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Khayman en la Ciudad
Comentarios sobre la vida
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Se trata de una columna en la que me gusta publicar mis impresiones acerca de la vida, el sexo, en fin, muchas cosas, ..."Disfrutenla"
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Las Dos Caras De La Verdad
Para los que leéis a menudo mi blog, a pesar del parón que tuve hace unos meses, sabréis que yo siempre digo que hay que decir siempre la verdad y que hay que ser sinceros. Pero esto no siempre es posible ni es algo que recibamos a cambio de lo que damos. Es cierto eso que dicen de que la verdad duele, por lo tanto lo realmente importante no solo es difícil de obtener, sino que a veces el esfuerzo no compensa. Muchas veces ocultamos las cosas por no hacer daño o simplemente porque las personas a las que dicha información concierne no será capaces de aceptar lo que eso conlleva.
En un mundo en el se cuida más la apariencia que la esencia, ¿podemos ser realmente sinceros? ¿Existe realmente una verdad absoluta que nos exima de toda la falsedad? ¿Y si realmente lo hace merece la pena el esfuerzo que ello conlleva?
De pequeño siempre me han enseñado que antes se coge a un mentiroso que a un cojo. Pero bueno, esto es sólo la teoría porque luego la práctica es otra cosa.
Para empezar, cuando somos niños, lo primero que hacen los padres es mentirnos. Se inventan un montón de mitos sobre la Navidad o sobre los dientes de leche, y otros eventos de la vida. Como si con esto no fuera suficiente, nos engañan con cuentos populares de lobos que se comen a alas abuelitas, de sirenas y de brujas. Y luego, cuando ya nos lo hemos creído todo, porque somos crédulos, van y nos dicen que todo eso es mentira, y que encima solo los críos se lo creen, que debemos demostrar que somos personas maduras al olvidarnos de esas cosas y al ser unas personas incrédulas. Básicamente nos destrozan la ilusión a base de engaños.
Esta claro que su intención no es más que hacernos tener una vida mejor y sin complicaciones, que a través de ese mundo de fantasía creen que podremos ser felices y vivir la infancia sin preocupaciones. Es una forma de hacer que todo sea más sencillo e inocuo ya que el mundo real es solo dolor y sufrimiento.
Así pues, por un lado nos enseñan a no mentirles a ellos, pero ellos si que nos pueden engañar a nosotros, gracias a ese vínculo unilateral de confianza y poder que ejercen sobre nosotros. La doble moralidad es algo que aprenderemos desde la infancia. Hay cosas que son mentiras y están castigadas y hay otras que a pesar de ser mentiras no están penadas.
Probablemente cuando sea padre tenga que engañar a mis hijos como lo hacen todos, ya que la conclusión a la que he llegado es que cuando somos niños no tenemos la fuerza suficiente para soportar todo lo que la verdad conlleva. Y a veces incluso cuando somos adultos carecemos de ella.
El mundo de la mentira es el mundo de los adultos, de hecho dicen que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad. Por lo tanto únicamente cuando estamos en estado de embriaguez, si ya somos adultos, somos capaces de soportar el peso de la verdad. El resto del tiempo hemos de adornarlo todo con un montón de condimentos que nos ayuden a tragar lo que la vida nos aporta.
Básicamente podría ser como comer caracoles. La realidad es una cosa viscosa y babosa que muchas veces nos da asco y que para poder tragarnos tenemos que embellecer con múltiples salsas que son las que le dan un sabor agradable y poder de esa forma engullirlo.
El caso es que muchas veces nuestros mayores se comportan de esa forma por simple miedo a hacernos daño y por afán de protegernos. Porque esta claro que a corto plazo la mentira es segura, pero a largo plazo no, y ellos muchas veces solo se preocupan en el corto término. Lo cual es todo en su honor, pero cuando llegamos a cierta edad ya no podemos permitir esas cosas.
El caso es que cuando nos hacemos mayores, la VERDAD y la verdad son dos conceptos algo confusos en nuestra vida, porque por un lado sabemos que algunas cosas no las podemos decir por miedo a hacer sufrir a los demás y hay otras cosas que no las decimos por no hacernos sufrir a nosotros mismos.
