no es así, pero claro, no se puede demostrar lo contrario, así que al final somos siempre culpables y llevados a la hoguera de la denigración.
Cualquier cosa en exceso es mala, o eso dicen, pero es que a veces me da la impresión de que si los que no tenemos muchos complejos en ese campo, nos drogásemos, fuésemos unos ladrones y matásemos a la gente, no estaríamos tan mal vistos. A veces no es porque seamos fáciles en la cama, sino porque no tenemos problemas en hablar del sexo que directamente somos unos putones. Pero a la gente se le olvida una cosa muy importante, a veces las personas solo hablamos, y no hacemos ni la mitad de lo que decimos, y otras veces no decimos la mitad de lo que hacemos. Tampoco debemos olvidar dos cosas más, una es que muchas veces el ladrón cree que todos son de su condición, y que la mayoría de las veces habla aquel que debería callar.
 
La Soltería. Parte 1: Definiendo Conceptos
Una vez más quiero utilizar mi experiencia personal para escribir aquí, a pesar de lo poco que eso le gusta a ciertas personas. Por lo tanto no puedo hablar de la vida en pareja estando soltero. No tendría sentido predicar sin poderlo aplicar. De ahí que quiera empezar una serie acerca de la vida de soltero, más que nada porque es de lo que más hablo últimamente.
En un mundo en el que nos acostumbran a estar solos desde que nos regalan de pequeños la video consola, ¿por qué nos cuesta tanto eso de no tener pareja? ¿Cuáles son las ventajas de estar soltero/a?
Obviamente, las respuestas a la última pregunta residen dentro de cada uno de nosotros, pero por mi parte intento encontrarlas, porque no las veo por ninguna parte. Pero supongo que las habrá si no no habría tanta gente tan feliz de estar sola.
Yo más que estar soltero lo llamo “el periodo entre dos parejas”. Mi concepto está relacionado con lo que yo llamo “síndrome del mellizo”. Y viene a ser lo siguiente. A pesar de que todo el mundo me ha dicho que lo mejor es estar solo, ser independiente y nunca contar con nadie para nada, a mí me cuesta mucho aceptarlo. No me refiero a lo de ser independiente y lo de tener un mundo interior, porque eso es muy importante, si no imprescindible para que los demás puedan fijarse en nosotros. Me refiero a lo de estar SIEMPRE solo. Porque lo cierto es que la mayoría de amigos suelen desaparecer misteriosamente cuando atraviesas problemas sentimentales, tal vez por miedo a que les contagies. Por lo tanto sigo pensando que todo eso está muy bien, pero si no hay nadie con quien compartirlo, no sirve de nada, porque son cosas que en vez de disfrutarlas plenamente se hacen descafeinadas. De ahí lo de tener un hermano mellizo, porque dicen que esos tipos de hermanos siempre suelen hacer las cosas juntos o experimentarlas a la vez, y yo por mi parte, siento que cuando no estoy con nadie, me falta algo.
Bueno, después de esto vamos a lo serio. Una de las ventajas de estar soltero es la cantidad de tiempo libre que eso deja. Porque lo queramos o no, tener pareja es una actividad a tiempo completo, la mayoría de las veces. Y claro, cuando de repente nos encontramos con un montón de horas al día para dedicarlas a lo que queremos hacer sin tener que pedir opinión a nadie, es cuando llega lo bueno. Por así decirlo. Porque para aquellas personas que no tienen personalidad o no saben estar solas, es una verdadera tortura. Es ahí cuando viene bien preguntarse a uno mismo qué es lo que busca, qué quiere hacer realmente y cómo hacerlo. A mi me ha servido para aprender a ir al cine solo (y esto es genial, porque puedo ir a ver la cutre película que quería ver sin tener que rendirle cuentas a nadie de por qué he pagado por ver ese bodrio), también para aprender a ir a un restaurante y pedir solo y comer solo. Eso también es una experiencia bastante curiosa, es importante saber estar uno solo sin llevar máscaras o libros que hagan compañía, sino poder estar uno solo. Y a muchas personas les aterra esto, pero como ya lo he dicho, los miedos están para ser vencidos.
Otra cosa que se puede hacer con el tiempo libre es llenarlo de actividades que nos aporten algo, y por qué no, que nos permitan conocer a gente nueva. Porque muchas veces lo de estar soltero también significa entrar en el mercado de la carne de nuevo, y conocer gente nueva, nuevas amistades, etc. Algunos se dedican a sus aficiones de forma más comprometida. Si son deportistas, pues pasan más tiempo machacándose en el gimnasio, otros prefieren pasar mas tiempo leyendo (todos aquellos libros de autoayuda, por ejemplo, que no sirven cuando uno es feliz como una perdiz, o bien los que no se pueden leer cuando estas las 24 horas del día pendiente de lo que quiere tu pareja). Otros se dedican a hacer cursillos de informática, de papiroflexia o de lo que les atraiga en ese momento. En realidad es cuando son ellos mismos realmente, y pueden hacer cosas que les hagan crecer interiormente, ya no por compromiso con los demás sino por ellos mismos.
Pero no todo es bonito. Hay mucha gente que lo ve como un momento de abusar de su cuerpo y del de los demás. Para ellos, es el momento de desquitarse y hacer todo lo que no podían hacer con pareja, me refiero a tirarse a todo lo que se mueva (o no). A mi me gusta pedir la opinión de la gente, pero lo cierto es que a veces dan miedo. Porque el hecho de estar soltero no significa, al menos para mí, que pueda darme el lujo de pillar todo lo que pueda, como si de una carrera se tratase. Pues bien, hay gente para la que estar soltero es exactamente eso. Ir a todos los lugares de ligue posibles e imaginables y llenar el cupo por si llegan periodos de sequía, como haría la hormiga ninfómana en una versión erótica de la fábula de la cigarra y la hormiga. Pero bueno, como ya dije antes, cada cual ha de encontrar la forma de mantenerse ocupado en ese tiempo de descanso, para poder seguir adelante como mejor pueda.
Así que lo primero que se hace cuando se rompe con alguien una vez pasado el triste periodo de las lamentaciones y las culpas varias, es buscarse la vida como se dice. Porque después de la tormenta siempre llega el momento de recoger los pedazos y reconstruir todo aquello que ha sido devastado. Y una forma de reconstruirlo es como ya he comentado antes, empezar desde un nuevo punto ocupando el tiempo en cosas de provecho que nos harán mejores personas (ya sea dentro o fuera de la cama).
 
Moda Unisex
Ya sé que no es la primera vez que hablo de este tema, pero hoy no quiero hablar del cuidado del cuerpo, sino de la vestimenta. Si os habéis fijado con eso de los metrosexuales, las salidas de armario y todo eso, la moda se ha vuelto cada día más unisex. A veces incluso no se sabe muy bien el genero de la persona hasta que no te acercas muy cerca.
En un mundo en el que se pelean todos los grupos sociales por su derecho a la igualdad, el sector de la moda sigue siendo un poco vanguardista. ¿Llegará el momento en que seamos todos realmente iguales? ¿Podemos realmente vestirnos como nos dé la gana o es solo algo posible para la élites?
Porque está claro que como pasa en los desfiles de moda, la mayoría de lo que vemos en la televisión que llevan los famosos, nosotros no podemos permitírnoslo. Por un lado esta la cuestión del cuerpo. Muchos no tenemos la percha necesaria para poder llevar ciertas prendas. Y por otro está lo del “qué dirán”, porque por mucho que en los desfiles de moda veamos mujeres con los pechos al aire o tíos con faldas, seguro que nadie se atreve a llevar eso por la calle para ir al Corte Inglés a comprar. O al menos yo nunca he visto a nadie ir vestido así, tal vez no hayamos coincidido.
Lo cierto es que a pesar de que ya hace años que se impuso levemente la moda de Ibiza, este año es cuando más fuerte está pegando. Si hace años recuerdo que tuve problemas con lo de los pareos, este año me parece que va a serme imposible huir de ellos, pero como dice un dicho popular, si no puedes con tu enemigo alíate con él. Porque ya en las discotecas te dan como premio por entrar un pareo, dentro de poco saldrán incluso en el Cola Cao. Porque lo que tienen las modas veraniegas es que cuando algo se pone en boca de todos de repente te lo encuentras hasta en la sopa. Y por mucho que lo intentes no tienes más remedio que bajar la cabeza o ser tachado de marginal.
Así que este año le ha tocado al pareo, y lo curioso es que lleva ya varios años intentando entrar en el mundo masculino, pero sin mucho éxito. Al menos hasta ahora. Por lo visto en lo que a faldas o sucedáneos se refiere, los únicos que han conseguido que tenga una buena acogida son los escoceses. Y bueno, más que nada porque es una tradición para ellos, sin embargo hacer que eso se lleve al extranjero es mucho más difícil. A no ser que seas americano, y por alguna razón desconocida todo lo que hagas en tu país será copiado tarde o temprano por los demás y de forma más que natural. Total, que lo de llevar pareos este año parece que tiene mejor acogida que en los anteriores, o al menos ya no es tan raro verlo. De hecho una cosa curiosa es que incluso los machotes radicales se han dejado influenciar, aunque a su manera por esta moda, ya que no es nada raro ver a unos cuantos de ellos, por las cercanías a la playa envueltos con la toalla en la cintura, asemejándose a dicha prenda, pero sin ser ella misma.
