La Redención
No debería ponerme a escribir sobre este tema tan pronto, pero no quiero dejaros en la incógnita mucho tiempo, además de que me gusta dejar las cosas cerradas. Pienso que los finales abiertos, como aquellos del último capítulo de las temporadas de las series, esos en los que te joden porque se acaba de repente y tienes que esperarte unos 4 o 5 meses para saber cómo continua, eso es malsano. Por eso quiero concluir este amargo episodio de la historia.
Sé que últimamente no estoy escribiendo artículos como los de antes, con cosas irónicas e inclusive graciosas, sino que se torna más a algo parecido a un diario. Pero creo que, a lo mejor, viendo lo que me pasa, os podréis sentir menos solos en este mundo, ya que la esencia de lo que escribo sigue intacta, y es la de decir lo que todos pensamos y nos callamos, el poder comprobar que a todos nos rompen el corazón y de que hay más gente como nosotros aquí.
Lo cierto es que tengo que rectificar una cosa que dije la semana pasada. Y es que cuando él llegó a la playa pasó de mí. No es del todo cierto, aunque a mí me lo haya parecido. En realidad él llegó y como yo estaba “ocupado” hablando con otra persona, pues simplemente me “dio libertad”. Lo cierto es que yo estaba algo resentido por la espera por lo que no le presté tanta atención como lo suelo hacer. Esta rectificación se la debo ya que al final ha leído lo que he escrito, cosa muy sorprendente.
Y para ahorraros la espera os diré que sí que ha habido perdón. Pero que me ha costado lo mío. En esta vida nada es gratuito, por lo visto. Y más cuando el que comete el mayor error de los dos es uno mismo. Con esto quiero decir que si bien yo he sido la mano que ha disparado, detrás de esa mano hay un ojo que apunta y un corazón que siente. Y en este caso no son de la misma persona. Lo principal es reconocer el fallo de cada uno y seguir adelante, y “a lo hecho pecho”, como dicen.
Sin embargo hay que ver que muchas veces la culpabilidad es algo que no nos deja seguir adelante. Nos impide comer, respirar normalmente e inclusive dormir.
Supongo que esto irá en la conciencia de cada uno, porque la verdad es que para lo que hice no era tan tremendo. No quiero ni imaginarme como me habría sentido si yo hubiese sido unos de los inquisidores españoles…
Al final es la propia culpabilidad la que nos castiga, aunque esto no le baste a la persona ofendida, y siempre quiera una compensación por el daño sufrido.
Tengo un amigo que me ha dicho que por mucho complejo de culpabilidad que tenga, que no debería perder mi dignidad por ello, y que hubiese hecho mejor en arrastrarme menos. Yo considero que la cantidad de humillación a la que nos hemos de someter tiene que ser proporcional al daño hecho, o al valor que le demos al perdón de esa persona. Si es así ¿Cuándo nos hemos arrastrado lo suficiente? ¿Cuándo hemos de levantar la cabeza y decir basta? ¿llega el momento en el que ya pedir perdón ha perdido su sentido?
Yo creo que si realmente la persona te interesa o crees que realmente vale la pena, no hay limite para tirarse por los suelos. Y si realmente esa persona merece la pena, te perdona. Al menos es lo que me dice la experiencia. Lo cierto es que no os voy a contar los pormenores, pero me ha dicho que gracias a que estuve mucho tiempo pidiendo perdón y “humillándome” al final consiguió volver a admitirme en su vida. Aunque claro, el daño está hecho y mucha gente perdona pero no olvida.
Creo que olvidar no es bueno, se puede perdonar, pero hemos de recordar lo que ha sucedido, porque de ahí es de donde podemos aprender de nuestros errores.
Hay gente que cuando le hacen daño, quiere que le compensen de la misma manera, es decir ojo por ojo. Otras sin embargo quieren que se les haga justicia de una forma algo más creativa. En mi caso me dio a elegir entre hacerme lo mismo o bien tener que aguantar que se ponga borde conmigo y haga bromas al respecto hasta que se canse. Yo soy de las personas que suelen hacer lo segundo, pro lo que no me ha parecido nada fuera de lo común.
Mucha de la gente que haya leído el artículo de la semana pasada no entenderá por qué insisto tanto en este tema, cuando lo que debería hacer es pasar y a otra cosa mariposa. Pero no estoy de acuerdo con ellos. Las cosas desde fuera siempre se ven de manera diferente a como realmente son. Yo valoro mucho a las personas que conozco, y cuando encuentro a alguien especial, y no me refiero solo como pareja, sino que es alguien que se sale de lo común, me gusta conservarla a mi lado, porque son esas personas las que me ayudan a conservar la esperanza de que en esta vida hay cosas buenas. Cuando vives en un mundillo donde los valores reales de las personas no suben por encima de la cintura, siempre es bueno tener referentes de que hay algo más que eso. De ahí que yo insista tanto en conservar esas amistades, cueste lo que cueste.
Una cosa es la insistencia en que te perdonen y otra el afán por redimirse. Por lo general el tiempo que dedicas al perdón suele acabarse cuando efectivamente ya no tienes que cumplir con esa persona. Pero el de redención no acaba ahí, sino que acaba cuando realmente tú consideras que has exculpado tus penas. Porque el perdón que nos concedemos a nosotros mismos es mucho más difícil de obtener que el que nos den los demás.
Una de las formas de hacerlo es con la penitencia. Y lo más común es la abstinencia. Para poder aspirar a redimirnos, pensamos que lo más sensato para evitar la tentación no es hacernos más fuertes sino simplemente evitar las situaciones peligrosas. Es decir, si tenemos sobrepeso porque nos hemos pegado un atracón en las últimas semanas, nos vamos a sentir culpables por ser tan débiles de voluntad. Y para poder sentirnos mejor, en lugar de hacer deporte, de cuidarnos y esas cosas, vamos a tirarnos un par de días sin comer, o comiendo lechugas y demás sucedáneos de comida. En lugar de aprender y de cuidarnos más creemos que simplemente evitando la situación vamos a ser mejores personas.
La redención no es como nos la pintan en la misa, al menos a mi forma de ver. No se trata de arrepentirse y pedir perdón, sin consecuencias. La Iglesia Católica entiende que si te arrepientes (de corazón o no, eso no lo especifican) ya se te perdona. Pero de nada sirve que te arrepientas y pidas perdón si no has aprendido la lección. Al menos a mi parecer, somos humanos, y por lo tanto estamos destinados a aprender, y la mejor manera de hacerlo es cometiendo errores, pero hemos de aprender de ellos, no simplemente encogernos de hombros y seguir. Hay que saber crecer con los fallos que cometemos.
De ahí que yo no crea que baste con pedir perdón, “nunca lo haré” y ser débil por lo que la única solución que tienes es evitar la situación. Es mucho más provechoso que si se replantea la circunstancia en la que hemos errado, que sepamos como afrontarla, y no que salgamos corriendo como alma que se lleva el diablo.
No basta con decir que vas a dejar de fumar, tirar todas las cajetillas al retrete y pasar a 4 calles del estanco. Sólo habrás superado esa adicción el día en que te ofrezcan tabaco y digas que no, en que pases delante de una tienda especializada y no entres a comprar nada. No basta con evitar el peligro hay que afrontarlo.
Sé que puede sonar muy fuerte y que muchos diréis que yo soy el primero que no es coherente con esto. Pero mi deber es dar los consejos y poner algunos puntos sobre las ies. El otro día que estaba yo algo chef, cuando una compañera del curro me dijo que me fuera a tomar un café con ella. Le conté por encima la historia y me dijo que nadie se merece mis lágrimas, que no debería dejarme chafar así por nadie. Solos estamos mejor que en mala compañía. Pero la cuestión es como dijo ella “ya sé que es muy fácil decir estas cosas, porque yo soy la primera que me equivoco y me pongo en la situación en la que tú estas. Mi deber es decirte estas cosas aunque luego no dé bien el ejemplo.”
Pues tiene razón. Nosotros somos humanos. Nos equivocamos, cometemos errores, pero aprendemos de ellos. Damos consejos que muchas veces no somos capaces de aplicar, pero no tenéis que tener eso en cuenta, sino la buena voluntad. Sé que no soy la persona más indicada para dar consejos sobre relaciones, pero tal vez sea porque lo he pasado tan mal, y porque me pasan cosas tan raras que pueda verlas desde otra perspectiva.
Es difícil aprender de los errores, es difícil ser fuertes, pero tenemos que recordar que el Universo nos pone a prueba, pero únicamente cuando nos da las herramientas para poder superar la prueba. Solo cuando somos capaces de afrontar algo es cuando la situación se presenta. No tenéis por qué creer en Dios, o en lo que haya, pero recordad que si hay una situación difícil que se nos presenta, siempre tiene solución y de no poder ser superada, no se nos presentaría. Muchas veces esa prueba es menos complicada de solucionar de lo que pensamos.
Sé que últimamente no estoy escribiendo artículos como los de antes, con cosas irónicas e inclusive graciosas, sino que se torna más a algo parecido a un diario. Pero creo que, a lo mejor, viendo lo que me pasa, os podréis sentir menos solos en este mundo, ya que la esencia de lo que escribo sigue intacta, y es la de decir lo que todos pensamos y nos callamos, el poder comprobar que a todos nos rompen el corazón y de que hay más gente como nosotros aquí.
