El Reemplazo
La tercera y última parte es algo más frívola, sin embargo me resulto curioso lo que conlleva. Se trata de la parte en la que nos toca salir de compras para poder reemplazar todo aquello que nos han robado y que puede ser efectivamente sustituido por algo nuevo, porque siempre quedan algunos objetos personales que no pueden serlo ya que son regalos especiales o que contienen un significado oculto y especial para nosotros.
¿Podemos reemplazar realmente todos los objetos robados? ¿Es posible que haya cosas que por mucho que lo intentemos ya no recuperaremos? ¿Por qué les adjudicamos tanta importancia a simples objetos?
Cuando quedé con mis amigas y les conté los pormenores de esta aventura, lo que más les impresionó fue que me robaron el bolso con todos mis efectos personales dentro. Según ellas que me rompiera una de las lunas del coche para poder entrar y robarme era lo de menos, porque de eso se encargaba el seguro, que por cierto se tiró unas 2 semanas en mandarme el perito con lo cual estuve sin el coche 3 semanas y eso sí que fue una molestia. Para ellas lo malo era que tendría que ir a comprarme un nuevo bolso, reemplazar todo lo que tenia dentro, la cartera, los papeles, y todo lo demás que no se puede decir, más que nada porque ni yo mismo sé lo que hay dentro. Según ellas por mucho que buscase otro bolso y otra cartera nunca encontraría ninguno tan bueno como el que tenía. Lo cual no es del todo cierto.
A mí me resultó de lo mejor, al contrario, porque como estábamos en periodo de rebajas pude aprovechar y sustituir un montón de cosas que no me servían para lo que quería o bien cuyo uso ya no era el demandado. De hecho lo primero que compré fue un bolso nuevo, más barato que cuando obtuve el robado, de mejor calidad y con más espacio interior, más bolsillos y por lo tanto mayor utilidad, (aunque esto parezca la compra de un coche). Lo más difícil fue encontrar una cartera ya que la que tenia era bastante antigua y tenia monedero incluido, cosa que hoy con los euros es esencial, ya que la mayoría del dinero que llevamos la gente “pobre” es en metálico y no en papeles. Y a pesar de la gran oferta que hay de monederos o de carteras casi ninguno combina los dos, así que tienes que hacer una compra doble y llevar siempre los dos. Sin embargo ahí es cuando tuve suerte con el bolso, porque ya venia con monedero incluido, con lo cual sólo tuve que preocuparme por encontrar una cartera de adulto que me gustase. Y digo de adulto porque las de surfista a pesar de ser bonitas (y caras) no son muy de vestir.
Lo bueno de esa parte de la compra es que si se piensa bien, si se sabe lo que se busca, donde buscarlo y cuanto estamos dispuestos a gastarnos, podemos incluso salir ganando y haber hecho una inversión próspera. Incluso en el caso de la cartera conseguí una de esas que llevan un bolsillo para meter el carné de conducir, que es otro armatoste enorme e inútil…
Lo que ya no se pude reemplazar son todas aquellas cosas que llevan las carteras y los bolsos y que por lo general no son compradas sino que son regalos. Se trata de por ejemplo las fotos de los exs que tengas en la cartera (aunque en algunos casos los ladrones nos hacen un favor al robarnos porque de paso podemos actualizarlas y no tener que llevar siempre consigo a algún ex maltrecho). Pero hay casos en los que llevas fotos de gente a la que aprecias y a la que resulta complicado pedirle nuevas fotos, más que nada porque si no viven cerca de ti hay que esperar a quedar con ellos para pedírselas, y que tengan lo cual no siempre sucede. Luego hay chorraditas a las que les damos cierto valor sentimental y que en cualquier momento pueden ser regaladas de nuevo, como podría ser una goma del pelo, un llavero o una medallita. Solo necesitamos volver a pedírsela a dicha persona, o bien sustraérsela cuando no se de cuenta.
Lo malo es cuando los regalos en cuestión son realmente especiales porque son de algún familiar difunto, porque son efectos personales de alguien a quien no vamos a volver a ver, o bien porque no será posible comprar nada parecido. Entonces es cuando realmente el robo se convierte en una mala asada (por si no lo era ya de antes). En mi caso tenia varias cosas que me habían dado de mis tíos y que por mucho que lo intente no podré recuperarlos nunca ni volver a pedírselos porque ya no están con nosotros. Y eso jode bastante, porque en el fondo son objetos que en sí no tienen valor alguno, los ladrones no podrán hacer nada con ellos, pero para nosotros el valor añadido es bastante superior. Son cosas que sí que son irremplazables, a pesar de tratarse de tonterías. Ahí es cuando realmente hacemos fetiches, como dicen algunos de mis profesores. Porque el valor que les adjudicamos es totalmente diferente a su valor real.