Porque claro el truco está en hacer que las cosas parezcan algo que en el fondo no son, de esa manera nos libramos del bochorno de que nos reconozcan con ello puesto. Me explico, como las faldas son una prenda exclusiva de las mujeres, los hombres no pueden llevarla (a no ser que sean escoceses, pero de eso ya hablé antes), entonces una forma de ocultarlo, de fingir o de hacer como que la llevan, es con el pareo, que es todo lo parecido posible, lo que pasa es que sigue siendo demasiado cercano para las mentes puritanas y acomplejadas, y si a ello le agregamos que suele tener más éxito en el mundo gay, pues entonces ya hemos terminado de fastidiarla. Entonces el siguiente paso es el de imitar el pareo con algo aun más alejado de él, y de paso más alejado de la falda, pero que siga teniendo que ver con ella. Es decir la toalla. Y ahí es cuando llego a donde había dicho antes. Los machotes con toalla.
Pero es que por mucho que lo evitemos, no podremos resistirnos a esas modas, ya sucedió con los tangas, hace unos años, eran prendas solo para mujeres. Lo cierto es que no me di cuenta del proceso de introducción en el ámbito masculino, pero la verdad es que hoy no me sorprende ver a los cachas de mi gimnasio llevar de eso, o incluso las mallas de aeróbic para ir a hacer pesas. Lo de la ropa interior en el fondo no es muy importante ya que no se ve sino cuando se quitan la ropa, pero lo de la lycra es realmente impactante. Más que nada porque con eso se les nota todo. Entonces es cuando vemos las diferentes fases, están los de la fase 1 que llevan las mallas pero con algo holgado por encima, como unos shorts mas anchos o una camiseta muy grande que les tape las partes púdicas. Y luego los de la fase 2, que son aquellos que las llevan, pero con ropa interior debajo de forma que no se les note mucho el bulto. Y por último los de la fase 3 que son aquellos que llevan las mallas con nada debajo ni nada encima que les tape, estos ya van provocando al personal con sus atributos casi al aire… Supongo que el siguiente paso ya son los bodys cosa que ya he empezado a ver en algunos “descarados”, pero aun poco comunes.
El caso es que lo bueno de la liberalización de la personalidad y del intento por la igualdad de derechos (y obligaciones) entre los sexos, es que podemos aspirar a compartir algo más que eso, y al final podremos tener acceso a un montón de complementos que a veces traen más ventajas que inconvenientes para la persona (es el caso de todos los artilugios para el pelo, los cosméticos, etc.).
 
El Miedo
Si bien por un lado, como ya lo he comentado antes, nos encanta sufrir, también es cierto que por una lado no soportamos ciertos estímulos, aquellos responsables de nuestro miedo. Si bien es un sentimiento que nos permite sobrevivir o al menos evitar daños mayores, en muchas ocasiones no nos deja ni vivir.
¿Por qué incluso cuando no las tenemos nos inventamos fobias? ¿Podemos realmente afrontar todos nuestros temores? ¿Qué hay detrás de todos ellos?
Conozco el caso de una pareja cuyos miedos terminaron por destruirlos. Cuando empezaron a salir juntos ambos pusieron en común lo que les aterrorizaba de esa relación. Se sentaron en el salón y lo hablaron detenidamente, porque una forma de vencer los miedos es darles forma con palabras. Para el mayor de ellos, su peor temor era el de tener que empezar una relación y que un buen día se acabase todo y tuviese que volver a la casilla de salida, porque según él se le iba a terminar pasando el arroz y ya no le quedaba mucho tiempo por delante. Quería una relación estable y duradera. Para el menor de los dos el miedo era parecido aunque no el mismo, temía al igual que todo se acabase de repente por miedo a volver a estar solo y tener que volver a confiar en alguien desde el principio, pero más que nada tenía miedo a perder a su pareja. Pues bien, la relación les fue bien, hasta que como suele suceder en las películas de miedo, cuando ya estaban confiados, surgió el asesino y los destripó. O mejor dicho, un buen día, en medio de una discusión que es tan ridícula que ni siquiera vale la pena dar los motivos por los que tuvo lugar, ambos discutieron, sus miedos cobraron vida, y la relación se rompió. El mayor de ellos tuvo que enfrentarse a su temor, la relación estable se le hizo muy grande y al final por miedo a acabar solo prefirió dejarlo todo, su propio miedo le agobió; lo mismo que el menor, que por temor a perderle empezó a dudar de sí mismo y de él y su miedo le corrompió. Ambos perdieron lo que tenían por puro temor a que se convirtiese en realidad.
Pero no es el único caso de relaciones de pareja que se desmoronan por culpa de los fantasmas internos de cada uno. El problema es cuando perdemos el control de ellos, ya que todos los tenemos, en más o menos mayor medida, y siempre estarán ahí. Pero hay que saber hacerles caso o no.
El problema que tiene eso de tener miedo a algo o a alguien es que casi siempre acaba haciéndose realidad lo que nos aterra. Tal vez es una especie de ley cósmica que hace que para que nos fortalezcamos más, tenemos que enfrentarnos a todo aquello que nos asusta. Porque si lo pensáis bien al final nuestras peores pesadillas terminan por hacerse realidad.
Yo creo que una de ellas, o si no la más común, es la pérdida de los padres, y todos sabemos que eso es algo a lo que estamos destinados a padecer. Lo mismo que la muerte, son dos cosas de la vida que tenemos casi aseguradas, la primera en menor medida que la segunda, porque si algo define a la vida misma es su carácter finito, por lo que todos sabemos que un buen día vamos a fallecer. Y a pesar de esta certeza es a lo que más miedo le tenemos. Los filósofos dicen que lo que nos diferencia de los animales es el miedo a la muerte, ellos no lo tienen, tienen miedo en sí, peor no saben que van a morir, por lo que viven más tranquilos que nosotros, que nos torturamos día y noche con que en cualquier momento dejamos esta existencia. Ellos por el contrario viven en la ignorancia, por lo que no tiene por qué temer a algo que no conocen, y son más felices.
Sin embargo ir venciendo los miedos únicamente nos asegura que vendrán otros más difíciles de superar. Porque si de niños todos tenemos miedo a perder a nuestros padres, llega un momento en el que eso ya no nos aterroriza, o bien porque ya los hemos perdido, o bien porque nos resignamos a que es algo que no podremos evitar. Entonces llega el miedo a los exámenes, que son también inevitables, a los suspensos, a los profesores, pero uno a uno los vamos superando, de forma que el cupo queda libre para que otra nueva fobia se nos instale dentro de la cabeza. Es como la escala de las necesidades, cuando las de la base se satisfacen, llegan las de más arriba y así progresivamente.
Y claro, si tenemos en cuenta que siempre vamos a vivir bajo algún tipo de amenaza, fantasma o no, muchos pensaran que mejor ni intentarlo. Hay mucha gente que por miedo a algo, o por temor a que al final se realice, no toman los riesgos que hacen que valga la pena vivir y sentir. La pareja de la que antes hablé, seguramente por ese miedo que tuvieron los dos, han perdido un montón de experiencias enriquecedoras. Pero como ellos hay mucha gente que antes que arriesgarse a perder algo, prefiero no intentarlo, porque sus miedos les paralizan, les impiden ver más allá de sus temores, y al final están viviendo a bajo rendimiento, desaprovechando todas las oportunidades que ofrece la vida.
Dicen que el que no arriesga no gana, pues bien, un riesgo es afrontar aquello que nos aterroriza. De ahí que estén tan de moda los deportes de riesgo, porque incluso físicamente hablando, el cuerpo está preparado para reaccionar a situaciones extremas y producirnos una sensación de alivio al haberlo superado. Cuando nos tiramos del tobogán más alto del parque de agua o nos subimos a aquella montaña rusa que tanto miedo nos da. Al bajar y saber que hemos podido afrontarlo, nos sentimos mejor, y nuestro propio cuerpo nos da la recompensa que buscábamos.
Es posible que conforme vayamos aprendiendo a vencer nuestros miedos vayamos necesitando nuevas pruebas de fuerza para hacernos mejores personas, para crecer como individuos. Pero si algo he aprendido es que todo aquello a lo que le tenemos miedo al final termina haciéndose realidad, así que lo mejor que podemos hacer es librarnos de los miedos. Y así viviremos más felices y sin temores que vengan a ocultarnos la luz del sol.
