logotipo

img_google
Khayman en la Ciudad
Comentarios sobre la vida
Acerca de
Se trata de una columna en la que me gusta publicar mis impresiones acerca de la vida, el sexo, en fin, muchas cosas, ..."Disfrutenla"
Sindicación
 
El Poder De La Razón.
La mayoría de la gente considera que lo que nos diferencia de los demás seres del reino animal es que somos animales pensantes, es decir que al contrario que los demás nosotros podemos elaborar sistemas complejos gracias a nuestro cerebro más desarrollado que el de los bichos. Según ellos nuestra ventaja es justamente que no contamos ni con la intuición ni con los sentimientos para poder sobrevivir. Nuestra inteligencia hace que seamos los reyes del mundo animal y vegetal, porque claro si ya somos superiores a los animales ni hablemos de las plantas que esas sí que no pintan nada.
En un mundo en el que la ciencia es la religión de la mayoría de las personas, en el que nada existe si no se ha demostrado empíricamente que lo es, y en el que el cerebro pesa más que el corazón, ¿nos hemos vuelto seres exclusivamente racionales? ¿Dónde están los sentimientos? ¿Qué sucede con todo aquello que la razón no puede demostrar o concebir? ¿Si no piensas, entonces no existes?
Obviamente la disputa entre ciencia y religión es demasiado antigua y demasiado básica para que la pueda explicar, sin embargo hay que entender que ambas van unidas en la búsqueda de una misma finalidad. Tanto la ciencia como la religión quieren contestar a las preguntas que nos hacemos o al menos calmar nuestra sed de respuestas acerca de todo lo que nos rodea. Una lo hace por demostración y otra simplemente por fe, porque es así y punto en boca. Pero la base de eso es nuestra curiosidad y nuestra voluntad de que todo tenga una explicación coherente.
En ese afán de que todo encaje en nuestro coco, nos olvidamos de que como los demás seres del reino animal, hay otras cosas que son igualmente importantes para nuestra vida y supervivencia, y que dejamos de lado por completo, como podrían ser los sentimientos o la intuición. Porque no concebimos que las cosas puedan pasar o existir si no se pueden explicar, tanto de forma empírica como por que así son.
Lo primero que tenemos que racionalizar en nuestra vida son los sentimientos. Siempre nos preguntamos por qué sentimos eso por la persona que tenemos delante, o por qué con otras no podemos ser amables sino que nos ponen de los nervios, por qué somos antipáticos con unos y con otros no, cuando ni les conocemos ni sabemos como son. No podemos dar una explicación a esa reacción lo cual nos perturba, ya que todo ha de poder explicarse de una forma lógica.
Pero hay cosas que la propia razón no puede explicar. No nos puede decir por qué nos enamoramos de alguien, aunque lo intenta por todos los medios. La ciencia intenta hacer del sentimiento algo químico o físico que pueda entrar en sus leyes matemáticas y fijas. No podemos decir por qué nos enamoramos de una persona, y de hecho sería ridículo decir que la combinación de feromonas que segrega esa persona hace que nos sintamos atraídos hacia él o ella. Porque si fuese el caso bastaría con saber cual es la formula para obtener dicha combinación y entonces podríamos hacer que cualquier persona se enamorase de nosotros, podríamos influirle y decidir por esa persona. Eso nos gustaría a todos, pero no es lo más ético, porque estaríamos privando a la persona de opinión y de libre albedrío.
En resumen, sería como cuentan en las películas de brujas, que nos hacen un conjuro para enamorarnos. Todos hemos visto alguna película que cuente lo que he dicho. En ella siempre hay un momento en el que se preguntan si realmente todo lo que sienten los protagonistas es verdad o si es tan solo los efectos de un hechizo. Y es ahí cuando nos damos realmente cuenta de la importancia que tienen los sentimientos, sin querer explicarlos. Por un lado eso que sienten tienen que saber si es producto de una manipulación por parte de una persona interesada o bien si es tan sólo una casualidad, cosa que al final terminarán achacando a que el “destino” lo ha decidido así, otra entidad pensante y poderosa que hace que todo tenga una razón de ser; por otra parte se olvidan de aquello que sienten, no pueden dejar que eso ocurra sino que han de darle una explicación al fenómeno.
Con los sentimientos amorosos siempre hay este problema. Como seres pensantes debemos encontrar una razón para que todo ocurra, incluso le hecho de que sintamos las cosas. Porque si no lo podemos explicar no podemos creer en ello. Es cuando la gente dice frases como “estábamos destinados a estar juntos” o “es mi media naranja” o lo que sea. Porque debemos pensar en ese sentimiento antes que sentirlo. Debemos saber que estamos enamorados antes de sentir que lo estamos.
Y el problema viene cuando dedicamos tanto tiempo a descubrir las razones por las cuales eso sucede que pasamos de ello y cuando nos damos cuenta el momento se ha acabado, hemos perdido el tren y nos quedamos solos, preguntándonos dónde nos hemos equivocado y por qué. Y entonces la dinámica se retroalimenta, porque nos arrepentimos de haber perdido lo que teníamos, o de no haberlo disfrutado lo suficiente, por haber estado haciéndonos preguntas que no iban a tener respuesta.
Esta búsqueda de unas razones para todo lo que sucede ha llevado a muchas personas a crearse falsos estímulos. Por un lado están los científicos, que únicamente creen en lo que se pueda demostrar en un laboratorio. Pero no todo lo que existe se puede ver en un tubo de ensayo o en una probeta. Hay cosas que no caben ahí dentro. Por mucho que lo intenten, el amor de una madre por sus hijos, la felicidad que nos da conseguir algo que deseamos con toda nuestra alma, la muerte de un ser querido, o la pérdida de alguien, son cosas que no caben en un laboratorio. Hay cosas que los propios científicos no pueden explicar. Y sin embargo, lo quieren hacer, y pasan sus vidas metidos en centros de investigación, bajo la luz de los neones, entre tubos y líquidos corrosivos, con vapores nefastos, pasando su vida al margen de lo que realmente importa. Esas personas sacrifican todo aquello que quieren explicar con tal de encontrar respuestas. Esas personas han perdido su vida y las oportunidades de tener todo aquello que no se puede explicar y de vivirlo con tal de encontrar algo que no existe. Hay personas que no son científicos de renombre, o que no tienen ni idea de las ciencias, y que se pasan la vida pasando de todo aquello que vale la pena porque no pueden racionalizarlo o explicarlo.
Otras sin embargo delegan la responsabilidad a un ser supremo que es la razón por la que todo sucede. La gente muy religiosa por el contrario no pierde su vida buscando respuestas, sino que lo hace temeroso de un castigo celestial por disfrutar de todo aquello que, por otro lado, ha sido creado por esa misma entidad. Según eso Dios es un sádico, porque nos proporciona un montón de cosas que nos pueden dar felicidad y ocasiones de serlo, y sin embargo nos prohíbe hacer uso de ellas porque en esta vida debemos ser desgraciados para ser felices después de ella. Estas personas viven en el miedo, no se paran a sentir aquello que les rodea, sino que piensan todo antes y lo juzgan y califican en función de parámetros que se han establecido hace miles de años, por gente que les quería controlar. Todo aquello que sea bueno para el corazón, o para los sentimientos, es malo, y sólo la razón o alma son lo que vale.
El problema es cuando la razón pasa por delante de los sentimientos. Cuando pensamos algo que no debemos, porque no es lo suyo, ya estamos en el error. Hay cosas que son sin tener por ello que necesitar que sepamos su razón de ser. Pero nosotros debemos poder explicarlo para aceptarlo, y entonces lo podremos aceptar o no, y sentirlo o no, porque ya lo habremos perdido. No somos capaces de entender que el cerebro y el corazón pueden funcionar por separado, que a veces podemos amar a alguien que no entendemos por qué amamos, o bien que la persona que consideramos como el mejor partido, la persona ideal según lo que tenemos pensado y estudiado, es alguien por la cual no sentimos nada. En vez de dejar que eso suceda y disfrutarlo, lo intentamos explicar y perdemos el tiempo en eso.
En el Universo todo lo que hacemos tiene una repercusión, toda acción tiene una reacción, y en su momento llega. Pero el problema es que muchas veces nos centramos únicamente en buscar las razones por las que suceden las cosas, cuando no es el momento de hacerlo. Las cosas suceden por una razón, eso es cierto, pero a veces la explicación no se nos puede dar cuando lo queremos sino que lo entenderemos cuando sea el momento, y si desaprovechamos el presente pensando en un futuro improbable, lo único que conseguiremos será arrepentirnos de no haberlo disfrutado cuando teníamos la ocasión. Ya tendremos tiempo de pensar, pero hay momentos en los que lo que debemos es sentir sin pensar y sin buscar respuestas.
