¡Vacaciones!
Últimamente os habréis dado cuenta de que mis artículos no son como los de antes, por lo que he decidido tomarme, yo también, unas vacaciones y poder descansar para tener nuesvas cosas que contar. Los cursos de verano y los viajes no me iban a dejar mucho tiempo para escribir así que supongo que como mucho publicaré uno a la semana.
Besos y felices vacaciones (cuidado con las medusas).
Besos y felices vacaciones (cuidado con las medusas).
El Narciso
Hay un mito muy popular que narra la historia de Narciso, hombre cuya autoestima y ego desbordado le llevo a su propia muerte, ya que él era tan vanidoso que un día se agacho en un lago a admirarse en el reflejo del agua y se cayó dentro ahogándose. Hoy en día esas cosas no pasan, más que nada porque casi todos sabemos nadar. Pero sigue habiendo gente que cultiva su ego hasta tal punto que no son capaces de ver a los demás.
En un mundo donde nos obligan a ser individualistas y a estar solos, ¿no llega un momento en el que no sabemos comportarnos en sociedad? ¿Cómo sabemos cuando hablamos demasiado de nosotros mismos?
Ser un poco ególatra nunca está mal, pero es que no solo se es en lo que a los temas de conversación se refiere, sino que hay personas que incluso con sus acciones se convierten en una peste para la sociedad.
Mi tía siempre dice que una forma de saber como es la gente es simplemente escuchándola. Bueno, por algo es psicoanalista, pero sí que tiene razón en un par de cosas. Es cierto que si nos ponemos a analizar como habla la gente, las frases que emplea o los modos que utiliza podemos saber más o menos de qué pie cojea. Por ejemplo las personas que hablan en primera persona del singular y que siempre tienen algo que contar, incluso cuando no tiene que ver con el tema o que no les concierne, suelen ser personas narcisistas.
Todos tenemos algún amigo o conocido que siempre es el centro de la atención. Me refiero a esa persona a la que siempre le ha pasado de todo. Cuentes lo que cuentes ella siempre tiene algo más fuerte que contar, o más divertido, o más grave, pero nunca puede quedarse callada ni quedar en peor postura que los demás. Aunque al final termine por vérsele el cobre. El caso es siempre ser el centro de la atención en cualquier discusión o conversación. A veces pienso que si se quedan calados mucho tiempo les va a explotar la cabeza, porque no pueden cerrar la boca ni bajo el agua. Y aunque lo cierto es que la mayoría de las veces tiene cosas que contar o de las que hablar, y suelen ser interesantes, a veces termina siendo un poco cargante que no se esté callado ni cuando estas contando tú tus cosas. Es el típico que cuando le cuentas el viaje de novios está contando alguna anécdota que si no la ha vivido él la ha tomado prestada, pero que al final no te deja acabar de hablar, y terminas siendo ignorado.
Luego los hay que ya son los fantasmas de la conversación. Por lo general quieren ser el centro de la atención, pero ya no con cosas verosímiles sino con mentiras que al principio ni ellos se creen. Pero lo malo que les pasa, es que si bien al principio nos divierten con sus fantasías, llega un momento en el que se ponen pesados con tanta ciencia ficción. Y al final ya se montan un mundo de fantasía tan sumamente grande que acaban creyendo que es la realidad. Los hay que van desde contar que se van los sábados de compras a Paris para lucir los modelitos que se compran allí cuando salen de marcha por el pueblo durante el fin de semana. Otros presumen de motos de agua, que llegan a tener tantas que casi dan ganas de hacer un grupo de moteros de agua. Pero claro puesto que todo eso es mentira, siempre encuentran la excusa para no poder cumplir con las expectativas.
Luego están los que quieren llamar la atención, o ser el centro de ella, pero no por lo que digan sino por lo que hacen. Y de esos todos conocemos a alguno que se pasa la tarde, la noche o cuando sea que tengas la desgracia de verle, haciendo el payaso o la loca. Por un lado el que hace el payaso puede llegar a ser divertido en ciertas ocasiones, incluso si estas un poco de bajón puede llegar a hacerte reír un rato. Lo malo es cuando te hacen sentir vergüenza ajena, ganas de huir de ahí, o simplemente hacen que te lo pienses varias veces antes de volver a quedar con ellos.
Conozco el caso de un chico con el que mis amigos no pueden salir a la calle, o bien lo hacen únicamente cuando van bebidos y por zonas donde no les conozca nadie. Porque resulta que ese chico del que se avergüenzan es muy muy femenino, y cuando digo eso me refiero a que es capaz de ir con traje de noche tacones y bolso de lentejuelas. Y eso en carnavales o en una carroza puede ser divertido, pero cuando es un fenómeno que se produce entre semana, sin la complicidad de la nocturnidad ni del alcohol, pues la verdad es que es un poco chocante. Y si bien podríais decir que debemos aceptar a todos como son, no entiendo por que hay gente que hace esas cosas cuando se va a otra ciudad y cuando están cerca de su barrio se comportan como personas “normales”. Porque resulta que este chico cuando esta por su barrio se comporta como si fuese un machorro, que por cierto nadie se lo cree, y cuando están lejos de ahí, es otra persona de otro sexo distinto y que no para de dar la nota.
Y por ultimo un grupo que no todos habrán conocido, por suerte, que son los narcisos en la cama. Son personas que se lo tienen tan creído que se comportan como un pescado seco en posición horizontal. Simplemente se conforman con echarse y dejar que los demás les hagan todo, pero sin ni siquiera colaborar. Hay que ir desde quitarles la ropa hasta cambiarles de postura. Lo más parecido a una muñeca hinchable que se me ocurre a mi. Lo curioso es que ellos y ellas se creen que son lo más en la cama, pero no es así, el merito lo tiene el que lo hace todo y no el que lo padece, porque al final parece más bien una violación que otra cosa, o que te están haciendo un favor.
Yo creo que debemos respetar a todos por igual, incluso a esas personas que no son capaces de ver que el mundo no gira alrededor de ellos, pero sin embargo, el respetar no significa que no podamos de vez en cuando pasar de ellos, no por marginarlos, sino simplemente porque a veces no nos aportan nada más que hacernos perder el tiempo, y como dicen por ahí, la vida son 2 días y la mitad la pasamos durmiendo.
En un mundo donde nos obligan a ser individualistas y a estar solos, ¿no llega un momento en el que no sabemos comportarnos en sociedad? ¿Cómo sabemos cuando hablamos demasiado de nosotros mismos?
Ser un poco ególatra nunca está mal, pero es que no solo se es en lo que a los temas de conversación se refiere, sino que hay personas que incluso con sus acciones se convierten en una peste para la sociedad.
Mi tía siempre dice que una forma de saber como es la gente es simplemente escuchándola. Bueno, por algo es psicoanalista, pero sí que tiene razón en un par de cosas. Es cierto que si nos ponemos a analizar como habla la gente, las frases que emplea o los modos que utiliza podemos saber más o menos de qué pie cojea. Por ejemplo las personas que hablan en primera persona del singular y que siempre tienen algo que contar, incluso cuando no tiene que ver con el tema o que no les concierne, suelen ser personas narcisistas.
Todos tenemos algún amigo o conocido que siempre es el centro de la atención. Me refiero a esa persona a la que siempre le ha pasado de todo. Cuentes lo que cuentes ella siempre tiene algo más fuerte que contar, o más divertido, o más grave, pero nunca puede quedarse callada ni quedar en peor postura que los demás. Aunque al final termine por vérsele el cobre. El caso es siempre ser el centro de la atención en cualquier discusión o conversación. A veces pienso que si se quedan calados mucho tiempo les va a explotar la cabeza, porque no pueden cerrar la boca ni bajo el agua. Y aunque lo cierto es que la mayoría de las veces tiene cosas que contar o de las que hablar, y suelen ser interesantes, a veces termina siendo un poco cargante que no se esté callado ni cuando estas contando tú tus cosas. Es el típico que cuando le cuentas el viaje de novios está contando alguna anécdota que si no la ha vivido él la ha tomado prestada, pero que al final no te deja acabar de hablar, y terminas siendo ignorado.
Luego los hay que ya son los fantasmas de la conversación. Por lo general quieren ser el centro de la atención, pero ya no con cosas verosímiles sino con mentiras que al principio ni ellos se creen. Pero lo malo que les pasa, es que si bien al principio nos divierten con sus fantasías, llega un momento en el que se ponen pesados con tanta ciencia ficción. Y al final ya se montan un mundo de fantasía tan sumamente grande que acaban creyendo que es la realidad. Los hay que van desde contar que se van los sábados de compras a Paris para lucir los modelitos que se compran allí cuando salen de marcha por el pueblo durante el fin de semana. Otros presumen de motos de agua, que llegan a tener tantas que casi dan ganas de hacer un grupo de moteros de agua. Pero claro puesto que todo eso es mentira, siempre encuentran la excusa para no poder cumplir con las expectativas.
Luego están los que quieren llamar la atención, o ser el centro de ella, pero no por lo que digan sino por lo que hacen. Y de esos todos conocemos a alguno que se pasa la tarde, la noche o cuando sea que tengas la desgracia de verle, haciendo el payaso o la loca. Por un lado el que hace el payaso puede llegar a ser divertido en ciertas ocasiones, incluso si estas un poco de bajón puede llegar a hacerte reír un rato. Lo malo es cuando te hacen sentir vergüenza ajena, ganas de huir de ahí, o simplemente hacen que te lo pienses varias veces antes de volver a quedar con ellos.
Conozco el caso de un chico con el que mis amigos no pueden salir a la calle, o bien lo hacen únicamente cuando van bebidos y por zonas donde no les conozca nadie. Porque resulta que ese chico del que se avergüenzan es muy muy femenino, y cuando digo eso me refiero a que es capaz de ir con traje de noche tacones y bolso de lentejuelas. Y eso en carnavales o en una carroza puede ser divertido, pero cuando es un fenómeno que se produce entre semana, sin la complicidad de la nocturnidad ni del alcohol, pues la verdad es que es un poco chocante. Y si bien podríais decir que debemos aceptar a todos como son, no entiendo por que hay gente que hace esas cosas cuando se va a otra ciudad y cuando están cerca de su barrio se comportan como personas “normales”. Porque resulta que este chico cuando esta por su barrio se comporta como si fuese un machorro, que por cierto nadie se lo cree, y cuando están lejos de ahí, es otra persona de otro sexo distinto y que no para de dar la nota.