 
Los Contenidos Light
No sé si os habéis dado cuenta de que conforme pasan los años, los contenidos audiovisuales que nos presentan son cada vez más vacíos y superficiales. Solo es poner la tele para ver cosas que lo único que hacen es que perdamos el tiempo, lo mismo e el cine y en la música.
En el mundo de la obsolescencia programada, ¿están los medios audiovisuales de entretenimiento también contaminados? ¿Por qué es cada vez más difícil entretenerse de forma inteligente?
Con esto no quiero decir que tengamos todos que ir haciendo crucigramas de los changos, o bien jugar al ajedrez o al cubo de rubic. Simplemente quiero señalar lo vacío que está todo hoy en día.
Por ejemplo en el cine. Si os fijáis la mayoría de películas que nos presentan en el cine son todas predecibles. Solo hace falta ir a ver los trailers para saber de que van, qué va a pasar y como van a acabar. Ya no llevan nada de sorpresa, pero el problema grave es cuando quieren hacer películas de suspense, supuestamente, en el que el final no debe ser revelado. Pues bien, luego va la gente al cine, y entre los listillos que te cuentan el final, y los que no se enteran, la verdad es que no se puede sacar mucho. Porque ya no es culpa de ellos, sino que o bien se puede conocer el final por la manera que tienen de presentarnos la película, o bien no tiene ningún sentido y nos sentimos frustrados, o sino pensad en la película del Bosque. La gente salió furiosa del cine porque les metieron gato por liebre. Y es que últimamente películas que sorprendan positivamente hay muy pocas. De hecho no recuerdo cual fue la última que vi que me haya parecido bien hecha y no pasable como todas.
Pero no sólo el mundo de la gran pantalla está soso, si nos metemos con la televisión pues la verdad es que nos darían las uvas. Es muy simple, si quitamos los informativos, y algún que otro documental, la mayoría de programas no nos aportan absolutamente nada. Porque si miramos la parrilla diaria, lo único que vemos son programas de corazón y de cotilleo y de más corazón. Más que una parrilla televisiva eso parece un centro de transplantes cardiacos. Que si el de verano, invierno, primavera, etc. Todas las temporadas tiene el suyo. Y en cualquier programa de los pseudo culturales está la parte dedicada al cotilleo y a los “concursos” del momento.
En realidad son una especie de “cosa nueva que no tiene nombre” y que nos han metido como concursos, porque en realidad la mayoría están amañados y los que no la verdad es que de competición tienen poco. Me refiero a todas las casas de tu vida, grandes hermanos, hoteles, granjas barcos, selvas y etc. Sin embargo con el paso de las ediciones cada vez les van metiendo más pruebas para que no nos demos cuenta de que en realidad es lo mismo de siempre. Porque personalmente ver lo que hace un poco de gente en una casa las 24 horas del día me la suda. Y eso sin hablar de los “famosos” de turno y sus hoteles fabulosos, sus selvas donde se los comen las bestias (al menos que sirvan de comida a los pobres animalitos), y los que construyen sus propias casas. Realmente que nos muestren eso en la televisión, y que sean programas con tanta audiencia es por lo menos preocupante, porque denota la calidad mental de la mayoría de los espectadores. Porque si una cosa es cierta, y es que la televisión tiene como principal función la de entretener e informar como segunda, lo cierto es que si nos entretiene la vida de los demás más que la nuestra estamos algo perdidos.
Y si nos vamos al mundo musical, lo cierto es que es un poco más de lo mismo. La mayoría de canciones, y más en estas fechas, no tienen sentido ni contenido algunos. Si hablase de la canción del verano, todos estaríais de acuerdo conmigo de que lo único que pretende es hacer que los borrachos de turno tengan algo con lo que bailar. Una melodía con el ritmo suficiente para que puedan tambalearse un rato y dar tumbos por la calle o por la pista de baile de la discoteca. Incluso los cantantes de renombre se han lanzado a esta piscina de banalidad y terminan sacando álbumes que brillan por la ausencia de un mensaje que transmitir diferente al de las demás canciones y que se basan sobretodo en el efecto comercial que quieren obtener sin fijarse en la calidad. Me refiero a que aparte de las típicas canciones de amor (que no van más allá de lo de “te quiero y tal”), las de desamor (que bueno, son solo lloriqueos sin sentido) o las que no dicen nada del otro mundo (¿alguien sabe de que va la letra del Aserejé?). Esto conlleva que un gran número de personas ya ni se preocupe por lo que dicen las canciones sino solo por la música. Es decir que si hacéis la prueba y le preguntáis a vuestros amigos que piensan de lo que dice tal canción lo más probable es que os digan que ni siquiera saben de que va, o lo que dice la letra, y si hablamos de canciones en otro idioma lo más probable es que ni siquiera hayan buscado la traducción para saber al menos lo que dice.
El problema no es que abunden los productos sin contenido profundo, lo malo es que es lo que pide la gente. Las personas ya no quieren nada que les suponga un esfuerzo a la hora de entender o de escuchar o de ver, quieren que todo sea predigerido como hacen las aves con sus crías. Cualquier cosa que requiera un trabajo de digestión por parte de ellos es automáticamente rechazada y excluida a los confines de lo marginal. Esto provoca que se origine una corriente alterna que permite que algunas personas puedan interesarse por los contenidos, pero suelen ser vistas de forma negativas por los demás, ya que quedan como pedantes.
Lo triste del asunto, es que hoy en día con los medios de comunicación de masa e Internet, cualquier persona tiene tanto acceso a la información que quiera como podían tenerlo los antiguos sabios y las elites pensantes. Todos podemos cultivarnos más, pero parece que está mal visto, parece que los que leen libros en vez de ver GH u OT son los raros y los que deben de ser perseguidos y públicamente rechazados. Estamos en la cultura de la no – cultura, donde ser ignorante está bien visto, y donde todo lo Light está a la orden del día (y no me refiero a la comida).
 
Final Fantasy
Dicen que parte de nuestra sexualidad está formada por las fantasías, o mejor dicho por nuestra imaginación a la hora de estar con una pareja o con un desconocido. Al igual que aquello que nos da morbo, las fantasías son muy variadas.
Mucha gente basa sus relaciones en lo que puede conseguir hacer con su pareja para poder satisfacerlas, ¿pero que pasa cuando logras cumplirlas? ¿Son como un video juego en el que cada vez hay una mayor? ¿O al contrario llega el momento en el que ya no hay ninguna más?
Hay incluso veces que las fantasías por si mismas no se pueden llevar al cabo, es como si supieras que al cumplirlas, se acabó lo que se daba. Es lo que me ha pasado con una persona de Internet con la que mantengo contacto desde hace ya casi un año. El caso es que nos lo pasamos muy bien y nos reímos mucho juntos. Y cuando dejamos volar la imaginación la cosa se pone muy fuerte. Lo curioso del asunto es que al principio no había forma de quedar para llevarlas a conclusión. No conseguíamos coincidir, y aun así seguíamos con el juego de ver quien calienta más a quien. Pero llegado un punto, ya no creo que la cosa vaya a más de una simple ley de tensión entre los dos, me refiero que el día que realmente nos veamos, hemos dejado el listón tan alto que si conseguimos cumplir la fantasía, luego ya no quedará nada.
Porque claro, cuando uno llevaba hablando con alguien de cosas así desde hace casi un año, se consigue decir cosas que probablemente luego a la hora de la verdad no se puedan hacer. O simplemente que ya no apetecen, por el simple hecho de que una vez manifestada en voz alta ya no se necesita cumplirla. A veces las fantasías son solo fantasías y nada más.
Otra cosa que sucede con las fantasías y que lleva a la misma conclusión es el abuso verbal de ellas. Cuando empiezas una relación, al principio hablas de todo lo que te gustaría hacer. Empiezas a hacer promesas de lo que harás o no harás, pero como bien dicen por ahí, muchas promesas están hechas para no ser cumplidas. Porque cuando acaba la relación te das cuenta de que la mayoría de lo que habíais planeado ni siquiera salio del estado de proyecto mental. Al finalizar con esa persona haces un balance de lo hecho y lo no hecho, y te das cuenta de que las promesas al final se las ha llevado el viento, y de que eso de que con la pareja ibas a poder cumplir tus fantasías es mentira. A veces son demasiado complejas para poder ser emitidas y otras veces simplemente han sido pospuestas para tiempos ulteriores que nunca iban a llegar.
Así que nuevamente te quedas con lo que ibas a hacer, que resulta ser totalmente diferente a lo que hiciste efectivamente.
Sin embargo conozco una pareja de gente joven, que son tan cómplices en su relación que tienen un apartado en la vida para la “realización de nuestras fantasías”, lo cual viene a ser que se lo cuentan absolutamente todo y de esa forma pueden pensar la forma más fácil y efectiva de poder hacer realidad sus deseos ocultos, siempre en un marco de respeto y mutuo entendimiento. Lo cual tira al suelo la teoría de que cuando uno está en pareja la vida sexual y la pasión mueren, ya que estas dos personas han conseguido sobrevivir a eso durante mucho tiempo, y no se les ve con ganas de dejarlo por lo pronto. Vale la pena ver como se lo montan, porque al final resulta divertido y gratificante para la esperanza ver que puede haber personas tan comprometidas la una con la otra como para llegar a poner en común su mundo imaginario y poder ser felices disfrutando el uno del mundo del otro.