Lo cierto es que tengo que rectificar una cosa que dije la semana pasada. Y es que cuando él llegó a la playa pasó de mí. No es del todo cierto, aunque a mí me lo haya parecido. En realidad él llegó y como yo estaba “ocupado” hablando con otra persona, pues simplemente me “dio libertad”. Lo cierto es que yo estaba algo resentido por la espera por lo que no le presté tanta atención como lo suelo hacer. Esta rectificación se la debo ya que al final ha leído lo que he escrito, cosa muy sorprendente.
Y para ahorraros la espera os diré que sí que ha habido perdón. Pero que me ha costado lo mío. En esta vida nada es gratuito, por lo visto. Y más cuando el que comete el mayor error de los dos es uno mismo. Con esto quiero decir que si bien yo he sido la mano que ha disparado, detrás de esa mano hay un ojo que apunta y un corazón que siente. Y en este caso no son de la misma persona. Lo principal es reconocer el fallo de cada uno y seguir adelante, y “a lo hecho pecho”, como dicen.
Sin embargo hay que ver que muchas veces la culpabilidad es algo que no nos deja seguir adelante. Nos impide comer, respirar normalmente e inclusive dormir.
Supongo que esto irá en la conciencia de cada uno, porque la verdad es que para lo que hice no era tan tremendo. No quiero ni imaginarme como me habría sentido si yo hubiese sido unos de los inquisidores españoles…
Al final es la propia culpabilidad la que nos castiga, aunque esto no le baste a la persona ofendida, y siempre quiera una compensación por el daño sufrido.
Tengo un amigo que me ha dicho que por mucho complejo de culpabilidad que tenga, que no debería perder mi dignidad por ello, y que hubiese hecho mejor en arrastrarme menos. Yo considero que la cantidad de humillación a la que nos hemos de someter tiene que ser proporcional al daño hecho, o al valor que le demos al perdón de esa persona. Si es así ¿Cuándo nos hemos arrastrado lo suficiente? ¿Cuándo hemos de levantar la cabeza y decir basta? ¿llega el momento en el que ya pedir perdón ha perdido su sentido?
Yo creo que si realmente la persona te interesa o crees que realmente vale la pena, no hay limite para tirarse por los suelos. Y si realmente esa persona merece la pena, te perdona. Al menos es lo que me dice la experiencia. Lo cierto es que no os voy a contar los pormenores, pero me ha dicho que gracias a que estuve mucho tiempo pidiendo perdón y “humillándome” al final consiguió volver a admitirme en su vida. Aunque claro, el daño está hecho y mucha gente perdona pero no olvida.
Creo que olvidar no es bueno, se puede perdonar, pero hemos de recordar lo que ha sucedido, porque de ahí es de donde podemos aprender de nuestros errores.
Hay gente que cuando le hacen daño, quiere que le compensen de la misma manera, es decir ojo por ojo. Otras sin embargo quieren que se les haga justicia de una forma algo más creativa. En mi caso me dio a elegir entre hacerme lo mismo o bien tener que aguantar que se ponga borde conmigo y haga bromas al respecto hasta que se canse. Yo soy de las personas que suelen hacer lo segundo, pro lo que no me ha parecido nada fuera de lo común.
Mucha de la gente que haya leído el artículo de la semana pasada no entenderá por qué insisto tanto en este tema, cuando lo que debería hacer es pasar y a otra cosa mariposa. Pero no estoy de acuerdo con ellos. Las cosas desde fuera siempre se ven de manera diferente a como realmente son. Yo valoro mucho a las personas que conozco, y cuando encuentro a alguien especial, y no me refiero solo como pareja, sino que es alguien que se sale de lo común, me gusta conservarla a mi lado, porque son esas personas las que me ayudan a conservar la esperanza de que en esta vida hay cosas buenas. Cuando vives en un mundillo donde los valores reales de las personas no suben por encima de la cintura, siempre es bueno tener referentes de que hay algo más que eso. De ahí que yo insista tanto en conservar esas amistades, cueste lo que cueste.
Una cosa es la insistencia en que te perdonen y otra el afán por redimirse. Por lo general el tiempo que dedicas al perdón suele acabarse cuando efectivamente ya no tienes que cumplir con esa persona. Pero el de redención no acaba ahí, sino que acaba cuando realmente tú consideras que has exculpado tus penas. Porque el perdón que nos concedemos a nosotros mismos es mucho más difícil de obtener que el que nos den los demás.
Una de las formas de hacerlo es con la penitencia. Y lo más común es la abstinencia. Para poder aspirar a redimirnos, pensamos que lo más sensato para evitar la tentación no es hacernos más fuertes sino simplemente evitar las situaciones peligrosas. Es decir, si tenemos sobrepeso porque nos hemos pegado un atracón en las últimas semanas, nos vamos a sentir culpables por ser tan débiles de voluntad. Y para poder sentirnos mejor, en lugar de hacer deporte, de cuidarnos y esas cosas, vamos a tirarnos un par de días sin comer, o comiendo lechugas y demás sucedáneos de comida. En lugar de aprender y de cuidarnos más creemos que simplemente evitando la situación vamos a ser mejores personas.
La redención no es como nos la pintan en la misa, al menos a mi forma de ver. No se trata de arrepentirse y pedir perdón, sin consecuencias. La Iglesia Católica entiende que si te arrepientes (de corazón o no, eso no lo especifican) ya se te perdona. Pero de nada sirve que te arrepientas y pidas perdón si no has aprendido la lección. Al menos a mi parecer, somos humanos, y por lo tanto estamos destinados a aprender, y la mejor manera de hacerlo es cometiendo errores, pero hemos de aprender de ellos, no simplemente encogernos de hombros y seguir. Hay que saber crecer con los fallos que cometemos.
De ahí que yo no crea que baste con pedir perdón, “nunca lo haré” y ser débil por lo que la única solución que tienes es evitar la situación. Es mucho más provechoso que si se replantea la circunstancia en la que hemos errado, que sepamos como afrontarla, y no que salgamos corriendo como alma que se lleva el diablo.
No basta con decir que vas a dejar de fumar, tirar todas las cajetillas al retrete y pasar a 4 calles del estanco. Sólo habrás superado esa adicción el día en que te ofrezcan tabaco y digas que no, en que pases delante de una tienda especializada y no entres a comprar nada. No basta con evitar el peligro hay que afrontarlo.
Sé que puede sonar muy fuerte y que muchos diréis que yo soy el primero que no es coherente con esto. Pero mi deber es dar los consejos y poner algunos puntos sobre las ies. El otro día que estaba yo algo chef, cuando una compañera del curro me dijo que me fuera a tomar un café con ella. Le conté por encima la historia y me dijo que nadie se merece mis lágrimas, que no debería dejarme chafar así por nadie. Solos estamos mejor que en mala compañía. Pero la cuestión es como dijo ella “ya sé que es muy fácil decir estas cosas, porque yo soy la primera que me equivoco y me pongo en la situación en la que tú estas. Mi deber es decirte estas cosas aunque luego no dé bien el ejemplo.”
Pues tiene razón. Nosotros somos humanos. Nos equivocamos, cometemos errores, pero aprendemos de ellos. Damos consejos que muchas veces no somos capaces de aplicar, pero no tenéis que tener eso en cuenta, sino la buena voluntad. Sé que no soy la persona más indicada para dar consejos sobre relaciones, pero tal vez sea porque lo he pasado tan mal, y porque me pasan cosas tan raras que pueda verlas desde otra perspectiva.
Es difícil aprender de los errores, es difícil ser fuertes, pero tenemos que recordar que el Universo nos pone a prueba, pero únicamente cuando nos da las herramientas para poder superar la prueba. Solo cuando somos capaces de afrontar algo es cuando la situación se presenta. No tenéis por qué creer en Dios, o en lo que haya, pero recordad que si hay una situación difícil que se nos presenta, siempre tiene solución y de no poder ser superada, no se nos presentaría. Muchas veces esa prueba es menos complicada de solucionar de lo que pensamos.
Crimen y Castigo.
A veces esto de escribir sirve para exorcizar aquellas cosas que tenemos dentro. En mi caso, no sé muy bien si este experimento saldrá bien. No voy a hacer un artículo como de costumbre sino que quiero contaros una experiencia real que me ha sucedido recientemente. Como podréis ver, ni en los mejores capítulos de Anatomía de Grey les pasan estas cosas a los personajes.
Revivir esta historia de nuevo es muy doloroso y sobretodo cuando llevo desde entonces o bien llorando a moco tendido o bien conteniéndome las lágrimas para que no me digan nada en el trabajo. Tened en cuenta de que probablemente la otra parte cuente la historia de forma diferente ya que no voy a ser objetivo en absoluto. En estas cosas siempre hay 3 versiones, las dos de cada parte y luego la que pasó en realidad. Yo os voy a contar la que yo he vivido.
Lo cierto es que al ser yo el malo de la película, o al menos así me lo quiso hacer creer, me da vergüenza tener que contar la historia ya que luego ¿con qué cara os pido sinceridad?
Todo empezó hace ya tiempo, cuando vimos que esta relación no iba a llegar a ninguna parte, ya que yo buscaba alguien serio y él solo podía estar de forma temporal conmigo, ya que un buen día tendría que volver a lo suyo que son las mujeres. Esto debido a que, a pesar de que los dos nos llevábamos muy bien como pareja, él quiere tener hijos suyos naturales (nada de adopciones), cosa que ya sabéis todos que me resulta imposible. Así que debido a esa buena relación llegamos al acuerdo de que seríamos siempre amigos.
