El Remake
Estos días de habla mucho de esta forma de hacer películas, debido al éxito que esta teniendo la película King Kong, que es el remake de aquella con el mismo nombre, de hecho ya es la tercera versión. Lo cual me ha hecho pensar en lo que ello representa en nuestras vidas, y si no somos al fin y al cabo animales de costumbres. Porque si nos ponemos a verlo con detenimiento, la mayoría de las cosas que hacemos son continuos deja vus. Y en el ámbito de las relaciones es aun peor que eso, porque ya no es que seamos masoquistas, sino que parece que busquemos siempre aquellas personas que sabemos que nos van a hacer daño porque no somos compatibles.
En un mundo en el que la mayoría de cosas ya han sido descubiertas, en el que ya no quedan bosques desconocidos o islas misteriosas, ¿hemos de recurrir a los remakes para revisitar las cosas? ¿Somos realmente capaces de tropezar varias veces en la misma piedra? Es momento de pensar en todo aquello que nos gustaría modificar para el futuro. ¿Tenemos que reinventarnos a nosotros mismos? ¿Dónde queda la originalidad?
Tal vez lo primero que haya que definir es mi visión de lo que es un remake en una relación. Porque muchas personas puede que no sean concientes de la relación que existe entre este tipo de películas y la vida real.
Para empezar, hay que decir que en el mundo del arte, eso de copiar las cosas es algo muy recurrente. No me refiero al plagio, que viene a ser lo mismo sino que en este último no se reconoce la intención, en cambio en la copia sí. En la pintura muchos artistas suelen reproducir, es decir, hacer de nuevo y bajo sus pinceladas y su visión, obras que ya han realizado otros autores anteriormente. En la música es algo muy conocido y tiene como nombre “cover” que viene a ser cuando un cantante o compositor hace suya una obra de otro, algunas veces añadiéndole un toque personal. Entre las canciones que más veces han sido copiadas esta el mítico I Will Survive, que lo han cantado todas las cantantes de renombre, y muchos hombres del mundo de la canción. Los derechos de autor siguen perteneciendo al que haya escrito el primero la obra, pero sin embargo algunas veces la persona que la toma se permite agregarle efectos personales que le dan un gran valor.
En el cine es también muy común recurrir a copiar películas, para hacerlas más actuales, como pasó con la versión de Romeo y Julieta en la que salía el Di Capprio. Aunque el texto era el mismo, la ambientación era muchísimo más moderna, con lo cual se conseguía llegar a un público diferente. Algunas veces suele ser un bombazo de taquilla, como pasa con esta versión actual del rey de los monos gigantes. Otras veces es todo lo contrario, porque las comparaciones pueden llegar a destrozar la obra por completo.
Pues bien en la vida real podemos aplicar esto que hemos visto antes. Por lo general en nuestro día a día, todo lo desconocido nos asusta, de ahí que siempre busquemos aquello que conocemos o que controlamos. Y en las relaciones es exactamente lo mismo. Siempre buscaremos a alguien que nos sugiera a una persona ya conocida.
Yo mismo no estoy exento de ello, ya que últimamente me he dado cuenta de que las 3 últimas personas con las que he estado son, físicamente incluso, parecidas. Lo cual crea en mí un patrón de comportamiento bastante preocupante. Porque si bien de apariencia no son muy diferentes, o al menos desde mi punto de vista tienen muchos parecidos, en carácter viene a ser casi lo mismo. No se puede decir que esas 3 personas sean iguales, simplemente que el fallo ha sido las tres veces el mismo. Entonces es cuando me pregunto si es que soy masoca o si es que no he aprendido la lección.
Bueno, me he dado cuenta de que hay una respuesta bastante convincente para ello. En general soy conciente de que hay puntos comunes entres esas personas, y cuando empiezo la relación con ellos es a sabiendas de eso. Lo que pasa es que mi personalidad me indica que si una vez ha fallado no tiene por qué ser siempre así y que igual, a lo mejor, esta vez es la vencida. Pero no es así. Porque si bien se me ha olvidado la parte fundamental del remake. El final ha de ser coherente con la historia y por lo tanto siempre es el mismo. No hay una sola versión de Drácula en el que el vampiro se libre, o al menos en ninguna de las famosas. En Romeo y Julieta todos conocemos el final, aunque esté representado por otros actores. La letra de las canciones es siempre la misma, aunque la melodía pueda variar. En Fever, siempre eres tú el que me produce fiebre, y el que hace que se me iluminen los ojos cuando dices mi nombre. Eso es invariable.
Por lo tanto siempre acabamos cometiendo el mismo error, o al menos acabamos sintiéndonos igual, porque la historia no va a cambiar. Es cierto que cambiamos a los actores, que el decorado es diferente, que la ambientación es distinta e incluso que la música puede ser de una producción totalmente diferente, pero lo cierto es que la historia de fondo será la misma. El nudo y el desenlace van a ser idénticos, aunque tal vez haya alguna diferencia con la versión original, pero lo que es el tronco del tema no puede cambiar. Por muchas versiones que se haga del cumpleaños feliz, siempre dirá lo mismo, aunque lo digan tus padres o el tío del metro. De ahí que siempre tengamos la impresión de que la historia se repite. En realidad es algo parecido, pero se repite mientras que no cambiemos el chip.
Para las personas que tienen un tipo muy cerrado de gustos, esto es algo muy frecuente. Si siempre te has sentido atraído/a por la misma clase de gente, ya sea físicamente o emocionalmente, al final vas a caer en el bucle infinito del remake. Conozco personas a las que solo le gustan las personas mayores o menores que ellos, las chicas rubias, o morenas, los cachas, o los aniñados, la chicas con curvas o con el pelo largo, los y las latinas, etc. Tienen una imagen mental de la persona que les pone y con la que querrían tener algo e intentan proyectarla en los demás.
Y el problema es cuando no es el físico lo que buscan, porque hay personas que pueden ser idénticas físicamente, pero no de personalidad. Pero cuando es lo del interior lo que te interesa entonces es más difícil ver las señales de peligro. Una vez un amigo intentó buscarle el punto que tenían en común mis exs, porque físicamente no se parecen. Le dije que eso no es algo externo, que en el interior si que lo hacen. Ahí debería haberme dado cuenta de cual era el fallo y que si seguía buscando lo mismo iba a verme condenado a caer siempre en el mismo tipo de situación.
Relacionarnos con personas que actúan de una forma determinada, nos va a llevar a que siempre acabemos de la misma forma. Si siempre nos enrollamos con personas celosas, no podemos pretender que ellos o ellas cambien por nosotros, al contrario, no lo van a hacer sino que intentaran que nos adecuemos a su visión de la vida.
Yo siempre he dicho que hay que aceptar a la gente con sus defectos y sus virtudes, pero debemos pensar también en nosotros mismos, porque podemos acabar muy mal si nos dejamos llevar por los demás. Aceptar a una persona es una cosa, pero ser permisivo con ella es otra. Con la gente celosa es lo que pasa, pero así también con los fumadores o con la gente que le da las drogas duras, con los adictos al sexo o los que ponen los cuernos. Muchas veces culpamos a los otros de esas actitudes, pero de lo que no somos concientes es de que somos nosotros mismos los que permitimos que eso ocurra, porque buscamos a esas personas. Nos da miedo buscar algo diferente por lo que preferimos malo conocido que bueno por conocer.
Lo difícil es darse cuenta de cual es nuestro patrón de comportamiento, para poder modificarlo. Yo aun no lo tengo del todo definido, por lo que no pretendo daros el ejemplo, pero sí poneros en la vía correcta. Si todos nos quejamos de que no se inventa nada nuevo, de que todas las películas se parecen, de que las canciones son todo covers y samples, debemos encontrar la manera de reinventarnos a nosotros mismos y de crear algo nuevo con ello.
No podemos cambiarnos a nosotros por gustarles a los demás, más que nada porque somos lo que somos, y nos deben de querer por eso, pero lo que si podemos cambiar es nuestra visión de los otros y aquellas actitudes que nos hacen cometer errores y por lo tanto nos hacen infelices. Debemos buscar en nosotros mismos el cambio, pero repito que no es para agradarle a la gente, es para gustarnos más a nosotros mismos.
Este fin de año, pensad en todo aquello que habéis leído y visto que os pueda ayudar a ser mejores personas y, sobretodo, a ser más felices. Feliz año nuevo.
En un mundo en el que la mayoría de cosas ya han sido descubiertas, en el que ya no quedan bosques desconocidos o islas misteriosas, ¿hemos de recurrir a los remakes para revisitar las cosas? ¿Somos realmente capaces de tropezar varias veces en la misma piedra? Es momento de pensar en todo aquello que nos gustaría modificar para el futuro. ¿Tenemos que reinventarnos a nosotros mismos? ¿Dónde queda la originalidad?
Tal vez lo primero que haya que definir es mi visión de lo que es un remake en una relación. Porque muchas personas puede que no sean concientes de la relación que existe entre este tipo de películas y la vida real.
Para empezar, hay que decir que en el mundo del arte, eso de copiar las cosas es algo muy recurrente. No me refiero al plagio, que viene a ser lo mismo sino que en este último no se reconoce la intención, en cambio en la copia sí. En la pintura muchos artistas suelen reproducir, es decir, hacer de nuevo y bajo sus pinceladas y su visión, obras que ya han realizado otros autores anteriormente. En la música es algo muy conocido y tiene como nombre “cover” que viene a ser cuando un cantante o compositor hace suya una obra de otro, algunas veces añadiéndole un toque personal. Entre las canciones que más veces han sido copiadas esta el mítico I Will Survive, que lo han cantado todas las cantantes de renombre, y muchos hombres del mundo de la canción. Los derechos de autor siguen perteneciendo al que haya escrito el primero la obra, pero sin embargo algunas veces la persona que la toma se permite agregarle efectos personales que le dan un gran valor.
En el cine es también muy común recurrir a copiar películas, para hacerlas más actuales, como pasó con la versión de Romeo y Julieta en la que salía el Di Capprio. Aunque el texto era el mismo, la ambientación era muchísimo más moderna, con lo cual se conseguía llegar a un público diferente. Algunas veces suele ser un bombazo de taquilla, como pasa con esta versión actual del rey de los monos gigantes. Otras veces es todo lo contrario, porque las comparaciones pueden llegar a destrozar la obra por completo.
Pues bien en la vida real podemos aplicar esto que hemos visto antes. Por lo general en nuestro día a día, todo lo desconocido nos asusta, de ahí que siempre busquemos aquello que conocemos o que controlamos. Y en las relaciones es exactamente lo mismo. Siempre buscaremos a alguien que nos sugiera a una persona ya conocida.
Yo mismo no estoy exento de ello, ya que últimamente me he dado cuenta de que las 3 últimas personas con las que he estado son, físicamente incluso, parecidas. Lo cual crea en mí un patrón de comportamiento bastante preocupante. Porque si bien de apariencia no son muy diferentes, o al menos desde mi punto de vista tienen muchos parecidos, en carácter viene a ser casi lo mismo. No se puede decir que esas 3 personas sean iguales, simplemente que el fallo ha sido las tres veces el mismo. Entonces es cuando me pregunto si es que soy masoca o si es que no he aprendido la lección.
Bueno, me he dado cuenta de que hay una respuesta bastante convincente para ello. En general soy conciente de que hay puntos comunes entres esas personas, y cuando empiezo la relación con ellos es a sabiendas de eso. Lo que pasa es que mi personalidad me indica que si una vez ha fallado no tiene por qué ser siempre así y que igual, a lo mejor, esta vez es la vencida. Pero no es así. Porque si bien se me ha olvidado la parte fundamental del remake. El final ha de ser coherente con la historia y por lo tanto siempre es el mismo. No hay una sola versión de Drácula en el que el vampiro se libre, o al menos en ninguna de las famosas. En Romeo y Julieta todos conocemos el final, aunque esté representado por otros actores. La letra de las canciones es siempre la misma, aunque la melodía pueda variar. En Fever, siempre eres tú el que me produce fiebre, y el que hace que se me iluminen los ojos cuando dices mi nombre. Eso es invariable.