 
Los Egoístas
Dicen que no hay peor crítico que uno mismo, pero en ciertas ocasiones, la verdad, es que es todo lo contrario y que desarrollamos ciertas actitudes, totalmente repelentes, de las que no somos concientes ya que no tenemos ningún referente externo que nos indique el cambio. Muchas de esas manías que pillamos lo hacemos cuando llevamos tiempo sin estar con nadie, por la falta de costumbre, y suelen denotar una gran falta de empatía con los demás, haciendo que cuando vayamos a estar en una relación las cosas se pongan difíciles muchas veces e incluso a veces insoportables.
En un mundo en el que el individualismo está a la orden del día, pero donde nos meten por todos los medios la idea de que hay que vivir en pareja, ¿Por qué somos tan egoístas? ¿Por qué queremos estar en pareja si luego no soportamos compartir? ¿Por qué somos capaces de crearnos un mundo individual tan completo que ya cuando encontramos a alguien que merece la pena no somos capaces de ser felices con la otra persona?
Responder a estas preguntas es muy sencillo en la teoría, pero en la practica no lo es del todo. Para empezar si digo que somos todos egoístas, la mayoría de lectores no se sentirá identificado con ello, pero es la verdad. Si nos ponemos a pensar en serio, nos daremos cuenta de que por culpa del mundo en el que vivimos y de los palos que hemos recibido, nos hemos creado una coraza que nos protege del mundo exterior y por lo tanto de las demás personas. Ser egoísta no consiste solamente en ser avaricioso, sino es no querer compartir y siempre pensar en uno mismo antes que en los demás. Aunque está claro que siempre deberíamos ser los primeros en nuestro orden de prioridades, cuando dichas prioridades anulan a la gente que nos rodea y nos quiere, entonces es cuando entramos en la dinámica errónea del ególatra.
Desgraciadamente, la sociedad actual no permite muchas alegrías reales, porque si hacemos caso de lo que nos vende la publicidad, para ser felices sólo tendríamos que comprarnos todo aquellos que nos presentan. Pero no es así. Tenemos que enfrentarnos a la competitividad laboral, al pasotismo de la gente y al abandono por parte de los amigos. Los valores que nos inculcaron nuestros padres no encuentran cabida en la sociedad actual a no ser que los blindemos contra los ataques exteriores.
Al crearnos ese escudo contra la sociedad que nos arremete, ya sea por medio de la familia, los amigos, los amantes o la gente en general, nos aislamos de los demás. Y conforme va pasando el tiempo, el escudo se hace más duro y aquellas cosas a las que nos vamos acostumbrando en nuestra soledad se van convirtiendo en costumbres que poco a poco se hacen más fuertes y al final ya ni nos damos cuenta de que las tenemos. Una de ellas puede ser el acostumbrarse a dormir solo. Al principio se trata de un medio de supervivencia, pero al cabo del tiempo te acostumbras a estar solo en la cama y ya no soportas que nadie más duerma contigo. Incluso cuando alguien lo hace, esa noche en vez de ser feliz por no tener que despertarte solo y pasar frío, no duermes porque estas incomodo. Al día siguiente, te levantas cansado y ojeroso y encima de mala leche porque la falta de sueño te hace ser irascible. Al final ya no es un medio de supervivencia, sino que se ha convertido en una traba al buen funcionamiento de la relación. Y lo pero es que muchas veces no eres conciente de todo eso, y te peleas con tu pareja sin saber el por qué.
Otra costumbre que se suele pillar cuando tienes que estar solo, es hacer tu vida sin contar con nadie. Es el difícil paso del “yo” al “nos” que tanto cuesta hacer. Muchas veces hay intención de cambiar, pero la verdad es que es mucho más cómodo y sencillo no modificar nada, porque los cambios implican un esfuerzo y el esfuerzo implica a su vez molestias físicas y mentales. Y todos sabemos que el “dolor” no es bueno y que hay que evitar complicarse la vida porque son dos días. Entonces lo mejor es que la otra persona sea la que se acostumbre a nuestras manías.
Hacer las compras para uno mismos, los recados y demás papeleos burocráticos, ir a exámenes solo, salir a pasear o de marcha sin nadie, son cosas a las que nos debemos acostumbrar cuando nos dejan nuestros seres queridos o nuestra pareja. Eso está bien, porque hay que saber estar solo y estar a gusto con uno mismo. El problema es que a veces eso se convierte en un obstáculo para los demás, para aquellas personas que quieren entrar en nuestra vida y compartirla con nosotros. La mayoría de las veces no somos concientes de ello, pero rechazamos a esas personas cuando nos quieren acompañar, por el simple hecho de que somos más eficientes haciéndolo solos y no acompañados. Consideramos que la ayuda que nos puedan aportar, o mejor dicho, la simple compañía que nos hagan, van a hacer que seamos menos eficientes, y por lo tanto eso es perjudicial. Es muy difícil conseguir romper ese habito de pensar en singular, se supone que cuando lo consigues las cosas deberían ir mejor, pero no siempre es el caso, porque el paso de un estado al otro se hace con una transición dolorosa y complicada que a veces no merece la pena, o al menos es lo que piensan las personas que se cierran en banda.
Por lo general esas costumbres individualistas se acentúan cuando tratan acerca de temas personales para la persona en cuestión. Si es su casa o su espacio personal, las cosas se ponen feas muy fácilmente. Todos necesitamos nuestra intimidad, porque somos individuos ante todo, pero cuando anteponemos esa necesidad, muy por encima de las de la otra persona, cuando no queremos ceder ni un milímetro de nuestra postura, entonces es cuando se produce el roce doloroso. Con esto no quiero decir que cuando estas en pareja debas compartirlo absolutamente todo con la otra persona y entregarte ciegamente y a expensas de tu propia felicidad o integridad. Pero cuando la persona hace una muralla alrededor de su intimidad y no te deja entrar en ella ni siquiera para ver como es, entonces estamos en el mal camino.
Estar acostumbrado a no necesitar la ayuda de nadie es una cualidad muy positiva, porque indica independencia por parte de la persona, pero de ahí a rechazar la ayuda de los demás hay mucha diferencia. Cuando lo hacemos no estamos demostrando ser autosuficientes sino soberbios, y de paso estamos haciendo que la otra persona se sienta mal ya que la consideramos inferior por no ser digna de nuestra confianza. Confiar en los demás es una inversión arriesgada, por lo que a veces mucha gente ni siquiera la considera como una opción, porque no quieren tener que dar nada a cambio, sino simplemente recibir. Ahí de nuevo se demuestra que esas personas piensan únicamente en su beneficio personal y no en el de los demás. Aunque se amparen en que lo hacen por no molestar ni aburrir, pero al hacerlo están rechazando a la persona y de paso pensando solo en ellos.
El caso extremo del egoísmo ocurre cuando nos convertimos en el objeto de la otra persona. Ya no somos su pareja, ni su amigo ni una persona, sino que somos una propiedad suya y de nadie más. Entonces es cuando se materializan los celos de los que ya he hablado en ocasiones anteriores, pero bajo su forma más perversa. Y digo esto, porque no se racionaliza sino que se siente dolor por ambas partes. El que siente los celos no los comprende, no sabe por qué se comporta de forma tan posesiva. Y el que es objeto de la posesión lo sufre porque ve como su vida ya no es suya sino que pasa a ser controlada por la otra persona. La relación se basa en el sentido de posesor y poseído, ya no se refiere al amor sino a que el segundo se ha convertido en un bien material para la otra persona, que no quiere que pueda beneficiar a nadie más que a él, puesto que es su legítimo dueño. Es lo mismo que cuando nos compramos un coche caro y no queremos que nadie más lo conduzca porque es nuestro y no tenemos ganas de que otra persona lo pueda dañar o incluso disfrutar. Cuando llegamos a ese punto, pocas soluciones hay que no acaben en una ruptura.
Romper esas barreras es algo que resultará casi imposible para aquellos que queramos compartir. De hecho, creo que si la otra persona no quiere dejarte pasar, ya puedes ser el amor de su vida, la mejor persona del mundo, su media naranja o como queráis llamarlo, que no lo vais a conseguir. Si no hay intención de dejarnos pasar, no podemos hacer nada. Por mucho empeño que le pongamos, el movimiento debe empezar desde la persona egoísta. Aunque como todos somos egoístas, digamos que ese movimiento debe empezar desde el que lo es menos. Si no se consigue cambiar eso, al final el que tanto deseaba tener su propia vida lo conseguirá, pero el precio que habrá de pagar es el de estar siempre solo, y eso no le gusta a nadie, por mucho que lo nieguen.
Cuando queremos que una relación realmente funcione entre dos personas, hay que encontrar un punto medio en el que ambas hayan tenido que sacrificar valores idénticos para que no haya ninguno que se encuentre en situación de inferioridad ante el otro. Ambas personas han de ceder en parte para el bien de los dos. Se supone que se ha de llegar al estado en el que ese sacrificio beneficia a ambas personas por igual, porque de lo contrario se establecería una dinámica de poder en la que al final uno acaba subordinado al otro, lo cual a la larga acaba en que una persona ha dejado de lado todo aquello que quería por una relación en la que nunca recibirá el elemento más importante que es el respeto.