Hace un tiempo la cosa empezó a enfriarse por ambas partes y a los dos nos costaba cada vez más estar juntos. Nuestras prioridades, bueno, mejor dicho las suyas, ya no era el otro sino las amistades. Yo seguía intentando que la cosa cambiase, con el chip de la pareja, por si al final conseguía que sintiese algo más que cariño por mí. Pero en lugar de eso lo único que conseguía era agobiarle más y más.
La semana pasada quedamos en que ya sólo éramos amigos, que él quería que yo encontrase pareja antes que él, porque así no lo pasaría mal el día que decidiese volver con las mujeres. La única condición era que no lo viera él. Por mi parte he de admitir que ya llevaba semanas pidiendo al Universo que me enviase una señal porque estaba empezando a perder paciencia. Además de que me estaba dando la impresión de que nuestra relación era un error.
Esto se vio acentuado la semana pasada cuando, habiendo hecho planes para estar juntos, recibió una llamada de su ex mientras yo dormía la siesta. Habíamos estado todo el día trabajando en el campo por lo que habíamos dicho de no salir ese fin de semana sino de descansar la noche del sábado. Pero esa llamada lo cambió todo y en cuestión de 30 minutos, después de haberme despertado, yo ya estaba camino de mi casa, porque claro, no podía quedar conmigo y su ex a la vez (las cosas de estar dentro del armario). Ahí ya me di cuenta de que la cosa no iba por buen camino. Lo cual se lo comuniqué y me dijo que como había confianza entre los dos que no era para tomárselo a la tremenda. Entre amigos esas cosas se comprenden, además ya iba siendo hora que yo cambiase el chip a amistad (palabras suyas).
La catástrofe llegó este fin de semana. No fue como un huracán que te lo ves venir. Esto fue más bien del tipo terremoto, había señales que lo presagiaban, pero solo un ojo alerta y experimentado podría haber predicho que la cosa iba a terminar en un “baño de sangre”.
Este fin de semana alquilamos una habitación en una población vecina, con mucha marcha, para salir por la noche y pasarlo bien, en plan amigos como dice él. La cosa era que viniese por la mañana a mi casa, no muy tarde, y que desde ahí nos fuésemos en mi coche.
Dieron la una y media del medio día cuando decidí que ya bastaba de esperar y tomé la decisión de irme yo por mi cuenta y que luego ya nos veríamos allí. Y más cuando le llamo y me dice que acaba de llegar y que aun tiene que ducharse y hacer las cosas. La excusa fue que tuvo mucho trabajo en el campo. Lo entiendo, pero aun así una llamada telefónica no le hubiese matado.
Cuando llegué sobre las dos de la tarde al hotel, le llamo para ver si comía yo sólo o si le esperaba. Me dijo que en vista de que me había puesto como una furia, que se había hecho la comida, que iba a ducharse, arreglarse y que ya bajaría luego sobre las cinco de la tarde. Aquellos que me conozcan sabrán que a estas alturas yo ya no estaba hecho una furia sino que escupía fuego por las narices.
Me fui a la playa y quedamos allí. Me instalé en un sitio bastante amplio para que no tuviese el problema de que no quepan ambas toallas. Con el paso de las horas fue llegando gente, entre los cuales varias personas que yo conocía de mi historial en este mundillo y que hacía tiempo que no veía o que no hablaba con ellos. Así que para amenizar la espera me puse a charlar con ellos. Dos de los cuales se me acoplaron cogiendo todo el sitio. Supongo que mi primer error fue darles el permiso de que se sentaran ahí. Tendría que haberles dicho que se fueran que estaba esperando a alguien, pero como es mi amigo pensé que no pasaría anda y así nos divertiríamos más. Ellos no eran los únicos que había en la playa, también otras personas con las que yo ya me había relacionado en el pasado y que de casualidad estaban allí. Demasiadas señales para mi gusto.
Él llego a las cinco y media. Se sentó y directamente pasó de mí y se fue al agua. Supongo que sería porque como yo estaba hablando con alguien, para no molestar. Pero he de admitir que su falta de saludo cariñoso (ni un beso ni nada) debería haberme puesto en alerta.
Uno de los que se me sentó al lado se pasó la tarde tirándome los tejos, de tal manera que ya el cachondeo era entre mi amigo y yo en que me liara con él, que parecía buen chaval. Yo sinceramente no soy de las personas que hacen esas cosas delante de un ex, así que no era algo que tenía en mente. Pero vista su insistencia empecé a pensar que tal vez todo esto era una señal para que ambos siguiésemos adelante como amigos y anda más.
Nos íbamos a ir de la playa cuando mi amigo les dijo que por qué no nos salían de marcha. Yo creo que sobraban, porque quería estar a solas con él, pero dado que insistía tanto en que me llevara bien con este chico, que le diese mi número y que quedásemos, no me lo vi venir.
La verdad es que yo hubiese pasado de ellos, pero en vista de que él insistía tanto y de que el chico que me tiraba los tejos a mí me gustaba, decidí seguirles la corriente.
Nos fuimos al hotel, y ahí la cosa se puso fea. Ellos querían ir a tomar algo, él quería subir a ducharse y ver la tele, y yo quería estar a solas con él. Pero ya que nos dijo que nos fuésemos juntos, pensé que a lo mejor era lo que él querrá realmente. Ahora que lo pienso, la cosa no tenia buen aspecto. Para mí que la suerte ya estaba echada.
Lo peor es que nos fuimos los tres a otro pub a tomar algo y le dejé solo viendo la televisión. Ellos se pusieron a insistir en que nos liásemos el chico nuevo y yo. Y subimos a la habitación a ver si estaba.
Aquí es cuando todo se fue a tomar viento, los edificios se colapsaron, los ríos se salieron de sus cauces, los planetas se desviaron de sus órbitas y todo fue a mal.
Muy a regañadientes, pero en mi interior, acepté la oferta del chico de liarnos (acostarnos) teniendo el beneplácito de mi amigo, que en ningún momento me dijo nada de lo que me esperaba.
Ahorrando los detalles escabrosos voy a indagar en mis sentimientos. No me gustó, lo pasé muy mal, no estaba a gusto, y encima estuve todo el rato pensando en mi amigo. De haber sabido lo que me iba a esperar no habría hecho anda, porque encima no me gustó. Se que decir esto ahora no sirve de nada, y que él no lo va a leer. Pero quería que quedase muy claro que a veces cometemos errores y nos sale todo mal.
Al final dejamos la cosa como estaba, nos duchamos y nos fuimos. Mi amigo estaba borracho según dice él. Lo malo fue que el otro iba en plan parejita, no paraba de agarrarme por todos lados, y yo delante de mi amigo sin saber qué hacer, porque rechazarle me resultaba muy incomodo, pero seguir así era casi peor. Supongo que nadie lo entenderá pero yo no creo recordar haber estado tan incomodo en mi vida.
Ellos se fueron, mi amigo fingió encontrarse mal y nos fuimos a la cama, a dormir. Intenté romper el hielo y no pude, ahí me di cuenta de que algo iba mal. Pero aun así no me esperaba lo que iba a pasar. Él me dijo que yo podía salir de marcha, que él estaba mal. Pero por si acaso decidí quedarme. Cerré la puerta de la habitación con llave y deje las llaves en la puerta.
Me desperté al amanecer y él ya no estaba. Había recogido sus cosas y se había ido, me dejó su parte del precio de la habitación y se fue. Cuando vi que sus cosas no estaban me cogió algo en el corazón y supe que todo había terminado, que algo malo había sucedido y que la culpa era mía. Sabia que iba a pasarme factura, pero nunca me imaginé que su ira iba a ser de proporciones bíblicas. Recogí mis cosas en menos de medio minuto, me vestí y salí de la habitación como alma que se lleva el diablo. Le llamé pero no contestaba al teléfono, después de insistirle muchas veces apagó el teléfono. Yo ya no sabía si llorar, gritar o tirarme de los pelos.
Cogí el coche y me fui a su casa, a su caseta, me recorrí los 80 Km. de carretera de montaña como si se me fuese la vida. Desde ese momento las lágrimas no dejaron de rodar por más de diez minutos seguidos. Después de 4 horas dando vueltas por su ciudad, decidí que no iba a conseguir dar con él. Así que me volví a mi casa, muy a mi pesar porque tendría que hacer a mi madre partícipe de la situación, cosa que no me gusta, porque esto les hace sufrir.
Seguí llamándole tantas veces que me quedé sin batería, pero no lo conseguí. En casa le dejé mensajes por Internet. A las 2 de la tarde me fui a la playa del crimen, porque habíamos quedado con esta gente. Yo quería saber si al menos había merecido la pena. Y tenía la esperanza de que él se presentase. Pero no fue el caso. Además estar con ellos no hizo más que agravar mi dolor interno. Después de un rato con ellos, me fui, no soportaba estar más tiempo con esa gente. No eran responsables, pero fueron el cuerpo del delito.
Cuando llegué a mi casa él me había dejado un mensaje en el que me decía que no me perdonaría la ofensa que le había hecho, que le había traicionado y que no se esperaba que alguien como yo fuese capaz de ser tan arrastrado.
