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Khayman en la Ciudad
Comentarios sobre la vida
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Se trata de una columna en la que me gusta publicar mis impresiones acerca de la vida, el sexo, en fin, muchas cosas, ..."Disfrutenla"
Sindicación
 
Entrar O Salir Del Armario
Hace un par de meses escribí un pseudo artículo en el foro en el que estoy metido, añorando escribir, y pensando en que sería interesante hacer que la gente se coma un poco el coco. Voy a transcribirlo prácticamente como lo hice en su momento, pero con el estilo que caracteriza este espacio. Sin embargo quiero insistir en que esto fue hace meses y no pienso en ello de la misma forma.

Tengo ganas de compartir un pensamiento que he tenido últimamente y que se ha revelado ser común a muchos gays de hoy en día.
Está muy de moda eso de salir del armario, cada día es más fácil, y hay más gente que se declara homosexual. Pero también me he dado cuenta de que esta gran afluencia se hace movida por un sentimiento de libertad que es bastante erróneo. Al menos desde mi punto de vista, lo cual me lleva muchas veces a preguntarme si estoy en el lado correcto de la acera. No se trata de si es correcto de cara a la sociedad, sino de cara a lo que realmente quiero para mí y para el futuro.
En un mundo en el que las libertades están a la orden del día, donde cada vez hay más gente que se da cuenta de que lleva una vida equivocada en su lado de la acera, y donde el hombre ya no tiene por qué yacer con la mujer, ¿realmente es necesario salir del armario? ¿nos estamos precipitando al encasillarnos en un sitio o en otro? ¿tenemos realmente que escoger la carne o el pescado? ¿pueden gustarnos ambas cosas realmente? Y finalmente la pregunta del millón ¿existe el verdadero bisexual?
Soy una persona que ha sido educada de forma católica, y aunque hoy en día mi creencia en Dios se acerque más a cualquier religión o concepto espiritual oriental, es como me han educado. Por lo tanto creo que las personas vamos por pares, y que la pareja existe realmente, "hasta que la muerte nos separe" o al menos hasta que duremos más de 4 polvos. Y no tiene por qué ser con una persona del sexo contrario.
Mi experiencia en el mundo gay me dice que eso es prácticamente imposible. Vamos que antes saca Madonna una colaboración con Whitney Houston...Es cierto que hay muchas parejas que duran muchos años juntas, pero la cuestión es que el precio que han de pagar por ello es, a mi gusto, inaceptable. Siempre hay terceras personas de por medio, si bien puede ser de forma consentida, en plan trío u orgías, o bien cada cual por su cuenta; pero también es bajo forma de cuernos.
Total, que al final de la historia no hay fidelidad. Hay mucho sexo, pero lo que es una relación real, no sé hasta que punto exista.
Después de ver y ver más allá de la belleza física, de estar con tíos guapos, o con gente con corazón, me da la impresión de que la naturaleza es sabia, y si bien tolera la homosexualidad como una vía de escape o una forma placentera de conocerse, creo que en el fondo nos dice que lo ideal es una relación de pareja heterosexual. No digo que no haya divorcios o demás cosas, simplemente digo que igual aquella persona que más nos comprende es aquella que no es de nuestro mismo sexo. Tal vez porque me haya dado cuenta de que la mayoría de hombres con los que he estado no son cariñosos después de haberse corrido, la gran mayoría lo único que quiere es que te vayas a tu casa o ellos se vayan a la suya. Y eso incluso cuando estas en pareja. Una vez acabado el polvo ni les toques. (he de admitir que por suerte no todos somos así)
Ahora bien, antes de que me linchéis por homófobo o más cosas he de defenderme. Con esto no digo que no haya que estar orgulloso de como uno es, ni que haya que reprimir nuestro lado gay, simplemente pienso que tal vez la idea de fondo es que nos deberíamos de poder enamorar de la persona y no de su sexo. Es decir que pudiésemos ser todos bisexuales en potencia. En mi caso me lo estoy empezando a plantear, tal vez impulsado por tanto fracaso sentimental. Pero quería compartirlo con vosotros a ver si hay más gente desencantada del mundo de la purpurina como lo estoy yo. No quiero que veáis este post como algo negativo, sino como una vuelta de tuerca más a las relaciones humanas, a lo mejor después de tanto probar con hombres, las mujeres siguen teniendo algo que ofrecer. (y eso es lo mismo para las lesbianas, para los heterosexuales y demás) se trata de abrir más la mente.
Por supuesto no estoy diciendo que todos tengamos que ser bisexuales, ni que haya que reprimirse y demás cosas. Lo que vengo a decir, es que a veces en la vida las situaciones que vivimos nos hacen ver que no todo es como pensábamos. En mi caso viene relacionado con la sexualidad. Y con ello no me arrepiento de nada, eso sería una chorrada y sería ser injusto conmigo mismo, lo que quiero que comprendáis es que la cosa es algo más profunda.
yo lo veo más como si la sexualidad de una persona fuese un eje cuyos limites son el gay 100% y el hetero 100%, y entre ambos estaría el bi que es 50% de uno y 50% de lo otro. Así pues hay personas que se siente atraídas en un 75% por un género y en un 25% por el otro y desde ahí podemos tener todas las combinaciones posibles.
