logotipo

img_google
Khayman en la Ciudad
Comentarios sobre la vida
Acerca de
Se trata de una columna en la que me gusta publicar mis impresiones acerca de la vida, el sexo, en fin, muchas cosas, ..."Disfrutenla"
Sindicación
 
La Meta
Si nos fijamos en aquellas personas que nos rodean, ya sean nuestra familia, los amigos o simplemente aquellas personas que vemos en la televisión, nos podemos dar cuenta de que en esta vida todos vamos como si persiguiésemos algo que no conseguimos alcanzar. Las metas que buscan cada uno son diferentes entre sí, e incluso podemos llegar a pensar que algunas personas andan equivocadas en cuanto a lo que pretenden obtener.
En un mundo regido por objetivos, donde lo que importa es conseguir lo que deseas, cueste lo que cueste, ¿son realmente tan importantes las metas que nos fijemos? ¿Existe en realidad una meta de nuestra vida? Si es el caso, ¿qué pasa cuando la conseguimos alcanzar? ¿Es posible que nos fijemos en obtener solo cosas que son inalcanzables?
Parece ser que para que las personas funcionemos, hemos de fijarnos unos objetivos en la vida que son los que debemos conseguir alcanzar. Por lo general dichos objetivos suelen ir modificándose al paso del tiempo, siendo de cierta índole cuando somos niños, y haciéndose cada vez más materialistas conforme crecemos en edad.
Recuerdo que cuando era un crío, había pocas cosas que me interesasen en comparación con los demás chavales de clase. Mis metas estaban organizadas en 3 periodos, los de corto, medio y largo plazo. Las primeras eran las típicas de cualquier chico “empollón” de cualquier instituto, y era aprender el máximo posible, para así poder sacar las mejores notas posibles y que el calvario del instituto acabase lo antes posible, a la vez que gracias a esas notas excelentes podría salir airoso de ahí. Las buenas notas parecían ser mi billete de salida de aquel infierno en el que estaba metido. (Aparte del hecho de que al no tener ni amigos ni nada con lo que perder el tiempo, lo único en lo que lo podía emplear era en aprender y en estudiar.)
Las metas a medio plazo eran las de sobrevivir como fuese al instituto y que cuando llegasen las vacaciones me pudiese ir lo más lejos posible y el mayor tiempo posible de aquel lugar. Cuando tus únicos amigos son aquellos con los que veraneas, es muy frecuente que lo único que deseas es que lleguen pronto las vacaciones y que les vuelvas a ver. Y mientras tanto intentas sobrevivir al año lectivo mediante la comunicación escrita con ellos, para no perder el contacto y que de esa forma en las siguientes vacaciones podáis veros y pasarlo bien, y así compensar aquella mala pasada en el cole.
Y luego están los planes a largo plazo que incluyen la huida gracias a los billetes de la universidad de aquel infierno en el que te has visto obligado a vivir. Por lo general cualquier carrera serviría para poder poner la excusa de irte a estudiar fuera, pero si encima es algo que te gusta y te interesa desde siempre, pues es aun mejor. En mi caso me veía dividido entre estudiar biología, con eso de que me encantan los bichos (incluso hoy en día), para con ello poder ser biólogo, pero de los de verdad y no como nuestra querida actriz-bióloga-guionista…y estudiar psicología, ya que los follones de la mente humana siempre me han interesado.
Lo curioso con esas cosas, es que echando la vista atrás todo ello me parecía tan simple y tan interesante, y sin embargo después de que hayan pasado los años universitarios y que haya conseguido, efectivamente, salir de aquel infierno, las cosas no sucedieron como deberían haberlo hecho.
Para empezar el lado de los estudios fue todo un fracaso. Las notas que sacaba en los últimos años de la universidad eran apenas pasables, y el trabajo que me requería ponerme a estudiar era tan grande que muchas veces pasaba rozando el aprobado por pura inercia. Hoy en día la idea de tener que estudiar lo que sea me pone los pelos de punta. Así que digamos que las metas a corto plazo fueron superadas pero con más penas que glorias.
En el medio plazo solo diré que aquellos amigos del verano se quedaron en poco más de eso. Porque cuando ellos llegaron a la universidad empezaron a tener más complicaciones que cuando iban al instituto y decidieron dejar de veranear aquí, la relación se fue enfriando y un buen día desaparecieron. Obviamente la culpa no es únicamente de ellos, porque yo podría haber intentado mantener el contacto con ellos, pero es difícil hacerlo cuando únicamente compartís los días de playa. Total que al final ellos también han pasado a mejor plan. Otra meta que se cumplía únicamente en el corto plazo y que al final pasó a otra vida.