Por la noche conseguí hablar con él. Me dijo que con esto ya no quería saber nada del mundo gay, que nos pierde el sexo, y que esperaba que hubiese sacado provecho de esto porque había destrozado nuestra relación. Que me iba a devolver mis cosas y que no sabía si sería capaz de perdonarme. Tanto dolor no era normal. Debíamos haberlo dejado hace mucho tiempo. Estaba asustado porque nadie le había hecho tanto daño antes.
Todo esto fue por escrito ya que me dijo que si oía mi voz me mandaría a la mierda porque no soportaba hablar conmigo, que lo que hice era tan asqueroso que no podía aguantarme más.
Hemos quedado así. Un día hablaremos y veremos si después de un año y medio de compartir cosas buenas y malas, este error que he cometido es capaz de barrer todo eso y mandarlo todo a paseo. Yo me pregunto si es posible si un solo gesto es capaz de hacer desaparecer todo lo bueno que ha habido. Si es el caso, no sé cómo podré afrontarlo. No me quito responsabilidades, pero considero que si bien yo puse la mano que disparó, el ojo que apuntó y el corazón que pensó no fue el mío.
Tal vez esta situación me sirva para seguir adelante, para romper con una relación en la que yo estaba prisionero. Porque he de admitir que mi fallo ha sido hacer que mi mundo girase entorno a una sola persona. Él era mi mundo, era mi amigo, lo era todo, y ahora todo se ha acabado. Lo he echado todo a perder porque no supe ver las señales, porque no fui lo bastante valiente para parar a tiempo, para evitar que llegásemos hasta este punto.
Me dice mi madre que nadie se merece mis lágrimas. Yo sólo sé que desde el domingo a las seis de la mañana no paro de llorar, no tengo hambre y todo es gris. Sé que las cosas suceden por una razón, y espero que esta razón haya valido la pena tanto dolor. Sé que él lo estará pasando mal también. Pero yo no sé como seguir adelante. Su amistad era un pilar en mi vida y ahora estoy al aire.
Todos salimos adelante, y los que no lo hacen son unos cobardes. No sé como terminará la historia. Pero sé que las culpas en estas situaciones son de los dos. Yo asumo mi parte de responsabilidad, pero no puedo soportar cargar con todo. Vosotros podréis juzgar lo que hay, podréis pensar en quien tiene la culpa, pero creo que si bien todo crimen merece su castigo, los hombres somos humanos, no podemos ser perfecto. A veces cometemos errores y de ellos hemos de aprender. Pero sin el perdón de aquellos a los que hemos ofendido no podemos seguir.
Esto me recuerda a aquel capítulo de Friends en el que Ross y Rachel deciden darse un respiro, y él se acuesta con una chica. Al final no se sabe quien ha tenido la culpa, ya que ambas versiones son creíbles y viables. Sin embargo al final ellos logran superar el dolor y la rabia y volver a ser amigos. Pero eso era ficción y en la vida real las cosas no son así de simples.
Solo espero que puedas perdonarme.
Revivir esta historia de nuevo es muy doloroso y sobretodo cuando llevo desde entonces o bien llorando a moco tendido o bien conteniéndome las lágrimas para que no me digan nada en el trabajo. Tened en cuenta de que probablemente la otra parte cuente la historia de forma diferente ya que no voy a ser objetivo en absoluto. En estas cosas siempre hay 3 versiones, las dos de cada parte y luego la que pasó en realidad. Yo os voy a contar la que yo he vivido.
Lo cierto es que al ser yo el malo de la película, o al menos así me lo quiso hacer creer, me da vergüenza tener que contar la historia ya que luego ¿con qué cara os pido sinceridad?
Todo empezó hace ya tiempo, cuando vimos que esta relación no iba a llegar a ninguna parte, ya que yo buscaba alguien serio y él solo podía estar de forma temporal conmigo, ya que un buen día tendría que volver a lo suyo que son las mujeres. Esto debido a que, a pesar de que los dos nos llevábamos muy bien como pareja, él quiere tener hijos suyos naturales (nada de adopciones), cosa que ya sabéis todos que me resulta imposible. Así que debido a esa buena relación llegamos al acuerdo de que seríamos siempre amigos.
Hace un tiempo la cosa empezó a enfriarse por ambas partes y a los dos nos costaba cada vez más estar juntos. Nuestras prioridades, bueno, mejor dicho las suyas, ya no era el otro sino las amistades. Yo seguía intentando que la cosa cambiase, con el chip de la pareja, por si al final conseguía que sintiese algo más que cariño por mí. Pero en lugar de eso lo único que conseguía era agobiarle más y más.
La semana pasada quedamos en que ya sólo éramos amigos, que él quería que yo encontrase pareja antes que él, porque así no lo pasaría mal el día que decidiese volver con las mujeres. La única condición era que no lo viera él. Por mi parte he de admitir que ya llevaba semanas pidiendo al Universo que me enviase una señal porque estaba empezando a perder paciencia. Además de que me estaba dando la impresión de que nuestra relación era un error.
Esto se vio acentuado la semana pasada cuando, habiendo hecho planes para estar juntos, recibió una llamada de su ex mientras yo dormía la siesta. Habíamos estado todo el día trabajando en el campo por lo que habíamos dicho de no salir ese fin de semana sino de descansar la noche del sábado. Pero esa llamada lo cambió todo y en cuestión de 30 minutos, después de haberme despertado, yo ya estaba camino de mi casa, porque claro, no podía quedar conmigo y su ex a la vez (las cosas de estar dentro del armario). Ahí ya me di cuenta de que la cosa no iba por buen camino. Lo cual se lo comuniqué y me dijo que como había confianza entre los dos que no era para tomárselo a la tremenda. Entre amigos esas cosas se comprenden, además ya iba siendo hora que yo cambiase el chip a amistad (palabras suyas).
La catástrofe llegó este fin de semana. No fue como un huracán que te lo ves venir. Esto fue más bien del tipo terremoto, había señales que lo presagiaban, pero solo un ojo alerta y experimentado podría haber predicho que la cosa iba a terminar en un “baño de sangre”.
Este fin de semana alquilamos una habitación en una población vecina, con mucha marcha, para salir por la noche y pasarlo bien, en plan amigos como dice él. La cosa era que viniese por la mañana a mi casa, no muy tarde, y que desde ahí nos fuésemos en mi coche.
Dieron la una y media del medio día cuando decidí que ya bastaba de esperar y tomé la decisión de irme yo por mi cuenta y que luego ya nos veríamos allí. Y más cuando le llamo y me dice que acaba de llegar y que aun tiene que ducharse y hacer las cosas. La excusa fue que tuvo mucho trabajo en el campo. Lo entiendo, pero aun así una llamada telefónica no le hubiese matado.
Cuando llegué sobre las dos de la tarde al hotel, le llamo para ver si comía yo sólo o si le esperaba. Me dijo que en vista de que me había puesto como una furia, que se había hecho la comida, que iba a ducharse, arreglarse y que ya bajaría luego sobre las cinco de la tarde. Aquellos que me conozcan sabrán que a estas alturas yo ya no estaba hecho una furia sino que escupía fuego por las narices.
Me fui a la playa y quedamos allí. Me instalé en un sitio bastante amplio para que no tuviese el problema de que no quepan ambas toallas. Con el paso de las horas fue llegando gente, entre los cuales varias personas que yo conocía de mi historial en este mundillo y que hacía tiempo que no veía o que no hablaba con ellos. Así que para amenizar la espera me puse a charlar con ellos. Dos de los cuales se me acoplaron cogiendo todo el sitio. Supongo que mi primer error fue darles el permiso de que se sentaran ahí. Tendría que haberles dicho que se fueran que estaba esperando a alguien, pero como es mi amigo pensé que no pasaría anda y así nos divertiríamos más. Ellos no eran los únicos que había en la playa, también otras personas con las que yo ya me había relacionado en el pasado y que de casualidad estaban allí. Demasiadas señales para mi gusto.
Él llego a las cinco y media. Se sentó y directamente pasó de mí y se fue al agua. Supongo que sería porque como yo estaba hablando con alguien, para no molestar. Pero he de admitir que su falta de saludo cariñoso (ni un beso ni nada) debería haberme puesto en alerta.
Uno de los que se me sentó al lado se pasó la tarde tirándome los tejos, de tal manera que ya el cachondeo era entre mi amigo y yo en que me liara con él, que parecía buen chaval. Yo sinceramente no soy de las personas que hacen esas cosas delante de un ex, así que no era algo que tenía en mente. Pero vista su insistencia empecé a pensar que tal vez todo esto era una señal para que ambos siguiésemos adelante como amigos y anda más.
Nos íbamos a ir de la playa cuando mi amigo les dijo que por qué no nos salían de marcha. Yo creo que sobraban, porque quería estar a solas con él, pero dado que insistía tanto en que me llevara bien con este chico, que le diese mi número y que quedásemos, no me lo vi venir.
La verdad es que yo hubiese pasado de ellos, pero en vista de que él insistía tanto y de que el chico que me tiraba los tejos a mí me gustaba, decidí seguirles la corriente.
Nos fuimos al hotel, y ahí la cosa se puso fea. Ellos querían ir a tomar algo, él quería subir a ducharse y ver la tele, y yo quería estar a solas con él. Pero ya que nos dijo que nos fuésemos juntos, pensé que a lo mejor era lo que él querrá realmente. Ahora que lo pienso, la cosa no tenia buen aspecto. Para mí que la suerte ya estaba echada.
