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Khayman en la Ciudad
Comentarios sobre la vida
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Se trata de una columna en la que me gusta publicar mis impresiones acerca de la vida, el sexo, en fin, muchas cosas, ..."Disfrutenla"
Sindicación
 
¿Viaje Para Dos?
Cuando tienes una pareja con un nivel económico aceptable surge la idea de irse juntos de viaje, por conocer nuevos lugares, visitar, pasar tiempo lejos de vuestra ciudad y de esa forma intentar que vuestra relación progrese. Siempre es mejor hacerlo acompañado de alguien, porque eso de viajar solo puede ser un aburrimiento, y más si tienes la oportunidad de hacerlo en compañía de esa persona especial. Eso es lo que tenía pensado hacer el fin de semana pasado, pero las cosas nunca salen como uno espera.
Hay algunas veces en las que poner a prueba una relación es algo totalmente negativo y los resultados que obtenemos son lo contrario a lo que buscamos. Dicen que el roce hace el cariño, ¿pero mucho roce no provoca un escozor? ¿Realmente es necesario que las relaciones progresen? O por el contrario ¿debemos conformarnos con lo que tenemos sin aspirar a más? ¿Qué pasa cuando haces un viaje para dos y solo regresa uno? ¿Es esto una especie de síndrome post-vacacional de las relaciones?
Muchas veces tenemos la idea errónea de que mientras más tiempo pasemos con una persona, mejor será. Pero nos olvidamos de que quizás eso haga que los roces entre ambas personas hagan que la relación termine por erosionarse de forma irremediable. O al menos esa es la lección que me ha tocado aprender este fin de semana.
En resumen diré que estaba saliendo con una persona especial, que me convenía de todas las maneras y que pensaba que por fin sería alguien para un futuro duradero y no cinco minutos. Me parecía ser aquella persona en la que todos soñamos. Pero los sueños nunca se convierten en realidad y hay que despertar algún día. Total, que nos fuimos a pasar el fin de semana largo (5 días) en una bella ciudad de Andalucía. Hasta ahí todo iba bien.
Pero una vez allí empezaron los problemas, las discrepancias y las pequeñas discusiones. Todas las parejas las tienen, y al final terminamos resolviéndolas. Pero por alguna razón que no llego a entender, en el camino de vuelta pasó algo. Dicen que la comunicación es el pilar fundamental de una relación, pero se olvidan de decir que puede también ser como una bomba atómica y destrozar lo que ya había. Mi consejo es que cuando vayáis con vuestra pareja en coche, por un trayecto largo, que el conduzca se ocupe de mirar la carretera y el copiloto de dormir, y sobretodo no habléis de nada importante, ni trivial tampoco.
A mitad de camino se decidió de forma unilateral que no estábamos hechos para ser pareja sino solo amigos. No buscamos lo mismo, aunque si lo mismo en la otra persona, y aunque seamos compatibles como pareja, era preferible dejarlo ahora que no más tarde. Desde un punto de vista objetivo, es lo mejor.
Lo más divertido del asunto es el problema de fondo, y esto es algo que va dirigido a las chicas, ya que yo como hombre no pensaba tener nunca que enfrentarme a algo parecido. Pero la razón de base de la ruptura es que yo no puedo tener hijos, vamos, que no tengo útero. Por lo tanto decidió que como si que quiere tener descendencia y yo no soy un buen horno, pues antes de que la cosa vaya a más y se le pase el arroz lo mejor era cortar. Chicas, a los hombres también se nos pasa el arroz, y ahora mismo hay un buen partido ahí suelto buscando a una mujer que le quiera y le de hijos. Por mi parte tengo toda la vida por delante para llegar a ello. No que yo no quiera tener hijos, pero tal vez yo no necesite estar casado para ello, y sin embargo quien fue mi pareja sí.
Pero para volver a la parte objetiva de mi artículo, que es lo que más interesará, más allá de mis dolores de cabeza, me di cuenta de lo que es volver a una cama sola y fría. Y ahí es donde retomo el tema del viaje.
Cuando sales de viaje y regresas a casa siempre tienes esos momentos en los que te sientes solo, y en los que sientes aun más la falta de la persona que tenias al lado y con la que compartiste esos días. Algunas veces sientes un cierto alivio, porque al final estabas algo agobiado y necesitabas encontrar tu espacio íntimo de nuevo. Pero cuando estas con alguien que realmente quieres eso es simplemente cuestión de minutos. Al poco tiempo ya deseas volver a estar con esa persona.
Lo malo es que cuando regresas de viaje y además has cortado con esa persona, pues el efecto se potencia. La cama vacía parece aun más grande, porque sabes que vas a tener que volver a acostumbrarte a dormir solo. Por mucho que te molestaran sus ronquidos, es un sonido que no volverás a oír nunca más. Al menos no los suyos. Y por las mañanas ya nadie te va a volver a despertar con un beso, a pesar de que tengas mal aliento. Son cosillas, o detalles como digo yo, que hacen más llevadero el día a día, y de las que vas a tener que pasar.
