El Beso (Refrito)
Últimamente no tengo mucho tiempo para dedicarme al blog, no me preguntéis por qué. Pero aun así quiero volver a hacer un refrito de un tema del que no se habla bastante (según me ha comentado algún lector despistado) y del que ya he hablado, pero bueno, quiero agregarle algunas cositas más.
Desde lo más profundo de nuestra historia, el beso siempre ha sido un gesto muy importante. Si nos fijamos en los cuentos populares, Blancanieves sólo sería devuelta a la vida, después de que la envenenara la bruja malvada, por el beso de su príncipe encantado. Lo mismo le pasaba a la Bella Durmiente, que también fue hechizada por una bruja malvada. Y en la historia de la sirenita solo un beso de amor verdadero la haría humana para siempre, y de nuevo bajo el conjuro de una bruja. La historia del beso debe de remontarse hasta los hombres de las cavernas, sin embargo hoy en día ya no es así, el beso ya no es tan poderoso.
En un mundo en el que cada vez tiene menos peso la tradición y el pasado, ¿Dónde se ha quedado el beso? ¿Sigue siendo aun tan importante como en tiempos anteriores? ¿Sobrevivirá al mundo post moderno? Y lo más importante, ¿Cómo sabemos si besamos bien?
Hace poco me encontré con un ex con el que había tenido una relación exclusivamente labial, es decir que lo único que hacíamos juntos era besarnos, eso fue hace mucho tiempo. Sin embargo algunas cosas no cambian nunca. Lo cual me hizo pensar en todo lo que nos dejamos de lado al crecer, ganar años y perder inocencia. Realmente lo pasábamos muy bien sólo con besarnos. Pero en las relaciones actuales eso ya no existe, el beso es solo el primer paso para llevarte a alguien a la cama. Aun así, la leyenda dice que, por ejemplo, las prostitutas no besan, porque eso conlleva un sentimiento lo cual en su profesión no es recomendable, por lo tanto todavía quedan personas que les conceden una importancia al beso.
Cuando se es adolescente se disfruta únicamente besando a la persona amada, luego creces y pasas a mayores, y sin embargo te dejas eso por el camino. Y a veces viene bien recordar como fue esa época en la que las cosas eran algo menos complicadas. Y en las que un simple beso podía decir mucho más que mil palabras.
Sin embargo hoy en día, ya con cierta edad, sigo considerando que es algo importante en una relación, de hecho, si la persona no sabe besar, poco puedes sacar de ella, porque es cierto que eso dice mucho sobre su personalidad. Hace unos meses un poeta muy famoso nos explicaba en una charla que nos dio de un curso sobre el amor, que puedes saber como es una persona por un beso. Y peor aun, que te cuidaras de aquellos que besan con los ojos abiertos. Porque un beso de verdad con sentimiento, no permite que mires a la persona, la sensación es tan agradable que tienes que cerrar los ojos. Así que os animo a que os fijéis, de forma discreta, en la próxima vez que beséis a alguien, si lo hacéis con los ojos abiertos o no, y la otra persona cómo lo hace. Entonces si os dais cuenta de que la otra persona no cierra los ojos ya sabéis a que ateneros, más que nada porque a esa distancia resulta molesto que le miren a uno. Según él trae mala suerte que te besen con los ojos abiertos, yo no iría tan lejos, pero si digo que da mal rollo que lo hagan.
Pero no son los únicos besos que dan mal rollo. Algunas personas son especialistas en besar mal o en hacer que se te revuelva el estomago y prefieras pasar de esa actividad y seguir en la siguiente fase, aunque quien besa mal…
Un ejemplo de besos repelentes son aquellos que se basan únicamente en el juego de lengua. Y no me refiero a os besos de tornillo, que suelen ser bastante buenos, si se saben hacer bien, claro. Me refiero a aquellas personas que en vidas pasadas muy recientes fueron perros o gatos, y que en ves de besar con los labios lo hacen lamiéndote. Lo cual es terrible, porque no es que sea un lametazo pillo, sino que es como si te estuvieran chupando la cara como si fueras un chupa-chups o un polo. Resulta muy desagradable tener a una persona que solo piensa en eso cuando estas con ella, y al final o tienes aguante o terminas mandándola a paseo. Si quieren chupar algo que se compren un helado pero que no lo hagan en tu cara, que no eres ningún perro.
Otros sin embargo se toman demasiado al pie de la letra la canción de Mónica Naranjo en la que dice eso de que “tu boca me dio de beber”. Lo cual es bastante desagradable, porque llega un momento que, en mi caso, te entran arcadas y todo. No entiendo por qué esa gente siente la necesidad de llenarte la boca de babas cuando te besan, es absolutamente asqueroso besar a alguien y que te deje todo baboseado como si le hubieses pegado un morreo a un san bernardo. Por lo visto a esas personas les va el rollo babas, pero bueno, eso no es un beso, es una porquería. Es como la digievolución del beso-lamida.
La técnica que se emplee a la hora de besar depende del momento y de cada persona, pero estas dos anteriores creo que deberían prohibirlas por ley y castigar a los que la hacen a alguna tortura china. Si bien hay gente que besa más o menos bien, no es el caso de esas personas.
Si bien besar es algo generalmente agradable, siempre me ha parecido digno de admiración lo de aquellas parejas que se tiran horas besándose y que al final no terminan haciendo nada más serio que eso. Hay que tener mucho aguante y saber hacerlo bien, pero cuando sucede luego te quedas con una sensación increíble en los labios (que por su parte brillan y están un poco enrojecidos de tanta actividad). Y lo cierto es que muchas veces se nos olvida lo divertido que es estar con alguien y simplemente disfrutar de sus besos sin querer nada más que eso. Los dentistas lo aconsejan ya que dicen que previene la caries y la formación de la placa, aunque prefiero no indagar mucho en el tema no vaya a ser que sea asqueroso al final.
Por ultimo me gustaría hablar del “beso de la muerte” o del temido beso de adiós. Es el típico beso que vemos en las películas de cuando las dos personas se van a separar y sin embargo deciden darse un último beso. Por lo general no hablan del último polvo, sino del beso de adiós. Yo prefiero decir que es el de la muerte, porque es como si sentenciaras a perecer dicha relación y de esa manera sellas su defunción. Es la versión opuesta al de los cuentos de hadas, aquí se trata de quitarle la vida a la otra persona (de forma metafórica).
Después de esta pequeña visita a las clases de besos me gustaría dar una serie de pautas que podrán serviros para saber si lo hacéis bien o por el contrario si no valéis nada, y por lo tanto tendréis que esforzaros más la próxima vez.
Lo primero es no realizar ninguna de las prácticas anteriores. Si tienes superproducción de saliva, pues tragas antes de besar. Si te gusta lamer, recuerda que la lengua es un elemento que se utiliza después, no al principio. Y si te gusta mirar mientras besas, pregúntate en qué pasaría si la otra persona hiciese lo mismo…o mejor dicho en la cara de tonto estrábico que debes de tener.