Las dos caras de la verdad aparecen en ese momento, cuando las cosas dejan de ser absolutas y se vuelven relativas.
El caso más común de esto a lo que me refiero es cuando hay problemas familiares, sobretodo de salud, y están los familiares lejos. En tal caso, me fijo en lo que pregonan mis padres, porque suele ser bastante controvertido. Por un lado, cuando concierne a los demás, si tienes la mala idea de ocultarles la verdad, te comen vivo. Si estas de viaje en el otro lado del globo y te enfermas, lo peor que puedes hacer es decir que todo va bien, porque cuando te pillen te machacan. Sin embargo cuando es el caso contrario, cuando son ellos los que están a miles de kilómetros, no puedes pedir ningún tipo de respuesta ni de sinceridad. La excusa que ponen siempre es la de no querer preocuparnos, la de no asustarnos ni alarmarnos y de que no podríamos hacer nada en la lejanía más que sufrir. Es una bonita excusa, el problema es que no es nada recíproca.
Esto viene a ser que hay casos en los que la mentira, que algunos llaman puerilmente piadosa, se hace realmente útil, porque nos puede sacar de un apuro peor. Es cierto que hay casos en los que el remedio es peor que la enfermedad. Algunas personas no son capaces de soportar la verdad o los errores que cometen, y en lugar de ello debemos adornar la realidad. Por ejemplo, conozco casos de cuernos en los que las parejas prefieren no saber lo que hay con eso de que “ojos que no ven, corazón que no siente”. Es cierto que el saber las cosas nos hace más vulnerables, sobretodo cuando se relaciona con temas del corazón. Porque por mucho que digan, en cuestión de sentimientos siempre es difícil conservar la cabeza fría y no sufrir.
Por eso muchas personas prefieren crearse una realidad alternativa en la que viven mucho más a gusto que en la verdadera. Se convencen de que lo que hacen o cuentan es cierto, y esa seguridad en sí mismos es la que hace que esa mentira se convierta en una verdad, y no en la VERDAD. Lo cual la hace casi tan factible como la real. La cuestión de base es evitar problemas, y muchas veces la única manera de hacerlo es esconder todo aquello que no va a ayudarles a sobrevivir.
No quiero apoyarme en los dichos populares, pero la gran mayoría de ellos suelen describir mejor que nadie el pensamiento general de la gente. Después de aquel que nos previene del peligro de “ver” las cosas, está aquel de “el fin justifica los medios”. Es decir, que si tienes que mentir para conservar a tu pareja, para que tus padres nos e enteren de tu orientación sexual y se queden traumatizados, o si tienes que engañar a tus compañeros de trabajo para que no te discriminen por tu forma de ser; pues en esos casos se puede no decir la verdad.
Yo siempre he pensado que decir la verdad siempre es lo correcto, pero admito que haya casos en los que el mal que esto nos aporte sea superior al beneficio, y tonto no soy. En eso soy muy de económicas, es decir que si el beneficio es negativo no merece la pena el esfuerzo.
Sin embargo podemos nadar entre dos aguas cuando las cosas no son muy católicas. Hay casos en los que la verdad es perjudicial, sí, existen casos en los que ser sincero es malo, en los que la moralidad se invierte y en los que mentir es lo único realmente valiente y sensato que podemos hacer.
En tales casos yo siempre digo que hay una diferencia entre mentir y no decir la verdad. Yo siempre intento ser correcto y que no me puedan reprochar nada, por lo que mentir no suele ser una práctica que me guste realizar. De ahí que busque la alternativa políticamente correcta a la mentira, que viene a ser el no decir la verdad. Aquellas personas extremistas solo reconocen dos polos: la verdad y la mentira, el bien y el mal, la virtud y el pecado capital. Es decir que para ellas o dices la verdad o mientes. Pero yo no lo veo de esa forma tan tremendista. Hay veces en las que dices la verdad, y otras en las que no dices la verdad, pero no llegas a mentir tampoco. Un ejemplo podría ser entre decirle a alguien “eres feo”, lo cal sería la verdad, o decirle “eres guapo”, lo cual es obviamente una mentira; pues yo prefiero el término medio que sería decir algo así como “no eres guapo, pero algo tienes”. Y ahí me acusareis de ser falso por intentar ser políticamente correcto.