Y por ultimo un grupo que no todos habrán conocido, por suerte, que son los narcisos en la cama. Son personas que se lo tienen tan creído que se comportan como un pescado seco en posición horizontal. Simplemente se conforman con echarse y dejar que los demás les hagan todo, pero sin ni siquiera colaborar. Hay que ir desde quitarles la ropa hasta cambiarles de postura. Lo más parecido a una muñeca hinchable que se me ocurre a mi. Lo curioso es que ellos y ellas se creen que son lo más en la cama, pero no es así, el merito lo tiene el que lo hace todo y no el que lo padece, porque al final parece más bien una violación que otra cosa, o que te están haciendo un favor.
Yo creo que debemos respetar a todos por igual, incluso a esas personas que no son capaces de ver que el mundo no gira alrededor de ellos, pero sin embargo, el respetar no significa que no podamos de vez en cuando pasar de ellos, no por marginarlos, sino simplemente porque a veces no nos aportan nada más que hacernos perder el tiempo, y como dicen por ahí, la vida son 2 días y la mitad la pasamos durmiendo.
El Abandono
Tal vez sea un poco tarde ya para hablar de este proceso, ya que la mayoría ya lo habrán llevado a cabo, pero espero que para los que aun no se hayan ido de vacaciones aun les sea útil. Porque eso de abandonar a los animales y a las personas es algo muy frecuente en las fechas estivales.
En la sociedad de la obsolescencia programada ¿hasta que punto no somos nosotros mismos obsoletos? ¿Por qué nos molestamos tanto en conseguir algo que vamos a dejar tirado en verano?
Lo cierto es que estas fechas son una época un poco nefasta tanto para los animales como para las relaciones. Porque en ambos casos se convierte en una carga.
Por un lado están los animales. Los perros, gatos, peces, ratones y etc. Porque algunos son menos pesados de llevar que otros. Si bien por ejemplo los peces y los ratones, y demás animales enjaulados o en peceras son más fáciles de dejarlos a alguien, otros no es un asunto tan simple. Siempre tenemos a alguna vecina que no se va de vacaciones y que esta dispuesta a darle de comer a los peces, regar las plantas o ver que el ratón no se haya ido de la jaula, si es que no les tiene miedo. Porque de todos modos de las plantas alguien tendrá que ocuparse.
Pero cuando son animales más grandes la cosa ya se plantea problemática. Porque si bien un gato siempre puedes dejarlo con alguien de la familia, ya que como sabemos son animales que no son muy apegados, al menos en apariencia a los miembros de la familia, no se quejan tanto. También si alguien tiene que venir a regar las plantas puede de paso darle de comer al gato y limpiar la gatera. Pero no siempre es el caso, porque se plantea el a quién dejarle las llaves de casa.
Cuando de un perro se trata las soluciones son aun más reducidas, porque son animales que sufren mucho cuando se les deja. Solo hay que ver la cara que ponen cuando salimos de casa sin ellos, para encima saber que les vamos a dejar durante por lo menos una semana. Eso si que es una tortura. Porque en invierno el perrito está muy bien, peor no te lo puedes llevar a la playa. En la mayoría de hoteles de España no te dejan entrar con animales, lo cual sigue pareciéndome una barbaridad, porque si te dejan ir con niños pero con tu perro no, que a veces es más que un hijo tuyo.
Entonces llegados a este punto, muchas personas deciden que total, así como tiraron el viejo bañador en el que ya no entran, o que ya no recuerdan que pasó con el árbol de navidad, que es otro deshecho de la sociedad capitalista. Y al final deciden pasar de ellos como en el triste anuncio en el que abandonan a la abuela en la gasolinera. Lo cual puede parecer muy gracioso, pero es que en realidad eso es una muestra de lo retorcidas que son algunas personas.
Si eres capaz de abandonar a la suegra, que a veces se lo merece, en una gasolinera en verano, pues un perro es cosa fácil. Y de ahí que se hagan tantas campañas en contra del abandono de los animales, porque en el fondo es una cosa de salvajes. El animal no tiene la culpa de que no sepamos asumir las responsabilidades que tenerle conlleva. Es lo mismo que si nos deshiciéramos de los niños cuando son molestos. Por mucho que queramos eso no se hace.
Y si bien los perros son los que más abandonos sufren en estas fechas, hay otro sector que lo pasa muy mal: los novios.
Por alguna razón que entiendo pero que no termino de aceptar, en esta época y en septiembre es cuando más parejas se rompen. Y una de las razones es como con los animales, porque no nos podemos llevar a nuestra novia o a nuestro novio con nosotros de vacaciones, así que en vez de dejar que otra persona se ocupe de él o ella, lo mejor es abandonarle. Obviamente ese no es el caso.
La principal razón por la que la gente corta en verano siempre es por miedo a los cuernos. Es decir que prefieren cortar, para tener libertad para poder liarse con quien les de la gana en la playa, y así no tener el cargo de conciencia que suponen los cuernos y luego en septiembre todo el mundo vuelve a casa con su oveja. Conozco un montón de gente que hace eso en junio. Los chicos y las chicas llegan al acuerdo de que el verano es temporada franca y que es como unas vacaciones de todo, lo dejan, se lían con todo lo que pillan, y después vuelven a casa con su pareja.
Porque claro, como me dicen mis amigos, en verano olvídate de conseguir pareja, como mucho consigues un rollo de verano, que cuando pase el calor se acabará con él. Pero por lo demás la gente lo único que quiere es liarse a diestro y siniestro con cuantas más personas pueda. Y claro, si tienes pareja es un incordio, y si no la tienes no la vas a encontrar. Por eso la gente prefiere no preocuparse de esas cosas, y como las abejas lo hacen en las flores, ellos lo hacen en las personas.
Por lo visto en esta época, así como la ropa nos molesta y queremos estar con las menos prendas posibles, lo cual si eres nudista o naturista no deja mucho a la imaginación, no queremos ningún tipo de atadura ni nada que nos comprometa a nada. Y la única forma que tiene mucha gente de llevarlo, es deshaciéndose de todo ello. Es decir, se quitan de encima las responsabilidades, los niños, los animales, las parejas, el trabajo, el estrés. Y si bien de algunas está bien visto liberarse, de otras ya no es que este mal visto, es que no se debe. Porque tenemos responsabilidades de las que no nos podemos desprender como si nada.
Es verano, es tiempo de divertirse y de pasarlo bien, pero eso no es una excusa para abandonar a los seres que nos quieren en una gasolinera o al borde de la carretera. Porque el universo siempre nos devuelve lo que hemos hecho y algún día nos tocara el turno de ser abandonados y eso jode.
En la sociedad de la obsolescencia programada ¿hasta que punto no somos nosotros mismos obsoletos? ¿Por qué nos molestamos tanto en conseguir algo que vamos a dejar tirado en verano?
Lo cierto es que estas fechas son una época un poco nefasta tanto para los animales como para las relaciones. Porque en ambos casos se convierte en una carga.
Por un lado están los animales. Los perros, gatos, peces, ratones y etc. Porque algunos son menos pesados de llevar que otros. Si bien por ejemplo los peces y los ratones, y demás animales enjaulados o en peceras son más fáciles de dejarlos a alguien, otros no es un asunto tan simple. Siempre tenemos a alguna vecina que no se va de vacaciones y que esta dispuesta a darle de comer a los peces, regar las plantas o ver que el ratón no se haya ido de la jaula, si es que no les tiene miedo. Porque de todos modos de las plantas alguien tendrá que ocuparse.
Pero cuando son animales más grandes la cosa ya se plantea problemática. Porque si bien un gato siempre puedes dejarlo con alguien de la familia, ya que como sabemos son animales que no son muy apegados, al menos en apariencia a los miembros de la familia, no se quejan tanto. También si alguien tiene que venir a regar las plantas puede de paso darle de comer al gato y limpiar la gatera. Pero no siempre es el caso, porque se plantea el a quién dejarle las llaves de casa.
Cuando de un perro se trata las soluciones son aun más reducidas, porque son animales que sufren mucho cuando se les deja. Solo hay que ver la cara que ponen cuando salimos de casa sin ellos, para encima saber que les vamos a dejar durante por lo menos una semana. Eso si que es una tortura. Porque en invierno el perrito está muy bien, peor no te lo puedes llevar a la playa. En la mayoría de hoteles de España no te dejan entrar con animales, lo cual sigue pareciéndome una barbaridad, porque si te dejan ir con niños pero con tu perro no, que a veces es más que un hijo tuyo.
Entonces llegados a este punto, muchas personas deciden que total, así como tiraron el viejo bañador en el que ya no entran, o que ya no recuerdan que pasó con el árbol de navidad, que es otro deshecho de la sociedad capitalista. Y al final deciden pasar de ellos como en el triste anuncio en el que abandonan a la abuela en la gasolinera. Lo cual puede parecer muy gracioso, pero es que en realidad eso es una muestra de lo retorcidas que son algunas personas.
Si eres capaz de abandonar a la suegra, que a veces se lo merece, en una gasolinera en verano, pues un perro es cosa fácil. Y de ahí que se hagan tantas campañas en contra del abandono de los animales, porque en el fondo es una cosa de salvajes. El animal no tiene la culpa de que no sepamos asumir las responsabilidades que tenerle conlleva. Es lo mismo que si nos deshiciéramos de los niños cuando son molestos. Por mucho que queramos eso no se hace.
Y si bien los perros son los que más abandonos sufren en estas fechas, hay otro sector que lo pasa muy mal: los novios.