Al final, mis amigas tienen razón en ese aspecto, la mayoría de efectos personales que tenemos no tienen un valor efectivo, sino que tienen un valor especial añadido que le hemos adjudicado nosotros, lo cual los hace diferentes de cualquier otro objeto que podamos comprar. Un regalo de alguien especial, aunque sea una baratija, es especial y por lo tanto irremplazable. Establecer fetiches resulta, pues, peligroso porque nos arriesgamos a perderlos en el momento menos pensado lo cual puede causarnos un gran disgusto. En el fondo lo material es tan sólo eso, no aporta esencia a nuestra alma más que un sustituto de lo que representa, y los sustitutos a final de cuentas simplemente son eso, una ilusión, no son lo que realmente deseamos.
¿Podemos reemplazar realmente todos los objetos robados? ¿Es posible que haya cosas que por mucho que lo intentemos ya no recuperaremos? ¿Por qué les adjudicamos tanta importancia a simples objetos?
Cuando quedé con mis amigas y les conté los pormenores de esta aventura, lo que más les impresionó fue que me robaron el bolso con todos mis efectos personales dentro. Según ellas que me rompiera una de las lunas del coche para poder entrar y robarme era lo de menos, porque de eso se encargaba el seguro, que por cierto se tiró unas 2 semanas en mandarme el perito con lo cual estuve sin el coche 3 semanas y eso sí que fue una molestia. Para ellas lo malo era que tendría que ir a comprarme un nuevo bolso, reemplazar todo lo que tenia dentro, la cartera, los papeles, y todo lo demás que no se puede decir, más que nada porque ni yo mismo sé lo que hay dentro. Según ellas por mucho que buscase otro bolso y otra cartera nunca encontraría ninguno tan bueno como el que tenía. Lo cual no es del todo cierto.
A mí me resultó de lo mejor, al contrario, porque como estábamos en periodo de rebajas pude aprovechar y sustituir un montón de cosas que no me servían para lo que quería o bien cuyo uso ya no era el demandado. De hecho lo primero que compré fue un bolso nuevo, más barato que cuando obtuve el robado, de mejor calidad y con más espacio interior, más bolsillos y por lo tanto mayor utilidad, (aunque esto parezca la compra de un coche). Lo más difícil fue encontrar una cartera ya que la que tenia era bastante antigua y tenia monedero incluido, cosa que hoy con los euros es esencial, ya que la mayoría del dinero que llevamos la gente “pobre” es en metálico y no en papeles. Y a pesar de la gran oferta que hay de monederos o de carteras casi ninguno combina los dos, así que tienes que hacer una compra doble y llevar siempre los dos. Sin embargo ahí es cuando tuve suerte con el bolso, porque ya venia con monedero incluido, con lo cual sólo tuve que preocuparme por encontrar una cartera de adulto que me gustase. Y digo de adulto porque las de surfista a pesar de ser bonitas (y caras) no son muy de vestir.
Lo bueno de esa parte de la compra es que si se piensa bien, si se sabe lo que se busca, donde buscarlo y cuanto estamos dispuestos a gastarnos, podemos incluso salir ganando y haber hecho una inversión próspera. Incluso en el caso de la cartera conseguí una de esas que llevan un bolsillo para meter el carné de conducir, que es otro armatoste enorme e inútil…
Lo que ya no se pude reemplazar son todas aquellas cosas que llevan las carteras y los bolsos y que por lo general no son compradas sino que son regalos. Se trata de por ejemplo las fotos de los exs que tengas en la cartera (aunque en algunos casos los ladrones nos hacen un favor al robarnos porque de paso podemos actualizarlas y no tener que llevar siempre consigo a algún ex maltrecho). Pero hay casos en los que llevas fotos de gente a la que aprecias y a la que resulta complicado pedirle nuevas fotos, más que nada porque si no viven cerca de ti hay que esperar a quedar con ellos para pedírselas, y que tengan lo cual no siempre sucede. Luego hay chorraditas a las que les damos cierto valor sentimental y que en cualquier momento pueden ser regaladas de nuevo, como podría ser una goma del pelo, un llavero o una medallita. Solo necesitamos volver a pedírsela a dicha persona, o bien sustraérsela cuando no se de cuenta.