 
¿Cuanto Cuesta?
Tenemos la costumbre de medir todo lo que poseemos en función de lo que cuesta o de la marca que es. De hecho lo segundo es menos frecuente que lo primero, porque la marca leva incluida un precio de salida. Nunca vas a decir que unas zapatillas Converse te han costado 10 euros, aunque fuese el caso, porque incluso cuando son una ganga la marca de la que son ya conlleva en si misma un cierto desembolse económico, y si no es el caso no se dice. Por lo tanto siempre medimos los objetos que nos rodean en función de lo que cuestan o bien de la marca de la que son.
Pero, si ya no hablamos de los objetos sino de todo lo que nos rodea ¿podemos hablar de marca para los animales de compañía? ¿Si hacemos eso, por qué no de paso hacerlo de las personas? ¿Dónde quedan las cualidades de las cosas, animales y personas? ¿Por qué somos tan superficiales, incluso tratándose de “seres de la familia”?
Tal vez resulte curioso esta calificación, pero muchas veces consideramos a los animales de compañía como si fuesen otros miembros de nuestras familias. Les hablamos, les damos de comer, los cuidamos y los mimamos, como si fuesen personas. Muchas veces incluso hacemos cosas con los animales que no haríamos con las personas que nos rodena. No penséis mal. Me refiero que a veces les tratamos mejor que a las personas. Hay personas capaces de gastarse un dineral en un perro, de darle de comer comida carísima, cuando ven a gente a su alrededor que lo esta pasando mal (ya no sea solo por dinero) y no son capaces de hacerles caso. Hay personas crueles que sin embargo son unas personas cariñosísimas cuando tratan con animales, así como lo contrario también existe. Está claro que a veces tenemos más afinidades con algunos animales, o nos sentimos mejor en su compañía y nos aportan mayores beneficios que los propios miembros de nuestra raza. Si no fuese el caso no habría todas esas terapias para niños autistas o con problemas que sufren mejoras al estar en contacto con animales como delfines o burros. Todas esas terapias se basan en que muchas veces nos sentimos más cómodos con ellos que con los seres humanos.
Pero para no seguir en un tema demasiado complicado para mis conocimientos, me gustaría volver a lo que iba a tratar. Es decir las marcas. Porque por muco que lo evitemos siempre las utilizamos y en algunos casos resulta ridículo.
Cuando tienes un perro, por poner un ejemplo, pero con los demás animales de compañía es lo mismo, siempre hay una pregunta que te hace la gente cuando lo sacas a pasear, aparte de la de “¿muerde?” y es la típica “¿de qué raza es?”
Por lo visto tu animal de compañía solo se puede medir en las cabezas de la gente si consiguen establecer una jerarquía marquista en ella. Si les dices que es un dobermán o un bóxer ya pensaran que es un perro violento, aunque sea un sol. Y si les dices que es un yorkshire entonces pensaran que eres una persona con pasta. Pero no es importante el perro en sí, sino lo que representa.
En esos casos, se supone que las personas compran o adquieren el animal para que les dé un estatus especial. Un perro grande dará un aura de poder sobre los demás. Los perros pequeños suelen dar valores económicos a la persona. Conforme son más pequeños más caros y por lo tanto más dinero tiene su amo. Así pues perros como los labradores son más bien familiares, los pastores alemanes son como el comodín de los perros, ya que sirven para todo, y los caniches son para gente pija que quiere lucir a su perro con unos cortes de pelo ridículos.
Pero digamos, que excepto en pocos casos, la función del perro no se tiene en cuenta. Obviamente si tengo una mansión y quiero unos guardianes para ella, no me compraría unos chihuahuas para que la vigilasen y patrullasen por sus jardines, aunque igual podría resultar sorprendente el resultado. Si fuese el caso me compraría unos perros grandes y con pinta de lobos, aunque luego no lo fuesen en absoluto. Por lo demás no debería de importarnos la raza del perro o si es fino o no.
En mi caso tengo un perro que es un cruce entre quien sabe que animales, pero para lo que lo quiero me basta, porque sus cualidades no suelen ser comprables. Es un animal cariñoso, muy inteligente, que sabe comportarse, no ladra más de lo debido, sabe quedarse en casas ajenas sin montar follones, por lo que para personas que viajan mucho es una pasada, y encima suele caerle bien a todo el mundo. Y cuando me preguntan de qué raza es, yo me pregunto si realmente eso importa, si al ser de tal o cual raza entonces sería más cariñoso conmigo, o más fiel, o bien si cuando me voy de viaje y lo dejo con mi abuela, se portaría mejor, o al contrario.
Por ella he pagado 20 euros, porque sus dueños ya le habían puesto las vacunas cuando era un cachorro, sino me habría salido gratis. Luego veo personas que son capaces de gastarse un sueldo entero por un perro, porque resulta que es súper fino, o del tamaño de una rata, que parece mas bien un mocho que un perro, y que tiene más mala leche que un gremlin con hambre. De esos perrillos que no paran de ladrar y que si no les haces caso te muerden con saña y que por el contrario si se lo haces entonces te muerden por pesado. Pues bien, todos conocemos alguno de esos bichos tan insoportables y que han costado tan caro a sus dueños. Y sin embargo nos parece normal que alguien se gaste 500 euros en un perro, cuando hay un montón de animales en la protectora que desean ser adoptados y sin embargo no lo son porque no tienen pedigrí. Y lo peor de todo es que esas personas que gastan sumas escandalosas en un animal que a las dos semanas pilla un resfriado y la palma, mientras que tu perro callejero y sin marca duerme al aire libre en pleno mes de enero y no se enferma nunca.
Con los gatos pasa lo mismo. Algunas personas son capaces de comprarse un bicho que parece una rata pelada y decir que es un gato finísimo de esos que no tienen pelo, pero yo sigo pensando que eso no es un gato sino que tiene más en común con una serpiente que con un felino. Pero claro, como es fino pues es bonito aunque parezca que le va a dar un yuyu del frío que debe de estar pasando el animal. O esas bolas de pelo que no tienen ni derecho ni revés, que tienes que ver hacia donde caminan para saber donde está su cabeza y que muchas veces mueren atragantados por su propio pelo, porque el oxigeno no llega a atravesar semejante abrigo de piel. Luego ya no importa si ese “gato” es de esos que solo quieren sacarle los ojos a todo lo que pillan o bien si por el contrario son animales cariñosos, si son un simple adorno en la casa, como quien tiene un cuadro de Picasso o si realmente es un animal vivo que puede interactuar con los seres vivientes de la casa. Porque de lo contrario es más económico comprarse una cabeza de alce de esas que hay y que adorne la habitación.
Pero hay personas que no buscan las cualidades reales de los animales sino las que les aportan su marca. Luego esas personas son a veces capaces de llegar a extremos ridículos con tal de salirse con la suya. Les compran complementos totalmente risibles, los peinan a la última e incluso les ponen perfume. Es un perro, los perros huelen a perro, como nosotros debemos de oler a humanos, y encima con el olfato que tienen debe de ser malísimo, pero como eso no es lo que le importa al dueño como si el perro no sabe distinguir el olor de ajo del de Chanel.
Muchas veces pienso que esas personas, que tanta importancia le dan a los animales de raza fina, son capaces de hacer lo mismo con los seres humanos. Es posible que incluso lleguen a fardar de que sus hijos son rubios con pinta alemana, por así decirlo, ya que eso de ser moreno no se lleva, o al menos no hasta que llegaron los de Pasión de Gavilanes, hasta entonces el look latino no era más que símbolo de ser vividor o ladrón. Pero volviendo a esas personas, muchas veces parece como si para ellos fuese más importante que sus hijos puedan salir en un concurso de belleza, como hacen los americanos con sus hijas rubias de 12 años a las que visten como si fuesen el adorno de una tarta de bodas. Ya no importa si su hijos les quiere y está bien, sino que lo que importa es que los vecinos digan “que bien les ha salido ese niño, es de concurso, ojalá el mío fuese así y pudiese presentarlo en los concursos de belleza”. Se que eso no pasa casi nunca, pero a veces la gente se comporta con los animales como si no fuesen más que meros objetos de decoración. Está claro que no son como hijos, aunque a veces si que lo parezcan, pero de ahí a que a veces resulte ridículo.
La gente muchas veces busca las cualidades de lo que compra en la marca, porque se supone que una cierta marca nos las va a aportar. Obviamente no siempre es así, pero casi todos pensamos que comprarse un Mercedes es símbolo de poder económico y que si por el contrario tu coche es un Volvo, entonces no solo tienes dinero, sino que también votas por la seguridad. Puedes conocer a la persona por el coche que lleva o por lo menos saber lo que intenta aparentar ser. No es lo mismo llevar un bolso de Prada que uno del mercado, aunque tal vez con lo que te compras el primero puedes reemplazar todos aquellos del mercado que salgan defectuosos.