Por alguna razón que entiendo pero que no termino de aceptar, en esta época y en septiembre es cuando más parejas se rompen. Y una de las razones es como con los animales, porque no nos podemos llevar a nuestra novia o a nuestro novio con nosotros de vacaciones, así que en vez de dejar que otra persona se ocupe de él o ella, lo mejor es abandonarle. Obviamente ese no es el caso.
La principal razón por la que la gente corta en verano siempre es por miedo a los cuernos. Es decir que prefieren cortar, para tener libertad para poder liarse con quien les de la gana en la playa, y así no tener el cargo de conciencia que suponen los cuernos y luego en septiembre todo el mundo vuelve a casa con su oveja. Conozco un montón de gente que hace eso en junio. Los chicos y las chicas llegan al acuerdo de que el verano es temporada franca y que es como unas vacaciones de todo, lo dejan, se lían con todo lo que pillan, y después vuelven a casa con su pareja.
Porque claro, como me dicen mis amigos, en verano olvídate de conseguir pareja, como mucho consigues un rollo de verano, que cuando pase el calor se acabará con él. Pero por lo demás la gente lo único que quiere es liarse a diestro y siniestro con cuantas más personas pueda. Y claro, si tienes pareja es un incordio, y si no la tienes no la vas a encontrar. Por eso la gente prefiere no preocuparse de esas cosas, y como las abejas lo hacen en las flores, ellos lo hacen en las personas.
Por lo visto en esta época, así como la ropa nos molesta y queremos estar con las menos prendas posibles, lo cual si eres nudista o naturista no deja mucho a la imaginación, no queremos ningún tipo de atadura ni nada que nos comprometa a nada. Y la única forma que tiene mucha gente de llevarlo, es deshaciéndose de todo ello. Es decir, se quitan de encima las responsabilidades, los niños, los animales, las parejas, el trabajo, el estrés. Y si bien de algunas está bien visto liberarse, de otras ya no es que este mal visto, es que no se debe. Porque tenemos responsabilidades de las que no nos podemos desprender como si nada.
Es verano, es tiempo de divertirse y de pasarlo bien, pero eso no es una excusa para abandonar a los seres que nos quieren en una gasolinera o al borde de la carretera. Porque el universo siempre nos devuelve lo que hemos hecho y algún día nos tocara el turno de ser abandonados y eso jode.
El Verano, El Calor, Y EL Sexo
Siento la decepción para aquellas pocas personas que me leen siempre, pero hoy no estoy capacitado para poder publicar nada, el lunes vuelvo como siempre. Besos y Feliz Fin de Semana
La Soltería. Parte 4: Conclusiones.
Después de teneros un mes con este tema, es hora de zanjarlo. Y que mejor forma de hacerlo que sacando las conclusiones a las que se puede llegar después de unas semanas de reflexiones sobre el tema. Porque como todo en esta vida, nada es eterno, y ha de tener un final. Lo cual no significa que sea un estado civil que pueda llegar a durar una eternidad.
Después de tanto tiempo conociendo los estados en los que un individuo puede estar, ¿Cuál es el mejor? ¿En cual estamos más a gusto? ¿Hay gente que no puede vivir en pareja? ¿Y por el contrario también hay otros que no pueden vivir solos?
Al final, después de muchas deliberaciones, esto es una cuestión personal de cada uno. Y cada persona siendo un mundo, debemos tenerlo en cuenta a la hora de hacer juicios sobre los demás. Sin embargo si que se puede hacer una clasificación básica en tres grupos de personas. Por alguna razón siempre es el número tres el que sale. Siempre las clasificaciones son del rango de 3 grupos.
El primero es el que todos conocemos por habernos topado con alguno de sus miembros en nuestra carrera, y por lo general son aquellos con los que más hemos sufrido. Son aquellas personas que, por mucho que lo intenten, son totalmente incompatibles con la vida en pareja. Por lo general suelen ser personas maduras, tanto de personalidad como en edad, que ya han vivido lo suyo, y que tienen una vida bien montada. Y ahí es donde empiezan las complicaciones. Porque resulta que en algún momento de su vida, más o menos reciente, alguien les ha destrozado el corazón, y como reacción a ese dolor y a esa pérdida, han decidido no volver a pasar por el aro nunca más.
Para ello se montan unas corazas que ni las embajadas americanas las tienen. Sus corazones están fríos como lo que encontréis en la Antártida. Y sin embargo son personas con buenos sentimientos, muy agradables para estar con ellas, y que por lo general tienen unos amigos que dicen maravillas de ellos. Porque claro, para amistad son personas ideales, pero si intentas llegarles al corazón solo encontrarás hielo y metal.
Y por si esto fuera poco, se han organizado una vida en la que no hay un segundo libre para el amor. Su tiempo esta todo ocupado por sus trabajos, sus aficiones y sus amigos. Y el poco tiempo libre que puedan llegar a tener lo utilizan para la introspección y el culto al ego, que se ve que ha sido muy dañado durante esa ruptura que tanto les ha marcado. De ahí que sean personas que se cuidan mucho el físico, son muy atractivas, e interesantes ya que están todo el tiempo en actividad. Pero eso es una excusa para no poder dedicarle tiempo a su maltrecho corazón, y llega un día que están tan metidos en sus rutinas que son imposibles de compaginar con una relación de pareja.
Son personas que por mucho que no lo quieran admitir han llegado a un estado en el que no pueden compartir sus vidas con nadie que no sea exactamente igual que ellos. Ellos son felices siendo solteros porque no quieren ningún compromiso que les haga sacrificar su tiempo. Son lo que yo llamo los solteros de oro, más que nada porque siempre lo serán, y son mucho más felices siendo así.
En el lado opuesto están las personas con complejo de mellizo, como digo yo, que son aquellas para las que la vida no se concibe si no están compartiéndolo todo con alguien. Para ellos el sentido de la existencia es el de poder complementarse con otra persona, y solo son felices cuando están con pareja. Si bien a los del grupo anterior cuando la situación que no les gusta les agobia siempre pueden huir de ella, cortando con la persona, a los de este grupo les agobia estar solos, pero la solución no es tan fácil como cortar con alguien sino más bien al contrario. Y a veces terminan por unirse con personas que no les conviene por el simple hecho de no estar solos. Ya que para ellos, la peor tortura del mundo es no poder estar con alguien. Conciben la vida de una manera dual, para ellos el individuo como unidad no existe. Lo cual no significa que no puedan ser personas independientes, sino que simplemente les gusta estar con alguien. Son los que peor lo pasan siendo solteros. Pero en el fondo son unos optimistas de la vida, y siempre encuentran fuerzas para superarlo y encontrar a alguien con quien ser felices. Ya que siempre tienen la esperanza de hacerlo. Son todos aquellos que suspiran con las películas de Disney o las de Julia Roberts, y que creen que el amor siempre gana y que es lo más fuerte que hay.
Y por último esta el grupo intermedio, que es el de las personas que saben amoldarse a cada situación. Lo cual siempre es lo idóneo ya que pueden adaptarse a estar con alguien o a estar solos. Por lo general cuando están con alguien lo pasan bien y cuando están solteros saben aprovechar las ventajas que eso conlleva. Por lo general viven bien cualquier situación, pero tiene sus riesgos, porque si bien, los del grupo uno no cambian para bien, por muchas relaciones que se les pongan delante, y los del segundo grupo son tan fuertes que se les puede romper el corazón miles de veces que siempre querrán encontrar a su media naranja, los ambivalentes, como digo yo, son susceptibles de equivocarse de persona y tener una mala ruptura al encontrarse con los del grupo uno y salen destrozados, y con muchas papeletas para convertirse en solteros de oro, ya que reniegan volver a amar otra vez y que les hagan daño de nuevo. Son lo mejores pero los más vulnerables. Y los que antes pueden pasarse al lado oscuro del amor.
A fin de cuentas en esto estamos todos en el mismo carro. Algunos van en primera, y otros van en económica, pero al final todos llegamos al mismo sitio, con más o menos dolores e incomodidades. Porque el destino siempre es el mismo, para todos, y como queramos llegar ahí es elección de cada uno, lo que encontremos en el camino lo podemos aprovechar o no, pero hagamos lo que hagamos, el fin es siempre el mismo. Al final se acaba la temporada, la serie no es renovada, y hay que despedirse de la audiencia.
Después de tanto tiempo conociendo los estados en los que un individuo puede estar, ¿Cuál es el mejor? ¿En cual estamos más a gusto? ¿Hay gente que no puede vivir en pareja? ¿Y por el contrario también hay otros que no pueden vivir solos?
Al final, después de muchas deliberaciones, esto es una cuestión personal de cada uno. Y cada persona siendo un mundo, debemos tenerlo en cuenta a la hora de hacer juicios sobre los demás. Sin embargo si que se puede hacer una clasificación básica en tres grupos de personas. Por alguna razón siempre es el número tres el que sale. Siempre las clasificaciones son del rango de 3 grupos.
El primero es el que todos conocemos por habernos topado con alguno de sus miembros en nuestra carrera, y por lo general son aquellos con los que más hemos sufrido. Son aquellas personas que, por mucho que lo intenten, son totalmente incompatibles con la vida en pareja. Por lo general suelen ser personas maduras, tanto de personalidad como en edad, que ya han vivido lo suyo, y que tienen una vida bien montada. Y ahí es donde empiezan las complicaciones. Porque resulta que en algún momento de su vida, más o menos reciente, alguien les ha destrozado el corazón, y como reacción a ese dolor y a esa pérdida, han decidido no volver a pasar por el aro nunca más.
Para ello se montan unas corazas que ni las embajadas americanas las tienen. Sus corazones están fríos como lo que encontréis en la Antártida. Y sin embargo son personas con buenos sentimientos, muy agradables para estar con ellas, y que por lo general tienen unos amigos que dicen maravillas de ellos. Porque claro, para amistad son personas ideales, pero si intentas llegarles al corazón solo encontrarás hielo y metal.