Si te despiertas por la noche, porque no consigues dormir o porque has tenido un mal sueño, sabes que a tu lado no hay nadie que te reconforte con su simple presencia. Probablemente nunca te haya consolado de forma activa, pero al menos sabias que estaba a tu lado, y ahora ya no. Y por mucho que lo sientas, sabes que el fin de semana que viene no vas a poder compensarlo, que no volverás a dormir con aquella persona. Que todo ha acabado.
Al final lo que suele pasar es que la primera noche nunca consigues dormir bien, ya que sientes aun su presencia y la echas de menos. Pero no es lo peor del proceso de reinserción en la vida cotidiana.
Lo más terrible es cuando revelas las fotos, si llevas una maquina tradicional, pero si es de las digitales y tienes que pasarlas al ordenador y luego encima enviárselas a esa persona es cuando la cosa se pone difícil.
La verdadera tortura es cuando ves esas fotos de cuando erais felices juntos, en las que sales alegre y sin saber lo que te espera a la vuelta. En esas imágenes pre-Apocalipsis es donde mejor salís los dos. Por alguna razón extraña en los momentos previos a la ruptura es cuando más guapo/a estás, es como si tu belleza supiese lo que se te viene encima y quisiese compensaros. O por el contrario como si fuese una forma de hacer que la otra persona se lo piense mejor antes de dejarte abandonado/a como a un perro en una gasolinera.
Sea de la forma que sea, no eres el único que sale bien, porque tu pareja también esta estupenda en esas fotos, y tienes que ver lo que has perdido, tienes que acordarte de que has sido feliz, de que esa persona tan alegre eras tu hace unos días, y de que toda esa felicidad solo era de prueba, pero ahora te la quitan de las manos. Al menos has sido feliz, pero ahora es cuando te entra el mono y te sientes fatal porque has perdido aquel Edén.
El retorno a la vida normal es una cosa chunga. Ya de por sí que da rabia tener que volver a la rutina después de unas vacaciones, y más cuando te lo has pasado bien, para que encima sepas que es una rutina en la que no estará esa persona. Lo cual lo hace todo más difícil porque tienes que empezar a hacer una vida en la que no está, y casi siempre en la que todo lo que te rodea te lo recuerda, desde los anuncios de la tele, con los que tanto se cachondeaba, hasta el cactus de tu ordenador, ya que su hobbie era la botánica. Entonces lo que suele pasar, ya sin meternos con las canciones románticas de ciertas cadenas de radio, es que te pasas el día llorando como un imbécil, y más cuando vas en el coche. Por mucho que lleves gafas de sol (incluso de noche) pones el salpicadero perdido de las lágrimas. Y eso que dicen que llorar es bueno, pero a veces es pasarse.
Siempre hay un momento en el que entran terceras personas a remover el dedo en la llaga. Porque claro, había gente, amigos o familia, que sabían que te ibas de viaje y quieren que les cuentes que tal te lo pasaste. Y claro no puedes llegar y decirles que ha sido una mierda de viaje y que te arrepientes de haberte ido. Porque entonces es cuando empiezan a preguntar el por qué de tu afirmación y debes contarles los detalles de la ruptura. Porque al final es con lo único con lo que te quedas del viaje, aunque lo hayas pasado bien y solo haya sido en los últimos cinco minutos en los que se torció la cosa, el resultado es lo que te importa en esos momentos.
Tener amigos que te apoyen está muy bien, y si tu familia también se pone de tu parte, es mejor aun. Pero el problema es que tú no quieres recordar, sabes que era la mejor decisión, pero no hace falta que te lo recuerden. Lo único que quieres es que el tiempo pase raudo y veloz y puedas seguir adelante. Lo malo es que al principio siempre está la esperanza de que todo se solucione, y puedes pensar que a lo mejor volvéis. Hasta ahora no conozco casos así, pero pueden existir. El caso es que si vais a estar juntos de nuevo, los amigos y la familia ya van a tener que tragarse aquellas malas palabras que pueden haber tenido hacia tu ex. O si no lo han puesto de vuelta y media, por haberte dejado tirado o haberte hecho sufrir, sabes que van a juzgarte y pensar en que es un error que vuelvas. Puede que lo sea, pero a veces es algo que tienes que intentar por ti mismo. Tienes que asegurarte que no hay más soluciones antes de descartar la relación, y por lo tanto se hacen varios intentos de continuar.