Claro que esto es la teoría, la práctica se complica más. Pero os voy a explicar la respuesta que me dio un amigo mío a mi planteamiento de meterme en terrenos desconocidos. Según él la cosa es muy simple, a él le va todo, pero el problema es que si se queda mirando a una chavala de 20 años, aunque esté cañón ella, la tía le pondrá de viejo verde para arriba, y todo esto porque ya tiene sus 40 años. Sin embargo si se queda mirando a un chulazo de 20 añitos, demostrando que es gay, entonces no sólo no está mal visto, sino que encima puede que esa noche moje con el chaval. Así pues su idea era que hay que probar mientras que aun puedes. Porque luego lega el momento en el que no puedes hacerlo porque el físico ya no acompaña.
Otra cosa, yo no hablo de estos temas por un desengaño amoroso, o por 1000. Lo digo porque me he puesto a fijarme en otras cosas que hay a mi alrededor, y no todo es blanco o negro. Hay muchas más elecciones posibles que vivir en un mundo bicolor. Con esto no digo que haya que ser bisexual por fuerza, pero en mi caso siento curiosidad por saber qué más soy aparte de gay. Tampoco digo que me fuese a hacer hetero, porque eso sería una incongruencia. Cuando has estado con una persona de tu mismo sexo, ya no puedes ser heterosexual, digan lo que digan. Creo que la curiosidad no es algo malo, y puede que descubras que no eres una bota sino que eres un bolso, como decía Rachel en Friends.

Ahora es cuando voy a tratar el tema desde mi punto de vista actual, es decir a día de hoy. Creo que algunas personas no estamos hechas para poder elegir entre ambos sexos. A mí me gustaría poder hacerlo, tal vez sería todo más fácil así. Pero no lo puedo evitar. Mi amigo C. siempre me dice que al que le gustan ambas cosas es el que más oportunidades de ser feliz tiene. Pero también es cierto que como en todo, lo que realmente nos hará felices es difícil de encontrar, y así lo podemos valorar más.
Esta claro que encontrar nuestra media naranja no es nada fácil, incluso cuando te gusta el 90% de la población no es por ello que lo vayas a encontrar antes. Me he dado cuenta de que aquellas personas que buscan algo muy especifico, lo pasan peor, pero al final de cuentas cuando lo encuentran, que siempre sucede, son mucho más felices que los demás.
En cuanto a lo de la bisexualidad. Yo sí que creo que exista. Pero no tanto como pensamos. Si bien para las mujeres un bisexual solo es un vicioso que le da a todos los palos. Para lo gays es peor, porque para ellos es un proyecto de homosexual. Ellos no creen que un hombre que haya probado con otro no pueda volver con las mujeres porque le gusten, en todo caso, según ellos si lo hace es porque es un reprimido o un cobarde. Pero no porque le gusten más. Digamos que lo quieren todo para ellos. Piensan simplemente se trata de un reprimido que está descubriendo lo que realmente le gusta (hasta ahí estamos de acuerdo) pero que al final terminará decantándose por el vicio que ellos ofrecen, porque creen que es lo único que merece la pena en esta vida. Y si bien un tío lo prueba con un hombre, es porque al final es su verdadera naturaleza y a final terminará saliendo del armario. Es decir que no ven las medias tintas. Al igual que las mujeres, no creen que esas personas existan.
Por mi parte he visto que sí que existen. Los sentimientos no son tan simples como para que nos puedan encasillar en un lado o en el otro de la calle. Algunas personas encuentran refugio en un sitio, pero desean estar enfrente. Otros llevan toda su vida equivocados y engañando a los demás. Y también hay un pequeño grupo de personas que fluctúa de un lado al otro.
He de decir que por suerte, no todo en el mundo gay es vicio y sexo indiscriminado. Tampoco es todo represión y gente sin sentimientos ni valores reales. Pero que es muy difícil encontrarlos, porque es menos placentero y por lo tanto más complicado de mantener. Como decía mi amigo cuarentón “si puedes estar todas las noches con un chulazo distinto, ¿para qué vas a molestarte en luchar por conservar a uno sólo?” Esta es una forma de ver la vida bastante superficial, pero como bien he dicho, en esta vida hay de todo, y sigo creyendo que algún día encontraré alguien que sepa apreciarme como soy, sin tener que cambiar yo para amoldarme a la sociedad del placer en la que vivimos hoy en día. Y sobretodo, sigo creyendo en que existen personas con valores reales, tanto homosexuales como heteros o bisexuales.