Y por si esto fuera poco, se han organizado una vida en la que no hay un segundo libre para el amor. Su tiempo esta todo ocupado por sus trabajos, sus aficiones y sus amigos. Y el poco tiempo libre que puedan llegar a tener lo utilizan para la introspección y el culto al ego, que se ve que ha sido muy dañado durante esa ruptura que tanto les ha marcado. De ahí que sean personas que se cuidan mucho el físico, son muy atractivas, e interesantes ya que están todo el tiempo en actividad. Pero eso es una excusa para no poder dedicarle tiempo a su maltrecho corazón, y llega un día que están tan metidos en sus rutinas que son imposibles de compaginar con una relación de pareja.
Son personas que por mucho que no lo quieran admitir han llegado a un estado en el que no pueden compartir sus vidas con nadie que no sea exactamente igual que ellos. Ellos son felices siendo solteros porque no quieren ningún compromiso que les haga sacrificar su tiempo. Son lo que yo llamo los solteros de oro, más que nada porque siempre lo serán, y son mucho más felices siendo así.
En el lado opuesto están las personas con complejo de mellizo, como digo yo, que son aquellas para las que la vida no se concibe si no están compartiéndolo todo con alguien. Para ellos el sentido de la existencia es el de poder complementarse con otra persona, y solo son felices cuando están con pareja. Si bien a los del grupo anterior cuando la situación que no les gusta les agobia siempre pueden huir de ella, cortando con la persona, a los de este grupo les agobia estar solos, pero la solución no es tan fácil como cortar con alguien sino más bien al contrario. Y a veces terminan por unirse con personas que no les conviene por el simple hecho de no estar solos. Ya que para ellos, la peor tortura del mundo es no poder estar con alguien. Conciben la vida de una manera dual, para ellos el individuo como unidad no existe. Lo cual no significa que no puedan ser personas independientes, sino que simplemente les gusta estar con alguien. Son los que peor lo pasan siendo solteros. Pero en el fondo son unos optimistas de la vida, y siempre encuentran fuerzas para superarlo y encontrar a alguien con quien ser felices. Ya que siempre tienen la esperanza de hacerlo. Son todos aquellos que suspiran con las películas de Disney o las de Julia Roberts, y que creen que el amor siempre gana y que es lo más fuerte que hay.
Y por último esta el grupo intermedio, que es el de las personas que saben amoldarse a cada situación. Lo cual siempre es lo idóneo ya que pueden adaptarse a estar con alguien o a estar solos. Por lo general cuando están con alguien lo pasan bien y cuando están solteros saben aprovechar las ventajas que eso conlleva. Por lo general viven bien cualquier situación, pero tiene sus riesgos, porque si bien, los del grupo uno no cambian para bien, por muchas relaciones que se les pongan delante, y los del segundo grupo son tan fuertes que se les puede romper el corazón miles de veces que siempre querrán encontrar a su media naranja, los ambivalentes, como digo yo, son susceptibles de equivocarse de persona y tener una mala ruptura al encontrarse con los del grupo uno y salen destrozados, y con muchas papeletas para convertirse en solteros de oro, ya que reniegan volver a amar otra vez y que les hagan daño de nuevo. Son lo mejores pero los más vulnerables. Y los que antes pueden pasarse al lado oscuro del amor.
A fin de cuentas en esto estamos todos en el mismo carro. Algunos van en primera, y otros van en económica, pero al final todos llegamos al mismo sitio, con más o menos dolores e incomodidades. Porque el destino siempre es el mismo, para todos, y como queramos llegar ahí es elección de cada uno, lo que encontremos en el camino lo podemos aprovechar o no, pero hagamos lo que hagamos, el fin es siempre el mismo. Al final se acaba la temporada, la serie no es renovada, y hay que despedirse de la audiencia.
Historias De Bolsos
Si algo bueno tiene eso de la liberación sexual de la mujer y del paso de sus complementos al hombre gracias al movimiento metrosexual, es que ahora podemos disfrutar de un montón de nuevos accesorios, prácticos, que antes no podíamos usar. Uno de ellos es el bolso. Aunque no esté tan extendido como las gomas para el pelo, la verdad es que cada vez más hombres han pasado del maletín ejecutivo a algo más utilitario y menos rígido.
Los secretos de las mujeres cada día lo son menos, y muchas de las preguntas que antes nos hacíamos o que resultaban ser un misterio para nosotros ya no lo son. Ahora podemos desvelar otro mito femenino, ¿Qué llevan las mujeres en sus bolsos? Y hoy en día ¿qué llevan los hombres en ellos?
Lo cierto es que si nos ponemos a pensar todo lo que la gente puede llegar a llevar ahí dentro, es impresionante. Y es muy relevante de los gustos de cada uno, eso también. Puedes llegar a conocer la personalidad de un individuo al examinar el contenido de su bolso o de su mochila.
Yo lo veo con mis tías, y la verdad es que es muy divertido. En una ocasión tuvimos que sacar y repartir todo lo que había en los bolsos de una de ellas. La verdad es que no sabia que una sola persona pudiese tener tantos que habría conseguido abastecer una pequeña tienda especializada en esos complementos. El caso es que había de todos los colores, tamaños y modelos, sin contar los distintos materiales de los que se pueden hacer, de cuero, de plástico, de piel, de tela, etc.
Luego lo realmente divertido fue ver lo que había dentro. Porque eso sí que era una tienda del todo hogar en miniatura. Lo cual demostraba que mi tía era una mujer con recursos y muy precavida, ya que llevaba de todo en su bolso “por si acaso”. Lo cual me ha dado muchas ideas para llevar en el mío, cosas que pensaba que no servirían de nada, pero que obviamente proviniendo de una persona tan práctica no son más que pequeños consejos póstumos. Por ejemplo, lo de llevar siempre pañuelos por si una emergencia o por si hay que llorar, caramelos para no pasar hambre, chicles por si sale un beso de esos inesperados. Luego un montón de papeles que a veces no sabemos ni por que los guardamos y que en realidad son solo basura publicitaria. Y una cosa que no había pensado nunca y sin embargo que es de vital importancia para aquellas personas que llevamos el pelo largo, un peine o un cepillo y varias gomas o pinzas para sujetarse el pelo. Porque basta con que un día haya mucho viento o pierdas la goma que tenias y entonces pasas un mal rato sin saber que hacer con esa melena salvaje. Es todo cuestión de ser previsor/a.
Pero creo que de todos los casos raros que he visto, el que más me ha sorprendido es el de otra tía, que por su parte lleva un aerosol de esos que se usan en los aseos para quitar el mal olor. Según ella es porque de esa forma si entra a alguno que no huela muy allá, siempre puede intentar hacer que la “estancia”, por muy breve que sea, se haga más soportable. También es una cuestión de práctica, porque realmente no puedo quitarle la razón de ninguna manera. Es cierto que a veces desearíamos tener un chisme de esos para cuando vamos a los aseos públicos, eso o una vejiga de repuesto para poder aguantar y no tener que acudir a esos antros.
Luego hay gente que lleva objetos que en ciertas ocasiones pueden servir como armas de autodefensa. Desde el spray ese hasta cosas más contundentes como puede ser una mini porra, o una cosa de esas electrificadas como la que tenia Catwoman en Batman. Recuerdo que en una ocasión llevaba en la mochilla con la que iba a la playa un abrecartas por si acaso. El caso es que ya no era por usarlo, sino que el simple recuerdo de que estaba ahí me hacia sentirme seguro. Lo cual nos vino muy bien a un amigo y a mí una vez que nos persiguió un sátiro en plan acoso. El caso es que adonde fuésemos él y yo siempre aparecía el tío ese chungo, y nos sonreía. Y claro, al cabo de unas veces así mi amigo empezó a ponerse histérico, ya que decía que ahí nos mataban. Peor bueno, el caso es que cuando le comenté que en todo caso el que saldría mal parado era ese tío si se atrevía a hacernos algo ya se calmo un poco, y al final no pasó nada de nada, pero digamos que a veces llevar algo que da seguridad en el bolso es lo que necesitamos. Y con eso no quiero hacer apología al uso de armas.
Luego mirando en los bolsos de mis amigos, cuando se dejan, es curioso lo que llevan. Por supuesto no es lo mismo que lo que encontrarías en uno de mujer, ya que no tenemos los mismos “problemas” liados con el género. Pero es por lo menos curioso. Si bien ellos no llevan tampones ni compresas, si que llevan algunos productos de belleza como botes de crema hidratante, en pequeño formato se sobreentiende, o bien algunos de maquillaje. Lo que nunca debe faltar en un bolso son los condones, porque nunca se sabe cuando vas a necesitarlos, el mechero, por si alguien interesante te pide fuego (aunque si es fumador pierde muchos puntos), los pañuelos, por supuesto, y un boli y papel, por si tienes que apuntarte algo importante que no debes olvidar (un número de teléfono, una dirección, o una cita). Algunos llevan repuestos para todo, para las gafas, el cargador del móvil, la crema para el sol o incluso galletas. Si bien podríamos considerar que el bolso en alguna ocasión nos puede salvar la vida está bien que lleve provisiones dentro como lo hacen los militares.
A fin de cuentas, un bolso puede considerarse como la extensión de lo que pensamos que debemos tener siempre con nosotros, es decir que es la imagen de lo que consideramos importante en nuestra vida. Es el reflejo de nuestra personalidad, de ahí que tengamos cierto reparo a dejar que la gente vea lo que llevamos dentro, porque es una invasión de nuestra intimidad. Por eso siempre es un misterio lo que llevamos dentro del bolso.
Los secretos de las mujeres cada día lo son menos, y muchas de las preguntas que antes nos hacíamos o que resultaban ser un misterio para nosotros ya no lo son. Ahora podemos desvelar otro mito femenino, ¿Qué llevan las mujeres en sus bolsos? Y hoy en día ¿qué llevan los hombres en ellos?
Lo cierto es que si nos ponemos a pensar todo lo que la gente puede llegar a llevar ahí dentro, es impresionante. Y es muy relevante de los gustos de cada uno, eso también. Puedes llegar a conocer la personalidad de un individuo al examinar el contenido de su bolso o de su mochila.