Lo peor es que nos fuimos los tres a otro pub a tomar algo y le dejé solo viendo la televisión. Ellos se pusieron a insistir en que nos liásemos el chico nuevo y yo. Y subimos a la habitación a ver si estaba.
Aquí es cuando todo se fue a tomar viento, los edificios se colapsaron, los ríos se salieron de sus cauces, los planetas se desviaron de sus órbitas y todo fue a mal.
Muy a regañadientes, pero en mi interior, acepté la oferta del chico de liarnos (acostarnos) teniendo el beneplácito de mi amigo, que en ningún momento me dijo nada de lo que me esperaba.
Ahorrando los detalles escabrosos voy a indagar en mis sentimientos. No me gustó, lo pasé muy mal, no estaba a gusto, y encima estuve todo el rato pensando en mi amigo. De haber sabido lo que me iba a esperar no habría hecho anda, porque encima no me gustó. Se que decir esto ahora no sirve de nada, y que él no lo va a leer. Pero quería que quedase muy claro que a veces cometemos errores y nos sale todo mal.
Al final dejamos la cosa como estaba, nos duchamos y nos fuimos. Mi amigo estaba borracho según dice él. Lo malo fue que el otro iba en plan parejita, no paraba de agarrarme por todos lados, y yo delante de mi amigo sin saber qué hacer, porque rechazarle me resultaba muy incomodo, pero seguir así era casi peor. Supongo que nadie lo entenderá pero yo no creo recordar haber estado tan incomodo en mi vida.
Ellos se fueron, mi amigo fingió encontrarse mal y nos fuimos a la cama, a dormir. Intenté romper el hielo y no pude, ahí me di cuenta de que algo iba mal. Pero aun así no me esperaba lo que iba a pasar. Él me dijo que yo podía salir de marcha, que él estaba mal. Pero por si acaso decidí quedarme. Cerré la puerta de la habitación con llave y deje las llaves en la puerta.
Me desperté al amanecer y él ya no estaba. Había recogido sus cosas y se había ido, me dejó su parte del precio de la habitación y se fue. Cuando vi que sus cosas no estaban me cogió algo en el corazón y supe que todo había terminado, que algo malo había sucedido y que la culpa era mía. Sabia que iba a pasarme factura, pero nunca me imaginé que su ira iba a ser de proporciones bíblicas. Recogí mis cosas en menos de medio minuto, me vestí y salí de la habitación como alma que se lleva el diablo. Le llamé pero no contestaba al teléfono, después de insistirle muchas veces apagó el teléfono. Yo ya no sabía si llorar, gritar o tirarme de los pelos.
Cogí el coche y me fui a su casa, a su caseta, me recorrí los 80 Km. de carretera de montaña como si se me fuese la vida. Desde ese momento las lágrimas no dejaron de rodar por más de diez minutos seguidos. Después de 4 horas dando vueltas por su ciudad, decidí que no iba a conseguir dar con él. Así que me volví a mi casa, muy a mi pesar porque tendría que hacer a mi madre partícipe de la situación, cosa que no me gusta, porque esto les hace sufrir.
Seguí llamándole tantas veces que me quedé sin batería, pero no lo conseguí. En casa le dejé mensajes por Internet. A las 2 de la tarde me fui a la playa del crimen, porque habíamos quedado con esta gente. Yo quería saber si al menos había merecido la pena. Y tenía la esperanza de que él se presentase. Pero no fue el caso. Además estar con ellos no hizo más que agravar mi dolor interno. Después de un rato con ellos, me fui, no soportaba estar más tiempo con esa gente. No eran responsables, pero fueron el cuerpo del delito.
Cuando llegué a mi casa él me había dejado un mensaje en el que me decía que no me perdonaría la ofensa que le había hecho, que le había traicionado y que no se esperaba que alguien como yo fuese capaz de ser tan arrastrado.
Por la noche conseguí hablar con él. Me dijo que con esto ya no quería saber nada del mundo gay, que nos pierde el sexo, y que esperaba que hubiese sacado provecho de esto porque había destrozado nuestra relación. Que me iba a devolver mis cosas y que no sabía si sería capaz de perdonarme. Tanto dolor no era normal. Debíamos haberlo dejado hace mucho tiempo. Estaba asustado porque nadie le había hecho tanto daño antes.
Todo esto fue por escrito ya que me dijo que si oía mi voz me mandaría a la mierda porque no soportaba hablar conmigo, que lo que hice era tan asqueroso que no podía aguantarme más.
Hemos quedado así. Un día hablaremos y veremos si después de un año y medio de compartir cosas buenas y malas, este error que he cometido es capaz de barrer todo eso y mandarlo todo a paseo. Yo me pregunto si es posible si un solo gesto es capaz de hacer desaparecer todo lo bueno que ha habido. Si es el caso, no sé cómo podré afrontarlo. No me quito responsabilidades, pero considero que si bien yo puse la mano que disparó, el ojo que apuntó y el corazón que pensó no fue el mío.
Tal vez esta situación me sirva para seguir adelante, para romper con una relación en la que yo estaba prisionero. Porque he de admitir que mi fallo ha sido hacer que mi mundo girase entorno a una sola persona. Él era mi mundo, era mi amigo, lo era todo, y ahora todo se ha acabado. Lo he echado todo a perder porque no supe ver las señales, porque no fui lo bastante valiente para parar a tiempo, para evitar que llegásemos hasta este punto.
Me dice mi madre que nadie se merece mis lágrimas. Yo sólo sé que desde el domingo a las seis de la mañana no paro de llorar, no tengo hambre y todo es gris. Sé que las cosas suceden por una razón, y espero que esta razón haya valido la pena tanto dolor. Sé que él lo estará pasando mal también. Pero yo no sé como seguir adelante. Su amistad era un pilar en mi vida y ahora estoy al aire.
Todos salimos adelante, y los que no lo hacen son unos cobardes. No sé como terminará la historia. Pero sé que las culpas en estas situaciones son de los dos. Yo asumo mi parte de responsabilidad, pero no puedo soportar cargar con todo. Vosotros podréis juzgar lo que hay, podréis pensar en quien tiene la culpa, pero creo que si bien todo crimen merece su castigo, los hombres somos humanos, no podemos ser perfecto. A veces cometemos errores y de ellos hemos de aprender. Pero sin el perdón de aquellos a los que hemos ofendido no podemos seguir.
Esto me recuerda a aquel capítulo de Friends en el que Ross y Rachel deciden darse un respiro, y él se acuesta con una chica. Al final no se sabe quien ha tenido la culpa, ya que ambas versiones son creíbles y viables. Sin embargo al final ellos logran superar el dolor y la rabia y volver a ser amigos. Pero eso era ficción y en la vida real las cosas no son así de simples.
Solo espero que puedas perdonarme.
El Retorno de Los Exs.
Hace mucho que no me pongo a escribir, dejando un poco tirados a los pocos lectores que tengo. El caso es que el sábado pasado recibí un correo de uno de ellos en el que me daba las gracias por la aportación que hacía a la causa. Siempre se agradecen estas muestras de reconocimiento, aunque sean escasa. El poder ayudar a una pocas persona con mis escritos es algo que me ayuda a seguir adelante en los momentos en los que me siento plof, como os habrá pasado a muchos. Pero lo que más me ha llegado al corazón es el poder transmitir que no estamos solos y que a todos nos rompen el corazón. Así que ¡ánimo!
Por lo demás pediros disculpas por no haber seguido escribiendo, pero el trabajo es lo que tiene, que te absorbe más que un amante exigente. Y lo cierto es que cuando tengo 5 minutos libres no me apetece ponerme a comerme la bola.
Ya se ha escrito mucho sobre las rupturas y sobre los exs, pero lo cierto es que por mucho que se escriba nunca se llega a dar con la clave de la cuestión, o bien con todas las clases de rupturas, ya que cada una es diferente a su manera. Por eso me gustaría volver a retomar el tema, aunque desde otra perspectiva, siempre y cuando no se me pase.
Cuando llega el momento del corte y ruptura siempre es muy fácil cuando el ex que lo hace es un cabronazo y nos deja destrozados, pero cuando es una buena persona y cortamos porque queremos conservar la amistad o porque valoramos más el seguir sin esa persona para no adulterar la relación, ¿podemos superar esa ruptura dignamente? ¿Por qué es tan difícil pasar de pareja a amigos? ¿Por qué los ex que se portan bien son tan difíciles de superar?
La verdad es que hay varias maneras de afrontar una ruptura, pero antes de entrar en esto no quiero que se os pase una cosilla. En el momento de cortar, siempre hay uno al que le cuesta más, y no siempre es el dejado. Hay ocasiones en las que el que corta es el que se lleva todos los palos y el que peor lo pasa, y hay otros en los que el que es descartado es quien se lleva las hostias.
Esto lo quiero poner de manifiesto porque siempre hay gente que se queja de que le dejan y de que es una victima, cuando en realidad no siempre es así. A mí, personalmente, casi siempre me ha resultado que el que corta por lo sano es quien más valor ha de tener, porque tiene que tomar una decisión dolorosa, la mayoría de las veces, y ser consecuente con ella, a pesar de que es mucho más fácil seguir en una relación condenada al fracaso.
Después de este breve inciso, quiero entrar en la materia que nos concierne. Cuando estamos ante una ruptura hay dos tipos de situación. Una en la que el ex es un ángel y por el motivo que sea la relación no puede ir a más. En ese caso te puedes rebelar contra el universo o ponerte triste, pero no hay forma conocida de seguir adelante. O al menos eso parece. La otra situación es la más común y es cuando el ex es un cabrón.