 
51 Primeras Citas
Dicen que cuando te caes de un caballo lo primero que tienes que hacer es volver a subirte a él, porque de lo contrario luego te dará miedo y no volverás a montar. En las relaciones se supone que es algo parecido. Cuando acabas con una no tienes más remedio que volver a pasar por la casilla de salida hasta que empiece el juego de nuevo. Y esta casilla es la de la primera cita. Para los fieles seguidores este artículo les va a sonar a refrito, pero no lo es, no quiero hablar de los tipos de citas que podemos tener cuando volvemos al redil, sino del volver a empezar, del meterse de nuevo en el mercado y del comienzo de algo nuevo (o no).
En un mundo en el que todo se hace a velocidades casi lumínicas la gente le quita la importancia a las pequeñas cosas de la vida como son las citas. Si pensamos que el fin último de un primer encuentro es llegar a la cama, como suele pasar con mucha de la gente que he conocido, ¿dónde nos hemos dejado el romanticismo y la ilusión? ¿Cuándo podemos decir que la cita ha salido mal? ¿Hace realmente falta pasar por el aro y quedar? ¿Podemos sobrevivir a 50 malas citas para llegar a la que será la buena?
Muchas veces comparo las relaciones románticas con el trabajo. Porque por mucho que la gente no lo diga, necesitamos de ambos ámbitos para poder sobrevivir de forma digna en este mundo. Si bien, algunas personas no necesitan lo primero, porque su economía se sostiene de forma independiente ya sea por herencias, mantenimientos o por loterías, la gran mayoría de los seres humanos, que queremos estar emancipados, necesitamos trabajar para ganarnos el jornal, sea en el trabajo que sea. En las relaciones podéis conocer a mucha gente que considera que no necesita de una pareja para ser feliz, lo cual sería lo ideal, poder serlo sin necesidad de una segunda persona. Pero si nos fijamos bien en esas personas, si realmente consiguen la felicidad no es de forma independiente, sino a través de la familia o de los amigos. Pero si les aislásemos de toda relación social, serían unos desgraciados. Por lo tanto excepto algún caso excepcional, todos necesitamos el dinero y el amor para poder aspirar a la felicidad.
Así pues habiendo establecido estos paralelismos quiero proceder al resto de la explicación. Cuando sales del mundo de los estudios y quieres integrarte en la sociedad tienes que buscar un trabajo. Y para ello elaboras un manifiesto con los conocimientos que tienes y aquellas facultades que pueden interesar a la hora de que te contraten en algún puesto de trabajo. Tú presentas el currículo y esperas a que te llamen a darte la buena o la mala noticia. Por lo general hay que llamar a muchas puertas antes de que te abran una de ellas. Hay que mandar un montón de cartas de presentación y hacer decenas de entrevistas hasta que un día suena la campana y te conceden un puesto de trabajo. Y todo ese esfuerzo algunas veces parece en vano o es muy desalentador. No conseguir llegar a la meta que queremos puede desanimarnos mucho.
Pues en el amor es más o menos lo mismo. O al menos nos lo podemos tomar de la misma manera. Hay que insistir.
Si bien la imagen de la caída del caballo es válida en parte, debemos por ello hacer unas reservas. Cuando te caes del animal y te rompes algún hueso, queda claro que no puedes pretender subirte a él de nuevo hasta que no te hayas cicatrizado y repuesto del todo, porque de lo contrario podría ser peor el remedio que la enfermedad. Pues bien, en las relaciones es lo mismo, antes de volver a salir al mercado tenemos que habernos curado las heridas, porque si no lo hacemos podemos hacernos más daño o bien herir a las personas que nos rodean. Este periodo de rehabilitación del que ya he hablado anteriormente en otros artículos, es relativo según la persona y la ocasión, así que no puedo daros la duración de ese tiempo de descanso y reposo. Pero llega a su final tarde o temprano y tenemos que volver a enfrentarnos a la vida.
Mi amigo C. me decía, cuando estaba buscando trabajo, que estaba haciendo lo correcto. En esa época me la pasaba mandando solicitudes, enviando correos y acudiendo a entrevistas de trabajo, y a pesar de que en la mayoría me descartaban nada más entrar, al final tuve suerte y ahora estoy en el trabajo escribiendo esto. Así que la suerte tiene que cambiar al final. Según mi amigo C. ahora estoy también haciendo lo correcto. Muchas veces me digo que es un rollo tener que quedar con gente y pasar por el trauma de una cita fallida una y otra vez. Pero tiene razón, porque no siempre sale mal del todo, y aunque a veces no saga nada serio de ahí, al menos conoces gente que puede aportarte cosas nuevas o que por lo menos puede hacer que vuelvas a creer que hay alguien que vale la pena ahí fuera. Y eso ya es algo.
Por lo tanto mi consejo en este punto es que cuando ya nos han quitado las escayolas, los vendajes y la silla de ruedas hay que lanzarse y coger el toro por los cuernos. Aunque bueno, la estadística está para desanimarnos. Y lo digo por experiencia propia.