Las metas a corto y medio plazo es lo que tienen, que se suelen cumplir enseguida y que no importa si lo hacen o no, porque al final no son las más importantes.
Pero las que duelen en su carencia de realización, son las que hacemos a largo plazo y que al final no conseguimos obtener. Hoy en día no soy psicólogo, no tengo ninguna consulta en la que investigo los problemas de la gente (aparte de este blog), tampoco he descubierto ninguna especia animal nueva, ni conozco mejor el lenguaje de las ballenas, no he estudiado biología y la carrera que he terminado ha sido la que más he odiado en toda mi vida. Al final el trabajo de oficina me parece un alivio, cuando recuerdo que de pequeño yo quería ser explorador, porque eso de pasarme el día en la oficina me parecía terrible. Hoy en día no es así, la rutina que me ofrece ese tipo de trabajo es un alivio.
Sin embargo sí que hay personas que consiguen llenar sus objetivos. Algunos se plantean una carrera difícil, pero exitosa, que consiguen superar con unas notas impresionantes, gracias a la motivación que les aportaba el saber que podrían conseguir sus metas. Hoy en día han escrito libros publicando sus descubrimientos y plasmando sus años de investigación en esos tomos. Han estudiado algo que les ha permitido salirse de la rutina en la que se veían inmersos, han salido adelante y han conseguido mantenerse activos investigando aquello que tanto les interesaba. A fin de cuentas han terminado haciendo algo que les ha gustado siempre. Tienen sus empleos consolidados y se encuentran en un sitio parecido al que imaginaban cuando emitían sus deseos de futuro de pequeños.
Otras personas no están donde habían planeado, pero sus metas en la vida se han conseguido. Para aquellos que querían tener una familia y que han luchado por ello, puede que hoy en día no estén trabajando de directivos de una gran multinacional. Peor lo están haciendo en una empresa bastante buena, lejos de su familia, eso sí, pero al menos han conseguido salir adelante y sacar tanto a su pareja como a sus hijos adelante. Han podido salir de los talleres de coches y llegar al estrellato, relativo, pero estrellato. Por las noches pueden sentirse satisfechos de haber hecho algo de provecho con sus vidas. Y sobretodo cuando están haciendo algo que realmente les aporta satisfacción al tratarse de un empleo que les llena como personas, porque es lo que les gusta hacer. No es el mejor trabajo del mundo, pero les gusta lo que hacen.
Algunas personas no están donde quieren estar, pero al menos están, y con ello se sienten satisfechas. Han aprendido a aceptar la realidad de las cosas que les rodean, y no piden más porque saben que no son capaces de obtener más. Conocen sus limitaciones y las admiten, se conforman con lo que hay y son felices, porque saben que podrían estar en peor lugar, sus metas no han sido conseguidas, pero han llegado a sitios en los que no se está mal del todo. Podrían aspirar a más, pero se contentan con lo que tienen, siguiendo la máxima de “más vale pájaro en mano que ciento volando”. Su trabajo no les ilusiona, pero no les da asco.
Otras personas son el caso opuesto. Se me ocurre el ejemplo de mi gran musa, Madonna. En ella tenemos a una persona cuya meta no es visible debido a su afán de superación constante. Podríamos decir que su meta sería la de llegar más allá cada día de adonde ha llegado. Es algo así como que cada día intentará conseguir algo nuevo. Es una forma de concebir la vida bastante interesante, pero tiene el fallo de que nunca se obtendrá la felicidad, porque siempre se ambicionará algo superior, con la diferencia de que probablemente no haya un tope en el que se pueda mirar hacia atrás y decir “ya he llegado”, como diría el alpinista que ha conseguido llegar a la cima del Everest. En este caso se trata de subir a una montaña que no tiene cima, porque siempre es posible ir más lejos. La meta en la vida de estas personas es inalcanzable, por lo que siempre están en movimiento y siempre consiguen cosas mejores y nuevas.
Por lo tanto las metas que nos establecemos pueden ser fáciles de alcanzar, por lo que no aportan ninguna satisfacción a no ser que sepamos conformarnos con lo que nos dan, o bien pueden ser inalcanzables, lo cual no las hace desmerecedoras sino que hace que siempre estemos en su búsqueda. En este caso es cuando, en realidad, disfrutamos del viaje más que de la meta. Mientras que en el otro caso lo único que nos interesa es el fin (de “el fin justifica los medios”). Al final, somos nosotros los que decidimos en qué parte de la pirámide de Maslow queremos quedarnos, y muchas veces no es en la altura en la que pensábamos, sino más abajo.