Puede que mi ejemplo no sea muy adecuado, pero todos sabemos que hay un momento en el que debemos afrontar esa pregunta de por qué no queremos nada con esa persona que siente algo por nosotros y que no es correspondida. No puedes decirle la verdad porque le vas a hacer daño, pero la mentira también es dolorosa, incluso más que la anterior. Por eso siempre os aconsejo ser coherentes e intentar ser políticamente correctos.
Porque lo más importante en esta vida es ser consecuentes con nuestras acciones y recordar que el universo tiende al equilibrio. Cosa que mucha gente no cree, pero bueno, cada cual con sus creencias. Pero sí que os habréis dado cuenta de que la mayoría de veces toda acción tiene su consecuencia, que todo lo que hagamos a los demás nos será devuelto, por lo que os aconsejo que no le hagáis a los demás lo que no queréis que os hagan ellos. Y con eso yo creo que las cosas nos irían a todos mejor y no tendríamos tantas razones por las que sufrir.
 
Los Atascos
Cuando entras en el mundo laboral sueles empezar a fijarte más en los horarios. Mucha gente dirá que cuando estudias también estás sometido al tiempo, pero no es lo mismo, al menos no cuando estás en la universidad. Porque allí es cierto que las clases siempre tienen un horario fijo pero no te obligan a asistir a clase, por lo tanto muchas veces da lo mismo llegar tarde o incluso no ir. Pero cuando estas trabajando la puntualidad suele ser algo que no sólo valora la empresa sino que lo exige.
Hasta ahí las cosas serían sencillas, porque bastaría con ser puntual. Ahí es donde entra el título de mi artículo, porque las cosas nunca son tan fáciles. Llega un momento que te acostumbras a pasarte media vida metido en el coche o en el autobús atrapado en un atasco de carretera, muchas veces ocasionado por razones que no llegas a entender.
En un mundo en el que cada familia tiene por lo menos un coche, donde la gente no sabe ir a comprar el periódico si no es motorizado, llega a ser algo lógico que se monten follones en las horas punta. Lo raro sería que con tanto tráfico la cosa fuera mucho más fluida y sin problemas. En esos momentos de “ocio” ¿cómo conseguimos no morirnos de aburrimiento? ¿Qué hace la gente durante los atascos? ¿Realmente podemos no subirnos por las paredes de tanto esperar? ¿Cómo podemos evitar desesperarnos en esos momentos?
Lo cierto es que cada cual se busca la solución que más le conviene en cada situación. Y lo divertido es ver cómo se comporta la gente en situaciones extremas como puede ser pasarse una hora en un atasco para hacer solamente 12 Km.
Yo por mi parte suelo ir escuchando la radio por las mañanas que echan un programa de humor, con lo cual empiezo el día de de buena manera y me tomo las cosas de forma positiva. Porque si soy sincero, por las mañanas no soy la persona más agradable del mundo o mejor dicho, por las mañanas estoy de muy mala leche y meterme en un atasco por cualquier chorrada no sería aconsejable. Por lo tanto he decidido tomarme las cosas con filosofía e intentar que por las mañanas no me corroa la mala leche.
El caso es que si alguien pasa al lado mío pensara que estoy loco, porque voy en el coche muerto de la risa, y bueno, es cierto. Me gusta mucho porque me lo paso bien y cuando hay atasco me lo paso mejor porque sé que voy a tener que oír ese programa durante más tiempo con la excusa de que no puedo ir más rápido con el coche. En realidad se tardan 20 minutos en llegar desde mi casa hasta el trabajo, pero por las mañanas por culpa del tráfico se puede llegar a alargar ese tiempo hasta una hora entera de conducción. Así pues tengo más tiempo para disfrutar de un momento de risas.