La primera cita que tuve, después de haber terminad con mi amigo C. no salió nada bien, por mucho que la otra persona crea que sí. Si bien como conversación estuvo bien, me encontré con una persona demasiado complicada a nivel personal y social. Para empezar si estas en una cita con alguien que no para de decir que todo lo que le rodea le molesta, que está harto de la gente, de la ciudad y que lo único que desea es irse de aquí, pues la lleva clara. Yo no pido que me juren amor eterno a la primera de cambio. Pero que me lo pongan como algo imposible tampoco. Si quedo con alguien que me dice que se quiere ir a vivir fuera, pues como que pierdo el interés al instante.
Como cita en sí fue un clásico. Nos conocimos en la playa, paseando al perro, hablamos, discutimos, y hubo lo que se dice buen rollo. Insistió en quedar enseguida en su casa, pero por una vez me tomé las cosas con calma y quedamos para ir a cenar por la noche, así de paso de daba tiempo de arreglarme y todo eso para poder estar presentable. Luego le invité a cenar a un restaurante, todo en plan caballeroso, y al final fuimos a su casa a ver la televisión. Ahí fue cuando la cosa pasó de una cita ideal a la anti - cita. Si bien al principio parecía que la cosa iba bien, cuando me pidió que me quedase a dormir y me negué se puso en plan borde conmigo. No termino de entender por qué algunas personas reaccionan de esa forma cuando les rechazas algo, porque no fue cuestión de sexo, según me dijo, sino que si no me iba a quedar a dormir no tendría que haberle dado esa esperanza. Vale tiene razón, pero yo no podía saber que me iba a costar tanto dormir en casa ajena. Por eso, a lo mejor, es importante saber cuando estamos curados del todo antes de citar de nuevo, pero aun así la reacción me pareció algo exagerada. Así que mi consejo es: si ya estáis preparados para quedar, no se os olvide que una de las cosas que se exige es que te quedes a dormir.
La segunda cita fue más reciente, y tampoco salio del todo mal, pero no fue de las mejores que he tenido. Si bien la primera fue bastante clásica, esta también lo fue, pero toda al revés. Para empezar el orden de los factores puede que no altere el producto, pero por algo ha sido elaborado de esa manera. Quedamos y nos fuimos directamente a su casa, después de tomarnos una Coca Cola nos fuimos a la cama. Y el error que se suele cometer en esos casos, es que todo el mundo se pone nervioso. Si no conoces a la persona no sabes lo que le va a gustar y lo que no, por lo que vas a tientas y muchas veces metes la pata, y al final pasa lo que pasa, que el polvo sale fatal (y más cuando la otra persona está medio resfriada y le empieza a gotear la nariz en mitad del polvo). Total que es cuando te dices que eso de no hacerlo en la primera cita no viene tan desencaminado porque cuando lo haces suele salir mal. Luego nos fuimos a cenar, en este caso fui invitado ya que yo fui el que realizó el desplazamiento hasta Murcia, y luego salimos de marcha. Vamos, que el orden natural de los eventos no suele ser ese. En este caso esta persona me había dejado claro desde el principio que sólo quería algo sin compromiso, que lo serio no le interesa. Bueno, a pesar de que a mí sí, en esta ocasión no me hacia muchas ilusiones, pero al final volví a mi casa con un calentón tremendo y casi peor que cuando salí de ella.
Y al final, siempre hay alguna cita que salva a las demás. En este caso a la tercera va la vencida. No quiero decir que sea definitiva ni nada de eso, pero sí que al menos esa vez las cosas no salieron mal. Y si no que se lo pregunten a mis compañeros del trabajo, que hoy he estado de buen humor todo el día.
No puedo decir cual es el secreto. Porque ha sido una cita bastante convencional y larga. Estuvimos hablando durante casi 4 horas, paseo por la playa, visita del apartamento, intercambio de gustos musicales, con muchas afinidades, y al final algo de cama. Creo que cuando encuentras una persona con la que no tienes muchas diferencias de opinión (no como en la primera cita) ya es buena señal. A mí me gustaron dos cosas que dijo en particular, porque fue cuando me sentí totalmente identificado con él y eso es lo que creo que ha sido la razón por la que haya salido bien. Luego el tema de la cama es exitoso cuando coincides con una persona a la que le gusta que los demás se lo pasen bien. Porque los egoístas en la cama son lo peor que te puedas encontrar. Así que al final el balance es positivo.
Lo malo es lo que vendrá a continuación, porque lo negativo siempre se puede mejorar, pero ¿y lo bueno? Ahí es cuando vuelves a casa contento, pero no es donde acaba la historia. Si bien puedes pensar que la suerte no se ceba contigo, no hay que bajar la guardia, porque es en ese momento cuando las cosas fallan y te quedas en bragas. Pero no hay que ser negativos, debemos mirar el momento y disfrutar de él y lo que venga ya nos preocupara cuando llegue, porque toda preocupación con anticipación es doble. De nada sirve comerse la cabeza antes del problema porque cuando lo tengamos lo tendremos que hacer igual. Si las cosas salen bien, perfecto, pero si al final, después de una cita genial, tienes que seguir citando, sabes que estás más cerca de la meta, y como dicen, mientras hay vida hay esperanza. No debemos perder la ilusión ni la fe de que vamos a conseguir lo que queremos.