Por lo tanto siempre acabamos cometiendo el mismo error, o al menos acabamos sintiéndonos igual, porque la historia no va a cambiar. Es cierto que cambiamos a los actores, que el decorado es diferente, que la ambientación es distinta e incluso que la música puede ser de una producción totalmente diferente, pero lo cierto es que la historia de fondo será la misma. El nudo y el desenlace van a ser idénticos, aunque tal vez haya alguna diferencia con la versión original, pero lo que es el tronco del tema no puede cambiar. Por muchas versiones que se haga del cumpleaños feliz, siempre dirá lo mismo, aunque lo digan tus padres o el tío del metro. De ahí que siempre tengamos la impresión de que la historia se repite. En realidad es algo parecido, pero se repite mientras que no cambiemos el chip.
Para las personas que tienen un tipo muy cerrado de gustos, esto es algo muy frecuente. Si siempre te has sentido atraído/a por la misma clase de gente, ya sea físicamente o emocionalmente, al final vas a caer en el bucle infinito del remake. Conozco personas a las que solo le gustan las personas mayores o menores que ellos, las chicas rubias, o morenas, los cachas, o los aniñados, la chicas con curvas o con el pelo largo, los y las latinas, etc. Tienen una imagen mental de la persona que les pone y con la que querrían tener algo e intentan proyectarla en los demás.
Y el problema es cuando no es el físico lo que buscan, porque hay personas que pueden ser idénticas físicamente, pero no de personalidad. Pero cuando es lo del interior lo que te interesa entonces es más difícil ver las señales de peligro. Una vez un amigo intentó buscarle el punto que tenían en común mis exs, porque físicamente no se parecen. Le dije que eso no es algo externo, que en el interior si que lo hacen. Ahí debería haberme dado cuenta de cual era el fallo y que si seguía buscando lo mismo iba a verme condenado a caer siempre en el mismo tipo de situación.
Relacionarnos con personas que actúan de una forma determinada, nos va a llevar a que siempre acabemos de la misma forma. Si siempre nos enrollamos con personas celosas, no podemos pretender que ellos o ellas cambien por nosotros, al contrario, no lo van a hacer sino que intentaran que nos adecuemos a su visión de la vida.
Yo siempre he dicho que hay que aceptar a la gente con sus defectos y sus virtudes, pero debemos pensar también en nosotros mismos, porque podemos acabar muy mal si nos dejamos llevar por los demás. Aceptar a una persona es una cosa, pero ser permisivo con ella es otra. Con la gente celosa es lo que pasa, pero así también con los fumadores o con la gente que le da las drogas duras, con los adictos al sexo o los que ponen los cuernos. Muchas veces culpamos a los otros de esas actitudes, pero de lo que no somos concientes es de que somos nosotros mismos los que permitimos que eso ocurra, porque buscamos a esas personas. Nos da miedo buscar algo diferente por lo que preferimos malo conocido que bueno por conocer.
Lo difícil es darse cuenta de cual es nuestro patrón de comportamiento, para poder modificarlo. Yo aun no lo tengo del todo definido, por lo que no pretendo daros el ejemplo, pero sí poneros en la vía correcta. Si todos nos quejamos de que no se inventa nada nuevo, de que todas las películas se parecen, de que las canciones son todo covers y samples, debemos encontrar la manera de reinventarnos a nosotros mismos y de crear algo nuevo con ello.
No podemos cambiarnos a nosotros por gustarles a los demás, más que nada porque somos lo que somos, y nos deben de querer por eso, pero lo que si podemos cambiar es nuestra visión de los otros y aquellas actitudes que nos hacen cometer errores y por lo tanto nos hacen infelices. Debemos buscar en nosotros mismos el cambio, pero repito que no es para agradarle a la gente, es para gustarnos más a nosotros mismos.
Este fin de año, pensad en todo aquello que habéis leído y visto que os pueda ayudar a ser mejores personas y, sobretodo, a ser más felices. Feliz año nuevo.
Navidad
Bueno, ya ha vuelto a llegar esta época del año en el que algunas personas se sienten totalmente infelices y otras por el contrario se arañan enteras de felicidad. Por lo general son unas fechas que no me gustan nada porque ya no son lo que eran, sin embargo he de admitir que esta mañana me siento invadido por ese espíritu general de la Navidad que quiere que seamos felices y que cantemos villancicos. Pero claro luego está todo ese consumismo que viene derivado de estas celebraciones y por esa razón, a petición de algunas personas, quiero escribir acerca de ello.
En un periodo en el que todo el mundo intenta ser feliz, ¿podemos ser felices comprando? ¿Realmente es necesario tanto derroche de dinero para poder compartir con la familia? ¿Qué ha pasado con el espíritu navideño?
Para empezar he de decir lo que todos ya sabemos. La navidad es una fiesta de tradición pagana ya anterior a las celebraciones cristianas. El día 21 de diciembre es el solsticio de invierno, es decir el día en el que la noche es la más larga y a partir del cual los días empiezan a ser más largos. Al ser una fiesta muy arraigada en las costumbres de la gente, la religión católica la asimilo y le dio un nuevo significado, que todos conocemos, pero que no tenemos en cuenta sino cuando vemos los belenes de las tiendas.
Por que claro, si algo no sale en una tienda no existe. Últimamente las zonas de compra y la publicidad son los medidores de la realidad que nos rodea. Si algo no esta en una tienda o no sale anunciado en la televisión, no existe. Al menos eso me han dicho cuando he contado donde trabajo. Como no se anuncian como las demás empresas en el medio audiovisual, entonces nadie la conoce (o eso creen) y por lo tanto ni existe ni es fiable. Y lo mismo pasa con las demás cosas, si no lo encuentras o lo ves en las tiendas, no es importante. Si el Corte Inglés no nos dijese que es Navidad, igual ni nos enteraríamos. Pero claro eso sería imposible porque si no son ellos, otros comercios ya se encargan de decirnos que tenemos que irnos de compras para estas fechas, desde el mes de noviembre la mayoría e incluso desde antes, al menos si nos referimos a las luces que ponen en sus entradas estos grandes almacenes que ya he citado. Este año por ejemplo, a finales de octubre ya estaban con esas, y de paso celebran Halloween.
Queda claro que son unas fechas en las que hay que ser felices, y compartir con los seres queridos. Si eres de los afortunados que tiene un buen sueldo, pues lo aprovechas y lo “compartes” con los demás, pero no en el sentido de dar, sino de mostrar tu propia opulencia. De ahí lo de los regalos, porque regalar cosas a la gente que quieres es algo muy normal y que demuestra el afecto que les tienes. Mientras mejor es lo que les das más amor. Entonces claro, la gente pobre o que no puede permitirse regalar coches o casa pues no tiene corazón.
Otra cosa es lo de la cena en familia. Eso está muy bien, tener la excusa de reunirse todos bajo el mismo techo. La pena es que no se haga más a menudo sino una noche al año. En algunos casos es comprensible, porque la familia vive lejos, tienes que coger varios aviones y pegarte varias horas volando, si no es conduciendo o en el tren. Pero cuando la familia está más cerca ya es cuando no lo entiendo. Más que una reunión para celebrar la navidad, parece un castigo por hacerlo. Es la fiesta de la hipocresía ya que una noche al año haremos como que nos llevamos bien y somos felices, cuando no es cierto. El resto del año te metes con tus primos, no soportas a tus tíos o te caen mal tus hermanos y no te hablas con tus padres. Pero como es navidad, entonces lo dejas todo de lado. Mi madre dice que no es hipocresía sino intentar olvidarse de esos conflictos, lo cual me parece bien. Lo malo es que esas disputas se reanudan cuando llegan las rebajas.
También es el momento de atiborrarse a comer todo lo que te ponen por delante, sin pensar en lo mal que te vas a sentir cuando llegue la cuesta de enero y en vez de subir ruedas cuesta abajo. Eso si, a los gimnasios les viene de fábula lo de las comilonas de esta época. Porque les permite hacerse su agosto en enero y febrero con vistas a lucir tipazo en verano. Pero es que los polvorones y el turrón están muy bueno, y no somos quienes para resistirnos. Y algunos familiares cocinan de maravilla, de ahí que sea muy difícil poder decirles que no queremos repetir pavo. Pero lo divertido es que estaremos comiendo de eso hasta San Valentín de tantos restos que van a quedar. Pero eso es tradición. Como otras muchas que siguen a la de las cenas navideñas, opulentas por antonomasia.
La época de rebajas es el cierre de las navidades. Lo malo es que la mayoría de la gente hace el doble de gasto. Porque todo el mundo hace sus compras cuando estamos en periodo caro. Hace una semana estaba todo a mitad de precio de lo que esta hoy, pero claro, como hay que hacer regalos antes de reyes y no el día de después que ya esta todo a mitad de precio, pues hay que asar por el aro. No es lo mismo hacer un regalo el día 6 que el día 7 u 8, porque claro, ya han pasado los reyes. Y con esa excusa se aprovechan de la gente. Te venden las cosas al precio que les da la gana porque no puedes escapar de esa obligación. No lo haces porque quieres sino porque te fuerzan a hacerlo.
Algunos miembros de mi familia ya le han pillado el truco a eso, y no hay forma de que nos regalen nada antes del 7 de enero. Han visto cual es la trampa, y puesto que hoy en día la vida está muy mal, a nivel económico, pues hay que ahorrar. Si os ponéis los informativos veréis por todos lados que dicen que hay que gastar menos agua, menos luz, que la vida esta muy cara, y todo eso, pero no te dicen que si no compras en navidad pero te esperas a las rebajas tienes lo mismo a mitad de precio y solo con unos días de retraso. Porque si dicen eso les caen encima los comercios y los crucifican.
Pero no todo en navidad es malo, hay también cosas buenas. Hablando del gasto de luz, las calles ahora sí que están iluminadas y da gusto pasear por ellas, aunque haga un frío que te hielas. La gente hace más la pelota que de costumbre. En el trabajo todo el mundo te felicita y te regalan cosas. Por la calle la gente pierde el sentido del ridículo y lleva los cuernos bien puestos, aunque sean de alce. O bien los gorritos rojos con el pompón. Y lo mejor es cuando se ponen a desafinar por la calle cantando villancicos. Pero bueno, es una manera de divertirse sin beber ni drogarse.
De todos modos debemos aprovechar estas fechas para sacar lo mejor de nosotros mismos, aunque solo sea por un día si no somos capaces de hacerlo el resto del año. No iremos al cielo por ello, pero al menos les alegraremos el día a otras personas. Vale la pena repartir un poco de felicidad a los seres queridos. Igual si lo hacemos nos damos cuenta de lo gratificante que es y lo podemos continuar haciendo el resto del año, y no solo en navidades.
A todos mis lectores os deseo que la paz y el amor llenen vuestros corazones, el pavo vuestros estómagos y los turrones vuestros michelines y cartucheras. Un beso y felices fiestas.
En un periodo en el que todo el mundo intenta ser feliz, ¿podemos ser felices comprando? ¿Realmente es necesario tanto derroche de dinero para poder compartir con la familia? ¿Qué ha pasado con el espíritu navideño?
Para empezar he de decir lo que todos ya sabemos. La navidad es una fiesta de tradición pagana ya anterior a las celebraciones cristianas. El día 21 de diciembre es el solsticio de invierno, es decir el día en el que la noche es la más larga y a partir del cual los días empiezan a ser más largos. Al ser una fiesta muy arraigada en las costumbres de la gente, la religión católica la asimilo y le dio un nuevo significado, que todos conocemos, pero que no tenemos en cuenta sino cuando vemos los belenes de las tiendas.