Lo malo es cuando los regalos en cuestión son realmente especiales porque son de algún familiar difunto, porque son efectos personales de alguien a quien no vamos a volver a ver, o bien porque no será posible comprar nada parecido. Entonces es cuando realmente el robo se convierte en una mala asada (por si no lo era ya de antes). En mi caso tenia varias cosas que me habían dado de mis tíos y que por mucho que lo intente no podré recuperarlos nunca ni volver a pedírselos porque ya no están con nosotros. Y eso jode bastante, porque en el fondo son objetos que en sí no tienen valor alguno, los ladrones no podrán hacer nada con ellos, pero para nosotros el valor añadido es bastante superior. Son cosas que sí que son irremplazables, a pesar de tratarse de tonterías. Ahí es cuando realmente hacemos fetiches, como dicen algunos de mis profesores. Porque el valor que les adjudicamos es totalmente diferente a su valor real.
Al final, mis amigas tienen razón en ese aspecto, la mayoría de efectos personales que tenemos no tienen un valor efectivo, sino que tienen un valor especial añadido que le hemos adjudicado nosotros, lo cual los hace diferentes de cualquier otro objeto que podamos comprar. Un regalo de alguien especial, aunque sea una baratija, es especial y por lo tanto irremplazable. Establecer fetiches resulta, pues, peligroso porque nos arriesgamos a perderlos en el momento menos pensado lo cual puede causarnos un gran disgusto. En el fondo lo material es tan sólo eso, no aporta esencia a nuestra alma más que un sustituto de lo que representa, y los sustitutos a final de cuentas simplemente son eso, una ilusión, no son lo que realmente deseamos.
Espera Y Sustitución
La segunda parte de mi trilogía sobre ese robo y sus consecuencias trata sobre lo que se hace después de padecerlo.
Si bien ya no seremos tan inocentes como antes de que nos atraquen, luego tenemos que seguir adelante y para ello restituir todo aquello que nos han quitado. Para eso hay dos maneras, la primera es ir de compras, y la segunda que es la que me interesa hoy es renovar todos los documentos robados.
En un mundo donde tu número del DNI es más importante que tu propio nombre, ¿podemos perder la identidad cuando no tenemos documento de identidad? Sin papeles oficiales ¿eres realmente un ciudadano o te has convertido en un anónimo? ¿Por qué siempre resulta tan complicado poder restituir todos esos documentos, incluso cuando no los has perdido por culpa tuya?
Lo cierto es que incluso cuando vas a poner la denuncia del robo, ya te das cuenta de que esos papeles son más que el material que los sustenta, sin ellos realmente no eres nada. Lo primero que te piden es un documento que acredite quién eres, pero si te lo han sustraído eso resulta más complicado. Así que lo primero que hay que hacer es ir a renovarlos a la vez que hay que tomar las medidas pertinentes para evitar que el robo vaya a más.
En general lo primero que se hace es anular todas las tarjetas de crédito, las de los locales en los que compras sin pagar con dinero contante y sonante, y las de puntos. Eso resulta relativamente fácil, ya que basta con una llamada a la entidad que te las ha entregado, ya puede ser un banco, unas grandes superficies o un supermercado. Si con la llamada no basta te presentas allí para pedir que cancelen la anterior y te den una nueva y con eso es suficiente. Porque claro, si tardas en realizar esta acción es posible que cuando te des cuenta hayan utilizado las tarjetas robadas y te hayan vaciado la cuenta del banco, se hayan amoblado la casa a su costa o bien hayan llamado a sus familias al otro lado del mundo gracias a ti. Y si bien ya es una putada que te hayan dejado sin esos efectos personales, es aun peor que los hayan utilizado en tu contra o mejor dicho que a costa tuya se puedan dar la buena vida.
Lo curioso es que cuando son documentos de entidades privadas las acciones de sustitución no suelen durar mucho, y por lo general sueles salir del local con tu nueva tarjeta.