Es una opción admirable ya que demuestra el querer luchar por lo que deseas. Algunas veces es mejor rendirse, pero ciertas personas no se rinden sino cuando saben que lo que van a obtener no va a merecer la batalla. Dicen que si en el primer acto no padeciesen los personajes de la obra, no tendría gracia y no se podrían reconciliar para tener un final feliz. De tal manera que deban sufrir y luchar antes de conseguir lo que desean. Al final únicamente el tiempo es quien nos dará o no la razón.
 
Blog Aniversario
Ya hace un año que empecé a escribir este blog. Al principio no sabía muy bien qué hacer con este espacio de Internet, luego descubrí que podría publicar cosas que quería compartir con la gente, al principio fueron fotos y luego textos más o menos elaborados. En los comienzos, el blog era algo adonde asistía todos los días, pero conforme fueron pasando los meses, tanta presión se hizo dura y tuve que dejar de publicar tanto, para paras a dos veces por semana y finalmente una por semana. Ya sea por falta de tiempo o a veces por falta de inspiración.
Así pues, ya ha pasado un año desde entonces y es momento de hacer una pequeña retrospectiva. Se supone que conforme nos vamos haciendo mayores, o que van pasando los años nos hacemos más fuertes y más sabios. Que hemos aprendido. Pero yo me pregunto si esto es realmente cierto. ¿Qué hemos aprendido este último año? ¿Ha cambiado algo? ¿Somos realmente mejores personas hoy en día?
Lo primero de lo que nos damos cuenta al pensar en lo que hemos hecho es que al principio todo resulta mucho más fácil que al final. Toda la buena intención del mundo nos envuelve y nada nos cuesta trabajo. Es todo nuevo y bonito. No importa si tienes que escribir todos los días, porque tienes la cabeza llena de ideas. Si te toca madrugar todos los días para ir al trabajo que está en la ciudad de al lado, no te supone ningún esfuerzo. Si tienes que hacerte 60 Km. para ver a aquella persona que te llena no te importa, y si has de pasarte el fin de semana en una cabaña en mitad del campo no te molesta, porque ya sabes que no vais a salir de la cama.
Pero conforme pasan los meses, la pasión se acaba, las ganas de trabajar merman, y las ideas ya no son tan fáciles de plasmar en dos dimensiones. Poco a poco esa energía que tenías dentro va fallándote y te toca hacer de tripas corazón para poder seguir con lo que has empezado. Ya no es la inercia la que te empuja, sino que has de generar tu propio movimiento y alimentarlo cada día.
Si bien en las relaciones interpersonales la monotonía se puede convertir en el veneno que acabará con tu relación y tendrás que ir a buscarte a otra persona que te llene más o que te haga sentir mariposas en el estomago. No siempre es el caso. A veces esa monotonía se puede transformar en algo estable y serio que te compensa mucho más que lo de andar de una lado a otro con dolores de estomago todo el día. O bien se puede combatir la peor parte de forma que no se haga tan aburrida la convivencia con la otra persona. Esa intimidad que tanto anhelamos, pero que a la vez tememos porque significa que la pasión y la sorpresa, el aquí te pillo, se han esfumado. Aprendemos entonces a valorar otras cosas que no teníamos antes, como es la complicidad, la confianza y la seguridad.
En el trabajo las cosas son más fáciles, porque no tienes la oportunidad de pasar de ello. Por lo general es tan difícil encontrar un empleo decente que cuando tienes uno, por muy malo que sea lo conservas. No es como con los chicos o las chicas, que piensas que si le dejas, encontrarás algo mejor en la calle. No siempre es el caso. Pues en el mundo laboral, digamos que pasa algo parecido, pero que no nos atrevemos a arriesgarlo todo por si nos quedamos en el paro y con la hipoteca que nos vaya ahorcando lentamente.
Si tienes que madrugar todos los días, pues lo asumes, con la esperanza de que las vacaciones van a llegar y podrás pasar de tu jefe y de los horarios. Sabes que pasados unos meses podrás irte a tirarte en una playa abarrotada de gente a ver pasar las nubes. Tienes la certeza de que gracias a esos madrugones podrás pagarte el viaje a la costa a tomar el sol, si es que no se pone en tu contra la meteorología y justo ese puente tan anhelado se pone a diluviar lo que no hizo en todo el año. Pero claro, tú eso no lo puedes prever.
Así que aguantas estoicamente a que lleguen esas fechas, y mientras tanto guardas la ilusión de que un día te toque la lotería y puedas mandarlo todo a paseo e irte a tu caseta de la montaña a ver la vida pasar sin mover un dedo. O al menos con la excusa de que en ese momento si quieres trabajar no será por la obligación de que a principios de mes te sableen la cuenta corriente. No tendrás la preocupación de que tus hijos no pueden comprarse la ultima PSP que acaba de salir al mercado, ni de que tu mujer no puede aparcar su Mercedez en el Mercadona. La hipoteca del piso ya no te importará.