Lo curioso es que contrariamente a la pareja que he nombrado anteriormente, hay gente a la que le gusta hacer realidad sus fantasías, pero les da tanta vergüenza que tienen que hacerlo con desconocidos para que no les de corte. Lo cual es bastante paradójico, pero me remito a los hechos y a los datos que corroboran lo dicho. Así pues esas personas no son capaces de compartir sus fantasías con las personas a las que aman sino que tiene que ser con alguien que les asegure que desaparecerá de su vida una vez cumplido su deseo, como una especie de genio del sexo.
Pero si algo bueno tiene eso de soñar cosas, es que nos permite inventarnos un mundo ideal, en el que muchos de los tapujos que podemos tener pueden ser liberados, sin peligro. Porque la mayoría de los deseos sexuales se quedan en proyecto debido al riesgo que contrae realizarlos. Algunos por razones físicas son imposibles de llevar a cabo, otros por que simplemente conforme está la sociedad no se vería bien que se hagan o bien porque puede conllevar peligro físico para la persona.
Hay gente que tiene la idea de que es bueno hacer lo que quiere o desea hacer mientras que no haga daño a los demás, lo cual personalmente me parece fantástico. Pero luego llega un problema que suele producirse cuando vivimos demasiado tiempo con nosotros solos como única compañía, y es que ya no saben distinguir la realidad de lo que no lo es. Y al final no consiguen poder confiar en alguien para realizar sus fantasías. Consideran que están mucho mejor solos que acompañados por alguien y deciden llevar una vida de autosatisfacción, lo cual no indica que sea gente que nunca tiene relaciones. Al contrario, con aquellos que conocemos como las abejas, es decir los que van de flor en flor, y cuando la persona ya no quiere ser su juguete sexual entonces lo dejan por otro más nuevo. Para ellos la única finalidad en la vida es poder cumplir sus deseos, y lo curioso es que cada día tienen más, unos tienen otros nuevos y algunos se las arreglan para que sus fantasías sean del tipo de “estar con gente distinta cada día” de tal manera que puedan cumplirse sin repetirse. Son prisioneros de su mundo de las maravillas.
Así que podemos encontrar desde aquellos que no consiguen que sus fantasías se hagan realidad, hasta a los que no solo se han realizado sino que los han abducido. Se supone que al final todo ha de ser moderación, ya que cualquier cosa puede terminar haciéndonos daño o volviéndose en nuestra contra. Lo curioso de las fantasías es que son como un pozo sin fondo, que al final cada cual establece su propio límite y lo va empujando más allá conforme va cumpliendo sus expectativas.
 
Parejas Fallidas
Hay momentos en nuestra vida en los que nos encontramos en una encrucijada ya que no sabemos si vale la pena seguir luchando por algo. Hay casos en los que es mejor estar soltero porque realmente seguir en pareja se convierte en un suplicio. Mi madre siempre dice que una relación de pareja es un continuo sacrificio personal a favor de un bien mayor. También me dice que por amor hay que luchar siempre a capa y espada.
¿Pero cuándo sabemos que el sacrificio ya no nos compensa sino que nos hace mártires? ¿Cómo nos podemos dar cuenta de que una relación es una batalla perdida? ¿No hay veces en las que es mejor claudicar a seguir luchando?
Se me ocurren varios tipos de relaciones que por mucho que nos duela están abocadas a ser un fracaso rotundo. Y si bien el amor es algo por lo que vale la pena luchar, y más hoy en día que es tan difícil encontrarlo, a veces lo único que vamos a conseguir es terminar derrotados, extenuados y destrozados. Obviamente no todos los casos están señalados sino los más significativos.
El primer caso del que voy a hablar es uno bastante curioso, y es la relación explosiva como podría llamarse. Es aquella relación que empieza muy rápido, enseguida las cosas son perfectas, pero es tan sumamente precipitada que termina por agotar a ambas personas. Generalmente está basada en la atracción puramente física, y cuando pasan los meses de pasión, si es que dura meses, ya no queda nada. La combustión es demasiado intensa para que sobreviva. No siempre sucede porque hay gente con mucho aguante, pero al final el desgaste es tal que ya no hay nada que hacer para que la llama vuelva a encenderse.
Otra que va más o menos en esa línea, es la relación de personas con incompatibilidad de caracteres. Porque si bien dicen que los polos opuestos se atraen, una vez atraídos, ya no tienen qué hacer juntos. Puede que al principio la cosa vaya bien. Pero si las personalidades son demasiado diferentes, lo que al principio se entiende por pasión poco a poco se convierte en batalla campal. Y terminamos por tener una relación como la de la canción de U2 Wtih or Without You, no podemos estar con la persona porque no la soportamos, no paramos de discutir, y al final terminamos odiándonos. Pero el amor que sentíamos al principio, cuando estamos separados, hace que le echemos de menos, por lo que tampoco podemos estar sin esa persona. Al final termina siendo una relación destructiva porque acabamos sin saber qué hacer. Y si bien la pasión es buena, y discutir también, más que nada por las reconciliaciones, estar de morros todo el día es mala señal.
Hay un caso totalmente opuesto al dicho anterior, y es el de los amigos íntimos, aunque eso de íntimo no se refiera a la cama. Y es cuando estas con una persona con la que te llevas fenomenal, los gustos son afines y las horas de charla pueden llegar a alargarse toda la noche. Estas con una persona que te comprende, con la que te llevas fenomenal, con la que tenéis un mundo en común, pero hay un fallo: el sexo. Después de un tiempo coqueteando con ese individuo te das cuenta de que cuando estáis en la cama solo habláis, y poco más. Es hora de afrontar la cruda realidad, sin morbo tampoco hay relación, y la pasión no es solo discutir, como en la anterior, sino también deseo sexual. Así que al final la relación se rompe, pero sabes que puedes conservar una bonita y casta amistad.
La mayoría de los casos de parejas que no funcionan suele ser por abuso de poder. Es cuando en la relación una de las dos personas está más enganchada que la otra y se aprovechan de ella. Generalmente uno de los miembros del binomio está siempre disponible, mientras que el otro, al darse cuenta de eso, aprovecha que se lo pongan todo en bandeja. Realmente aquí la culpa es tanto del que se aprovecha que del que se deja absorber. Porque hay que saber poner límites a todo y si poco a poco vas cediendo tu espacio, tonto es aquel que no aproveche. Lo malo de estas relaciones es que rara vez nos damos cuenta de que hemos sido abducidos, y generalmente cuando lo hacemos es demasiado tarde. Suelen ser los amigos los que se dan cuenta de que poco a poco estamos perdiendo nuestra personalidad a favor de la otra persona. Pero nuestro enganche es tal que no nos damos por aludidos, y nos parece normal sacrificarnos por la otra persona sin recibir nada a cambio (se supone que uno debe dar sin esperar recibir compensación alguna). Y llega el día terrible en el que la burbuja explota y nos encontramos sin saber que ha sucedido, y lo peor aun es que nos sentimos culpables de haber dejado que esto sucediera. Por lo general pensamos que la otra persona, el que ha aprovechado la ventaja, nos echará de menos, pero no es así, no suelen tardar en encontrar a otro pavo al que chuparle la sangre.
No todos los casos de parejas fallidas tiene por que ser malos. Está el caso de la no pareja por falta de sincronización. Es por ejemplo cuando conoces a alguien con el que empiezas a salir, pero resulta que al poco tiempo tiene que irse de la ciudad o del país. Cuando empiezas una relación antes de irte de vacaciones dos meses a Australia, o bien si la persona que has conocido acaba de llegar de vacaciones y tiene que estar un mes y medio inmerso en el trabajo, o cuando llega un periodo de mucha y frenética actividad laboral que va a hacer que no os podáis ver durante bastante tiempo o que acabe agobiado y necesite estar solo, también pasa cuando la persona se ha montado la vida de forma a compensar el amor con trabajo y otras ocupaciones, y así nunca tiene tiempo libre para dedicártelo. Incluso es lo que se da cuando conoces a la persona ideal, pero como acabar de romper con alguien, está en estado de post trauma y no puedes hacer nada para estar con él. Son todos aquellos casos en los que por razones de temporalidad, la relación no puede salir bien, y al final acabas cortando, aun sabiendo que la cosa podría haber funcionado en otro momento.
Si bien la mayoría de estos casos acaban en ruptura definitivas, éste sería el único caso en el que se podría volver a intentar la relación en otro momento, ya que las razones para cortar no han sido estructurales de la persona sino externas, son pasajeras y pueden desaparecer. Pero cuando es un problema de cómo es la persona, entonces olvidaos de que va a cambiar, porque la gente no cambia, ni siquiera por amor.