Cuando es el caso siempre hay varios periodos, pero casi siempre se dividen en dos, el de tristeza y el de rabia.
Acabas de darte cuenta de que tu pareja te ha abandonado para irse con otro o con otra. Si es lo primero te cagas en su puta calavera, y si es lo segundo también con el agravante de que encima es un cobarde y un reprimido, que prefiere el camino fácil a una relación complicada con la consecuente explosión del armario que debería conllevar. Porque al final eso de apolillarse no lo aguanta nadie.
Siempre consideramos que si nos dejan por una mujer es porque la persona que lo hace es un reprimido que no acepta su sexualidad. Pero no siempre es el caso. Se han dado unos cuantos casos, que los investigadores han clasificado dentro de sus expedientes como expedientes – X, en los que el susodicho ha cambiado de acera, bien porque ha descubierto que es bisexual, bien porque se ha dado cuenta de que no merece la pena tanto esfuerzo. Algunos casos hay, aunque no sean muy frecuentes. Ya están considerados en la estadística.
Cuando el culpable nos ha dejado por irse con otro, entonces lo primero es tratarle de golfo o de cosas peores por haberse largado con otro. Claro que hay que respetar esa decisión porque sus razones tendría. Sin embargo en el momento de calor no pensamos así.
Lo primero es la fase de estado de shock. En ese momento es como si estuviésemos anestesiados y no nos diésemos cuenta de nada. Es un buen momento, porque nos permite asimilar la noticia…
Pero pronto pasa. Y entonces entramos en el balanceo entre la rabia y el dolor. Porque ambas cosas se siguen de forma aleatoria.
Puedes empezar con el dolor, pillarte toda la discografía de Celine Dion y Barbra Streisand y entonces hincharte a llorar hasta que en lugar de ojos tienes una masa acuosa indescriptible. En el caso de que no tengas acceso a esa forma de tortura siempre puedes recurrir a esa emisora de radio que emite canciones románticas, que no escuchabas en pareja porque eran demasiado empalagosas, pero que si oyes ahora te lo van a recordar y van a tener su efecto tan perverso. Si no eres tan masoquista como para ponerte a escuchar baladas, no creas que te vas a escapar de pasarlo mal, porque ya se encargaran de ello las emisoras de radio y las cadenas de televisión con sus bandas sonoras. La cuestión final es que hagas lo que hagas vas a terminar llorando como la Magdalena.
Y si aún así consigues escapar a la música, ya veras que el universo se encargará de recordártelo y de hacértelo pasar mal.
Porque hay siempre en la vida aquellas tonterías y demás detalles que pasan desapercibidos a los ojos del montón de mortales y que sin embargo a ti te llegan al corazón y te lo perforan como si fuesen pequeños puñales al rojo vivo. Tú vas tranquilamente paseando por la calle y de repente ves una zanja en la acera que por alguna razón estúpida te recuerda algo que a su vez te conduce a pensar en él. Y como un niño te pones a llorar, o por lo menos se te forma esa bola en la garganta que como alguien te salude le vas a soltar un gallo que ni los del casting de OT.
Y ya ni os cuento lo que pasa cuando vas de marcha a los locales a los que solíais ir juntos o a los sitios que frecuentabais. La cosa se pone fea porque ahora vas solo y tienes que quitar de esos lugares el fantasma de la relación que fue. Lo mismo sucede si habíais hecho planes para iros de viaje juntos, y al final te vas tú sólo, por no perder el dinero del viaje. Entonces o bien te la pasas todo el rato bajo los efectos del alcohol, o bien vas con alguien que te haga olvidar la situación a base de marcha y de diversión, pero no siempre lo consigue, al final te deshidratas por momentos. Es duro, y triste, pero se supera.
Lo cierto es que llorar siempre viene bien. Nos desahoga, nos libera la glándulas lacrimales permitiendo que comprobemos si funcionan, y al final nos sentimos aliviados siempre y cuando no se nos olvide beber mucho agua para reponer los fluidos perdidos.
La fase del dolor, o al opción al sufrimiento es algo que vamos a padecer, ya sea en continuo o en alternado, pero no dura para siempre, y en algunos casos pasamos por ahí muy rápidamente.
La otra fase es la de la rabia, la ira y la cólera (y no me refiero a esa enfermedad en la que te cagas por la pata abajo). Yoda decía que el miedo conduce al odio y el odio al Lado Oscuro, pero sinceramente pienso que el estar de mala leche es mucho más provechoso que estar lamentándose de lo que ha pasado. De ahí que siempre se vaya de una fase a otra, bien en un sentido como en el otro. Pero al final no caemos en el lado oscuro, al menos no por mucho tiempo, porque lo natural siempre gana, y si somos buenas personas, lo seremos siempre, por mucho que nos jodan los demás. O al menos eso quiero creer.
Siguiendo con el paralelismo con la fase anterior, ahí no te pones a escuchar baladas de esas pastelosas, más que nada porque podrías caer en esa espiral de la autocompasión. Lo más light y más “ambiental” es recurrir al I Will Survive” de Gloria Gaynor o a su equivalente castellano, el Sobreviviré de Mónica Naranjo. El segundo es bastante más heavy que el primero, que nos recuerda la bola de espejos con la que nos gustaría atizarle en la cabeza al abandonador, o por lo menos que se les cayese encima a él y a su pareja y los mandase al hospital unos días. En la misma línea recomiendo a Cher, que es muy acorde con esa idea de superación del dolor con Believe o All or Nothing, y también está la Diva por excelencia que es Madonna, pero no quiero incidir mucho en esta línea. La cuestión es salir adelante con canciones alegres y positivas.
Y si con esto no basta ya nos podemos pasar a lo Hardcore. Es decir la música heavy, el rock duro y demás estilos de esos que te ponen los pelos de punta y acabas afónico de tanto gritar. O si prefieres algo menos fuerte, pero no por lo tanto menos colérico puedes escuchar a Shakira. Lo suyo es que al final de la sesión no tengas más voz que Marge Simpson con anginas. Pero al menos te quedas más ancho que largo y has liberado tensiones.
La cuestión es que a través de la música te desahogues de toda la tensión acumulada por la ruptura. Pero ahí no acaba todo. La cosa es que esa rabia que tienes dentro por haberte sentido utilizado, rechazado, denigrado, cachondeado o ridiculizado ha de salir. Y es que con esa mala leche que llevas dentro en ese momento, te atreves a hacer cosas que antes no harías. Lo malo es que a veces pagan el pato los que no deberían.
En esos momentos de furia es cuando decides salir de marcha, cuando es algo que odias en tiempos normales, por los locales de moda. Te arreglas como nunca, y te pones en plan guay con la gente. Por lo general es una rabia productiva porque te ayuda a ir hacia delante. Con ella haces cosas que no te atreverías a hacer normalmente.
Lo malo es cuando caes en el Lado Oscuro de la Fuerza. Cuando sales de marcha y por despecho haces cosas que no deberías. Y muchos hemos caído en esa trampa. Lo más común es beber y acostarse con cualquiera. Y luego te arrepientes (sobretodo de lo segundo) y tienes ganas de que te trague la tierra, porque encima te has arrastrado. Lo del alcohol tiene su cosilla, porque a veces hace que te liberes, te lo pases bien y tal, pero lo malo es la resaca del día siguiente y que muchas veces no es que te diviertas, sino que haces el gilipollas.
Lo del sexo es algo a lo que solemos recurrir. Porque el alcohol nos desinhibe, y entonces ya pasamos de todo y al final acabamos en la cama con resaca y con alguien que preferiríamos ni haber conocido. El peor caso supongo que será acabar en la cama con una mujer, cuando dices que eres abiertamente gay. Y lo malo es que no vas a cambiarte de acera por eso.
Otras personas caen en las drogas, desde el tabaco hasta las cosas fuertes. Pero no es lo más común. La droga a la que más se recurre es la de utilizar a los demás como pañuelos. Sí, este mundo gira alrededor del sexo, y al final casi todos los caminos llevan a Roma. Y Roma ya sabéis cual es. Pero esta no es la solución.
Por eso digo que darle provecho a la rabia y a toda la energía que nos aporta es algo bueno cuando nos lleva a hacer cosas positivas para nuestro futuro. Te metes en clases de cosas que pueden ayudarte, mucha gente vuelve al gimnasio a recuperar aquellas formas que perdió bajo los de grasa que se acumulan cuando se vive en la tranquilidad de la pareja. Como sabes que te toca volver al mercado, tienes que volver a entrar en la dinámica del físico perfecto y vuelves a hacer cosas que te gustan. Pero no por entretenerte sino porque en el fondo quieres ponerte como un tren para que vea lo que se ha perdido. Te planteas que si estas tremendo y ligas mogollón y de repente eres deseable, él va a arrepentirse de lo que hizo, pedirte perdón y querer volver. Y entonces es cuando la mala leche llega a su finalidad porque tú no quieres volver, te has dado cuenta durante ese proceso de que no te merece y de que mejor solo que mal acompañado, pero no quieres quitarte el gustazo de rechazarle, porque en el fondo desquitarse es lo mejor que hay en este mundo. Te ibas a quedar tan a gusto en ese momento en el que le dices “lo siento pero es muy tarde, ya no quiero nada más contigo”.
Entonces has superado la ruptura.