Yo lo veo con mis tías, y la verdad es que es muy divertido. En una ocasión tuvimos que sacar y repartir todo lo que había en los bolsos de una de ellas. La verdad es que no sabia que una sola persona pudiese tener tantos que habría conseguido abastecer una pequeña tienda especializada en esos complementos. El caso es que había de todos los colores, tamaños y modelos, sin contar los distintos materiales de los que se pueden hacer, de cuero, de plástico, de piel, de tela, etc.
Luego lo realmente divertido fue ver lo que había dentro. Porque eso sí que era una tienda del todo hogar en miniatura. Lo cual demostraba que mi tía era una mujer con recursos y muy precavida, ya que llevaba de todo en su bolso “por si acaso”. Lo cual me ha dado muchas ideas para llevar en el mío, cosas que pensaba que no servirían de nada, pero que obviamente proviniendo de una persona tan práctica no son más que pequeños consejos póstumos. Por ejemplo, lo de llevar siempre pañuelos por si una emergencia o por si hay que llorar, caramelos para no pasar hambre, chicles por si sale un beso de esos inesperados. Luego un montón de papeles que a veces no sabemos ni por que los guardamos y que en realidad son solo basura publicitaria. Y una cosa que no había pensado nunca y sin embargo que es de vital importancia para aquellas personas que llevamos el pelo largo, un peine o un cepillo y varias gomas o pinzas para sujetarse el pelo. Porque basta con que un día haya mucho viento o pierdas la goma que tenias y entonces pasas un mal rato sin saber que hacer con esa melena salvaje. Es todo cuestión de ser previsor/a.
Pero creo que de todos los casos raros que he visto, el que más me ha sorprendido es el de otra tía, que por su parte lleva un aerosol de esos que se usan en los aseos para quitar el mal olor. Según ella es porque de esa forma si entra a alguno que no huela muy allá, siempre puede intentar hacer que la “estancia”, por muy breve que sea, se haga más soportable. También es una cuestión de práctica, porque realmente no puedo quitarle la razón de ninguna manera. Es cierto que a veces desearíamos tener un chisme de esos para cuando vamos a los aseos públicos, eso o una vejiga de repuesto para poder aguantar y no tener que acudir a esos antros.
Luego hay gente que lleva objetos que en ciertas ocasiones pueden servir como armas de autodefensa. Desde el spray ese hasta cosas más contundentes como puede ser una mini porra, o una cosa de esas electrificadas como la que tenia Catwoman en Batman. Recuerdo que en una ocasión llevaba en la mochilla con la que iba a la playa un abrecartas por si acaso. El caso es que ya no era por usarlo, sino que el simple recuerdo de que estaba ahí me hacia sentirme seguro. Lo cual nos vino muy bien a un amigo y a mí una vez que nos persiguió un sátiro en plan acoso. El caso es que adonde fuésemos él y yo siempre aparecía el tío ese chungo, y nos sonreía. Y claro, al cabo de unas veces así mi amigo empezó a ponerse histérico, ya que decía que ahí nos mataban. Peor bueno, el caso es que cuando le comenté que en todo caso el que saldría mal parado era ese tío si se atrevía a hacernos algo ya se calmo un poco, y al final no pasó nada de nada, pero digamos que a veces llevar algo que da seguridad en el bolso es lo que necesitamos. Y con eso no quiero hacer apología al uso de armas.
Luego mirando en los bolsos de mis amigos, cuando se dejan, es curioso lo que llevan. Por supuesto no es lo mismo que lo que encontrarías en uno de mujer, ya que no tenemos los mismos “problemas” liados con el género. Pero es por lo menos curioso. Si bien ellos no llevan tampones ni compresas, si que llevan algunos productos de belleza como botes de crema hidratante, en pequeño formato se sobreentiende, o bien algunos de maquillaje. Lo que nunca debe faltar en un bolso son los condones, porque nunca se sabe cuando vas a necesitarlos, el mechero, por si alguien interesante te pide fuego (aunque si es fumador pierde muchos puntos), los pañuelos, por supuesto, y un boli y papel, por si tienes que apuntarte algo importante que no debes olvidar (un número de teléfono, una dirección, o una cita). Algunos llevan repuestos para todo, para las gafas, el cargador del móvil, la crema para el sol o incluso galletas. Si bien podríamos considerar que el bolso en alguna ocasión nos puede salvar la vida está bien que lleve provisiones dentro como lo hacen los militares.
A fin de cuentas, un bolso puede considerarse como la extensión de lo que pensamos que debemos tener siempre con nosotros, es decir que es la imagen de lo que consideramos importante en nuestra vida. Es el reflejo de nuestra personalidad, de ahí que tengamos cierto reparo a dejar que la gente vea lo que llevamos dentro, porque es una invasión de nuestra intimidad. Por eso siempre es un misterio lo que llevamos dentro del bolso.
Cuando Callarse Es Lo Mejor
Hay un dicho en francés que dice que antes de hablar debemos darle 7 vueltas a la lengua dentro de la boca. Lo cual significa simplemente que antes de hablar deberíamos pensar las cosas. Es cierto que yo siempre digo que hay que decir lo que sentimos y ser sinceros, pero hay veces en las que es norma no hacerlo, que es mejor callar antes que meter la pata y hacerle daño a los demás.
En un mundo donde cuidamos la imagen que damos a los demás hasta el punto de fingir estatutos que ni siquiera somos capaces de soportar, ¿Por qué no cuidamos un poco más lo que sale por nuestra boca? ¿Hemos olvidado el arte de la palabra?
Hay personas que no saben calibrar las situaciones ni lo que puede llegar a significar lo que van a decir y simplemente lo sueltan sin más, sin preocuparse por el efecto que eso pueda llegar a tener en los demás. De ahí que a veces valga la pena en ciertas situaciones pensar un poco en lo que vas a decir y tal vez morderte la lengua antes de hacerlo no vaya a ser que al final metas la pata.
Dicen que las palabras se las lleva el viento, pero cuando no es así, que no hay viento sino calma aplastante, las palabras hacen daño. También dicen que la pluma es más fuerte que la espada, y eso es cierto porque hay personas que tienen el don de hacernos mucho daño con lo que dicen cuando a veces no tenían esa intención. Todo por no callarse unos segundos y pensar en que a lo mejor eso que van a decir esta fuera de contexto o puede ser malinterpretado.
Esto suele pasar siempre con temas dolorosos para la persona. Lo último que se me ocurre suele ser con casos de defunciones, en los que las personas están aun sensibles y van algunos a meter caña cuando deberían callarse. Algunas veces se producen casos que llegan hasta a ser divertidos de relatar. Como es cuando se esta en un funeral y se comenta que se esta muerto de hambre o que hace un calor o frío que te morirías. Esas son frases desafortunadas, pero que en el fondo no hacen mucho más daño que el de recordar que un ser querido ya no está.
Conozco varios casos en los que, en pleno entierro, con el cuerpo aun caliente, o bien cuando se esparcen las cenizas, el viudo suele hacer comentarios fuera de lugar. Por ejemplo comentar que se siente solo y que a ver si consigue a alguien nuevo, que ha conocido a una mujer genial que le gusta mucho o cosas así. Eso a los hijos de la difunta suele sentar fatal. Lo mismo que cuando ya pasado un tiempo la persona les comenta que va a buscarse a otra. Porque si bien, cuando es el padre el que quiere buscar sustituta a la madre, no sienta muy bien, pero se ha de aceptar, cuando no es el padre es aun peor.
Y digo yo, es cierto que es una gran pérdida, que todos debemos seguir adelante, porque la vida sigue y en el fondo aquella persona que ha fallecido no querría, en casi ningún caso, vernos solos y tristes, sino que siguiésemos siendo felices con nuestra vida, y todo eso. Pero una cosa es que eso lo pensemos y otra que lo digamos, y también está la forma de decirlo. Que casi siempre viene a ser mala y termina haciéndose daño a los demás al decirles que “voy a buscarle un reemplazo a tu madre”. Como si fuese un jarrón o un coche. Nadie merece estar solo, y perder a alguien es muy duro, pero no hace falta decir esas cosas. A veces más vale callar lo pensado que decirlo.
Y es que no solo con los sentimientos de pérdida es con los que hay que tener cuidado. A veces simplemente hay cosas que no hace falta que las digan porque ya las sabemos. Por ejemplo siempre esta el caso de la persona que tiene complejos con su figura, que no consigue perder esos kilos de más, que lo ha probado todo, pero que por razones tal vez de metabolismo, no consigue hacerlo. Y por mucho que se esfuerzan no han encontrado la forma de superarlo, o al menos de aceptarse como son, y es cuando va algún graciosillo y les suelta “estas más gordo/a ¿verdad?”. Esas cosas suelen ser terribles para la autoestima, y si bien puede que la otra persona lo haga por parecer graciosa, o bien simplemente porque es de aquellas que siempre dicen la verdad incluso cuando deberían morderse la lengua y envenenarse con su propio veneno. Decir la verdad está bien, pero hay que saber cuando y como. Y decirle a una persona con sobrepeso que está gorda es la peor manera de hacerlo, porque lo más probable es que ya lo sepa, y que si está así no es por voluntad propia.
Lo mismo sucede con los traumas relacionados con los estudios o el trabajo. Recuerdo que después de haber fallado varias veces en el examen del coche, la gente, de broma, me decía que qué mal debía de conducir para ser tan nulo que me suspendiesen tantas veces. Y lo cierto es que eso duele, por muy cierto o no que fuese. No hace falta que te recuerden que te has equivocado. Por lo general no necesitamos que nos recuerden las cosas en las que hemos fallado estrepitosamente. También suelen decir que eres un vago porque no encuentras trabajo, pero claro esas personas no consideran que la prostitución sea un mal empleo entonces claro, para ellos si no trabajas es porque no quieres, que siempre puedes estar chupando pollas por dinero. Ya somos lo bastante grandecitos como para saber que hemos cometido un error, y que debemos pagar las consecuencias, y encima van los demás a machacarnos todavía con más saña.