Por que claro, si algo no sale en una tienda no existe. Últimamente las zonas de compra y la publicidad son los medidores de la realidad que nos rodea. Si algo no esta en una tienda o no sale anunciado en la televisión, no existe. Al menos eso me han dicho cuando he contado donde trabajo. Como no se anuncian como las demás empresas en el medio audiovisual, entonces nadie la conoce (o eso creen) y por lo tanto ni existe ni es fiable. Y lo mismo pasa con las demás cosas, si no lo encuentras o lo ves en las tiendas, no es importante. Si el Corte Inglés no nos dijese que es Navidad, igual ni nos enteraríamos. Pero claro eso sería imposible porque si no son ellos, otros comercios ya se encargan de decirnos que tenemos que irnos de compras para estas fechas, desde el mes de noviembre la mayoría e incluso desde antes, al menos si nos referimos a las luces que ponen en sus entradas estos grandes almacenes que ya he citado. Este año por ejemplo, a finales de octubre ya estaban con esas, y de paso celebran Halloween.
Queda claro que son unas fechas en las que hay que ser felices, y compartir con los seres queridos. Si eres de los afortunados que tiene un buen sueldo, pues lo aprovechas y lo “compartes” con los demás, pero no en el sentido de dar, sino de mostrar tu propia opulencia. De ahí lo de los regalos, porque regalar cosas a la gente que quieres es algo muy normal y que demuestra el afecto que les tienes. Mientras mejor es lo que les das más amor. Entonces claro, la gente pobre o que no puede permitirse regalar coches o casa pues no tiene corazón.
Otra cosa es lo de la cena en familia. Eso está muy bien, tener la excusa de reunirse todos bajo el mismo techo. La pena es que no se haga más a menudo sino una noche al año. En algunos casos es comprensible, porque la familia vive lejos, tienes que coger varios aviones y pegarte varias horas volando, si no es conduciendo o en el tren. Pero cuando la familia está más cerca ya es cuando no lo entiendo. Más que una reunión para celebrar la navidad, parece un castigo por hacerlo. Es la fiesta de la hipocresía ya que una noche al año haremos como que nos llevamos bien y somos felices, cuando no es cierto. El resto del año te metes con tus primos, no soportas a tus tíos o te caen mal tus hermanos y no te hablas con tus padres. Pero como es navidad, entonces lo dejas todo de lado. Mi madre dice que no es hipocresía sino intentar olvidarse de esos conflictos, lo cual me parece bien. Lo malo es que esas disputas se reanudan cuando llegan las rebajas.
También es el momento de atiborrarse a comer todo lo que te ponen por delante, sin pensar en lo mal que te vas a sentir cuando llegue la cuesta de enero y en vez de subir ruedas cuesta abajo. Eso si, a los gimnasios les viene de fábula lo de las comilonas de esta época. Porque les permite hacerse su agosto en enero y febrero con vistas a lucir tipazo en verano. Pero es que los polvorones y el turrón están muy bueno, y no somos quienes para resistirnos. Y algunos familiares cocinan de maravilla, de ahí que sea muy difícil poder decirles que no queremos repetir pavo. Pero lo divertido es que estaremos comiendo de eso hasta San Valentín de tantos restos que van a quedar. Pero eso es tradición. Como otras muchas que siguen a la de las cenas navideñas, opulentas por antonomasia.
La época de rebajas es el cierre de las navidades. Lo malo es que la mayoría de la gente hace el doble de gasto. Porque todo el mundo hace sus compras cuando estamos en periodo caro. Hace una semana estaba todo a mitad de precio de lo que esta hoy, pero claro, como hay que hacer regalos antes de reyes y no el día de después que ya esta todo a mitad de precio, pues hay que asar por el aro. No es lo mismo hacer un regalo el día 6 que el día 7 u 8, porque claro, ya han pasado los reyes. Y con esa excusa se aprovechan de la gente. Te venden las cosas al precio que les da la gana porque no puedes escapar de esa obligación. No lo haces porque quieres sino porque te fuerzan a hacerlo.
Algunos miembros de mi familia ya le han pillado el truco a eso, y no hay forma de que nos regalen nada antes del 7 de enero. Han visto cual es la trampa, y puesto que hoy en día la vida está muy mal, a nivel económico, pues hay que ahorrar. Si os ponéis los informativos veréis por todos lados que dicen que hay que gastar menos agua, menos luz, que la vida esta muy cara, y todo eso, pero no te dicen que si no compras en navidad pero te esperas a las rebajas tienes lo mismo a mitad de precio y solo con unos días de retraso. Porque si dicen eso les caen encima los comercios y los crucifican.
Pero no todo en navidad es malo, hay también cosas buenas. Hablando del gasto de luz, las calles ahora sí que están iluminadas y da gusto pasear por ellas, aunque haga un frío que te hielas. La gente hace más la pelota que de costumbre. En el trabajo todo el mundo te felicita y te regalan cosas. Por la calle la gente pierde el sentido del ridículo y lleva los cuernos bien puestos, aunque sean de alce. O bien los gorritos rojos con el pompón. Y lo mejor es cuando se ponen a desafinar por la calle cantando villancicos. Pero bueno, es una manera de divertirse sin beber ni drogarse.
De todos modos debemos aprovechar estas fechas para sacar lo mejor de nosotros mismos, aunque solo sea por un día si no somos capaces de hacerlo el resto del año. No iremos al cielo por ello, pero al menos les alegraremos el día a otras personas. Vale la pena repartir un poco de felicidad a los seres queridos. Igual si lo hacemos nos damos cuenta de lo gratificante que es y lo podemos continuar haciendo el resto del año, y no solo en navidades.
A todos mis lectores os deseo que la paz y el amor llenen vuestros corazones, el pavo vuestros estómagos y los turrones vuestros michelines y cartucheras. Un beso y felices fiestas.
Borrón Y Cuenta Nueva
Hay veces en la vida que por circunstancias de la misma llegas a un punto en el que tienes que volver a pasar por la casilla de salida, como aquel que le pulsa el reset a la video consola, porque ya esta harto de perder siempre. En esos momentos es cuando nos planteamos qué es lo que hacemos mal y podemos decidir cambiar todo lo que consideramos que no hacemos bien o al menos lo que sabemos que no funciona. Es un momento de cambios radicales y profundos, si lo deseamos así, o bien simplemente un paso más en la vida, y las cosas seguirán siendo las mismas.
En un mundo en el que la vida da tantas vueltas que se parece más a una noria que a un río tranquilo, ¿Cómo podemos adaptarnos a los nuevos cambios? ¿Somos capaces de cambiar todo lo que no funciona? ¿Sabemos reconocer nuestros errores y no volver a cometerlos? ¿Cómo podemos cambiar?
Lo importante en un momento de posible transición es haberse dado cuenta de qué es lo que falla, porque obviamente si no queremos cambiar o no sabemos qué debemos modificar de nosotros mismos, no podremos hacer nada diferente. Después de la conciencia viene la voluntad de cambio y lo que estamos dispuestos a sacrificar.
Por lo general cuando acabamos de salir de una relación, lo que queremos es no volver a caer en lo mismo, y sobretodo no volver a sufrir. Por eso es importante saber, lo que hemos hecho por nuestra parte para que la cosa no funcione. Y si no es nuestra culpa, saber qué ha hecho la otra persona y por qué para así evitar caer en conductas similares en próximas ocasiones. Ya que no debemos olvidar que por muy quemados que estemos, siempre encontraremos a alguien que nos haga tilín, por mucho que no queramos, y por muy reacios que estemos. Es una de las curiosidades de la vida, que cuando menos lo deseas te llega algo nuevo y es cuando debes decidir lo que hacer.
Por un lado puedes quedarte conforme estabas, ser cobarde y no arriesgar nada. Así estás seguro de que no te harán daño, porque no podrán ni acercarse a ti. Te evitas todos los problemas pero también todo lo bueno que pueda llegar. Es una opción como cualquiera, es como cuando te encuentras un billete en el suelo, puedes agacharte a cogerlo, arriesgando un pequeño dolor de espalda, y luego poder gastártelo y al final sentirte mal porque lo has perdido, o bien no hacer nada, pasar al lado de él y evitarte esas molestias. Es tu decisión.
Por otro lado puedes hacer borrón y cuenta nueva, y decidir arriesgarte, pero no de la forma que lo has venido haciendo hasta ahora. Puedes pensar en los errores que has cometido y no querer volver a pasar por ahí, por lo que serás más cauto en esta nueva oportunidad. Te tomas las cosas con más calma, y cambias todo aquello que es susceptible de llevarte a los resultados anteriores, aun sabiendo que no hay garantías en este mundo, pero poniendo buena voluntad de que todo saldrá bien esta vez. Y si no sale bien, al menos sabes que lo has intentado.
La realidad es que todos los días pasan trenes por nuestra parada, y que sólo depende de nosotros que queramos cogerlos o no, puede que el que cojamos no sea el más apropiado, porque tiene más paradas, o porque esta lleno de gente, o bien porque nos hará llegar tarde, pero llegaremos. De ahí que tampoco haya que tirarse al primero que pase, pero si hay que tener esperanza de que las cosas cambiarán y de que nosotros somos los responsables de que las cosas que nos suceden sean buenas o malas. Somos los que decidimos si esperamos o cogemos el bus que hay en la parada. Si vamos a pie o en coche. Y todo lo que hagamos llevará sus consecuencias.
Por eso mucha gente se pregunta cómo hay que cambiar las cosas. Yo lo que creo es que el más mínimo cambio, a largo plazo es capaz de hacer que el resultado final sea diferente. Puesto que vivimos en un sistema cuyos elementos están relacionados entre si, basta con que modifiquemos un solo elemento para que el sistema se vea modificado. A veces es simplemente una cuestión de actitud, otras un cambio de look. La cuestión es que cuando hay voluntad para que las cosas sean diferentes, lo serán cuando hayamos hecho lo que debemos hacer.
En mi caso ha sido algo más que una modificación leve, yo he decidido que puesto que me lo pedían en el trabajo, iba a cambiar de look y me iba a cortar el pelo, que llevaba dejándome largo desde hace 4 años casi. Para muchos no significará nada, pero para mí es como haber cambiado de armario entero. Si bien algunas personas es lo que hacen, tiran toda su ropa y se van de compras, otras cambian de coche, de color o de corte de pelo. El cambio irá en función de la importancia que cada uno le dé.
Volviendo a mi experiencia, ha sido cortarme el pelo, y al contrario que Sansón, he recuperado mis fuerzas. He encontrado un trabajo que me gusta, he conocido gente nueva que me resulta interesante y con la que puede haber un algo. Un simple acto ha hecho que el rumbo de las cosas haya cambiado. Pero con eso no quiero decir que todo vaya ir a mejor. Siempre pueden tirarme de la empresa, con lo cual volvería a la casilla paro, pero ya no con los mismo problemas que antes, porque ya los entrevistadores no podrán rechazarme por llevar el pelo largo y por lo tanto se me abre un nuevo mundo de posibilidades laborales. O bien esta gente nueva que he conocido puede ser la misma de siempre y ser unos gilipollas, pero eso no es mi problema, porque los que saldrán perdiendo son ellos.
En mi caso, digamos que el cambio más importante no es el externo sino el interno, por eso quiero transmitir lo que he aprendido en esta experiencia. Ya sé que eso no sirve de nada porque nadie vive lo mismo o de la misma intensidad que su vecino, pero algo es algo, y siempre sirve saber que no estamos solos en el universo, pasándolo mal porque nuestra pareja nos ha dejado, o porque hemos dejado a alguien o porque hemos perdido a quien queríamos.
Tengo un amigo al que todo lo iba mal. Que perdió la forma física hace años y que se dejo llevar por la melancolía, cuando me mandaba fotos de cómo era apenas reconocía a esa persona con la que había pasado mi infancia. Se dejo hundir en la miseria emocional y física, y al final se quedó sin amigos, en el paro y hecho una foca. Un día, harto de que las cosas le fuesen mal, y de no conseguir cambiar nada, decidió pedir ayuda. Llamó a sus padres y les preguntó si podía irse a vivir con ellos porque no se sentía bien. El caso es que ellos le consiguieron un trabajo, que no es gran cosa, pero en el que está muy contento, se puso a tomar el sol, ya que antes no salía a la calle por miedo de que le viese la gente, y se puso a hacer deporte al igual que a cuidarse la alimentación. Ahora es otra persona, es mi amigo de la infancia de nuevo.