Lo difícil de estas cosas es cuando cortas con un amigo. Porque entonces rompes el proceso natural de las separaciones. No puedes pasar por el dolor, porque no tienes razones, y tampoco por la rabia, porque no es justo. Para empezar él no te ha hecho daño, al contrario, vas a tener un amigo de por vida. Entonces ni mala leche ni nada. Por lo tanto la transición entre pareja y amigo es más complicada.
Yo todavía no tengo la respuesta exacta, así que a partir de ahora voy a teorizar bastante, pero si alguno de vosotros la sabe, que me la dé porque me gustaría poder pasar de un lado al otro sin tanta complicación.
En realidad no puedes estar triste, porque aquellas cosas que te recuerdan que no vais a estar juntos no tienen su razón de ser. No es cierto que ya nunca volváis a iros de viaje, ni a salir de marcha ni nada de eso. En realidad lo único que va a cambiar en la relación es que ya no va a haber sexo, y si lo hay solo será eso. La confianza, la complicidad y el cariño perduran, pero el amor se desvanece dejando un montón de sentimientos bonitos, menos intensos pero que en el fondo compensan. No habrá amor entre los dos, pero muchas veces es mejor tener un buen amigo que un buen amante. Más que nada porque las parejas van y vienen mientras que los amigos son como los diamantes, eternos.
La rabia tampoco tiene su cabida, puesto que no se ha portad mal contigo. Lo único que hace es darte su amistad, y seguramente también tenga miedo de perderte como amigo.
La única cabida que tiene es que estés furioso con el universo, por hacer que entre en tu vida una persona tan especial y que sin embargo no sea el elegido. Eso sí que da rabia, y no la puedes enfocar hacia nadie en concreto sino dejar que explote en el aire. Porque es muy frustrante conocer personas que sabes que podrían ser lo bastante especiales para salir con ellas, y que sin embargo no encajan en el marco, estas cada vez más cerca, pero por alguna razón que desconoces no es suficiente. Hagas lo que hagas no llegas nunca a terminar el bello sueño, porque siempre despiertas antes.
Aquí no hay rabia porque te hayan herido, sino frustración general y sorda. Y lo cierto es que no conozco la forma de darle salida. Ahí supongo que cada cual tiene su forma de seguir adelante.
Hay casos sin embargo en los que eso de quedar como amigos es tan sólo una tapadera para no pasarlo mal. Es simplemente un estratagema que hace que evitemos el dolor, pero en realidad no vamos a ser amigos con esa persona nunca más. En realidad no os unía más que la pasión, si es que la había, y cuando se pasa el calor, se pasan las ganas de quedar con esa persona, y dejas que se enfríe tanto la relación que llega el momento que ya ni te apetece quedar con él. Ya no tenéis nada en común, ya no merece la pena luchar por esa relación.
Al final, las relaciones van y vienen, pero lo que quedan son los amigos. Por eso es importante valorar a los que se tiene y luchar por ellos, siempre y cuando se lo merezcan. Las parejas están muy bien, pero excepto en casos muy puntuales y contados, no suelen durar más de una estación. Y a veces es mejor así, porque si duran más te acostumbras a ese calorcillo en el hogar y luego cuando se acaba pasas mucho frío. Y es cuando tienes que echarle mano a las amistades que habías dejado de lado. Cuando esa amistad es tu ex, porque ha digievolucionado tienes que empezar a cambiar el chip. La única solución que os puedo proponer no os va a gustar, pero me temo que es la única que realmente funciona: dejar pasar el tiempo. Al final es sabio y nos pone a todos en donde debemos estar, las aguas vuelven a su curso normal y todo vuelve a la calma. Sólo que ahora tienes una persona especial más en tu vida.
Por lo demás pediros disculpas por no haber seguido escribiendo, pero el trabajo es lo que tiene, que te absorbe más que un amante exigente. Y lo cierto es que cuando tengo 5 minutos libres no me apetece ponerme a comerme la bola.
Ya se ha escrito mucho sobre las rupturas y sobre los exs, pero lo cierto es que por mucho que se escriba nunca se llega a dar con la clave de la cuestión, o bien con todas las clases de rupturas, ya que cada una es diferente a su manera. Por eso me gustaría volver a retomar el tema, aunque desde otra perspectiva, siempre y cuando no se me pase.
Cuando llega el momento del corte y ruptura siempre es muy fácil cuando el ex que lo hace es un cabronazo y nos deja destrozados, pero cuando es una buena persona y cortamos porque queremos conservar la amistad o porque valoramos más el seguir sin esa persona para no adulterar la relación, ¿podemos superar esa ruptura dignamente? ¿Por qué es tan difícil pasar de pareja a amigos? ¿Por qué los ex que se portan bien son tan difíciles de superar?
La verdad es que hay varias maneras de afrontar una ruptura, pero antes de entrar en esto no quiero que se os pase una cosilla. En el momento de cortar, siempre hay uno al que le cuesta más, y no siempre es el dejado. Hay ocasiones en las que el que corta es el que se lleva todos los palos y el que peor lo pasa, y hay otros en los que el que es descartado es quien se lleva las hostias.
Esto lo quiero poner de manifiesto porque siempre hay gente que se queja de que le dejan y de que es una victima, cuando en realidad no siempre es así. A mí, personalmente, casi siempre me ha resultado que el que corta por lo sano es quien más valor ha de tener, porque tiene que tomar una decisión dolorosa, la mayoría de las veces, y ser consecuente con ella, a pesar de que es mucho más fácil seguir en una relación condenada al fracaso.
Después de este breve inciso, quiero entrar en la materia que nos concierne. Cuando estamos ante una ruptura hay dos tipos de situación. Una en la que el ex es un ángel y por el motivo que sea la relación no puede ir a más. En ese caso te puedes rebelar contra el universo o ponerte triste, pero no hay forma conocida de seguir adelante. O al menos eso parece. La otra situación es la más común y es cuando el ex es un cabrón.
Cuando es el caso siempre hay varios periodos, pero casi siempre se dividen en dos, el de tristeza y el de rabia.
Acabas de darte cuenta de que tu pareja te ha abandonado para irse con otro o con otra. Si es lo primero te cagas en su puta calavera, y si es lo segundo también con el agravante de que encima es un cobarde y un reprimido, que prefiere el camino fácil a una relación complicada con la consecuente explosión del armario que debería conllevar. Porque al final eso de apolillarse no lo aguanta nadie.
Siempre consideramos que si nos dejan por una mujer es porque la persona que lo hace es un reprimido que no acepta su sexualidad. Pero no siempre es el caso. Se han dado unos cuantos casos, que los investigadores han clasificado dentro de sus expedientes como expedientes – X, en los que el susodicho ha cambiado de acera, bien porque ha descubierto que es bisexual, bien porque se ha dado cuenta de que no merece la pena tanto esfuerzo. Algunos casos hay, aunque no sean muy frecuentes. Ya están considerados en la estadística.
Cuando el culpable nos ha dejado por irse con otro, entonces lo primero es tratarle de golfo o de cosas peores por haberse largado con otro. Claro que hay que respetar esa decisión porque sus razones tendría. Sin embargo en el momento de calor no pensamos así.
Lo primero es la fase de estado de shock. En ese momento es como si estuviésemos anestesiados y no nos diésemos cuenta de nada. Es un buen momento, porque nos permite asimilar la noticia…
Pero pronto pasa. Y entonces entramos en el balanceo entre la rabia y el dolor. Porque ambas cosas se siguen de forma aleatoria.
Puedes empezar con el dolor, pillarte toda la discografía de Celine Dion y Barbra Streisand y entonces hincharte a llorar hasta que en lugar de ojos tienes una masa acuosa indescriptible. En el caso de que no tengas acceso a esa forma de tortura siempre puedes recurrir a esa emisora de radio que emite canciones románticas, que no escuchabas en pareja porque eran demasiado empalagosas, pero que si oyes ahora te lo van a recordar y van a tener su efecto tan perverso. Si no eres tan masoquista como para ponerte a escuchar baladas, no creas que te vas a escapar de pasarlo mal, porque ya se encargaran de ello las emisoras de radio y las cadenas de televisión con sus bandas sonoras. La cuestión final es que hagas lo que hagas vas a terminar llorando como la Magdalena.
Y si aún así consigues escapar a la música, ya veras que el universo se encargará de recordártelo y de hacértelo pasar mal.
Porque hay siempre en la vida aquellas tonterías y demás detalles que pasan desapercibidos a los ojos del montón de mortales y que sin embargo a ti te llegan al corazón y te lo perforan como si fuesen pequeños puñales al rojo vivo. Tú vas tranquilamente paseando por la calle y de repente ves una zanja en la acera que por alguna razón estúpida te recuerda algo que a su vez te conduce a pensar en él. Y como un niño te pones a llorar, o por lo menos se te forma esa bola en la garganta que como alguien te salude le vas a soltar un gallo que ni los del casting de OT.
Y ya ni os cuento lo que pasa cuando vas de marcha a los locales a los que solíais ir juntos o a los sitios que frecuentabais. La cosa se pone fea porque ahora vas solo y tienes que quitar de esos lugares el fantasma de la relación que fue. Lo mismo sucede si habíais hecho planes para iros de viaje juntos, y al final te vas tú sólo, por no perder el dinero del viaje. Entonces o bien te la pasas todo el rato bajo los efectos del alcohol, o bien vas con alguien que te haga olvidar la situación a base de marcha y de diversión, pero no siempre lo consigue, al final te deshidratas por momentos. Es duro, y triste, pero se supera.