Pero las risas no vienen sólo de lo que oigo por la radio, sino también de lo que veo que hacen los vecinos de los coches de al lado. Porque mucha gente va en el coche como si no les viese nadie, es decir que se abstraen totalmente de la realidad que les rodea.
Lo más común es la prospección nasal en busca de petróleo. Pues sí, es lo que hace la gente cuando está en el coche atrapado en un atasco. Parece ser que no se dan cuenta de que la gente de los coches de al lado les ven, o mejor dicho que sus lunas no son de esas que llevan los famosos que no se ve desde afuera para adentro. La intimidad de un coche está comprobada, pero vamos, que los de al lado no necesitamos saber si han encontrado oro o si van a poner una plataforma petrolífera en sus fosas nasales.
Y todavía no es lo peor. Lo chungo es ver qué es lo que hacen con lo que han encontrado en sus investigaciones profundas. Porque si algunos utilizan lo que han encontrado para bombardear a los coches de al lado o bien como proyectiles para matar mosquitos, hay otros que los utilizan como sustento para no morir de hambre durante la espera. Porque claro pasarse tanto tiempo metido en el coche sin saber si vas a llegar a tiempo o simplemente si vas a llegar algún día, puede dar miedo y crearnos la paranoia de que nos vamos a morir de desnutrición en mitad del atasco. De ahí que muchos reciclen ese tipo de materia orgánica. Cosa que no necesitamos ni ver ni saber. Por favor, que se esperen a que nadie les vea para hacer esas guarradas.
Claro que si vemos las cosas con cierta objetividad es casi mejor lo de las guarradas a algunas cosas que hace la gente que resultan realmente peligrosas. Una de ellas solo concierne a las mujeres, y bueno, a un número extremadamente reducido de hombres, heterosexuales al menos. Me refiero a esa manía de maquillarse en el coche en los semáforos o en los atascos. Eso de pasarse el rato pintándose los labios, lo ojos o quien sabe qué puede ser práctico en ciertos casos. Si sabes que salgas a la hora que salgas te vas a tirar unos 45 minutos en el coche, puedes permitirte dormir un poco más por la mañana y dedicas ese tiempo al maquillaje. Sería de tontos no aprovechar ese tiempo para las cosas que te evitas al despertar y así quedarte más rato en la cama. Pero eso es peligroso. Por un lado ellas no se fijan en la carretera y pueden ocasionar algún accidente de forma directa, y por otro lado está la generación de accidentes involuntarios ya que distraen al conductor de al lado que se queda mirando las caras que ponen. Distraen a los demás poniendo caras raras delante del espejo, cosa que si hacen en la intimidad no supone nada, pero que si lo hacen en la falsa intimidad del coche, sí que les vemos.
Si bien esto puede ser peligroso porque no quedemos mirando las cosas que consiguen hacer con las arrugas de la cara, los chungos son aquellos que leen en el coche o que hacen ese tipo de cosas. Porque el maquillaje y las prospecciones son arriesgadas, pero no terminan de distraer la atención de la gente. Es increíble que algunas personas se atrevan a leer el periódico en el coche o incluso a estudiar los apuntes para el examen al que van conduciendo. Igual lo que quieren es no llegar a hacer el examen, o tal vez estén leyendo un libro de ciencia ficción y se crean que viven en ese mundo fantástico y futurista donde se programa la trayectoria del coche y el ordenador de a bordo es quien conduce y no tu. O tal vez piensen que van en un avión y con poner el piloto automático basta.
La DGT se queja de que no hay que hablar por teléfono cuando vas con el coche, pero esto es mucho peor. Porque lo del móvil es solo hablar, pero aquí es directamente leer y por lo tanto apartar la vista de la carretera. Si tú te pones a hablar por teléfono seguro que te ponen una multa que se te cae el pelo. Pero si ellos se leen la sección entera de deportes no pasa nada, porque así al menos ponen al día al guardia civil de quien ha ganado el partido. O simplemente tienen la suerte de que nadie les pilla, lo cual da mucha más rabia.