 
To Have Not To Hold
Para muchos de los que me conocen no les resultará complicado adivinar por qué este título tan extraño. Y es que una vez más me remito a mi artista favorita para inspirarme con sus canciones. Se trata de una canción que aparece en su álbum de 1998 llamado Ray Of Light. Si os fijáis bien ya sabréis a qué pista me refiero.
Muchas veces en la vida estamos ante situaciones que nos desconciertan por su forma de presentarse y de desarrollarse. Si bien el otro día hablando con mi amiga Carmen, ella me decía que no creía en las medias tintas, que o se tiene o no se tiene, yo creo que la vida es demasiado compleja como para limitarse a ello. Ella decía que entre el “no tener” el “tener a medias” y “el tener”, se quedan con el primero y el tercero, pero que las cosas parciales no le gustan. Yo no estoy de acuerdo con ello, porque a veces las medias tintas son un paso del primer paso al tercero.
En un mundo en el que las posibilidades son casi infinitas, ¿Cuándo hay medias tintas? Y si las hay realmente ¿cual es la frontera entre resignarse y aceptar? Si nos quedamos con lo que tenemos ¿somos unos conformistas? O por el contrario ¿podemos pensar que simplemente aceptamos las cosas que nos ofrece la vida?
Bueno, y me diréis que a qué viene todo esto, sobretodo después del artículo anterior. Pues bien, es muy simple. A veces la vida nos pone ante las narices situaciones que nos dejan pensando en si realmente es bueno aspirar a más o si simplemente deberíamos quedarnos calladitos y simplemente recibir lo que nos da.
Yo tengo la costumbre de hacer planes de futuro para mi vida de adulto, pienso en el tipo de trabajo que quiero tener, la casa donde quiero vivir y la persona con la que quiero compartir mi vida. Y lo que más suelo hacer es imaginarme cómo será. Cuáles serán sus cualidades y cómo me gustaría que se comportase conmigo. Hasta ahí todo normal, pero el problema viene en que muchas veces te imaginas una persona que no existe, o al menos eso piensas. Porque si realmente existiese esa persona, sería un problema.
Los seres humanos no estamos acostumbrados a que nos den todo lo que pedimos, de ahí que a veces se nos vaya la olla y nos hagamos castillos de arena inmensos en los que, de forma inconsciente, y muchas veces casi conciente, sabemos que no podremos vivir. Tal vez porque si eso sucediese tendríamos que cambiar nuestra vida de forma demasiado radical, o bien porque no somos capaces de ser felices y sabemos que con ello lo seríamos, o quizás simplemente porque no tenemos fe en esas cosas y por lo tanto no contamos con ellas. En el fondo hemos de tener cuidado con lo que deseamos, porque cualquier día se puede cumplir y no vamos a estar preparados para ello y al final lo vamos a dejar pasar.
El caso que es a veces los milagros ocurren, y conoces a esa persona que te había imaginado. No sólo eso sino que además esa persona está asequible a ti. O al menos eso es lo que crees. Porque si bien tú pensabas que con las cualidades A, B, C y D tendrías a la persona de tus sueños, resulta que ese que has conocido las tiene todas y además la F y la E. Pero el problema es que no quiere nada serio contigo. (Faltaba pedir la G). El caso es que te encuentras ante lo que has soñado siempre, lo tienes, pero no lo puedes conservar. Porque no es que se te resista, es que simplemente te dice que no tenéis futuro como pareja.
Ahí es donde duele, porque si bien parece que has llegado a la meta te das cuenta de que no es el caso, más bien al contrario, acaban de alargar la carrera unos 1.000 Km. más. Ahora ya no basta con haber conocido a esa persona sino que tienes que decidir si intentas conquistarle o bien si pasas y te conformas o aceptas la amistad que te presta. Porque lo que queda obvio es que no le puedes obligar a que sienta nada por ti. Y si ya sois amigos, igual es lo mejor.
Hasta ahí las cosas no son tan complicadas, pero nunca se quedan en eso. Llega un momento en el que ya no siente amistad por ti sino cariño, y te trata de una forma especial, pero siempre con la barrera de la amistad por delante, porque sigue sin querer nada serio contigo. Cuando estoy en ese punto siempre me pregunto si vale la pena luchar por conseguir a esa persona, o si es mejor quedarse con aquello que ya nos da no vaya a ser que se fastidie el asunto, ya que, dentro de lo que cabe, al menos ya le tienes cerca y sabes que siempre estará ahí. Mientras que si intentas que se enamore de ti y no funciona, la relación se puede deteriorar y podéis terminar odiándoos de forma terrible e irrevocable.