Lo cierto es que llorar siempre viene bien. Nos desahoga, nos libera la glándulas lacrimales permitiendo que comprobemos si funcionan, y al final nos sentimos aliviados siempre y cuando no se nos olvide beber mucho agua para reponer los fluidos perdidos.
La fase del dolor, o al opción al sufrimiento es algo que vamos a padecer, ya sea en continuo o en alternado, pero no dura para siempre, y en algunos casos pasamos por ahí muy rápidamente.
La otra fase es la de la rabia, la ira y la cólera (y no me refiero a esa enfermedad en la que te cagas por la pata abajo). Yoda decía que el miedo conduce al odio y el odio al Lado Oscuro, pero sinceramente pienso que el estar de mala leche es mucho más provechoso que estar lamentándose de lo que ha pasado. De ahí que siempre se vaya de una fase a otra, bien en un sentido como en el otro. Pero al final no caemos en el lado oscuro, al menos no por mucho tiempo, porque lo natural siempre gana, y si somos buenas personas, lo seremos siempre, por mucho que nos jodan los demás. O al menos eso quiero creer.
Siguiendo con el paralelismo con la fase anterior, ahí no te pones a escuchar baladas de esas pastelosas, más que nada porque podrías caer en esa espiral de la autocompasión. Lo más light y más “ambiental” es recurrir al I Will Survive” de Gloria Gaynor o a su equivalente castellano, el Sobreviviré de Mónica Naranjo. El segundo es bastante más heavy que el primero, que nos recuerda la bola de espejos con la que nos gustaría atizarle en la cabeza al abandonador, o por lo menos que se les cayese encima a él y a su pareja y los mandase al hospital unos días. En la misma línea recomiendo a Cher, que es muy acorde con esa idea de superación del dolor con Believe o All or Nothing, y también está la Diva por excelencia que es Madonna, pero no quiero incidir mucho en esta línea. La cuestión es salir adelante con canciones alegres y positivas.
Y si con esto no basta ya nos podemos pasar a lo Hardcore. Es decir la música heavy, el rock duro y demás estilos de esos que te ponen los pelos de punta y acabas afónico de tanto gritar. O si prefieres algo menos fuerte, pero no por lo tanto menos colérico puedes escuchar a Shakira. Lo suyo es que al final de la sesión no tengas más voz que Marge Simpson con anginas. Pero al menos te quedas más ancho que largo y has liberado tensiones.
La cuestión es que a través de la música te desahogues de toda la tensión acumulada por la ruptura. Pero ahí no acaba todo. La cosa es que esa rabia que tienes dentro por haberte sentido utilizado, rechazado, denigrado, cachondeado o ridiculizado ha de salir. Y es que con esa mala leche que llevas dentro en ese momento, te atreves a hacer cosas que antes no harías. Lo malo es que a veces pagan el pato los que no deberían.
En esos momentos de furia es cuando decides salir de marcha, cuando es algo que odias en tiempos normales, por los locales de moda. Te arreglas como nunca, y te pones en plan guay con la gente. Por lo general es una rabia productiva porque te ayuda a ir hacia delante. Con ella haces cosas que no te atreverías a hacer normalmente.
Lo malo es cuando caes en el Lado Oscuro de la Fuerza. Cuando sales de marcha y por despecho haces cosas que no deberías. Y muchos hemos caído en esa trampa. Lo más común es beber y acostarse con cualquiera. Y luego te arrepientes (sobretodo de lo segundo) y tienes ganas de que te trague la tierra, porque encima te has arrastrado. Lo del alcohol tiene su cosilla, porque a veces hace que te liberes, te lo pases bien y tal, pero lo malo es la resaca del día siguiente y que muchas veces no es que te diviertas, sino que haces el gilipollas.
Lo del sexo es algo a lo que solemos recurrir. Porque el alcohol nos desinhibe, y entonces ya pasamos de todo y al final acabamos en la cama con resaca y con alguien que preferiríamos ni haber conocido. El peor caso supongo que será acabar en la cama con una mujer, cuando dices que eres abiertamente gay. Y lo malo es que no vas a cambiarte de acera por eso.
Otras personas caen en las drogas, desde el tabaco hasta las cosas fuertes. Pero no es lo más común. La droga a la que más se recurre es la de utilizar a los demás como pañuelos. Sí, este mundo gira alrededor del sexo, y al final casi todos los caminos llevan a Roma. Y Roma ya sabéis cual es. Pero esta no es la solución.
Por eso digo que darle provecho a la rabia y a toda la energía que nos aporta es algo bueno cuando nos lleva a hacer cosas positivas para nuestro futuro. Te metes en clases de cosas que pueden ayudarte, mucha gente vuelve al gimnasio a recuperar aquellas formas que perdió bajo los de grasa que se acumulan cuando se vive en la tranquilidad de la pareja. Como sabes que te toca volver al mercado, tienes que volver a entrar en la dinámica del físico perfecto y vuelves a hacer cosas que te gustan. Pero no por entretenerte sino porque en el fondo quieres ponerte como un tren para que vea lo que se ha perdido. Te planteas que si estas tremendo y ligas mogollón y de repente eres deseable, él va a arrepentirse de lo que hizo, pedirte perdón y querer volver. Y entonces es cuando la mala leche llega a su finalidad porque tú no quieres volver, te has dado cuenta durante ese proceso de que no te merece y de que mejor solo que mal acompañado, pero no quieres quitarte el gustazo de rechazarle, porque en el fondo desquitarse es lo mejor que hay en este mundo. Te ibas a quedar tan a gusto en ese momento en el que le dices “lo siento pero es muy tarde, ya no quiero nada más contigo”.
Entonces has superado la ruptura.
Lo difícil de estas cosas es cuando cortas con un amigo. Porque entonces rompes el proceso natural de las separaciones. No puedes pasar por el dolor, porque no tienes razones, y tampoco por la rabia, porque no es justo. Para empezar él no te ha hecho daño, al contrario, vas a tener un amigo de por vida. Entonces ni mala leche ni nada. Por lo tanto la transición entre pareja y amigo es más complicada.
Yo todavía no tengo la respuesta exacta, así que a partir de ahora voy a teorizar bastante, pero si alguno de vosotros la sabe, que me la dé porque me gustaría poder pasar de un lado al otro sin tanta complicación.
En realidad no puedes estar triste, porque aquellas cosas que te recuerdan que no vais a estar juntos no tienen su razón de ser. No es cierto que ya nunca volváis a iros de viaje, ni a salir de marcha ni nada de eso. En realidad lo único que va a cambiar en la relación es que ya no va a haber sexo, y si lo hay solo será eso. La confianza, la complicidad y el cariño perduran, pero el amor se desvanece dejando un montón de sentimientos bonitos, menos intensos pero que en el fondo compensan. No habrá amor entre los dos, pero muchas veces es mejor tener un buen amigo que un buen amante. Más que nada porque las parejas van y vienen mientras que los amigos son como los diamantes, eternos.
La rabia tampoco tiene su cabida, puesto que no se ha portad mal contigo. Lo único que hace es darte su amistad, y seguramente también tenga miedo de perderte como amigo.
La única cabida que tiene es que estés furioso con el universo, por hacer que entre en tu vida una persona tan especial y que sin embargo no sea el elegido. Eso sí que da rabia, y no la puedes enfocar hacia nadie en concreto sino dejar que explote en el aire. Porque es muy frustrante conocer personas que sabes que podrían ser lo bastante especiales para salir con ellas, y que sin embargo no encajan en el marco, estas cada vez más cerca, pero por alguna razón que desconoces no es suficiente. Hagas lo que hagas no llegas nunca a terminar el bello sueño, porque siempre despiertas antes.
Aquí no hay rabia porque te hayan herido, sino frustración general y sorda. Y lo cierto es que no conozco la forma de darle salida. Ahí supongo que cada cual tiene su forma de seguir adelante.
Hay casos sin embargo en los que eso de quedar como amigos es tan sólo una tapadera para no pasarlo mal. Es simplemente un estratagema que hace que evitemos el dolor, pero en realidad no vamos a ser amigos con esa persona nunca más. En realidad no os unía más que la pasión, si es que la había, y cuando se pasa el calor, se pasan las ganas de quedar con esa persona, y dejas que se enfríe tanto la relación que llega el momento que ya ni te apetece quedar con él. Ya no tenéis nada en común, ya no merece la pena luchar por esa relación.
Al final, las relaciones van y vienen, pero lo que quedan son los amigos. Por eso es importante valorar a los que se tiene y luchar por ellos, siempre y cuando se lo merezcan. Las parejas están muy bien, pero excepto en casos muy puntuales y contados, no suelen durar más de una estación. Y a veces es mejor así, porque si duran más te acostumbras a ese calorcillo en el hogar y luego cuando se acaba pasas mucho frío. Y es cuando tienes que echarle mano a las amistades que habías dejado de lado. Cuando esa amistad es tu ex, porque ha digievolucionado tienes que empezar a cambiar el chip. La única solución que os puedo proponer no os va a gustar, pero me temo que es la única que realmente funciona: dejar pasar el tiempo. Al final es sabio y nos pone a todos en donde debemos estar, las aguas vuelven a su curso normal y todo vuelve a la calma. Sólo que ahora tienes una persona especial más en tu vida.