Y es que hay personas que son profesionales en eso de sacar a la luz los defectos de las personas y regocijarse en ellos. Parece ser que viven del pecado de los otros, para no ver los suyos propios, y han elaborado un vocabulario específico con campos lexicales que es hacen aun más hirientes de lo ya posible. Porque esas palabras que salen de sus bocas son como cuchillos afilados, esas personas conocen su poder destructor y saben como optimizarlo al máximo, cuando es que hacen más daño y con quien. Y son peores que aquellos que hacen daño con sus comentarios de forma inocente, porque ellos lo hacen con alevosía.
Para las personas que son malas de por si y a las que les gusta hacer daño con sus palabras envenenadas y sus lenguas bífidas no puedo decir nada, simplemente que las evitéis al máximo. Sin embargo a los otros les diré que antes de abrir la boca, que piensen en lo que van a decir, porque a veces es mejor callar que decir algo fuera de contexto.
En un mundo donde cuidamos la imagen que damos a los demás hasta el punto de fingir estatutos que ni siquiera somos capaces de soportar, ¿Por qué no cuidamos un poco más lo que sale por nuestra boca? ¿Hemos olvidado el arte de la palabra?
Hay personas que no saben calibrar las situaciones ni lo que puede llegar a significar lo que van a decir y simplemente lo sueltan sin más, sin preocuparse por el efecto que eso pueda llegar a tener en los demás. De ahí que a veces valga la pena en ciertas situaciones pensar un poco en lo que vas a decir y tal vez morderte la lengua antes de hacerlo no vaya a ser que al final metas la pata.
Dicen que las palabras se las lleva el viento, pero cuando no es así, que no hay viento sino calma aplastante, las palabras hacen daño. También dicen que la pluma es más fuerte que la espada, y eso es cierto porque hay personas que tienen el don de hacernos mucho daño con lo que dicen cuando a veces no tenían esa intención. Todo por no callarse unos segundos y pensar en que a lo mejor eso que van a decir esta fuera de contexto o puede ser malinterpretado.
Esto suele pasar siempre con temas dolorosos para la persona. Lo último que se me ocurre suele ser con casos de defunciones, en los que las personas están aun sensibles y van algunos a meter caña cuando deberían callarse. Algunas veces se producen casos que llegan hasta a ser divertidos de relatar. Como es cuando se esta en un funeral y se comenta que se esta muerto de hambre o que hace un calor o frío que te morirías. Esas son frases desafortunadas, pero que en el fondo no hacen mucho más daño que el de recordar que un ser querido ya no está.
Conozco varios casos en los que, en pleno entierro, con el cuerpo aun caliente, o bien cuando se esparcen las cenizas, el viudo suele hacer comentarios fuera de lugar. Por ejemplo comentar que se siente solo y que a ver si consigue a alguien nuevo, que ha conocido a una mujer genial que le gusta mucho o cosas así. Eso a los hijos de la difunta suele sentar fatal. Lo mismo que cuando ya pasado un tiempo la persona les comenta que va a buscarse a otra. Porque si bien, cuando es el padre el que quiere buscar sustituta a la madre, no sienta muy bien, pero se ha de aceptar, cuando no es el padre es aun peor.
Y digo yo, es cierto que es una gran pérdida, que todos debemos seguir adelante, porque la vida sigue y en el fondo aquella persona que ha fallecido no querría, en casi ningún caso, vernos solos y tristes, sino que siguiésemos siendo felices con nuestra vida, y todo eso. Pero una cosa es que eso lo pensemos y otra que lo digamos, y también está la forma de decirlo. Que casi siempre viene a ser mala y termina haciéndose daño a los demás al decirles que “voy a buscarle un reemplazo a tu madre”. Como si fuese un jarrón o un coche. Nadie merece estar solo, y perder a alguien es muy duro, pero no hace falta decir esas cosas. A veces más vale callar lo pensado que decirlo.
Y es que no solo con los sentimientos de pérdida es con los que hay que tener cuidado. A veces simplemente hay cosas que no hace falta que las digan porque ya las sabemos. Por ejemplo siempre esta el caso de la persona que tiene complejos con su figura, que no consigue perder esos kilos de más, que lo ha probado todo, pero que por razones tal vez de metabolismo, no consigue hacerlo. Y por mucho que se esfuerzan no han encontrado la forma de superarlo, o al menos de aceptarse como son, y es cuando va algún graciosillo y les suelta “estas más gordo/a ¿verdad?”. Esas cosas suelen ser terribles para la autoestima, y si bien puede que la otra persona lo haga por parecer graciosa, o bien simplemente porque es de aquellas que siempre dicen la verdad incluso cuando deberían morderse la lengua y envenenarse con su propio veneno. Decir la verdad está bien, pero hay que saber cuando y como. Y decirle a una persona con sobrepeso que está gorda es la peor manera de hacerlo, porque lo más probable es que ya lo sepa, y que si está así no es por voluntad propia.
Lo mismo sucede con los traumas relacionados con los estudios o el trabajo. Recuerdo que después de haber fallado varias veces en el examen del coche, la gente, de broma, me decía que qué mal debía de conducir para ser tan nulo que me suspendiesen tantas veces. Y lo cierto es que eso duele, por muy cierto o no que fuese. No hace falta que te recuerden que te has equivocado. Por lo general no necesitamos que nos recuerden las cosas en las que hemos fallado estrepitosamente. También suelen decir que eres un vago porque no encuentras trabajo, pero claro esas personas no consideran que la prostitución sea un mal empleo entonces claro, para ellos si no trabajas es porque no quieres, que siempre puedes estar chupando pollas por dinero. Ya somos lo bastante grandecitos como para saber que hemos cometido un error, y que debemos pagar las consecuencias, y encima van los demás a machacarnos todavía con más saña.
Y es que hay personas que son profesionales en eso de sacar a la luz los defectos de las personas y regocijarse en ellos. Parece ser que viven del pecado de los otros, para no ver los suyos propios, y han elaborado un vocabulario específico con campos lexicales que es hacen aun más hirientes de lo ya posible. Porque esas palabras que salen de sus bocas son como cuchillos afilados, esas personas conocen su poder destructor y saben como optimizarlo al máximo, cuando es que hacen más daño y con quien. Y son peores que aquellos que hacen daño con sus comentarios de forma inocente, porque ellos lo hacen con alevosía.
Para las personas que son malas de por si y a las que les gusta hacer daño con sus palabras envenenadas y sus lenguas bífidas no puedo decir nada, simplemente que las evitéis al máximo. Sin embargo a los otros les diré que antes de abrir la boca, que piensen en lo que van a decir, porque a veces es mejor callar que decir algo fuera de contexto.
Cambio Y Continuidad
El otro día vi el último capítulo de una serie que todos conocemos por habernos hecho reír durante 10 años. Y al acabarse he pensado en que nuestra vida se parece a esas series que llenan nuestros momentos de tedio, y que se acaban, empiezan nuevas y así poco a poco forman un mosaico en nuestro camino.
¿Acaso nuestra no está formada por un proceso de cambio y continuidad? ¿Podemos establecer en nuestro pasado los puntos de inflexión en los que las cosas han cambiado radicalmente? ¿O es nuestra existencia como el curso de un río inalterable?
Realmente es un proceso que comprende un poco de todo. Pero es interesante reflexionar sobre aquellos puntos sin retorno en los que las decisiones que hemos tomado han cambiado nuestras vidas para siempre.
Al ver que esa serie de la que ya hablé antes se acababa, para siempre, me he puesto a pesar en como ha sido mi vida durante esos 10 años. Y la verdad es que más que continuidad han sido cambios, muchos cambios. Hace una década todos éramos mucho más jóvenes e inexpertos. Recuerdo los comentarios que hacían mis amigos sobre la vida, y lo que ha resultado de todo ello, y la verdad es que a veces es un poco triste. La mayoría no han cumplido sus objetivos, otros se han encontrado con tragedias en su recorrido, e incluso algunos con alegrías muy especiales como hijos, bodas y el amor.
Y sin embargo al pensar en que nuestras vidas están acompasadas por los medios audiovisuales, que a veces, como en este caso, nos hacen ver perspectivas de nuestra vida, no puedo reprimir un poco de nostalgia. Al igual que algunas series que han cesado de emitirse, hay puntos de nuestra existencia en la que ya nada será igual. Uno de esos cambios es el paso a la universidad. Aunque para muchos sea un proceso de continuidad, ya que siguen en la misma ciudad y con gente de su pasado instituto, para otras personas no es así. Algunas personas al pasar a hacer estudios superiores se cambian de ciudad, de provincia o incluso se van del país. Y eso sí que es una ruptura con todo lo anterior. Es empezar un nuevo capítulo de una serie nueva de nuestra vida en un sitio totalmente desconocido.
Es comenzar con un nuevo reparto, un nuevo decorado, una nueva historia, y todo ello sin saber si realmente tendrá éxito o a los pocos episodios habrá que cerrar y volver a lo antiguo. Esto es lo que pasa no sólo cuando uno empieza la universidad, sino cuando la acaba también. Cuando la carrera que has escogido no tiene salidas en tu zona y debes decidir si sigues en tu casa, con un trabajo que no te gusta o irte a conocer mundo y a probar nuevas experiencias, a empezar todo de nuevo en otro sitio.
Hay puntos de inflexión que no son muy radicales y otros sin embargo que si. Por ejemplo, pasar del instituto a ala universidad es un pequeño cambio, porque a fin de cuentas es seguir estudiando, pero bajo otros métodos y con otros propósitos. Es un proceso de continuidad con variaciones. Irse a estudiar fuera representa una ruptura mayor, pero viene a ser el mismo argumento pero en otro escenario (como cuando los vigilantes de la playa se fueron a Hawai). Y luego hay cortes que son mucho más radicales, porque uno empieza a hacer cosas que no hacia antes. Es el caso del paso del mundo de los estudios al mundo laboral, ahí la ruptura puede ser mucho más pronunciada, sobretodo cuando en la vida de la persona no se han hecho las dos cosas a la vez. Entonces si que es un gran cambio. Todo será diferente. Y bueno siempre está la posibilidad de volver a lo conocido, pero aun así las cosas habrán cambiado, porque todos nos hacemos mayores.