Bueno, y ya aclaradas estas cosillas, pasemos a lo fundamental del asunto. Algunas personas tenemos la suerte de que la genética nos ha dotado de buenos labios, por lo cual el trabajo nos resulta menos complicado. Pero la calidad del beso no tiene mucho que ver con el tamaño de estos últimos. Conozco gente que besa genial y que sin embargo no es que sea un morritos. Aunque eso ayuda.
La cuestión es que si no tienes mucha chicha ahí, pues la compensas con la intensidad del beso o con la lengua, pero siempre de forma paulatina y nunca como si fueras un oso hormiguero en pleno ataque a una colonia de hormigas.
Luego esta el problema de girar la cabeza hacia el otro lado para que no os deis con las narices. Eso es una simple cuestión de sincronización, aunque según unos estudios de esos que hacen los americanos cuando se aburren y no saben qué hacer con el presupuesto de las universidades, todos los seres humanos tendemos a girar la cabeza hacia el mismo lado, que no sé cual es. Por lo tanto no debería haber mayores dificultades a evitar chocar con la nariz del otro.
Lo importante de un beso es ponerle sentimiento. Y cuando digo esto es que el beso ha de venir de dentro y no de ahí abajo. No se trata de besar con ganas de pegar un polvo, sino de besar con ganas de hacer el amor, y aunque parezca que me refiero a lo mismo no es así. Una cosa es un beso con pasión y ganas y otra un beso de esos que dicen “quiero arrancarte la ropa y usarte como un objeto”. A veces está bien hacerlo, pero por lo general esos besos son demasiado intimidantes para que se empiece por ahí. La cosa es ir aumentando la intensidad y la pasión conforme avanza el beso.
Y por último unas claves para saber si a la otra persona le gusta. Lo primero es de cajón. Si estas besando a un hombre y le gusta, la cosa se pondrá dura ahí bajo. Pero luego hay muchas más claves para adivinarlo. Una de ellas es que cierre los ojos. Aunque quiera no hacerlo, si le gusta los cierra, y no es por no mirar a quien besa. Otra cosa que suele pasarnos cuando nos gusta que nos besen es que perdemos rigidez muscular. Es como si nos hiciéramos de gelatina. Con un beso bien dado nos ablandamos. Y por último, algunas personas gimen mientras besan. Eso es la marca inequívoca de que le esta gustando lo que hace, porque de lo contrario no emitiría ningún sonido mientras que lo hace. (El típico sonido de las películas cuando se besan no es referente a la cantidad de placer que se esté provocando).
Si es para empezar una relación o para acabarla, no debemos olvidar la importancia que tiene la acción de besarse, y todo lo que representa para cada uno. Muchas veces le damos más importancia a cosas que no la tienen y nos olvidamos de que a veces cosas muy simples representan acciones muy complejas y que pueden ser igual de morbosas y placenteras que un buen polvo. Si una imagen vale más que mil palabras, podríamos decir que un beso dice más que mil palabras…
Desde lo más profundo de nuestra historia, el beso siempre ha sido un gesto muy importante. Si nos fijamos en los cuentos populares, Blancanieves sólo sería devuelta a la vida, después de que la envenenara la bruja malvada, por el beso de su príncipe encantado. Lo mismo le pasaba a la Bella Durmiente, que también fue hechizada por una bruja malvada. Y en la historia de la sirenita solo un beso de amor verdadero la haría humana para siempre, y de nuevo bajo el conjuro de una bruja. La historia del beso debe de remontarse hasta los hombres de las cavernas, sin embargo hoy en día ya no es así, el beso ya no es tan poderoso.
En un mundo en el que cada vez tiene menos peso la tradición y el pasado, ¿Dónde se ha quedado el beso? ¿Sigue siendo aun tan importante como en tiempos anteriores? ¿Sobrevivirá al mundo post moderno? Y lo más importante, ¿Cómo sabemos si besamos bien?
Hace poco me encontré con un ex con el que había tenido una relación exclusivamente labial, es decir que lo único que hacíamos juntos era besarnos, eso fue hace mucho tiempo. Sin embargo algunas cosas no cambian nunca. Lo cual me hizo pensar en todo lo que nos dejamos de lado al crecer, ganar años y perder inocencia. Realmente lo pasábamos muy bien sólo con besarnos. Pero en las relaciones actuales eso ya no existe, el beso es solo el primer paso para llevarte a alguien a la cama. Aun así, la leyenda dice que, por ejemplo, las prostitutas no besan, porque eso conlleva un sentimiento lo cual en su profesión no es recomendable, por lo tanto todavía quedan personas que les conceden una importancia al beso.
Cuando se es adolescente se disfruta únicamente besando a la persona amada, luego creces y pasas a mayores, y sin embargo te dejas eso por el camino. Y a veces viene bien recordar como fue esa época en la que las cosas eran algo menos complicadas. Y en las que un simple beso podía decir mucho más que mil palabras.
Sin embargo hoy en día, ya con cierta edad, sigo considerando que es algo importante en una relación, de hecho, si la persona no sabe besar, poco puedes sacar de ella, porque es cierto que eso dice mucho sobre su personalidad. Hace unos meses un poeta muy famoso nos explicaba en una charla que nos dio de un curso sobre el amor, que puedes saber como es una persona por un beso. Y peor aun, que te cuidaras de aquellos que besan con los ojos abiertos. Porque un beso de verdad con sentimiento, no permite que mires a la persona, la sensación es tan agradable que tienes que cerrar los ojos. Así que os animo a que os fijéis, de forma discreta, en la próxima vez que beséis a alguien, si lo hacéis con los ojos abiertos o no, y la otra persona cómo lo hace. Entonces si os dais cuenta de que la otra persona no cierra los ojos ya sabéis a que ateneros, más que nada porque a esa distancia resulta molesto que le miren a uno. Según él trae mala suerte que te besen con los ojos abiertos, yo no iría tan lejos, pero si digo que da mal rollo que lo hagan.
Pero no son los únicos besos que dan mal rollo. Algunas personas son especialistas en besar mal o en hacer que se te revuelva el estomago y prefieras pasar de esa actividad y seguir en la siguiente fase, aunque quien besa mal…
Un ejemplo de besos repelentes son aquellos que se basan únicamente en el juego de lengua. Y no me refiero a os besos de tornillo, que suelen ser bastante buenos, si se saben hacer bien, claro. Me refiero a aquellas personas que en vidas pasadas muy recientes fueron perros o gatos, y que en ves de besar con los labios lo hacen lamiéndote. Lo cual es terrible, porque no es que sea un lametazo pillo, sino que es como si te estuvieran chupando la cara como si fueras un chupa-chups o un polo. Resulta muy desagradable tener a una persona que solo piensa en eso cuando estas con ella, y al final o tienes aguante o terminas mandándola a paseo. Si quieren chupar algo que se compren un helado pero que no lo hagan en tu cara, que no eres ningún perro.