 
La Publicidad
Si mi amigo Nacho ha leído mi artículo de ayer, seguramente me diría que no le he metido bastante caña a la publicidad. Pero tranquilo, que este de hoy es para ti.
Si observamos los contenidos televisivos que nos ofrecen hoy en día, nos damos rápidamente cuenta de que exceptuando un par de programas, el resto es basura o relleno. Luego están los bloques de anuncios que ocupan parte de la programación y que por lo menos son curiosos. Es la publicidad la que nos informa de lo que se lleva y la que nos indica como debemos comportarnos en sociedad.
En una sociedad en la que el ejercicio de poder ya no proviene únicamente del gobierno, sino también del medio audiovisual, ¿siguen vigentes las antiguas teorías sobre los medios de masas? ¿Es la publicidad un nuevo medio para domarnos? ¿Cuándo deja de ser un instrumento de información y promoción para convertirse en uno de control?
Primero que todo haré un breve resumen de lo que nos enseñaron en la carrera acerca de los medios de comunicación de masas. Y viene a decir lo siguiente, si bien en el pasado se pensaba que los medios podían influir en el público como si se tratase de una inyección hipodérmica, y que podían manipular la mente de las personas. Poco a poco se fueron dando cuenta de que conforme la gente iba perdiendo la inocencia hacia los medios de masas, estos iban perdiendo poder sobre ellos, y al final la teoría que más se adapta hoy en día, viene a decir que en realidad los medio ya no pueden influir en nosotros como se pensaba sino como señaladores de los temas de importancia en los que debemos concentrarnos. Es decir que todo aquello que no salga en la televisión no es importante, no nos dicen qué debemos pensar, sino sobre qué debemos hacerlo.
Después de esta breve apología a mis profesores de la carrera, que algunos no merecen ni ser nombrados, sigamos con el tema en cuestión, la publicidad. Hoy he visto un anuncio de helados en el que una mujer duda de por qué sigue enamorada de su novio y de repente recuerda que es por el helado de chocolate. No quiero entrar más en detalles, pero el mensaje está muy claro, las mujeres son superficiales y solo les gusta el chocolate, mientras que los hombres son patosos y desconsiderados. Y luego dicen que hay machismo en la publicidad. Pero es que anuncios como este, en el que nos ponen a parir mientras que las mujeres quedan como seres fríos y calculadores hay a palas. La mayoría son de productos del hogar. Con eso de invertir los roles sociales, los creativos creen que resulta gracioso, pero al final lo que consiguen es darle la vuelta a la tortilla y hacer que la discriminación siga, pero en otro sentido. Si bien se refleja el cambio social, ya que cada vez más los hombres se ocupan de las tareas del hogar, ya sea porque están solteros y viven solos o por que realmente se comprometen más, el abuso de la ridiculización masculina no ayuda. Si eres hombre debes de ser nulo en tareas del hogar.
Hoy me preguntó mi madre por qué había tanto anuncio de juguetes si no estamos en navidades. La respuesta es muy simple, por un lado hay que pensar que estamos a punto de empezar las vacaciones de verano, y no todos los padres pueden permitirse enviar a sus hijos de campamento durante toda la temporada. Por lo tanto tienen que encontrar una forma de que sus hijos no les den la lata todo el día. Porque una cosa es hacer hijos, que a todos nos gusta, pero cuando realmente llegan, las responsabilidades aumentan, y muchos se dan cuenta de que no es como un perro que puedes abandonar en una carretera. Entonces es cuando se recurre a la abuela, los tíos, los cursos de verano y la legión extranjera. Pero la publicidad nos ofrece un medio de deshacernos de la molestia de los críos, y es comprarles todos los juguetes que se pueda para que estén ocupados todo el día. Y si con eso no basta con enchufarlos a la tele con la video consola debería bastara para tenerlos liados un par de horas.
Y luego dicen que la publicidad no ofrece alternativas. Pero antes de seguir quiero hacer un inciso sobre lo sexista que es la publicidad de juguetes. Por un lado incita a las niñas a que sean unas petardas coquetas, que solo sepan hablar de chicos y de maquillaje, que sean superficiales como la Barbie, y que su mayor objetivo en esta vida sea casarse y tener muchos hijos. En cuanto a los niños, deben de ser violentos como el Action Man, jugadores de fútbol, o futuros campeones de formula 1. Y todo esto porque han de convertirse en esposos ideales para las futuras madres de sus hijos.
Luego están todos aquellos productos de culto a la “personalidad”, o mejor dicho todos aquellos que te permiten no ser un patito feo sino un cisne, hecho a retales pero cisne en el fondo. Me refiero a los cosméticos, tanto para el hombre como para la mujer, a los perfumes y demás. Recuerdo uno en particular en el que la voz en off de mujer decía que él pensaba que impresionaba a las chicas, pero a ellas les impresión su mala cara y que debería usar tal producto para tener mejor pinta. Y luego dicen que las mujeres se fijan en la belleza interior, ¡mentira! Ellas solo buscan un tío florero. O al menos eso nos deja entender la publicidad en cuestión. Se quejan de que nos fijamos en el exterior, pero bueno, ellas no son mejores, al fin y al cabo todos somos humanos.
Y si me pongo a hablar de los modelos publicitarios, entonces tendría que hacer varios tomos, porque la verdad es que no hay por donde cogerlos. La mayoría son personas de 20 años que pasan por ser padres de familia en los anuncios. Chicos musculosos que además de estar buenísimos son altos ejecutivos, mujeres guapísimas que no solo tienen tiempo de sacarse la carrera, de tener hijos, de trabajar sino también de pasar por el quirófano. Porque como dice otro profesor, el mundo de la publicidad no pretende ser un reflejo exacto de la realidad, sino una versión mejorada de lo que podría ser, un mundo outópico (no confundir con utópico), ya que es algo irreal pero que podría serlo.
A mi personalmente me encanta ver publicidad, porque por un lado es divertida, y por otro me hace pensar en lo que realmente importa, y no es lo que nos transmite, sino lo que no dice. A veces lo importante es lo que permanece en las sombras, no lo que los medios quieren que sepamos o en lo que quieren que pensemos, sino lo que callan y lo que omiten.
 
La Flexibilidad Obligada
Es un pensamiento recurrente, pero solo basta con fijarse un poco en la gente que nos rodea, para darnos cuenta de que lo que los demás buscan de nosotros no es lo que tenemos sino el potencial de cambio que podemos ofrecerles. Somos como materiales en bruto para que los demás nos moldeen a su gusto.
En un mundo que cultiva el individualismo, ¿Por qué nos dejamos transformar por los demás? ¿Dónde ha quedado el gusto por la variedad? ¿Por qué siempre intentamos que los demás se adapten a nosotros cuando nosotros no somos capaces de hacerlo?
Si nos ponemos a pensarlo, la sociedad misma se encarga de decirnos lo que debemos llevar y como comportarnos a través de la sociedad. No importa lo que queramos o lo que tengamos, solo importa lo que mostremos a los demás y nuestra capacidad a hacer lo que ellos nos pidan.
Basta con poner la televisión para ver que lo que tenemos es que llevar tales marcas para que nos acepten los demás. Debemos usar tales cosméticos, porque si no seremos marginales, y nuestra dieta está establecida por unos productos de moda. De esa misma manera, nuestro cuerpo ha de ser 99% libre de grasa como la pechuga de pavo, nuestro pelo sin caspa, 10 veces más resistente a la rotura y sin puntas abiertas, y para aquellos que no tienen porque son calvos como bombillas siempre les queda recurrir a los centros de tratamiento.
Pero es que luego lo curioso es que si realmente alguien intentase seguir lo que la sociedad le dicta, se volvería loco. O por lo menos tendría unos problemas alimenticios tremendos, sin hablar de los de autoestima. Porque si bien tu crees que por usar un determinado jabón, aunque seas un adefesio vas a ligarte con unos bombones, la verdad no es esa, y terminas desilusionado porque no solo no te comes una rosca, sino que encima has hecho el ridículo.
Si consigues librarte de los estereotipos de la publicidad, puede que hayas llegado un paso más adelante, pero los obstáculos entonces se hace mayores. Porque ya no es la publicidad la que se encarga de decirte como debes ser y comportarte, sino la gente que te rodea.
Pero a eso ya estamos acostumbrados, porque de pequeños todos (o casi todos) hemos tenido unos padres que nos decían como vestir, lo que debíamos comer, nos llevaban a la peluquería a que nos cortásemos el pelo como ellos querían, nos decían las notas que debíamos sacar y los amigos con los que debíamos jugar, incluso a veces nos compraban los juguetes que ellos querían que tuviésemos, no los que nosotros deseábamos sino los que debíamos tener.