Por lo general para que hablemos de ruptura tiene que haber un cambio en la vida de la persona, irse a vivir fuera de casa, cambiar de ocupación, de estado civil, cambiar de país o bien perder a alguien próximo. Pero la mayoría de esos cambios tienen un proceso de continuidad interno, que somos nosotros mismos. En realidad casi ninguno de ellos es radical del todo, porque conservamos lazos con el pasado que hacen que todo esté unido. Puedes irte a vivir al otro lado del mundo, pero las cosas seguirán unidas por tus relaciones con los amigos, con tu familia, o por tu personalidad en si. Siempre hay algo que te une a lo anterior, así que a pesar de que cambies de serie, sigues teniendo contrato con la anterior, o mejor dicho, siempre serás ese personaje que tuviste.
Y me preguntareis por las relaciones interpersonales. Yo no lo considero como una serie, la verdad, por muchos capítulos que tenga. Es más bien una película. Tienen su principio y su fin, y desde el comienzo se sabe que no durara eternamente. Algunas acaban mal otras bien. Pero todas son limitadas en el tiempo. Por mucho que nos digan lo contrario, el amor dura eternamente, pero las parejas no. Y bueno siempre está la posibilidad de que si son un éxito de taquilla se hagan secuelas, precuelas y sagas enteras. Pero todo el mundo sabe que por lo general, las segundas partes sólo serán eso, nunca podrán superar al original. Una vez que la pareja se rompe, se acaba la película, y por mucho que quieran volver y que lo hagan, sólo serán la segunda parte de una saga. No tendrán la cohesión ni el éxito de una serie. Son procesos de pequeñas rupturas, que a veces con el anterior solo tienen en común los personajes y nada más.
Así pues, como en toda serie, tenemos en nuestras vidas, personajes nuevos, otros antiguos, gente que nos deja, otros que fallecen. A veces se parecen a esas series que duran eternidades en las que al final de su emisión no queda ni un solo personaje de los que salían al principio. Otras se acaban cuando están en su momento de gloria, para no ser decadentes como estas anteriores. Nuestras vidas están hechas de ciclos que se cierran, algunos como las temporadas de las series, que pasado un tiempo vuelven a repetirse, como podrían ser los años escolares, universitarios, o el periodo de trabajo interrumpido por las vacaciones. Pero la continuidad perdura en el hecho de que se repiten de forma invariante, aunque con cambios en ellos. Otros sin embargo, se terminan y nunca más se vuelven a repetir, por mucho que nos gustase que así fuera, o bien simplemente las cosas se terminan sin siquiera despedirse de nosotros. Pero en el fondo es todo un proceso de cambio y de continuidad encubierta.
¿Acaso nuestra no está formada por un proceso de cambio y continuidad? ¿Podemos establecer en nuestro pasado los puntos de inflexión en los que las cosas han cambiado radicalmente? ¿O es nuestra existencia como el curso de un río inalterable?
Realmente es un proceso que comprende un poco de todo. Pero es interesante reflexionar sobre aquellos puntos sin retorno en los que las decisiones que hemos tomado han cambiado nuestras vidas para siempre.
Al ver que esa serie de la que ya hablé antes se acababa, para siempre, me he puesto a pesar en como ha sido mi vida durante esos 10 años. Y la verdad es que más que continuidad han sido cambios, muchos cambios. Hace una década todos éramos mucho más jóvenes e inexpertos. Recuerdo los comentarios que hacían mis amigos sobre la vida, y lo que ha resultado de todo ello, y la verdad es que a veces es un poco triste. La mayoría no han cumplido sus objetivos, otros se han encontrado con tragedias en su recorrido, e incluso algunos con alegrías muy especiales como hijos, bodas y el amor.
Y sin embargo al pensar en que nuestras vidas están acompasadas por los medios audiovisuales, que a veces, como en este caso, nos hacen ver perspectivas de nuestra vida, no puedo reprimir un poco de nostalgia. Al igual que algunas series que han cesado de emitirse, hay puntos de nuestra existencia en la que ya nada será igual. Uno de esos cambios es el paso a la universidad. Aunque para muchos sea un proceso de continuidad, ya que siguen en la misma ciudad y con gente de su pasado instituto, para otras personas no es así. Algunas personas al pasar a hacer estudios superiores se cambian de ciudad, de provincia o incluso se van del país. Y eso sí que es una ruptura con todo lo anterior. Es empezar un nuevo capítulo de una serie nueva de nuestra vida en un sitio totalmente desconocido.
Es comenzar con un nuevo reparto, un nuevo decorado, una nueva historia, y todo ello sin saber si realmente tendrá éxito o a los pocos episodios habrá que cerrar y volver a lo antiguo. Esto es lo que pasa no sólo cuando uno empieza la universidad, sino cuando la acaba también. Cuando la carrera que has escogido no tiene salidas en tu zona y debes decidir si sigues en tu casa, con un trabajo que no te gusta o irte a conocer mundo y a probar nuevas experiencias, a empezar todo de nuevo en otro sitio.
Hay puntos de inflexión que no son muy radicales y otros sin embargo que si. Por ejemplo, pasar del instituto a ala universidad es un pequeño cambio, porque a fin de cuentas es seguir estudiando, pero bajo otros métodos y con otros propósitos. Es un proceso de continuidad con variaciones. Irse a estudiar fuera representa una ruptura mayor, pero viene a ser el mismo argumento pero en otro escenario (como cuando los vigilantes de la playa se fueron a Hawai). Y luego hay cortes que son mucho más radicales, porque uno empieza a hacer cosas que no hacia antes. Es el caso del paso del mundo de los estudios al mundo laboral, ahí la ruptura puede ser mucho más pronunciada, sobretodo cuando en la vida de la persona no se han hecho las dos cosas a la vez. Entonces si que es un gran cambio. Todo será diferente. Y bueno siempre está la posibilidad de volver a lo conocido, pero aun así las cosas habrán cambiado, porque todos nos hacemos mayores.
Por lo general para que hablemos de ruptura tiene que haber un cambio en la vida de la persona, irse a vivir fuera de casa, cambiar de ocupación, de estado civil, cambiar de país o bien perder a alguien próximo. Pero la mayoría de esos cambios tienen un proceso de continuidad interno, que somos nosotros mismos. En realidad casi ninguno de ellos es radical del todo, porque conservamos lazos con el pasado que hacen que todo esté unido. Puedes irte a vivir al otro lado del mundo, pero las cosas seguirán unidas por tus relaciones con los amigos, con tu familia, o por tu personalidad en si. Siempre hay algo que te une a lo anterior, así que a pesar de que cambies de serie, sigues teniendo contrato con la anterior, o mejor dicho, siempre serás ese personaje que tuviste.
Y me preguntareis por las relaciones interpersonales. Yo no lo considero como una serie, la verdad, por muchos capítulos que tenga. Es más bien una película. Tienen su principio y su fin, y desde el comienzo se sabe que no durara eternamente. Algunas acaban mal otras bien. Pero todas son limitadas en el tiempo. Por mucho que nos digan lo contrario, el amor dura eternamente, pero las parejas no. Y bueno siempre está la posibilidad de que si son un éxito de taquilla se hagan secuelas, precuelas y sagas enteras. Pero todo el mundo sabe que por lo general, las segundas partes sólo serán eso, nunca podrán superar al original. Una vez que la pareja se rompe, se acaba la película, y por mucho que quieran volver y que lo hagan, sólo serán la segunda parte de una saga. No tendrán la cohesión ni el éxito de una serie. Son procesos de pequeñas rupturas, que a veces con el anterior solo tienen en común los personajes y nada más.
Así pues, como en toda serie, tenemos en nuestras vidas, personajes nuevos, otros antiguos, gente que nos deja, otros que fallecen. A veces se parecen a esas series que duran eternidades en las que al final de su emisión no queda ni un solo personaje de los que salían al principio. Otras se acaban cuando están en su momento de gloria, para no ser decadentes como estas anteriores. Nuestras vidas están hechas de ciclos que se cierran, algunos como las temporadas de las series, que pasado un tiempo vuelven a repetirse, como podrían ser los años escolares, universitarios, o el periodo de trabajo interrumpido por las vacaciones. Pero la continuidad perdura en el hecho de que se repiten de forma invariante, aunque con cambios en ellos. Otros sin embargo, se terminan y nunca más se vuelven a repetir, por mucho que nos gustase que así fuera, o bien simplemente las cosas se terminan sin siquiera despedirse de nosotros. Pero en el fondo es todo un proceso de cambio y de continuidad encubierta.
¿Tres Son Multitud?
Cuando uno está soltero, hace calor, y tiene sangre en las venas, puede plantearse varias cosas. Entre ellas es poder disfrutar de todo aquello que la sociedad ve mal en el campo sexual. Y una de ellas, que es tanto tabú como algo que todo el mundo anhela es el sexo en grupo o mejor dicho los tríos. Porque claro, cosas que cuando estas con pareja no te planteas, es muy posible que lo hagas estando solo. Y más en verano con la gente que va predispuesta a los encuentros casuales.
Dicen que dos son compañía, y si estas soltero ¿Qué pasa? ¿Dónde está esa compañía? Dicen que mientras más locos seamos más nos divertiremos. ¿Realmente podemos decir que tres son multitud?
Bueno, para empezar he de admitir que lo del sexo en tripletes no es algo que concierne solamente a la gente soltera. De hecho hay una leyenda urbana que dice que cuando la pareja lleva mucho tiempo junta, acaba inevitablemente recurriendo a este medio para no caer en la monotonía y poder sobrevivir. Pero como buena leyenda urbana que es, no siempre resulta acertada.