Otros sin embargo se toman demasiado al pie de la letra la canción de Mónica Naranjo en la que dice eso de que “tu boca me dio de beber”. Lo cual es bastante desagradable, porque llega un momento que, en mi caso, te entran arcadas y todo. No entiendo por qué esa gente siente la necesidad de llenarte la boca de babas cuando te besan, es absolutamente asqueroso besar a alguien y que te deje todo baboseado como si le hubieses pegado un morreo a un san bernardo. Por lo visto a esas personas les va el rollo babas, pero bueno, eso no es un beso, es una porquería. Es como la digievolución del beso-lamida.
La técnica que se emplee a la hora de besar depende del momento y de cada persona, pero estas dos anteriores creo que deberían prohibirlas por ley y castigar a los que la hacen a alguna tortura china. Si bien hay gente que besa más o menos bien, no es el caso de esas personas.
Si bien besar es algo generalmente agradable, siempre me ha parecido digno de admiración lo de aquellas parejas que se tiran horas besándose y que al final no terminan haciendo nada más serio que eso. Hay que tener mucho aguante y saber hacerlo bien, pero cuando sucede luego te quedas con una sensación increíble en los labios (que por su parte brillan y están un poco enrojecidos de tanta actividad). Y lo cierto es que muchas veces se nos olvida lo divertido que es estar con alguien y simplemente disfrutar de sus besos sin querer nada más que eso. Los dentistas lo aconsejan ya que dicen que previene la caries y la formación de la placa, aunque prefiero no indagar mucho en el tema no vaya a ser que sea asqueroso al final.
Por ultimo me gustaría hablar del “beso de la muerte” o del temido beso de adiós. Es el típico beso que vemos en las películas de cuando las dos personas se van a separar y sin embargo deciden darse un último beso. Por lo general no hablan del último polvo, sino del beso de adiós. Yo prefiero decir que es el de la muerte, porque es como si sentenciaras a perecer dicha relación y de esa manera sellas su defunción. Es la versión opuesta al de los cuentos de hadas, aquí se trata de quitarle la vida a la otra persona (de forma metafórica).
Después de esta pequeña visita a las clases de besos me gustaría dar una serie de pautas que podrán serviros para saber si lo hacéis bien o por el contrario si no valéis nada, y por lo tanto tendréis que esforzaros más la próxima vez.
Lo primero es no realizar ninguna de las prácticas anteriores. Si tienes superproducción de saliva, pues tragas antes de besar. Si te gusta lamer, recuerda que la lengua es un elemento que se utiliza después, no al principio. Y si te gusta mirar mientras besas, pregúntate en qué pasaría si la otra persona hiciese lo mismo…o mejor dicho en la cara de tonto estrábico que debes de tener.
Bueno, y ya aclaradas estas cosillas, pasemos a lo fundamental del asunto. Algunas personas tenemos la suerte de que la genética nos ha dotado de buenos labios, por lo cual el trabajo nos resulta menos complicado. Pero la calidad del beso no tiene mucho que ver con el tamaño de estos últimos. Conozco gente que besa genial y que sin embargo no es que sea un morritos. Aunque eso ayuda.
La cuestión es que si no tienes mucha chicha ahí, pues la compensas con la intensidad del beso o con la lengua, pero siempre de forma paulatina y nunca como si fueras un oso hormiguero en pleno ataque a una colonia de hormigas.
Luego esta el problema de girar la cabeza hacia el otro lado para que no os deis con las narices. Eso es una simple cuestión de sincronización, aunque según unos estudios de esos que hacen los americanos cuando se aburren y no saben qué hacer con el presupuesto de las universidades, todos los seres humanos tendemos a girar la cabeza hacia el mismo lado, que no sé cual es. Por lo tanto no debería haber mayores dificultades a evitar chocar con la nariz del otro.
Lo importante de un beso es ponerle sentimiento. Y cuando digo esto es que el beso ha de venir de dentro y no de ahí abajo. No se trata de besar con ganas de pegar un polvo, sino de besar con ganas de hacer el amor, y aunque parezca que me refiero a lo mismo no es así. Una cosa es un beso con pasión y ganas y otra un beso de esos que dicen “quiero arrancarte la ropa y usarte como un objeto”. A veces está bien hacerlo, pero por lo general esos besos son demasiado intimidantes para que se empiece por ahí. La cosa es ir aumentando la intensidad y la pasión conforme avanza el beso.
Y por último unas claves para saber si a la otra persona le gusta. Lo primero es de cajón. Si estas besando a un hombre y le gusta, la cosa se pondrá dura ahí bajo. Pero luego hay muchas más claves para adivinarlo. Una de ellas es que cierre los ojos. Aunque quiera no hacerlo, si le gusta los cierra, y no es por no mirar a quien besa. Otra cosa que suele pasarnos cuando nos gusta que nos besen es que perdemos rigidez muscular. Es como si nos hiciéramos de gelatina. Con un beso bien dado nos ablandamos. Y por último, algunas personas gimen mientras besan. Eso es la marca inequívoca de que le esta gustando lo que hace, porque de lo contrario no emitiría ningún sonido mientras que lo hace. (El típico sonido de las películas cuando se besan no es referente a la cantidad de placer que se esté provocando).
Si es para empezar una relación o para acabarla, no debemos olvidar la importancia que tiene la acción de besarse, y todo lo que representa para cada uno. Muchas veces le damos más importancia a cosas que no la tienen y nos olvidamos de que a veces cosas muy simples representan acciones muy complejas y que pueden ser igual de morbosas y placenteras que un buen polvo. Si una imagen vale más que mil palabras, podríamos decir que un beso dice más que mil palabras…
La Lotería.
Ahora que se acerca el día del padre en televisión se aprovechan para vendernos más lotería. Si nos ponemos a pensar en esto detenidamente, nos daremos cuenta de que durante todo el año utilizan cualquier excusa para hacerlo, que si la fiesta del padre, la de la madre, la del niño, la del calvo, la del peludo, etc. La cuestión es que si hacen eso es por algo, porque en el fondo a todos nos hace ilusión eso de poder ganarnos algo de gran valor sin haber luchado por ello.
En un mundo en el que la lucha por la supervivencia ya no tiene nada que ver con lo que nuestros antepasados conocían, ¿debemos seguir luchando por lo que vale? O por el contrario ¿podemos esperar a que nos llegue de forma inesperada y gratis? ¿Es realmente necesario luchar por lo que queremos? ¿Vale la pena esperar a que nos toque la lotería?