A veces las cualidades del producto no te las ofrece la marca en exclusividad. Si lo que quieres es un medio para que tus pies no pasen frío y puedas caminar largas distancias, no necesitas que tus zapatillas cuesten cinco veces más por ser de marca. Como dice la canción esas zapatillas están hechas para caminar, así que lo demás es superfluo.
Y con algunas cosas más aun. Porque no puedes medir el valor de ciertas cosas en función de la marca o del coste que tengan. No puedes medir la amistad de tus amigos porque sean de raza pura, ni a tu familia porque provenga de familias ancestrales de alta alcurnia. Hay cosas que el dinero no puede medir, que las marcas no pueden encasillar y cuyas cualidades vienen intrínsecas en la persona o el animal y que no son determinadas por su denominación de origen.
 
Fantasmas Del Pasado
Hay ocasiones en las que por mucho que queramos seguir adelante, hay cosas que nos anclan al pasado y nos impiden llegar impolutos a una nueva relación. Por lo general se trata de fantasmas de relaciones pasadas que nos atormentan impidiéndonos descansar o bien seguir con nuestras vidas. Algunas veces se trata de manifestaciones que no teníamos pensadas, que aparecen de repente y que se van conforme han venido, otras veces son materializaciones e incluso acosos.
En un mundo en el que todo se explica científicamente, inclusive el amor, en el que lo racional es siempre lo válido, ¿Por qué nos cuesta, a veces, seguir adelante sin comernos el coco? ¿Por qué siempre hay algo que nos ata al pasado? ¿Cómo podemos librarnos de nuestras relaciones pasadas? ¿Cuál es la forma de librarse de todos los traumas pasados?
Uno de los primeros errores que cometemos que es como llamar al propio fantasma del pasado es la comparación. Siempre tenemos la tendencia a mantener un pie en el pasado, haciendo balance de lo que teníamos con otras personas, de lo que fallaba y de lo que nos daban. Pero esa postura no puede hacernos más que daño. Para empezar las comparaciones son odiosas. No podemos comparar cosas que no son comparables. Una relación entre dos personas es algo que evoluciona en el tiempo, por lo tanto dos personas no pueden mantener la misma relación al principio que en medio o que al final. Si además se trata de personas diferentes, entonces ya cambian todos los factores del sistema. Recuerdo que un sistema es un conjunto de elementos que relacionados entre si crean un todo superior a la suma de los elementos, pero si cambiamos uno de los componentes del sistema entonces el sistema cambia. De ahí que sea como comparar el motor de un coche con el horno microondas.
Esta es una forma de vivir en el pasado, que hacemos todos de forma involuntaria. Es muy difícil no estar comparando constantemente las relaciones, pero el error que cometemos es comparar a los exs con la persona con la que salimos en la actualidad, cuando el único factor común que tienen ambas relaciones es uno mismo, así que en realidad lo único que se podría comparar es el comportamiento que teníamos en dicha relación con el que tenemos en la actual. Si es que no podemos reprimirnos la necesidad de comparar.
Pero no es la única forma de que nos pueda acosar lo que nos ha cedido con anterioridad. A veces mantener una relación con los exs es una forma de mantener lazos con el pasado. A algunas personas eso es algo que no les gusta. Consideran que cuando acabas una relación con alguien, lo mejor que puedes hacer es olvidarte de esa persona y de esa relación. Pero yo no creo que ese sea siempre lo conveniente. Yo conservo una buena relación con algunos de mis exs, pero no con todos claro está, algunos no se merecen ni que me acuerde de sus nombres. Sin embargo mi relación con esas personas que siguen en mi vida no es la misma que antes. Por lo tanto no es como mantenerse atado al pasado sino más bien como si hubiese asimilado esas relaciones y formasen parte de mí. Cuando son amigos tuyos, no puedes darles la espalda. Se han convertido en algo más, entonces ya no son un ancla que te impide seguir adelante, sino a veces una vela que te empuja hacia el futuro, o unos compañeros de viaje muy majos que te ayudan cuando estas en dificultades. Aunque la verdad es que eso no sucede sino en contadas ocasiones.
Un caso de acoso real, ya no virtual, es cuando los exs no soportan que sigas con tu vida. A veces lo hacen de forma conciente y premeditada y otras simplemente porque les das la libertad de opinar. A veces es porque no pueden permitir que haya vida después de vuestra relación, y hacen todo lo posible por evitar que sigas adelante. Si no has podido estar con ellos no serás de nadie más. Es una versión algo egoísta, pero muy real del Fantasma de las Relaciones Pasadas. Ya no se trata de acoso sobrenatural sino que simplemente no te dejan vivir. Por lo general intentaran que rompas con tu pareja actual por todos los medios posibles, y la solución para que no lo consigan es realmente pasar de ellos. Aunque a veces no sea fácil hacerlo.
Otros fantasmas del pasado, son los errores que hayas cometido en si mismos. Se trata de aquellas personas que no deberías de haber conocido nunca y que sin embargo conoces, que te arrepientes de saber quienes son y que desearías que desapareciesen de la faz de la tierra. Por lo general esas personas son muy molestas porque tienen información sobre ti que no deberían tener y que te puede dejar en mal lugar si la utilizan de forma inadecuada. Pueden tener la llave de tu caja de Pandora personal y cualquier día desatar todos los males del mundo sobre tu vida.
Cuando tienes cosas en tu vida de las que no te sientes orgulloso por lo general puedes estar seguro de que algún día saldrán a la luz. Ya no tiene por qué ser de la mano de estos indeseables, pero hay que saber que toda acción tiene su reacción, y que todo lo que hagamos tarde o temprano volverá hacia nosotros, así que si es algo malo, podemos esperarnos lo peor. De ahí que cuando tenemos casos no resueltos en el pasado, debemos hacerlo lo antes posible porque por mucho que queramos tarde o temprano todo sale a la luz.
Las malas costumbres se pueden convertir en eso, pero yo por lo general me refiero a cuando dicen que si has sido tal cosa siempre lo serás, y eso te persigue toda tu vida. Dicen que lo más difícil es crearse una reputación, pero que una vez que la tienes ya puedes descansar: “create fama y échate a dormir”. A veces si resulta que la imagen que los demás se han hecho de ti es algo particular, eso puede perseguirte de por vida, porque es muy difícil de limpiar, ya sea verdad o no. Ese tipo de fantasmas, los relacionados con la reputación, son los más difíciles de espantar y vencer.
En otras ocasiones tan sólo se trata de cosas que pensamos que nos persiguen y que no lo hacen, creemos que algo que hemos hecho está mal y nos va a acosar de por vida, porque es una jugada que nos hace nuestra conciencia, y ahí yo no puedo entrar ya que cada cual tiene una manera de lidiar con sus propios fantasmas internos.
A veces esos fantasmas del pasado son eso, casos que nos atormentan porque no hemos podido solucionarlos. Esas cosas se quedan ahí ancladas y nos impiden seguir adelante porque en un momento dado nos explotan en las narices o bien simplemente porque no podemos dejar de mirar al pasado por miedo a que reaparezcan. Así que cuando nos sucede eso debemos intentar resolverlo lo antes posible. No debemos dejar para mañana lo que podemos hacer hoy, porque mañana nos dará pereza y no lo haremos, y cuando queramos darnos cuenta será más grave que cuando tenia solución simple y pasamos del asunto.
Porque hay algo que tienen todos los fantasmas en común, ya sean espectros del otro mundo o simplemente nuestra conciencia que nos la quiere jugar, y es que para que se vayan debemos afrontarlos. Si bien las formas que tienen de manifestarse son diferentes y muy variadas, la forma de combatirlos suele ser siempre la misma, y viene a ser simplemente hacerles caso. Ver cual es el problema que los ha provocado y dejarles descansar en paz. Cuando la razón por la que se están manifestando desaparece o se resuelve, ya no tienen por qué seguir acosándonos y pueden dejarnos en paz.
Realmente lo difícil siempre es encontrar la razón por la que nos atormentan, el por qué de tal actitud y por qué no quieren dejarnos seguir adelante, pero una vez que lo hemos encontrado, la solución no suele ser tan complicada como podríamos pensarlo. Y en cuanto antes los liberemos y los dejemos marchar, antes encontraremos la paz para poder seguir con nuestras vidas y nuestras nuevas relaciones.
Madonna dice en una canción llamada Bedtime Story que “todo lo que has aprendido, intenta olvidarlo…” y tal vez no esté desencaminada. A veces debemos olvidarnos de todo lo malo que nos ha sucedido para evitar que eso nos impida seguir adelante. Debemos empezar de nuevo con otras personas como si fuésemos una página en blanco. Al fin y al cabo esas malas experiencias nos sirven para no cometer errores en el futuro, pero solo si realmente hemos aprendido de ellos, no nos sirve que tengamos miedo o que vayamos en plan ojo por ojo. Debemos liberarnos de todo aquello que nos ha hecho daño y empezar de nuevo con la frescura de los adolescentes, porque de lo contrario seria empezar en las ruinas de lo que ha habido y sin haberlo quitado todo. No seremos posibles de mirar al futuro si mantenemos la vista hacia atrás.