Es cierto que conozco casos de pareja de gays sobretodo, que si no fuese por ese recurso ya se habrían separado, y la verdad es que hicieron bien. Porque cuando llevas cierto tiempo con alguien, me refiero a años ya, que las cosas entre los dos se han enfriado, pero que hay tanto en común que romper el dúo sería demasiado perjudicial, hay que hacer lo imposible porque la magia siga entre ambas personas. Y una solución es conseguir que la pasión vuelva, aunque sea prestada o aportada por una tercera persona.
Entonces es cuando a mí me gusta establecer dos modalidades de tríos. Por un lado están aquellos que se hacen con parejas, como para aportarles algo a los casos dichos anteriormente, y en los que se reúnen 3 personas que no tienen relaciones afectivas alguna más que la de ser amigos como mucho.
Cuando eres la estrella invitada en una pareja, es cuando mejor lo sueles pasar, porque en realidad están los dos miembros de binomio a tu disposición y buscan que te lo pases bien. Y hay varias maneras de llegar a ello, una de las cuales es por cita concertada. Ese caso es bastante violento, pero permite que las cosas estén predeterminadas desde un principio, es decir, que ya está claro lo que se puede hacer, lo que no, lo que gusta y lo que está prohibido. Cada pareja establece sus propios límites. Suele estar muy bien en ese sentido, pero el mayor inconveniente es que tiene un grado de premeditación y de falta de espontaneidad demasiado altos para que salga bien con todo el mundo, y a veces lo único que se consigue es cortarle el rollo a la otra persona, al invitado o bien a uno de los dos miembros de la pareja.
También puedes ser la estrella invitada casual, lo cual es más difícil a no ser que frecuentes las zonas de ligue, en ese caso si que puede suceder. Se trata de cuando una pareja, ya sea formal o simplemente de amigos, está en plena faena, y fortuitamente los descubres, entonces te invitan a participar. O bien cuando se insinúan sin llegar a hacer nada sin que te hayas unido. Pero en ambos casos es una situación imprevista hasta cierto punto en la que prima la espontaneidad y las habilidades de improvisación de cada uno. Porque claro, al no estar preestablecido de partida, no se conocen las reglas de juego y toca ir más poco a poco, tanteando el terreno, sin embargo la ventaja es que puede llegar a ser un acto muy morboso, que en el fondo es lo que se busca.
Sucede lo mismo en los casos de grupos de personas que no están liadas emocionalmente entre sí. Puede ser de forma concertada o bien un caso imprevisto de trío, pongamos que en la playa, pero esta vez entre amigos. Lo mismo que con las parejas, puede haber reglas que se establezcan de antemano o bien es todo libre. Aunque suele darse más la segunda opción ya que al no haber ataduras sentimentales es todo más libre, por lo tanto suele ser más divertido.
Sin embargo en cuestión de tríos la cosa no siempre sale bien. Si bien donde peor suele salir es cuando uno se mete entre dos personas, porque como dicen, siempre hay alguien que gusta más, entonces tendremos tendencia a dejar de lado al que menos nos atrae. Por lo tanto siempre sale uno de los tres perdiendo, o bien termina como espectador. Lo de que en realidad un trío sea una pareja más uno (2+1=3), es válido para cualquier tipo de encuentro, tanto como invitado de una pareja como si son 3 desconocidos, siempre se puede dar la posibilidad de que uno de los 3 miembros termine siendo rechazado o mejor dicho, dejado de lado y al final simplemente se convierte en un voyeur que les da el morbo a los otros dos, o aun peor es cuando es un ayudante para que los otros dos se lo pasen bien. Realmente cuando eso sucede lo mejor es tener un poco de dignidad e irse de ahí, porque las sobras no le gustan a nadie y menos cuando se trata de sexo, además no merece la pena estorbar a los demás.
Otros problemas que suelen tener los tríos es con las parejas. Se suelen dar casos en los que al final la pareja se rompe, porque han conocido a alguien durante una sesión de sexo que les termina por gustar más que su novio o novia. Al final lo nuevo gusta más que lo ya conocido, y a veces se da el caso de que se generen nuevos amores de una relación sexual a tres bandas. Sin embargo debemos considerar que lo que por agua viene, por agua se va, y es peligroso meterse en ese tipo de embrollos, porque al final siempre suele ser el invitado el que sale perdiendo, ya porque ha roto una pareja o porque casi lo consigue.
Ahora me diréis que no he tratado el tema de los “ménage à trois” ni de con quien se hacen los tríos, pero la verdad es que son temas demasiado extensos para tratarlos en un único artículo, así que próximamente los abordaré con más detalle que la simple mención de que una cosa es el sexo, entonces hablamos de tríos, y otra cosa es las relaciones amorosas triangulares, que es la denominación francesa de una relación interpersonal que ya no es una pareja sino 3 personas.
Dicen que dos son compañía, y si estas soltero ¿Qué pasa? ¿Dónde está esa compañía? Dicen que mientras más locos seamos más nos divertiremos. ¿Realmente podemos decir que tres son multitud?
Bueno, para empezar he de admitir que lo del sexo en tripletes no es algo que concierne solamente a la gente soltera. De hecho hay una leyenda urbana que dice que cuando la pareja lleva mucho tiempo junta, acaba inevitablemente recurriendo a este medio para no caer en la monotonía y poder sobrevivir. Pero como buena leyenda urbana que es, no siempre resulta acertada.
Es cierto que conozco casos de pareja de gays sobretodo, que si no fuese por ese recurso ya se habrían separado, y la verdad es que hicieron bien. Porque cuando llevas cierto tiempo con alguien, me refiero a años ya, que las cosas entre los dos se han enfriado, pero que hay tanto en común que romper el dúo sería demasiado perjudicial, hay que hacer lo imposible porque la magia siga entre ambas personas. Y una solución es conseguir que la pasión vuelva, aunque sea prestada o aportada por una tercera persona.
Entonces es cuando a mí me gusta establecer dos modalidades de tríos. Por un lado están aquellos que se hacen con parejas, como para aportarles algo a los casos dichos anteriormente, y en los que se reúnen 3 personas que no tienen relaciones afectivas alguna más que la de ser amigos como mucho.
Cuando eres la estrella invitada en una pareja, es cuando mejor lo sueles pasar, porque en realidad están los dos miembros de binomio a tu disposición y buscan que te lo pases bien. Y hay varias maneras de llegar a ello, una de las cuales es por cita concertada. Ese caso es bastante violento, pero permite que las cosas estén predeterminadas desde un principio, es decir, que ya está claro lo que se puede hacer, lo que no, lo que gusta y lo que está prohibido. Cada pareja establece sus propios límites. Suele estar muy bien en ese sentido, pero el mayor inconveniente es que tiene un grado de premeditación y de falta de espontaneidad demasiado altos para que salga bien con todo el mundo, y a veces lo único que se consigue es cortarle el rollo a la otra persona, al invitado o bien a uno de los dos miembros de la pareja.
También puedes ser la estrella invitada casual, lo cual es más difícil a no ser que frecuentes las zonas de ligue, en ese caso si que puede suceder. Se trata de cuando una pareja, ya sea formal o simplemente de amigos, está en plena faena, y fortuitamente los descubres, entonces te invitan a participar. O bien cuando se insinúan sin llegar a hacer nada sin que te hayas unido. Pero en ambos casos es una situación imprevista hasta cierto punto en la que prima la espontaneidad y las habilidades de improvisación de cada uno. Porque claro, al no estar preestablecido de partida, no se conocen las reglas de juego y toca ir más poco a poco, tanteando el terreno, sin embargo la ventaja es que puede llegar a ser un acto muy morboso, que en el fondo es lo que se busca.
Sucede lo mismo en los casos de grupos de personas que no están liadas emocionalmente entre sí. Puede ser de forma concertada o bien un caso imprevisto de trío, pongamos que en la playa, pero esta vez entre amigos. Lo mismo que con las parejas, puede haber reglas que se establezcan de antemano o bien es todo libre. Aunque suele darse más la segunda opción ya que al no haber ataduras sentimentales es todo más libre, por lo tanto suele ser más divertido.
Sin embargo en cuestión de tríos la cosa no siempre sale bien. Si bien donde peor suele salir es cuando uno se mete entre dos personas, porque como dicen, siempre hay alguien que gusta más, entonces tendremos tendencia a dejar de lado al que menos nos atrae. Por lo tanto siempre sale uno de los tres perdiendo, o bien termina como espectador. Lo de que en realidad un trío sea una pareja más uno (2+1=3), es válido para cualquier tipo de encuentro, tanto como invitado de una pareja como si son 3 desconocidos, siempre se puede dar la posibilidad de que uno de los 3 miembros termine siendo rechazado o mejor dicho, dejado de lado y al final simplemente se convierte en un voyeur que les da el morbo a los otros dos, o aun peor es cuando es un ayudante para que los otros dos se lo pasen bien. Realmente cuando eso sucede lo mejor es tener un poco de dignidad e irse de ahí, porque las sobras no le gustan a nadie y menos cuando se trata de sexo, además no merece la pena estorbar a los demás.
Otros problemas que suelen tener los tríos es con las parejas. Se suelen dar casos en los que al final la pareja se rompe, porque han conocido a alguien durante una sesión de sexo que les termina por gustar más que su novio o novia. Al final lo nuevo gusta más que lo ya conocido, y a veces se da el caso de que se generen nuevos amores de una relación sexual a tres bandas. Sin embargo debemos considerar que lo que por agua viene, por agua se va, y es peligroso meterse en ese tipo de embrollos, porque al final siempre suele ser el invitado el que sale perdiendo, ya porque ha roto una pareja o porque casi lo consigue.
Ahora me diréis que no he tratado el tema de los “ménage à trois” ni de con quien se hacen los tríos, pero la verdad es que son temas demasiado extensos para tratarlos en un único artículo, así que próximamente los abordaré con más detalle que la simple mención de que una cosa es el sexo, entonces hablamos de tríos, y otra cosa es las relaciones amorosas triangulares, que es la denominación francesa de una relación interpersonal que ya no es una pareja sino 3 personas.