Si os fijáis en la gente que os rodea, en los anuncios de la tele y demás, os daréis cuenta de lo asimilado que tenemos eso de la lotería. Aquella frase de “si me toca la lotería haré esto” es algo muy común. Todos hemos fantaseado alguna vez con ello, con que de repente nos llegue un premio que no hemos esperado, pero con el que sí que sabemos lo que hemos de hacer. Y muchas veces lo vemos como algo imposible. Porque sabemos que eso es algo que no nos va a llegar, lo cual nos permite soñar sin que por ello tengamos la responsabilidad de llevar a cabo esos sueños en la realidad.
Hay personas que se pasan la vida comprando la lotería, siempre el mismo numero, sabiendo que el día que no lo hagan tocará y perderán esos millones que tanto anhelan. Pero lo que no tienen en cuenta es la cantidad de dinero que pueden llegar a gastarse por un premio que no conseguirán, porque efectivamente el día que no lo compran, porque ya han perdido la ilusión, cae y es cuando se arrepienten de no haber seguido solo un poco más.
Pero no todo es tan dramático, en realidad esa gente tiene una ilusión, y eso no es malo. El problema es que no se dan cuenta de que con ese dinero no van a solucionar nada que no puedan solucionar con esfuerzo. Muchas veces decimos que si nos tocase el gordo nos iríamos de viaje o nos compraríamos una casa enorme en la zona cara de la ciudad en a que vivimos, pero eso es algo que aunque pudiésemos hacerlo, no nos aportaría felicidad.
Para empezar eso de irse de viaje es una tontería, porque la mayoría de la gente no sabe viajar, eso de primero. Luego que buscan sitios “exóticos” pero que no son capaces de poder disfrutar ni aprovechar. Lo primero es fácil de solucionar, porque cuando tienes dinero puedes permitirte el lujo de equivocarte y te da todo lo mismo, lo segundo ya es más problemático porque puede que pienses que porque te vas a pasar las vacaciones a una playa paradisíaca tus problemas van a desaparecer y de repente ya serás feliz. Pero yo me pregunto qué pasa después. Porque irse de vacaciones de por vida al final es un aburrimiento, y si no sólo basta preguntárselo a los jubilados. Ellos se lo pasan bien los primeros años, porque ya estaban cansados del trabajo, pero después de un tiempo se aburren y les gustaría volver a donde estaban antes.
Yo vivo en una zona costera a la que acude media España y parte del extranjero en verano, y sin embargo conozco gente de mis alrededores a las que quedarse aquí en verano les resulta aburrido, porque dicen que las playas de aquí son un rollo, o bien porque no hay nada que hacer, y sin embargo se recorren medio mundo para irse a un sitio idéntico al que tienen al lado de su casa. Por eso creo que a veces eso que queremos obtener mediante un boleto de la lotería no es nada que no esté al alcance de la mano todos los días de nuestra vida.
Otro fallo que tiene eso de querer ser ricos es pensar que todos los problemas se solucionan con dinero, cuando todos los días tenemos la demostración de que eso no es cierto. Si nos fijamos en las noticias de la actualidad del corazón nos daremos cuenta de que aquellas personas que tanto admiramos por su talento y por sus fortunas, tiene al menos tantos problemas como nosotros, y más si a esto agregamos el hecho de no tener vida privada. Aunque esto ultimo es porque así lo han decidido. Hay un caso en especial que me da qué pensar. Una famosa cantante de este país lleva varios días en las portadas de las revistas debido a su precario estado de salud. A pesar de todos los millones que pueda tener en su cuenta corriente, eso no le asegura que vaya a tener una esperanza de vida mayor a la nuestra o que no esté sufriendo de una de las peores enfermedades que hay. Mucha gente me dirá que el dinero ayuda a que no suframos. Pero es que a la hora de la verdad el dinero no nos quita el dolor. Todos estamos hechos de la misma materia, por lo tanto todos estamos predispuestos a padecer de la misma forma.
Otro ejemplo por el estilo es aquel de la desdichada princesa de Gales, que a pesar de que hubiese podido ser la reina de Inglaterra, y por lo tanto una mujer rica y poderosa, sólo consiguió ser feliz los últimos días de su vida que perdió de forma trágica en un accidente de coche como el que podría tener cualquier hijo de vecino. Obviamente su fortuna no le amortiguó el choque contra el pilar en el que falleció. Tampoco le aseguró que iba a ser feliz y que no tendría problemas en su vida.
En esas mismas fechas también nos dejo otra mujer igualmente conocida y que sin embargo no tenia las cantidades astronómicas de dinero que ella, y que sin embargo no se quejaba de nada, que dedicó su vida a ayudar a los demás y que todos aquellos premios que le daba la sociedad los revertía en los más necesitados. No sé si sería muy feliz en su vida, pero al menos no tenia los problemas derivados del dinero. Esa mujer trabajo y se dejo la vida por tener todo aquello que deseaba y que luego devolvería a la sociedad.
Ahora bien, ya sé que son ejemplos extremos los que he puesto, pero es para que nos demos cuenta de que, por un lado el dinero no nos asegura la felicidad, y que por otro aquello que esperamos que llegue sin esfuerzo no nos la dará tampoco.
Muchas veces pensamos que nuestros problemas se van a solucionar porque nos toque el billete ganador, pero de lo que no nos damos cuenta, es por un lado de que esos problemas que tenemos van a desaparecer porque de repente tengamos más ceros en nuestra cuenta corriente. Porque de lo que no somos concientes es de que seguirán ahí porque ese dinero simplemente va a ocultarlos durante un tiempo, pero que al final volverán a la superficie. Si no luchamos para solucionarlos, nunca seremos capaces de resolverlos. Si nos rompemos un brazo y no lo escayolamos sino que por el contrario nos tomamos un par de aspirinas, el dolor va a pasar, pero no la fractura. Pues el dinero inmediato es lo que tiene, que nos desagobia durante un tiempo, peor no soluciona los problemas.
Basta con ponerse a pensar en todos esos anuncios de créditos fáciles que nos presentan por las mañanas en la televisión. Son una especie de sucedáneo a la lotería, de forma más rápida, pero igualmente engañadora. La gente se queja de que no tiene dinero para llegar a final de mes o para ese coche que quieren o la casa de sus sueños. Piden un crédito de esos y piensan que con ellos sus problemas se habrán acabado, pero de lo que no se dan cuenta es de que para pagar ese préstamo van a tener que trabajar más que si lo hacen por obtener lo que deseaban en primera instancia. Al final entre intereses y demás van a haber desembolsado más dinero que del que tenían pensado disponer. Les venden la idea de la solución inmediata, pero por detrás está la trampa de que eso es algo momentáneo, pero las dificultades seguirán ahí.
