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Khayman en la Ciudad
Comentarios sobre la vida
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Se trata de una columna en la que me gusta publicar mis impresiones acerca de la vida, el sexo, en fin, muchas cosas, ..."Disfrutenla"
Sindicación
 
El Amanecer de Los Muertos.
Después de leer lo que escribí en mi último artículo, no quiero que parezca que soy un derrotista o una persona pesimista, ni quiero transmitir un mensaje de desánimo a la gente que pueda leerlo. A pesar de que las previsiones no sean nada alentadoras siempre hay que conservar la esperanza de que todo puede mejorar. De ahí que quiera tomarme un tiempo para poder mostrar que de todo hay que saber sacarle partido, o al menos que se le vea la parte menos negativa y así podemos seguir teniendo esperanza.
No sería la primera vez que hago esto. De hecho hace ya tiempo escribí una trilogía de artículos sobre la soltería, que algunos de vosotros recordareis. Aquí no pretendo hacer lo mismo, y dado que llevo ya casi un mes sin escribir nada porque en el trabajo no me dejan ni a sol ni a sombra, muchos ya habréis olvidado lo último que dije. Pero nunca es tarde para redimirse.
Tenemos tendencia a decir que aquellos que lo ven todo negro son pesimistas y los que lo ven todo de colores son gente positiva. Pero esta claro que la vida y el universo entero no son ni en blanco y negro ni de colores. Según el momento las cosas nos pueden parecer una cosa y luego se convierten en otra totalmente diferente y que nos puede sorprender.
Cuando hablamos del corazón siempre me he preguntado cuántas veces nos pueden romper el corazón antes de que el daño sea irreparable. ¿Cuántas veces podemos aguantar una decepción amorosa? ¿Cómo podemos crearnos una armadura lo suficientemente dura como para que nos proteja, pero sin que nos anquilose? ¿Qué tenemos que hacer para que las cosas no nos afecten tanto?
Esta claro que lo primero es ver las ventajas que cierta situación pueda aportarnos, aunque sean muy pequeñas.
En artículos anteriores parece que ser hetero es lo mejor de este mundo, y que por el contrario la vida gay solo sea algo negativo. Pero las cosas nunca llegan a ser tan simples, e incluso una vida de superficialidad puede tener sus recompensas.
Cuando oigo hablar a mis compañeros de trabajo es algo de lo que me hago consciente. Vale que yo no tenga una pareja que me espere en casa todos los días cuando llego, pero tampoco es para tanto. De hecho ellos la tienen y no la saben aprovechar. Tan sólo es necesario oír la forma que tienen de pasar de sus mujeres o como le hablan a sus maridos para que sea patente que en muchas ocasiones no valoran a esa persona.
Alguna que otra vez he oído el comentario típico de que ya saldrá del trabajo cuando sea, que es eso lo que les da de comer, de que si no ha llegado el camión y se tiene que quedar que mala suerte. O incluso eso de “no seas pesada y vete tú a sacar el perro sola”. Esto no es todo. Sé que cuando se trabaja en algo que nos ocupa mucho tiempo no tenemos ningún momento en el que nos acordemos de llamarles o de mandarles un mensaje. Ayer mismo me lo comentaba mi amigo C. con el que llevo esa relación tan rara de la que he decidido dejar de darle vueltas a la cabeza intentando definirla en el espacio y en el tiempo. Hay cosas que simplemente no se pueden determinar ni delimitar sino que ahí están como grandes bichos que no podemos concebir y que sin embargo existen. No nos los podemos explicar, pero ahí están.
Pero sin irme por las ramas, algún día ya hablaré de esas cosas que no tienen nombre, ayer me mandó un mensaje preguntándome que tal estaba de mi resfriado. Lo cierto es que se agradece que alguien se preocupe por uno. Y lo malo es que cuando es al revés yo ni me acuerdo de mandarle un mensaje ni nada. Estoy todo el día liado con el trabajo y paso mucho de las demás cosas. Ahí acaba la similitud con mis compañeros. Porque para ellos irse a su casa y enfrentarse con la familia es una calamidad tal que prefieren quedarse a hacer horas en el trabajo. No es mi caso, yo aunque no tenga a donde ir o aunque no tenga con quien ir, prefiero irme a casa que quedarme aquí.
Todo esto para decir que muchas veces nos quejamos de que nuestras vidas están vacías porque eso de tener pareja es algo que las debería de llenar y no es el caso. A veces los amigos bastan. Y con eso quiero decir que algunos de mis compañeros que están solteros lo que desean es acabar el día de curro para poder irse a casa ducharse y salir con los amigos a tomar un café, unas cervezas o incluso para salir de marcha.
Otra de las cosas, que ya sonará a tópico, que he aprendido en el trabajo, es que los hombres casados ya no tienen sexo. Es una verdad como un templo romano de grande. Es cierto que se pasan el da quejándose de cosas que no tienen sentido o que no deberían de quejarse. Pero en este tema en particular es una generalidad aplastante. Absolutamente todos se quejan de lo mismo. Ellos ya no mojan el churro ni pagando.
Una vez más la diferencia entre solteros y casados es abismal. Si bien algunos llegamos a veces contentos al trabajo gracias a un kiki furtivo, los casados siempre tienen las mismas caras grises. Probablemente la pasión se acabe, dado que muchos ya son bastante mayores, pero lo cierto es que entre los jóvenes casados lo que les mata es la paternidad. Con un hijo en casa ya no encuentran tiempo para la pasión.