 
Sustituto Del Amor
Este es un tema que estoy seguro de haber tratado anteriormente, pero que quiero actualizar. Así que como probablemente me repita, os pido disculpas de antemano. Sin embargo quiero que consideréis que este blog lo escribo un poco como si fuese un diario, por lo tanto hay muchos temas que se repiten y en cada momento los podemos ver de forma diferente. Una misma situación la podemos observar de una forma, y sin embargo unos meses después las mismas circunstancias las podemos considerar de una manera totalmente distinta. Por eso tengo ganas de tomar una perspectiva distinta a un tema que ya hemos visto antes.
En un mundo en el que se valora el tiempo libre casi más que el dinero, en el que la gente trabaja para vivir mientras que otros viven para trabajar, en el que la calidad de vida se mide en función del ocio al que tenemos derecho o acceso ¿cuándo nuestras aficiones se convierten en obligaciones? ¿Podemos ser prisioneros del tiempo de ocio como lo seríamos del trabajo? ¿Realmente nos sirve de escapatoria el estar ocupados todo el día? Y por último, ¿Nos ayuda a sobrevivir al dolor la actividad constante?
Obviamente, no pretendo dar respuestas a todas esas preguntas, peor al menos sí pensar en ello.
La diferencia entre el antes y el después es que básicamente mi vida ha cambiado desde la vez que escribí en este blog por última vez. Ahora tengo un trabajo que me ocupa unas 12 horas al día, entre idas y venidas. Ahora mi tiempo libre es mucho más reducido de lo que era antes. Así que la valoración que haga de él será diferente.
Tengo un amigo del que ya he hablado antes, que se pasa el día ocupado, siempre tiene mil cosas que hacer. Y esto lo ha organizado así porque en su vida personal no es feliz. Siempre tiene algo que hacer de forma que no se pueda enfrentar consigo mismo. Y esto no me lo invento sino que me lo ha dicho él mismo. Una forma de no sentirse solo y vacío es llenando el tiempo que tiene con un montón de actividades. De modo que nunca podíamos coincidir cuando estábamos liados.
Mejor dicho, sí que nos veíamos, pero únicamente cuando yo amoldaba mi tiempo al suyo. Cosa que cuando tienes un trabajo y responsabilidades no puedes hacer. Así pues, desde que tengo un empleo fijo, ya no le veo sino cada dos o tres meses, porque nunca tiene tiempo para los amigos, y porque su vida es totalmente inflexible. Si no tiene tiempo para él, no lo debería tener para los demás.
Pero esto no es del todo cierto. Hará un par de días que me enteré de que estaba manteniendo una relación con un chaval unos 20 años menor que él, que se había dejado la mitad de los hobbies que tenía, y que ahora es muy feliz compartiendo su tiempo con los demás (bueno, más bien con una sola persona porque a los amigos nos tiene con el mismo régimen de visitas).
Ahí es donde la verdad nos explota en la cara. Para los amigos no tenía tiempo, para la pareja tampoco, porque no quería tenerla, pero de repente conoce a alguien que sí que le saca de la rutina, y de repente no necesita huir de la realidad mediante un montón de actividades extra-laborales. Y tal vez lo chungo es que yo no hubiese sido capaz de hacerle salir de esa espiral de actividades. Me podría preguntar por qué no pude hacer lo que esta última conquista ha conseguido, pero cuando me entran ganas de pensarlo prefiero detenerme y decirme que si no pude es porque no era para mí. Y casi es mejor que sea así.
Hace un par de semanas, mi mejor amigo me dijo que ahora que tengo trabajo, debería empezar a atesorar mi tiempo libre. Si bien en esos días mi tiempo libre se lo dedicaba a él exclusivamente, lo cual no es nada malo. El problema viene cuando aparte de estar con esa persona no haces nada más. Y es lo que me estaba pasando. Y cuando este amigo decidió que la relación se quedaría en amistad únicamente, que debíamos tener otras actividades que nos enriqueciesen y pasar menos tiempo juntos, me di cuenta de que tenía un problema. Por un lado tengo a una persona que está intentando desvincularse de mi, o al menos no pasar tanto tiempo conmigo. Lo cual lo entiendo, porque al final si pones todos los huevos en la misma cesta si te pasa algo pierdes la cesta entera.
Así que me di cuenta de que mi vida no había cambiado mucho, que había sustituido mi vida personal con el trabajo y con su presencia. A pesar de que sabía que la relación no iba a ir a ninguna parte, le consideraba mi sustituto del amor. Mi vida laboral va bien, mi vida social va bien (ya que tengo un amigo con el que quedar) y mi vida sentimental también iba bien (ya que tengo a mi sustituto del amor). Pero como os podréis fijar, todo eso era un castillo de arena, menos lo del trabajo.