Ahí es cuando entra la canción a la que me refería, que habla acerca de la situación de tener a alguien, pero sin poder poseerle o realmente tenerle en el sentido físico de la palabra. Viene a ser como todos aquellos amigos que tenemos que viven al otro lado del mundo. Cuando por fin les vemos, siguen siendo nuestros amigos, y cuando estamos mal sufren con nosotros. Pero no podemos abrazarles cuando nos necesitan o cuando les necesitamos. Están de corazón, pero no en persona.
Con los amigos no pasa lo siguiente, cuando tienes un amigo, no pasa nada por tener dos o tres más. Pero cuando tienes una pareja, no puedes tener a otro/a, por lo tanto ahí es cuando tienes que elegir. Puedes quedarte con esta persona, que cumple todos los requisitos que buscas en tu pareja, pero que por un lado sabes que nunca lo será, o bien porque no se puede o bien porque se resiste. Y también puedes dejar las cosas como están, conformarte o aceptar su amistad, y esperar a que llegue otra persona, que cumpla al menos la mitad de los requisitos que buscas, o que tenga al menos el 50% de las cualidades que tiene tu nuevo/a amigo/a, pero que sí que quiera tener una relación seria contigo.
A veces pasa que cuando esa persona te pierde se da cuenta de lo que tenía y se arrepiente, entonces intenta volver contigo pero tú ya has pasado página. Pensando en ello lo que puedes hacer es fingir que estas con otra persona, porque si intentas algo con otra persona, ya estarás jugando con sus sentimientos, los tuyos y los de aquel al que querías obtener. Y en esos casos siempre hay alguien que sale mal parado y por lo general eres tú.
Lo que pasa es que no siempre se cumple, y puede pasarte que en lugar de que sienta remordimientos, se alegre por ti. Con lo cual la jugada no ha salido bien. Si realmente ha encontrado a alguien especial, entonces enhorabuena, pero si lo hacías por recuperarle, mal asunto.
Mis amigos siempre me dicen que tengo todo el tiempo del mundo para encontrar a la persona que busco, así que si hay alguien que se resiste o me pone las cosas muy difíciles, lo mejor que puedo hacer es pasar del tema y que le den morcilla. Pero por desgracia todos sabemos que no es tan fácil cuando hablamos del corazón.
Por un lado ellos no saben cuantos años me quedan de vida, ni ellos ni nadie, por lo tanto lo mejor es aprovechar cada día al máximo, y si encuentras algo bonito hoy, no lo dejes para mañana, porque igual el mañana nunca llega.
Luego esta la cuestión de que en esta vida nada es regalado, gratis o fácil. Muchas veces hemos de luchar por lo que queremos, y esa lucha es lo que le da el valor. Si sufrimos por lo que queremos, cuando lo obtengamos lo disfrutaremos más, y sabremos valorarlo en su justa medida. Hay que saber pelear por nuestros objetivos. Lo chungo es que a veces peleamos en vano y nos dejamos los cueros en la batalla para volver con una mano por delante y la otra por detrás. A menudo no sabemos si realmente vamos a salir victoriosos por lo que no podemos decir si vale la pena luchar o no. Esa es una decisión que cada cual ha de tomar después una profunda valoración de las distintas variables.
Ya he dicho que en esta vida hay que vivir el presente, porque el pasado ya ha sucedido y el futuro no ha llegado aun. Por lo tanto si lo que tienes con esa persona, aunque no tenga futuro (cosa que nadie puede asegurar), te satisface, lo mejor que se podría hacer es seguir de esa manera. Pero si lleváis así mucho tiempo ya, es necesario decidir adonde se va, porque ir sin rumbo en la vida es bastante peligroso. Hay que disfrutar del viaje, pero sin por ello no tener un destino al que llegar.
Algunas veces creo que el destino siempre será el mismo. Las personas no duran eternamente, por lo que prometer amor eterno es una incongruencia. Si sabemos que las relaciones van a acabarse, sea con quien sea y hagamos lo que hagamos, ¿no es mejor vivir el día a día? Quizás lo mejor es no plantearse las cosas a largo plazo, ya que nadie nos puede asegurar que eso vaya a suceder, y simplemente hallemos la felicidad en la cotidianidad y en las cosas que a día de hoy nos aportan beneficios. Si miramos hacia el futuro no veremos lo que tenemos hoy. No lo podremos disfrutar y cuando haya pasado lo echaremos de menos. Vale más la pena vivir el presente, y lo que tenga que venir ya vendrá.