Lo cual me deja qué pensar. Porque, si bien, es muy bonito tener descendencia, una pareja que te espere en casa y un crío con el que jugar el fin de semana, a veces no termina de compensar. Ningún mundo es perfecto. Eso está claro. Ellos no tendrán emociones fuertes en sus vidas, pero tienen una estabilidad sentimental que roza la fosilización de sus emociones.
Los solteros no tenemos estabilidad emocional, incluso algunas veces nos creamos una falsa situación de pareja para poder sentirnos cómodos, pero nunca llegamos a tal estado de aburrimiento al que llega la gente casada. De ahí que ellos se busquen actividades que les aporten algo de vidilla. Incluso algunos llegan hasta irse a burdeles...
La diversión es algo de lo que los hombres casados carecen, y de las mujeres casadas ni hablemos, porque la mayoría recurre a la típica excusa de la limpieza para canalizar sus emociones o para darle salida a tanto aburrimiento. Esto es una imagen que todos tenemos en nuestras mentes, aquella de la mujer, ama de casa que se pasa el da limpiando y que tiene su casa como una patena, porque combate la suciedad como metáfora de su combate contra el aburrimiento. Son las heroínas de unas fantasías en las que sus enemigos son villanos sucios (literalmente) y combaten el crimen de sus viviendas.
Al final cada cual encuentra una manera de darle salida a la frustración que tiene por dentro. Ellas de esa forma y ellos con actividades extra matrimoniales muy variadas, que van desde aprender a pilotar avionetas hasta empezar a ligar con gente de su mismo sexo.
Un problema que viene también relacionado con la heterosexualidad es la función básica de la reproducción. Las mujeres tienen un reloj biológico que va más rápido que e de los hombres, y si bien ellos desean más sexo que ellas, ellas lo utilizan como un cepo. Ellas lo utilizan para cazar a los hombres que se dejen tentar por esa estabilidad digna del hormigón. Lo cual no está mal, pero a veces tanto compromiso es un poco terrorífico.
Además esto, conforme avanza la edad, se torna una verdadera cacería. A partir de los 30 años a las mujeres les entra la manía de que se les va a pasar el arroz y entonces se vuelven unas desesperadas que en cuanto encuentran un hombre medianamente potable hacen todo lo posible para pillarlo y luego ahogarlo con tanto compromiso. He visto muchos compañeros y amigos de amigos a los que las mujeres les han exprimido la vida. Lo cierto es que eso de tener familia está muy bien, pero no cuando coincide con una condena de por vida.
Pero no es culpa de las mujeres, porque una vez que ya han tenido sus hijos, que han visto lo que es estar casada, y además una vez que el horno se ha secado, pues ya no les corre prisa, simplemente quieren pasarlo bien, a su manera. Entonces entran en una fase distinta en la que los hombres ya son simples compañeros y ya no una necesidad vital.
Otra de las cosas que conlleva la soltería forzada es que a no ser que seas una mujer y tengas que estar siempre en la cresta de la ola, los hombres pasado cierta edad nos dejamos perder. Bueno, “nos” no realmente. Según mi amigo C. que parece que es un erudito en la materia, a las mujeres no les gustan los hombres que se cuidan, porque atraen las miradas de las demás mujeres y son presas potenciales. Pero yo creo que es por otras razones. Cuando una persona se echa pareja estable y definitiva (aunque al final nada es para siempre) se confía en que eso va a durar indefinidamente y entonces ya no se toma el esfuerzo de cuidarse. Porque no tiene esa necesidad, y seamos sinceros: cuidarse es un rollo. No puedes comer lo que te da la gana, no puedes vestir como te da la gana, y no puedes pasarte el fin de semana tirado en el sofá criando michelines, porque no son ningún reclamo sexual.
Así que lo que haces es machacarte para seguir siendo un producto atractivo en el mercado. Te evitas el colesterol y los problemas de alimentación y de adiposidades, cosa que no les pasa a los casados sedentarios. Así que digamos que tenemos la posibilidad de vivir mejor y más tiempo, eso sí, es más difícil. De esta forma podemos encontrarnos con personas de más de 35 años que aun están muy bien físicamente, que se cuidan y que intenta ser lo más interesantes posible de cara a poder ser un buen partido todavía. O si no es el caso, al menos para poder ser unos ligones y tirarse a todo lo que puedan sin tener que pagar por ello.
Por eso podemos encontrarnos a gente de más de 35 años que todavía sale de marcha, se divierte, se va de viaje y todas esas cosas que a los de su misma edad les está prohibido. Todos hemos oído esas historias de encuentros y reuniones con los compañeros del instituto en el que los gays se dan cuenta de la suerte que tienen ya que son los únicos que no están calvos, fofos y aburridos.
No siempre es todo de color de rosa, pero alguna ventaja tendría eso de no tener posibilidad factible de tener una vida estable. Podemos emplear nuestros recursos monetarios para beneficio personal, y no tener que dilapidarlos en los caprichitos de los niños, de la mujer y demás. Todo el dinero que ganamos es para nosotros, para lo que queramos. De ahí que se considere que el mundo gay es una potencia económica.