Está claro que cuando somos niños, no tenemos una personalidad propia, por lo que el trabajo de nuestros padres es el de moldearnos a su imagen y semejanza, para que cuando seamos mayores no seamos unos peleles sin opinión. Ellos son los que se encargan de darnos una base ética y moral, a la vez que nos crean las costumbres que deberemos tener de mayores.
Cuando ya no dejamos que los padres sigan con su trabajo, que según ellos nunca se acaba, ya puedes tener 30 años que seguirán diciéndote que te cortes el pelo de la manera o bien que comas tal cosa, les toca el turno a las instituciones educativas. Que no sólo tienen que formar nuestro intelecto, sino que además se permiten el lujo de inculcarnos ideologías que creen convenientes. Seguro que muchos os acordareis de aquel profesor de historia y geografía un poco facha, o alguno de esos que son católicos apostólicos a morir, o bien el profesor de filosofía totalmente marxista. Y claro, al final terminan intentando trabajarnos de forma que sus ideales sean los nuestros.
Cuando te diriges al mundo de las relaciones, siempre lo comparo con la guerra de las Galaxias. Meterte en una relación puede ser como pasarte al lado oscuro, porque conoces a una persona que te gusta, y te hace creer que les gustas conforme eres, pero poco a poco va cambiándote detalles de tu personalidad, cosas que no le gustan de ti, palabras que no debes usar o cosas que no debes comer. Total, que un buen día te miras al espejo y eres Darth Vader, o peor aun. Ya no eres la persona con la que empezó a salir tu pareja sino una imagen de lo que quiere que seas. Eres aquel robot de las relaciones. Pero no siempre es una mutación lo que ofrecen las relaciones. A veces es como ponerse en manos de un asesor de imagen gratis y de confianza, entras en su vida siendo el patito feo y con una inseguridad que lo flipas, y sales de la relación siendo como Bruce Willis con una recortada, es decir todo naturalidad y encima hecho un seductor. Pero esas cosas no suelen suceder, porque la mayoría de las personas nos quieren moldear pero para su beneficio propio, no para el nuestro.
Lo curioso es que la gente es cada vez más osada a la hora de intentar convertirnos en lo que buscan, el otro día conocí a una persona que me dijo que si me cortase el pelo hiciese un poco más de pesas y me comprase ropa de Zara, entonces que saldría conmigo. Eso en la primera media hora, más que una cita eso parecía un casting. Pero puesto que yo no soy ningún actor y que mi personalidad en ningún momento se puso en cuestión sino únicamente mi físico, la verdad es que no duró mucho más, y esa persona se preguntará por qué nunca más volvió a saber de mí.
Esta serie de artículos también ha sido vivamente criticada, tanto en persona como por correo, mucha gente ha intentado amoldarla a sus gustos, pidiéndome que escriba con más ironía, que dé más nombres, o que la haga de forma menos personal, otros me piden que no hable de mis sentimientos, e incluso hay gente que me ha dicho que por qué no hago poesía en vez de textos en prosa. Obviamente si hiciese eso, no sería algo que yo escribo sino lo que los demás quieren que yo haga, y al final nunca estarían contentos porque siempre habría algo que criticar.
Pero en el fondo es una costumbre que tenemos todos de intentar que los demás se amolden a lo que nosotros tenemos como expectativas, y ellos también lo hacen con nosotros, olvidándose de que cada persona es un individuo con su propio mecanismo interno que probablemente no tendrá nada que ver con lo del otro. En biología se le llama simbiosis, y es cuando ambas partes salen beneficiadas por la interacción mutua. En la vida social es más bien parasitismo, porque cuando hemos chupado todo el jugo de la persona la tiramos, y el primero que acaba gana. Deberíamos fijarnos más en la naturaleza y menos en nosotros mismos, ya que como dicen, la naturaleza es sabia. Además si nos ponemos a cambiar por los demás nunca conseguiremos que todo el mundo esté satisfecho, porque nunca llueve a gusto de todos
 
Celebrando Cambios
La semana pasada era la ceremonia de entrega de diplomas del liceo francés para todos los alumnos del último curso. La verdad es que fue un acto bastante cutrecillo, a pesar del renombre que tiene ese instituto. Si nos dejamos de lado la parte de protocolo, que por cierto fue un fracaso, esa sesión me dio qué pensar acerca de los cambios que hacemos en la vida y de cómo los celebramos.
En un mundo en el que las apariencias son lo que importa, en donde un trozo de papel vale más que todo lo que puedas saber sin poder demostrar gráficamente, ¿qué valor tienen las fiestas de fin de curso? ¿Debemos realmente darle tanta importancia a un evento puramente social? ¿Dónde está la ilusión original de estos eventos?
Lo primero que me gustaría transmitir es como se desarrolló el evento, porque no tiene desperdicio. Para empezar se prendió fuego el contenedor de la basura que había al lado del recinto, otra vez por culpa de los fumadores, y no solo hacia calor, sino que además nos dejaron ahumados. Menos mal que gente del personal estuvo atento de apagar el mini incendio antes de que derivara a cosas peores. Luego la verdad es que se pasaron con los discursos. Participaron 5 ponentes para un acto en el que solo la charla del director duró más tiempo que la entrega de los “diplomas” que testifican que han acabado los estudios secundarios, discurso, que por cierto, fue en francés y en español según la palabra, lo cual resultó por lo menos cómico.
Ahí hay dos puntos en los que me gustaría incidir que nos muestran lo irónico de la situación. Lo primero es lo más evidente, y es que nadie de los presentes está completamente seguro de que va a acabar ese año, más que nada porque aun no tienen las notas de selectividad. Lo cual demuestra un gran cinismo por parte de los organizadores a la hora de ponerle una fecha a una entrega de diplomas, cuando aún no se sabe quién los merece realmente y quién va a volver el año siguiente a la misma ceremonia, pero con otra promoción. Como dice mi madre, es realmente cruel restregarles a los chicos que igual no han acabado todavía con el suplicio.
Recuerdo que cuando mis compañeros de promoción dieron la cena de fin de carrera no entendían porque había un grupito de radicales que no queríamos asistir a la cena. He de señalar que los radicales éramos aquellos que no acabábamos la carrera ese año. Así que fieles a nuestro pensamiento, no acudimos a una ceremonia en la que nos iban a entregar diplomas que no nos correspondían. Pero una vez más ser consecuentes con nuestras opiniones nos trajo algún que otro rechazo. Porque está visto que en este mundo no se trata de ser consecuente con lo que uno cree, sino que hay que amoldarse a lo que los demás quieren de uno y entregarlo todo. Si no eres flexible y sacrificado te marginan.
Así pues una vez más se demuestra que lo importante es fingir, porque en ambos casos se le pide a uno que finja toda la ceremonia, pero en realidad lo que importa es como iban ellas vestidas, que peinado era el mejor, o que vestido el más caro, o incluso cual era la peor maquillada. Para los chicos lo importante era ver quien se ligaba a más tías esa noche. Porque esto ocurre con 18 años o con 22 cuando acabas tu carrera. En el proceso se olvidaron que se celebra el cambio de vida, no el vestuario. Y en eso poco importa tu opinión o si tienes ganas de asistir a un evento fantasma, si los demás lo hacen tú también tienes que hacerlo por guardar las apariencias.
Lo segundo que me pareció por lo menos curioso, son los discursos. Por un lado están los del personal docente, que se supone que es el que le enseña a los alumnos como hacer textos perfectos. Pues una vez más fallan en el intento, ya que el único discurso realmente agradable fue el de uno de los chicos. Porque los profesores de lengua pecaron en su énfasis retórico, que al final los hacia muy largos y a veces incluso incomprensibles, mientras que los de los homenajeados resultaban frescos y más naturales. Y no propios de un meeting político.
Luego viene el rollo que contienen la mayoría de ellos. Los de los docentes son siempre iguales, que si van a entrar en un mundo diferente, que si son adultos, y todo eso. Los de los chicos eran más inocentes y cándidos. Y realmente es cuando uno se da cuenta de lo que una carrera entera puede hacernos. Recuerdo que cuando yo tenía su edad también era como ellos, pensaba con ilusión a los años que vendrían, de universidad, nuevas amistades, etc. Pero lo cierto es que es un periodo en el que la mayoría de las ilusiones que tenemos son destruidas una por una, tanto por profesores desgraciados, como por compañeros de clase con síndrome de piraña, como por lo que la vida misma nos enseña. Al final resulta triste que toda esa inocencia se pierda machacada por la sociedad universitaria.
Es cierto aquello que dicen, que la vida del universitario no tiene nada que ver con la del alumno de instituto. Las responsabilidades ya no son las mismas, los horarios tampoco, ni siquiera el trato al profesor. Es muy difícil que alguno de ellos sepa quien eres cuando tiene un aula de 200 alumnos a su cargo. Por su puesto hay cosas que no cambian, como los pelotas de turno, que siempre se hacen notar, tanto que a veces terminan por hacerse odiar incluso por los profesores. Otras cosas que no cambian son las injusticias derivadas del método de evaluación, el ejercicio de poder (que siempre lo tienen los mismos) o simplemente la discriminación entre los propios alumnos, cuando por ejemplo se niegan a prestarte apuntes, mientras que ellos se la pasan mangando los de los demás, el egoísmo sigue presente.