Ya no es que consideremos el dinero como la solución de todos los problemas que tenemos, sino que simplemente pensamos que van a desaparecer sin el menor esfuerzo. Conseguir dinero con el sudor de nuestra frente es fácil, pero no es atractivo, conseguirlo sin mover un dedo lo es más. Aunque al final obtengamos exactamente la misma cantidad. El fin es el que justifica los medios. Pero no nos acordamos de que muchas veces no es la meta lo que cuenta sino el viaje hasta que llegamos allí. A veces es más bonito el paisaje que vemos cuando salimos a dar un paseo, que el volver a casa. Aquello que sucede durante el trayecto nos enseña más que el resultado que vayamos a obtener.
Como siempre, hay de todo en este mundo. Pero no debemos olvidar que, si bien una ayuda siempre es buena, lo que realmente vale la pena en esta vida es lo que nos cuesta trabajo conseguir. Aquello que nos llega sin esfuerzo no nos merece la pena. Y por desgracia, a veces, solo sabemos valorar aquello que nos requiere un quebradero de cabeza y mucho dolor conseguirlo, lo demás no nos interesa. Pero algunas cosas simplemente llegan sin que lo esperemos o sin que hayamos sufrido para obtenerlas, lo cual no las hace desmerecedoras de nuestra atención. Debemos de estar agradecidos por ello, porque la mayoría de las veces hemos de pelear demasiado por obtenerlas.
En un mundo en el que la lucha por la supervivencia ya no tiene nada que ver con lo que nuestros antepasados conocían, ¿debemos seguir luchando por lo que vale? O por el contrario ¿podemos esperar a que nos llegue de forma inesperada y gratis? ¿Es realmente necesario luchar por lo que queremos? ¿Vale la pena esperar a que nos toque la lotería?
Si os fijáis en la gente que os rodea, en los anuncios de la tele y demás, os daréis cuenta de lo asimilado que tenemos eso de la lotería. Aquella frase de “si me toca la lotería haré esto” es algo muy común. Todos hemos fantaseado alguna vez con ello, con que de repente nos llegue un premio que no hemos esperado, pero con el que sí que sabemos lo que hemos de hacer. Y muchas veces lo vemos como algo imposible. Porque sabemos que eso es algo que no nos va a llegar, lo cual nos permite soñar sin que por ello tengamos la responsabilidad de llevar a cabo esos sueños en la realidad.
Hay personas que se pasan la vida comprando la lotería, siempre el mismo numero, sabiendo que el día que no lo hagan tocará y perderán esos millones que tanto anhelan. Pero lo que no tienen en cuenta es la cantidad de dinero que pueden llegar a gastarse por un premio que no conseguirán, porque efectivamente el día que no lo compran, porque ya han perdido la ilusión, cae y es cuando se arrepienten de no haber seguido solo un poco más.
Pero no todo es tan dramático, en realidad esa gente tiene una ilusión, y eso no es malo. El problema es que no se dan cuenta de que con ese dinero no van a solucionar nada que no puedan solucionar con esfuerzo. Muchas veces decimos que si nos tocase el gordo nos iríamos de viaje o nos compraríamos una casa enorme en la zona cara de la ciudad en a que vivimos, pero eso es algo que aunque pudiésemos hacerlo, no nos aportaría felicidad.
Para empezar eso de irse de viaje es una tontería, porque la mayoría de la gente no sabe viajar, eso de primero. Luego que buscan sitios “exóticos” pero que no son capaces de poder disfrutar ni aprovechar. Lo primero es fácil de solucionar, porque cuando tienes dinero puedes permitirte el lujo de equivocarte y te da todo lo mismo, lo segundo ya es más problemático porque puede que pienses que porque te vas a pasar las vacaciones a una playa paradisíaca tus problemas van a desaparecer y de repente ya serás feliz. Pero yo me pregunto qué pasa después. Porque irse de vacaciones de por vida al final es un aburrimiento, y si no sólo basta preguntárselo a los jubilados. Ellos se lo pasan bien los primeros años, porque ya estaban cansados del trabajo, pero después de un tiempo se aburren y les gustaría volver a donde estaban antes.
Yo vivo en una zona costera a la que acude media España y parte del extranjero en verano, y sin embargo conozco gente de mis alrededores a las que quedarse aquí en verano les resulta aburrido, porque dicen que las playas de aquí son un rollo, o bien porque no hay nada que hacer, y sin embargo se recorren medio mundo para irse a un sitio idéntico al que tienen al lado de su casa. Por eso creo que a veces eso que queremos obtener mediante un boleto de la lotería no es nada que no esté al alcance de la mano todos los días de nuestra vida.
Otro fallo que tiene eso de querer ser ricos es pensar que todos los problemas se solucionan con dinero, cuando todos los días tenemos la demostración de que eso no es cierto. Si nos fijamos en las noticias de la actualidad del corazón nos daremos cuenta de que aquellas personas que tanto admiramos por su talento y por sus fortunas, tiene al menos tantos problemas como nosotros, y más si a esto agregamos el hecho de no tener vida privada. Aunque esto ultimo es porque así lo han decidido. Hay un caso en especial que me da qué pensar. Una famosa cantante de este país lleva varios días en las portadas de las revistas debido a su precario estado de salud. A pesar de todos los millones que pueda tener en su cuenta corriente, eso no le asegura que vaya a tener una esperanza de vida mayor a la nuestra o que no esté sufriendo de una de las peores enfermedades que hay. Mucha gente me dirá que el dinero ayuda a que no suframos. Pero es que a la hora de la verdad el dinero no nos quita el dolor. Todos estamos hechos de la misma materia, por lo tanto todos estamos predispuestos a padecer de la misma forma.
Otro ejemplo por el estilo es aquel de la desdichada princesa de Gales, que a pesar de que hubiese podido ser la reina de Inglaterra, y por lo tanto una mujer rica y poderosa, sólo consiguió ser feliz los últimos días de su vida que perdió de forma trágica en un accidente de coche como el que podría tener cualquier hijo de vecino. Obviamente su fortuna no le amortiguó el choque contra el pilar en el que falleció. Tampoco le aseguró que iba a ser feliz y que no tendría problemas en su vida.
En esas mismas fechas también nos dejo otra mujer igualmente conocida y que sin embargo no tenia las cantidades astronómicas de dinero que ella, y que sin embargo no se quejaba de nada, que dedicó su vida a ayudar a los demás y que todos aquellos premios que le daba la sociedad los revertía en los más necesitados. No sé si sería muy feliz en su vida, pero al menos no tenia los problemas derivados del dinero. Esa mujer trabajo y se dejo la vida por tener todo aquello que deseaba y que luego devolvería a la sociedad.
Ahora bien, ya sé que son ejemplos extremos los que he puesto, pero es para que nos demos cuenta de que, por un lado el dinero no nos asegura la felicidad, y que por otro aquello que esperamos que llegue sin esfuerzo no nos la dará tampoco.