He tenido que hacer un balance de lo que ha sucedido, del por qué y de lo que tengo que hacer.
Por un lado está el trabajo, que es un punto muy positivo, ya que al estar casi todo el día ocupado trabajando, pues no tengo tiempo de ponerme a pensar y a comerme la cabeza con cosas que en el fondo son solamente paranoias. La actividad me permite salir de mi casa, airearme un rato y estar con gente. Esto mismo me pasaba cuando iba a la universidad, solo que cuando estaba pasando por una ruptura lo que solía hacer era no ir a clase y pasar de todo, cosa que ahora no puedo hacer. Esto es positivo porque me obliga a seguir adelante. Es una parte de la sustitución.
Pero no todo en esta vida es el trabajo, lo cual a veces es una desgracia, porque sí que admito que hay días en los que deseo que los camiones no lleguen nunca para poder quedarme en la oficina todo el día y así no tener que enfrentarme a la cruda realidad. Pero esto no es sano. De ahí que haya que buscarse unas aficiones que nos ayuden a seguir adelante.
La más común radica en dejarse llevar por el consumismo. Esta la he probado y es bastante divertida. Todos la conocemos, y cuando tenemos una nómina fija es aun más placentera, porque no tienes que preocuparte con que no llegas a final de mes. A no ser claro que te pases con las compras. Pero digo yo que renovar el vestuario o parte de él de vez en cuando siempre sienta bien. Y poder darse un capricho es mejor aun, ya que si no lo hacemos nosotros no lo hará nadie, y quedarse esperando a algo que no llega es una pérdida de tiempo.
Lo malo suelen ser los remordimientos posteriores a la violación de la tarjeta de crédito. Cuando ves que te has comprado calzado abierto a finales de verano, o unas botas en pleno mes de agosto y que no las vas a poder disfrutar en un tiempo. A mí me ha pasado, que fui a comprarme ropa interior sexy, porque uno cuida su imagen bajo la ropa, y me quedé pensando en lo ridículo que es aquello al no tener ya a nadie que pueda verlo. Sí, tengo unos calzoncillos muy morbosos, pero nadie los va a ver, porque ya no tengo pareja que me los quite o que se emocione al vérmelos puestos. Claro que luego me puse a pensar que eso es lo de menos. Porque si me pongo ropa que me gusta, el que se siente bien soy yo, y los demás no me deberían de importar. Nadie sabrá que llevo gallumbos chulos, menos yo, que es al que le debe de importar.
Pero no todo es irse de compras, más que nada porque por mucho que ganas al final llegar a fin de mes en número rojos es una putada. Así que hay que buscarse otras actividades menos caras e igualmente satisfactorias, que te hagan olvidarte de los problemas. Una de ellas es el deporte. Todos conocemos eso de que el deporte es un buen sustituto del amor. Sino los gimnasios no estarían tan llenos de gente. Una buena forma de mantenerse ocupado y de obtener resultados es machacándose el cuerpo con el deporte. De hecho hay un trastorno que se llama vigorexia y que consiste básicamente en la adicción al deporte. Y las adicciones suelen darse en personas con carencias que quieren suplir.
Bueno, pero mientras que te cuides, estés en forma y no te pases, no viene mal pasar un poco de tiempo haciendo ejercicio. Es bueno para la salud y todos sabemos eso de mente sana en cuerpo sano. Así que como sustituto no es de los peores.
Lo malo es cuando recurres a la actividad física en exceso para evitar pensar. Es lo que me contaba mi amigo. Cuando tuvo problemas con una ruptura dolorosa, para evitar deprimirse los domingos por la tarde, ese día que todos los solteros aborrecemos como los demonios a las figuras religiosas, se dedicó a su casita del campo, a labrar, horadar, cortar, podar, y demás actividades que se puedan hacer en el campo. Según él, los domingos se pasaban velozmente, y por la noche llegaba tan cansado que no le daba tiempo a darse cuenta del sufrimiento que padecía. Y así fue pasando el tiempo hasta que el dolor desapareció.
Del sexo como sustituto no quiero hablar, porque es un tema muy tratado ya, y del que sigo pensando lo mismo que entonces: es un error recurrir al sexo como sustituto, porque lo único que vamos a conseguir es hacernos más daño aun.
De lo que sí me he dado cuenta es del por qué de este blog. Me he dado cuenta de que escribir me gusta, de que es una actividad como cualquier otra en la que puedo ocupar mi tiempo libre. Algunos se van de marcha hasta las tantas, otros se evaden con drogas o distintas adicciones, a mí me gusta esto. No es un pasatiempo muy social que digamos, pero es donde encuentro la fuerza para afrontar la realidad que me rodea y que no siempre es alegre.