Su cambio es mucho más complicado porque tuvo que modificar muchas más cosas, pero creo que lo más difícil que tuvo que hacer fue admitir que necesitaba ayuda y llamar a sus padres. A partir de ahí las cosas cambiaron. En su caso había mucho que modificar, pero todo ello tuvo un punto de partida que fue el empuje o la voluntad a que las cosas no siguieran siendo iguales.
El éxito solo está asegurado si realmente te tomas las cosas en serio. Este amigo del que hablo me dijo que se había metido en dietas un millón de veces, y en lugar de perder peso lo ganaba. Le dije que buscase cualquier trabajo para empezar, pero lo único que hacia eso era deprimirle aun más porque aquello en lo que trabajaba no le motivaba en absoluto. Ahora pienso que lo que le pasaba es que perdió su conexión con su familia, y eso era lo que tenía que cambiar para que las cosas le fuesen mejor. Una vez que encontró el fallo, las cosas le fueron mejor.
A veces basta simplemente con pararse delante del espejo y decirse que a partir de hoy una nueva vida nos espera, otras es algo mucho más complicado y que requiere más dedicación. Por la mañana podemos decirnos que un nuevo día empieza y que solamente depende de nosotros mismos que sea un fracaso como los anteriores o bien un día de éxito, lo cual ya es un comienzo. No tenemos ninguna garantía de que las cosas irán mucho mejor, de que seremos ricos y encontraremos nuestra media naranja, pero la voluntad de que las cosas sean así es lo único que no debemos perder, por muchos palos que nos hayan dado.
Eso es algo en lo que mi última pareja hacia mucho hincapié y en lo que tenia razón “hay que dejar el pasado atrás y vivir un presente de cara al futuro, olvidándonos del dolor porque su recuerdo no hace más que atarnos a algo que no podemos modificar”. Puede que en otras cosas no tuviese la razón, o que se haya comportado de manera errónea en otros ámbitos, pero en ese punto en particular sí que estaba en lo cierto.
En un mundo en el que la vida da tantas vueltas que se parece más a una noria que a un río tranquilo, ¿Cómo podemos adaptarnos a los nuevos cambios? ¿Somos capaces de cambiar todo lo que no funciona? ¿Sabemos reconocer nuestros errores y no volver a cometerlos? ¿Cómo podemos cambiar?
Lo importante en un momento de posible transición es haberse dado cuenta de qué es lo que falla, porque obviamente si no queremos cambiar o no sabemos qué debemos modificar de nosotros mismos, no podremos hacer nada diferente. Después de la conciencia viene la voluntad de cambio y lo que estamos dispuestos a sacrificar.
Por lo general cuando acabamos de salir de una relación, lo que queremos es no volver a caer en lo mismo, y sobretodo no volver a sufrir. Por eso es importante saber, lo que hemos hecho por nuestra parte para que la cosa no funcione. Y si no es nuestra culpa, saber qué ha hecho la otra persona y por qué para así evitar caer en conductas similares en próximas ocasiones. Ya que no debemos olvidar que por muy quemados que estemos, siempre encontraremos a alguien que nos haga tilín, por mucho que no queramos, y por muy reacios que estemos. Es una de las curiosidades de la vida, que cuando menos lo deseas te llega algo nuevo y es cuando debes decidir lo que hacer.
Por un lado puedes quedarte conforme estabas, ser cobarde y no arriesgar nada. Así estás seguro de que no te harán daño, porque no podrán ni acercarse a ti. Te evitas todos los problemas pero también todo lo bueno que pueda llegar. Es una opción como cualquiera, es como cuando te encuentras un billete en el suelo, puedes agacharte a cogerlo, arriesgando un pequeño dolor de espalda, y luego poder gastártelo y al final sentirte mal porque lo has perdido, o bien no hacer nada, pasar al lado de él y evitarte esas molestias. Es tu decisión.
Por otro lado puedes hacer borrón y cuenta nueva, y decidir arriesgarte, pero no de la forma que lo has venido haciendo hasta ahora. Puedes pensar en los errores que has cometido y no querer volver a pasar por ahí, por lo que serás más cauto en esta nueva oportunidad. Te tomas las cosas con más calma, y cambias todo aquello que es susceptible de llevarte a los resultados anteriores, aun sabiendo que no hay garantías en este mundo, pero poniendo buena voluntad de que todo saldrá bien esta vez. Y si no sale bien, al menos sabes que lo has intentado.
La realidad es que todos los días pasan trenes por nuestra parada, y que sólo depende de nosotros que queramos cogerlos o no, puede que el que cojamos no sea el más apropiado, porque tiene más paradas, o porque esta lleno de gente, o bien porque nos hará llegar tarde, pero llegaremos. De ahí que tampoco haya que tirarse al primero que pase, pero si hay que tener esperanza de que las cosas cambiarán y de que nosotros somos los responsables de que las cosas que nos suceden sean buenas o malas. Somos los que decidimos si esperamos o cogemos el bus que hay en la parada. Si vamos a pie o en coche. Y todo lo que hagamos llevará sus consecuencias.
Por eso mucha gente se pregunta cómo hay que cambiar las cosas. Yo lo que creo es que el más mínimo cambio, a largo plazo es capaz de hacer que el resultado final sea diferente. Puesto que vivimos en un sistema cuyos elementos están relacionados entre si, basta con que modifiquemos un solo elemento para que el sistema se vea modificado. A veces es simplemente una cuestión de actitud, otras un cambio de look. La cuestión es que cuando hay voluntad para que las cosas sean diferentes, lo serán cuando hayamos hecho lo que debemos hacer.
En mi caso ha sido algo más que una modificación leve, yo he decidido que puesto que me lo pedían en el trabajo, iba a cambiar de look y me iba a cortar el pelo, que llevaba dejándome largo desde hace 4 años casi. Para muchos no significará nada, pero para mí es como haber cambiado de armario entero. Si bien algunas personas es lo que hacen, tiran toda su ropa y se van de compras, otras cambian de coche, de color o de corte de pelo. El cambio irá en función de la importancia que cada uno le dé.
Volviendo a mi experiencia, ha sido cortarme el pelo, y al contrario que Sansón, he recuperado mis fuerzas. He encontrado un trabajo que me gusta, he conocido gente nueva que me resulta interesante y con la que puede haber un algo. Un simple acto ha hecho que el rumbo de las cosas haya cambiado. Pero con eso no quiero decir que todo vaya ir a mejor. Siempre pueden tirarme de la empresa, con lo cual volvería a la casilla paro, pero ya no con los mismo problemas que antes, porque ya los entrevistadores no podrán rechazarme por llevar el pelo largo y por lo tanto se me abre un nuevo mundo de posibilidades laborales. O bien esta gente nueva que he conocido puede ser la misma de siempre y ser unos gilipollas, pero eso no es mi problema, porque los que saldrán perdiendo son ellos.
En mi caso, digamos que el cambio más importante no es el externo sino el interno, por eso quiero transmitir lo que he aprendido en esta experiencia. Ya sé que eso no sirve de nada porque nadie vive lo mismo o de la misma intensidad que su vecino, pero algo es algo, y siempre sirve saber que no estamos solos en el universo, pasándolo mal porque nuestra pareja nos ha dejado, o porque hemos dejado a alguien o porque hemos perdido a quien queríamos.
Tengo un amigo al que todo lo iba mal. Que perdió la forma física hace años y que se dejo llevar por la melancolía, cuando me mandaba fotos de cómo era apenas reconocía a esa persona con la que había pasado mi infancia. Se dejo hundir en la miseria emocional y física, y al final se quedó sin amigos, en el paro y hecho una foca. Un día, harto de que las cosas le fuesen mal, y de no conseguir cambiar nada, decidió pedir ayuda. Llamó a sus padres y les preguntó si podía irse a vivir con ellos porque no se sentía bien. El caso es que ellos le consiguieron un trabajo, que no es gran cosa, pero en el que está muy contento, se puso a tomar el sol, ya que antes no salía a la calle por miedo de que le viese la gente, y se puso a hacer deporte al igual que a cuidarse la alimentación. Ahora es otra persona, es mi amigo de la infancia de nuevo.
Su cambio es mucho más complicado porque tuvo que modificar muchas más cosas, pero creo que lo más difícil que tuvo que hacer fue admitir que necesitaba ayuda y llamar a sus padres. A partir de ahí las cosas cambiaron. En su caso había mucho que modificar, pero todo ello tuvo un punto de partida que fue el empuje o la voluntad a que las cosas no siguieran siendo iguales.
El éxito solo está asegurado si realmente te tomas las cosas en serio. Este amigo del que hablo me dijo que se había metido en dietas un millón de veces, y en lugar de perder peso lo ganaba. Le dije que buscase cualquier trabajo para empezar, pero lo único que hacia eso era deprimirle aun más porque aquello en lo que trabajaba no le motivaba en absoluto. Ahora pienso que lo que le pasaba es que perdió su conexión con su familia, y eso era lo que tenía que cambiar para que las cosas le fuesen mejor. Una vez que encontró el fallo, las cosas le fueron mejor.
A veces basta simplemente con pararse delante del espejo y decirse que a partir de hoy una nueva vida nos espera, otras es algo mucho más complicado y que requiere más dedicación. Por la mañana podemos decirnos que un nuevo día empieza y que solamente depende de nosotros mismos que sea un fracaso como los anteriores o bien un día de éxito, lo cual ya es un comienzo. No tenemos ninguna garantía de que las cosas irán mucho mejor, de que seremos ricos y encontraremos nuestra media naranja, pero la voluntad de que las cosas sean así es lo único que no debemos perder, por muchos palos que nos hayan dado.
Eso es algo en lo que mi última pareja hacia mucho hincapié y en lo que tenia razón “hay que dejar el pasado atrás y vivir un presente de cara al futuro, olvidándonos del dolor porque su recuerdo no hace más que atarnos a algo que no podemos modificar”. Puede que en otras cosas no tuviese la razón, o que se haya comportado de manera errónea en otros ámbitos, pero en ese punto en particular sí que estaba en lo cierto.
Los Pesimistas
Hay una expresión en inglés que dice lo siguiente: “to be waiting for the other shoe to drop”, lo cual en castellano sería estar esperando a que se caiga el otro zapato, es decir que cuando algo te sale bien estas atento a que algo falle y salga todo mal. Se trata de intentar verle el plumero a todo lo que nos sucede porque no creemos que las cosas buenas pasen sin tener consecuencias nefastas.
Si bien uno podría pensar que las personas incrédulas son las que tienen esa filosofía de vida, yo creo que ellos no es que piensen que todo irá mal, sino simplemente que no se creen lo que les sucede, tanto lo bueno como lo malo, sin embargo los pesimistas son aquellos que sólo creen en lo malo, para ellos únicamente existen las cosas que les hacen sufrir, y por eso cuando algo bueno sucede no creen en ello, sino que esperan a que salga la parte oscura de la situación.
En un mundo en el que las desgracias están a la orden del día, ¿Por qué nos cuesta tanto creer en lo positivo que nos pueda suceder? ¿Acaso estamos tan acostumbrados a lo malo que ya no sabemos disfrutar de todo lo que no sea pernicioso? ¿Nos hemos vuelto masoquistas sin saberlo?
En la vida hay dos ámbitos en los que nos dan tantos palos que llega un momento en el que ya no confiamos ni en nosotros mismos. Uno de ellos es el trabajo y el otro es el amor.
El primero es más fácil de superar, porque en el fondo, si tenemos cualificaciones suficientes, llegará el momento en el que alguien se dé cuenta de lo que valemos y nos dé una oportunidad. Sin embargo en el del amor, como la otra persona tiene el 50% de las acciones de la pareja, es una ruleta rusa. Ahí no valen nada las experiencias o el currículo que tengas. Si no consigues conectar con la otra persona, aportarle lo que busca y recibir lo que necesitas, estas jodido. En ese ámbito lo que prevalecen son los sentimientos por encima de lo que realmente vales. De ahí que a veces personas que no valen nada o que son mala gente consiga encontrar pareja antes que los que no somos tan terribles.