Pero volvamos a la realidad. En el mundo laboral, la monotonía no es mala amiga, sino todo lo contrario, es la que nos anestesia de tal manera que el día a día no se haga tan pesado. Poco a poco esa fiebre que teníamos al principio, esas dificultades que teníamos a la hora de memorizar todos los tipos de contratos y de planes de ahorro que teníamos que aprendernos, y que no nos dejaban dormir por las noches, todo eso desaparece. Nos los aprendemos de memoria, sin saber muy bien lo que significan ya. Es como cuando vamos a catequesis y nos obligan a aprendernos un montón de oraciones que al final diremos sin sentirlo cuando vayamos a la misa. Pues es lo que sucede cuando pasa el tiempo en el mundo laboral.
Cuando yo empecé a escribir en estos blogs, ya estaban de moda, pero solo los utilizaban aquellas personas que realmente tenían algo que decir. Luego llegó el apogeo de este medio de comunicación, en el que todos los usuarios tenían su propio espacio en Internet en el que ponían las fotos de sus viajes, cumpleaños y demás eventos importantes en sus vidas. Algunos no pasaría de esa etapa narcisista en la que queremos que el mundo sea testigo de que tenemos un año más.
Otras personas, sin embargo, le van dando forma a lo que quieren que sea su blog. Lo van puliendo cual diamante, y al final ya no es lo que tenían en mente sino algo mucho mejor. Algo que va a perdurar en el tiempo y que podrán recordar como algo que hayan hecho de provecho. Algunos aun aspiramos a eso, y otros simplemente se han rendido en el camino. Porque cuando han pasado los meses y ya no tienes fotos que poner, ni cumpleaños que felicitar, el propósito de tu página de Internet se cumple, y debes reinventarte.
Llega un momento en el que cambias lo que tenías y le das un toque nuevo y mejorado. Por lo general el estilo propio de cada persona a la hora de escribir o de publicar imágenes va puliéndose y haciéndose cada vez más evidente. Es lo que sucede cuando has sobrevivido a todas aquellas críticas que te hacían los lectores al principio. Ya no haces caso de que te digan que has de poner más toques de humor, de que la ironía no se entiende, de que si hablas demasiado de ti o del sexo o de lo que sea. Llega un momento en el que te asientas en tus principios y decides que aquello que vas a publicar es lo que quieres publicar y no lo que los demás pretenden que quieras hacer. Entonces si eres escritor de artículos, estos se hacen mucho más íntimos y personales, tu estilo empieza a brillar por sí solo. Si te gusta publicar críticas, lo haces de aquellas cosas que te llaman la atención y que te parecen importantes, aunque no sean importantes para los demás. Si te gusta poner fotografías, ya no te reduces a los cumpleaños, sino que lo haces de cosas que pueden no tener significado para los otros. Poco a poco tu blog se convierte en algo tuyo. Es tu niño y va creciendo.
A fin de cuentas se trata de establecer la diferencia entre un sprint y una maratón. Según lo que busques te decantarás más por una modalidad o por la otra. Si bien el primero se reconoce por una salida rápida y veloz, un recorrido corto pero a gran velocidad y cuya duración es efímera en el tiempo puesto que el esfuerzo que requiere es del tipo explosivo, es decir fuerte, intenso pero breve. La segunda modalidad es la opuesta. Se trata de una carrera más duradera en el tiempo, en el que el esfuerzo empleado ha de prolongarse en el tiempo. Uno tiene que ser más constante aunque menos veloz de partida, la carrera se gana no con velocidad sino con constancia y velocidad. Pero aquí el esfuerzo no es explosivo y corto en duración sino por el contrario ha de realizarse de manera progresiva y con constancia.
Pues bien, en la vida podemos, según el momento y el propósito, ser corredores de maratón o bien de sprint. Si bien hay momentos en los que debemos esforzarnos para tener resultados inmediatos, y otros en los que hemos de pensar en reservar energías porque lo que vamos a emprender va a durar mucho tiempo, y por lo tanto salir a toda velocidad no va a sernos de gran utilidad. A veces debemos pensar en que el tiempo es el que va a marcar nuestro ritmo de vida y no lo que nosotros deseamos.
Al final, lo más probable es que tengamos que pasar por la casilla de salida, porque al igual que el tiempo, la vida está formada por ciclos, parecidos a los de la noria. Hay momentos en los que estamos arriba y otros en los que estamos abajo, pero ninguno de los dos momentos extremos va a durar para siempre, por lo que debemos aprovechar el día a día, sin hacer planes a largo plazo que igual luego no nos llegan. Quemar nuestra energía en un primer momento podría parecer una buena solución, pero eso no nos iba a permitir disfrutar de lo que tenemos. Hemos de pensar en dejar un poco para el futuro.