Eso no pasa con los documentos oficiales. Por el contrario parece que no solo el castigo consista en que hayas padecido un robo, sino que encima tienes que ser de nuevo penalizado con largas horas de espera para que te den los nuevos documentos. Si se trata del DNI directamente sabes que vas a tener que hacer una cola interminable y de paso esperar varias semanas a que te den el nuevo. Pero eso todo el mundo lo sabe y ya estamos todos preparados de antemano a ello.
Pero lo chungo es lo que sucede con el carné de conducir. Las colas en tráfico son realmente impresionantes. La vez que fui yo a sustituirlo llegué a las 9 de la mañana y la cola daba la vuelta al bloque. Lo divertido es que eso solo era la parte visible del asunto, porque luego dentro del edificio era más de lo mismo. Total que a fin de cuentas tardé 4 horas y media en que me dieran mi permiso de conducir.
Pero ya a pesar de las colas y los follones, lo más interesante del asunto es como se comporta a gente en esos locales. Porque si bien todos estamos en las mismas no todos reaccionamos igual. Están los caras de siempre que al final terminan colándose, o al menos intentando hacerlo, porque si algo bueno tiene lo de las esperas eternas es que llega un momento que la gente está tan irascible que pobre de aquel que intente hacerse el listo. Esa vez hubo dos personas que vimos que probaron a hacerlo, uno de ellos salió abucheado públicamente y con suerte de que solo le dijeron palabras que no llevaron al cabo, porque lo cierto es que si la multitud lo pilla en serio lo descuartiza in situ. El otro no pensaba colarse sino simplemente adelantarse a los demás y cuando las personas que estaban a principio de cola lo mandaron al final incluso para ir a información, todo el mundo aplaudió. Por lo visto cuando estamos en situaciones desesperadas en las que no podemos hacer nada para remediarlo, sale nuestra vena solidaria.
A mi lo que más me gustó fue que conforme pasa el tiempo vas conociendo a las personas con las que has estado haciendo cola. Algunas de ellas te han contado su vida y milagros, otras simplemente el por qué de esa espera, alguna anécdota aleatoria o bien unas recetas para la tarta de manzana. Lo más probable es que no vuelvas a ver a esas personas, de ahí que a veces ni siquiera sepas su nombre, aunque sepas cuantos hijos tiene y qué están estudiando.
Después de varias horas en el mismo lugar, todos encerrados, ya hay confianza, y si tienes la suerte de que te toca pasar antes que los demás siempre puedes comentar con ellos el desarrollo afortunado de los acontecimientos. Y si no eres de esos, siempre puedes alegrarte por los que han salido antes que tu, siempre y cuando no se hayan colad, hayan hecho trampa y sean de los que estaban alrededor tuyo en las interminables colas para todos los papeleos. Y cuando finalmente todo salimos la alegría se apodera de nosotros, es como cuando vas a un partido en el que juega tu país contra uno extranjero y has ganado, la gente se abraza se besa y se alegra por los demás. Es curioso ver como sale la gente después de varias horas de espera, con su carné en la mano, con una sonrisa de oreja a oreja y alguna que otra lagrimita perdida, dando saltos de alegría y abrazando a todos los que hemos estado con ella durante toda la espera.
A fin de cuentas en esos momentos es cuando dejamos salir lo que realmente somos, los que son unas personas miserables, rastreras y que siempre buscan a hacer trampa, son aquellos que se cuelan, son desagradables y te quitan el sitio. Sin embargo aquellas personas que son más humanas, al final terminan dejando ver la luz que llevan dentro y hacen que la espera sea más llevadera. Porque a fin de cuentas no es culpa de los funcionarios ni del sistema que nos hayan robado, ellos hacen lo que pueden, mientras que el verdadero culpable está pasándolo guay con nuestros papeles.
Si bien ya no seremos tan inocentes como antes de que nos atraquen, luego tenemos que seguir adelante y para ello restituir todo aquello que nos han quitado. Para eso hay dos maneras, la primera es ir de compras, y la segunda que es la que me interesa hoy es renovar todos los documentos robados.
En un mundo donde tu número del DNI es más importante que tu propio nombre, ¿podemos perder la identidad cuando no tenemos documento de identidad? Sin papeles oficiales ¿eres realmente un ciudadano o te has convertido en un anónimo? ¿Por qué siempre resulta tan complicado poder restituir todos esos documentos, incluso cuando no los has perdido por culpa tuya?