Total, para lo que se avanza en un atasco te puedes permitir al menos informarte de lo que pasa en el mundo, de enterarte del tema que te perdiste en clase, o de recuperar aquel que no has llegado a empollarte la noche anterior. Incluso algunas veces puedes terminar de leer aquel capítulo del libro que estas leyendo y que tan intrigado te tiene.
En el fondo se trata de recuperar el tiempo perdido durante el atasco, no van a llegar antes, pero si pueden hacer esas cosas que se han dejado de lado por no salir más tarde. Aquellas que prefieren dormir más tiempo se dejan la sesión de retoques varios para ese momento, los que quieren estar al día lo aprovechan para informarse, y aquellos que se han pasado la noche haciendo de todo menos estudiar, pues utilizan esos valiosos minutos para aprenderse aquellos temas que seguro que caen en el examen.
Lo curioso de los atascos es que son inevitables. Porque yo he podido comprobar que es como predecir el tiempo. Nunca aciertas. He probado a salir 10 minutos antes de mi casa y el resultado ha sido llegar 20 minutos tarde. He probado a salir a la hora en punto, y he llegado 5 minutos tarde. Incluso he probado en salir 10 minutos tarde, y el resultado es el mismo que en los casos anteriores. Siempre está la opción que aconseja mi madre, que es la de salir media hora antes de la hora prevista, y así seguro que llego puntual, es decir que llego antes de la hora de entrada. Pero a mi personalmente no me compensa. Al final haga lo que haga siempre llego tarde o con un retraso mínimo de 5 minutos el día que menos tardo. Al final lo he dado por imposible. Porque al final es inevitable.
Mucha gente dirá que es cuestión de salir antes o de cambiar de itinerario y escoger uno más corto. Lo de salir antes tiene razón, si directamente no me voy del trabajo por la noche, seguro que al día siguiente soy el primero en llegar, porque de lo contrario tendría que hacer noche en la carretera. Y lo de cambiar de camino también vale, pero lo malo es que todo el mundo piensa lo mismo, y al final nos encontramos todos los de siempre en el mismo atasco, pero en lugar de en el centro por la autovía. Al final hagas lo que hagas, salgas a la hora que salgas y vayas por donde vayas vas a pillar el atasco.
Como es algo inevitable, no merece la pena amagarse con ello, como muchas personas que las ves rabiando al volante o intentando ir lo más rápido posible, porque van a llegar tarde. Tenemos que resignarnos y dejar de pelear con ello, es imposible evitar el atasco. Así que hay que tomárselo con filosofía e intentar buscar una forma productiva e inocua de pasar ese rato metido en el coche. Lo cual al final terminamos por hacer por pura costumbre.

 
Las Elecciones (O Los Descartes).
Sé que este título suena muy provocador, y más en las fechas en las que estamos, pero es algo en lo que llevo pensando un par de semanas, y ha dado la fatal coincidencia que hoy me he decidido a hablar de ello.
Obviamente con este artículo no me refiero a las elecciones políticas, ni las de los delegados de case o de los enlaces sindicales. Me refiero a cuando le damos la elección a las demás personas sobre temas que nos conciernen. Cuando sales con alguien y le das a elegir la película que vais a ver, o bien la cena que vais a comer o adonde vais a pasar las vacaciones. Pero no solo sucede en pareja, también pasa con los amigos o la familia. O simplemente cuando hay que decidir una cosa entre dos opciones.
Hoy en día si nos fijamos en las ofertas que nos rodean, nos daremos cuenta de que incluso para una chorrada como puede ser el papel del WC, que al final va a terminar donde todos ya sabemos, nos dan a elegir entre tropecientas variedades diferentes. En el mundo de las decisiones, las opciones y las elecciones, ¿somos realmente libres de decidir? Cuando el objeto de la duda se convierte en nosotros mismos ¿nos queda la esperanza de ser los elegidos? ¿qué sucede con los descartes? ¿adonde vamos cuando somos rechazados a favor de alguien o de algo mejor?