Entonces claro, cuando ya has tenido suficientes malas experiencias, que te hayan roto el corazón varias veces y que hayas tenido que pasar por la casilla de salida unas cuantas veces, ya no eres la misma persona. Has perdido la inocencia y ya no crees en la otra persona. Llega el momento en el que crees que todos son iguales y nada más empezar una relación estás esperando a que la cosa salga mal.
Por lo general cuando vas predispuesto a que las cosas no funcionen, no lo van a hacer, aunque la otra persona sea ideal para ti, puede ser tu media naranja, sin embargo haremos todo lo posible por que las cosas se fastidien, tal vez de manera inconsciente. Al final la relación se fastidia, ya sea por nuestra falta de confianza en que esta vez sea la buena, o bien por nosotros mismos saboteándola sin quererlo. Entonces es cuando entramos en la espiral de relación – ruptura de la que no podremos salir hasta que no cambiemos la manera que tenemos de pensar. Alguna vez tiene que ser la buena, y debemos confiar que en eso suceda.
Cuando los sentimientos están de por medio la cosa es difícil, el miedo a que nos hagan daño una vez más puede hacernos cobardes y que nos creemos un escudo que impida que nada entre o salga de él. Nos hacemos impermeables a los demás y perdemos la capacidad de enamorarnos de otra persona, lo cual al final conlleva a que hayamos matado el poder de tener una pareja, por puro miedo a sufrir una vez más. Ya no nos arriesgamos a ganar por que tememos perder, así que al perder esa posibilidad está claro que no podremos obtener nunca nada bueno.
Si la cosa va de trabajo es diferente, aunque el rechazo que nos produzca haga que los sentimientos entren también en juego. Pero no de la misma manera. A nadie le gusta buscar y buscar y no encontrar nada, pero sin embargo no nos desanimamos, por la simple razón de que si dejamos de buscar moriremos de hambre ya que sin trabajo no hay dinero. De ahí que sea algo que seguiremos buscando incansablemente.
El problema viene cuando encontramos un trabajo que nos resulta ideal, pero no confiamos en que sea el trabajo que nos conviene. Simplemente que creemos que es demasiado bonito para ser cierto. Y ahí está el problema. Porque algún día tiene que llegar algo así y a veces no lo cogemos porque tenemos miedo a arriesgar. Claro que cuando nos referimos al tema laboral, el factor riesgo es mínimo, ya que como mucho habremos perdido tiempo y algo de dinero, no habremos perdido a alguien especial por intentarlo.
Sin embargo lo curioso del asunto es que las cosas buenas que nos suceden en la vida no tienen tanta relevancia como las malas. Si te han puteado en la vida con el trabajo o el amor, no le das más importancia de la que tiene, te jode pero lo aceptas. Sin embargo cuando cosas buenas suceden, entonces es cuando entras en paranoias y piensas que si pasa eso es porque hay algo que va detrás, porque te quieren estafar, abusar de ti o algo por el estilo. Somos incapaces de conseguir disfrutar de lo bueno por miedo a lo malo que pueda llegar después.
Esta claro que nada dura eternamente, por suerte, porque así estamos seguros de que cuando estamos en un mal momento económico vamos a salir de ahí, que las vacas falcas van a pasar. Pero también lo bueno, de ahí que haya que aprovechar al máximo todas las ocasiones que tenemos de ser felices, así cuando vengan tiempos peores podremos recordar con esperanza que regresen los momentos agradables.
Sin embargo, nos cuesta menos aceptar lo negativo que lo positivo. Eso lo podéis comprobar en las consultas esotéricas. Si vais donde una pitonisa a que os diga el futuro, cuando dice cosas buenas, no le hacemos caso, es todo charlatanería. Si nos da una receta para que nos vaya mejor en el trabajo o en el amor, no nos lo creemos y no haremos caso de eso. Pero si por el contrario nos dice que si no hacemos eso que nos recomienda nos va a atropellar un camión, luego nos estrellaremos en la ambulancia y al final terminaremos en un bancal, entonces sí que le haremos caso a la bruja y seguiremos al pie de la letra todo lo que nos manda “por si acaso”.
Siempre que vayamos a sitios así, cuando nos leen las cartas, los pozos del café, las auras o lo que sea, nos preocupa más lo malo que nos puedan decir que lo bueno. Porque lo segundo no nos lo esperamos, no estamos preparados para ello, por lo que lo rechazaremos. Sin embargo todo lo que nos pueda perjudicar nos interesa, con tal de evitarlo, pero no nos damos cuenta de que con esa manera de pensar lo que haremos será atraerlo hacia nosotros.
Si miramos la lengua, nos daremos cuenta de que hay un montón de expresiones que van encaminadas en ese sentido. “Por si las moscas”, “por si llegan vacas flacas”, “piensa mal y acertarás”, esta última es la que más rabia me da, porque yo tengo mucha imaginación y por ponerme a pensar en cosas terribles, podría pero ya no sería la vida real sino ciencia ficción. El caso es que nos preparemos a lo peor por si llega. Esto no es una mala filosofía, porque sabiendo que todo se acaba, podemos disfrutar las cosas, podemos ser previsores y evitarnos males mayores en el futuro, ahorrar, guardar para la posteridad, etc. Pero lo que no podemos hacer es limitarnos a lo negativo, sólo pensar en eso.
Es cierto que la vida es una mierda la mayoría de las veces (más que nada porque no miramos las cosas positivas que provienen de los malo: no hay mal que por bien no venga) sin embargo no podemos dejar pasar las ocasiones que se nos presenten de mejorarlo todo. No hay mal que cien años dure, también es algo que debemos recordar, y cuando ese mal ha pasado, es cuando llega lo bueno, siempre y cuando queramos que eso suceda, de lo contrario no va a llegar.
Muchas veces tenemos la oportunidad de salir de la miseria en la que estamos metidos, pero no lo hacemos porque dejamos pasar el tren, no nos damos cuenta de que estamos donde estamos porque queremos, porque alguien nos da la mano y la rechazamos por desconfianza. No todo lo que nos sucede tiene por que ser malo, debemos tener la esperanza de que las cosas pueden cambiar para bien, hay que tener fe de que eso va a suceder, porque de lo contrario no lo hará, y lo peor de todo es que no podremos echarle las culpas a nadie porque somos nosotros mismos los que no habremos querido ayudarnos.
Si bien uno podría pensar que las personas incrédulas son las que tienen esa filosofía de vida, yo creo que ellos no es que piensen que todo irá mal, sino simplemente que no se creen lo que les sucede, tanto lo bueno como lo malo, sin embargo los pesimistas son aquellos que sólo creen en lo malo, para ellos únicamente existen las cosas que les hacen sufrir, y por eso cuando algo bueno sucede no creen en ello, sino que esperan a que salga la parte oscura de la situación.
En un mundo en el que las desgracias están a la orden del día, ¿Por qué nos cuesta tanto creer en lo positivo que nos pueda suceder? ¿Acaso estamos tan acostumbrados a lo malo que ya no sabemos disfrutar de todo lo que no sea pernicioso? ¿Nos hemos vuelto masoquistas sin saberlo?
En la vida hay dos ámbitos en los que nos dan tantos palos que llega un momento en el que ya no confiamos ni en nosotros mismos. Uno de ellos es el trabajo y el otro es el amor.
El primero es más fácil de superar, porque en el fondo, si tenemos cualificaciones suficientes, llegará el momento en el que alguien se dé cuenta de lo que valemos y nos dé una oportunidad. Sin embargo en el del amor, como la otra persona tiene el 50% de las acciones de la pareja, es una ruleta rusa. Ahí no valen nada las experiencias o el currículo que tengas. Si no consigues conectar con la otra persona, aportarle lo que busca y recibir lo que necesitas, estas jodido. En ese ámbito lo que prevalecen son los sentimientos por encima de lo que realmente vales. De ahí que a veces personas que no valen nada o que son mala gente consiga encontrar pareja antes que los que no somos tan terribles.
Entonces claro, cuando ya has tenido suficientes malas experiencias, que te hayan roto el corazón varias veces y que hayas tenido que pasar por la casilla de salida unas cuantas veces, ya no eres la misma persona. Has perdido la inocencia y ya no crees en la otra persona. Llega el momento en el que crees que todos son iguales y nada más empezar una relación estás esperando a que la cosa salga mal.
Por lo general cuando vas predispuesto a que las cosas no funcionen, no lo van a hacer, aunque la otra persona sea ideal para ti, puede ser tu media naranja, sin embargo haremos todo lo posible por que las cosas se fastidien, tal vez de manera inconsciente. Al final la relación se fastidia, ya sea por nuestra falta de confianza en que esta vez sea la buena, o bien por nosotros mismos saboteándola sin quererlo. Entonces es cuando entramos en la espiral de relación – ruptura de la que no podremos salir hasta que no cambiemos la manera que tenemos de pensar. Alguna vez tiene que ser la buena, y debemos confiar que en eso suceda.
Cuando los sentimientos están de por medio la cosa es difícil, el miedo a que nos hagan daño una vez más puede hacernos cobardes y que nos creemos un escudo que impida que nada entre o salga de él. Nos hacemos impermeables a los demás y perdemos la capacidad de enamorarnos de otra persona, lo cual al final conlleva a que hayamos matado el poder de tener una pareja, por puro miedo a sufrir una vez más. Ya no nos arriesgamos a ganar por que tememos perder, así que al perder esa posibilidad está claro que no podremos obtener nunca nada bueno.
Si la cosa va de trabajo es diferente, aunque el rechazo que nos produzca haga que los sentimientos entren también en juego. Pero no de la misma manera. A nadie le gusta buscar y buscar y no encontrar nada, pero sin embargo no nos desanimamos, por la simple razón de que si dejamos de buscar moriremos de hambre ya que sin trabajo no hay dinero. De ahí que sea algo que seguiremos buscando incansablemente.
El problema viene cuando encontramos un trabajo que nos resulta ideal, pero no confiamos en que sea el trabajo que nos conviene. Simplemente que creemos que es demasiado bonito para ser cierto. Y ahí está el problema. Porque algún día tiene que llegar algo así y a veces no lo cogemos porque tenemos miedo a arriesgar. Claro que cuando nos referimos al tema laboral, el factor riesgo es mínimo, ya que como mucho habremos perdido tiempo y algo de dinero, no habremos perdido a alguien especial por intentarlo.
Sin embargo lo curioso del asunto es que las cosas buenas que nos suceden en la vida no tienen tanta relevancia como las malas. Si te han puteado en la vida con el trabajo o el amor, no le das más importancia de la que tiene, te jode pero lo aceptas. Sin embargo cuando cosas buenas suceden, entonces es cuando entras en paranoias y piensas que si pasa eso es porque hay algo que va detrás, porque te quieren estafar, abusar de ti o algo por el estilo. Somos incapaces de conseguir disfrutar de lo bueno por miedo a lo malo que pueda llegar después.
Esta claro que nada dura eternamente, por suerte, porque así estamos seguros de que cuando estamos en un mal momento económico vamos a salir de ahí, que las vacas falcas van a pasar. Pero también lo bueno, de ahí que haya que aprovechar al máximo todas las ocasiones que tenemos de ser felices, así cuando vengan tiempos peores podremos recordar con esperanza que regresen los momentos agradables.
Sin embargo, nos cuesta menos aceptar lo negativo que lo positivo. Eso lo podéis comprobar en las consultas esotéricas. Si vais donde una pitonisa a que os diga el futuro, cuando dice cosas buenas, no le hacemos caso, es todo charlatanería. Si nos da una receta para que nos vaya mejor en el trabajo o en el amor, no nos lo creemos y no haremos caso de eso. Pero si por el contrario nos dice que si no hacemos eso que nos recomienda nos va a atropellar un camión, luego nos estrellaremos en la ambulancia y al final terminaremos en un bancal, entonces sí que le haremos caso a la bruja y seguiremos al pie de la letra todo lo que nos manda “por si acaso”.