Lo cierto es que incluso cuando vas a poner la denuncia del robo, ya te das cuenta de que esos papeles son más que el material que los sustenta, sin ellos realmente no eres nada. Lo primero que te piden es un documento que acredite quién eres, pero si te lo han sustraído eso resulta más complicado. Así que lo primero que hay que hacer es ir a renovarlos a la vez que hay que tomar las medidas pertinentes para evitar que el robo vaya a más.
En general lo primero que se hace es anular todas las tarjetas de crédito, las de los locales en los que compras sin pagar con dinero contante y sonante, y las de puntos. Eso resulta relativamente fácil, ya que basta con una llamada a la entidad que te las ha entregado, ya puede ser un banco, unas grandes superficies o un supermercado. Si con la llamada no basta te presentas allí para pedir que cancelen la anterior y te den una nueva y con eso es suficiente. Porque claro, si tardas en realizar esta acción es posible que cuando te des cuenta hayan utilizado las tarjetas robadas y te hayan vaciado la cuenta del banco, se hayan amoblado la casa a su costa o bien hayan llamado a sus familias al otro lado del mundo gracias a ti. Y si bien ya es una putada que te hayan dejado sin esos efectos personales, es aun peor que los hayan utilizado en tu contra o mejor dicho que a costa tuya se puedan dar la buena vida.
Lo curioso es que cuando son documentos de entidades privadas las acciones de sustitución no suelen durar mucho, y por lo general sueles salir del local con tu nueva tarjeta.
Eso no pasa con los documentos oficiales. Por el contrario parece que no solo el castigo consista en que hayas padecido un robo, sino que encima tienes que ser de nuevo penalizado con largas horas de espera para que te den los nuevos documentos. Si se trata del DNI directamente sabes que vas a tener que hacer una cola interminable y de paso esperar varias semanas a que te den el nuevo. Pero eso todo el mundo lo sabe y ya estamos todos preparados de antemano a ello.
Pero lo chungo es lo que sucede con el carné de conducir. Las colas en tráfico son realmente impresionantes. La vez que fui yo a sustituirlo llegué a las 9 de la mañana y la cola daba la vuelta al bloque. Lo divertido es que eso solo era la parte visible del asunto, porque luego dentro del edificio era más de lo mismo. Total que a fin de cuentas tardé 4 horas y media en que me dieran mi permiso de conducir.
Pero ya a pesar de las colas y los follones, lo más interesante del asunto es como se comporta a gente en esos locales. Porque si bien todos estamos en las mismas no todos reaccionamos igual. Están los caras de siempre que al final terminan colándose, o al menos intentando hacerlo, porque si algo bueno tiene lo de las esperas eternas es que llega un momento que la gente está tan irascible que pobre de aquel que intente hacerse el listo. Esa vez hubo dos personas que vimos que probaron a hacerlo, uno de ellos salió abucheado públicamente y con suerte de que solo le dijeron palabras que no llevaron al cabo, porque lo cierto es que si la multitud lo pilla en serio lo descuartiza in situ. El otro no pensaba colarse sino simplemente adelantarse a los demás y cuando las personas que estaban a principio de cola lo mandaron al final incluso para ir a información, todo el mundo aplaudió. Por lo visto cuando estamos en situaciones desesperadas en las que no podemos hacer nada para remediarlo, sale nuestra vena solidaria.
A mi lo que más me gustó fue que conforme pasa el tiempo vas conociendo a las personas con las que has estado haciendo cola. Algunas de ellas te han contado su vida y milagros, otras simplemente el por qué de esa espera, alguna anécdota aleatoria o bien unas recetas para la tarta de manzana. Lo más probable es que no vuelvas a ver a esas personas, de ahí que a veces ni siquiera sepas su nombre, aunque sepas cuantos hijos tiene y qué están estudiando.
Después de varias horas en el mismo lugar, todos encerrados, ya hay confianza, y si tienes la suerte de que te toca pasar antes que los demás siempre puedes comentar con ellos el desarrollo afortunado de los acontecimientos. Y si no eres de esos, siempre puedes alegrarte por los que han salido antes que tu, siempre y cuando no se hayan colad, hayan hecho trampa y sean de los que estaban alrededor tuyo en las interminables colas para todos los papeleos. Y cuando finalmente todo salimos la alegría se apodera de nosotros, es como cuando vas a un partido en el que juega tu país contra uno extranjero y has ganado, la gente se abraza se besa y se alegra por los demás. Es curioso ver como sale la gente después de varias horas de espera, con su carné en la mano, con una sonrisa de oreja a oreja y alguna que otra lagrimita perdida, dando saltos de alegría y abrazando a todos los que hemos estado con ella durante toda la espera.