Pero en el fondo es un proceso que debemos celebrar, porque poco a poco nos hacemos mayores, vamos creciendo, perdiendo la molla blanda y la grasilla de bebé, y haciéndonos más duros, el problema es cuando la coraza que llevamos nos ahoga o nos convierte en seres sin corazón. Mucha gente se monta su armadura tan potente que al final ya no recuerda que solo es un medio de protección no su verdadera personalidad. Y pasa lo que antes he señalado, que se nos olvida sentir más y pensar menos. Pero ante todo ser consecuente con uno mismo, y sobre todo con las decisiones que tomamos, no por los demás sino por nosotros mismos. La parafernalia sólo es un estorbo que nos impide la movilidad.
 
Como Una Virgen
A no ser que hayamos estado viviendo bajo una piedra los últimos 21 años, todos conocemos la canción de Madonna que da nombre al artículo de hoy: Like a Virgin. Su cantante, muy en su línea, aprovecho la polémica que originó el tema para poder promocionarse. Las mentes puritanas no sabía muy bien que flanco atacar, si el de las relaciones prematrimoniales o el de la virginidad expuesta por la canción. Lo cierto es que nuestra sociedad le da mucha importancia a la primera vez. Todo lo que hacemos está marcado por esa ruptura de costumbres.
En un mundo en el que los valores tradicionales son cada vez menos, ¿sigue siendo importante la pérdida de la virginidad? ¿Consideramos importantes las primeras veces de cada relación? ¿Podemos realmente considerarnos, como en la canción, como unas vírgenes con cada persona nueva en nuestra vida?
Tengo un amigo al que yo llamo victoriano, debido a que sus códigos éticos y morales son más propios a los de esa época que a los del siglo XXI. Pues bien, él es una persona que siempre valora las primeras veces. Le da mucha importancia al primer beso, a la primera caricia, a la primera mirada furtiva y lasciva, y claro, como no, a la primera relación sexual, que sea dicho de paso no suele llegar antes de varios meses de tonteo con la persona elegida. Para él, toda nueva relación es como un folio en blanco, es totalmente pura en sus comienzos, por lo que se toma mucho cuidado en las primeras impresiones y en que todo sea muy especial.
Otros sin embargo le dan tanta importancia a la primera vez, que no son capaces de repetir con nadie. Su motivación es la de estar siempre con una persona diferente y no volver con ninguna con la que ya hayan estado. Esto suele generar problemas en pequeñas localidades donde la población no se renueva lo suficientemente rápido, o bien si so promiscuidad le lleva a tener ganas de estar con alguien con mucha frecuencia. Sin embargo, lo curioso del asunto es que incluso estas personas suelen conseguir su propósito de virginidad.
Está claro que lo que aprendemos de pequeños nos influye mucho de mayores. Cuando crecemos en un entorno en el que se la da mucha importancia a la pérdida de la virginidad como un evento casi social, como podría ser cumplir los 18 años, o la primera comunión (en este caso no es con Dios sino con el cuerpo), debemos ser concientes de que nuestra vida posterior no será como alguien que no le da importancia a esas cosas. Y solemos pensar que la primera vez ha de ser maravillosa, como lo cuentan en las películas americana de quinceañeras, interpretadas por mujeres de 30 años. Nos venden esa idea de que hemos de ser puro hasta que encontremos a ese ser especial (y si somos católicos, hasta el matrimonio).
La realidad suele ser mucho más diferente de eso. Por lo general en lo que a relaciones heterosexuales se refiere, la primera vez para las chicas nunca suele ser tan especial como se cree. Ya que ellas permanecen a la espera del momento ideal, conservando su flor para el príncipe azul, como les han enseñado sus padres. Pero la verdad es que al final se cansan de tanta espera y terminan haciéndolo, ya no por amor, sino como por quitarse las telarañas. Al menos eso me han contado mis amigas, para ellas no fue una experiencia bonita ni para contarla con violines.
Lo cual no es de extrañar, porque si nos ponemos a pensar detenidamente, ¿como va a ser bonito y especial hacer algo que nunca has hecho, con alguien que a lo mejor tampoco lo ha hecho, y en condiciones que no se controlan? Es de cajón que la primera vez debería de ser algo así como una circuncisión, o por lo menos como cuando se te caen los dientes de leche, es decir, algo molesto, necesario y por lo que quieres pasar lo antes posible para no tener que repetirlo.
Porque no podemos comparar el saber de la experiencia a la candidez de la virginidad, en la que somos torpes, patosos, no sabemos si estamos haciéndolo bien o si estamos torturando a la otra persona, y encima podemos coger malos hábitos. Lo ideal siempre es ir con alguien que sepa de qué va el asunto, pero claro, no siempre podemos elegirlo.
Pero esa torpeza no sólo se refieres a la primera vez de todas las primeras veces, no solo lo somos cuando perdemos la virginidad. Porque, como bien dice la canción de Madonna, cuando estamos con alguien nuevo, siempre somos como vírgenes. Todo es nuevo y brillante, es impoluto, al menos por nuestras manos. Luego puede que esa persona haya estado con un estadio de fútbol al completo, pero para nosotros siempre será la primera vez. Y lo mismo va en el otro sentido, para esa persona, somos algo nuevo, nunca ha estado con nosotros, ya podemos habernos tirado a media ciudad, que seremos algo virgen a sus ojos. (Y si no es así esa persona no vale la pena y mejor pasar de ella).
Entonces claro, si partimos desde esa óptica, todo lo nuevo, por definición, es desconocido, y por lo tanto, ya podemos ser las personas con más experiencia del planeta, que no sabremos como va a reaccionar la otra persona. Tenemos que adaptarnos a sus gustos y ese individuo a los nuestros, por lo que es casi imposible que la primera vez sea bonita y romántica, sino que más bien o es producto de la lujuria, y no sale tan mal, o bien lo hacemos por amor, y seremos algo más patosos. Por eso no debemos preocuparnos por que la primera vez las cosas no sean como deberían ser, sino más bien que salgan fatal.
Sin embargo hay un pequeño porcentaje, que digamos que serían las excepciones, y es cuando la primera vez es especial, cuando el primer beso es perfecto, y cuando la primera relación sexual es realmente impactante. Esos caso no suelen darse sino cada mucho tiempo, y por lo general considero que son una señal de que la química con esa persona funciona y se puede llegar a mucho más. Claro que eso puede fallar también. Si bien la primera impresión puede ser buena y dar a pensar que hay un futuro, lo contrario puede darse, es decir que sea una mierda, y luego resulta que estáis hechos el uno para el otro. Yo personalmente no me fío de la primera impresión, porque no suele ser la adecuada, las cosas suelen mejorar con el uso y con la práctica.
 
Nuevas Oportunidades
Dicen que cuando la vida te cierra una puerta también te abre una ventana. Cuando cortas con alguien o te echan de un puesto de trabajo, lo primero que haces es lamentarte y ponerte negativo. Pero la mayoría de las veces no lo vemos como la posibilidad de un nuevo comienzo.
En un mundo frenético en el que las cosas se suceden tan rápido que mucha gente no tiene tiempo ni para dormir, ¿Cuánto tiempo debemos esperar para volver a tener confianza? ¿Cuándo sabemos que estamos listos para seguir adelante?
Mi tío siempre me dice lo siguiente, aunque la verdad es que no hablamos mucho, pero siempre me aconseja pensar en positivo. Según él los pensamientos positivos atraen a los eventos positivos, y una vez que se empieza a poner en funcionamiento el engranaje se mueve solo por pura inercia. Lo cual también funciona al revés, porque todos sabemos que las desgracias nunca llegan solas. Entonces por está lógica, o bien nos queremos hundir o salir a flote, y sabiéndolo, lo mejor es intentar cambiar el sentido de la corriente, viendo siempre el lado positivo de las cosas.
Para mi estar soltero es una de ellas. Mucha gente me dice que no debería de pensar así. Y lo cierto es que empiezo a darme cuenta de que tienen razón. Es curioso lo que suele suceder cuando te dejan solo. Por lo general te das cuenta de que existe un mundo entero ahí fuera esperando a que le hagas caso. Porque siempre se nos olvida que las desgracias de unos pueden ser las alegrías de otros. Porque es cuando nos damos cuenta de que al perder a un ser, que creíamos que estaba con nosotros, hemos encontrado una cantidad razonable de nuevos proyectos en los que nos podemos centrar. Se han dado casos de personas que han dejado a sus parejas y nada más hacerlo el amor de su vida ha golpeado a la puerta de su casa. Y ahora resulta que son las personas más felices del mundo por haberse conocido, lo cual hubiese sido imposible de haber seguido en las relaciones pasadas.