Siempre que vayamos a sitios así, cuando nos leen las cartas, los pozos del café, las auras o lo que sea, nos preocupa más lo malo que nos puedan decir que lo bueno. Porque lo segundo no nos lo esperamos, no estamos preparados para ello, por lo que lo rechazaremos. Sin embargo todo lo que nos pueda perjudicar nos interesa, con tal de evitarlo, pero no nos damos cuenta de que con esa manera de pensar lo que haremos será atraerlo hacia nosotros.
Si miramos la lengua, nos daremos cuenta de que hay un montón de expresiones que van encaminadas en ese sentido. “Por si las moscas”, “por si llegan vacas flacas”, “piensa mal y acertarás”, esta última es la que más rabia me da, porque yo tengo mucha imaginación y por ponerme a pensar en cosas terribles, podría pero ya no sería la vida real sino ciencia ficción. El caso es que nos preparemos a lo peor por si llega. Esto no es una mala filosofía, porque sabiendo que todo se acaba, podemos disfrutar las cosas, podemos ser previsores y evitarnos males mayores en el futuro, ahorrar, guardar para la posteridad, etc. Pero lo que no podemos hacer es limitarnos a lo negativo, sólo pensar en eso.
Es cierto que la vida es una mierda la mayoría de las veces (más que nada porque no miramos las cosas positivas que provienen de los malo: no hay mal que por bien no venga) sin embargo no podemos dejar pasar las ocasiones que se nos presenten de mejorarlo todo. No hay mal que cien años dure, también es algo que debemos recordar, y cuando ese mal ha pasado, es cuando llega lo bueno, siempre y cuando queramos que eso suceda, de lo contrario no va a llegar.
Muchas veces tenemos la oportunidad de salir de la miseria en la que estamos metidos, pero no lo hacemos porque dejamos pasar el tren, no nos damos cuenta de que estamos donde estamos porque queremos, porque alguien nos da la mano y la rechazamos por desconfianza. No todo lo que nos sucede tiene por que ser malo, debemos tener la esperanza de que las cosas pueden cambiar para bien, hay que tener fe de que eso va a suceder, porque de lo contrario no lo hará, y lo peor de todo es que no podremos echarle las culpas a nadie porque somos nosotros mismos los que no habremos querido ayudarnos.
El Lado Oscuro Del Amor
A estas alturas de la película, creo que a mayoría de nosotros hemos constatado que el amor no es tan dulce como nos lo quieren vender. Más que alegrías, la mayoría de las veces sólo trae problemas, dolores de cabeza y mal rollo. Pero aun así, dicen que vale la pena experimentarlo. Más que nada porque cuando sale bien la cosa puede ser muy bonita. Pero puesto que eso no pasa sino en contadas ocasiones, la mayoría de las veces lo único que hacemos es apostar por un caballo que ni conocemos a ver si resulta ser el ganador, y como en todos los juegos del azar, podemos perder algo más que la apuesta si no tenemos cuidado. Podemos terminar enganchados a algo que no controlamos y que es capaz de destrozar nuestras vidas.
En un mundo en el que hay tanto dolor y tantas desgracias, ¿por qué es tan difícil encontrar el amor en su forma positiva? Y cuando encontramos algo parecido, ¿por qué siempre se termina viciando y volviendo algo malo? ¿Cómo podemos sobrevivir al Lado Oscuro del Amor?
Supongo que la mayoría de personas ya sabe a lo que me refiero cuando hablo del Lado Oscuro del Amor, pero aun así quiero poder explicarlo ya que es algo que tengo demasiado visto. Si bien el paralelismo con la saga de las galaxias es obvio, tengo que decir que no es un estado irreversible. Es decir, que puedes caer en esa trampa y poder salir de ahí perfectamente, lo que pasa es que muchas veces ni siquiera te das cuenta de tu error, ni de lo que está pasando, y a veces el precio por salir de ahí es muy elevado o doloroso. Pero el sufrimiento que conlleva seguir ahí hará que al final tomemos la decisión adecuada.
Yo utilizo esa metáfora cuando me refiero a relaciones en las que el comienzo es todo un camino de rosas y el final es una revelación de la verdadera naturaleza de la relación, que viene a ser todo lo contrario a lo que pensábamos y en la que hemos perdido más que unos días o meses de nuestra vida.
El comienzo siempre es igual, suele ser en un periodo de tiempo en el que n estamos nada receptivos a los demás, y en el que ni nos planteamos tener una relación. Siempre dicen que cuando menos te lo esperas es cuando sale algo bonito, por eso bajamos la guardia, lo cual es un error. Entonces, en el momento en el que hemos tirado la toalla conocemos a una persona que nos hace tilín. O al menos que no pasa desapercibida. La gente que ha perdido la esperanza y se ha forjado una coraza de hierro armado lo ven venir y son inmunes a sus encantos, pero los que aun no hemos terminado la labor de protección caemos en la trampa. Muchas veces motivados por la esperanza y el deseo de que por fin haya llegado nuestra media naranja. Entonces le dejamos entrar en nuestra vida, con unas ganas tremendas, aunque la otra persona no lo sepa.
Los primeros días de esas relaciones son muy parecidos, son pasos de ciego, vas titubeando e intentando ser lo más normal posible, a pesar de todos los traumas que llevas ya acumulados. Es un momento bonito en el que piensas que todo ese sufrimiento ha valido la pena, que por fin tienes derecho a ser feliz. Y lo eres.
El problema es que intentas dar lo mejor de ti mismo, y no eres lo natural que deberías ser, porque no quieres que la cosa se fastidie por culpa de tus manías personales. Y lo malo viene cuando la otra persona está en la misma situación que tú, porque entonces es cuando ambos estáis generando una imagen que no se corresponde con la realidad. Ya no es que os estéis engañando mutuamente, pero hay que tener en cuenta que cuando empieza una relación todos mostramos lo mejor que tenemos para enganchar al otro, y a veces eso es un error.
Digo que es un error, porque puede que no seamos concientes de ello, pero damos una imagen de algo que no podemos mantener durante mucho tiempo. Y la otra persona hace lo mismo, por lo que pasados unas semanas o unos meses, se cae la máscara. Y no es que lo haga de repente, sino que se va agrietando y se le van cayendo pedacitos de forma que no nos demos cuenta del cambio que está operando en la otra persona.
Yo voy a contarlo desde un lado de la barrera, pero está claro que en esta vida, una vez seremos el Emperador y otras Darth Vader.
Conforme van cayendo las capas de su máscara, nosotros nos vamos tragando el veneno en monodosis, por lo que no nos enteramos. Poco a poco vamos perdiendo el control de nuestras vidas a favor de un control de ellas por la otra persona. Al principio es bonito saber que la otra persona se preocupa por nosotros y nos da soluciones a nuestros problemas, pero no nos damos cuenta de que lo que quiere es controlarnos y hacernos una marioneta en sus manos. Si lo hiciera de golpe y en un ataque frontal, no nos fiaríamos y podríamos evitarlo, pero como se hace de forma paulatina, cuando nos damos cuenta es demasiado tarde.
Los primeros pasos tienen que ver con acostumbrarnos a su vida. Por que la otra persona tiene una vida tan ocupada y liada, con el trabajo, los hobbies y los amigos, que si no eres tú el que acude a verle él no puede hacerlo porque no tiene tiempo. Así que sacrificas tu espacio personal por el otro. Eres tu el que va a verle, el que se desplaza y el que busca tiempo en tu vida para estar con la otra persona. Empiezas a estar a disposición suya de forma incondicional. Y al final ya vas y vienes cuando te lo dice, no cuando quieres o cuando puedes. Aunque la trampa está en que crees que ere tú el que decide cuando vas, cuando está claro que no es cierto. Una forma de poder saber que esto es cierto es pedirle que rompa con su rutina para hacerte un favor, no tiene que ser algo demasiado importante para que no se sienta obligado, sino algo importante para ti únicamente. Si acepta cambiar sus planes por ti, entonces aun no hay peligro, pero si por el contrario no lo hace, entonces mal asunto.
Lo siguiente después de tenerte a su disposición, es borrar de tu vida todo aquello que pueda dar señales de peligro, es decir tus amigos. Como te la pasas con esa persona cada vez que quiere, y suele ser durante el tiempo que dedicabas a tus amigos, al principio no te das cuenta. Todos cuando empezamos una relación nueva dejamos de lado, un poco, a los amigos, pero el problema viene cuando los dejamos tirados por la otra persona, por no faltarle al respeto. Ese paso es mucho más sutil que el anterior, pero es aun peor. Poco a poco te alejan de tus amigos hasta que llega un momento en el que sus amigos se han convertido en los tuyos.
A veces hacen eso por puros celos, porque saben que en sus amigos pueden confiar, que no vas a engañarles con ellos, pero no se fían ni de tus amigos, ni de ti. Empiezan a decirte que tu pasado lo debes olvidar, que lo malo se ha de quedar atrás y que hay que cortar con todo ello y pensar en un futuro nuevo. Pero lo que no te están diciendo es que todo aquello que te recuerde lo que has sido antes tiene que desaparecer y por lo tanto tus amigos también. Y ya si tus amigos han sido en algún momento un ex, entonces ya la cosa es más fuerte aun. Porque te amenaza con que si sigues hablando con ellos es porque aun sientes algo por esas personas (lo cual es lógico, son tus amigos), y que al final volverás con ellos, y eso es una falta de respeto hacia tu nueva pareja.
Llegados a este punto tienes dos opciones, pero hay que saber que ambas opciones llevan un riesgo. La primera es hacerle caso a tu nueva pareja, la que se supone que te quiere como eres sin querer cambiarte, y dejas a tus amigos de lado. El peligro es que si pasa mucho tiempo, puedes perder la amistad, y cuando la relación se acabe, no solo habrás perdido a tu pareja, sino también a la gente que te quiere. Lo segundo que puedes hacer, entraña un peligro aun mayor, es verte a escondidas con ellos. Eso puede acarrear consecuencias nefastas para la relación, pero habrás demostrado algo de personalidad. Al menos si corta contigo, tendrás unos hombros donde llorar y gente que te ayude a salir del mal paso.
La cuestión de los celos es un tema que poco a poco va tomando más fuerza en estas relaciones. La excusa es que “nunca he sentido celos de nadie”, lo cual te hace pensar que eres especial, y le dejas pasar las escenitas. O bien te dice que es porque te quiere que siente celos y miedo a perderte. Eso tiene el mismo efecto en ti. Lo que no debemos olvidar es que tú puedes querer con toda tu alma a una persona, pero lo que no puedes pretender es encerrarla en una jaula para que no se vaya de tu lado, porque obtendrás el efecto contrario. Lo malo es que en ese punto estamos tan enganchados que no tenemos la sangre fría de coger y mandarle a paseo o al menos de pararle los pies.
Conforme vienen los celos, llegan todas las tentativas de cambiar esos defectos que le ponen negro/a. porque nadie es perfecto, por lo tanto no todo lo nuestro le va a gustar a la otra persona, pero el caso es que si bien nosotros nos calamos los suyos, porque le queremos, la otra persona no se cala los nuestros y nos pide que, por amor, los cambiemos. Tengo un amigo que dice que “serás amado el día que puedas mostrar tu debilidad sin que el otro la utilice para reafirmar su fuerza”, tiene razón. La persona que nos quiere ha de hacerlo con nuestros defectos y nuestras virtudes, sin querer cambiar nada y sin usar eso en nuestra contra, más que nada porque nosotros no lo haríamos.
Muchas veces se creen que somos como un producto al que le pueden quitar opciones o agregarle nuevas ventajas para que se les adecue más a lo que quieren, pero no es así, nos han de aceptar con todo lo que venido y con lo que carecemos. No somos como un ordenador clónico que pueden ir montando a piezas. Y el problema es que muchas veces nos dejamos modificar por esas personas.