A fin de cuentas en esos momentos es cuando dejamos salir lo que realmente somos, los que son unas personas miserables, rastreras y que siempre buscan a hacer trampa, son aquellos que se cuelan, son desagradables y te quitan el sitio. Sin embargo aquellas personas que son más humanas, al final terminan dejando ver la luz que llevan dentro y hacen que la espera sea más llevadera. Porque a fin de cuentas no es culpa de los funcionarios ni del sistema que nos hayan robado, ellos hacen lo que pueden, mientras que el verdadero culpable está pasándolo guay con nuestros papeles.
El Robo
Quiero empezar con este “artículo” una trilogía sobre hechos basados en algo que me ha sucedido hace poco, y que me ha hecho reflexionar sobre una serie de temas que se adecuan a los temas de los que suelo hablar en este blog.
El primero va a tratar, conforme a la cronología de los sucesos, del robo.
En los tiempos en los que vivimos es muy difícil pensar que somos tan vulnerables como antes. Al contrario tenemos la tendencia a pesar que estamos libres de todo peligro y que vivimos en completa seguridad. Pero siempre ocurre algo que nos devuelve ala realidad. ¿Hemos llegado al punto en el que el ladrón puede creer que todos son de su condición, porque todos lo son? ¿Podemos seguir pensando en el concepto de seguridad como antes? ¿Es posible que hayamos llegado a un punto en el que no estemos seguros de nada?
El caso es que después de pensar de manera retrospectiva a todo esto, la cosa puede resultar bastante irónica. Puesto que a fin de cuentas en el fondo siempre nos suceden las cosas por una razón, aunque nunca sepamos cual es exactamente.
Hoy en día tenemos la costumbre de pensar que somos invencibles, que nada nos afecta y que viviremos eternamente, al igual de que nadie nos puede hacer daño. Crecemos alentados por nuestros progenitores a creer que vivimos en un mundo de falsa seguridad en el que nada malo nos puede suceder. Pero a veces la vida se encarga de recordarnos de que nada de eso es cierto, y que el día menos pensado, en el momento que menos creemos, algo puede pasar que nos haga volver a la realidad.
Recuerdo que mis padres siempre están comiéndonos la cabeza a mi hermana y a mí sobre eso de que debemos de tener cuidado, de que las cosas hay que asegurarlas y de muchas más paranoias que ellos tienen asumidas. Y digo paranoias, porque era lo que yo pensaba que eran. Hasta que las cosas se encargaron de mostrarme que no es así. No debemos olvidar que nuestros mayores son sabios, más que nada porque al tener más edad, han tenido más experiencias, y saben más de la vida que los jóvenes. Y a veces deberíamos hacerles caso porque suelen tener la razón sobre lo que dicen. Aunque no siempre parezca que sea el caso.
Hace un par de semanas, fui a la playa como siempre, y como siempre dejé el coche en el aparcamiento de costumbre, con mis efectos personales en el maletero como suelo hacerlo. Cual no fue mi sorpresa al regresar y ver que habían reventado una de las ventanas del coche y que me habían robado todo lo que llevaba dentro. Y aunque la mayoría de cosas pueden ser reemplazadas y en el fondo no tienen mucho valor o mucha importancia. La verdad es que es un golpe bajo.
Cierto que no fue el único coche afectado ese día por esa ola de robos, pero llegar y ver tu propio coche con una ventana hecha añicos, entrar dentro y ver trocitos de vidrio por toda la tapicería, luego buscar tus cosas y darte cuenta de que te han dejado las llaves de casa, tiradas detrás de un arbusto, como por lástima hacia tu persona, es algo que no le deseo a casi nadie. La impotencia que se siente en ese momento es tremenda, no sabes qué hacer, y encima acaban de tirar por el suelo la falsa seguridad en la que creías que vivías. Ya no porque tengas que recuperar todo lo que te han quitado, sino porque te das cuenta por un lado de que todo ese rollo que te meten los padres sobre lo de tener cuidado es cierto, y luego porque realmente eres conciente de que es muy fácil hacerle daño a los demás y que el concepto de seguridad no es tan “seguro” como lo creíamos, somos vulnerables y en cualquier momento puede llegar alguien y despojarnos de lo que pensábamos que teníamos.