 
Hola Y Adiós
Muchas veces hacemos cosas en nuestra vida que tenemos asumidas y que nunca nos cuestionamos. El hecho de haberlas aprendido en la infancia y que nos las hayan inculcado como algo fijo y seguro hace que nunca vayamos a preguntarnos el por qué de esas actitudes, ni como cambiarlas o modificarlas si se diese el caso. Son algunas veces actos reflejos, otras veces ya se convierten en reflejos condicionados por todo lo aprendido. Uno de ellos es la forma que tenemos de saludar a la gente. Por lo general cada persona tiene una variación de la norma general que es besarse o darse la mano, pero en ello ya pronfudizaré después.
En un mundo en el que todo se mueve por la apariencia y cada vez la tradición tiene menos peso hay cosas que siguen siendo inmutables, y una de ellas es la forma que tenemos de saludarnos. ¿Qué importancia real tiene eso hoy en día? ¿Realmente sirve para transmitir algo? O ¿se ha convertido en un reflejo involuntario e inútil reforzado por la sociedad?
De pequeños siempre nos han enseñado que cuando nos presentan a alguien o nos encontramos con alguien en el sitio que sea y ya sea la persona que sea, sierre y cuando sea un conocido, sino pareceríamos unos locos, hay que saludar. Si es a alguien que nos resulta más cercano o querido no será igual que si es alguien que nos presentan por primera vez.
El saludo más inútil que hacemos es probablemente cuando entramos en una iglesia. Muy poca gente sabe realmente lo que significa santiguarse cuando accedes a una iglesia. En catequesis me enseñaron que, puesto que entras en la casa del Señor, que es la forma que tenemos los mortales de saludarle. Pues bien, hay mucha gente que se la pasa saludándole de forma estúpida, inútil o sin sentido. Con esto no quiero decir que haya que ser irrespetuoso hacia las creencias de los demás, yo sí que lo hago cuando entro en una iglesia, pero sabiendo lo que hago, no simplemente por hacerlo. Y lo más importante es que cuando lo hago le pongo la intención que conlleva. Si eres ateo o no crees en Dios, es ridículo hacerlo porque no estas siendo consecuente con un acto que para otras personas significa algo. Viene a ser lo mismo que si te pasa el día dando besos a diestro y siniestro cuando no hay nadie delante de ti. Aunque esto último podría incluso resultar divertido para los demás.
Cada persona tiene un saludo particular, pero antes de llegar a ellos veamos lo que la sociedad nos ha inculcado. Por lo general las reglas son bien simples. Cuando dos hombres se saludan se dan la mano, y cuando son dos mujeres se dan dos besos, si es un encuentro Inter-Sexual, es decir hombre y mujer, suelen ser también dos besos. Pero luego se complican las cosas. Si son dos hombres homosexuales que se encuentran entonces son dos besos. Si son muy amigos igual solo es un beso en la boca rollo pico. Si es con la familia ya da lo mismo que sean hombres o mujeres gays o heterosexuales porque se saludarán de beso. Y si son muy amigos ya ni se dan la mano sino que se abrazan. El caso es darle variantes a todo eso.
El beso es la versión más fácil, porque hagas lo que hagas no hay muchas formas distintas de dárselos, aunque siempre habrá gente puñetera que se las arregla para fastidiarnos. En España suelen ser dos besos, lo mismo que en el sur de Francia. Conforme te vas hacia el norte del país galo aumenta el número, ya que en París son 3 al igual que en muchos países de habla francesa, y en la frontera con Bélgica son 4. Supongo que si la tendencia no se parase en Finlandia serian 16, pero no es el caso.
Todos conocemos el famoso beso que se hace en Rusia. Ese que es en la boca.
Al otro lado del charco es tan solo un beso. La cuestión será decidir en qué mejilla porque si ya con dos a veces te haces un lío. Hace unas semanas estuvo un actor de telenovelas latinoamericano y comentaba que le resultaba curioso eso del beso, porque allí estando acostumbrados a uno solo, preguntaba si era porque como está tan bueno era un estratagema de las mujeres españolas o si siempre era así, diciendo que le parecía un buen invento para besuquearse. Bueno, ese no ha estado nunca en el norte de Francia, si no lo iba a pasar mal.
El caso es que se supone que dar uno dos o tres besos es algo fácil, pero no es así. Mi madre siempre decía que le parecía una chorrada esa forma tan pija que se estaba poniendo de moda de darse los besos en plan “choque de mejillas y ruidos al aire”, lo cual es una evidencia. Así que un amigo de mis padres decidió hacer que se arrepintiese de haberse metido con esos “besos”, que no lo son ya que ella en el fondo tiene razón, y empezó a darle besos de esos que si te los da una mujer con pintalabios te deja toda la marca como si fueses una servilleta. Quedó escarmentada. Pero la cuestión es que tenia un punto a su favor, ya que es curioso que a eso se le llame besarse.
A los hombres no les pasa eso, ya que entre ellos se dan la mano. Si bien en otras culturas ni siquiera llegan las personas a rozarse, lo cual a veces evita algunos problemas con los demás, como pasa en Japón. En los países orientales, no es que sea costumbre, pero todos estamos acostumbrados a verlos saludarse haciendo una leve reverencia, como nos enseñaron de pequeños en clases de artes marciales. Personalmente me parece una manera bastante respetuosa de saludar a los demás, es algo incomoda para las cervicales, pero una vez que te has acostumbrado no tienes por que pasarlo mal con los apretones de manos sudadas u olorosas. Porque es que algunas personas te pasan un mal rollo increíble cuando te dan la mano. Algunos lo hacen como si tu mano fuese una chancla, o una garra, otros tienen las manos frías como si fuesen culebras o bien húmedas como si fuese más bien un tentáculo. Otros por el contrario no saben como demostrar su masculinidad si no es estrujándote la mano como si quisieran hacer zumo con ella.
Cuando llevas anillos tienes que tener mucho cuidado al darle la mano a la gente. Algunas personas, como ya he dicho antes, solo disfrutan si te exprimen las manos, sin embargo un buen apretón de manos, ya sea fuerte o no, no es en los dedos sino en lo que es la mano, ahí, aunque aprieten fuerte, queda bien. Ya la forma que tengas de hacerlo es personal de cada cual, algunos te dan la mano como si fueran a hacer un mano a mano contigo, otros la chocan y otros parece que les moleste que les toques y lo hacen desde la distancia.
Si bien no llega a ser como en el Lejano Oriente, la distancia entre los dos cuerpos durante el apretón también es importante. Ya que vas a estar momentáneamente unido a la persona no puedo decir que la distancia máxima será del largo del brazo, pero a veces pasa. Por lo general si la persona te da la mano manteniendo la distancia, queda claro que quiere que haya una distancia entre vosotros dos. Si por el contrario te trae hacia él entonces es todo lo contrario. Generalmente si es una persona que no conoces de nada no te va a saludar y darte una palmada en el hombro, pero todo puede darse.
Dicen que darse la mano izquierda trae mala suerte. A mi me parece que a veces no tienes mas remedio que hacerlo de tal forma. Lo cual demuestra una vez más que los zurdos están marginados, ya que si ellos diesen la mano izquierda igual nos machacaban. Otras personas prefieren por su parte chocarla.
Como saludes a la gente es personal, a mi por ejemplo siempre me gusta darle la mano a la gente ya que así sabes un poco de cómo es la persona. Al dar un buen apretón a la persona que te están presentando la manera en que te lo devuelva te indica ya algo. No todo el mundo es sensible a eso, pero a mí es lo que me pasa. Incluso cuando se supone que debería dar dos besos, prefiero un buen apretón de manos. Si por ejemplo es uno esquivo o suave, o muy soso ya sé que esa persona por lo general no será muy allá. Pero repito que eso depende de cada cual, hay gente que no sabe dar la mano porque esta acostumbrada a besarse con todo el mundo, o porque no le han enseñado de pequeño.
El problema es cuando se supone que tienes que darle la mano a alguien o besarle y haces lo contrario. A mí muchas veces me miran raro, porque se supone que yo debería darle dos besos a todos los gays que me presentan, pero yo no lo hago, y luego se mosquean y se piensan que tengo un problema con ellos. Lo cual confirma lo que yo decía antes, a veces darle la mano a alguien te da señales de cómo es esa persona. Si al darle la mano se mosquea ya sabes que es una persona rara.
A fin de cuentas, es una primera impresión lo que vamos a forjar con nuestra forma de saludar. Podemos cagarla si no lo hacemos bien o transmitir una idea errónea. Pero luego cuando pasa el tiempo la forma en la que entremos en contacto con las personas puede variar. A veces pasamos de darle la mano a la gente a simplemente saludarles moviéndola en el aire, o bien a besarles (dos besos no me refiero a un morreo), otras personas si que pasan al pico. El caso es que nuestra manera de saludar va a evolucionar en el tiempo conforme lo hacemos nosotros mismos. Lo curioso es ver como a veces sin darnos cuenta estamos dando información a los demás acerca de cómo somos. El lenguaje corporal es una asignatura que pocas veces tocamos y que nos ahorraría un montón de problemas y decepciones de saber usarlo.