Hasta que llega el momento en que los cambios son tan drásticos que ya no aguantamos más y reventamos, lo cual siempre acaba en una ruptura que nos damos cuenta que tenia que haber sucedido tiempo atrás. Es como si de repente se hiciese la luz en nuestras vidas y nos diésemos cuenta de que hemos entregado todo lo que teníamos por una persona, lo hemos apostado todo a ciegas, y hemos lo hemos perdido.
Dicen que el amor es como ponerse a dar vueltas sobre si mismo a toda velocidad, se nos acelera el pulso, las cosas dan vueltas y nos queda una sensación de mareo maravillosa, pero si no mantenemos la mirada en un punto fijo, entonces perderemos el equilibrio, así como la noción de las cosas, y al final nos terminaremos cayendo y haciendo daño. No nos olvidemos de todo aquello que es fijo en nuestra vida, como los amigos o la familia, porque es lo que nos ayudará no entraren el Lado Oscuro del Amor o al menos a salir de él.
En un mundo en el que hay tanto dolor y tantas desgracias, ¿por qué es tan difícil encontrar el amor en su forma positiva? Y cuando encontramos algo parecido, ¿por qué siempre se termina viciando y volviendo algo malo? ¿Cómo podemos sobrevivir al Lado Oscuro del Amor?
Supongo que la mayoría de personas ya sabe a lo que me refiero cuando hablo del Lado Oscuro del Amor, pero aun así quiero poder explicarlo ya que es algo que tengo demasiado visto. Si bien el paralelismo con la saga de las galaxias es obvio, tengo que decir que no es un estado irreversible. Es decir, que puedes caer en esa trampa y poder salir de ahí perfectamente, lo que pasa es que muchas veces ni siquiera te das cuenta de tu error, ni de lo que está pasando, y a veces el precio por salir de ahí es muy elevado o doloroso. Pero el sufrimiento que conlleva seguir ahí hará que al final tomemos la decisión adecuada.
Yo utilizo esa metáfora cuando me refiero a relaciones en las que el comienzo es todo un camino de rosas y el final es una revelación de la verdadera naturaleza de la relación, que viene a ser todo lo contrario a lo que pensábamos y en la que hemos perdido más que unos días o meses de nuestra vida.
El comienzo siempre es igual, suele ser en un periodo de tiempo en el que n estamos nada receptivos a los demás, y en el que ni nos planteamos tener una relación. Siempre dicen que cuando menos te lo esperas es cuando sale algo bonito, por eso bajamos la guardia, lo cual es un error. Entonces, en el momento en el que hemos tirado la toalla conocemos a una persona que nos hace tilín. O al menos que no pasa desapercibida. La gente que ha perdido la esperanza y se ha forjado una coraza de hierro armado lo ven venir y son inmunes a sus encantos, pero los que aun no hemos terminado la labor de protección caemos en la trampa. Muchas veces motivados por la esperanza y el deseo de que por fin haya llegado nuestra media naranja. Entonces le dejamos entrar en nuestra vida, con unas ganas tremendas, aunque la otra persona no lo sepa.
Los primeros días de esas relaciones son muy parecidos, son pasos de ciego, vas titubeando e intentando ser lo más normal posible, a pesar de todos los traumas que llevas ya acumulados. Es un momento bonito en el que piensas que todo ese sufrimiento ha valido la pena, que por fin tienes derecho a ser feliz. Y lo eres.
El problema es que intentas dar lo mejor de ti mismo, y no eres lo natural que deberías ser, porque no quieres que la cosa se fastidie por culpa de tus manías personales. Y lo malo viene cuando la otra persona está en la misma situación que tú, porque entonces es cuando ambos estáis generando una imagen que no se corresponde con la realidad. Ya no es que os estéis engañando mutuamente, pero hay que tener en cuenta que cuando empieza una relación todos mostramos lo mejor que tenemos para enganchar al otro, y a veces eso es un error.
Digo que es un error, porque puede que no seamos concientes de ello, pero damos una imagen de algo que no podemos mantener durante mucho tiempo. Y la otra persona hace lo mismo, por lo que pasados unas semanas o unos meses, se cae la máscara. Y no es que lo haga de repente, sino que se va agrietando y se le van cayendo pedacitos de forma que no nos demos cuenta del cambio que está operando en la otra persona.
Yo voy a contarlo desde un lado de la barrera, pero está claro que en esta vida, una vez seremos el Emperador y otras Darth Vader.
Conforme van cayendo las capas de su máscara, nosotros nos vamos tragando el veneno en monodosis, por lo que no nos enteramos. Poco a poco vamos perdiendo el control de nuestras vidas a favor de un control de ellas por la otra persona. Al principio es bonito saber que la otra persona se preocupa por nosotros y nos da soluciones a nuestros problemas, pero no nos damos cuenta de que lo que quiere es controlarnos y hacernos una marioneta en sus manos. Si lo hiciera de golpe y en un ataque frontal, no nos fiaríamos y podríamos evitarlo, pero como se hace de forma paulatina, cuando nos damos cuenta es demasiado tarde.
Los primeros pasos tienen que ver con acostumbrarnos a su vida. Por que la otra persona tiene una vida tan ocupada y liada, con el trabajo, los hobbies y los amigos, que si no eres tú el que acude a verle él no puede hacerlo porque no tiene tiempo. Así que sacrificas tu espacio personal por el otro. Eres tu el que va a verle, el que se desplaza y el que busca tiempo en tu vida para estar con la otra persona. Empiezas a estar a disposición suya de forma incondicional. Y al final ya vas y vienes cuando te lo dice, no cuando quieres o cuando puedes. Aunque la trampa está en que crees que ere tú el que decide cuando vas, cuando está claro que no es cierto. Una forma de poder saber que esto es cierto es pedirle que rompa con su rutina para hacerte un favor, no tiene que ser algo demasiado importante para que no se sienta obligado, sino algo importante para ti únicamente. Si acepta cambiar sus planes por ti, entonces aun no hay peligro, pero si por el contrario no lo hace, entonces mal asunto.
Lo siguiente después de tenerte a su disposición, es borrar de tu vida todo aquello que pueda dar señales de peligro, es decir tus amigos. Como te la pasas con esa persona cada vez que quiere, y suele ser durante el tiempo que dedicabas a tus amigos, al principio no te das cuenta. Todos cuando empezamos una relación nueva dejamos de lado, un poco, a los amigos, pero el problema viene cuando los dejamos tirados por la otra persona, por no faltarle al respeto. Ese paso es mucho más sutil que el anterior, pero es aun peor. Poco a poco te alejan de tus amigos hasta que llega un momento en el que sus amigos se han convertido en los tuyos.
A veces hacen eso por puros celos, porque saben que en sus amigos pueden confiar, que no vas a engañarles con ellos, pero no se fían ni de tus amigos, ni de ti. Empiezan a decirte que tu pasado lo debes olvidar, que lo malo se ha de quedar atrás y que hay que cortar con todo ello y pensar en un futuro nuevo. Pero lo que no te están diciendo es que todo aquello que te recuerde lo que has sido antes tiene que desaparecer y por lo tanto tus amigos también. Y ya si tus amigos han sido en algún momento un ex, entonces ya la cosa es más fuerte aun. Porque te amenaza con que si sigues hablando con ellos es porque aun sientes algo por esas personas (lo cual es lógico, son tus amigos), y que al final volverás con ellos, y eso es una falta de respeto hacia tu nueva pareja.
Llegados a este punto tienes dos opciones, pero hay que saber que ambas opciones llevan un riesgo. La primera es hacerle caso a tu nueva pareja, la que se supone que te quiere como eres sin querer cambiarte, y dejas a tus amigos de lado. El peligro es que si pasa mucho tiempo, puedes perder la amistad, y cuando la relación se acabe, no solo habrás perdido a tu pareja, sino también a la gente que te quiere. Lo segundo que puedes hacer, entraña un peligro aun mayor, es verte a escondidas con ellos. Eso puede acarrear consecuencias nefastas para la relación, pero habrás demostrado algo de personalidad. Al menos si corta contigo, tendrás unos hombros donde llorar y gente que te ayude a salir del mal paso.
La cuestión de los celos es un tema que poco a poco va tomando más fuerza en estas relaciones. La excusa es que “nunca he sentido celos de nadie”, lo cual te hace pensar que eres especial, y le dejas pasar las escenitas. O bien te dice que es porque te quiere que siente celos y miedo a perderte. Eso tiene el mismo efecto en ti. Lo que no debemos olvidar es que tú puedes querer con toda tu alma a una persona, pero lo que no puedes pretender es encerrarla en una jaula para que no se vaya de tu lado, porque obtendrás el efecto contrario. Lo malo es que en ese punto estamos tan enganchados que no tenemos la sangre fría de coger y mandarle a paseo o al menos de pararle los pies.
Conforme vienen los celos, llegan todas las tentativas de cambiar esos defectos que le ponen negro/a. porque nadie es perfecto, por lo tanto no todo lo nuestro le va a gustar a la otra persona, pero el caso es que si bien nosotros nos calamos los suyos, porque le queremos, la otra persona no se cala los nuestros y nos pide que, por amor, los cambiemos. Tengo un amigo que dice que “serás amado el día que puedas mostrar tu debilidad sin que el otro la utilice para reafirmar su fuerza”, tiene razón. La persona que nos quiere ha de hacerlo con nuestros defectos y nuestras virtudes, sin querer cambiar nada y sin usar eso en nuestra contra, más que nada porque nosotros no lo haríamos.
Muchas veces se creen que somos como un producto al que le pueden quitar opciones o agregarle nuevas ventajas para que se les adecue más a lo que quieren, pero no es así, nos han de aceptar con todo lo que venido y con lo que carecemos. No somos como un ordenador clónico que pueden ir montando a piezas. Y el problema es que muchas veces nos dejamos modificar por esas personas.
Hasta que llega el momento en que los cambios son tan drásticos que ya no aguantamos más y reventamos, lo cual siempre acaba en una ruptura que nos damos cuenta que tenia que haber sucedido tiempo atrás. Es como si de repente se hiciese la luz en nuestras vidas y nos diésemos cuenta de que hemos entregado todo lo que teníamos por una persona, lo hemos apostado todo a ciegas, y hemos lo hemos perdido.
Dicen que el amor es como ponerse a dar vueltas sobre si mismo a toda velocidad, se nos acelera el pulso, las cosas dan vueltas y nos queda una sensación de mareo maravillosa, pero si no mantenemos la mirada en un punto fijo, entonces perderemos el equilibrio, así como la noción de las cosas, y al final nos terminaremos cayendo y haciendo daño. No nos olvidemos de todo aquello que es fijo en nuestra vida, como los amigos o la familia, porque es lo que nos ayudará no entraren el Lado Oscuro del Amor o al menos a salir de él.
Las Peleas
Mucha gente piensa que cuando tienes pareja la vida es de color de rosa, pero no es así para nada, al contrario, muchas veces es casi peor, porque pierdes ciertas libertades que tenias antes y de las que ya no puedes disfrutar. O simplemente pasa que no estas acostumbrado a vivir en pareja, y a pesar de que lo deseas con todas tus fuerzas lo pasas mal porque te agobia esa nueva situación a la que no consigues terminar de acostumbrarse. Entonces lo que pasa es que ese mal rollo que te supone la ruptura con la vida que tenias antes se la transmites a la otra persona en forma de discusiones que a veces terminan en peleas.
En un mundo en el que nos hacemos cada vez más egoístas y en el que acostumbrarse al otro es cada día más difícil, ¿Por qué cuando encontramos a la persona ideal no conseguimos ser felices? ¿Por qué iniciamos peleas con la pareja? ¿Realmente es la agresividad contenida un buen medidor de la pasión que hay en la pareja?
Dicen que donde hay fuego, hay pasión, y por lo tanto quien se desea se pelea. Si hacemos caso de eso los mejores amantes son aquellos que se la pasan discutiendo, pero eso no siempre es verdad.