Sin embargo con esto no quiero que cunda el pánico como podría pensarse, sino simplemente advertir de que nadie está a salvo de ese mal, y que en el momento menos pensado nos puede suceder, de ahí que seamos más cuidadosos con lo que hacemos, y hagamos más caso de lo que nos dice la gente con más experiencia.
Es importante seguir un número de pautas que pueden llegar a sernos de gran utilidad en casos como ese. Pautas que todos conocemos y que sin embargo no solemos llevar a cabo porque son molestas, no se adecuan a la rutina diaria y en el fondo no son útiles sino para evitar algo que no tiene por qué pasarnos. Algunos pensaran que es mala suerte simplemente, pero yo creo que la suerte no tiene mucho que ver y menos si no hacemos nada para favorecerla. Me refiero a que debemos intentar jugar con todas la ventajas posibles por si acaso.
Cierto que el que no juega nunca a la lotería no puede nunca ganar el gordo, de ahí que debamos llevar a cabo ciertas conductas que nos permitan evitar al máximo el riesgo de ser atracados. Porque si algo es cierto, es que cada día hay más gente necesitada de dinero que recurre a lo que haga falta para poder sobrevivir, y si bien no es una manera de resolver sus problemas, debemos entender que muchos de ellos no tienen otra alternativa que hayan considerado. En parte es responsabilidad nuestra que nos roben, ya que por un lado hacemos ostentación de lo que tenemos, y por otro lado no nos protegemos ni evitamos que nos sucedan esas desgracias.
Hay que ser precavido ante todo y curarse en salud, y una manera de hacerlo es escuchar y seguir los consejos que nos dan aquellas personas que saben de eso. Nunca se es demasiado precavido, dicen. Lo cual puede ser muy cierto. Ya que no podemos ayudar a todas las personas que están necesitadas de dinero, al menos debemos ayudarnos a nosotros mismos a evitar que nos roben. Y para eso es importante pensar que lo que le pasa al vecino nos puede pasar a nosotros también. Debemos olvidarnos de que vivimos en un mundo seguro, y pensar un poco más en que no somos ni invencibles ni estamos a salvo de todo eso. Lo cual no significa por supuesto que tengamos que vivir en un estado de paranoia continua, sino simplemente ser más cuidadosos con lo que hacemos, y pensar que toda precaución es poca.
La verdad está ahí fuera, según dicen, pero el mal también. Sin embargo, no estamos desarmados ante ello, poseemos herramientas que nos permiten combatirlo. Y lo que es más importante, tenemos una cabeza para pensar y que nos hace reflexionar sobre lo que debemos hacer para evitar los percances, por lo tanto deberíamos usarla más a menudo.
El primero va a tratar, conforme a la cronología de los sucesos, del robo.
En los tiempos en los que vivimos es muy difícil pensar que somos tan vulnerables como antes. Al contrario tenemos la tendencia a pesar que estamos libres de todo peligro y que vivimos en completa seguridad. Pero siempre ocurre algo que nos devuelve ala realidad. ¿Hemos llegado al punto en el que el ladrón puede creer que todos son de su condición, porque todos lo son? ¿Podemos seguir pensando en el concepto de seguridad como antes? ¿Es posible que hayamos llegado a un punto en el que no estemos seguros de nada?
El caso es que después de pensar de manera retrospectiva a todo esto, la cosa puede resultar bastante irónica. Puesto que a fin de cuentas en el fondo siempre nos suceden las cosas por una razón, aunque nunca sepamos cual es exactamente.
Hoy en día tenemos la costumbre de pensar que somos invencibles, que nada nos afecta y que viviremos eternamente, al igual de que nadie nos puede hacer daño. Crecemos alentados por nuestros progenitores a creer que vivimos en un mundo de falsa seguridad en el que nada malo nos puede suceder. Pero a veces la vida se encarga de recordarnos de que nada de eso es cierto, y que el día menos pensado, en el momento que menos creemos, algo puede pasar que nos haga volver a la realidad.
Recuerdo que mis padres siempre están comiéndonos la cabeza a mi hermana y a mí sobre eso de que debemos de tener cuidado, de que las cosas hay que asegurarlas y de muchas más paranoias que ellos tienen asumidas. Y digo paranoias, porque era lo que yo pensaba que eran. Hasta que las cosas se encargaron de mostrarme que no es así. No debemos olvidar que nuestros mayores son sabios, más que nada porque al tener más edad, han tenido más experiencias, y saben más de la vida que los jóvenes. Y a veces deberíamos hacerles caso porque suelen tener la razón sobre lo que dicen. Aunque no siempre parezca que sea el caso.