En el mundo de la música, el tema de los descartes suele tener mucho gancho y dar mucho de sí. Sobretodo cuando se trata de artistas muy famosos o fallecidos en plena gloria. En el caso de Aaliyah, los descartes de sus discos anteriores han servido para sacar un recopilatorio y luego otro álbum más después de su muerte, y así seguir el filón que suponía la cantante. Es un tema que suele emplearse mucho por las empresas discográficas. Siempre se guardan esos temas ocultos, que no fueron elegidos en su día para ver la luz en su respectivo momento, y así poder chupar de la teta un poco más.
Muchos artistas suelen reutilizar esos temas que han sido rechazados en un primer momento para fines lucrativos. Lo curioso es que algunas veces se dejan de lado verdaderas joyas para privilegiar a temas más comerciales pero vacíos, que tal vez pegan más con la moda del momento. El espacio que dedican al disco suele ser relevante a la hora de decidir qué temas se incluyen y cuales no. Por lo general, a pesar de que los CD’s de hoy en día tienen capacidad de albergar hasta 80 minutos de música, no suelen durar más de 60, y llevar unos 10 o 12 temas. Los demás, que podrían llenar el espacio en disco se desechan o se dejan de lado para futuros momentos de penuria creativa o monetaria.
Algunas discográficas suelen reutilizarlos para fines económicos, al agregarlos a ediciones especiales de los LP’s, re-ediciones o incluso caras B’s de los singles más vendidos y así, de paso, se aseguran que los fans del artista van a procurarse absolutamente todos los discos que saque. Y si no, se los guardan a buen recaudo y les echan mano en caso de necesidad.
Lo mismo suele suceder con el mundo del cine, donde las escenas eliminadas suelen encontrar su refugio en el DVD como material adicional, o como forma de rentabilizar un lanzamiento para uso doméstico. Las ediciones especiales, nuevamente, vuelven a ser las que recuperan esos descartes para darles un poco de interés a los compradores, para incitarles a consumir, ya que van a tener algo que no se ha visto antes (más que nada porque nadie lo quería en su momento).
En conclusión se puede decir que ser un descarte en el mundo del arte no es mala cosa, porque tarde o temprano sales a la luz e incluso puedes tener mucho más éxito que el tema, el video o la escena por la que te han dejado de lado.
Cuando hablamos de personas ya no es tan fácil ser objetivo e imparcial, porque entran en juego los sentimientos de las personas.
Por un lado siempre he dicho que no hay que ser segundo plato de nadie. Porque no nos debemos de conformar con ser la segunda opción de la gente. Y esto suele pasar muy a menudo. Porque por lo general quedarse en reserva no suele decir mucho a favor de lo que la persona piensa de nosotros, que no valemos lo suficiente para ser una primera opción, pero que sí lo bastante como para dejarnos perder. Es decir, que nos consideran un salvavidas.
Me he dado cuenta de que la gente siempre suele tirar a lo más fácil cuando se les da a elegir. Por lo general siempre prefieren lo conocido, lo fácil y lo seguro ante la posibilidad de tener algo más. O al menos es lo que me ha venido a pasar últimamente.
No es que me queje, o sí, pero es que me ha parecido curioso que siempre soy yo el que les da a los demás la posibilidad de elegir. Y al final si el objeto de litigio soy yo ante algo más simple (ser soltero y putero) siempre salgo perdiendo yo. Lo cual es curioso porque la excusa siempre es la misma, y no la pongo en duda, pero al igual que los descartes parece ser que es preferible dejarme de lado porque soy demasiado bueno para ser un single... bueno, yo sinceramente no lo entiendo bajo esos conceptos, simplemente pienso que es más fácil pasar que involucrarse.