De hecho, todos recordaremos aquella parejita en el colegio que no hacían más que discutir o insultarse y que al final terminaban admitiendo sentirse atraídos el uno por el otro. De todos es conocido que cuando eres inmaduro, por lo general de niño, luego ya se pasa, aunque algunas personas siguen aun en ese estado, en lugar de cortejar a la persona que deseas, lo que haces es ridiculizarla. La insultas o la tratas mal porque no eres capaz de aceptar o de admitir tus verdaderos sentimientos, porque te avergüenzas tal vez, pero al final lo que haces es todo lo contrario a lo que deberías hacer. Mis amigos siempre dicen que esas personas que te insultan por la calle por tu condición sexual son sospechosos de ser como tú, y que como no lo aceptan pues recurren a la violencia. Pues en las parejas es lo mismo, a veces cuando no aceptas algo lo encubres con el sentimiento opuesto. O por lo menos el que crees que es el opuesto.
Un error que solemos cometer es pensar que el sentimiento opuesto al amor es el odio y por lo tanto si discutimos o peleamos con alguien es porque no queremos a esa persona, pero eso no es cierto. El sentimiento opuesto al amor es la indiferencia. Cuando quieres a alguien o le odias, sientes algo por esa persona, lo que hace te afecta sentimentalmente, para bien o para mal, sin embargo si no sientes nada, es decir indiferencia, entonces sí que hablamos de algo opuesto. De ahí que sea un error considerar que porque discutimos con alguien no le queremos o no sentimos nada por esa persona. Si fuese así ni siquiera nos molestaríamos en hablar con él o ella.
Hay que tener en cuenta que los hombres, por la testosterona, somos más violentos que las mujeres. Aunque claro que hay algunas mujeres que no conocen la paz si no están pegándole la bronca a alguien. Esa hormona lo que hace es potenciar el deseo sexual y a la vez la violencia, porque por lo visto ambas cosas van juntas. De ahí que muchas veces las discusiones que tenemos con nuestra pareja simplemente vengan de una falta de relaciones sexuales satisfactorias. O en otras ocasiones no sea por la penuria, sino porque no conseguimos estar satisfechos, o bien se trata de una forma de llamar la atención.
Está claro que muchas veces la mayoría de las discusiones se inician por tonterías, y es la propia terquedad de las personas la que hace que degenere en una pelea. Pero, para seguir con ello de las hormonas, diría que lo mejor de las escaramuzas son las reconciliaciones. Cuando las hay, claro está. De lo contrario esa rabia contenida no encuentra salida, sino que se retroalimenta y genera más mal rollo. Una buena manera de liberar la mala leche es haciendo las paces con la pareja de forma pasional. Pero no siempre se puede, porque suele pasar que se nos vaya la mano en la pelea y digamos cosas de las que nos terminamos arrepintiendo porque habrán herido a la otra persona. Por eso recurrir a una discusión para relanzar la pasión no siempre es buena idea.
Algunas personas han sido engañadas tantas veces que no consiguen confiar en la persona que tienen delante cuando a sentimientos se refiere. Desgraciadamente decirle a alguien que le quieres es algo demasiado fácil y muchas veces se dice sin pensarlo realmente. Y cuando has conocido a muchas personas que son capaces de decir cosas que no sienten, al final terminas por desconfiar de todos, aunque algunas personas sean realmente sinceras cuando lo dicen. Entonces hay que encontrar la forma de saber si lo que dicen es cierto o es tan solo una forma educada de pedirte cama. Algunas personas han encontrado que la forma de saber lo que realmente siente la otra es llevarla hasta el límite. Muchas veces para eso provocan disputas entre ellos para que, en el calor de la pelea, la otra persona baje sus defensas emocionales y diga lo que realmente siente. Cuando estamos cabreados con alguien no vamos a fingir que queremos a esa persona, por eso si le decimos que le queremos pero que nos pone de los nervios, estamos siendo sinceros. En esos momentos lo que digamos de positivo será real.
Es una forma de conocer lo que piensan o sienten los demás, como cuando decimos las cosas en broma. Se dice que la mitad de las cosas que decimos de coña lo hacemos con segundas intenciones, es decir que realmente lo pensamos, pero como no nos atrevemos a ser sinceros, recurrimos al camuflaje de lo que deseamos decir bajo forma de broma, entonces podemos decirlo y liberarnos de ello, o ver la reacción de la persona, sin que por ello nos arriesguemos. Es una forma cobarde, pero se ha convertido en una solución muy recurrida hoy en día, y todos la utilizamos tarde o temprano.
Dicen que quien te quiere te hará sufrir, y una forma de sufrimiento es con las discusiones, pero no olvidemos que donde uno no quiere, dos no discuten. Con esto quiero decir que muchas veces conocemos a gente totalmente pacífica y que no se inmuta con nada. Por lo general esas personas no son fáciles de sacar de sus casillas y no habrá forma humana de pelearse con ellas, pero si se les encuentran las cosquillas es probable que no sobrevivamos a la discusión.
Sin embargo hay otras personas que son mucho más pasionales y por lo tanto es muy fácil conseguir que se enfaden, no porque sean malas personas sino que son más emocionales. Entonces saltan a la más mínima de cambio. En esos casos debemos recordar que la paciencia es una virtud. Y sobretodo que a veces basta con no seguir con la discusión para que no termine siendo una pelea.
A veces no queremos dar nuestro brazo a torcer porque nos empecinamos en tener la razón, cuando bastaría con dejar que la otra persona ganase por una vez y nos ahorraríamos un montón de malos ratos. Hay que saber perder una batalla para ganar una guerra. No debemos olvidar que una pareja va a tener sus altibajos, pero lo más importante es valorar los momentos felices y olvidarse de los malos porque no sirve de nada vivir amargados. Celebremos más reconciliaciones y recordemos menos peleas.
En un mundo en el que nos hacemos cada vez más egoístas y en el que acostumbrarse al otro es cada día más difícil, ¿Por qué cuando encontramos a la persona ideal no conseguimos ser felices? ¿Por qué iniciamos peleas con la pareja? ¿Realmente es la agresividad contenida un buen medidor de la pasión que hay en la pareja?
Dicen que donde hay fuego, hay pasión, y por lo tanto quien se desea se pelea. Si hacemos caso de eso los mejores amantes son aquellos que se la pasan discutiendo, pero eso no siempre es verdad.
De hecho, todos recordaremos aquella parejita en el colegio que no hacían más que discutir o insultarse y que al final terminaban admitiendo sentirse atraídos el uno por el otro. De todos es conocido que cuando eres inmaduro, por lo general de niño, luego ya se pasa, aunque algunas personas siguen aun en ese estado, en lugar de cortejar a la persona que deseas, lo que haces es ridiculizarla. La insultas o la tratas mal porque no eres capaz de aceptar o de admitir tus verdaderos sentimientos, porque te avergüenzas tal vez, pero al final lo que haces es todo lo contrario a lo que deberías hacer. Mis amigos siempre dicen que esas personas que te insultan por la calle por tu condición sexual son sospechosos de ser como tú, y que como no lo aceptan pues recurren a la violencia. Pues en las parejas es lo mismo, a veces cuando no aceptas algo lo encubres con el sentimiento opuesto. O por lo menos el que crees que es el opuesto.
Un error que solemos cometer es pensar que el sentimiento opuesto al amor es el odio y por lo tanto si discutimos o peleamos con alguien es porque no queremos a esa persona, pero eso no es cierto. El sentimiento opuesto al amor es la indiferencia. Cuando quieres a alguien o le odias, sientes algo por esa persona, lo que hace te afecta sentimentalmente, para bien o para mal, sin embargo si no sientes nada, es decir indiferencia, entonces sí que hablamos de algo opuesto. De ahí que sea un error considerar que porque discutimos con alguien no le queremos o no sentimos nada por esa persona. Si fuese así ni siquiera nos molestaríamos en hablar con él o ella.
Hay que tener en cuenta que los hombres, por la testosterona, somos más violentos que las mujeres. Aunque claro que hay algunas mujeres que no conocen la paz si no están pegándole la bronca a alguien. Esa hormona lo que hace es potenciar el deseo sexual y a la vez la violencia, porque por lo visto ambas cosas van juntas. De ahí que muchas veces las discusiones que tenemos con nuestra pareja simplemente vengan de una falta de relaciones sexuales satisfactorias. O en otras ocasiones no sea por la penuria, sino porque no conseguimos estar satisfechos, o bien se trata de una forma de llamar la atención.
Está claro que muchas veces la mayoría de las discusiones se inician por tonterías, y es la propia terquedad de las personas la que hace que degenere en una pelea. Pero, para seguir con ello de las hormonas, diría que lo mejor de las escaramuzas son las reconciliaciones. Cuando las hay, claro está. De lo contrario esa rabia contenida no encuentra salida, sino que se retroalimenta y genera más mal rollo. Una buena manera de liberar la mala leche es haciendo las paces con la pareja de forma pasional. Pero no siempre se puede, porque suele pasar que se nos vaya la mano en la pelea y digamos cosas de las que nos terminamos arrepintiendo porque habrán herido a la otra persona. Por eso recurrir a una discusión para relanzar la pasión no siempre es buena idea.
Algunas personas han sido engañadas tantas veces que no consiguen confiar en la persona que tienen delante cuando a sentimientos se refiere. Desgraciadamente decirle a alguien que le quieres es algo demasiado fácil y muchas veces se dice sin pensarlo realmente. Y cuando has conocido a muchas personas que son capaces de decir cosas que no sienten, al final terminas por desconfiar de todos, aunque algunas personas sean realmente sinceras cuando lo dicen. Entonces hay que encontrar la forma de saber si lo que dicen es cierto o es tan solo una forma educada de pedirte cama. Algunas personas han encontrado que la forma de saber lo que realmente siente la otra es llevarla hasta el límite. Muchas veces para eso provocan disputas entre ellos para que, en el calor de la pelea, la otra persona baje sus defensas emocionales y diga lo que realmente siente. Cuando estamos cabreados con alguien no vamos a fingir que queremos a esa persona, por eso si le decimos que le queremos pero que nos pone de los nervios, estamos siendo sinceros. En esos momentos lo que digamos de positivo será real.
Es una forma de conocer lo que piensan o sienten los demás, como cuando decimos las cosas en broma. Se dice que la mitad de las cosas que decimos de coña lo hacemos con segundas intenciones, es decir que realmente lo pensamos, pero como no nos atrevemos a ser sinceros, recurrimos al camuflaje de lo que deseamos decir bajo forma de broma, entonces podemos decirlo y liberarnos de ello, o ver la reacción de la persona, sin que por ello nos arriesguemos. Es una forma cobarde, pero se ha convertido en una solución muy recurrida hoy en día, y todos la utilizamos tarde o temprano.
Dicen que quien te quiere te hará sufrir, y una forma de sufrimiento es con las discusiones, pero no olvidemos que donde uno no quiere, dos no discuten. Con esto quiero decir que muchas veces conocemos a gente totalmente pacífica y que no se inmuta con nada. Por lo general esas personas no son fáciles de sacar de sus casillas y no habrá forma humana de pelearse con ellas, pero si se les encuentran las cosquillas es probable que no sobrevivamos a la discusión.
Sin embargo hay otras personas que son mucho más pasionales y por lo tanto es muy fácil conseguir que se enfaden, no porque sean malas personas sino que son más emocionales. Entonces saltan a la más mínima de cambio. En esos casos debemos recordar que la paciencia es una virtud. Y sobretodo que a veces basta con no seguir con la discusión para que no termine siendo una pelea.
A veces no queremos dar nuestro brazo a torcer porque nos empecinamos en tener la razón, cuando bastaría con dejar que la otra persona ganase por una vez y nos ahorraríamos un montón de malos ratos. Hay que saber perder una batalla para ganar una guerra. No debemos olvidar que una pareja va a tener sus altibajos, pero lo más importante es valorar los momentos felices y olvidarse de los malos porque no sirve de nada vivir amargados. Celebremos más reconciliaciones y recordemos menos peleas.