Todos buscamos una forma de evadirnos de la realidad mediante la ocupación del cuerpo y de la mente. Puedes evitar involucrarte con alguien, y por lo tanto si la cosa sale mal sufrir la ruptura, al no darle la oportunidad de estar contigo porque no tienes tiempo para dedicarle. Puedes llenar el vacío que hay en tu vida social, al hacer un montón de actividades que te mantengan entretenido. Puedes suplir esa necesidad de dar amor y cariño al hacerlo hacia aquella persona que sabes que no te va a fallar, que eres tú. Para ello te cuidas, haces deporte, comes bien, y realizas actividades beneficiosas para ti. Pero hagas lo que hagas, la realidad termina por alcanzarte, y por mucho que lo intentes nunca conseguirás escapar de ella. Si bien tener actividades está muy bien, lo que no es sano es ampararse en ello para evitar vivir lo real. Huir no sirve de nada. Pero también es cierto que a veces necesitamos tiempo para recuperar fuerzas y poder enfrentarnos en otro momento con más energía.

 
Amistad Después Del Amor
Dicen que quien tiene un amigo tiene un tesoro. O que la persona más afortunada de este mundo no es aquella que posee yates, casas en medio mundo y cuentas bancarias que podrían acabar con el hambre en el mundo o por lo menos saldar las deudas externas de muchos países del tercer mundo; sino aquella que tiene a alguien con quien pueda contar.
¿Pero qué pasa cuando ese amigo es tu ex? ¿Podemos superar la ruptura y conservar la amistad? Sé que es un tema tratado a diestro y siniestro, y que cada cual tiene su propia experiencia y sus conclusiones al respecto. Pero no puedo impedir pensar que si cada persona es diferente y cada relación que tenemos es única en su especie, cada ruptura es distinta y por lo tanto sus resultados lo serán también. ¿Qué es más fuerte, el amor o la amistad?
Muchos de vosotros me odiareis por no haber seguido escribiendo, pero todos sabemos que cuando las prioridades de nuestra vida cambian, solemos cambiar nuestros hábitos. En mi caso he encontrado un trabajo que me gusta mucho y que me mantiene ocupado durante la semana, de forma que al llegar a casa no me apetecía ponerme a criticar a nadie ni a nada.
Luego tenía una especie de pareja, por lo que desde el punto de vista sentimental estaba bastante satisfecho. Pero pasa lo de siempre, un buen día te despiertas y resulta que tu vida ha sido destrozada de nuevo por el ente de la ruptura. Las cosas han cambiado, algunas perduran y sobreviven y otras se acaban. Y muchas veces volvemos a aquellos elementos inmutables de nuestras vidas que nos permiten conservar cierta cordura y mantener un punto de referencia que no cambie con las relaciones.
Entonces es cuando, en un esfuerzo por superar el dolor de la ruptura recurro al blog, y a contar a unos desconocidos cibernautas mis desgracias, tal vez porque pienso que al compartir mi sufrimiento, este se mitigará, o al menos que podré ayudar a otras personas, demostrando que a todos nos rompen el corazón.
Tal vez ahora que estoy soltero de nuevo y que en el trabajo encuentro tiempo libre, me pueda volver a poner a quejarme en público y a compartir estas cosas que tiene la vida.
Pero para seguir con la historia que me ha hecho volver a escribir, os pondré en situación brevemente, sabiendo que seré muy reiterativo con este tema, al menos hasta que lo haya superado.
Después de varios meses en los que la relación iba bien, nos dimos cuenta de que esto no iba a ninguna parte, que tan sólo era una ilusión. Por mi lado no tengo ninguna queja, porque a pesar de tener mis problemas y mis defectos, lo teníamos superado. Tengo la conciencia tranquila al haber hecho todo lo que estaba en mi poder para que la cosa saliese bien. Pero la cuestión es que yo no le podía dar lo que él buscaba, por razones obvias. No soy una mujer, no puedo darle hijos, no puedo crear una familia convencional, y sobretodo y lo más importante, en competencia con las mujeres, ellas tienen una ventaja contra la que no puedo luchar: cuando estás en una sociedad machista que ve mal la homosexualidad y te gustan las mujeres y los hombres, la opción más sensata es elegirlas a ellas. La vida es entonces mucho menos complicada y te evitas todos los problemas de marginación y discriminación.
Así pues, él tampoco me podía dar la estabilidad que yo necesito, porque un buen día no iba a aguantar más el tener que vernos a escondidas y todo lo que conlleva vivir dentro de un armario. No se trata de una decisión de cobarde, porque como bien ya he dicho antes, cuando puedes elegir, escoger lo difícil y lo doloroso es masoquismo puro.
Como amigo tengo que apoyarle en su decisión, porque es la más sensata. Yo si pudiese elegir entre llevar una vida segura, o vivir con alguien que sólo me va a traer problemas habría elegido como él. Si pudiese elegir entre un hombre y una mujer, sabiendo que las mujeres me gustan más que los hombres, y que además es todo menos complicado, elegiría a las mujeres. No puedo hacerlo, porque no sería sincero al no gustarme las mujeres, estaría engañándome a mí mismo y a los demás. Pero en el caso de los bisexuales más del lado hetero que gay, entiendo que la elección que ha tomado sea la correcta.