Hace un par de semanas, fui a la playa como siempre, y como siempre dejé el coche en el aparcamiento de costumbre, con mis efectos personales en el maletero como suelo hacerlo. Cual no fue mi sorpresa al regresar y ver que habían reventado una de las ventanas del coche y que me habían robado todo lo que llevaba dentro. Y aunque la mayoría de cosas pueden ser reemplazadas y en el fondo no tienen mucho valor o mucha importancia. La verdad es que es un golpe bajo.
Cierto que no fue el único coche afectado ese día por esa ola de robos, pero llegar y ver tu propio coche con una ventana hecha añicos, entrar dentro y ver trocitos de vidrio por toda la tapicería, luego buscar tus cosas y darte cuenta de que te han dejado las llaves de casa, tiradas detrás de un arbusto, como por lástima hacia tu persona, es algo que no le deseo a casi nadie. La impotencia que se siente en ese momento es tremenda, no sabes qué hacer, y encima acaban de tirar por el suelo la falsa seguridad en la que creías que vivías. Ya no porque tengas que recuperar todo lo que te han quitado, sino porque te das cuenta por un lado de que todo ese rollo que te meten los padres sobre lo de tener cuidado es cierto, y luego porque realmente eres conciente de que es muy fácil hacerle daño a los demás y que el concepto de seguridad no es tan “seguro” como lo creíamos, somos vulnerables y en cualquier momento puede llegar alguien y despojarnos de lo que pensábamos que teníamos.
Sin embargo con esto no quiero que cunda el pánico como podría pensarse, sino simplemente advertir de que nadie está a salvo de ese mal, y que en el momento menos pensado nos puede suceder, de ahí que seamos más cuidadosos con lo que hacemos, y hagamos más caso de lo que nos dice la gente con más experiencia.
Es importante seguir un número de pautas que pueden llegar a sernos de gran utilidad en casos como ese. Pautas que todos conocemos y que sin embargo no solemos llevar a cabo porque son molestas, no se adecuan a la rutina diaria y en el fondo no son útiles sino para evitar algo que no tiene por qué pasarnos. Algunos pensaran que es mala suerte simplemente, pero yo creo que la suerte no tiene mucho que ver y menos si no hacemos nada para favorecerla. Me refiero a que debemos intentar jugar con todas la ventajas posibles por si acaso.
Cierto que el que no juega nunca a la lotería no puede nunca ganar el gordo, de ahí que debamos llevar a cabo ciertas conductas que nos permitan evitar al máximo el riesgo de ser atracados. Porque si algo es cierto, es que cada día hay más gente necesitada de dinero que recurre a lo que haga falta para poder sobrevivir, y si bien no es una manera de resolver sus problemas, debemos entender que muchos de ellos no tienen otra alternativa que hayan considerado. En parte es responsabilidad nuestra que nos roben, ya que por un lado hacemos ostentación de lo que tenemos, y por otro lado no nos protegemos ni evitamos que nos sucedan esas desgracias.
Hay que ser precavido ante todo y curarse en salud, y una manera de hacerlo es escuchar y seguir los consejos que nos dan aquellas personas que saben de eso. Nunca se es demasiado precavido, dicen. Lo cual puede ser muy cierto. Ya que no podemos ayudar a todas las personas que están necesitadas de dinero, al menos debemos ayudarnos a nosotros mismos a evitar que nos roben. Y para eso es importante pensar que lo que le pasa al vecino nos puede pasar a nosotros también. Debemos olvidarnos de que vivimos en un mundo seguro, y pensar un poco más en que no somos ni invencibles ni estamos a salvo de todo eso. Lo cual no significa por supuesto que tengamos que vivir en un estado de paranoia continua, sino simplemente ser más cuidadosos con lo que hacemos, y pensar que toda precaución es poca.
La verdad está ahí fuera, según dicen, pero el mal también. Sin embargo, no estamos desarmados ante ello, poseemos herramientas que nos permiten combatirlo. Y lo que es más importante, tenemos una cabeza para pensar y que nos hace reflexionar sobre lo que debemos hacer para evitar los percances, por lo tanto deberíamos usarla más a menudo.