Muchas veces pensamos que nuestros problemas se van a solucionar porque nos toque el billete ganador, pero de lo que no nos damos cuenta, es por un lado de que esos problemas que tenemos van a desaparecer porque de repente tengamos más ceros en nuestra cuenta corriente. Porque de lo que no somos concientes es de que seguirán ahí porque ese dinero simplemente va a ocultarlos durante un tiempo, pero que al final volverán a la superficie. Si no luchamos para solucionarlos, nunca seremos capaces de resolverlos. Si nos rompemos un brazo y no lo escayolamos sino que por el contrario nos tomamos un par de aspirinas, el dolor va a pasar, pero no la fractura. Pues el dinero inmediato es lo que tiene, que nos desagobia durante un tiempo, peor no soluciona los problemas.
Basta con ponerse a pensar en todos esos anuncios de créditos fáciles que nos presentan por las mañanas en la televisión. Son una especie de sucedáneo a la lotería, de forma más rápida, pero igualmente engañadora. La gente se queja de que no tiene dinero para llegar a final de mes o para ese coche que quieren o la casa de sus sueños. Piden un crédito de esos y piensan que con ellos sus problemas se habrán acabado, pero de lo que no se dan cuenta es de que para pagar ese préstamo van a tener que trabajar más que si lo hacen por obtener lo que deseaban en primera instancia. Al final entre intereses y demás van a haber desembolsado más dinero que del que tenían pensado disponer. Les venden la idea de la solución inmediata, pero por detrás está la trampa de que eso es algo momentáneo, pero las dificultades seguirán ahí.
Ya no es que consideremos el dinero como la solución de todos los problemas que tenemos, sino que simplemente pensamos que van a desaparecer sin el menor esfuerzo. Conseguir dinero con el sudor de nuestra frente es fácil, pero no es atractivo, conseguirlo sin mover un dedo lo es más. Aunque al final obtengamos exactamente la misma cantidad. El fin es el que justifica los medios. Pero no nos acordamos de que muchas veces no es la meta lo que cuenta sino el viaje hasta que llegamos allí. A veces es más bonito el paisaje que vemos cuando salimos a dar un paseo, que el volver a casa. Aquello que sucede durante el trayecto nos enseña más que el resultado que vayamos a obtener.
Como siempre, hay de todo en este mundo. Pero no debemos olvidar que, si bien una ayuda siempre es buena, lo que realmente vale la pena en esta vida es lo que nos cuesta trabajo conseguir. Aquello que nos llega sin esfuerzo no nos merece la pena. Y por desgracia, a veces, solo sabemos valorar aquello que nos requiere un quebradero de cabeza y mucho dolor conseguirlo, lo demás no nos interesa. Pero algunas cosas simplemente llegan sin que lo esperemos o sin que hayamos sufrido para obtenerlas, lo cual no las hace desmerecedoras de nuestra atención. Debemos de estar agradecidos por ello, porque la mayoría de las veces hemos de pelear demasiado por obtenerlas.
Los Infieles
Según el diccionario se les dice infieles a aquellas personas que no profesan la religión verdadera, o que no son fieles ni que respetan la verdad o la veracidad. Es decir aquellas personas que engañan a su pareja con otro u otra. La cuestión es que si bien en la antigüedad a los infieles se les castigaba y se les obligaba a seguir la “religión verdadera”, aunque no lo fuese, hoy en día esto ya no sucede. La fidelidad, al igual que la religión, ha pasado a ser una cuestión ética y que, por lo tanto, mucha gente se pasa por la galleta, la respeta cuando le viene bien y pasa de ello cuando no le conviene.
En un mundo en el que la teoría de la relatividad es algo de actualidad, ¿se puede relativizarlo todo? ¿Somos los humanos seres infieles por naturaleza? ¿Podemos estar con una sola persona sin que nos pique el gusanillo de la curiosidad? ¿Qué hizo el gato para que se lo cargase esa curiosidad? ¿Somos capaces de conformarnos con lo que tenemos y ser felices con ello?
Lo primero que la gente intenta diferenciar es el tipo de relaciones que existen, la mala prensa y la habilidad que tienen muchos a contar sus vivencias hace que el mundillo gay sea considerado como el más infiel de todos. Con esto no digo que no sea cierto en parte, pero si que se nos olvida una parte muy importante de la sociedad heterosexual que llega a niveles de perversión que ni nos entran en la cabeza.
Es cierto que los gays son reputados por ser unos promiscuos, pero en este mundo hay de todo, y antes de tirar la piedra y esconder la mano, quiero que quede claro que me refiero en términos generales, no quiero que nadie se sienta ofendido ni nada de eso porque no es mi intención. Como en cualquier tema, hay de todo en la viña del Señor, por lo que al igual que hay gays muy promiscuos, también hay heterosexuales muy puteros y homosexuales muy fieles y puritanos.
Dicho esto me gustaría entrar más en el tema de la fidelidad. Si bien, dicen que el amor y la pasión son simplemente sentimientos perecederos, y con fecha de caducidad, que estudios carísimos en universidades de renombre tratan de establecer. Algunos estiman que dura un par de años, otros que 4 o que 5, pero a fin de cuentas, en lo que todos están de acuerdo es que el amor se acaba, o mejor dicho que la pasión se termina y deja paso a otras cosas que son menos fogosas pero igualmente satisfactorias, aunque no para todo el mundo. Al final digan lo que digan esto puede ser variable. Todos conocemos parejas, o si no, al menos las hemos visto en los relatos de historias de vida, que han vivido siempre enamorados de su cónyuge y que dicen que el secreto es evitar la monotonía. Bueno, sobre esto ya entraré más adelante. Pero a lo que quiero ir, es que por mucho que digan los estudios, es cierto que hay personas para las que la pasión no tiene fecha de caducidad.
Si bien he hablado de pasión, es porque considero que es uno de los pilares fundamentales de los que depende la fidelidad de las personas. No es el único, pero si es uno de los más importantes. Al menos en lo que yo conozco, la excusa para poner los cuernos siempre es la misma, o al menos a mi siempre me vienen con la misma: “en la cama él o ella no me satisface y busco algo de emoción”. Por lo tanto queda claro que es un factor a tener en cuenta.
Pero el problema es que al final todo nos aburre, porque aunque seas la hostia en la cama, siempre habrá algo que a la otra persona le guste y que tú no hagas, y al final caerá en la tentación. Y si no es por ese sector de la vida, siempre hay una excusa. Siempre hay una razón de peso para poner unos cuernecillos. Pero cuando la cosa se pone seria ya no se trata de unas protuberancias en la cabeza, sino de una traición a la persona que deposita en nosotros su confianza.
Reconozco que no todos los casos de infidelidad tienen el mismo valor penal. Hay casos en los que se pueden tener en cuenta ciertos atenuantes, pero no como se lo cree la gente.