 
Los Celos (Re-Edición)
Quiero volver a publicar un articulo que ya he publicado anteriormente, pero agregándole un par de cositas para que se adecue más a la actualidad de hoy en día. Muchas veces pasa que escribo cosas que en su momento estaban acertadas y que merece la pena recordar poniéndolas al día para que sean más actuales y que tengas más contenido, más experiencias o más puntos de vista.
William Shakespeare supo plasmar hasta que punto una relación perfecta puede deteriorarse hasta llegar a extremos fatales, con la simple intervención de una tercera persona, tanto de forma voluntaria como no. Dicen que cuando alguien te quiere realmente es normal que sienta celos, ¿pero cuando sabemos que ya no es sano lo que siente? ¿Existe el amor sin el miedo a perderlo? ¿Podemos superar una relación infestada por la desconfianza? ¿Cuáles son los objetos de los celos?
En mi caso, debo agradecer el no haber tenido casi ninguna relación en la que el gusanillo de los celos estuviese presente, hasta ahora, sin embargo como a toda regla siempre hay una excepción. Recuerdo que hace muchos años, cuando yo aún era nuevo en esto de las relaciones de pareja, vino a visitarme una de mis mejores amigas desde el extranjero, y claro para 4 días que iba a estar no iba a desatenderla, además de que teníamos que ponernos al día de lo que nos había sucedido ese tiempo sin vernos. El caso es que mi pareja en esa época no entendió esa simple cuestión de hospitalidad y me estuvo reprochando no prestarle la atención debida por estar siempre con ella. Lo cual era lo lógico teniendo en cuenta las circunstancias. Lo bueno del asunto es que todo quedo en una pequeña bronca y un rebote por mi parte por comportarse como un imbécil.
Pero hay casos aún peores en los que la otra persona llega a ponerse realmente violenta. Tengo un amigo que, según creo, acaba de dar por terminada una relación con un chico con el que estuvo saliendo ya un par de años, porque al final el acoso era tal, que ya no soportaba estar en su presencia. Esta persona había creado su vida alrededor de mi amigo, y sólo quería vivir con él, las 24 horas del día. Pero claro, por mucho amor que uno sienta hacia una persona así, al final acabas agobiándote. Y es lo que le pasó a mi amigo. Entonces fue cuando entré yo en esa historia.
Empezamos a quedar más a menudo, más que nada porque yo le servia como vía de escape a éste chico, lo llevaba a pasear, hablábamos y podía contarme todo lo que a su novio no podía contarle porque se subiría por las paredes. Claro, ese chico no es tonto, y al ver que había parcelas de la vida de su pareja que no podía compartir con él y que otros podíamos disfrutar empezó a enloquecer. Hasta el punto de llegar a manifestar un odio hacia mí por querer “robarle a su pareja”. Obviamente, eso es mentira, ya que yo a los amigos los respeto, y no me gusta meterme entre dos parejas. Incluso pensé en dejar de ver a mi amigo para no crearle más problemas. Sin embargo, él seguía queriendo quedar conmigo, porque era su única puerta al exterior de una relación en la que le estaban ahogando los celos de su novio para el que yo era una mala influencia que debía de ser destruida. Por suerte, las cosas siempre se caen por su propio peso, y al final han terminado peleándose y dejando la relación.
El acoso que sufre una persona por parte de una pareja celosa puede incluso llegar a situaciones cómicas vistas desde una óptica externa. En una ocasión mi amigo me contó que su novio en un ataque de celos le cogió el móvil e intentó copiarle todos los números de teléfono que tenia de sus amigos. Lo que pasa es que en el proceso debió de cometer algún error de manipulación porque acabó con la memoria de su móvil vacía. Con lo cual la jugada le salió mal.
Otro amigo tiene un problema de incomprensión con su pareja. Porque si algo tenía la relación de mi otro amigo, es que su novio quería un trato igual al que él le daba por parte de su novio (es decir vivir las 24 horas del día juntos). Pero en este caso es más bien lo contrario. Uno tiene la posibilidad de ver a sus amigos, de salir de marcha y de irse de viaje, pero si el otro lo hace es que hay gato encerrado. Según me ha contado, si tiene la desgracia de saludar a alguien por la cale que su pareja no conozca, ya tiene bronca en casa nada más llegar. Pero lo contrario no es posible. Y ya si decide irse de vacaciones a casa de alguien que su pareja no conozca y que no considere fuera de peligro, la cosa se sale de madre. Mi amigo es profesor, por lo que tiene contacto permanente con alumnos y compañeros de trabajo que andan fluctuando, y si tiene la desgracia de hacer algún comentario sobre alguien que él no conozca, entonces ya tienen mal rollo servido.
En este caso la relación se plaga de celos por una dinámica de desequilibrio. Es decir que no es por miedo a perder a la otra persona como le pasaba a mi otro amigo, sino porque la pareja tiene miedo a que el universo le devuelva lo que ha hecho. Hay muchos casos de personas que sienten celos porque tienen miedo de que les hagan lo que ellos hacen, han hecho o serían capaces de hacer. Es lo que la frase de “el ladrón cree que todos son de su condición” viene a explicarnos. Si ellos son capaces de poner los cuernos, se creen que la otra persona también va a hacerlo, o al menos a intentarlo, y de esa manera vengarse de los malos tragos que le está haciendo pasar.
El otro caso es simplemente una falta de seguridad. El celoso no confía en sí mismo, y por lo tanto proyecta esa inseguridad hacia su pareja pensando que en cualquier momento le va a dejar. Entonces una vez que ha entrado en la espiral de las desconfianza ya no consigue salir, y termina creándose una imagen del mundo que lo rodea que no es más que una alteración de la realidad, y que no existe.
Luego vienen los objetos de los celos. Cuando una persona siente celos de alguien, es porque tiene miedo de que su pareja le deje por irse con esa otra persona, que viene a ser un peligro en la relación. Se pueden diferenciar en dos grupos, por un lado están los peligros potenciales o por otro los peligros reales. Los más evidentes son los peligros reales. Que son todas aquellas personas que representan una amenaza para la continuidad de la pareja, tanto de forma inmediata como a medio plazo. Generalmente son los exs de la persona, que por alguna razón extraña siempre son un peligro para la relación. Puesto que es muy difícil encontrar personas que terminen bien una relación es muy poco común que dos personas que hayan salido juntas tengan buen rollo después o sean amigos. De ahí que se considere inquietante que tu novio o novia sea amigo de un o una ex. Pero eso a veces pasa. Y cuando es el caso por lo general la relación está tan evolucionada que no se suele ni siquiera considerar la posibilidad de una reconciliación por parte de los culpables. De ahí que en realidad sean un peligro real, pero poco probable.
Otro peligro real son los “amigos” que no lo son. Me explico, son todas aquellas personas que has conocido antes de conocer a tu pareja, y que por razones temporales no has coincidido con ellos. Amigos del Chat, posibles rollos o líos que no cuajaron en su momento, y que por alguna razón extraña, muestran un gran interés por ti ahora que no estas disponible. Estas personas sí que son peligrosas a corto plazo y de forma muy virulenta. Hay que tener en cuanta que hay mucha gente muy mala y envidiosa y que no soporta que los demás sean felices, por lo que harán todo lo que sea posible para que eso no suceda. Es decir que harán todo lo que esta en su poder por que acabes cortando con tu pareja, aunque ellos no te quieran, son como el perro del hortelano, que ni comen ni dejan comer. Algunas veces se trata de conocidos, otras son exs que te han dejado y que de repente se dan cuenta de su grave error al hacerlo y antes que perderte prefieren que no te tenga nadie, vamos, que quieren que te hundas con ellos.
Luego están los peligros potenciales, pero que no son reales, y aquí entran los amigos, la familia y en menor medida el trabajo y los hobbies. Por lo general todo aquello que impide que estés con tu pareja, que la distraiga o que haga que pase de ti, ya sea por sus ocupaciones, su vida social, etc. son considerados como objetos potenciales de los celos. La mayoría de las veces son las amistades que tiene, que por otro lado pueden ser más peligros porque pueden influir en tu pareja al aconsejarle o al crear malos rollos entre vosotros. En tal caso podrían incluso llegar a convertirse en peligros reales, como los de los casos anteriores. Otros riesgos son la familia, porque a veces se entrometen en la relación, tanto de forma directa, al decir cosas sobre ti, o de forma indirecta, cuando ellos no saben nada y tiene que pasar de ti para estar con ellos y no se enteren de vuestra relación. Pero siempre lo son de forma potencial, ya que rara vez consiguen llegar a ser hostiles de forma abierta y flagrante. Aunque se dan casos en los que la familia hace todo lo posible por conseguir separar a una pareja porque no les cae bien o porque creen que no deben de estar juntos, hay casos de película y todo.