Así pues a veces, las rupturas no son finales, sino nuevos comienzos. Si tomamos la cita del principio, a veces no sólo se nos abre una ventana, sino que se abren otras puertas y más ventanas y nos quedamos en mitad de la casa, en medio de esas corrientes que nuestras abuelas temen tanto. Por eso no debemos perder el norte y volvernos locos, porque al final lo único que vamos a conseguir es un buen resfriado. Por eso siempre es necesario que después de un corte la continuidad de nuestras vidas, nos tomemos un tiempo de reflexión. O como dice mi profesor de yoga: relajarse y observar los cambios en nuestro cuerpo (aunque en este caso serían en nuestro alrededor).
Pero también él nos dice que como somos personas individuales, y que cada uno tiene su propio funcionamiento interno, cada uno tiene su ritmo. Algunos curan sus heridas más rápido que otros, y están preparados para seguir adelante antes que los demás, mientras que algunos tardan eternidades en reponerse de una caída.
Yo siempre he pensado que el síndrome del trapecista es malo, es decir aquella persona que no suelta presa hasta que no tiene otra donde agarrarse. Son aquellos que vemos que van de pareja en pareja, nada más cortar ya están con otra. Lo cierto es que es un fenómeno curioso, pero también es más seguro y te evita comerte la red de vez en cuando (cuando la hay, porque a veces no hay redes y el suelo es muy duro). Y claro, también hay gente que cae en la red y de ahí no salen por miedo a volver a caer (si no vuelves a jugar no puedes volver a perder, pero tampoco ganar). Estos son los que tardan más tiempo en curarse las heridas. Pero el reloj interno de cada uno marca un ritmo distinto.
Lo difícil es saber cuando tú estas preparado para volver a intentar saltar al vacío. Mucha gente me dice que hay que escuchar a tu corazón. Pero a veces el muy capullo está mudo, o bien dice cosas sin sentido. En ese caso lo mejor sería esperar a que se calme. Lo mismo pasa cuando el corazón da dos ordenes opuestas. De ahí que a veces sea necesario tomarse un respiro después de que te lo hayan roto.
Yo tengo la costumbre de decir que cuando alguien te rompe el corazón es como cuando te partes una pierna, tienes que estar un tiempo con el yeso puesto y con muletas o silla de ruedas, o el caso más dramático, en cama, luego viene la rehabilitación, que es lenta y progresiva, y finalmente puedes volver a caminar como si nunca te la hubieses fracturado. Pero cuando son roturas de huesos, o de ligamentos, es decir cosas físicas, se puede saber el tiempo que se va a tardar en reponerse. Cuando la fractura es del alma o de los sentimientos, generalmente no podemos seguir unas pautas tan precisas y fijas en el tiempo. Por supuesto también para esos casos hay especialistas que son capaces de tratarnos y de decirnos en cuanto tiempo nos vamos a poner bien y podremos volver a ser los de antes. Pero por lo general nadie acude a un psicólogo después de cortar con su pareja porque necesite ayuda. Aunque muchos deberían, eso les permitiría no cometer los errores del pasado.
Sin embargo a veces la única solución para salir adelante es enfrentarse al problema. Dicen que un clavo saca otro clavo, y a veces creo que es cierto. Es posible que el corazón sea el único órgano capaz de restablecerse mediante la acción, es decir que somos capaces de volver a amar sin que hayamos pasado ese periodo de cuarentena. Tal vez al hacerle funcionar en otra persona podemos hacer que el dolor que hemos sentido por otras personas se mitigue solo. Es posible que sólo el amor sea capaz de hacernos olvidar el sufrimiento que nos ha causado un fracaso sentimental pasado.
 
El Fumador
Con lo del día del tabaco, aprovechan para darnos la lata con eso de no fumar y tal. La verdad es que es positivo que la gente sea conciente de que la salud es importante, pero de lo que no se dan cuenta es que eso de fumar es más por moda y termina convirtiéndose en una drogadicción que otra cosa.
En un mundo en el que la imagen que damos es lo más importante, ¿podemos llegar a matarnos a nosotros mismos por esa imagen? ¿Debemos seguir las modas a pesar de que vayan en contra de nuestra salud? ¿Nos damos cuenta de cuando hemos llegado demasiado lejos?
Hace unos días volví a salir de marcha por los pubs y discotecas de la ciudad, es lo que tiene estar soltero, que hay que volver a salir a la superficie. Y la verdad es que mi garganta se resintió mucho. Ya no solo porque uno debe de pasársela gritando para que le oigan los demás de lo alta que está la música en esos locales, sino que además de la cantidad de humo que había. Ya no son bares, son miniaturas a escala de Londres, solo que en vez de niebla es humo. Lo cual es aun peor.
Entonces me quedé pensando en que la gente no fumadora, con la garganta frágil y con lentillas debería de ser la más martirizada de esos locales. Por un lado el humo te ataca los conductos respiratorios, por lo que si eres proclive al asma, olvídate. Ya puedes pedir para tu próximo cumpleaños unos pulmones nuevos. Si además llevas gafas, te aconsejo que te pongas las lentillas, porque al menos a mi me molesta mucho menos a los ojos con ellas que con las gafas. De hecho con gafas, yo, ni salgo. Ya es bastante chungo tener que ser miope para encima pillar cualquier infección debido al humo. Y esto que digo no es mentira, de todos es sabido, y si no lo sabéis ahora sí, que el humo daña la cornea.
Hay otro factor que muchos no conocéis, solo las chicas y la gente con el pelo largo. No se de que material está hecho, o bajo qué propiedades se mueve, pero no hay cosa que pille más el humo que el pelo. Es algo increíble, es como si lo aspirase. De hecho cuando salgo de marcha al día siguiente me tengo que lavar la cabeza por lo menos dos veces para que se me vaya el olor a zona industrial de ahí arriba. Y la ropa, al menos a esa le puedes poner productos quita olores, pero en la cabeza no os lo aconsejo.
Luego está el lado estético del asunto. Es posible que quede muy glamouroso eso de llevar un cigarrillo en la mano, como hacían las grandes actrices del pasado, esos mitos del cine. Pero eso es porque luego no tenias que besarlas, porque sinceramente, eso de ir chupando ceniceros a mi no me da ningún morbo. Y claro, los fumadores creen que por usar chicles ya está… pero no es cierto, los que sabemos del asunto los reconocemos enseguida. Por muchos trucos que usen, además de por el color de los dientes, que es otra cosa que no se dan cuenta. Los dientes se les ponen amarillos con el paso del tiempo de tanto fumar.
Y si solo fuera por eso, luego es que son un peligro para la sociedad. No se si os habéis fijado que cuando se sale de marcha más vale llevar ropa de algodón, porque los tejidos sintéticos son inflamables. Así que si tenéis la desgracia de llevar una de esas camisetas bonísimas, esas que venden en Zara y compañía, debéis pensar en que solo os durará esa noche. De todos modos es para lo que sirve la ropa – basura que venden allí, porque si la lavas más de dos veces ya es 4 tallas más grande. Entonces claro, tú vas todo arreglado y pasa algún desaprensivo, con su chicote en la mano y olvídate de la ropa. Porque cuando te quieres dar cuenta tu adquisición se ha esfumado. Y llevas media espalda al aire. Y si no llevas ropa inflamable, te vas acordándote de su madre por haberte quemado el brazo de forma inocente. Porque claro, nunca es culpa de ellos, tú eres el que se ha tirado contra el capullo de su cigarrillo, y encima has tenido la desgracia de apagárselo. Claro tú con toda la buena intención del mundo, para evitar que se sigan matando lentamente, vas y con tu propio cuerpo intentas que no sigan haciéndolo, y apagas la mecha. Encima que te preocupas de su salud y ni te lo agradecen. Al contrario, se cabrean por cuidar de ellos.
Con la entrada en vigor de la nueva ley sobre el tabaco, creo que va a haber un alza en el número de depresivos que va a haber por ahí sueltos. Porque es impresionante la cantidad de gente fumadora que hay en los locales de marcha. Y toda es pobre gente va a tener que aguantarse las ganas de matar a los demás y solo hacerlo en la calle. Además en verano no hay problema porque la mayoría de veces hace más calor dentro de los locales que fuera, por lo que estrían mejor fumando en la calle, pero en invierno, la cosa es al revés, y tal vez se lo piensen antes de irse a morir de frío por un vicio que les hace más daño que bien.
Sin embargo, dejar de fumar no es cosa fácil, ya que gracias a toda la mierda que llevan los cigarrillos mucha gente es realmente adicta a su consumo. Por lo tanto para poder conseguir dejarlo, tienen que desengancharse, como lo harían de cualquier clase de drogas. Y muchas veces la fuerza de voluntad no es suficiente, sino que se necesita un poco de ayuda del exterior. Así que más que verles como una plaga lo cierto es que mucha de esa gente quiere realmente dejarlo, pero no pueden por falta de comprensión.