Una de las excusas más utilizadas en este mundo a la hora de ser infiel es la de abusar del alcohol, tanto de forma literal como figurada. Me refiero a que algunas personas beben como cubas hasta perder el sentido del decoro y entonces es cuando le tiran a lo primero que pillan, o bien a quien tenían en mente, pensando que porque van borrachos pueden eximirse de las culpas. Es decir que no son ellos sino el alcohol. Bueno, a mí eso nunca me ha convencido, porque si algo tiene ese producto es que te desinhibe, pero tú no harías nada que no querrías hacer. No conozco a nadie que se haya convertido en otra persona por haber bebido demasiado, sino al contrario, sale lo que ocultamos en nuestro interior, y muchas veces como lo que no dejamos salir es lo malo, pues es lo que se nos escapa. Pero si realmente quieres a tu pareja, por mucho que bebas no te vas a ir con lo primero que pilles, a no ser que en el fondo si que lo desees hacer.
Otro caso, pero esta vez de lo contrario, es aquel en el que el momento de la vida de la persona no se corresponde con lo que le sucede. Si bien la vida es un proceso de aprendizaje, no debemos saltarnos etapas por querer llegar antes adonde hemos de terminar. Algunas personas se meten en relaciones de pareja cuando no están preparadas para ello, y una vez dentro se dan cuenta de que lo que tienen es muy bonito, pero que no han vivido lo suficiente como para poder apreciarlo como es debido. Es decir que se meten en algo serio con alguien y luego se dan cuenta de que hay más mundo ahí fuera, les pica la curiosidad y al final terminan por ir a ver qué es lo que hay que se están perdiendo.
Obviamente se trata de un caso de cobardía por parte de ambas personas, una por el que pone los cuernos, porque no es capaz de valorar lo que tiene. Es cierto eso que dicen de que sólo sabemos lo que tenemos cuando lo perdemos. Y otra por parte del carnudo, por no intentar comprender al otro y satisfacer su curiosidad. En tal caso admito que se puede entender lo de la infidelidad, pero esto no la justifica.
El sexo es uno de los mayores problemas que tiene el ser humano a nivel de fidelidad. Si bien puedes estar saliendo con una persona que te atrae físicamente, sabes que siempre hay algo mejor por ahí suelto, pero lo chungo es cuando no sabes conformarte con lo que tienes. Muchas personas únicamente se basan en el físico a la hora de establecer los lazos de unión con el otro. Conozco casos en los que la persona admite que únicamente es infiel con gente más guapa que su pareja. Con lo cual admite limitaciones a su fidelidad. Es decir que lo basa en el cuerpo y en el sexo.
Otros por ejemplo consideran que sexo no es infidelidad, pero amor sí. Es decir que pueden acostarse con otra persona, pero no enamorarse de ella, y mientras que eso se respete no están poniendo los cuernos. Unos dicen que si no se besan no son cuernos, o bien incluso los hay que llegan a decir que si no hay orgasmo, no es sexo. Esos son relativismos. Yo les deseo mucha suerte, porque no se puede mandar sobre el corazón, y el que juega con fuego termina incinerado.
Obviamente si el mundo en el que vives es un mundo abierto, sexualmente hablando, la cosa es más complicada. Mucha gente cree que los gays son más promiscuos porque tienen más facilidad a la hora de mantener relaciones físicas entre ellos. Eso es cierto en parte. Pero en los heterosexuales el sexo es igual de fácil, solo que pagando. La profesión más vieja del mundo viene sustentada por todos esos heterosexuales salidos que no consiguen satisfacerse en su casa y que van a buscar fuera de ella lo que no les dan en ella. Por lo tanto digamos que el carácter promiscuo no depende de la inclinación sexual, sino simplemente de lo publicitado que esté.
Dicen que los gays follan mucho (con perdón), pero no hablan de todos aquellos heterosexuales a los que les da igual lo que se les ponga delante con tal de mojar, ya sea una mujer, un hombre, un niño o un perro. Por lo tanto no se puede decir que un mundo sea menos sexual que el otro y por lo tanto más fiel.
Dicho esto quiero seguir con lo del sexo. Cuando es algo tan fácil que puedes tenerlo cuando te apetece, y por el contrario tu pareja no está tan disponible como tú lo deseas, entonces es cuando empieza a picar el gusanillo. Si puedes acostarte con alguien que te gusta, únicamente por su físico, diez minutos después de que se te levante, queda claro que decidir aguantarte y esperar a que tu ser especial tenga ganas o esté disponible se complica bastante.
Estamos tan acostumbrados a que todo se nos ponga al alcance de las manos que no somos capaces de valorar que aquello que se nos resiste lo hace porque es más valioso. Obviamente si tu pareja es un muermo en la cama y encima no le gusta hacerlo y tu tienes tantas necesidades que no puedes aguantar, la cosa está chunga. Pero entonces lo mejor es replantearse la relación en lugar de jugar a traicionar a la persona.
Al final de la historia, eso de los cuernos es algo relativo a las personas, algunos ponen los límites muy cerca y otros más lejos. Cada cual ha de decidir lo que le conviene y como estará mejor. Pero no debemos olvidar que para ser felices hemos de ser sinceros, y para ello no podemos ser incoherentes con nosotros mismos y por lo tanto con los demás.
En un mundo en el que la teoría de la relatividad es algo de actualidad, ¿se puede relativizarlo todo? ¿Somos los humanos seres infieles por naturaleza? ¿Podemos estar con una sola persona sin que nos pique el gusanillo de la curiosidad? ¿Qué hizo el gato para que se lo cargase esa curiosidad? ¿Somos capaces de conformarnos con lo que tenemos y ser felices con ello?
Lo primero que la gente intenta diferenciar es el tipo de relaciones que existen, la mala prensa y la habilidad que tienen muchos a contar sus vivencias hace que el mundillo gay sea considerado como el más infiel de todos. Con esto no digo que no sea cierto en parte, pero si que se nos olvida una parte muy importante de la sociedad heterosexual que llega a niveles de perversión que ni nos entran en la cabeza.
Es cierto que los gays son reputados por ser unos promiscuos, pero en este mundo hay de todo, y antes de tirar la piedra y esconder la mano, quiero que quede claro que me refiero en términos generales, no quiero que nadie se sienta ofendido ni nada de eso porque no es mi intención. Como en cualquier tema, hay de todo en la viña del Señor, por lo que al igual que hay gays muy promiscuos, también hay heterosexuales muy puteros y homosexuales muy fieles y puritanos.