Cuando tenemos una pareja celosa, si realmente queremos que la relación funcione, debemos aceptar ese defecto e intentar ayudarle a combatirlo, por lo que la comunicación y la comprensión lo son todo. Sin embargo si el caso es desesperado, no merece la pena vivir con la amenaza de que cualquier día esa persona nos vaya a hacer daño por no soportar la idea de perdernos. Si por el contrario somos nosotros los celosos, lo mejor que podemos hacer es intentar encontrar la solución con la ayuda de nuestra pareja, porque para eso está, y recordar que a veces las cosas no son lo que parecen, por muy tópico que suene eso. Y lo más importante es saber cuando estamos siendo paranoicos y cuando realmente peligra nuestra relación.
 
Que Viene El Lobo
Este cuento es un clásico en la cultura popular de casi todos los países, y todos de niños hemos oído esta triste historia con moraleja. La historia original cuenta de que un pastorcillo se la pasaba diciendo que venia el lobo, cuando no era cierto, y que el día que realmente vino, cuando fue a pedir auxilio nadie le creyó porque siempre había mentido, y al final el lobo no sólo se comió su rebaño sino que encima se zampó al pobre chaval. En principio la moraleja es que no hay que jugar a engañar a los demás porque el día que queramos decir algo de verdad no nos van a creer. Pero yo quiero verlo desde una óptica algo diferente.
¿Qué pasa si resulta que el pastorcillo no quería engañar a la peña sino que realmente creía que el lobo venía? ¿Debemos cerciorarnos de lo que va a venir o es mejor prevenir que lamentar? ¿Cuándo sabemos que hemos dado demasiadas señales de auxilio en vano? ¿Cómo hacer que nos tomen en serio cuando ya hemos gastado el comodín de la llamada?
En el caso que me concierne la cosa es bastante parecida a lo que le pasaba al pastorcillo, sino que no peligra la vida de ninguna persona ni de ningún rebaño. Pero aun así es igualmente frustrante. El caso es que eso es algo que nos pasa a todos, siempre estamos en un momento en el que no nos toma en serio ni el apuntador. Por mucho que digamos que esta vez sí que es la buena y que ahora sí que haremos aquello que llevamos diciendo desde hace tiempo, no se creerán que vaya a suceder.
En mi caso, es bastante divertido el asunto cuando lo ves desde fuera, pero es muy frustrante cuando lo vives en primera persona. Llevo años deseando irme de la ciudad donde vivo, a cualquier otro lugar, pero como le pasaba al pastorcillo, siempre había algo que me lo impedía, y al final pasaron los años y seguía aquí. Pues bien, los obstáculos fueron cediendo uno a uno, tanto porque los conseguía superar, o bien porque desaparecían por si solos. Y llegado el momento ya no queda nada que lo impida. Pero en ese momento ya nadie se cree que me vaya a ir de aquí.
La verdad es que no culpo a nadie por su falta de confianza, porque cuando no era porque estaba metido hasta el cuello en una carrera que no me ha servido para nada era porque estaba saliendo con alguien y me tenía atado de pies y manos. Pero las cosas siempre evolucionan. Los novios te dejan, te parten el corazón y se largan con otro, o bien simplemente dejas de quererles y te encuentras solo en un lugar demasiado familiar para ser cómodo, pero en el que te sientes en tu casa. Entonces es cuando te planteas si a lo mejor ya has estado demasiado tiempo detenido en un mismo lugar, pero no tienes mucho tiempo para pensar porque siempre llega otro amor que te impide volar más allá de las montañas que te retienen.
En los periodos en los que estás soltero y amargado, cuando todo lo que te rodea te recuerda los fracasos del pasado o bien cuando has conocido a tanta gente de tu ciudad que ya piensas que no te queda nadie más por conocer, es cuando te planteas lo de emigrar. Por un lado huir de los recuerdos y por otro volver a empezar en un territorio nuevo donde tu pasado no te acose. Es un poco como haría un fénix pero a la vez al renacer de sus cenizas ya no estaría en el mismo sitio. Lo que suele suceder es que cuando esas circunstancias son favorables para la migración es cuando aparece algo que te recuerda que no puedes moverte. Por lo general es un trabajo o bien una carrera que hace el trabajo de peso y te impide seguir adelante. Esa ancla no te deja moverte de las aguas en las que llevas estancado durante eternidades.
El problema reside en que no sólo estas jodido porque no te puedes mover, sino que al emitir tu deseo de conocer lugares mejores y no poder hacerlo la gente piensa que en realidad son solo aullidos de perro. Al final lo único que oyen esas personas son lamentos que según ellos nunca se convertirán en realidad. Si bien ahí algún que otro amigo tenia razón al aconsejarme ser discreto, guardarme mis dolores para mi y pensar en mi huida desde la sombra, sin alertar a nadie y tejiendo una red de planes perfectos que me permitiría saltar al vacío sin romperme la crisma.
El problema es que algunas personas no sabemos callarnos esos sentimientos y luego nos pasa lo que nos pasa. Así que esto lo digo por aquellas personas que aun no saben jugar al poker o bien que son trasparentes para los demás. Al final no nos van a creer.
Pero es que lo curioso del asunto es que llega un punto en el que ya nadie, absolutamente nadie, nos toma en serio. Porque si eso viene de los amigos, o los allegados pues puede pasar, pero cuando tus propios padres te dicen “sí, sí, de todos modos al final ya verás como no te vas a marchar y seguirás dándonos la lata aquí”, eso duele. Porque te están demostrando que ni siquiera ellos ya confían en ti. Cuando los seres en los que quieres y en los que confías te demuestran que ellos no piensan como tú, es cuando realmente duele el asunto. Porque de los desconocidos no se espera menos, pero de ellos se supone que te deben de apoyar siempre, y de forma incondicional. A pesar de que en las otras ocasiones te quedaras porque no tenías más remedio, porque las razones eran las correctas, el error fue desvelar tus planes. Cuando lo haces y no salen bien, ya nadie te perdona por tu fallo.
Y cuando eso sucede puedes hacer dos cosas. Una es seguir con el cuento del pastorcito, hasta que un día realmente llegue el lobo y te vayas o hagas lo que tenias pensado hacer y ese día todos se llevan una sorpresa; o bien desistir, y planearlo todo en silencio y sin decir nada.
Con los suicidas pasa algo parecido. Por lo general aquellos que avisan que van a hacerlo son los que quieren que alguien se lo impida o que encuentre un argumento que le haga desistir de su intento. Pero llega un momento que la gente no le cree más en lo que dice y es cuando realmente sucede la tragedia. Por otro lado están aquellos que no dicen nada, que tienen sus problemas escondidos dentro de su mundo y que el día menos pensado revientan y se quitan la vida. Entonces es cuando las señales que emitían, porque todos emitimos señales de auxilio, se hacen evidentes, y a los seres queridos no les queda más remedio que lamentarse de no haber hecho nada cuando aun estaban a tiempo.
No son dos temas comparables por las consecuencias que conllevan, pero esto lo escribo para mostraros que aunque sean temas de vida o muerte, a veces las personas que nos rodean no nos toman en serio. A pesar de que estemos sufriendo o de que no seamos felices. Aunque vean cual es la solución, no lo dirán ni lo pensarán. Porque como se confían en que al final no haremos nada, se mantienen en su sitio.
Mi hermana, por ejemplo, siempre ha sido más lista. Ella se la pasaba haciéndose la mosquita muerta, sacaba malas notas, no daba follones más de lo habitual, y se creaba una fama de tonta a más no poder. Algo así como lo hizo Marilyn en su época. Y así lentamente fue tejiendo su plan, sin decirle nada a nadie, hasta cuando ya era inminente su realización. Y cogió a todo el mundo tan de improvisto que no pudieron negarle nada. Después de haber tenido una escolaridad bastante mediocre, en la que pasaba por la tonta de la clase ante todo el mundo y por una niña de 10 años ante las figuras paternas, se quitó la mascara y resulto ser más lista de lo que nadie pensaba, ahí el dicho de que “el que no corre vuela” le viene como un guante. La cuestión es que mientras que daba una imagen de atontada, estaba planeando su futuro lentamente, pero con constancia, y sobretodo, sin decirle nada a nadie, lo cual fue un gran punto a su favor. Ella sólo gritó al lobo cuando ya lo tenía en su punto de mira y antes de darle al gatillo.
Tal vez el pastorcito solo quería llamar la atención porque se sentía muy solo en el monte cuidando a las ovejas. O quizás realmente viese al lobo, pero el astuto animal se escondía para de esa forma desacreditarlo y luego poder darle su merecido. El final es el mismo en cualquier versión, pero nunca nadie se para a pensar en el pastorcillo sino en los demás, en que no debería haber alertado en falso, pero sin saber el por qué de tal acto por parte del chaval. Nunca se han parado a pensar en las razones que tenia y tal vez si lo hubiesen hecho se habrían ahorrado muchos problemas posteriores. Pero eso no cambia que al final, cuando hemos decidido algo, nos crean o no las personas que nos rodean, lo llevaremos a cabo y nos atendremos a las consecuencias. Porque hay que evolucionar y muchas veces ese proceso conlleva un sacrificio.