Recuerdo que en el instituto siempre nos decía lo mismo la profesora de matemáticas y luego las demás de ciencias: cuando tenéis dos teorías, siempre la más simple es la correcta. Es cierto que a mayoría de las veces en cuestiones científicas viene a ser verdad. Casi siempre la respuesta más corta y más fácil es la que sirve. Lo mismo cuando estaba en la autoescuela, el profesor siempre me decía que cuando tenia dudas entre dos respuestas posiblemente correctas, que siempre optase por la que más seguridad entrañaba, porque era la correcta. Y en los exámenes de tipo test, dicen que la correcta es la que primero hemos elegido, porque las dudas que tengamos después son las que nos van a inducir a error.
Lo cierto es que cuando tienes la posibilidad de escoger entre dos opciones, siempre vas a pillar la que más te interesa, la que más te aporta, o el menor mal de ambos. Porque seamos sinceros: todos somos egoístas y al final pensamos únicamente en nosotros mismos. Todos hemos tenido el momento elección de equipo cuando éramos pequeños y nos tocaba hacer deporte. Algunas personas aun siguen en esa etapa, pero otras muchas ya lo hemos dejado atrás, olvidando el mal rato que nos hacían pasar. En mi caso, como yo siempre he sido más bien estudioso, al menos hasta que llegué a la universidad y las tornas se cambiaron, el deporte siempre fue algo secundario, y como tal no era bueno en ello. De hecho recuerdo que siempre era el último a ser elegido para formar parte del equipo de fútbol, de baloncesto o de balonmano. Después del tullido, del cojo o del tuerto me tocaba el turno a mí. La verdad es que se podrían haber ahorrado el esfuerzo, porque a los cinco minutos de haber empezado el partido me sacaban a chupar banquillo. Por lo tanto no había forma humana de mejorar en el deporte y por lo tanto de poder ser mejor elección de la que ya era. Por un lado era malo y si encima no me daban la oportunidad de aprender, pues no podían pretender que mejorase.
Pero no siempre tenía tan mala pata. Porque sí que había deportes en los que o bien elegía yo o bien era el primero a ser escogido. En natación, por ejemplo, siempre hacia equipo yo, y cuando se trataba de carreras de relevo, me ponían siempre como el primer elegido o el que tenía que recuperar, porque sabían que el equipo ganador era en el que yo estuviese. Si bien eso es halagador, es una mierda cuando lo piensas en frío o con alguna perspectiva. Esos compañeros que tanto me hacían la pelota y que dependían de mi en los deportes acuáticos, eran los que me dejaban tirado en los demás.
Si yo no hubiese sido ideal para su finalidad, que era la de ganar los partidos o las carreras, hubiesen pasado de mí como en otras ocasiones ya lo hicieron. Y luego dicen que no son egoístas.
En las relaciones viene a ser muy parecido. Si la persona que tienes delante te ofrece lo que buscas la eliges, y si te pone alguna pega o si el esfuerzo no merece la pena, pues pasas, y mala suerte. No tiene más miramientos, es una decisión y punto. La última vez que me sucedió fue en un caso en el que podría haber pasado un fin de semana conmigo y en lugar de ello prefirió irse de marcha a otra ciudad. En lo que me concierne me queda claro que esa persona ha elegido algo en lo que salgo perdiendo y que no me merece la pena ser perdedor en ese tema. Puede sonar a soberbia o a prepotencia, pero creo que si no ponemos límites nosotros mismos al final terminamos cediendo hasta el punto de ruptura. Que yo no valgo más que una salida por Murcia, pues está claro que esa persona no merece a pena que pierda mi tiempo con ella. Después de todo, puede que no sea yo el que elige, pero sí soy yo el que toma la última decisión acerca de si vale la pena darle una segunda oportunidad o no.
Hay otros casos en los que soy consciente de que lo que ofrezco no compensa a la otra persona y no tengo más remedio que tragar y aceptar la derrota. Pero siempre me queda la esperanza de que un día sí que valga la pena el esfuerzo y me elijan a mí. Sin embargo yo no soy una persona pasiva de las que se quedan esperando bajo la lluvia a que llegue la persona indicada, sino que prefiero luchar o al menos ponerme a salvo. La mejor manera de evitar ser descartado (cosa que no pueden hacer las canciones) es ser el que elige, ya que seremos nosotros los que llevamos la sartén por el mango.