Dicho esto me gustaría entrar más en el tema de la fidelidad. Si bien, dicen que el amor y la pasión son simplemente sentimientos perecederos, y con fecha de caducidad, que estudios carísimos en universidades de renombre tratan de establecer. Algunos estiman que dura un par de años, otros que 4 o que 5, pero a fin de cuentas, en lo que todos están de acuerdo es que el amor se acaba, o mejor dicho que la pasión se termina y deja paso a otras cosas que son menos fogosas pero igualmente satisfactorias, aunque no para todo el mundo. Al final digan lo que digan esto puede ser variable. Todos conocemos parejas, o si no, al menos las hemos visto en los relatos de historias de vida, que han vivido siempre enamorados de su cónyuge y que dicen que el secreto es evitar la monotonía. Bueno, sobre esto ya entraré más adelante. Pero a lo que quiero ir, es que por mucho que digan los estudios, es cierto que hay personas para las que la pasión no tiene fecha de caducidad.
Si bien he hablado de pasión, es porque considero que es uno de los pilares fundamentales de los que depende la fidelidad de las personas. No es el único, pero si es uno de los más importantes. Al menos en lo que yo conozco, la excusa para poner los cuernos siempre es la misma, o al menos a mi siempre me vienen con la misma: “en la cama él o ella no me satisface y busco algo de emoción”. Por lo tanto queda claro que es un factor a tener en cuenta.
Pero el problema es que al final todo nos aburre, porque aunque seas la hostia en la cama, siempre habrá algo que a la otra persona le guste y que tú no hagas, y al final caerá en la tentación. Y si no es por ese sector de la vida, siempre hay una excusa. Siempre hay una razón de peso para poner unos cuernecillos. Pero cuando la cosa se pone seria ya no se trata de unas protuberancias en la cabeza, sino de una traición a la persona que deposita en nosotros su confianza.
Reconozco que no todos los casos de infidelidad tienen el mismo valor penal. Hay casos en los que se pueden tener en cuenta ciertos atenuantes, pero no como se lo cree la gente.
Una de las excusas más utilizadas en este mundo a la hora de ser infiel es la de abusar del alcohol, tanto de forma literal como figurada. Me refiero a que algunas personas beben como cubas hasta perder el sentido del decoro y entonces es cuando le tiran a lo primero que pillan, o bien a quien tenían en mente, pensando que porque van borrachos pueden eximirse de las culpas. Es decir que no son ellos sino el alcohol. Bueno, a mí eso nunca me ha convencido, porque si algo tiene ese producto es que te desinhibe, pero tú no harías nada que no querrías hacer. No conozco a nadie que se haya convertido en otra persona por haber bebido demasiado, sino al contrario, sale lo que ocultamos en nuestro interior, y muchas veces como lo que no dejamos salir es lo malo, pues es lo que se nos escapa. Pero si realmente quieres a tu pareja, por mucho que bebas no te vas a ir con lo primero que pilles, a no ser que en el fondo si que lo desees hacer.
Otro caso, pero esta vez de lo contrario, es aquel en el que el momento de la vida de la persona no se corresponde con lo que le sucede. Si bien la vida es un proceso de aprendizaje, no debemos saltarnos etapas por querer llegar antes adonde hemos de terminar. Algunas personas se meten en relaciones de pareja cuando no están preparadas para ello, y una vez dentro se dan cuenta de que lo que tienen es muy bonito, pero que no han vivido lo suficiente como para poder apreciarlo como es debido. Es decir que se meten en algo serio con alguien y luego se dan cuenta de que hay más mundo ahí fuera, les pica la curiosidad y al final terminan por ir a ver qué es lo que hay que se están perdiendo.
Obviamente se trata de un caso de cobardía por parte de ambas personas, una por el que pone los cuernos, porque no es capaz de valorar lo que tiene. Es cierto eso que dicen de que sólo sabemos lo que tenemos cuando lo perdemos. Y otra por parte del carnudo, por no intentar comprender al otro y satisfacer su curiosidad. En tal caso admito que se puede entender lo de la infidelidad, pero esto no la justifica.
El sexo es uno de los mayores problemas que tiene el ser humano a nivel de fidelidad. Si bien puedes estar saliendo con una persona que te atrae físicamente, sabes que siempre hay algo mejor por ahí suelto, pero lo chungo es cuando no sabes conformarte con lo que tienes. Muchas personas únicamente se basan en el físico a la hora de establecer los lazos de unión con el otro. Conozco casos en los que la persona admite que únicamente es infiel con gente más guapa que su pareja. Con lo cual admite limitaciones a su fidelidad. Es decir que lo basa en el cuerpo y en el sexo.
Otros por ejemplo consideran que sexo no es infidelidad, pero amor sí. Es decir que pueden acostarse con otra persona, pero no enamorarse de ella, y mientras que eso se respete no están poniendo los cuernos. Unos dicen que si no se besan no son cuernos, o bien incluso los hay que llegan a decir que si no hay orgasmo, no es sexo. Esos son relativismos. Yo les deseo mucha suerte, porque no se puede mandar sobre el corazón, y el que juega con fuego termina incinerado.
Obviamente si el mundo en el que vives es un mundo abierto, sexualmente hablando, la cosa es más complicada. Mucha gente cree que los gays son más promiscuos porque tienen más facilidad a la hora de mantener relaciones físicas entre ellos. Eso es cierto en parte. Pero en los heterosexuales el sexo es igual de fácil, solo que pagando. La profesión más vieja del mundo viene sustentada por todos esos heterosexuales salidos que no consiguen satisfacerse en su casa y que van a buscar fuera de ella lo que no les dan en ella. Por lo tanto digamos que el carácter promiscuo no depende de la inclinación sexual, sino simplemente de lo publicitado que esté.
Dicen que los gays follan mucho (con perdón), pero no hablan de todos aquellos heterosexuales a los que les da igual lo que se les ponga delante con tal de mojar, ya sea una mujer, un hombre, un niño o un perro. Por lo tanto no se puede decir que un mundo sea menos sexual que el otro y por lo tanto más fiel.
Dicho esto quiero seguir con lo del sexo. Cuando es algo tan fácil que puedes tenerlo cuando te apetece, y por el contrario tu pareja no está tan disponible como tú lo deseas, entonces es cuando empieza a picar el gusanillo. Si puedes acostarte con alguien que te gusta, únicamente por su físico, diez minutos después de que se te levante, queda claro que decidir aguantarte y esperar a que tu ser especial tenga ganas o esté disponible se complica bastante.
Estamos tan acostumbrados a que todo se nos ponga al alcance de las manos que no somos capaces de valorar que aquello que se nos resiste lo hace porque es más valioso. Obviamente si tu pareja es un muermo en la cama y encima no le gusta hacerlo y tu tienes tantas necesidades que no puedes aguantar, la cosa está chunga. Pero entonces lo mejor es replantearse la relación en lugar de jugar a traicionar a la persona.
Al final de la historia, eso de los cuernos es algo relativo a las personas, algunos ponen los límites muy cerca y otros más lejos. Cada cual ha de decidir lo que le conviene y como estará mejor. Pero no debemos olvidar que para ser felices hemos de ser sinceros, y para ello no podemos ser incoherentes con nosotros mismos y por lo tanto con los demás.