 
La Bella Y La Bestia
Uno de los cuentos más famosos de Disney, que ha sido retomado varias veces antes de que la factoría pusiese la mano encima, relata la historia de un bicho feo y malo que se enamora de una bella chica, y al final ella también lo hace de eso, demostrando que la belleza reside en el exterior y que el aspecto exterior no importa. Esta filosofía suele repetirse en una gran cantidad de historias para niños, tanto las que recopila la Disney como las que hacen otras empresas cinematográficas, pero al final todas dicen lo mismo, hay que mirar con el corazón y no con los ojos.
Esto es realmente muy bonito y digamos que se trata de una ética idealista, pero a la hora de la verdad ¿nos importa realmente la belleza interior? ¿Qué hay de cierto en eso de que hay que entrar primero por los ojos? ¿Podemos realmente decir que no nos interesa el aspecto físico? O por el contrario si lo decimos ¿podemos quitarnos entonces la etiqueta de superficiales?
Si nos ponemos a pensar, todos, o casi todos, siempre hemos dicho en algún momento la típica frase de “el físico no me importa”, lo cual es la trola más grande que hayamos podido inventarnos. Ayer justamente lo hablaba con un amigo mío de Barcelona, ciudad en la que la apariencia cuenta tanto que incluso se crean grupos sociales que dicen que no van a la moda pero que al final terminan por crear sus propias vanguardias. Y esa es una de las cosas que más nos han chocado.
Me contaba que había estado en un concierto de un grupo inglés que se esta poniendo de moda y que como siempre eso atrae a grupos de personas a las que les gusta todo lo que está de moda. En este caso se trata de una clase sociocultural que se distingue por sus ropas fuera de onda y sus peinados supuestamente caseros, pero que están tan bien conseguidos que resulta poco creíble que no vayan donde un estilista a que se lo haga. Llevan ropa que parece salida de un trastero, pero que han elegido de forma concienzuda para que parezca así. Llevan todos el mismo corte de pelo, el mismo look a fin de cuentas. Pero al hacerlo lo que hacen es crear su propio estilo de moda, que aunque quiera ser marginal es un estilo, y por lo tanto refuta todo aquello en lo que ellos creen y que rechazan. Piensan que el estilo despeinado y descuidado es algo personal, pero en realidad siguen una corriente. En el fondo son como aquello que rechazan.
Ellos piensan que la apariencia no es lo que importa, pero son casi peores que los que lo creen así, porque rechazan algo en lo que se fijan y que siguen, por oposición. En el fondo están siendo más superficiales que aquellos que critican porque están rechazándoles por su forma de vestir más que por el como son. Si una persona es pija, pero consecuente con su mentalidad entonces no hay problema, pero ellos marginan a los que consideran que no merecen la pena por como van.
A partir de ahí estuvimos hablando acerca de los atributos físicos que nos gustan a todos. Y es que los gustos físicos nos incluyen a todos. Conozco un chico que dice que él no margina a nadie, que nunca rechaza a nadie por sus taras físicas, si es gordo o feo o si tiene alguna discapacidad. Pero lo curioso del asunto es que si fuese así todo seria perfecto, pero es que no lo es, él rechaza a todas aquellas personas que no son marginales o que no tienen alguna discapacidad. Si eres una persona “normal”, palabra que no me gusta utilizar, entonces no le gustas porque no tienes nada que te haga ser un despojo y entonces no le interesas.
Un tipo de persona que esta muy de moda hoy en día son los gordos. Con esa manía que tiene la televisión de meternos por todos lados que tenemos que estar esqueléticos para que seamos deseables, se crea una contra corriente que va al revés de todo esto. Viene a decir que en vez de que te tomes esas pastillas que te quitan el hambre, que mientras mas comas mejor. Hay personas a las que solo le gustan los tíos gordos y peludos o las mujeres entradas en carnes. Y si no eres así entonces ni te miran, aunque seas la mejor persona del mundo.
Lo primero que uno podría pensar cuando conoces a alguien así es que realmente sí que hay personas que no se fijan en el físico. Pero eso no es cierto. Estas personas que están juzgando a la persona en función de los kilos que le sobran a razón proporcional están haciendo exactamente lo mismo que aquellos de los que se quejan. En el fondo están fijándose en un físico a la hora de elegir a la persona que les atrae, y luego es cuando se preocupan por conocerla.
Para evitar esto hay un medio bastante curioso de conocer gente, es el Chat. Ahí en principio no eres más que un montón de letras, que poco a poco van describiéndote como persona, antes de mostrar como eres físicamente. El problema es que, como bien se dice “una imagen vale más que mil palabras”. Es decir que tu puedes estar conociendo a alguien por el Chat, una persona con la que te llevas genial, que encaja en todo lo que buscas, y que podría ser tu media naranja, pero cuando llega el momento de la verdad falla el físico. Entonces le mandas una foto o te la manda a ti y te das cuenta de que no te gusta nada. Y entonces es cuando te comen los remordimientos porque sabes que no puedes rechazar a esa persona por su físico, porque sabes que como persona, su interior vale mucho más, pero al final te puede el cuerpo. Por mucho que no lo quieras admitir, eres como aquellos de los que voy a hablar a continuación.
Conozco bastantes personas que son muy cabezotas en lo que a gustos se refiere. Ellos y ellas tienen un tipo especifico de persona, y si la otra se sale de los márgenes establecidos, por muy poco que sea, la rechazan. Puede ser que solo le gusten las rubias, de ojos azules, que tengan menos de 30 años y más de 20 y si conoce a una chica de 31 y castaño claro entonces pase de ella. O bien que diga que si su novio no es el más guapo de la sala que no le interesa, que sólo le gustan los chulazos porque eso hace que únicamente le pondrá los cuernos con alguien más guapo que él, y como eso es difícil de encontrar entonces se asegura la fidelidad. A primera vista estos comportamientos son reprochables, pero estas personas están siendo honestas con los demás y consecuentes con sus propios principios.
En realidad me sentiría estafado si uno de ellos me dijese que en lugar de salir con un chico imberbe y con pinta de crío, pero mayor de edad y más pasivo que una puerta, está saliendo con un camionero de 45 años, con barriga cervecera y peludo como Chewacca. Si fuese el caso, aunque me dijese que es el amor de su vida y que sólo le interesa su persona y no su físico, me parecería que se ha vendido.
Con esto no quiero decir que apruebe la frivolidad, porque en el fondo todos salimos perdiendo, pero es que lo que no puede ser es que algunos utilicen eso como reclamo de algo que no es cierto. Esta mañana lo decía una de mis compañeras de clase. Nos contaba que tiene un amigo que se queja de que no encuentra novio, que es un buen partido y que no es nada exigente. Según palabras de él, no le importa el físico del tío, pero claro, no quiere que fume, ni que beba, ni que se drogue, que le vaya salir de marcha en plan tranquilo, pero no demasiado, que sea buena persona, que… al final como todos los demás, dice que no pone pegas, pero termina haciéndolo. Porque eso de que no nos fijamos en el físico o no ponemos trabas es mentira.
Una cosa es que le demos mayor o menor importancia al físico, pero todos nos fijamos en él, si no fuese así no tendríamos ojos en la cara. Creo que las únicas personas que pueden decir que realmente la apariencia no les importa son los ciegos. Y aunque suene cruel, son tal vez, los únicos capaces de ver nuestra belleza interior a primera vista. Por lo demás siempre nos fijaremos en algo del físico de nuestra futura pareja, por mucho que no queramos reconocerlo. Si bien a la hora de la verdad es algo que no tiene tanta importancia, no podemos salir con alguien por el que no nos sintamos atraídos físicamente, porque de lo contrario solo seriamos amigos de esa persona. Si no nos gusta, no hay posibilidad de que haya algo.
Luego como dice mi amiga Eva, es importante que tu novio o tu novia te guste, pero no todo reside ahí, porque si luego no es capaz de apoyarte, de estar a tu lado y de compartir contigo las cosas de la vida, entonces no sirve como pareja sino que es una típica persona para pegarle 4 polvos y “hasta luego”. De ahí que sea importante encontrar una combinación entre ambas y que no tengamos que elegir lo uno o lo otro.
Sea como sea, por mucho que queramos decir que no, al final somos todos humanos, y como tales somos imperfectos. Podremos decir que no nos importa el físico, y estaremos mintiendo, o por el contrario decir que es lo único que nos importa, y seguiremos siendo unos mentirosos, además de unos frívolos. Porque digamos lo que digamos nunca estarán contentos y nunca seremos sinceros a no ser que seamos coherentes con nuestras convicciones. En esta vida solo estamos dos días y uno de ellos lo pasamos durmiendo, así que lo importante, es que seamos consecuentes con lo que queremos, tanto para lo bueno como para lo malo. Podremos ser todo lo superficiales que queramos pero mientras que seamos sinceros con nosotros mismos habremos conseguido acercarnos un poco más a la felicidad.