Sin embargo, como ex, no puedo hacerlo, y esta es la encrucijada. Que me encuentro con sentimientos opuestos y eso es muy difícil de llevar.
Cuando cortamos es cuando me di cuenta de lo difícil que es esta situación. Porque cuando he tenido problemas, cuando he estado mal, o cuando he necesitado a un amigo, siempre ha estado él. Me ha dejado llorar en su hombro. Y ahora cuando estuve mal por culpa de esa ruptura, lo más doloroso era no tener a nadie con quien compartirlo, es decir, no poder hablarlo con el amigo con el que más necesitaba hablar.
Si fuésemos esquizofrénicos y pudiésemos cambiar de personalidad como quien cambia de camiseta, pues no habría problema, pero como no es el caso es difícil poder ver a esa persona como un amigo cuando lo que más deseas en el mundo es tenerlo como algo más que eso. No puedes contarle que te han roto el corazón, porque es el responsable de ello. Y tampoco te puedes quejar o pedir consuelo, porque es pedírselo a la mano responsable de tu dolor.
En esos momentos es cuando realmente me di cuenta de lo fastidioso que es ser amigo de tu pareja, porque cuando pierdes a la pareja es muy posible que pierdas al amigo. Aunque no siempre es así.
En este caso se trataba de una relación que estaba agonizante, desde el verano habíamos quedado en que seríamos amigos ante todo, y que como él no me podía dar lo que yo pedía y merecía, no quería hacerme daño. Hasta ahí todo bien. Pero el problema es que cuando tienes un amigo con el que mantienes una relación de más que amistad, al final las fronteras se hacen difusas y no sabes muy bien donde estas. Y al final terminas en un error.
Digo que es un error, porque el corazón es caprichoso, y a pesar de que la razón te diga que sólo sois amigos, aunque haya sexo y mucha intimidad, él se cree que sois pareja, y al final termina rompiéndose, cuando la sensatez te decía que no había riesgo. Ahí es donde es muy cierto cuando dicen que cuando se juega con fuego se acaba quemándose. Si te arriesgas a la amistad con derecho a roce, si el roce es suficiente puedes empezar a tener sentimientos románticos hacia la persona, y si no son correspondidos, como suele pasar en la mayoría de los casos, acabas mal. Y puede ser peor, porque no sólo vas a perder a esa persona como pareja, sino que puedes llegar a perder su amistad. Y cuando tus amigos no abundan, es un precio muy alto a pagar.
De ahí que muchas veces pierdas amigos por haber tenido roce con ellos. Aunque se supone que al final la amistad siempre triunfa. Pero en la realidad no sabemos si es el caso, ya que la ficción muchas veces se queda en pura fantasía.
Por ejemplo, en Anatomía de Grey, por seguir una serie de gran audiencia últimamente, cuando ella se acuesta con su compañero de piso, pierden la amistad. Claro que al final es más fuerte la relación previa a la cama y terminan reconciliándose. Pero claro, esto es una serie de televisión, no nos podemos fiar.
Otros casos como en Friends tienden a otra opción. Cuando Rachel y Ross lo dejan, se quedan como amigos, tardan mucho tiempo en superar los rencores que tienen, pero lo hacen con la ayuda de los compañeros. Sin embargo al final terminan juntos, con lo cual en este caso el amor es más fuerte que la amistad. Sinceramente es un final demasiado feliz.
Lo mismo pasa con Sexo En Nueva York. Durante 6 temporadas tenemos la relación entre Carrie y Mr Big. Al principio son amantes, luego novios, luego cortan, intentan ser amigos, no lo consiguen, vuelven a liarse, lo dejan, se hacen amantes, y al final él se marcha de la ciudad y quedan como amigos con derecho a roce. Y cuando todos pensábamos que ya habrían acabado con su historia como una amistad especial, terminan juntos, y felices. Por lo tanto aquí también triunfa el amor sobre la amistad. Pero no me haré ilusiones al respecto.
Simplemente soy consciente de que en este caso él no es para mí. Y lo doloroso del asunto es saber que la persona que más se adecua a lo que buscas, aquel ser que es perfecto para ti, no lo es, no le puedes tener. Básicamente es lo mismo que si te tocan todos los números de la lotería de Navidad, menos uno, entonces obviamente no te tocan ni las gracias. Al menos eso me han dicho, que a seguir jugando. Pero aun así ese sabor amargo de casi haber conseguido lo que buscas es un consuelo bastante rancio. Nos toca pensar que algo mejor llegará, o que estamos casi llegando a la meta, que nos queda poco, y que cada vez estamos más cerca. Tenemos que sacar fuerzas de donde sea para poder conservar viva la esperanza de que esa persona que anhelamos exista y que la vamos a encontrar. A pesar de todos los palos y las malas pasadas que nos de la vida hay que seguir luchando por lo que queremos.